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Venus 2: Rojo despertar.

Venus 2: Rojo despertar.

Autor: : Miliana
Género: Romance
SEGUNDA PARTE DEL LIBRO; Venus, bajo su influencia. (Leer ese primero) Luego de que Rebeca lograra su cometido: desaparecer a Venus de la vida de Cedric, se enfocó en enamorarlo, mientras que Venus; con amnesia total, sin poder recordar nada de su pasado, lucha para conocerse, intentando recordar quién era, relacionándose con lo que ahora es (Vampiro) junto al príncipe Hedmon en el reino de Blackstone. No obstante deberá enfrentar nuevos obstáculos ya que el príncipe Hedmon se enamora perdidamente de Venus, causando un triangulo amoroso inevitable en la vida de Venus.

Capítulo 1 Cedric, el funeral

El día de hoy 15 de Mayo de 2018 sería el funeral simbólico de Venus... sí, simbólico, ya que nunca se encontró su cuerpo en ningún lado, por más que busqué incansablemente, recorrí cada parte de Mistermed, recorrí las ciudades enteras, los estados completos, y no encontré nada de ella, ni siquiera su aroma.

Eso ya no era mi decisión, los padres de Venus necesitaban un cierre, algo que los hiciera sentir un poco calmados, luego de tantos días en vela, sufrimiento inagotable y eternas noches sin dormir, mirando por las calles a ver si algún día llega Venus, lo sé porque yo los veía mientras estaba sentado en mi habitación, haciendo lo mismo que ellos hacían, observando en las calles para ver si Venus a parecía. Les pareció correcto hacer el funeral simbólico el mismo día del cumpleaños de Venus, para tener algo positivo que recordar en estás fechas.

Yo por mi parte no me he levantado de la cama... He estado intentando practicar eso a lo que los humanos llaman "dormir", solamente para sentir que no estoy consciente de nada al menos por unos instantes. Solo para borrarme a mí mismo de la existencia, para sentir que por un momento... Sólo por un momento no recuerdo que Venus existe y que desapareció dejando un completo vacío en mi pecho.

No me he levantado de la cama quién sabe desde cuándo, no tengo ánimos ni siquiera de salir: ni de beber sangre, ni de seguir respirando. En mi pecho crece el sufrimiento constante de que no pude hacer suficiente, siento que no hice suficiente por encontrar a Venus, pasamos meses en los que mis padres, los padres de Venus y muchos vecinos del mismo pueblo en Puente Celest buscábamos desesperadamente a Venus, yo por mi parte recorrí todos los bosques todo el extenso bosque toda fría oscuridad, no hubo centímetro de tierra que no revisara para encontrar a Venus. Por cada espacio que no se encontraba ni el más mínimo olor de ella, significaba un peso más de frustración y rabia.

El día se sentía más gris, el viento soplaba fuerte, desencadenando las penurias en el vecindario. Para todos fue un golpe duro, pero para mí, se siente como una herida que no sangra, como si me rompieran todos los huesos al mismo tiempo, todos los días. Duele incluso cuando respiro. Justo ahora desearía ser humano, poder llorar hasta ya no sentir los ojos por la hinchazón y luego quedarme dormido, para así olvidar aunque sea un par de horas que Venus existió y desapareció, llevándose consigo todas mis ganas de vivir. Un día como hoy es donde más cuesta ser consciente de que soy inmortal, ojala pudiese entregar toda mi eternidad por solo un par de segundos junto a ella. Mi madre tocó la puerta de mi habitación.

─ ¿Estás listo? ─ Se acercó a mí. Yo me mantuve en silencio, ¿Cómo se podría estar listo a la muerte? ¿Cómo se empieza a actuar con normalidad cuando se sabe que todavía le quedaba tiempo?

─ Se siente como si me hubiesen robado algo... ─ suspiré.

─ La vida de los humanos es así, cariño... Inestable, inesperada, en un segundo puede ser y al otro no.

─ Estoy seguro de dos cosas, madre... No soy nada sin Venus y no debí dejarla. Todo fue mi culpa.

─No te culpes a ti mismo, han pasado cinco años desde ese horrible momento y estamos aquí tu padre y yo para apoyarte en lo que sea, hijo. ─ Me dio un abrazo.

Yo me quedé observando por la ventana, ventana que siempre saltaba para llegar hasta ella, ojala pudiese dar un salto más y llegar hasta donde está ahora.

Llegamos al funeral y la multitud me sorprendió. Mucha gente que al parecer apreciaba a Venus, quizá varios están por solo morbo, ¿Quién no quería a Venus? Es una mujer que se gana el corazón de todos solo con existir. Es, fue, no sé.

Me rehusó a hablar de ella como si ya no está. El viento soplaba arrastrando todas las hojas secas de los arboles por todo el asfalto hasta que llegaban al aire, parecía que llovían hojas muertas... Quizá era una señal del destino, o quizá solo el estúpido ciclo de vida de las hojas.

La caminata hasta el cementerio de Puent Celest fue rápida, lo que fue difícil, fue ver a los padres de Venus dejando caer rosas al ataúd vacío de Venus junto con un rio de lágrimas que daban a entender que aunque estaban cerrados a la idea de dejarla ir, no podían hacer nada más.

Su resignación es admirable, yo solo la tuve en mis brazos por un par de semanas y siento que me quema el aire que respiro, que la vida no me es suficiente, que mis ojos no tienen las lágrimas que requiero. Ellos la tuvieron toda su vida y ahí están siendo más fuertes que yo.

─Nunca entendí el motivo de los funerales. ─ Le pregunto a mi madre, ella fue más humana de lo que yo pudiese llegar entender.

─Es un cierre que necesitan para avanzar con algo de consuelo.

─ ¿consuelo?

─ Si, al hacer un entierro, estas ayudándote a entender que dicha persona no va a regresar. Al menos eso intentas hacerle saber a tu cerebro... El duelo tiene etapas difíciles. ─ dice ella mientras observamos a los padres de Venus dejar caer las últimas rosas.

─No me parece justo. ─ agregue. ─La vida no es justa. Es real.

Mi padre se quedó al fondo de todos, por más que quisiera acompañarnos, no estaba seguro de querer estar tan cerca de una situación ajena. Poco a poco la multitud se iba reduciendo, luego de que la urna estuviese bajo tierra y ya el padre dio su emblemático rezo, la lluvia comenzó a caer de a poco.

Todos sacaron sus paraguas negros y se marcharon, solo quedando algunos oficiales que le daban el pésame al señor Romeo Thomson y algunas maestras colegas de la señora Amelia Thomson. Mis padres y yo nos quedamos a la distancia para acercarnos después.

─ ¿vas a hablarles? ─ pregunto mi padre.

─Si... ─ asentí, con algo de miedo.

─Si no sabes que decirles, bastará con un abrazo. ─ comenta mi madre. Yo asentí y me dirigí hasta los padres de Venus, quienes al verme solo pudieron sonreír en forma de calma.

La señora Amelia me abrazo de inmediato.

─Cariño mío. ─ dijo mientras daba algunas palmadas en la espalda.

─Señora Thomson...─ ella me interrumpió.

─ solo dime Amelia.

El señor Romeo tocó mi hombro firmemente.

─ Gracias por buscar arduamente durante todos estos años a nuestra bebé. Sus ojos lucían muy rojos.

─ Es lo menos que pude hacer, lo haría el resto de mi vida.

Ambos comenzaron a dejar caer sus lágrimas.

─Venus estaba muy feliz de tenerte en su vida─ comenta la señora Amelia. ─, en esos días nunca la había visto tan radiante.

Mi corazón quería estallar de frustración, no es natural que los padres entierren a sus hijos, no me siento bien.

─Fueron cinco terribles y dolorosos años, aun intento conciliar el sueño, pero estaremos bien. ─comento la señora Amelia, limpiando con un pequeño pañuelo sus lágrimas.

─ ¿Tú que harás? ─ pregunta el señor Romeo. Yo nunca me había planteado esa pregunta.

Justo ahora no tenía sentido visualizar mi vida en el futuro, no veo algún posible futuro donde yo sea feliz sin Venus.

─No lo sé. ─ contuve las lágrimas hasta donde pude. ─todo esto ha pasado tan rápido...

─Siempre eres bienvenido a casa, ella así lo hubiese querido. ─ afirmo el señor Romeo.

No voy a negar que tenerlos en frente me hace recordar el aroma de Venus, la esencia de ella, su risa, su cabello; tenerlos en frente me hace sentir que estoy muy cerca de ella. Mis padres se acercaron poco a poco mientras que los padres de Venus se dirigieron hasta la lápida.

Habían escrito un hermoso mensaje: "Querida hija, estuviste muy poco, pero tu huella quedará para siempre''.

─ ¿Vamos a casa hijo? ─ pregunta mi madre.

─No quiero, todavía tengo mucho que decirle a esa urna vacía.

─Te esperamos en el auto, hijo. ─ Ambos se marchan hasta el auto.

Yo caminé lentamente hasta la lápida de Venus, la frase estaba grabada en un color dorado, debajo de una foto de la hermosa Venus, mi Venus.

Ojala pudiera decirte todo esto en persona, Venus. No tenía idea de lo mucho que podía sentir siendo vampiro, crecí así toda mi vida, con poco afecto; se nos considera fríos no solo por la temperatura corporal, si no por nuestra actitud ante los demás. Por más batallas que dominé, por más guerras que vencí; no pude salir victorioso en la única que ameritaba mi victoria; en proteger tu vida a toda costa, ¿En que estaba pensando ese día? Nunca sentí que algo andaba mal, baje la guardia en el momento menos oportuno y mi consecuencia fue perderte. La lluvia caía sobre mí, mojando toda mi ropa, no quería cubrirme.

La mano cálida de la señora Amelia tocó mi hombro.

─ ya vamos a casa, hijo.

Su rostro mostraba rendición, quizá solo bastaron cinco años para que ella lo aceptara, para que se diera por vencida, pero yo no podría. Mi castigo por semejante error es cargar con la eterna culpa de no ver más nunca a venus.

En este momento odio a los humanos, porque al menos ellos podrían soñar con Venus. A partir de ese día nada volvió a ser igual, pase mis noches acostado en la cama de Venus, rodeado de sus almohadas, algunas prendas que aun conservaban su aroma.

Miraba sus fotos, su habitación entera, agradezco que la señora Amelia decidiera dejar tal cual su cuarto, sé que aunque demostraba ante los demás un rostro de resignación; ella en el fondo deseaba tanto como yo que Venus regresara.

Nos turnábamos su madre y yo en pasar horas en esa habitación, que poco a poco iba perdiendo su aroma. Día tras día era igual, actuaba de forma robótica yendo a su habitación y al amanecer pasaba a mi cuarto con algunas camisas para continuar oliendo su aroma. Algunas noches que ya no podía más con mi existencia, me dirigía al bar de Neverlake, el alcohol no me causa ningún tipo de efecto, pero me hace sentir que estoy quemando algo en el fondo de mi ser. Beber hasta perder la consciencia no funciona, pero ahogar mis penas en forma simbólica, como lo fue el funeral de mi venus. Jamás pensé que la derrota se sintiera así, entrene toda la vida para siempre ser vencedor, pero nunca pensé que así se sentiría perder.

Capítulo 2 El castillo.

Todos en el reino se vieron perturbados y alertados por la llegada de los dos guerreros junto con la chica de identidad desconocida.

- ¡Un doctor! - gritó uno de los guerreros llamado Kain.

La multitud comenzó a acercarse para ver a la extraña mujer que se encontraba en un estado tan grave, sus heridas de las extremidades son tan profundas que mostraban parte de sus huesos.

El doctor del castillo se encontraba en sus aposentos cuando fue interrumpido por un guerrero que venía a traerle la noticia.

-Señor, lo están buscando afuera.

El doctor giró su silla mirando al guerrero que se mantenía de pie, mirando con respeto.

- ¿De qué estás hablando?

-Una mujer, señor... Está gravemente herida, la trajeron unos guerreros que vienen de afuera.

La curiosidad del doctor Zain, es mucho mayor que cualquier cosa, así que de inmediato salió para ver de quién se trataba.

Al acercarse a la multitud que rodeaba el cuerpo semidesnudo de la mujer sin identificación, quedó impactado.

- ¿Saben de quién se trata? - le pregunta él doctor Zain a guerrero Kain.

Kain niega con la cabeza, sin quitarle la mirada al cuerpo de la mujer tendido en el suelo.

-Busca una camilla para ella, no podemos dejarla aquí- ordena el doctor Zain.

Algunos hombres se fueron en marcha a buscar dicha camilla, mientras que Zain se encargaba de revisar sus signos vitales.

Al llegar la camilla, la subieron con cuidado y la llevaron hasta el laboratorio del doctor Zain, quien se encargaba de realizar sangre sintética y algunas otras posiciones para contra atacar a los clanes rebeldes.

El doctor quedó impresionado por la cantidad de mordidas que tenía esta chica.

-Luce tan joven, quizá unos dieciocho o diecinueve años... - comenta mientras le limpia las heridas y el cuerpo completo con un poco de agua y un pañuelo.

- ¿Sí está viva? Escuché como su corazón latía en el bosque, por eso no dude en traerla- asegura Kain, algo nervioso.

-Bueno, no está muerta del todo, es extraño que alguien la ataque así siendo vampira. A menos [...] - pensando.

- ¿Qué? ¿A menos qué? - pregunta, alterado.

-Estemos delante de una... -Tocó su brazo frío y sin pulso- una vampira muy extraña.

Kain quedó sin palabras ante tal teoría, no estaban permitidos los vampiros sin identificar en ningún sentido en el castillo, sería un acto que traería consecuencias para él y su compañero.

-No puede ser, el rey estará encabronado conmigo. - comento, con un manojo de nervios.

- ¡Calma, calma! - exclamó el doctor Zain.

-Estoy muerto.

- Llama al rey, yo hablaré con él personalmente.

El guerrero Kain se marchó a buscar al rey.

Toda la servidumbre del castillo se mantenía a la espera de la opinión del doctor.

Zain se quedó revisando con cautela cada detalle de sus heridas y de su cuerpo, su frío y pálido cuerpo, su corazón se escuchaba latir con tanta suavidad que parecía inmóvil, está viva, eso es seguro. Lo que no es seguro aún es ¿Quién le haría algo así a una chica? O peor aún ¿Qué vampiro sería capaz de torturar de semejante forma?

El doctor Zain comenzó a sentir un poco de lastima por el estado de la chica, se mantenía inmóvil en dicha camilla mientras que este le continuaba revisando, tomando el pulso y sacando muestras de todos lados.

Luego de limpiar su cuerpo se dio cuenta de que es muy hermosa, físicamente es preciosa, parece un ángel, pero dada sus condiciones más bien un ángel caído.

El rey Hegernald se dirigió furioso hasta el laboratorio de su doctor, se suponía que ningun vampiro sin identificar puede pasar.

Irrumpió con fuerza en el laboratorio del doctor Zain y le preguntó con rudeza.

- ¿Dónde está?

-Su majestad, mi señor...

- ¡Enséñame!

Zain lo guío con nervios hasta la pequeña camilla que se encontraba en una de las habitaciones del laboratorio, ahí se encontraba dicha mujer, seguía inconsciente; cubierta con una sábana blanca, vendas en sus heridas y su rostro demacrado.

Hegernald quedó paralizado ante su presencia.

- ¿Ya sabes quién es? - pregunta sin quitarle la mirada a la mujer desconocida.

-No, mi señor.

- ¿Por qué la trajeron hasta aquí?

-Se veía como alguien que necesitaba ayuda, su majestad. La encontramos en las afueras de Blackstone, dentro del oscuro bosque.

-Se ve como alguien que puede pertenecer al clan rebelde y planear una terrible venganza. ¿No se te ocurrió? - preguntó, molesto y acercándose un poco más a la mujer.

-No creo que eso sea así, mi señor... Estoy casi seguro de que ella fue humana.

Hegernald giró su cabeza en dirección a Zain.

- ¿Qué?

-Así es, cuando llegó al castillo no tenía pulso, aún conservaba un poco de olor a su sangre, definitivamente era humana, pero está en proceso de conversión.

El rey Hegernald admiro de nuevo el rostro de aquella joven, no vio a detalles las heridas, pero por la cantidad de vendas y el deterioro de su cuerpo y rostro, pudo entender que la habían torturado horrible.

Sin embargo, él como rey no se podía dar el lujo de solo confiar.

- ¿Sabes por qué eres mi médico real?

-Su majestad... Yo. -El rey Hegernald lo interrumpe.

-Porque confío en ti, ¿Sabes lo que eso significa? Como rey tengo prohibido entregar mi confianza como si fuese una simple carta, es un acto de fe que puede incluso significar la muerte para mí o mi imperio... - lo mira fijamente.

El doctor Zain se arrodilla frente al rey y dice de forma repetida.

-Perdóneme su majestad, perdóneme. Le entrego mi eternidad, si eso significa su perdón.

-Si esa chica llega a ser un problema para mi reino, tú pagaras las consecuencias y sabes que no son agradables.

El doctor Zain le hizo varias reverencias en forma de agradecimiento.

-Se lo prometo, mi señor.

-Mantenme al tanto de todo, ¿Qué le estás haciendo ahora?

-Le estoy aplicando transfusiones de sangre, le arrebataron toda su sangre, por eso estoy casi seguro de que fue humana, algún vampiro le hizo mordidas y apuñaladas mortales en todo su cuerpo. - mientras señalaba las heridas cubiertas.

El rey solo guardó silencio. Le dio un pequeño vistazo a la chica y se dirigió a la puerta.

-Apenas despierte, Alice Blanc le hará una inspección a sus intenciones. Quiero descartar que acabemos en peligro todos por tu impertinencia. -Le dio una mirada de desapruebo a Zain y se marchó del laboratorio.

Alice Blanc es una vampira cuyo poder es analizar a las personas y revelar sus más profundas intenciones; sus emociones más fuertes, debido al necesario uso de su poder se convirtió en una de las manos derechas del rey. Facilitándole así quien podría significar un peligro para la familia real. Se mantenía siempre cerca del rey durante la noche, debido a lo delicada de su piel no podía permanecer bajo el sol por mucho tiempo como los demás vampiros. Alice es albina, y su transformación solo aumento la delicadeza de su piel ante los rayos ultravioletas del sol.

Ella proviene de Alemania, nació en un pequeño barrio pobre en el año 1890 el 10 de Febrero. Durante su infancia solo podía ver el maltrato y abuso por parte de su padre a su madre. Esto la hizo crecer callada, aislada para no sufrir lo mismo que sus otros hermanos mayores y su madre.

Para comer y sobrevivir el padre ofrecía a sus hermanas mayores en un pequeño hotel en el barrio a caballeros extranjeros que ya conocían dicho negocio.

El rey tenía sus propios asuntos dentro del castillo, como por ejemplo, lidiar con su hijo; el príncipe Hedmon. Quien pronto debería tomar las riendas del reino.

Capítulo 3 La chica desconocida.

El rey todos los días pasaba por el laboratorio del doctor Zain, en espera de evolución o de alguna novedad sobre la chica desconocida.

Sin embargo cada día solo la encontraba inconsciente, inmóvil y totalmente demacrada.

-Su recuperación es demasiado lenta para ser vampira. - refuta desconfiado, el rey.

-Así es, su majestad. Es probable que se deba a su alimentación, no bebe sangre desde que llegó aquí. Es difícil alimentarla si está inconsciente.

- ¿No sé supone que le haces transfusión de sangre para que reaccione rápido?

-Eso es lo que hace que está chica se recupere... Lento pero seguro.

El rey algo ansioso sale del laboratorio, justo lo sigue su hijo, el príncipe Hedmon.

- ¿Aún no reacciona? -interroga, preocupado.

- Antes era común el saludo ante su rey.

-Lo lamento padre, ¿Cómo está su majestad?

-Mucho mejor, la desconocida aún está inconsciente. Demasiado lenta su recuperación.

Ambos continuaban caminando hasta llegar a la salón del castillo, dónde el rey tiene su trono inmenso bañado en oro.

-Su majestad- Alice Blanc hace una reverencia.

-Justo contigo quiero hablar, mi querida Alice.- le dice el rey mientras se sienta en su trono.

-Ya se lo que me dirá, mi señor, los rumores van rápido en el castillo.

El príncipe Hedmon está por hablar, pero interrumpe en el salón un guerrero muy alterado, diciendo que la chica desconocida ya despertó y ha atacado a todos en el laboratorio.

El rey se levanta furioso.

- ¡Lo sabía! Era una trampa.

Todos fuimos rápido al laboratorio y vimos a casi todos inconscientes y a más de siete guardias rodeando la chica que se encontraba de pie en la esquina de la habitación, semi desnuda y apuntándolos con un cuchillo a todos lados.

- ¿Qué pasó aquí?- preguntó el rey desconcertado por ver a tantos guerreros en el suelo.

-Su majestad... La chica despertó, al parecer no recuerda nada y quiere respuestas.- responde Zain escondido tras la puerta.

El príncipe Hedmon iba a acercarse, pero Alice Blanc lo detuvo con la mano en el pecho.

-Alto ahí, hermanito. Es mi turno.

-No soy tu hermano.-refuto Hedmon.

Alice se acercó, le ordenó a los guardias a alejarse, el rey confirmo la orden que dió Alice y todos obedecieron.

Todos están al tanto de lo que hará, ya que la chica es un manojo de nervios.

- ¡No te me acerques!- gritó la chica desconocida.

Alice la ignoro, se acercó a ella y justo cuando la chica le iba a dar una puñalada, Alice le tomo el brazo y la chica quedó inmovilizada, arrodillada en frente de ella.

Alice puso sus ojos en blanco, está observando el interior de esta chica desconocida. Todos quedaron asombrados cuando vieron que una simple y delicada jovencita albina pudo paralizar a esa desatada mujer salvaje.

El rey la miraba orgulloso, obviamente es una de las razones por las cuales Alice es la mano derecha de Hegernald.

Alice comenzó a quejarse del dolor, sus ojos comenzaron a dejar salir lágrimas. Ella soltó de inmediato el brazo de la chica desconocida y está solo se desmayó.

Hedmon le pregunto impaciente.

- ¿Qué viste, Alice?

-Ella... -La miró fijamente en el suelo, se alejo y se salió del laboratorio.

El rey ordenó a todos a abandonar el laboratorio, menos al doctor Zain, a él le ordenó atar a la chica desconocida.

-Decidiremos que hacer con ella luego de que hable con Alice, mientras mantenla atada. - ordenó el rey.

Hedmon y Hegernald siguieron a Alice hasta el salón del castillo. Ahí Alice respiró profundo, salían lágrimas incontenibles de sus ojos.

-¿Estás llorando? - pregunto, desconcertado el rey.

-Esta sensación es nueva para mí.- confesó ella, retirándose las lágrimas de sus mejillas.

- ¿Qué viste en ella?- pregunta Hedmon.

-Nada... Eso es lo más extraño, no ví nada. Solo hay oscuridad en su mente, ella no recuerda absolutamente nada de lo que le pasó, lo que es o lo que fue de ella.

-¿Eso que significa? ¿Entonces por que lloras?- insiste el rey.

-Porque no fue lo que ví, fue lo que sentí. Hay tanto odio y rencor en su alma, aunque su mente no sepa nada, su alma está llena de odio y tristeza, está muy muy oscura su alma.

- ¿Significa algún peligro para nosotros? -pregunta Hedmon.

-Esto no está muy claro Alice, sabes que no es suficiente información.- refuta el rey.

-Si lo es, sea lo que sea que le pasó a esa chica fue horrible para ella, no recuerda nada, pero no tiene idea de lo que es.- informa Alice.

-Es inofensiva entonces.- confirma Hedmon.

-Si, el odio no apunta al castillo... Apunta a una mujer.

-¿Una mujer?-interroga el rey.

-Genial, entonces se puede quedar, no representa una amenaza al reino, padre.- responde Hedmon.

-Si, bueno... - balbucea el rey.

-Hedmon esta en lo correcto. Ella es inofensiva para el castillo.- confirma Alice.

El rey pensó por un par de minutos, analizando toda la situación que acarreaba aceptar que esa desconocida viviera dentro del castillo, negarse era una opción, sin embargo él confía demasiado en las habilidades de Alice Blanc, jamás se ha equivocado analizando a alguien.

-Si ella se va a quedar en este castillo alguien se debe hacer responsable de su adoctrinamiento. -declaro el rey.

-Yo me encargo de ella.- oferto, Hedmon.

Alice Blanc miró con curiosidad a Hedmon, el cual mira fijamente al rey.

- ¿Por qué quieres tú encargarte de esa desconocida? - le devolvió la mirada retadora.

Hedmon se puso frente a él.

-Porque pronto seré rey, debo aprender a como proteger a mi reino. Me has exigido por décadas que enfrente mi realidad, mi destino con convicción. Soy el príncipe Hedmon, es mi deber.

El rey miró con orgullo a su hijo, asintió en forma de aprobación y lo dejó ir para encargarse de todo. Alice lo miro confundida, lo conocía bien y sabia que algo no estaba del todo correcto en esa charlatanería que dejo salir de su boca.

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