Estoy corriendo lo más fuerte que pueden mis piernas, aunque no sé porque siento que no estoy corriendo nada en absoluto, por más fuerte que lo intente, siento que me quedo ahí congelada. Mi corazón late a mil por segundo.
No puedo ver muy bien a donde me dirijo puesto a que está muy oscuro el bosque, es de noche, muchos árboles y sus ramas que tropiezan con mis hombros. Estoy agotada, no sé si pueda continuar huyendo... ¿huyendo de qué? No tengo idea. Tengo en mi pecho un increíble y tormentoso miedo que me mantiene alerta y corriendo sin dirección alguna.
Miro hacia atrás y solo veo siluetas borrosas, quisiera salir volando, o defenderme de alguna forma, pero todo lo que me sale es correr. Al mirar al frente choqué contra alguien, yo caí al suelo mientras que aquella persona ni se inmuto. Traté de ver de quien se trataba, debido a la poca luz no se puede.
Yo desde el suelo veo como acerca su mano para levantarme, tiene un tatuaje de una espada, pero justo cuando estoy por tomarla siento como las siluetas me alcanzaron y me cortaron el cuello; la sangre comenzó a salir a chorros, yo me cubrí con mis manos para intentar tapar de algún modo y evitar morir ahí, pero es imposible.
- ¡NO! - grité, mientras me senté en la cama de forma brusca, toqué mi cuello, mire a mi alrededor muy nerviosa.
Estoy empapada de sudor a pesar del frio que está haciendo.
Respiré aliviada, al mismo tiempo estoy harta de siempre tener la misma estúpida pesadilla incoherente de mí corriendo por el bosque.
Miré la hora del reloj que tengo en mi mesita de noche, junto a la cama. Son las 8:35 am, me desperté justo antes de que sonara la alarma. Estoy a tiempo para irme al trabajo.
Mi madre; Amelia de Thompson entró a mi habitación un poco asustada.
- ¿Estás bien, Venus?
-Sí, tranquila-Respiré profundamente, coloqué mi mano en mi pecho, puedo sentir como seguía mi corazón acelerado.
-Es que... Escuche un grito muy fuerte. -Se acercó a mí para verificar que estoy bien. Tomó asiento junto a mí.
-Mamá, tranquila. Solo tuve una pesadilla que se sintió muy real.
-Oh, entiendo, yo también a veces tengo de esas pesadillas, son una tortura - Me acaricia el cabello- Dios mío, Venus, estas empapada. Sí que fue una terrible pesadilla, debes rezar cada noche, eso ayuda a alejar las malas energías.
-Sí, lo intentaré esta noche, voy a darme un baño rápido, no quiero llegar tarde al trabajo.
-Está bien, te prepararé el desayuno.
Mi madre siempre fue una mujer con sus creencias sobre Dios y todo eso, yo jamás me logré sentir tan apasionada como ella por ese tipo de religiones, yo no me considero agnóstica de todo, pero no creo en nada de lo que la biblia suele decir. Sí hay algo en lo que creo profundamente es en su paciencia, es maestra en la primaria en el colegio más grande del pueblo, conocida por todos los vecinos como alguien noble, carismática y llena de lo que ya mencione, paciencia.
Su cabello es castaño claro, sus ojos azules y su piel tan blanca como la leche. Mi madre siempre ha tenido esa pasión por enseñar, fue la primera en enseñarme a leer los libros de grandes autores como: Jane Austen, Emily Brontë, William Shakespeare, Edgar Alan Poe... Todas novelas trágicas y de romance. Mi madre es una romántica empedernida.
No fue difícil para mí enamorarme de la literatura, las novelas siempre fueron mi acompañante desde mi infancia y ahora que tengo 19 años estoy lista para dar inicio a convertirme en una escritora y en el futuro ser nombrada como esos autores increíbles que siempre leo... La mejor autora de la época o tal vez, mi propia editorial, pero quiero permanecer rodeada de libros.
Mis padres se mudaron a este pueblo llamado Puente Celest, pueblo ubicado en el país de Mistermed a penas yo nací.
Un pueblo cerca de lagos, con constantes lluvias y muy pocas atracciones, al ser un lugar pequeño tenían la facilidad de ser conocidos por todos ahí.
Me preparé lo más rápido que pude, pero no dejaba de pensar y de repetir en mi mente la pesadilla que tuve. La mayoría de los sueños y pesadillas se logran olvidar con facilidad, por eso siempre trato de escribir con mucho detalle todo lo que recuerdo, siento que puedo mantener el recuerdo vivido.
Tomé mi pequeña libreta y comencé a escribir todo lo que podía recordar hasta ese momento: el bosque oscuro, yo huyendo de varias siluetas, el chico con el que me tropecé y nunca vi su rostro... Pero si vi sus manos; eran blancas y tenía un tatuaje de una espada en la zona de su pulgar. He tenido este sueño o más bien pesadilla muy recurrente.
Miré mi teléfono al terminar de acomodarme, tengo varios mensajes de mi mejor amigo; Anthony. Él siempre me espera en la entrada de su casa para ir al trabajo, él es cajero de la librería del pueblo y yo soy la encargada de acomodar los libros por orden alfabético y de género.
No es el trabajo de ensueño, pero sirve para ahorrar lo suficiente, mudarme a Estados Unidos y estudiar en una de sus prestigiosas universidades. No me falta mucho, de hecho estoy a solo unas cuantas cifras para lograrlo.
La señora Marcia es muy estricta con el orden de su librería y más con la puntualidad. Nos contrató gracias a mi padre; Romeo Thomson, al ser el oficial del pueblo le tiene la confianza suficiente para contratarnos sin más referencias.
Mi padre es un hombre muy serio, debido a su trabajo tiene que serlo, aunque su sueño siempre fue estudiar astronomía, la vida real lo llevo a ejercer un trabajo muy diferente, ser policía. Últimamente lo veía muy poco, siempre tenía turnos redoblados, casos que debía investigar. No suele hablar mucho de eso, quiere mantener el ''trabajo en el trabajo y el hogar en el hogar''. Me despedí de mi madre quien envolvió mi desayuno y metió en un pequeño envase para llevar, un beso en la mejilla y ''hasta pronto''.
Anthony o como yo le llamo; Tony, se encontraba en el porche de su casa, esperándome.
- ¿Sigues ahí?
- ¿Esperabas que me fuera yo solo?...- pregunto mientras se acercaba a mí.
-Ya vámonos, tonto. - seguimos de largo caminando.
-Te ves algo cansada - Aseguró.
-Bueno, tuve esa pesadilla, se me hizo difícil descansar- murmuré.
- ¿Qué, de nuevo?
-Sí, el bosque, yo huyendo- Hice una pausa. -, aunque esta vez cambio algo.
-Eh...- pensó por varios segundos- ¿Qué cambio?
Tuve un flashback de esa pesadilla, aquel chico que me tendió su mano.
-El chico, - Metí mis manos dentro de los bolsillos de mi suéter, el frío comenzaba a llegar -nunca había aparecido.
-Tal vez no deberías darle tantas vueltas al asunto, es solo una pesadilla. - deja salir un suspiro.
- ¿Por qué se repite tanto si es solo una pesadilla?
-quizá es porque no dejas de mencionarla, al hablar mucho de algo puedes programar algo en tu cerebro que haga que se repita cuando duermes.
- ¿ah, sí?-Lo mire fijamente. - ¿dices que yo misma me causo esto?
-Bueno, ¿Qué otra explicación tendría?
Yo negué con la cabeza en forma de desapruebo, no creo que yo misma me cause sufrimiento, es algo que no tiene sentido.
-No sé cómo se me pudo ocurrir semejante pesadilla.
-Quizá una película. - Sugiere.
Me mantuve en silencio, ya habíamos llegado justo a tiempo para iniciar nuestra jornada.
Mientras acomodábamos todo en la vieja librería, no podía evitar volver a pensar en los detalles de mi pesadilla, odio que la mente tenga esa baja calidad cuanto a sueños se trata, lugares borrosos, caras casi irreconocibles... es una locura lo que la mente puede llegar a fabricar.
Quizás Tony tiene razón en algo, hablo demasiado de mi pesadilla, debería dejar de comentarlo tanto.
- ¿Sigues pensando en la pesadilla? -interrumpe Tony llegando con unos libros en sus manos.
-No, ya no.
-Oye sea lo que sea que suceda, intenta distraer tu mente, hablemos de otra cosa hoy es un domingo diferente, hoy en la noche es el festival del pueblo, prometiste que vendrías conmigo.
-Cierto, eso ayudará un poco con mi estrés de pesadillas invasoras.
Llegar al viejo pueblo de Puente Celest me ha hecho recordar muchas cosas de años pasados. Crecí aquí, aunque ya no luce como hace cincuenta años, que fue la última vez que estuve aquí.
Nacer y crecer, desarrollarse, ir a la escuela, tener amigos, todas esas tonterías de los humanos comunes no las pude hacer debido a quien soy. Un vampiro. Nunca necesite dichas cosas, ya que mi metabolismo y condiciones físicas eran muy diferentes a los demás niños, por lo cual debí estudiar mis primeros años de vida en casa hasta poder adaptarme a la realidad que a partir de mi nacimiento me esperaba; ocultar mi identidad ante los humanos. Le temen a lo desconocido.
Mi nombre es Cedric Rotter. Hijo del gran soldado Lucius Rotter; el favorito guerrero del rey, pero ese es otro tema. Tengo 180 años, aunque realmente aparento de 20 años, así que esa es la edad que decidí tener por el resto de la inmortalidad.
Mi padre cometió el grave error de enamorarse de una humana, la idea de formar una familia con una humana es la máxima prueba de deshonra para los vampiros viejos del reino.
Mantuvo en secreto su historia de amor con mi madre hasta que ella acabó por embarazarse.
No dichosa su fortuna, mi madre casi muere teniéndome, fue cuando mi padre decidió colocar sus finos colmillos en su cuello para poder salvarle la vida... Transformándola en una bestia salvaje con piel tan blanca y fría como la nieve, ojos azules claros, con una visión perfecta a larga distancia. Velocidad, supe fuerza y por supuesto, realzo toda la belleza que tenía de humana, convirtiéndola en una poderosa vampira.
En fin... Mi madre sobrellevó los primeros años como vampira novicia (nueva) con total dificultad, era de esperarse (según me cuenta mi padre) que hasta acabó con la vida de varios de sus amigos vecinos debido al hambre.
Mi padre decidió encargarse de mi cuidado mientras que entrenaba al mismo tiempo a mi madre para alimentarse correctamente. Todo se le dificultó más de lo que pensó, un niño pequeño más una mujer sedienta de sangre no son una buena combinación.
Todo esto pasaba en el pueblo Celest. Ocurrió una tragedia horrible. Mi madre acabó con la vida de muchos pobladores, en luna llena, su sed crece muchísimo más... La sed de todos los vampiros de hecho.
Su humanidad se fue apagando con cada gota de sangre que bebía de los que alguna vez fueron sus vecinos.
Fue justo así cuando mi madre cayó en una completa depresión por quien se había convertido, no culpó a mi padre porque solo la quería junto a él sin importar las consecuencias, pero no le gustaba para nada quien era. Sus vecinos fallecidos, los familiares llorando sus pérdidas hicieron que mi madre no quisiera estar de nuevo en este pueblo.
Mi padre tomó la decisión de llevarnos lejos de Puente Celest y mudarnos a Alaska, en esos pueblos remotos con pocos habitantes para así entrenar a mi madre y hacerla calmar su odio contra ella misma.
Años después, mi madre; Rubí Rotter decidió que es hora de regresar y enfrentar su pasado con una nueva versión de ella misma.
Decidimos hacer el viaje como personas ''normales'', en nuestro jet privado, luego en nuestro auto deportivo para actuar como uno más de la multitud.
Mi padre es el más preocupado por la estabilidad mental de mi madre que cualquiera.
- ¿Estas segura de esto? -preguntó, sujetándole la mano a mi madre quien se encontraba a su lado en el asiento de copiloto.
-Por supuesto que sí, no puedo vivir toda la inmortalidad huyendo de algo. Estoy lista.
La seguridad en la voz de mi madre se hacía notar, sin embargo, los nervios de mi padre también.
-Es bueno regresar algo conocido, la soledad de Alaska estaba enloqueciéndonos a todos- dije yo. Sentado en la parte de atrás.
Mi padre asintió, mirando al frente de la carretera mientras manejaba.
-La casa debe estar hecha un desastre...- comenta mi madre- Hace décadas que no pisamos ese lugar.
-No, yo pague por un servicio de limpieza ayer en la madrugada.
-Wow, Lucius, lo planeaste todo muy bien. -felicita mi madre, mientras yo contengo la risa. - Tú no te rías mucho, jovencito, debes cooperar con la limpieza para que se mantenga. No me importa que tan guerrero, fuerte, importante y grandioso seas para el Rey, para mi sigues siendo mi niño pequeño con tareas en el hogar.
Eso fue suficiente para parar mi burla y empezar la de mi padre.
El viaje de seguro fuese una tortura para los humanos, no sé cuántas horas llevamos sentados, solo me distrae ver los alrededores, mientras cae la puesta de sol al fondo tras las montañas.
Llegamos a nuestro antiguo vecindario, me sorprendió ver la similitud entre el vecindario que recuerdo y el de ahora.
-No cambio nada- confiesa mi mama.
-Me quitaste la frase de la boca. -confirma mi padre.
-Bueno, Puente Celest no es sinónimo de avance, este pueblo parece jamás evolucionar. -comente yo, mirando a mi alrededor.
-También significa que el hogar siempre se verá como un hogar. -dice mi madre, saliendo del auto rápidamente para entrar a la casa.
Procedimos a entrar todos a la casa, confirmando lo que mi padre nos mencionó horas atrás, está totalmente limpia.
- ¡Ah!- exclamó mi madre con profunda nostalgia- como extrañaba este lugar...
Observé a mí alrededor, las cosas estaban tal como las recuerdo con excepción a ese nuevo olor de canela y lavanda, supongo que el servicio de limpieza se encargó de dejar que todo oliera de esa forma.
-Sí, bueno, supongo que contratar a un servicio de limpieza fue la mejor idea-dijo mi padre.
-Me parece increíble que nadie la compró durante tanto tiempo- respondió mi madre mientras subía por las escaleras hasta el segundo piso.
-me encargué de ello. Les dejé claro a mis contactos de inmobiliaria de confianza que no vendieran este lugar.
- ¿Qué tiene de especial este pueblo? Pensé que jamás vendríamos aquí- comenté yo caminando por la sala.
-Jamás dejaría de venir a este lugar, antes como humana lo adoraba, ahora como vampira siento que es el verdadero paraíso.- Dejó salir una sonrisa llena de calma mientras observaba por el ventanal enorme de la sala, el cielo estrellado de la noche.
Yo guardé silencio, tenía razón, habíamos estado demasiado tiempo en Alaska, la nieve es muy escurridiza cuando no tienes cuidado.
-Bueno, saldré a caminar un rato para reconocer el pueblo, de nuevo- sugerí yo.
-No estamos aquí para socializar...- refutó mi padre mientras tomaba asiento en el viejo sofá, yo mantuve mi mirada hacia el rostro de mi madre, ya estaba cambiando su gesto de alegría por uno de desagrado.
-Cedric ya no es un niño, Lucius. - Frunció el ceño- sale a duras guerras y batallas contra salvajes y violentos cuando está contigo en Blackstone, ¿lo vas a limitar justo aquí?
Mi padre se quedó en silencio, mi madre es la única que logra hacerlo callar durante una discusión, si fuese conmigo está "pelea" ya hubiéramos gritado por horas.
-Entonces ya me voy...- mi madre me toma por el brazo.
-Recuerda actuar normal.
De la nada comenzamos a oír algunos ruidos que venían de afuera, varias personas que salían de las casas con bebidas y música desde unos parlantes.
-Al parecer llegamos justo el día del festival. -menciona mi madre mientras observa por el ventanal de la casa.
-Cómo olvidarlo, fue en uno de esos festivales donde tú y yo... -confiesa mi padre a mi madre.
-Ay no, no quiero saber nada de eso. -interrumpo, mientras me cubro los oídos, subiendo a al segundo piso.
Me marché a mi habitación para acomodar las cosas que traje de mi viaje. Mi habitación estaba exactamente como la dejé la última vez; mi cama de dos plazas, mi juego de sabana azul celeste, mi alfombra negra, todo.
Me cambié de ropa, me puse más cómodo. Salí de mi habitación y grité desde la sala antes de cerrar la puerta.
- ¡ya me voy!
- ¡Cuídate!- de parte de mi madre.
No estaba acostumbrado a caminar a velocidad normal, como lo hacen todos, debí esperar a que fuese más de noche para poder pasear a mi estilo. Corriendo tan rápido como pueda. Llegaría a cualquier sitio en cuestión de segundos.
Debido a mi lenta caminata, tardaba al menos una hora en recorrer las calles, todo se veía normal, algunos locales nuevos de ropa y comida, puedo decir que los cincuenta años si pasaron en vano. Los rostros nuevos, el clima frío, las nubes grises, todo marchaba perfecto.
Llegué a la plaza y me sorprendió ver a tantas personas disfrazadas de lo que suponen "es un vampiro", ¿En serio?, ¿Colmillos falsos, ojos dorados, capas negras y vestimentas exageradas? Esto es una burla directa para lo que soy.
Mírenme, estoy justo enfrente a ustedes y no uso nada de eso y mis colmillos son disimulados. No uso esas porquerías que todos llevan.
Una mujer apestosa a alcohol me intercepta, tropieza conmigo y derrama algo de su bebida en mis zapatos.
- ¡Ay, lo siento!- lleva su mirada a la mía y se endereza de forma automática, cambiando su gesto de alegría a una de seriedad.
Es demasiado temprano para estar ebria, de seguro algo cambio en este pueblo, es la generación de ahora que no tiene límites, al parecer.
-Aléjate- murmuré.
Ella obedeció en estado robótico. Usar mis poderes no está tan mal cuando solo son un puñado de débiles humanos.
Continúe caminando para alejarme de la multitud que solo saltaba, bailaba y bebía de forma descontrolada.
« ¿Qué se supone que están celebrando? ¿El día del Vampiro?» pensé.
Me senté en un tronco grande de un árbol caído, estaba algo retirado de la multitud, pero aun así podía escuchar claramente las molestas voces de todos. Estoy muy arrepentido de venir a explorar justo en la plaza.
De un momento a otro un aroma diferente me distrajo, un aroma que jamás había sentido. Miré a un lado y me encontré con una chica pelirroja de espaldas. Giró en un momento y dio un brinco haciendo que su bebida caiga al suelo derramándose por completo.
- ¡Dios!- su voz... Es muy dulce. - que susto me diste. Pensé que estaría solo este lugar.
Está vestida con uno de esos disfraces patéticos a los que acabo de lanzar todo mi desapruebo, un vestido negro hasta las rodillas, con un corsé y un par de colmillos falsos. Su melena roja es algo llamativa.
Yo intenté no respirar por esos breves segundos hasta que me di cuenta de que su sangre no era tan apetitosa, no me provocó ningún tipo de sed. Es llamativa, pero no de ese modo que haría que perdiera mi control y quisiera lanzarme sobre ella para saborearla. Es la primera humana que tiene está sangre poco común. Me da mucha curiosidad.
Mantuve mi mirada fija en sus ojos verdes.
-Se derramó tu bebida. - le dije.
-Ah, sí. - pateó con su pie el vaso de plástico alejándolo de ella.
-te puedo conseguir otro... Si quieres- sugerí.
Ella dejó salir una sonrisa, y se acercó a mí un poco más. Yo volví a contener la respiración.
-Oh no, no es necesario. En realidad no bebo.
- ¿Y qué hace una persona que no bebé aquí?- pregunté intentando analizar su aroma, aún estaba pensando en la razón por la cual no me causa ningún tipo de sed.
« ¿Y si está enferma?, la sangre de las personas enfermas terminales tiene diferente olor. Puede ser eso. »
Mantuve mi mirada fija en ella.
-No es necesario beber en un festival, por ejemplo, a ti no te veo bebiendo.
- ¿Esto es un festival?- pregunté mirando a mi alrededor. - eso tiene sentido, ¿pero por qué de vampiros?
-Bueno- soltó una pequeña sonrisa- ¿eres nuevo en el pueblo?
Se acercó unos pasos más para detallar mi rostro. Yo asentí.
-me mudé hace unas horas.
-Pues bienvenido- acercó su mano hasta la mía para presentarse.
Yo estuve a punto de sujetar su mano para presentarnos oficialmente, pero en eso sentí unos pasos que venían hasta nuestra dirección, acompañado de un aroma que se me hacía familiar, no quería que otro vampiro me encontrara aquí, así que tomé el descuido de aquella chica que giró a su espalda para ver quién había llamado a su nombre y me marché a una gran velocidad, que no dejó ni siquiera una brisa de mi partida.
«Así que Venus... Ese es su nombre» pensé, es un extraño nombre, sin embargo le queda muy bien.
Me alejé de esa plaza, a máxima velocidad directo al bosque, me aseguré de que nadie me viera. Gracias al estado de ebriedad de todos fue muy sencillo.
Al finalizar mi jornada de trabajo me dirigí a casa para prepararme para el festival cuando mire mi teléfono y vi varios mensajes de Rebeca.
La invitación de mi mejor amiga; Rebeca, al festival anual de temática no me sorprende, ella es una mujer muy divertida, fiestera y demasiado alegre. Debido a su universidad nos veíamos muy poco, somos amigas desde hace unos seis años... Nos conocimos en un centro comercial de la forma más extraña posible; dentro de un ascensor que se quedó atorado en un piso. Pasamos algunas horas atascadas ahí y nuestra amistad fluyó.
Tuve que convencer a Tony de que se nos uniera, él detesta a Rebeca, me siento como una mala amiga forzándolo a venir, pero sé muy bien que Rebeca terminará liándose con un chico y dejándome sola, necesito a Tony para no sentirme sola luego de que Beca se marche con alguien. Estoy segura que eso pasará.
No tenemos casi nada en común, pero los polos opuestos siempre terminan atrayendo incluso en amistad.
Beca, Tony y yo nos encontraríamos en la plaza, donde todos estarían reunidos bebiendo, bailando y otros vendiendo cosas referentes a la temática de este año.
Por lo general no suelo asistir a esto, pero es una forma de celebrar que ingresé a la universidad y que pronto ya no haré estás cosas con mis amigos. Ya después me despediré de mis padres con más calma, aún tengo tiempo para poder hacerlo bien.
Aunque haga lo que haga las despedidas siempre terminan siendo tristes e incómodas para todos.
Me disfracé lo mejor que pude con algunas prendas de vestir; un corset ajustado, lo puse encima de un vestido negro, unos botines también negros y me delinee un poco los ojos, no suelo maquillarme tanto, soy pésima haciéndolo. Me pinte la boca de negro igual e intenté lucir lo más gótica que pude.
Mi madre tocó la puerta un par de veces a pesar de que estaba abierta, respetando mi "privacidad".
-te ves increíble, hija. - me mira con cariño mientras me veo en el espejo.
-Gracias mamá, - me di vuelta a su dirección para verla. - no estoy acostumbrada a vestir así.
- bueno, esa es la idea de las temáticas, colocarte un traje que te haga sentir diferente.
Me sujeta ambas manos mientras me mira.
-estas creciendo muy rápido, Venus.
Le di un abrazo para evitar llorar y correr el delineado chueco que acabo de colocar en mis ojos.
- ¿Papá ya se fue a trabajar?- le pregunté.
-Sí, sabes que en estos días él trabaja el doble de horas. - nos separamos, busqué mi cartera para ir saliendo.
-bueno, llegaré en unas horas.
Nos despedimos y me fui caminando hasta la plaza. Me sentía extraña al principio, como si la ropa no formase parte de mí, sin embargo a medida que caminaba más, se ajustaba a mi cuerpo.
Vi personas disfrazadas de camino a la plaza y eso aumento mi confianza, me sentí más tranquila.
Al llegar a la plaza me sorprendió la cantidad de personas que ya estaban ahí, la música alta, la gente bailando y bebiendo, y los muchos pequeños puestos de comida y cosas.
Caminé por los alrededores ojeando todo el sitio buscando los rostros conocidos de mis mejores amigos; Tony y Beca. No los encontré a pesar de darle varias vueltas a la plaza.
No es un sitio tan grande como para que se pierdan, supongo que aún no han llegado.
La música electrónica ya tenía mis oídos aturdidos, busqué un lugar con asientos para descansar, pero todos estaban ocupados, por lo menos no hacía sol, pero tampoco estaba lloviendo. Vi un espacio algo alejado de la multitud y camine de prisa para sentarme así sea en el suelo.
Al llegar ahí, dejé salir un suspiro de alivio, pero ví a un chico sentado en un tronco de madera y me dio un terrible susto, haciendo que deje caer el vaso. Dios, es increíblemente guapo, me puse nerviosa con solo verlo.
Juro por Dios que no podía escuchar el sonido de mi propia voz de los nervios, él se encontraba tan distante, su voz es uno de los sonidos más mágicos que he escuchado en mi vida, no exagero. Un sonido de voz masculina gruesa y apasionada, un tono profundo y resonante, con una cualidad cálida y emotiva.
Quizá balbuceo demasiado en cuanto al sonido de su voz. Me sentí realmente hipnotizada solo escuchándolo.
Sentí una gran curiosidad por él, mantenía una vibra diferente, un estilo muy de ciudad y por supuesto, una odiosidad que quizá me parecía inapropiada. Nunca lo había visto antes.
Me encontraba ahí, como tonta, hasta que escuché la voz salvadora de mi mejor amiga gritando mi nombre. Giré mi cabeza con rapidez en dirección a la voz de mi amiga.
- ¡Aquí estás!- gritó algo enfurecida- te estuvimos buscando como locos, ¿Qué haces aquí sola?
Rebeca había llegado con una elegancia que parecía natural. Su cabello largo y negro caía en cascada sobre sus hombros, mientras que sus ojos azules brillaban. Con cada paso que daba, dejaba una huella de confianza y seguridad en sí misma que era imposible de ignorar.
Era una joven que no tenía miedo de decir lo que pensaba, y su lengua afilada la había metido en problemas más de una vez. Pero eso no la detenía. En cambio, lo usaba como una herramienta para defender sus ideas y principios, y para poner en su lugar a aquellos que intentaban pisotearla.
A pesar de su actitud desafiante, tenía una suavidad en su mirada que la hacía irresistible. Era difícil no querer estar cerca de ella, aunque a veces sus comentarios sarcásticos pudieran ser cortantes como cuchillas. Pero eso era parte de su encanto: nunca sabías qué esperar de ella, y siempre te mantendría en tus dedos de los pies.
Yo me quedé algo desconcertada.
- ¿Sola? No estoy sola... Estoy con- giré en dirección a donde se supone que estaría el chico, pero para mí sorpresa no había nadie.
- ¿De quién hablas?, ¿Estás ebria? Deberíamos ir a bailar...- sacudió un poco su corsé negro- Me siento patética disfrazada de... Lo que sea que sea esto.
Yo aún admiraba confundida el tronco donde estaba sentado él, ahora vacío. ¿Cómo se pudo ir tan rápido?, ¿A caso lo espante? Rebeca me tomó por el brazo y me llevó hasta donde se encontraba Tony bebiendo en su vaso plástico alcohol. Mi mente estaba en la mirada de aquel chico cuyo nombre todavía no sé
Beca inició un brindis levantando su vaso de plástico arriba.
-Vamos a brindar porque nuestra querida amiga pronto nos abandona para ser feliz- choca su vaso con el de Tony, yo había perdido mi vaso.
-Salud- dije yo sonriendo.
-Salud - repitieron ambos.
- ¿Estás bien, Venus?- me pregunta Tony, haciendo que salga de mi estado de shock parpadeando un par de veces.
Tony se encontraba delante de mí, para captar mi atención -sí, solo un poco cansada.
Respondí.
- ¡Yo también! Ya nos podemos ir chicos, aquí no hay nada interesante. - comentó Rebeca, mientras lanzaba su vaso de plástico aún repleto de alcohol al suelo.
-Yo las llevaré hasta su casa- se ofreció Tony, él siempre ha sido un caballero. Rebeca y yo lo sostuvimos por sus brazos, cada una de un lado y juntos nos marchamos de ahí.
Definitivamente confirmé que la multitud, la música alta y las bebidas alcohólicas no son mi "distracción" favorita, pero no puedo evitar sentir algo de preocupación por la forma en la que se fue aquel chico.
Íbamos caminando por la calle, comenzó a llover, esto de la lluvia es algo típico del pueblo, siempre estaba nublado, con lluvias y frío. No me parecía molesto, pero si me gustaría al menos sentir el sol un par de días.
-Cuanto silencio. -Interrumpe Tony el silencio incómodo, mientras caminamos.
-Estoy muy feliz de verlos, la universidad de verdad está matando mi vida social- comentó Rebeca.
-Qué bueno que estés en la universidad, por lo menos eso tienes- dijo Tony algo triste.
-Ya verás que a ti también te aceptarán, no te preocupes. Si no, puedo darte empleo como jardinero en mi mansión.
- ¿Mansión? Lo tuyo es la enfermería y medicina. -dijo Tony.
- ¡Las enfermeras ganan bien!
Todos nos reímos, y caminamos un poco más rápido, debido a la lluvia que se hacía cada vez más fuerte. Una vez en la puerta de mi casa, Tony se despide de ambas.
- ¿No entrarás?- pregunté desconcertada.
-oh, no. Es una pijamada de chicas, será extraño que yo esté ahí.
- ¡Oh Tony eres tan dulce!- exclamó Rebeca con sarcasmo- ¿Por qué no tienes novia si eres tan caballeroso?
Me pareció un comentario fuera de lugar y procedí a golpear su brazo con una pequeña palmada.
- ¿Qué?- pregunto ella aún más irritada- Tony sabe que bromeo.
Miré a los ojos de Tony el cual ya estaban fijados en los míos.
-No te preocupes, Venus. Tienes una amiga muy sincera. - Le regresa la mirada a Beca- Respondiendo a tu pregunta, no tengo novia porque quizá me tomó mi tiempo en escoger bien, deberías aprender de mí alguna vez.
- ¡Idiota!- exclamó ella sorprendida.
Rebeca tiene un particular gusto por cambiar seguido de interés amoroso, es una cuestión personal de la cual no me compete hablar, aunque si debía mencionar algo, solo podía destacar que Rebeca es toda una romántica empedernida, enamorada de la idea del amor, intentando buscar su media naranja en un lugar lleno de limones, aunque parecen lo mismo, el sabor es diferente. Me ha contado poco sobre sus experiencias románticas, siempre termina diciendo que "no funcionó", "quizá en otra ocasión lo intente".
Me imagino que para una mujer tan hermosa como ella y con su actitud debe ser algo complejo encontrar el amor, ella siempre ha sido directa con lo que quiere. Detuve la pelea a base de sarcasmo y me despedí de Tony.
-Llámame a penas llegues a casa- le di un pequeño abrazo y entramos a mi casa. Observé a Rebeca con desapruebo.
- ¡No me veas así! Sabes que solo bromeo.
-No tienes que meterte con él ¿Ok? Ya te debería caer bien, han pasado cinco años conociéndose.
Ambas subimos las escaleras hasta mi habitación, mi madre se encontraba dormida y mi padre aún de guardia por el festival que aún continuaba.
-No me cae mal, solo quiero que termine de declarar su amor por ti.
Yo dejé salir una risa involuntaria, ya habíamos hablando de esto antes. Tony y yo solo somos amigos.
Éramos adolescentes y estábamos emborrachándonos por primera vez con un vino robado de la casa de la madre de Tony. Nos escondimos en el cuarto de él mientras su madre estaba en el trabajo, llegaría tarde así que aprovechamos de experimentar con eso que a los adultos tanto le fascinaban.
En medio de todo eso, tocamos el tema de "ser novios". Por supuesto que la idea de besarnos fue mía, Tony siempre ha sido demasiado tímido para dar el primer paso en nada.
Nos dimos un pequeño beso pero tanto él como yo no sentimos absolutamente nada. Debido a los tantos comentarios sobre si "algún día seremos novios" habíamos tenido nuestras dudas, sin embargo, luego de ese beso ya no dudamos nunca más. Somos excelentes mejores amigos.
-Sobre lo que dijo Tony... No lo tomes personal- intenté remediar yo su pelea, como siempre.
Al llegar a mi habitación se tumbó en mi cama, y yo me senté en frente a la laptop, pensé que tenía inspiración suficiente, pero solo pensaba en ese chico.
-No lo tomo personal, sé que él entiende por lo que paso... El amor es tan complejo. - confiesa mientras mira fijamente el techo.
- ¿Estas enamorada de alguien? ¿Es de la ciudad? -pregunté.
-Siempre lo he estado... Aunque pasen los años el solo hecho de recordar su nombre me hace temblar de emoción.
- Nunca me has hablado de él, o mejor dicho, nunca me hablas de nada ¿Por qué la cara triste?
-Porque hablar de ello solo le suma importancia.
Yo no sé exactamente que decirle a Rebeca, es la primera vez en meses que vuelve a hablarme sobre ese amor que no es posible.
- ¿Qué evita que estén juntos?
-Una no puede controlar de quien se enamora, Venus, pero si podemos controlar a quien entregarle nuestro ser... Es más fácil para mi entregar mi cuerpo que entregar mi corazón, siempre duele, siempre termina doliendo para siempre.
Este lado tan poético y triste de Beca me sorprende.
-Beca, yo-Ella me interrumpe.
-Oh no, no digas algo metafórico o cliché del amor y que el tiempo lo cura todo. - Me encara arrastrando mi silla rodante a su dirección- no digas esas tonterías.
-Está bien, no lo diré, pero debes presentarme a ese idiota para decirle que está perdiendo su gran oportunidad contigo.
Me levanté de mi silla, cambié mi ropa húmeda por la lluvia y procedí a clavar mi cabeza en la suave almohada, cayendo prácticamente inconsciente del sueño.