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Venganza De La Hacker

Venganza De La Hacker

Autor: : Mu Yu
Género: Moderno
La música resonaba en el salón más exclusivo de la Ciudad de México, y yo, Sofía Rivas, me sentía en la cima del mundo, de la mano de Marco, heredero del imperio Soltec. Nuestro compromiso, la unión de su poder y mi visión, la presentación de "Comunidad Conectada" , mi aplicación que cambiaría el país. Pero en un instante, mi mundo perfecto se hizo añicos cuando Marco, en lugar de brindarme su amor, anunció su compromiso... ¡con Valeria!, mi asistente, la inmigrante a la que acogí como una hermana. La sala se sumió en un silencio atronador, solo roto por el estruendo de mi copa al caer. Valeria, con una falsa dulzura, se unió a Marco en el escenario, y vi el brillo de triunfo en sus ojos. Mi propia familia, mis amigos, se apartaron, el miedo a Marco más fuerte que cualquier lealtad. Me humillaron públicamente, me despojaron de mi reputación y mi proyecto. Escuché a Marco ordenar el ataque DDoS contra "Comunidad Conectada", planeando mi destrucción profesional. La traición me dejó en la lona, arruinada, pero no rota. En el silencio de mi derrota, una nueva Sofía, implacable y astuta, prometió que si el sistema estaba corrupto, lo quemaría hasta los cimientos. Esta no era una amenaza. Era una promesa. La hacker justiciera había nacido. Y Marco y Soltec serían su primer objetivo.

Introducción

La música resonaba en el salón más exclusivo de la Ciudad de México, y yo, Sofía Rivas, me sentía en la cima del mundo, de la mano de Marco, heredero del imperio Soltec. Nuestro compromiso, la unión de su poder y mi visión, la presentación de "Comunidad Conectada" , mi aplicación que cambiaría el país.

Pero en un instante, mi mundo perfecto se hizo añicos cuando Marco, en lugar de brindarme su amor, anunció su compromiso... ¡con Valeria!, mi asistente, la inmigrante a la que acogí como una hermana.

La sala se sumió en un silencio atronador, solo roto por el estruendo de mi copa al caer.

Valeria, con una falsa dulzura, se unió a Marco en el escenario, y vi el brillo de triunfo en sus ojos.

Mi propia familia, mis amigos, se apartaron, el miedo a Marco más fuerte que cualquier lealtad.

Me humillaron públicamente, me despojaron de mi reputación y mi proyecto. Escuché a Marco ordenar el ataque DDoS contra "Comunidad Conectada", planeando mi destrucción profesional.

La traición me dejó en la lona, arruinada, pero no rota.

En el silencio de mi derrota, una nueva Sofía, implacable y astuta, prometió que si el sistema estaba corrupto, lo quemaría hasta los cimientos.

Esta no era una amenaza.

Era una promesa.

La hacker justiciera había nacido.

Y Marco y Soltec serían su primer objetivo.

Capítulo 1

La música llenaba el salón de fiestas del hotel más exclusivo de la Ciudad de México, las luces de cristal brillaban sobre las cabezas de la élite tecnológica del país, y yo, Sofía Rivas, sentía que estaba en la cima del mundo.

Mi prometido, Marco, heredero del consorcio tecnológico Soltec, sostenía mi mano con fuerza, su sonrisa era tan brillante como los flashes de las cámaras que nos rodeaban.

Esta era nuestra fiesta de compromiso, la unión de su poder y mi visión.

Yo era la creadora de "Comunidad Conectada" , una aplicación revolucionaria de ayuda comunitaria que estaba a punto de lanzarse a nivel nacional. Marco y yo éramos la pareja perfecta, el futuro de la tecnología en México.

"Damas y caballeros, gracias a todos por venir", dijo Marco al micrófono, su voz resonando en el salón.

Sonreí, esperando las palabras de amor, el brindis por nuestro futuro.

"Hoy es un día muy especial, un día en que he tomado la decisión más importante de mi vida".

Hizo una pausa dramática, sus ojos buscaron en la multitud, pero no se detuvieron en mí.

Se posaron en Valeria, mi asistente.

Valeria, la joven inmigrante a la que había encontrado trabajo, a la que había enseñado, a la que había acogido como a una hermana menor.

Estaba de pie, temblando ligeramente, con una expresión de inocencia que yo misma le había enseñado a perfeccionar para las juntas de negocios.

"Hoy, quiero anunciar mi compromiso", continuó Marco, y el salón estalló en aplausos.

Levanté mi copa, mi sonrisa se sentía pegada a mi cara.

Pero los aplausos se apagaron cuando Marco extendió su mano, no hacia mí, sino hacia Valeria.

"Mi compromiso con la única mujer que he amado de verdad, Valeria".

El silencio que cayó sobre el salón fue absoluto, pesado, sofocante.

Sentí como si todo el aire hubiera sido succionado de mis pulmones.

Mi copa se resbaló de mis dedos y se hizo añicos en el suelo, el sonido fue como un disparo en la quietud.

Marco la atrajo hacia el escenario. Valeria caminaba con la cabeza gacha, como una víctima asustada, pero yo vi el brillo de triunfo en sus ojos cuando pasó a mi lado.

"Marco, ¿qué estás haciendo?", susurré, mi voz apenas un hilo. "Esto destruirá la confianza en el consorcio, los accionistas, los Ancianos... no puedes hacer esto".

Apelaba a la lógica, a las reglas no escritas del poder que ambos conocíamos. La estabilidad de Soltec era todo.

Él me miró, no con pena, sino con una frialdad que nunca antes había visto.

"Sofía, eres demasiado controladora", dijo, su voz ahora llena de una falsa compasión para que todos la oyeran. "Siempre pensando en el negocio, en las expectativas. Mi amor por Valeria es real, es puro, no está atado a contratos ni a lanzamientos de aplicaciones".

La humillación era un veneno caliente que se extendía por mis venas.

Cada palabra era una bofetada pública.

Entonces, hizo algo que rompió todas las reglas.

Tomó una tablet de un asistente y con unos pocos toques, una pantalla gigante detrás de él mostró una transferencia de acciones.

"Y para que nadie dude de su estatus, para que todos entiendan que ella es mi igual", anunció Marco con grandilocuencia, "le transfiero ahora mismo el veinte por ciento de mis acciones personales en Soltec".

Un jadeo colectivo recorrió la sala.

Era una fortuna, un movimiento de poder descarado y brutal.

Estaba completando el estatus de Valeria, comprando su legitimidad delante de todos.

Mis amigos, mi propia familia, que momentos antes me felicitaban, ahora me miraban con una mezcla de lástima y cálculo.

Valeria, con lágrimas en los ojos, susurró al micrófono: "Yo no quería esto... No quería lastimar a Sofía. Pero el amor... el amor es así".

Marco la abrazó. "No te preocupes, mi amor. La gente entenderá. Sofía tenía demasiadas expectativas sobre nosotros, sobre todos".

La narrativa ya estaba cambiando.

Ellos eran las víctimas de mi ambición, de mi rigidez.

Mi padre se acercó, su cara una máscara de vergüenza. "Sofía, por favor. No hagas una escena. Vámonos".

"¿Hacer una escena?", repetí, incrédula. "Él acaba de destruir mi vida frente a todos y ¿yo no debo hacer una escena?".

Pero nadie me defendió.

Vi a mis supuestos aliados acercarse a Marco, dándole palmadas en la espalda. Vi a las esposas de los ejecutivos consolar a la llorosa Valeria.

Me estaban aislando, borrándome de la foto en tiempo real.

Me quedé sola en medio del salón, rodeada de los restos de mi copa rota y mi futuro destrozado.

La fiesta continuó a mi alrededor, la música volvió a sonar, pero para mí, todo era silencio.

Estaba sellada en mi propia humillación, en el momento más vulnerable de mi vida, a solo unos días del lanzamiento que definiría mi carrera.

Y en ese silencio, supe que esto era solo el principio.

El verdadero ataque aún no había comenzado.

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Capítulo 2

El eco de la fiesta se había desvanecido, pero la humillación permanecía, pegada a mi piel como un sudor frío.

Salí del salón, cada paso se sentía pesado. Nadie me miraba a los ojos. Desviaban la mirada, fingiendo conversaciones urgentes en sus celulares.

Yo era un fantasma en mi propia fiesta de compromiso.

En el lobby, mi familia me rodeó. No para consolarme, sino para contenerme.

"Sofía, tienes que entender", dijo mi madre, su voz tensa. "Marco es... Marco. Siempre ha sido impulsivo. Pero es el heredero de Soltec".

Mi hermano mayor, Ricardo, que trabajaba en una subsidiaria de Soltec gracias a mi conexión con Marco, añadió: "No puedes enemistarte con él, Sofi. Piensa en las consecuencias. Piensa en la familia".

"¿Pensar en la familia?", mi voz tembló de ira. "¿Alguno de ustedes pensó en mí ahí dentro?".

"Lo que Marco hizo estuvo mal, por supuesto", concedió mi padre, "pero la vida sigue. Valeria es... insignificante. Él se aburrirá de ella. Tienes que ser la adulta aquí, Sofía. Acepta la situación con gracia".

Gracia. Querían que me tragara el veneno con una sonrisa.

Me senté en una de las bancas de mármol del lobby, la frialdad de la piedra subiendo por mi cuerpo.

Mi mente voló hacia atrás, a un año antes.

Recordé a Valeria llegando a mi oficina. Era delgada, asustada, con un español entrecortado y un título universitario de un país centroamericano que nadie en México reconocía.

Huía de la violencia, me dijo. Solo quería una oportunidad.

Le di más que eso.

La contraté como mi asistente personal. Le pagué un curso intensivo de español de negocios. Le encontré un departamento cerca de mi casa para que no tuviera que cruzar la ciudad. Le presenté a mis amigos, la invité a las cenas familiares.

"Eres mi ángel guardián, Sofía", me dijo una vez, con lágrimas en los ojos. "Nunca podré pagarte todo lo que has hecho por mí".

Yo le respondí que no tenía que pagarme nada, solo tenía que aprovechar la oportunidad y construir una buena vida para ella.

Qué ingenua fui.

Cada lección que le di, cada contacto que le presenté, cada puerta que le abrí... ella lo usó como un escalón para llegar a Marco, para apuñalarme por la espalda.

Miré a mi familia. Sus rostros ansiosos no eran por mi dolor, sino por el miedo a perder su estatus, su conexión con el poder de Soltec.

"No voy a aceptar nada", dije, mi voz ahora firme, helada. "Y les advierto a todos ustedes. Aléjense de Marco y de ella. Él ha declarado la guerra, no solo a mí".

"No seas dramática, Sofía", espetó mi madre.

Pero yo ya no los escuchaba.

Vi a mi padre sacar su teléfono y caminar unos pasos. Lo vi hacer una llamada.

"Marco, soy yo, Alberto", dijo en voz baja, pero el lobby vacío transportaba el sonido. "Sí, ella está aquí. No te preocupes, la controlaremos. Entendemos la situación. Felicidades, por cierto. La chica... Valeria... parece muy dulce".

El teléfono de mi madre sonó. Luego el de mi hermano.

Uno por uno, mis familiares se apartaron para atender las llamadas, sus voces susurrantes eran como el siseo de las serpientes. Eran Marco y sus aliados, asegurándose de que mi propia familia me presionara, me aislara.

Cuando terminaron sus llamadas, ya no me miraban con lástima. Me miraban con frialdad, como si yo fuera el problema.

Mi padre se acercó y simbólicamente se quitó un pin de la solapa, uno que representaba una colaboración entre mi startup y Soltec. Lo dejó sobre la banca a mi lado. Un gesto silencioso y brutal.

Me habían elegido a mí como el sacrificio para mantener la paz con Marco.

En ese momento, la puerta principal del hotel se abrió.

Marco y Valeria salían, riendo, rodeados de un séquito de aduladores.

Valeria me vio. Su sonrisa se amplió.

Se acercó a mí, su vestido de diseñador (uno que yo le había ayudado a elegir para "causar una buena impresión en eventos de la industria") ondeando a su alrededor.

"Sofía", dijo, su voz goteando una falsa dulzura. "¿Estás bien? Me preocupas tanto".

Se inclinó, como para darme un abrazo.

Pero en lugar de eso, susurró en mi oído, su aliento caliente y venenoso.

"Gracias por todo, jefa. Especialmente por enseñarme que en este mundo, no se trata de ser la más inteligente, sino la que está dispuesta a hacer lo que sea necesario. Y por cierto, sé todo sobre el lanzamiento de tu aplicación. Marco y yo tenemos una pequeña sorpresa preparada para ti. Consideralo un regalo de bodas".

Se enderezó, su cara de nuevo una máscara de inocencia. "Espero que encuentres la felicidad algún día".

Se dio la vuelta y se tomó del brazo de Marco.

Él me lanzó una última mirada de desprecio antes de salir a la noche, hacia su nueva vida construida sobre las ruinas de la mía.

Me quedé helada.

La sorpresa.

El lanzamiento.

Me levanté de un salto y corrí hacia la salida, no para enfrentarlos, sino por un pánico repentino.

Me escondí detrás de una columna justo cuando Marco hablaba con su jefe de seguridad.

"Asegúrate de que el ataque DDoS comience exactamente a las 9 a.m. del viernes", escuché decir a Marco. "Quiero que los servidores de 'Comunidad Conectada' se quemen. Que no quede ni un byte de su trabajo. Y filtra a la prensa que su seguridad era una basura, que expuso los datos de sus primeros usuarios. Quiero que Sofía Rivas quede como una fraude incompetente. Que nadie vuelva a confiar en ella jamás".

El mundo se detuvo.

No solo me habían traicionado personalmente.

Iban a destruir mi trabajo, mi reputación, mi futuro.

Iban a matarme profesionalmente.

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