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Venganza de Amor.

Venganza de Amor.

Autor: : Morabook
Género: Romance
Mariella no quería casarse con un hombre que no amaba, y correr la misma suerte de su madre al quitarse la vida. Al anhelar tanto esa libertad termino descubriendo secretos de su padre, secretos que le costarían perder a personas importantes y estar llena de sufrimiento. ¿El amor será suficiente para salvarse ?

Capítulo 1 El marchite de una rosa

CAPITULO 1:EL MARCHITE DE UNA ROSA

Clava tu daga en mi cuerpo si así he de ser libre yo.

Abrazame con las alas de la muerte, dejame sentir su calor.

Dejame pensar que esta será mi única salvación.

Clava tu daga en mi cuerpo si así he de ser libre yo.

Abreme las puertas para que pueda escapar del dolor.

(...)

Me dí la vuelta otra vez. Lo había hecho tantas veces, qué perdí la cuenta, la cama casi se deshizo. Aunque no me faltara el sueño, yo me encontraba muy alterada como para dormir, había algo en el ambiente que no me permitía hacerlo o más bien un pensamiento .

Mi vista rondo de nuevo por toda la habitación, como si no lo hubiera hecho ya, como si estuviera buscando algo. Hasta que me detuve en el cuerpo tendido junto al mío.

Su pecho subía y bajaba en un movimiento lento puse mi mano encima de él y jugue un poco . Sus ojos no destilaban odio, su entrecejo no estaba fruncido, su boca no soltaba gritos ni groserías.

Suspiré aliviada.

Ahora que lo pensaba, Alessandro sólo era pacífico cuando dormía. Su expresión serena era todo lo contrario cuando estaba despierto. No entendía por qué siempre estaba tan enojado por que siempre usaba ese escudo innecesario.

Debido a esto últimamente verlo me provocaba sentimientos negativos; angustia, tristeza, incluso estrés. Mi matrimonio ya no era el mismo y no podía recordar cuándo fue que cambió tanto.

¿En qué momento todo se desmoronó?

Extrañaba tanto a mi familia. Mis padres me hacían mucha falta. Quería saber algo de ellos, pero aún no lo había conseguido. Me sentía tan sola sin su compañía, tan abandonada.

Alessandro llevaba mucho tiempo ya sin mirarme, sin tocarme, sin amarme. Estos días más que nunca él parecía esforzarse en hacer de cuenta que yo no existía. Lo único que nos unía entonces eran nuestras hermosas hijas: Olivia y Mariella, la luz de mis ojos. Me dolía tanto, pero no podía quedarme. Mi intención nunca fue abandonarlas, pero el dolor en mi pecho había crecido tanto hasta hacer de mi corazón una deprimente mancha negra que poco a poco me invadió por completo.

Con los nervios haciéndome temblar, me paré de la cama, intentando que mi marido no se diera cuenta. No me molesté en calzarme, pues quería poder sentir algo, aunque sólo fuera el frío suelo en la planta de mis pies.

No tenía un rumbo planeado, simplemente quise vagar mire los retratos del pasillo y sonreí en busca de un motivo que me devolviera a la cama pero no encontré ninguno . Al entrar a la cocina y repasar el cuarto con la mirada, me topé con algunas botellas. Una de ellas llamó mi atención y no lo pensé siquiera cuando me acerqué a buscarla y me tomé una copa de ese exquisito vino. Para acompañarlo, degusté un par de frutas, observando el ambiente tan oscuro y carente de vida. Me sorprendió que no provocara ninguna emoción en mí, se suponía que era mi hogar, pero no se sentía de esa forma desde hacía muchos años.

Me quedé en silencio intentando procesar mis propios pensamientos al respecto. Invasivos, llegaban de manera abrupta,sin aviso, como un golpe e iban atropellados y eran tantos que no pude comprenderlos a todos.

Un poco más tarde, cuando ya llevaba al menos media botella, me sentí más relajada, y no tan reflexiva, pero aquello seguía rondando por mi mente. Emprendí un pequeño recorrido para despejarme, tarareando una canción y simulando que tocaba el piano, tan maravilloso instrumento , el recuerdo de las notas se paseaban por mis dedos. Al pasar por el despacho esa idea intensa que había estado revoloteando por mi mente, se intensificó

Me decía: Hazlo, busca.

Pero no estaba segura.

Y volvía a insistir. Entonces, sentía en mi pecho algo punzante. Ya no me quedaba nada.

Tragué saliva con dificultad. Era una decisión simple, pero al mismo tiempo, un asunto complejo. Pensarlo demasiado me hacía dar círculos sin fin, hasta descubrí que podía llegar a tener opiniones contradictorias sobre esto ...

Había apretado tanto mis puño que mis uñas estaban empezando a lastimarme las palmas. La impotencia me provocó algunas lágrimas y el coraje me impulsó a soltarme y hacerlo.

Tomé algunas hojas. Las llevé conmigo, también a la copa, y me escabullí hasta el baño de la alcoba. Mientras la tina se llenaba mi mente daba vueltas...

Ojalá nuestra vida juntos hubiera sido diferente...

Ojalá que estén bien.

Algunas imágenes fugaces se cruzaron por ahí.

Pude ver la imagen clara de Olivia dando sus primeros pasos. Pude sentir el abrazo cálido de Mariella. Pude oírme tocando en el piano mi canción favorita para ellas.

La duda quiso influír, pero el dolor no se lo permitió. Si ésta era la única forma de ser libre, así debía ser.

Y entonces empecé a escribir:

"Amado esposo, mi alma se llena de sufrimiento al tener que decirtelo de esta forma, pero al fin logré tomar una decisión. Espero que lo entiendas y sepas que a pesar de todo el daño que me has hecho, te perdono y realmente te amo. Aunque por momentos no quería hacerlo ni mucho menos reconocerlo.

Por favor cuida a las niñas, no cometas el error que cometiste conmigo. Encárgate de que ellas sí se sientan amadas a diario, así como yo intenté que tú te sintieras. Has de ellas buenas personas, enseñales tus antiguos ideales, recuerda que el dinero no lo es todo, y saboreen cada gota de felicidad que les quede, por más mínima que sea, disfrutenlo.

Nosotros fracasamos al dejar que este cruel mundo nos consumiera, te ruego que no permitas que ellas hagan lo mismo.

Hasta luego, mi amor".

Doblé el papel y lo dejé en el suelo de aquel baño que evocaba tanto dolor. Eran incontables las veces que había llorado allí tirada; las veces que, arrodillada le supliqué al mundo que nos salvara. Ocasiones en las que me encerraba para que su furia no dejara más marcas en mi cuerpo.

Las lágrimas salían por sí solas, no podía controlarlas así como no podía controlar mi maldita vida.

Acabé el vino y me quedé observando la copa vacía. Giré una, dos y la copa de repente yacía en el piso. Los trozos me tenían hipnotizada, igual de rota estaba mi alma.

Un pequeño plic plic y en el suelo blanco destacaron dos gotas carmesí. Elevé la vista y descubrí un corte en mi dedo. Ni siquiera lo sentía, pero la herida estaba ahí, como muchas más.

Ni siquiera me molesté en limpiarlo, sólo agarré un fragmento de vidrio y me introduje a la tina.

ㅡHasta mañana mis niñas, las amo.

Desgarré mi piel con aquel objeto filoso. Al terminar, todo estaba teñido de rojo y por un instante el dolor físico opacó el daño emocional.

Clavé los ojos en el techo.

Ale...

Olivia.

Mariella.

Espero que mañana despierten y no noten que me fuí.

Espero que cuando se den cuenta, puedan perdonarme por esto.

Espero que cuando me recuerden, no piensen en lo mal que estuve. Mejor piensen en que ahora soy libre y me siento de maravilla.

Ojalá sean felices.

Ojalá...

Siento como me voy de este mundo, no tengo ningún dolor, todo se desvaneció mi mente por fin dejo de pensar y siento que por dentro he sonreído, mi alma ha dejado mi cuerpo y este mundo materialista al fin.

Capítulo 2 Familia Feliz

Capitulo 2:Familia Feliz

Pasé la noche entera escuchando la lluvia ,no he podido dormir su incesante caída no me permitió conciliar el sueño. Mis pensamientos invasivos hicieron que mi mente se desligue de la realidad tanto que por un momento me perdi y se volvió más largo de lo que esperé.

Mi transe duró hasta que ví la luz del sol entrar por mi ventana dejándome así sentir su calor. Casi incrédula, me levanté de la cama, tratando de ser lo más sigilosa posible, sintiéndome como una sombra o como una brisa ligera.

Me paré junto a la ventana y pude observar cómo el aire de la mañana movía las hojas secas de los árboles y los pájaros cantores anunciaban el inicio de un nuevo día.

Mis ojos se asombraron por el bello paisaje natural y sin darme cuenta,de un segundo a otro me quede mirando un ave tan bello de alas azuladas semejantes al cielo. El pequeño volaba rodeando los árboles y cantando con fervor su alegre melodia.

Solté un suspiro , exhalando todo el aire fresco ,y me pregunte ¿Qué se sentirá ser libre? , poder ir a los lugares que quiera, poder ser quien yo quiera. Un leve dolor se hizo notar en mi pecho al ser consciente de que no sabía la respuesta, mis ojos se entristecieron en cuanto me cuestioné si alguna vez lo sabría.

Mi pensamiento fue interrumpido por el ruidoso crujir de las escaleras. Esa madera vieja rechinaba tanto que incluso había llegado a saber quien se aproximaba con tan sólo oírlo.

Mi pulso se aceleró al darme cuenta de quien era, supe que no querría verme en ese momento casi desnuda en mi ventana , por lo que regresé a la cama con mucha cautela. Me envolví con las mantas y me acomodé dándole la espalda a la puerta hubo silencio y después oí cómo ésta fue abierta de par en par.

Se quedó callado un momento. Traté de mantener mi respiración relajada.

ㅡSé que no estas dormida ㅡMe lo dijo con un tono suave ㅡ. Por favor date un baño y prepárate, necesito hablar contigo. Genoveva ha preparado los panques de miel que tanto adoras.

Hubo un silencio y aunque no dijo nada pude notar su mirada sobre mí y esa expresión tan dura que siempre me dedicaba.

No perdió un segundo más y salió de mi alcoba mirando su reloj y dando un portazo.

Esa era su indolente manera de disculparse conmigo: ordenarle a la nana que hiciera la comida que de niña me fascinaba.

Pero ahora me traía recuerdos de mi madre así que ya no lo consideraba un premio si no un castigo y él estaba consciente de eso pero solía fingir que era un gesto de buena intención.

Volví a pararme y esta vez Genoveva entró. Sin decirme ni una palabra me preparó la bañera y pocos minutos después, me avisó:

ㅡEstá listo el baño, mi niña. Te dejo tu vestido en la cama, la esperaré abajo con el desayuno.

Pasó por mi lado y me dejó un tierno beso en la frente antes de marcharse.

Me metí al baño y deje caer la suave bata de seda blanca sobre mi piel. Su roce era para mi tan agradable que generó una sensación de satisfacción al punto que me relajó tanto que cerré los ojos.Me meti en la tina y me quedé sentada, viendo distraídamente el agua y mi cuerpo sumergido. Hace tanto que no le ponía atención a como se veía, a como era. A veces me gustaba hacerlo; contemplaba mi belleza, pasaba mis manos por mis piernas, por mi panza, incluso por mis pechos, acción que nunca se lo había dicho a nadie, ni siquiera a mi hermana. Era como uno de mis más profundos secretos.

Al salir ví el Vestido que se encontraba reposando sobre la cama. Dudé mucho en ponérmelo, se notaba muy incómodo. Tuve el presentimiento de que modelarlo este día me haría sentir más encerrada de lo que ya estaba.

Mis ojos repasaron el vestido elegante hecho con telas Muselinas,era de color negro, con un corset sencillo y arriba tenía el llamado cuello de Bertha era la ropa más elegante y apropiada.

Los ropajes que solía usar eran una marca social, tenía que vestir de esta manera y sentirme tan fastidiosa sólo para que todos supieran que mi padre tenía dinero y que yo era una buena candidata para el matrimonio.

Al final supe que ponermelo era lo mejor si quería evitar disputas. El corset era más ajustado de lo que imaginé, tanto que no me permitía respirar bien.

Deje mi rebelde cabello al viento y respiré profundo en un intento de reunir un poco de valor para bajar.

Una sensación desagradable invadió todo mi cuerpo al atravesar el pasillo de camino al comedor. Cuadros de mi familia adornaban las paredes; yo de bebé, mi hermana y yo jugando en el jardín, la familia el día de la boda de mis padres, entre otros. Y había uno en especial que no me había atrevido a mirar.

Lo dejé atrás sin más, pero mi mente traicionera me torturaba con esa imágen. Tantas veces me había quedado observando aquel cuadro particular que ahora yacía grabado en mi memoria. La pintura familiar me atormentó por algunos segundos que parecieron eternos. Tenía algo que la hacía diferente al resto, algo que me perturbaba: era la profunda tristeza de mi madre, esa misma se veía reflejada en su rostro tan clara que llegaba a invadirme y me afligía.

Me alejé en ese momento del corredor y entré por fin al salón donde Olivia me esperaba.

ㅡPensé que nunca bajarías ㅡsu expresión se suavizó un poco y ví el destello de una gran sonrisa al verme llegar ㅡ. Padre está en el despacho atendiendo a un burgués industrial, llevan ya un buen rato hablando.

ㅡ¿Sobre que? –dije sonriendo en forma de burlaㅡ: ¿Charlan sobre a qué hora van al teatro?

Antes de que Olivia pudiera decir algo, padre entró en la escena acompañado de un hombre que me resultó bastante peculiar por un detalle pues para mi sorpresa, era alguien joven.

Sus murmullos murieron antes de que alguna de nosotras pudiera oír algo. Ambos se acercaron a nosotras.

Se detuvieron delante de mí y el joven desconocido se inclinó para tomar mi mano con delicadeza y posteriormente besar el dorso de la misma.

ㅡBuenos días señorita Mariella, es un gusto poder conocerla al fin ㅡsaludó mientras se enderezaba, dejándonos ver la sonrisa maliciosa que adornaba su caraㅡ. Espero poder tener la oportunidad de verla pronto otra vez para tener un tiempo con usted ㅡTras ello, se dirigió a mi padreㅡ: Muchas gracias por permitirme entrar a su casa, señor Alessandro.

Se dirigieron a la puerta y el chico misterioso se fue.

Nos sentamos a desayunar, estaba nerviosa pues se me hacia raro que durante la comida mi padre no dijera nada, hasta que vi que mantuvo un rato la mirada centrada en mi hermana y ahí supe que empezaría la tormenta.

ㅡTu maestra de ballet me irritó con su visita sorpresa. Me interrumpió porque pensó que estabas indispuesta. Vino a verte, dijo que le preocupaba que llevaras días sin asistir a sus clases.

Mi hermana se quedo quieta sin decir nada.

ㅡOlivia, querida ㅡle llamó, y aunque las palabras podían tomarse como dulces, su tono fue todo lo contrarioㅡ. ¿Se puede saber por qué no has ido?

El rostro de Olivia amenazaba con volverse completamente blanquecino. Estaba tan nerviosa que pude notar el temblor de sus manos y el sudor comenzando a emanar de su frente. El cubierto se resbaló de su mano, pero ninguno reparó en eso. Ella pareció meditar muy bien sus palabras antes de cometer un error porque sabía que si lo hacía, provocaría una furia indetenible que acabaría en objetos siendo arrojados por toda la habitación y violentos gritos.

-Lo siento por no a vertelo dicho padre, pero no me gusta la danza, lo mio es la pintura y la poesía, no quiero dedicarme toda la vida a esto......

Papá azotó la mano contra la mesa y grito.

-¡Entonces solamente por que tu no quieres crees que vas a poder dejarlo! Pues no Olivia jamás dejaras el ballet me escuchas, jamás,serás alguien importante con esto y elevaras en lo más alto el apellido familiar , eso es lo que debes de hacer.

Mi hermana dejo caer las lágrimas en la mesa, mantenía la cebza baja, y me enfureció.

Me pare de la mesa y le grite.

-¡Es injusto ella no es feliz con esto, tu no puedes obligarla a nada!,.

Antes de que pudiera seguir desahogando mi furia con él, se levantó de su asiento y estrelló su mano contra la mesa. Eso alimento aún más mi coraje y pude sentir cómo la temperatura de mi rostro aumentaba.

ㅡ¡No vuelvas a levantarme la voz, niña! ㅡamenazó, ejerciendo tanta fuerza al hablar que creí que sus ojos saldrían de su cara ㅡ. En esta casa se hace lo que yo diga, ¿Entendiste? ㅡni siquiera me dió tiempo de responder, y él simplemente siguió hablando ㅡ: Si yo digo que baile, ella baila sin cuestionar mi puta autoridad. Y si te digo que te calles, cierras la maldita boca.... Hablas de necesidades como si alguna vez en tu vida te haya faltado algo. ¡Por favor, si les he brindado todo en bandeja de plata! Y así es como me pagan. Tanto sacrificio para que se vuelvan dos malcriadas que sólo saben quejarse ㅡsu voz disminuyó, pero el disgusto seguía presenteㅡ: Nadie más en esta familia ha sacrificado tanto por ustedes como yo.

Un ligero dolor brotó en mi pecho qué me molestaba y necesitaba decirlo.

ㅡSí hubo alguien que dió más que tú, y fue mi madre ㅡCon la cara en alto me levante para que vea que no logró intimidarmeㅡ. Y puedes golpearme todo lo que quieras, pero sabes que tengo razón.

De repente, el enojo se disipó y fue reemplazado por una expresión de burla. Su sonrísa irónica me molestó.

ㅡ¿Tu madre? ㅡse rióㅡ. Tu madre está muerta, porque fue una maldita cobarde...

Lo bofetie, tan fuerte que mi mano me dolió.

Nadie habla mal de mi madre nadie.

Se toco la cara, y clavo sus molestos ojos sobre mi, fue en ese momento cuando supe que estaba perdida, qué el coraje me cegó.

-¡¿Qué es lo que te pasa?!, ¡¿Acaso has perdido la cabeza?!

Me quede completamente callada, esperando me diera un golpe,pero en ese preciso momento el se acercó a mi hasta tenerme contra la pared.

-Esta es la última vez-Se acercó tanto a mi que pude verle hasta el alma - Me vuelves a pegar y yo mismo te entrego con tu madre¡¿Me oyes?!

No me salía la voz así que solo asentí con la cabeza, inmediatamente el se fue y hui a mi alcoba, era como un refugio para mi, me hacia sentir segura, protegida.

Me fui a mi habitación y pensé a que se refería con "Entregarme a mi madre" ¿El le hizo algo? ¿Fue el responsable de su muerte? Quería pensar que no, pero mi padre eran tan capas de todo, creo que hasta de matarme a mi si eso hiciera falta para sobresalir de su puesto.

Somos piezas de un juego para el, un juego en el que el se sabe las reglas, un juego en el que cualquier movimiento significaba la muerte.

Yo no quería perder, tenía que ganar.

Mi padre Alessandro toda su vida había sido un hombre frío, poco empatico y demasiado materialista, el era de un pueblo humilde así como mi mamá en Francia, solo que a él lo gobernada la ambición y la avaricia.

Un día la Reina Victoria fue al pueblo de mi padre buscando un nuevo esclavo, en cuanto lo vio quedo cautivada por su indescriptible belleza.

La reina le pago a mis abuelos para que entregaran a su hijo y esta se lo llevo, vistiendolo rápidamente con finas y delicadas telas.

Convirtiendoce así rápidamente en su mano derecha y el burgués más importante y temido de toda Escocia.

Odiaba su trabajo, le robaba a los que más lo necesitaban, los hacía menos y manipulaba a su antojo.

Cuando se aburrió de estar solo viajo a París y unos días después encontró a mi mamá, la separó de sus padres como hicieron con el y la obligó hacer su esposa, no, no la quería solo debía cumplir con su propósito de mujer y darle unos buenos descendientes, pero, para su mala suerte fuimos dos hermosas niñas y mi padre la odio por eso, y no se canso de hacerle daño hasta el día en que murió.

Capítulo 3 El piano de mamá

CAPITULO 3:EL PIANO DE MAMÁ

Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Mi madre yacía sentada en el salón de música conmigo y mi hermana. Mientras ella tocaba la más bella melodía, acompañada de su dulce y tierna voz, Olivia y yo nos complacíamos mirando, escuchando y sintiendo, su pasión era visible al presionar cada tecla. Era nuestra actividad favorita, lo hacíamos en las mañanas que mi padre no estaba. Todas cantábamos y reíamos sin parar, a veces podía sentir como mi corazón latía al mismo ritmo de su música, eso me alegraba la vida.

Pero un día toda esa magia y felicidad se desvaneció. Fue algo repentino y no hubo um previo aviso, fue tan brusco que ni siquiera pude creerlo.

Esa mañana de invierno, cada detalle sigue grabado. Durante la temporada fría mamá no dejaba que la nana nos cocinara, prefería hacerlo ella; llenaba la casa de olor a frutas y flores, creaba un ambiente de calor muy especial que llenaba mi corazón. Pero esa vez se sintió diferente porque no me despertó el olor a fruta o flores, sino mi padre dando un golpe para abrir la puerta de nuestra habitación.

Olivia era muy pequeña y dormía conmigo, por lo tanto al espantarme, también lo hizo ella.

ㅡTengo algo que decirles.

Su rostro serio y ese silencio me parecieron una mala señal. Mi estómago se oprimio.

ㅡSu madre ha muerto.

Y después de eso ya no recuerdo nada, pero cada noche sueño lo mismo y me despierto pensando en la cara de Olivia que sólo reflejaba duda.

Me levanté de mi cama, estaba un poco nerviosa. No sabía si debia bajar, padre no me ha dirigido la palabra desde que lo abofeteé días atrás.

Me dispuse a cambiarme, tratando de estar presentable para mis clases con la institutriz. Me asome a la ventana y vi a un cochero acompañado por otros dos hombres bastante bien arreglados. No le dí mucha importancia, pero me resultó curioso que nunca los había visto por aquí.

Bajé y pude ver a estos hombres junto a mi padre entrando al salón de música, lo cual fué aún más raro. Quise saber qué hacían pero en lugar de preguntar, preferí asomarme disimuladamente y averiguarlo de esta forma.

ㅡSeñor Alessandro, es un instrumento muy bonito, la madera es de excelente calidad. Mis hijas no podrían tocar esto, pero tal vez mi hijo sí...

El hombre era tan robusto que le costaba respirar.

ㅡConcuerdo con usted, señor Phillip. Es un instrumento de buena calidad, pero ya no quiero conservarlo. Seguro que a su hijo le gustará.

¿Padre estaba intentando...? ¿Qué?

Ingresé a la habitación con el coraje llegándome hasta el cuello. ¿Cómo se le ocurría?

ㅡ¿¿Qué estás haciendo?! ¡¿Qué es todo esto?! Alejen sus asquerosas manos de mi piano.

El hombre robusto volteó a ver a mi padre con furia y cierto desagrado.

ㅡMariella, vuelve a tu cuarto ㅡdijo mirándome fijamente a los ojos, buscando parecer intimidante.

Le dediqué la misma mirada a él.

ㅡ¡No! ㅡespeté, enfrentándolo.

Quizás fue un error, quizás no debí hacerlo. Pero me daba igual, era el piano de mi madre, no podían llevárselo. Era parte de ella, parte de mí, no podía permitir que lo alejaran.

ㅡ¡Dije que te largues!

Y me golpeó. Su mano estrelló mi mejilla con más fuerza que la última vez. Pareció satisfecho, como si hubiera estado esperando el momento para hacerlo.

Aún así no dejé que se saliera con la suya.

ㅡNo se pueden llevar el piano de mi madre.

ㅡ¿Disculpa? Aquí el que dá las órdenes soy yo. Es mí piano y yo hago con él lo que desee. Ahora marchate, y no me hagas repetirlo, que ya no seré tan gentil.

La rabia y la impotencia se quedaron en mi garganta, que dolió al preguntar:

ㅡ¿Esta es tu manera de castigarme?

Él me ignoró por completo, intentando retomar el asunto de la venta. No me dí por vencida, tenía que hacer que no se lo llevaran.

ㅡHazlo ㅡle concedíㅡ. Castigame si eso es lo que quieres, pero por piedad, déjalo. Era de mi madre, de tu esposa... No lo hagas.

Los hombres miraron a mi padre esperando una respuesta. El aire de incomodidad estaba presente, el hombre robusto pareció sentir pena, pues intentó dejarlo.

ㅡSeñor Alessandro, creo que mejor conversamos de esto otro día, con más calma.

Para mi desgracia, el tono condescendiente del hombre no hizo más que empeorar el ánimo de mi padre, quien le grito:

ㅡ¡No, nadie se va sin el maldito piano!

Su cara se transformó en otra.

Supe al mirarlo que ya no podía hacer más. Quise correr pero mis piernas no respondían.

Sólo quería proteger su memoria. Quería conservar sus cosas, su recuerdo. Padre parecía no entenderlo. Ese piano no tenía valor monetario, era más bien algo ligado a mis emociones.

Él siguió gritando y me acobardé. La presión de mi pecho se extendió y viajó hasta mis oídos. No pude decir nada, pero en cuanto pude reaccionar, salí corriendo del salón.

No dejaba de pensar que si mi madre estuviera viva se hubiera puesto muy triste. Ella estaría decepcionada. Y sentí tanto enojo por eso. Incluso rabia hacia Olivia. Por haberla defendido se llevaron lo único que me quedaba de mi mamá.

Me dirigí a la cocina, buscando a Genoveva, era la única con la que podría desahogarme. Pero no estaba por ninguna parte y empecé a desesperarme.

Salí al jardín de atrás y corrí sin tener un rumbo fijo.

Cuando el aire me faltó, bajé la velocidad y caminé. Estuve deambulando un largo rato por aquellos árboles mientras pensaba en lo feliz que era hace algunos años. Los recuerdos me alcanzaron y no fui capaz de seguir aguantando el llanto. Me dejé caer a los pies de un árbol, rendida, a la vez que las lágrimas se escapaban.

El llanto iba en aumento y se volvió tan fuerte que me dolía el alma y sólo pude seguir llorando al cielo.

ㅡ¡Lo siento, mamá! No pude protegerlo, no pude ser fuerte. Yo... no puedo.

La vista se me volvió borrosa y no supe si se trataba de un sueño.

Estaba lejos y podía equivocarme, pero estaba segura de que ví a mi madre. Estaba igual a la última vez; con su hermosa piel de porcelana, su cabello rojizo, sus grandes ojos de color azul, sus mejillas rosadas y esa sonrisa deslumbrante.

Caminó hacia mí y al tenerla de frente me quedé sin aliento. Extendió su mano y la toqué. Me levantó del piso, me miró y me sonrió de nuevo.

Cuando quise decirle algo, su expresión se llenó de tristeza y miedo.

ㅡLo siento.

Lágrimas rodaron por sus mejillas. No pude responderle así que siguió:

ㅡPerdóname por haberlas dejado, no quise hacerlo. Yo las amo, pequeñas. Sólo quiero que estén bien.

No tenía palabras para decirle, no podía hablar. Era como si hubiera perdido la voz. Ella no esperó por mí, limpió las lágrimas de mis mejillas y me dió una suave caricia en el cabello antes de dar media vuelta y marcharse.

No reaccioné de inmediato, y cuando lo hice, quise correr tras ella. Pero no la encontré por ningún lado. Aún estaba llorando pero esta vez era por una mezcla de sentimientos. Emoción, ira, tristeza.

"¿Por que te fuiste?, ¿Por que nos dejaste?, Te necesito mamá, te necesito..."

Cuando el llanto cesó, decidí regresar a casa y en el camino me encontré a Olivia.

ㅡ¡Dios Santo, Mariella! ¿Qué haces aquí? Padre te esta buscando.

ㅡ¡Pues déjalo que siga buscándome !

Me quiso tomar de la mano y no la dejé. Sus ojos desconcertados indagaron en mi rostro.

ㅡ¿Qué pasa? ㅡsuspiróㅡ. ¿Por qué te portas así conmigo? Padre está preocupado por ti.

Por un segundo olvidé la inmensa tristeza que cargaba y dejé que mi enojo me controlara.

ㅡ¿Padre? ¿Preocupado? ¿Acaso eres estúpida, Olivia? Déjame en paz, que por tu culpa se llevaron lo último que me quedaba.

Ella me miró, aún sin entender de lo que hablaba.

ㅡTenías razón, debí dejar que manejaras tus asuntos. No debí meter las manos por tí, pero tranquila, no volveré a cometer ese error. Espero que si consigues largarte de aquí, y que sea pronto.

Continué mi camino a casa, sintiéndome destrozada. Estaba desesperada por llegar y esconderme en mi habitación pero todo deseo de llegar desapareció cuando lo ví esperándome en la puerta. Detuve mis pasos y me quedé mirándolo. Él sonrió al verme, estaba complacido por mi semblante de infelicidad y derrota.

ㅡ¿Aún quieres desafiarme?

Tuve que tragarme mi orgullo para responder, pero fuí sincera.

ㅡNo ㅡle dije, tranquila pero triste.

ㅡEntonces entra a la casa y te limpias, estás llena de suciedad ㅡseñalóㅡ. Y tira esos harapos, están peor que los de una campesina.

Entró sin más y tras él Olivia. Me pareció ser la única dolida por lo que había hecho. El haber perdido algo que era de mi mamá me afectaba más de lo que me agradaba admitirle a él.

Subí a mi alcoba, me duché y me metí a la cama. Lloré otro rato hasta que padre volvió a buscarme.

ㅡ¿No piensas ir a tus clases? ㅡdijo, cruzado de brazos.

Lo observé desde mi cama, con la bata mojada y la ira haciendo hervir mi cara.

ㅡNo, ¿vas a golpearme por eso? ¿O vas a vender otra cosa?

Bufó.

ㅡTu no entiendes por que lo hice, ¿o sí? Trato de enseñarte algo y te lo tomaste muy personal. Era algo sin importancia,un estorbo.

Me levanté, descolocada por sus palabras sin sentido. ¿Qué clase de lección pretendía darme?

ㅡPues tal vez para ti lo era, pero para mí era un pedazo de mi mamá y yo... ㅡse me quebró la voz y no pude evitar que me viera así de afectadaㅡ. Nunca te lo voy a perdonar. ¡Así que largate de aquí, ya no me importa lo que hagas!

Avanzó rápidamente y con pisadas fuertes, me tomó del brazo con brusquedad. Acercó su cara a la mía y grito:

ㅡ¡Deja de comportarte como una maldita niña pequeña y sé una mujer de verdad! Tu madre esta muerta ¿recuerdas? ¡Muerta! Y así va a seguir por siempre.

La presión que ejercía sobre mi brazo era cada vez más. Hasta que no lo soporté.

Intenté safarme, pero no me lo permitió, así que imploréㅡ: ¡Suéltame! ㅡhizo caso omiso y yo jalé otra vez, preguntándoleㅡ: ¿Cómo puedes hablar así de ella? ¡Era la madre de tus hijas!

ㅡ¡Sí, era su madre, pero era una vil inútil, igual que tú!

Me arrojó a la cama y se marchó. Tenía ganas de llorar, pero ya no podía así que sólo me quedé ahí tendida.

Los siguientes días me quedé en casa, Genoveva insistía en que comiera algo, pero no lo lograba. Yo solo quería ver a mi mamá otra vez como ese día en el bosque, sólo quería saber si era un sueño y por qué decía que no quería dejarnos.

¿Acaso significaba algo? ¿Había pasado algo esa última noche que en verdad ví a mamá?

¿Por qué no me acuerdo de lo demás? ¿Por qué no me pude despedir de ella? ¿Por qué papá cambió tanto desde ese día? Quiero saber más. Lograré saberlo, cueste lo que cueste.

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