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Viaje a la Universidad del Amor

Viaje a la Universidad del Amor

Autor: : Alex Davila
Género: Romance
Martha y Martín no saben lo que les espera. Su vida va a cambiar al entrar a la Universidad de Virginia. Martha, de un pueblo humilde, le cuesta adaptarse la vida en ciudad ya lo más difícil encontrar el amor y ser una maravillosa profesional. En el camino se encuentra su decubrimiento y autocnocimiento sexual en medio de personas que amenazan su verdadero amor. Una historia de intriga, romance y erotismo.

Capítulo 1 Todo tiene un comienzo.

Quiero decir que no es una historia común. La vida de nuestra protagonista, Martha, está llena de una apacible intriga y estupor.

Eran las 5am cuando Martha escucha la voz de su madre desde el piso de abajo -El desayuno está listo, Martha, baja ahora que no llegas a la escuela-

Martha se apresuró de un salto, entró en los jeans caro, unos converse, los auriculares, el cel y la mochila.

Al llegar apresurada a la cocina, ya su padre y su madre estaban desayunando -¿Quieres un poco más de café, cariño?- preguntaba azarosa la mamá de Martha. pero como ya lo dijimos, nuestra protagonista no era alguien común. Al llegar a la cocina supo que algo no andaba bien, y en efecto, junto al plato con waffles que su madre le servía cada mañana, estaba un sobre blanco, y en la esquina derecha un membrete conocido; La Universidad de Virginia.

Martha estaba maravillada, sabía lo que significaba. Se sentó cuidadosamente en la silla blanca de madera, el mantel con volaldos celestes reposaba en sus rodillas mientras rasgaba el sobre con dulzura y determinación.

Ahí estaba, esa frase que sin saber cambiaría su vida por completo: "Nos complace en anunciarle que ha sido aceptada en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Virginia, con una acreditación honorífica de una beca del 100% de la inscripción y matriculas".

Su corazón...

Sentía que su corazón iba a salir del pecho y gritar a los cuatro vientos "Siii, lo logré maldita sea!!!!", sin embargo, no estaba acostumbrada a exaltarse de aquella forma, por lo que solo dijo las siguientes palabras: "Papá, mamá, me voy al finalizar el verano" Su madre, muy feliz, se levantó en dirección al teléfono que reposa en la pared de la cocina, con total seguridad iría a llamar a la Sra. George, la vecina, para contar las buenas nuevas.

Aún así, Martha, mientras su padre devolvía la vista al periódico, repasaba cada detalle de aquella cocina, las sartenes sucias de teflón que su madre se negaba a botar a pesar de ser un material cancerígeno, había una jarra con zumo de naranja recién exprimido (o por lo menos eso decía la botella que su padre trajo del supermercado de todo por un dólar), las ventanas tenían cortinas también celeste con alguna que otra mancha de grasa típica de cuando su madre pretendía hacer pollo para no gastar dinero en KFC, y estaba la heladera, llena de fotos de Martha de cuando era niña, había todo tipo de imágenes, sin dientes, con trenzas, en bici, en el campamento de verano y aquel Halloween que se disfrazó de E.T. tantos recuerdos que se llevaba, y sin embargo, nada dolía, en el fondo de su corazón sabía, que la mejor historia estaba por comenzar.

A veces las mejores historias comienzan así, simples, con la observación de una vida que no termina de llegar.

Martha, a su corta edad, solo iba a la escuela, volvía a casa a estudiar, hacía esgrima los sábados y acompañaba a su madre a los juegos de canasta en casa de la Sra. George.

En la casa de su vecina todo parecía siempre pulcro, a excepción del gato "Felpita"que tenía una extra aversión en contra de Martha y hacía todo lo posible por romper cosas para que ella fuese reprendida, lloraba inconsolable en su presencia y cuando nadie lo veía se escondía bajo los sillones intentando arañar sus tobillos.

Los gatos son extraños pensaba para si Marta. No buscan mimos y solo les interesa que los humanos les sirvan a sus propósitos. Un día, Martha se daría cuenta que tanto los gatos, como la canasta, y los panecillos de vainilla, formarían parte de una maravillosa historia que se asomaba resoplando en su nuca sin que ella se diera cuenta.

Ya pronto se alzaba la noche, en ese anteúltimo día, decidió escuchar un poco de jazz en el tocadiscos en forma de maleta roja que tenía junto a su cama.

El jazz siempre le devolvía sonrisas, se imaginaba siempre personas en un bar, envueltas en el humo de tabaco, por allá en los años '20, con mujeres revestidas en perlas brillantes, labios rojos, mejillas muy rosadas, acompañadas de hombres galantes que sostienen en una mano una copa de brandi y en la otra un tabaco a medio empezar.

Así eran sus sueños, siendo una chica de preparatoria, a punto de ir a la universidad, en el fondo, muy en el fondo siempre va a preferir ser aquella chica de perlas en un bar de jazz.

Capítulo 2 La partida.

Habían terminado las clases, el típico baile al que Martha no asistió, comprar las cosas necesarias para llevar a la facultad. Leer, leer mucho para no llegar siendo una tonta, aprender, aprender todo, para así aprehender todo al llegar.

Su padre le había regalado un auto, un pequeño fiat 1 color bordó. Realmente era un auto espantoso, pero Martha aceptaba de forma agradecida ya que sus padres no tenían forma de pagar algo más lujoso.

Era el día antes de la partida. Martha hacía las valijas y empacaba todo lo necesario, ropa, zapatos, libros y juguetes sexuales, esos que tenía escondidos en la tablilla suelta al otro lado del placard. Ella tenía más de diez juguetes, y a pesar de solo haber estado sexualmente con un chico alguna vez, su mayor experiencia había sido bajo las mantas de conejitos de su habitación. Y estaba bien así, se decía a si misma. Ya llegará el indicado.

Cuántas cosas por llevar y dejar, estudiar Ciencias Políticas podía ser la puerta al éxito o una horrible caída al fracaso. En ese momento, sentada al borde de la cama, Martha dudó.

¿Estaría haciendo lo correcto? Tal vez no era la carrera para ella, pues no se reconocía como alguien carismático, alguien que hiciera amigos con facilidad, que tuviera un don de oratoria o que por el contrario un día se diera cuenta que la peor de sus desgracias sería no ser tan inteligente como siempre habría creído.

Sin embargo, no era una persona de miedos, había llegado hasta allí y era el momento de arrancar esta nueva carrera, quién sabe si llegaría a diputada o incluso la primera presidenta.

Caía ya la noche y debía levantarse temprano para cargar la valija en le pequeño grillo (así había bautizado su auto nuevo) e irse al nuevo rumbo.

Iba a darse un baño y recordó un juguete succionador que aún no había empacado, porque siempre hay tiempo antes de dormir para un orgasmo más...

Sonaba la alarma, era el día de la partida, sonaba la alarma cinco veces y aquella mañana particularmente se había hecho muy difícil despegar la cara de la almohada. Había una bruma gris en la ventana -Genial, va a llover- se dijo en tono alegre.

Martha era de ese tipo de personas que amaba los días húmedos, lluviosos y grises.

Se levantó, se dió una ducha caliente, y saltó sobre unos jeans azules, un suéter bordó, borcegos del mismo color y una campera color negro. Un colgante de Harry Potter que le obsequió su mejor amiga, sus anteojos de animal print y listo. Ahí estaba, mirándose al espejo, pensando en que salía de ahí una niña a convertirse en mujer, en profesional y a la aventura de la vida.

-Ya baja Martha que si llueve más la carretera es complicada- Le gritó su madre desde el pie de la escalera.

Ella, agarró su valija, la mochila, y salió disparada al auto.

Su corazón se abalanzaba, no entendía del todo pero existía ese presentimiento de que algo muy grande estaba por pasar.

Qué buena suerte, se decía a si misma, tener la oportunidad de tener una beca, un auto propio, una hermosa familia. Pero se lo decía a modo de convencerse a sí misma, porque en el fondo de su corazón algo le faltaba, algo había en ella insatisfecho, esa hambre de vida feroz.

Martha estaba a punto de desatar aquella voracidad resguardada en su alma que ni ella misma conocía, y de la mano de uno de los amores más profundos y pasionales del que nadie haya leído jamás.

Esta aventura acaba de empezar.

Capítulo 3 La llegada.

He aquí un nuevo comienzo. Conforme avanzaba en la carretera, escuchaba música clásica para variar y aplacar las palpitaciones, ahí al fondo a la derecha, levantaba el importante edificio central de la universidad, que estaba en medio del campus. Ahí estaba y conforme se acercaba se daba cuenta de la cantidad de autos haciendo cola para acercarse, todos autos muy caros, jaguar, audi, mercedes. Sin embargo ella no iba a permitir que nada le haga sentir a menos. -¡Vamos, tu puedes! y si que podía.

Estacionó su auto, bajó con ropa casual de la tienda de H&M, se dirigió a una mesa en la entrada del edificio con un cartel que decía "Bienvenidos nuevos ingresos".

-Bienvenida, ¿Cuál es tu nombre?-

-Martha, vengo a estudiar Ciencias Políticas-

-Ahh, bien acá tienes un mapa del campus, y tu horario. Debes saber que las fiestas deben ser autorizadas con anterioridad por los prefectos de cada piso. No está permitido consumir estupefacientes y tienes uso libre de la biblioteca física y virtual así como una MacBook asignada esperando en tu dormitorio. Por cierto tu dormitorio es el 334-.

-Bueno, muchas gracias-

Martha se dirigió a su dormitorio, arrastrando su valija por el pasillo atiborrado de gente, chocó y se fue de bruces, la valija voló por los aires saliendo su contenido por todo el pasillo. Solo escuchaba risas. Y una persona trataba de ayudar a levantar sus cosas, a lo que ella voltea y ve que tiene uno de sus vibradores en la mano:

-Creo que... esto es tuyo, no?-

-Ahhh, si, es mío... jejeje, gracias-

A lo que procede a guardarlo corriendo en la valija.

Termina de cargar todo y entra en la habitación 334, donde ya estaba una chica.

-Hola! Soy Andrea, supongo que tu eres mi compañera, bienvenida! Me alegra. mucho saber que estaremos juntos, deja te ayudo-.

A lo que Andrea, muy decidida ayuda a entrar la valija y al ver a Martha tan sonrojada le pregunta qué sucede.

-Es que se me ha salido todo afuera, y un chico lo ha recogido y... habían cosas personales... Por cierto, mi nombre es Martha.

Ella, le explicó como ese chico, de ojos verdes, alto, con barba, cabello castaño claro, un cuerpo musculosos, recogió sus juguetes sexuales mientras toda la universidad se reía de ella.

Tras desahogarse, Andrea le comentó que ese chico era Martín, el prefecto del piso, que era de una de las familias más adineradas del país, su papá era jefe de gabinete del congreso y su mamá presidía una importante fundación que promovía las artes en estratos bajos. Martha estaba sorprendida y avergonzada, una persona tan importante (y tan guapo) se había burlado de ella y de ahora en adelante viviría avergonzada cada vez que le cruzara.

Sin embargo, algo más importante preocupaba a Martha, y era su horario de clases, tenía 4 clases a la mañana, incluyendo filosofía, la cual a veces le aburría demasiado. Comenzó a desarmar su valija y puso los libros en su nuevo escritorio donde estaba su nueva Mac que le otorgaban en la universidad como parte de la bienvenida.

Martha nunca había tenido una Mac, se sentó, la inició, creó su AppleID e introdujo el mail que la universidad le daba para que se comunique con profesores, autoridades administrativas y compañeros.

Apenas inició sesión tenía dos correos, uno de bienvenida de la universidad de Virginia y otro de Martín. Su corazón le saltó de golpe y decidió picarle y abrirlo:

"Hola Martha, qué hermoso fue encontrarte en un pasillo y saber qué te traes cosas divertidas a la faculda, la verdad es que las personas aquí necesitan diversión (jajaja es una broma). Como tu prefecto te invito mañana a la hora del almuerzo a un recorrido por el campus, no te puedes negar, es una orden ;)"

No lo podía creer, la había invitado a almorzar, claro, era un protocolo para los nuevos ingresos pero sabía su nombre. Por el momento Martha olvidó su horario, las dificultades de la filosofía y se puso a soñar despierta sobre su paseo mañana con quien seguramente era la persona más importante en esa universidad... -y sabe mi nombre!-

Era mejor descansar, vendrían días grandiosos por delante y es mejor despertar temprano si quería ponerse una ropa mínimamente decente para ese paseo, dar una buena impresión era de lo más importante.

Qué alegría en su corazón, eso era lo que quería, lo que esperaba, lo que ansiaba su alma, no más una chica de pueblo, ahora estudiando en una prestigiosa universidad y yendo a almorzar con un heredero de una de las familias más importantes del país.

No sabía cómo iba a poder dormir pero se iba a obligar a hacerlo.

Apoyó su cabeza en la almohada y no podía dejar de pensar en Martín, admitía que le gustaba, que cada parte de su ser quisiera que él se fijara en ella aunque fuese un poco, pero era imposible, porque venían de mundos muy diferentes y ella no quería hacerse ilusiones de que alguien como él llegara a verla.

Pero sus ojos... su rostro...

En ese momento Martha sintió una pequeña en medio de sus piernas, y comenzó a acariciarse bajo la colcha azul marino, pensando que él estaba ahí, hundiendo sus labios en sus cavidades acuosas. No podía pedir más.

De repente se detuvo _¡Ya basta Martha!- no quería seguir soñando con él, tenía que enfocarse en su carrera, en aprender y esforzarse para no tener que volver al pueblo de sus padres donde cada día estaba más perdida, sola e infeliz.

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