Narra Chloe Wheeler
Mis manos temblaban mientras sostenía las pruebas contundentes de lo que mi mente ya intuía ¡Nate, mi prometido desde hacía dos años, tenía una amante!
Pero no era cualquier amante, no...
Para añadir más sal a la herida, era Ella. Tanya Parker, la mujer a la que durante diez años había considerado como mi mejor amiga ¡Diez malditos años!
El mundo parecía desmoronarse bajo mis pies. Esas múltiples fotos, junto a las impresiones de los chats... todo lo obsceno que el investigador privado me había compartido que había ocurrido durante los meses de mi recuperación del catastrófico accidente que casi acaba con mi vida, hasta justo hoy en la mañana, diciéndole: "Buenos días, mi gata salvaje".
Esos infernales mensajes ahora parecían quemar las palmas de mis manos y mis retinas, mientras los miraba con el desprecio hirviendo en mis entrañas.
«¿¡Cómo pudiste, Nate!?», pensé mientras lancé las pruebas y gritaba con rabia. Todo voló y calló frente a mis ojos, pero yo solo podía concentrarme en el agudo dolor que me desgarraba el pecho.
Lo único que realmente a lo que mi mente prestaban atención era a los caudales de lágrimas que brotaban sin control de mis ya hinchados ojos. Cada gota deslizándose por mis pálidas mejillas solo me recordaba lo vacía que me sentía por dentro.
Mi mente se encargaba de bombardearme sin cesar con esos pensamientos intrusivos que parecían cuchillos, tan molestos como la revelación misma de mi miseria.
«No fuiste suficiente, Chloe».
Luego otra punzada...
«Tu fealdad es la causante, Chloe».
Otra daga más...
«De seguro algo te faltó para dar en la relación ¡Chloe!».
Mi cuerpo temblaba, el dolor era insoportable, parecía que mi mente y cuerpo estallarían allí mismo sin darme tregua alguna, porque estaba convencida de que todo quise hacerlo bien para él, para nosotros.
Con un sollozo, el autodesprecio se deslizó lentamente por mi garganta y entró directo a mi alma.
Todo lo que alguna vez pensé que era cierto, todo lo que siempre creí de mi misma se rompía, mientras me cuestionaba qué había hecho mal y hasta terminaba queriendo justificarlo por lo que había pasado.
Incluso miré las fotos de Tanya, ella siempre luciendo liberal, mostrando sus escotes provocativos, saturando su rostro de maquillaje y mostrando al mundo su cuerpo a traves de esas minifaldas o ropa ajustada que yo siempre le critiqué en forma de consejos, diciéndole que nadie la tomaría en serio si era así.
«Ella es todo lo que Nate una vez me dijo que detestaba, incluso me dijo que era vulgar y corriente ¡Ahora sí que no comprendo nada! Él se comenzó a convertir en un total desconocido».
Mi mente daba vueltas y vueltas, queriendo encontrar una palabra lógica que me ayudara a resolver el misterio. Lo culpaba, me culpaba, la culpaba a ella, pero al final la respuesta era ambigua y me seguía dejando en las penumbras de la incertidumbre.
En un momento de descanso, me quedé allí, en silencio, solo con el eco de mi propia miseria haciendo estragos en mi cabeza, hasta que el timbre sonó y mi corazón casi se salía de mi pecho... De seguro era él, que venía a buscarme a la misma hora -justo cuando salía del trabajo-, no me sentía lista para encararlo y decirle de frente que ya me había enterado de su infidelidad de seis meses.
Me levanté de golpe y corrí hacia el lavabo, el temor se apoderó de mi pecho. El insistente sonido del timbre me avisaba que él ya se estaba desesperando mientras yo me lavaba el rostro, lo secaba para luego aplicar un poco de delineador y rimel, todo con tal de intentar cubrir un poco de mi desgarradora pena.
De pronto mi celular comenzó a vibrar... me sobresalté.
Mi amor, ese era el nombre de contacto que por cinco años había permanecido registrado para su número... Ahora se sentía como el error más grande de mi vida.
Mi corazón parecía quererse salir de mi pecho, no sabía cuanto temor le tenía a su enojo, a saberlo impaciente por mi causa, pero el dolor a flor de piel me dio un poco de valor para tomar fuerzas de no responderle y hacerlo esperar lo que fuera necesario.
El timbre dejó de sonar para convertirse en golpes secos que parecían taladrar mis oídos mientras yo me ataba el cabello en una coleta. A él le encantaba verme con moños, nunca con el cabello suelto y rebelde; me di cuenta de cuanto influía el en mí solo con sus juegos de palabras en forma de crítica.
Era como si una venda se estuviera desenvolviendo de mis ojos, mientras los golpes en la puerta continuaban.
- ¡Abre esa puerta, sé que estás allí! ¿Qué carajos te pasa, Chloe? - la grave voz de Nate me decía que echaba rayos y perforaba mis oídos.
Claro, él estaba extrañado con mi comportamiento, yo que siempre estaba al segundo cuando él me necesitaba, conmigo nunca se vio en la necesidad de esperar, jamás.
Pero hoy no me importaba... no esta vez.
Me di un último vistazo al espejo, me esforcé para que mi rostro luciera más sereno de lo que en realidad me sentía por dentro, aunque la rabia estaba allí al rojo vivo, como lava a punto de ebullir de un volcán.
Respiré hondo...
No era el miedo hacia él lo que me afectaba, no... era la rabia contenida, las palabras no dichas, los gritos ahogados durante años queriendo agradarlo, cinco años a la basura en un segundo.
Hoy todo iba a cambiar.
Caminé hasta la puerta de entrada de mi apartamento de soltera, aunque en ese instante se sentía más como una trinchera. Al abrirla me golpeó la presencia de Nate.
Ahí estaba, de pie, vestido a la moda, con esa mirada fulminante que había aprendido a temer. Arrogante, como si él fuera el ofendido en esta situación.
¡Ja! Como si yo estuviera dispuesta a seguir siendo su marioneta.
- ¡¿Pero qué mierda de pasa hoy, Chloe?! ¿Acaso estás idiota? ¡Sabes que detesto esperar! - espetó en un gruñido iracundo con la cara roja como un tomate, a lo mejor esperando una explicación y que agachara la cabeza sumergiéndome entre miles de disculpas.
Apreté los labios sin dejar de mirar su "pulcra" imagen. No le respondí... no con palabras, al menos.
Reaccionando sin pensar, mi mano voló en el aire y el sonido estridente de la bofetada dura y clara en su mejilla dejó en claro todo lo que opinaba sobre nuestra relación.
Nate me volteó a ver, boquiabierto, con la sorpresa impregnada en su rostro e indicios de ira.
Ese era el comienzo del final... O eso esperaba.
Narra Chloe Wheeler
- ¿Eso te responde Nate, o te lo vuelvo a repetir? - pregunté con la frialdad saliendo de mi garganta, que para ser sincera, me resultó liberadora.
Por primera vez en mucho tiempo, él no tuvo una respuesta rápida y perspicaz para mi actitud. En sus ojos solo leía las más numerosas de las dudas.
Un presentimiento de que quisiera lanzarse contra mí y golpearme me invadió, pero lo conocía bien, él tenía la "reputación" tan en alto que no se mancharía de sangre las manos, al menos no directamente.
Nunca me golpeó físicamente, pero eso no minimizaba el descomunal golpe emocional que tenía y que no sentía poder sobrevivir.
Nate se limitó a sujetarme por la muñeca precursora de tener la mejilla al rojo vivo por la bofetada, para entrar conmigo y cerrar el apartamento de un portazo ¡Ja! Como si eso pudiera solucionar el caos que yo llevaba por dentro.
-Vas a decirme qué te pasa ¡¿Por qué me golpeaste, Chloe?! -preguntó entre dientes, con insistencia, mientras apretaba mi muñeca.
- ¡No me toques! - exclamé y me deshice de su agarre con brusquedad, su tacto me repugnaba ¡Solo lo quería lejos!
Lo miré a los ojos y por primera vez en años, sentía que tenía el control de la situación, después de todo él no sabía la información que yo tenía, hasta ese momento en que la respuesta a su pregunta salió de mi boca como si fuese una dragona iracunda escupiendo fuego.
-¿Sabes por qué actúo así? ¿De verdad quieres saberlo? Aquí va... ¡Porque eres un infiel de primera! ¡Un maldito mentiroso, eso es lo que eres! -solté más con el hígado que con la razón y en un segundo.
Corrí hacia mi habitación para volver hacia él con las manos llenas. Las pruebas que hacía unos momentos yacían desperdigadas en el suelo, volaron hacia su cara. Las fotografías impresas, los chats de mensajes obscenos que él y mi "mejor amiga" compartían creyendo que yo no lo iba a averiguar.
-Ay, por favor, Chloe ¿Vas a creer en esta mierda? ¡Este no soy yo! La que sí se ve aquí es la perra de Tanya -espetó y yo solo me encolericé más ¿Tenía el descaro de negarlo?
Luego miré con rabia mi dedo anular y en un segundo, el anillo de compromiso, ese que yo paseaba tan orgullosa por la calle y el trabajo, fue a dar directo a su frente. En ese momento no me importó si sentía dolor, porque sabía que nunca sería tan grande como el que yo estaba sintiendo.
-No habrá boda, Nate ¡Se acabó, no más juegos tuyos, estoy cansada! -esas palabras salieron con una firmeza que ni siquiera sabía que tenía, dándome cuenta que me había subestimado más de lo que creí.
Después de esa frase, la cara de ira de Nathaniel cambió rotundamente, de estar llena de rabia a entrar en un mar de lágrimas, como si ese fuera su último recurso y pensé que los hombres como él siempre sabían cuando debían activar ese encanto de chiquillo arrepentido, no era la primera vez que usaba esa letal arma contra mí.
-Chloe, Chloe... escúchame, ya no voy a negarte nada de esto -dijo con un sollozo mientras arrugaba las pruebas entre sus manos-. Cometí un error, ¿sí? Lo admito, pero debes saber que es a ti a quien amo, eres la más bella, la más inteligente... eres todo lo que siempre he querido en una mujer, no hay nadie como tú.
Me reí con ironía.
-¿Ah, sí? Pues no te creo ni una sola palabra, Nate. Puedes ir a decirle eso a todas tus amiguitas, esas que quizá sí se comen cada cuento tuyo.
-Pero es verdad, mi amor, no sabes lo arrepentido que estoy, el asco que me provoca saber lo que pasó. Estaba por contártelo todo -afirmó con la voz temblorosa.
-Te muestras así ahora que te ves descubierto -recriminé con ira-. Tuviste muchas oportunidades para decirme que algo pasaba ¡Seis meses! Aquel día te pregunté si alguien más te interesaba y me lo negaste. Hoy incluso con pruebas lo negaste todo ¡Qué equivocada estuve contigo, eres una farsa!
Mientras él seguía sollozando y suplicando, me dediqué a sacar sus cosas de los cajones del apartamento; camisas, lociones, las asquerosas pantuflas que le regalé. Todo lo iba apilando en la sala.
Cuando llevaba la última de sus pertenencias, Nate se arrodilló, como si eso fuera a solucionar algo.
- Por favor, Chloe, sabes que ya tenemos una vida planeada, que me necesitas, que te necesito. Yo... te juro que haré lo que sea por ti ¡Alejémonos de Tanya! ¡Voy a romper cualquier contacto con ella y con las amistades que nos llevan a esa tonta! - su tono suplicante me hubiera conmovido en otros tiempos, cuando le perdonaba lo que sea, pero no ahora ¡Esta había sido la gota que derramó el vaso!
«Ah... ¿Ahora ella es una tonta? Supongo que en su cama eso no le importaba», me tragué ese reclamo, no pensaba discutir eso ya con él.
Ignoré cada una de sus palabras y terminé de arrojar sus cosas al suelo mientras Nate miraba todo con "dolor".
-Tanya... -siguió con su discurso falaz-. No te lo quise decir en su momento, pero en cuanto ella se enteró de nuestro compromiso, algo en ella cambió. Empezó a insinuarse, a provocarme. No fue culpa mía, Chloe, te lo juro. Tienes que creerme, ella hizo algo, maquinó todo para separarnos.
Me detuve por un segundo de mis movimientos, pero solo para clavarle la más despreciable de las miradas.
-Ya no quiero escucharte, Nate, que ya sé perfectamente cómo te revolcaste con ella; en las fotos no te veías obligado para nada a estar en su cama.
-Habla con ella y con sus estúpidas amigas chismosas... -insistió con desesperación- ¡Pregúntale! Verás que fue ella quien...
-¡No más, Nathaniel! No tengo nada que hablar con Tanya, ella no fue mi pareja -las palabras salieron como dagas-. Y sí... es cierto que fue mi amiga hasta hoy hace una hora, pero esa amistad está tan acabada como lo nuestro, y no pienso rebajarme a seguirte escuchado y mucho menos a darle a ella el gusto de verme arrastrada por esta humillación ¿Entendido?
En menos de lo que pensé, Nate ya tenía un pie fuera de mi apartamento, con las maletas apiladas junto a la puerta, su rostro era todo un espectáculo de derrotismo.
-Bien... tú así lo has querido, Chloe -dijo en un sollozo.
Yo abrí la boca con ofuscamiento porque no podía creer lo cínico que era.
-¿Así que yo quise que me mintieras, que enamoraras a mi mejor amiga y que te acostaras con ella? -reí con ironía-. Ahora la deuda que está a mi nombre por los gastos del matrimonio y la luna de miel, me imagino que no me la vas a pagar, porque no eres de palabra.
Nathaniel se encogió de hombros y elevó las manos, como si yo fuera una policía interrogándolo.
-Tú así lo quieres, mi amor... bien podrías perdonarme, seguir con nuestro plan de casarnos y yo mismo cancelaría la deuda. Sabes que la sacamos porque la empresa aun está saliendo a flote después de ese mal negocio que hizo mi padre y aun así decides terminar lo nuestro -dijo y yo solo apreté los labios, solo quería golpearlo, pero me contuve.
-¡Eres un mal nacido Nathaniel! Ya no quiero escucharte, me dejaste destruida en todos los sentidos y no te importa. Vete, vete que ya no soporto tu presencia, vete con Tanya o con quien más prefieras, pero conmigo olvídate ya.
-Me estás orillando a irme con alguien más, tú tenías la última palabra ¿Pero sabes qué? Yo también estoy terminando contigo y ojalá nunca más te me cruces en el camino porque no respondo -fueron las últimas palabras que escuché antes de cerrar la puerta con la fuerza que me quedaba para quedar pegada a la madera y derrumbarme una vez más.
«Ahora sí mostraste tu verdadera cara y es horrible».
El silencio sepulcral que dejó Nate era tan gélido como el invierno, ese infernal vacío de sentirme sola por primera vez en mucho tiempo, ardía en mi pecho y no me dejaba respirar.
Mientras mis rodillas se flexionaban y mi espalda se deslizaba a lo largo de la puerta, hasta quedar sentada en el suelo, me di cuenta que no sentía la confianza de llamar a nadie, no había absolutamente nadie a quien acudir.
Caí en la cuenta de que por ese hombre, ni vida social tenía. Pensé en mi familia, pero estaba más alejada de ellos que nunca.
Me abracé a mi misma y la rabia seguía ardiendo, una rabia de tan solo pensar en todo lo que él me había quitado indirectamente a lo largo de los años y yo... ni enterada hasta ese momento.
Lloraba desconsolada, pensando que no me quedaba nada, pero no tenía idea, de que justo en ese punto no solo era el fin de Nate, de nosotros como pareja...
Ese era el fin de la Chloe que él había moldeado para su conveniencia, porque de Nate saber las ideas que comenzaron a surgirme en soledad, se la habría pensado dos veces antes de hacerme tanto daño prolongado.
«El que se va a arrepentir será él -me dije con rabia-. Quiero que pague... Natnaniel Donovan va a pagar cada lágrima que he derramado durante años. Juro que le daré donde más le duele ¡Es una promesa».
Narra Chloe Wheeler
Después de ese momento, en un abrir y cerrar de ojos, todo a mi alrededor había cambiado.
La última semana fue un infierno total, entre interminables llamadas a los invitados para cancelar el viaje de luna de miel y esa maldita boda. Pese a las preguntas invasivas de la gente, traté de eludir el expresar la verdadera razón de la ruptura de mi estable relación con Nate.
Me daba mucha vergüenza hasta salir a la esquina y lloraba con desesperación todas las noches. Cada vez que alguien me preguntaba y esperaba los por qué, me esforzaba en ser lo más superficial posible y dar respuestas vagas.
Pero, no pasó mucho tiempo antes de que los rumores comenzaran a propagarse como esporas venenosas que me comenzaron a intoxicar.
Mi intuición -que a estas alturas ya sabía que no me fallaba-, me gritaba que Tanya tenía algo que ver con tales chismes tan acertados. Después de todo, la conocía desde que las dos entramos a la empresa como simples secretarias de recepción de la empresa Donovan System, hacía ya diez años. Por lo cual, seguíamos viéndonos todos los días en el trabajo, era inevitable.
Cada vez que nuestros caminos se cruzaban, la rabia ardía en mi pecho como incontrolable fuego ¿Cómo podía esa mujer seguir con su vida como si nada?
La descarada había tenido el valor de acercarse una sola vez a mí.
-Chloe, amiga, por favor... ¡déjame explicarte!
Antes de que pudiera siquiera formular su asquerosa frase le di la espalda; sintiendo que las piernas me flaqueaban me fui retirando de su presencia y por Dios ¡qué difícil fue!
¡Ni hablar! No quería escuchar sus mentiras, ni una sola palabra ¡Ella no tenía derecho! Solo deseaba escapar del infierno al que Nathaniel me había arrastrado lentamente, sin que yo siquiera me diera cuenta.
Pero, tras ese intento fallido de acercamiento, algo cambió en Tanya...
Su actitud hacia mí se transformó en un tris: Ya no trató de hablarme una sola vez más y en lugar de eso, me miraba con un dejo de malicia.
Sí... ella esbozaba una sonrisa sutil y venenosa debajo de esas capas gruesas de maquillaje cada vez que pasaba frente a mí, como si verme demacrada, con ojeras y más delgada, fuera un indicio de victoria para ella ¡Sentía placer al verme destruida!
Se paseaba por las oficinas con una seguridad que me revolvía el estómago; riéndose con las compañeras de trabajo, tan campante y divertida.
Pero verla feliz no era lo que más me dolía...
Sino el solo pensamiento de que el mundo seguía girando para ella con normalidad, y muy probablemente para Nate también. Estaba segura de que ambos continuaban con sus vidas como si no hubieran destrozado la mía. Esa vida que ya daba por hecho que tenía planeada, organizada y lista para ser vivida... se desmoronó como un castillo de naipes con una ráfaga de viento.
Mi rabia y dolor no eran suficientes para describir el golpe de la traición, de la humillación y de la censura en la que Nate me tenía viviendo que habían sido para nada.
Tanya... con su risa perfecta, fingiendo que la vida seguía igual, como si no hubiera traicionado la amistad de años. En verdad me abrió los ojos... la amistad no existe.
«Todo va a cambiar... no me quedaré en el suelo viendo cómo ellos continúan con su vida como si nada», algo dentro de mí comenzaba a despertar.
A pesar de que por momentos se me olvidaba un poco la idea de hacerlos pagar con mis propias manos, esa pequeña chispa estaba en el límite y si la dejaba arder lo suficiente, no sabía de lo que sería capaz.
Los recuerdos latían dolorosamente en mi pecho y me remonté a hace tres años, cuando conocí a mi ex... a Nate, en el momento en que ascendía a secretaria de la vicepresidencia de Donovan System. Mi eficiencia y dedicación me hizo ascender mucho más que las demás y fui nombrada la asistente personal de Nathaniel Donovan.
Y aunque él al inicio siempre me dio mi lugar, con el transcurrir de un año, el contacto pasó de ser netamente laboral a algo más... íntimo; desde roces, miradas, una que otra frase coqueta con la que caí rendida hasta caer enterita a su merced, que terminabos desfogando nuestras más bajas pasiones en esa misma oficina donde de día nadie sospechaba en lo que nos convertíamos... o eso era lo que yo creía.
En cuanto él ascendió al puesto de su padre y comenzó a trabajar en otro departamento fuera del edificio, la dinámica entre nosotros cambió. Se había ido aquella relación jefe-asistente y por primera vez comenzamos a tener una autonomía que nos hizo sentir más libres para comenzar como una pareja formal.
Yo ya no lo veía como mi jefe y eso nos hizo bien... al menos por un tiempo, antes de que comenzara con sus celos enfermizos, sus manipulaciones para moldearme a su antojo, al punto que parecía más una monja que una asistente.
Pero ahora que lo pienso con claridad... ¿en qué momento creía que algo que comenzó de forma ilícita podría terminar bien? ¿Cuándo diablos me imaginé que le romance entre una empleada y su jefe podía tener un final de cuentos de hadas?
Fui una tonta, lo admito y siempre me lo recriminaré. Lo acepto, me cegué... creí en lo imposible, pero al menos esa idealización me hizo probar el duro suelo de la realidad y me despertó.
Mientras miraba a mi ex amiga restregarme su felicidad y luego de esa semana de cancelación de planes, traté de recoger los pedazos de lo que quedaba de mí. No podía seguir siendo la misma Chloe...¡No quería!
Decidida a hacer un cambio, comencé a arreglarme, pero no para ningún hombre, sino para mí.
Camié mi guardarropa, fui al salón después de años. Me arreglé como quise, con los colores, los estilos y el look que Nate tanto decía detestar.
Me solté y por primera vez, comencé a sentirme un poco como la Chloe que había olvidado antes era.
Tomé más ímpetu y me inscribí al gimnasio, cambié mi alimentación y después de un par de meses el cambio se notó.
Aquel ahogo que sentía al ver a Tanya o la incomodidad de las preguntas invasivas o de rumores sobre la amante de Nate, comenzaron a disiparse como por arte de magia, aunque era más la disciplina y se sentía bien. Respiraba mejor... caminaba con la frente en alto.
Pero lo que yo no sabá era que Nate, siempre calculador, posesivo y observador, no se quedaría de brazos cruzados.
Lo supe el día del maldito inventario bimestral de la empresa. No esperaba verlo, no lo había visto en dos meses... pero ahí estaba él, de pie frente a mí y cuando me miró me vio distinta. Vio lo radiante que estaba según las chismosas de los corredores.
Algo dentro de él se encendió y yo nunca me hubiera imaginado hasta dónde llegaba su maldad.
Esa misma noche me dirigí rumbo a mi apartamento como de costumbre, parqueé mi vehículo rojo en el parqueo subterráneo y noté que el guardia de seguridad no estaba en su puesto... lo dejé pasar.
Cerré el vehículo y me dirigí a mi morada. Cuando llegué a mi habitación mi mundo cambió abruptamente. La luz no encendía y de pronto una mano enguantada me cubrió la naríz y los ojos con un pañuelo y me amordazó con una agilidad descomunal.
Solo pude ver cómo esa figura siniestra me sometía y ningún forcejeo de mi parte fue efectivo. Lo que Nate me hizo esa noche después de verme brillar... no tiene perdón de Dios. Esa noche fue de las más infernales de mi vida ¿Cómo salir viva? La muerte me respiraba en la nuca.