Jana Wen soltó un quejido mientras la luz del sol le daba en el rostro. Sabía que tenía que levantarse de la cama, pero su cuerpo no estaba de acuerdo. Se sentía agotada a pesar de lo mucho que había dormido.
Cuando puso atención a su entorno, escuchó la voz de un hombre. Al escuchar con más atención, se dio cuenta de que él estaba hablando por teléfono, y por lo que pudo captar, parecía que estaba a punto de irse. Se frotó los ojos tratando de convencerse de salir de la cama, y volvió a quejarse cuando por fin se levantó y se giró hacia la puerta de la habitación.
"Zed Qi...", susurró Jana Wen al ver a aquel hombre. Con sólo una sábana cubriendo su cuerpo, se quedó parada junto a la puerta. Golpeteó el suelo con uno de sus pies descalzos y le sonrió tímidamente al hombre mientras esperaba a que él terminara de hablar.
"Está bien, hablaremos más tarde en la compañía", terminó él bruscamente la conversación. Un pitido se dejó escuchar cuando la llamada se desconectó, y entonces él se volvió para mirar a la mujer que estaba junto a la puerta.
Los ojos de Zed Qi recorrieron lentamente el cuerpo de Jana, cuya piel pálida contrastaba de manera sutil con el color de la sábana. Le gustaba especialmente la manera en que su cabello revuelto se sumaba a su gran atractivo, pensando que Jana se veía aún más hermosa y encantadora a la luz de la mañana.
"Estoy esperando", dijo él despreocupadamente. Parecía un poco impaciente.
Jana se rió entre dientes, "La propiedad en los suburbios, ¿si podrías...?".
"¡De ninguna manera!", su reacción fue inmediata. Ni siquiera la dejó terminar su petición.
Ella se sorprendió un poco por esa reacción. Lentamente, caminó hacia él y le dijo: "No creo que estés muy seguro de que esa propiedad tenga potencial. Además, ya eres bastante rico. ¿Por qué te aferras a ella?".
El hombre frunció el ceño, y sus ojos profundos eran de una frialdad aterradora. En voz baja y grave dijo, "Sra. Qi, por favor ten cuidado con lo que dices. Esa propiedad es mía, además, ¿sabes cómo pides favores?".
Jana apretó los puños. A pesar de que su tono arrogante y desdeñoso la disgustaba, se obligó a sonreír de manera tentadora. ¡Necesitaba que él aceptara su petición!
"La acabas de recibir ayer...", murmuró ella suavemente.
Él no pareció haber oído su comentario. Se acomodó la camisa antes de agarrar su abrigo, y luego se dio la vuelta para irse.
Determinada a salirse con la suya, Jana lo alcanzó y lo tomó del brazo. Luego miró a su esposo con su expresión más encantadora y le suplicó: "Por favor, hazme ese favor. Sé que eres un hombre muy generoso. Prométeme que le cederás esa propiedad a la familia Wen. Prométemelo, ¿de acuerdo? Prométemelo...".
Zed se sacudió de encima las manos de la mujer. Molesto por su perenne insistencia, le dirigió una mirada severa y extremadamente fría: "¡No!".
"¡Tú!", Jana se enfureció. No podía entender el porqué de su terquedad. Ya no le era posible ocultar su frustración, puesto que ya había intentado varias estratagemas para convencerlo, y en cada ocasión había fracasado.
Sin agregar otra palabra, Zed salió de la habitación.
Como Jana no estaba vestida apropiadamente, no lo siguió. En vez de ello, respiró hondo varias veces y regresó a la habitación.
Una vez en el armario, escogió la ropa que iba a ponerse. Mientras estaba de pie frente al espejo, no pudo evitar maldecir, "Eres un idiota, Zed. Me esforcé demasiado. ¡Incluso dormí contigo anoche! No puedo creer que ni siquiera hayas considerado mi petición. ¡Vamos a ver cómo te sentirías si la situación se invirtiera!".
Cuando ella levantó la pierna para meterse en sus pantalones, sintió un dolor repentino entre los muslos. Los recuerdos de la noche anterior la inundaron y maldijo al hombre una vez más.
De repente, vio que una mano larga y fina sosteniendo un vestido apareció frente a ella.
Se volvió con una mirada asustada. Había estado maldiciendo a su marido, y ahora él estaba parado justo detrás de ella, mirándola con curiosidad.
"¿Podrías repetir lo que acabas de decir?". La cara de Zed se oscureció y apareció en ella una sonrisa sardónica.
'¡Pero sí lo vi irse! ¿O no lo hice? ¿Cómo es que volvió tan pronto? ¿Y ahora qué hago?', se preguntó ella. Se encontraba en un callejón sin salida. ¿Ahora cómo podría justificar todas las cosas que acababa de decir?
Para complacerlo, ella usualmente se comportaba decentemente y con elegancia frente a él. 'Supongo que escuchó todo lo que dije. Seguramente ahora se negará con más firmeza a ayudarme con esa propiedad. Oh, todo ha terminado'.
Como no estaba segura de lo que él había escuchado, decidió hacerse la tonta. "No dije nada. ¿Escuchaste a alguien hablar? Yo no escuché nada". Aunque avergonzada, se sacudió casualmente el cabello de la mejilla. Ya estaba más calmada y logró esgrimir una sonrisa, sin embargo, sus manos temblorosas la traicionaron.
La expresión sombría de su esposo empeoró. Asustada, Jana se estremeció. Después de observarla por un momento, él le arrojó el vestido en sus brazos antes de volverse hacia el gabinete y tomar las llaves del auto.
'Así que olvidó las llaves del coche'.
Mirando la espalda de Zed mientras este se alejaba, ella agitó los puños en el aire y murmuró con ira: "Si hubiera sabido que eras un imbécil sin corazón, ¡no habría dormido contigo!".
Al recordar lo salvaje que él había sido la noche anterior, la vergüenza y la culpa la inundaron. No sentía más que odio por sus propias acciones.
El matrimonio entre ellos dos no era más que un trato comercial. Este matrimonio titular, no obstante, había sido arreglado por el codicioso padre de Jana, quien la había obligado a dormir con Zed justo antes de que se divorciaran. Se sentía como una prostituta.
¿Y qué había obtenido de todo esa intriga? Tan sólo había aprendido una lección: que Zed no era tan tonto como la habían hecho creer.
Como sus planes habían fallado, no tenía otra alternativa más que ir a casa y decirle a su padre la verdad.
Una vez en la casa de los Wen, Jana le explicó su fracaso a su padre. El Sr. Wen se enfureció y estrelló una taza de té contra el suelo.
"¿Tan fácilmente te rendiste? ¿No pudiste hacer lo único que te pedí que hicieras?".
Ella bajó la cabeza y se obligó a disculparse, "Lo siento, padre. Hice todo lo que pude. No hay nada más que pueda hacer. Zed Qi y yo nos divorciaremos pronto. ¿Puedo quedarme en casa ahora?".
Su matrimonio había sido una experiencia bastante desagradable. Zed, su marido nominal, siempre se mostraba frío con ella. No podía entenderlo y cuanto más se esforzaba, más frustrada y ansiosa se sentía. Ahora, después de la alocada noche que había pasado con él, se sentía muy avergonzada. No se sentía capaz de enfrentarlo de nuevo.
"¡Por supuesto que no! Estás casada con ese hombre. Puedes usar ese matrimonio para conseguir lo que quieras. No hay necesidad de aceptar el divorcio. ¡Ni sueñes con volver a casa antes de que logres doblegarlo!", la amenazó su padre antes de obligarla a irse.
Como no tenía otra opción, regresó a la casa de Zed y esperó a que él llegara. Sabía que tenía que hablar con él sobre la propiedad nuevamente, pero ya no quería estar atrapada en ese matrimonio sin sentido. Tenía que encontrar una salida.
Jana pasó la noche sola en esa enorme casa. Finalmente se rindió cuando cayó en la cuenta de que él no iba a regresar.
Sola, se dejó consumir por la compasión. Se sentía devastada y no podía aceptar que su esfuerzo de la noche anterior ni siquiera valiera una discusión propiamente dicha sobre aquella propiedad.
"¿Se deberá a mi falta de experiencia?", murmuró.
Cuando Zed regresó a la mañana siguiente, se veía muy cansado. Después de cruzar la puerta, se dirigió directamente al dormitorio.
"Regresaste". Jana hizo a un lado su dignidad y se mostró complaciente. Le ayudó a colgar su abrigo y le secó la cara con una toallita húmeda. Estaba decidida a hacer todo lo posible por complacerlo.
"Me voy a la cama", le dijo él cortante antes de levantar la colcha y acostarse. La mujer suspiró, ya que él parecía que no tenía intención de hablar con ella.
'¿Qué excusa le daré a mi padre si vuelvo a fallar?'. Al recordar el consejo que le había dado acerca de su matrimonio, frunció el ceño. La cita para el proceso de divorcio era al día siguiente, según lo habían acordado previamente.
'Ya no tendré más oportunidades. Es ahora o nunca'.
"¿Trabajaste toda la noche, Zed? No te ves muy bien. Si quieres te puedo dar un pequeño masaje. Eso te ayudará a relajarte", susurró ella, pero él no reaccionó. Jana interpretó su silencio como una concesión y puso sus dedos sobre sus hombros. Cuando comenzó a masajearlo, se cuidó de apretar fuerte para evitar que se durmiera.
"Aunque nos divorciaremos mañana, hemos estado juntos", ella se sonrojó y vaciló, ya que no se atrevía a mencionar lo sucedido la noche anterior. Dudó un poco antes de intentarlo de nuevo. "Hemos tenido, ya sabes, relaciones de marido y mujer. ¿Podrías dejarme esa propiedad a manera de regalo de divorcio?". Cerró los ojos y se mordió el labio mientras esperaba a que él respondiera.
Zed abrió los ojos. Aunque parecía cansado, esa petición parecía haber provocado que sus ojos brillaran. "Y tú, ¿qué me darás como regalo?", preguntó.
"Tú...". Jana se atragantó al escuchar su pregunta, y no pudo evitar sonrojarse antes de murmurar para sí misma: '¡Maldito sea, ni en este caso puede dejar de actuar como un hombre de negocios! Lo único en lo que puede pensar es en imponer sus condiciones'.
"Será mejor que te vayas si no tienes nada más que hacer, me voy a dormir ahora, a menos que...". Zed levantó una esquina del edredón y palmeó la almohada que estaba su lado.
Jana había pasado la noche preparando argumentos para convencerlo, pero después de ver su sutil invitación, su mente se puso en blanco.
Ella le dio la espalda, pero no pensaba darse por vencida.
"Si no accedes a cederle la propiedad al Sr. Wen, ¡entonces no me divorciaré de ti!". Sin otro recurso, se había visto obligada a usar el divorcio para negociar con él. Después de su afirmación, se volvió y miró a Zed con ira.
"De acuerdo, es un trato". Su voz era tan indiferente que sonaba como cuando cerraba un trato de negocios, rápido y decidido.
"¿Qué?", ella no podía creer lo que había oído. Pensando que quizá había escuchado mal, miró al hombre con consternación.
Pero este cerró los ojos y fingió dormir.
'¿Qué acaba de decir? ¿Que sigamos casados?', pensó estupefacta, creyendo que su respuesta había sido producto de su imaginación. No había forma de que él estuviera satisfecho con ese acuerdo y quisiera permanecer casado, así que sacudió la cabeza con incredulidad. Era innegable que lo había escuchado decir, "de acuerdo, es un trato", con su profunda voz.
'¿Está dispuesto a permanecer casado con tal de mantener esa propiedad? No es posible que el CEO de una corporación necesite tanto de ella'.
"¡Nunca pensé que fueras tan mezquino!". Incapaz de pensar en otras palabras para usar como réplica, Jana apretó los dientes y abandonó la habitación.
Cuando Zed oyó que la puerta se cerraba, abrió los ojos y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
No estaba siendo mezquino, de lo más profundo de su corazón, simplemente no estaba dispuesto a permitir que su padre se aprovechara de ella.
Una vez en la sala de estar, Jana empezó a caminar de un lado para otro mientras se mordisqueaba las uñas. Había intentado todo lo que se le había ocurrido, desde la seducción hasta las amenazas, sin embargo, él se había mantenido impasible. Era como si fuera inmune a todo, tanto bueno como malo. ¡Incluso se había dejado usar por él! ¿Y todo para qué?
No sólo no había logrado convencerlo de que le cediera esa propiedad a su padre, sino que tampoco podía divorciarse.
"No, debe estar bromeando. ¿Por qué no querría el divorcio? Si aún tiene la intención de cumplir con el acuerdo, me llevará a la Oficina de Asuntos Civiles mañana por la mañana. Tal vez entonces pueda negociar con él". Con la barbilla apoyada en su mano, ella estaba considerando las opciones que tenía. Agotada por toda esa agitación emocional, se recostó en silencio en el sofá y pasó el día viendo televisión en la sala de estar, pero no le prestó atención a lo que estaba viendo. Pasó el tiempo pensando en qué estrategia usar contra Zed Qi.
Cuando el sol se puso, él se despertó. ¡Había dormido casi todo el día! Al oír el sonido de la ducha, Jana Wen se coló en el dormitorio y, aunque molesta, hizo el esfuerzo de escogerle su ropa.
Estaba convencida de que tenía que seguirle el juego a ese odioso hombre para obtener lo que su padre quería.
La puerta del baño se abrió y él salió. Toalla en mano, se estaba secando el pelo que goteaba.
Los ojos de Jana se ensancharon cuando lo vio aparecer ante ella. No esperaba que saliera usando tan sólo una toalla, la cual había envuelto tan abajo alrededor de su cintura que ella podía ver mucho más allá de su six pack hasta el cinturón de Adonis. En fuerte contraste con su carácter, su físico era muy atractivo.
"¿Qué estás haciendo ahí parada?", preguntó él con una voz indiferente antes de ponerse sobre sus hombros la toalla que sostenía en sus manos.
"Cierto, tu ropa...", su frío comentario la hizo volver a la realidad. Ella bajó la cabeza mientras le entregaba la ropa que le había escogido, y él, sin más ni más, se despojó de la toalla y comenzó a vestirse delante de ella.
"¡Ah! ¡Eres un idiota!", dijo ella volviendo la cabeza, aunque ya era tarde.
Avergonzada y confundida, tiró con molestia la camisa que aún sostenía antes de salir corriendo de la habitación.
Él sonrió y terminó de vestirse antes de ver la hora en su teléfono. Frunció el ceño cuando se dio cuenta de lo tarde que era, pues no pensó que hubiera dormido tanto tiempo.
Corbata en mano, se dirigió a la sala de estar. Cuando vio a Jana, le dio la corbata y le ordenó: "Ayúdame a ponérmela".
Ella aún estaba ruborizada y lo maldijo en secreto. Definitivamente tenía ganas de matarlo, sin embargo, tenía que mantener la calma y aparentar amabilidad, así que le sonrió mientras tomaba la corbata.
Poniéndose de puntitas, la pasó alrededor de su cuello. Si alguien los viera de lejos, pensaría que eran una pareja cercana y muy enamorada.
Mirándola, notó sus pestañas temblorosas, y luego sonrió mientras ella fruncía el ceño por la concentración. Con las mejillas teñidas de rosa y los labios apretados, se veía muy linda.
Aunque parecía indiferente hacia ella, Zed la encontraba sumamente atractiva.
"Te estás sonrojando. ¿Te da timidez?", le preguntó.
"¡No!", respondió ella rápidamente, pero sus manos temblorosas la delataban. Apretó los labios con más fuerza intentando controlar sus emociones.
"No es como si nunca me hubieras visto desnudo", él disfrutaba burlándose de ella.
Jana frunció el ceño y tiró con fuerza de la corbata.
"¡Ay! ¿Estás tratando de asesinar a tu marido?". Zed tomó la corbata con una mano y pasó la otra alrededor de la cintura de Jana, y después la atrajo hacia él.
Ella entró en pánico e intentó alejarlo, pero él era demasiado fuerte, así que forcejeó a medida que él eliminaba la distancia que había entre ellos.
"Quiero que me acompañes a un evento esta noche y si eres buena conmigo, consideraré cederle la propiedad a tu padre". Su voz ronca la confundió, pues normalmente él era muy frío con ella.
Ella asintió y se fue con él sin preguntarle a dónde iban.
En el camino, Jana pensó en lo que le había dicho:
"Si eres buena conmigo, consideraré cederle la propiedad a tu padre".
"¿Querrá usarme para entretener a sus socios comerciales y así ayudarlo a asegurar el proyecto? Si lo hago, quizá mi padre por fin obtenga lo que desea... ...", murmuró para sí misma mientras trataba de entender por qué había cambiado de opinión tan repentinamente.
Hasta antes de ese momento, se había mostrado inflexible en lo que concernía a esa propiedad. Ni siquiera la había dejado hablar cuando ella tocaba el tema, pero ahora le estaba haciendo una oferta.
'No, no creo que sea tan sencillo', pensó mientras lo observaba con la esperanza de obtener alguna clave basándose en su expresión. Su rostro era firme y anguloso, parecía una escultura. Sus ojos color marrón le añadían una suavidad a sus rasgos que Jana encontraba muy atractiva. Sin embargo, a pesar de su encanto exterior, no sabía cómo lidiar con su temperamento.
"Hemos llegado, Sr. Qi", dijo el chófer.
Jana echó una mirada al exterior cuando el auto se detuvo en un club de alto perfil iluminado con luces de neón. De repente, vaciló acerca de la propuesta de su marido.
"Baja del auto", dijo él al tiempo que hacía lo propio. Aunque su tono era frío, le abrió la puerta como todo un caballero.
"Sostén mi brazo", le susurró al oído.
Ella obedeció, ya que tenía que portarse bien. Después de todas las triquiñuelas que había intentado para hacerse de esa propiedad, beber con sus socios sería lo menos terrible.
Después de entrar en el club, un asistente los llevó a una habitación privada. Jana miró a su alrededor y descubrió que en el centro de la habitación había una mesa decorada con un pastel de siete niveles. Aunque la habitación era bastante grande, parecía estar abarrotada. Alguien tocaba el piano. Ella sonrió y se balanceó un poco al darse cuenta de que la pieza musical era su canción favorita.
"¡El Sr. Qi ya está aquí!", gritó alguien entre la multitud y la música se detuvo. Una mujer con un vestido largo y escotado de color blanco se dirigió hacia Zed. Jana la reconoció, era Eva Xu, y era quien había estado tocando el piano cuando entraron. ¿Acaso era su fiesta?
"Por fin llegas, Zed", lo saludó dulcemente antes de darse cuenta de que Jana Wen estaba de pie junto a él. La sonrisa de la mujer se congeló, y con el ceño fruncido preguntó: "¿Quién es ella?".
"Mi esposa, Jana Wen". Aunque él había hablado en un susurro, la habitación completa se quedó en silencio, como si todos los asistentes a la fiesta lo hubieran escuchado y no pudieran creer lo que había dicho.
"Te presento a Eva Xu". Zed se giró para mirar a Jana cariñosamente mientras le presentaba a Eva.
Una vez superada la sorpresa inicial y después de que la curiosidad de la gente estuvo satisfecha, los invitados continuaron hablando y brindando entre ellos. Un músico comenzó a tocar una melodiosa canción en su violín. Poco a poco, la tensa atmósfera en la fiesta se disipó.
Eva, sin embargo, todavía estaba disgustada, y levantó una ceja mientras estudiaba a la esposa de Zed. Jana iba vestida con una simple camiseta blanca y un par de jeans desgastados. Su rostro infantil estaba libre de maquillaje y llevaba el cabello arreglado de manera casual. Para Eva, parecía más una inmadura estudiante de secundaria que la esposa de un CEO.
Ella ya sabía que Zed se había casado como parte de un acuerdo comercial, y esta era la primera vez que coincidía con la Sra. Qi, la cual no le había causado una buena impresión. La desechó como alguien que no era digna de su tiempo ni de su atención, así que se volvió hacia el hombre.
"Zed, llegas tarde. Los otros invitados que llegaron tarde tuvieron que tomarse tres copas de vino como castigo. ¡Será mejor que bebas un poco también y les des alcance!", dijo sonriendo de manera seductora y señalando el vino en una mesa cercana.
"No hay problema". Zed llevó a Jana al sofá más cercano antes de aceptar la sugerencia de Eva de beber un poco de vino.
Desde ahí, sentada sola en el sofá, ella observó a su esposo mientras bebía y hablaba con varias personas. La animada escena presentaba un sorprendente contraste con la soledad que sentía.
'¿Quién es esa mujer que estaba tratando de complacer a Zed hace un momento? ¿Será que tienen una relación íntima?', se preguntó.
Tan pronto como Zed bebió dos copas de vino, Eva se le acercó y suavemente le limpió la boca con una toalla de papel. Cuando él se levantó por otra copa, ella lo detuvo de inmediato.
"Te das cuenta de que estaba bromeando, ¿verdad? Sé que llegaste tarde, pero no tienes que beber tres copas de vino sólo porque te lo pedí", dijo coqueta.
"Eva, ¿tanta es la debilidad que tienes por Zed? ¿Acaso para ti es más especial que tus amigos? A los otros invitados que llegaron tarde se les pidió que bebieran tres copas de vino, así que, ¿por qué Zed sólo tendría que beber dos? ¿Es que te preocupas tanto por él?", se burló uno de los invitados.
"¡Sí, tiene razón!", dijo otro invitado. "¡Bebe, bebe, bebe!", comenzaron a gritar aquellos que los rodeaban. Dado que beber tres copas de vino no representaba un desafío para Zed, él sonrió y levantó su copa, pero Eva se adelantó rápidamente y lo tomó por la muñeca para después, de manera casual, atraer su mano hacia ella. Levantando una ceja, le dirigió una sonrisa seductora antes de beberse el contenido de la copa.
Él le frunció el ceño. No era la primera vez que participaba en un juego como ese y Eva sabía que tres copas era algo que podía manejar perfectamente. '¿Qué está tratando de hacer?', él se preguntó. Ahora que ella lo había ayudado a terminar, bajó la copa.
"¡Guau! ¡Guauuuuu! ¡Nos ha sorprendido bastante ver su demostración pública de afecto! Hacían una hermosa pareja cuando salían, y obviamente aún se gustan. ¿Por qué no reinician su relación?", sugirió la mejor amiga de Eva, Sue, quien estaba de pie junto a ellos.
"Ejem, Sue, no digas tonterías. Zed ya está casado. Su esposa está presente esta noche...", dijo Eva bajando la cabeza y aferrándose al brazo del hombre de al lado. Al parecer se sentía un poco agraviada.
Aunque acababa de decirle a Sue que él estaba casado, eso no era impedimento para que se le acercara cada vez más. Jana los observaba en silencio. En su opinión, la actuación que estaban representando frente a ella semejaba un drama anticuado. No le había sido difícil adivinar que Eva era la ex novia de Zed.
"Los obligaron a casarse como parte de un acuerdo comercial. Este tipo de matrimonios nominales son muy comunes en nuestro ambiente, pero le resultaría muy fácil a Zed divorciarse de esa mujer. Después de todo, ella no le gusta y ustedes se aman de verdad. Deberían estar juntos", seguía animándolos Sue. Eva le había pedido con antelación que así lo hiciera. De este modo, Sue aprovechaba cada oportunidad que se le presentaba para hacerles esa sugerencia.
"Sue, no digas tonterías, o harás que me moleste", dijo Eva golpeando el piso con su pie y mirando fijamente a Sue para enfatizar juguetónamente su ira. Inmediatamente después le lanzó una mirada a Zed para observar su expresión, queriendo ver si su reacción le daba alguna pista sobre dónde estaba parada en términos de su relación con él. Ella deseaba que Zed también quisiera volver con ella.
Como Jana estaba sentada cerca de ellos, pudo escuchar la conversación con toda claridad. Se sentía tan avergonzada que deseaba que se la tragara la tierra.
Estaba muy consciente de las condiciones de su matrimonio con Zed, y también sabía que dicho matrimonio podía terminarse fácilmente si él así lo deseaba. Aunque esa era una verdad muy simple, escucharla de boca de extraños en una fiesta la lastimaba sobremanera.
"Bueno, ahora hablemos en serio", dijo Zed antes de hacer una pausa. Luego miró rápidamente a Jana antes de continuar, "Lo siento, olvidé traerte un regalo por las prisas. Dime qué quieres que te compre para compensarte. Tengo cosas que hacer, así que me tengo que ir".
"¡Zed!", exclamó Eva con asombro, "Llegas tarde, ¿y ahora te vas tan temprano?". Ella lo miró con lástima mientras se aferraba a su brazo.
Zed asintió antes de liberarse de sus manos.
Jana estaba confundida por lo que estaba viendo, pues no tenía la más mínima idea de la razón por la que había decidido llevarla a ese lugar. ¿Acaso la estaba usando para molestar a su ex novia?
"¿Podemos hablar en privado, por favor, Zed?", le dijo Eva con ternura tratando de reprimir su indignación Echando una mirada a su alrededor para asegurarse de que nadie los hubiera notado, lo tomó de la mano y lo llevó fuera de la habitación.
Aunque ellos se habían ido, la atmósfera del lugar no cambió. Todos, salvo Jana, disfrutaban del momento cantando, bailando y bebiendo. Sin haberse movido del sofá en todo ese tiempo, Jana se sentía un poco tonta.
Sue se le acercó llevando una copa de champán en la mano y la miró con desdén, "Realmente te compadezco por estar en un matrimonio nominal, pero creo que podrías librarte de ello rápidamente. Probablemente es lo mejor que puedes hacer, ya que Zed y Eva van a volver".
Jana sonrió ante esas palabras. No iba a caer en su juego, así que se quedó callada y sacudió la cabeza.
A pesar de que ella y Zed no llevaban mucho tiempo juntos, lo conocía lo suficiente para darse cuenta de sus sentimientos por Eva. A juzgar por su actitud, se había dado cuenta de que él no planeaba revivir su relación con ella.
"¿Acaso no me crees?", continuó Sue, y agregó sonriente, "¡Puedes salir y verlo por ti misma si dudas de mis palabras!". Estaba molesta por la actitud desdeñosa de Jana, por lo que la instó a confirmar la relación entre Zed y su amiga personalmente.
"¡Muy bien!", dijo Jana mientras se levantaba. Empezaba a sentirse aburrida en esa habitación. Todo, la gente extraña, el ruido, el que la trataran sin respeto ni cortesía, había sido demasiado para ella, así que aprovechó esa invitación para salir a respirar aire fresco y al mismo tiempo satisfacer su curiosidad.
Sue fue tras ella.
"Zed, el único regalo que quiero eres tú. ¿Crees que podamos volver?". Afuera, Eva tenía envuelto a Zed en un abrazo íntimo. Su cara estaba recargada contra su pecho, y le decía aquello de la manera más humilde.
Jana había salido de la habitación justo a tiempo para presenciar esa escena. Aunque sabía lo que Eva y Sue se proponían, no esperaba verlo a él así, por lo que inhaló bruscamente y dio un paso atrás. Un instante después, escuchó a Sue gritar:
"¡Ay! ¡Me pisaste el pie!", y como una reacción instintiva, Sue la empujó. Como había usado toda su fuerza, Jana se tambaleó hacia adelante y estuvo a punto de caer al suelo.
Entonces se produjo un incómodo silencio. Eva estaba molesta con la interrupción, Zed estaba avergonzado por haber sido descubierto, Jana estaba mortificada con lo que había visto, y Sue estaba molesta por haber arruinado los planes de Eva.
Sin embargo, cuando Sue vio que ellos estaban fundidos en un íntimo abrazo, alzó las cejas con aire complaciente
Jana, por el contrario, volvió a desear que se la tragara la tierra. No sabía si había tomado a la ligera la relación entre Zed y Eva. Por lo que había visto dentro, él había mostrado total indiferencia ante los acercamientos afectuosos de ella, pero al verlos ahora, no entendía por qué Zed había cambiado de actitud tan rápidamente. Aunque sabía que su matrimonio era nominal y que ellos dos aún tenían problemas, eso no aliviaba la incomodidad que sentía, así que comenzó a preguntarse si él la había llevado allí deliberadamente para poner celosa a Eva.
Al darse cuenta de que estaba siendo usada como un catalizador para la relación entre ellos dos, la ira creció en su interior, de modo que apretó los puños y decidió devolver el golpe.
Con una sonrisa brillante y mostrando gran entusiasmo, se les acercó y, mirando a Zed con afecto y fingido amor, dijo, "Mi querido esposo... Estoy cansada. ¿Nos vamos a casa?".
Eva se sintió herida cuando Jana se refirió a él como su querido esposo, y se angustió aún más cuando él la alejó gentilmente. Sin embargo, dado que no estaban solos y tenía que mantener las apariencias, tenía que manejar la situación con calma.
"Mi querido esposo", continuó Jana mientras le sonreía a Eva, "Aunque veas a una hermosa flor a la orilla del camino, no es necesario que la recojas en mi presencia. Necesito que me des mi lugar", luego se le acercó y lo tomó del brazo con afecto. En lugar de dejar ver su inconformidad, había decidido hablarle en un tono causal.
Tenía decidido aprovechar esa situación para enfrentar el destino incierto de su matrimonio. Si Zed se atrevía a mostrar su enojo hacia ella y a golpearla, ella usaría el video de vigilancia de esa área para probar su infidelidad. Con el video como apoyo, confiaba en poder forzarlo a que le cediera la propiedad.
"Eva y Zed son pareja. ¿Cómo te atreves tú, una esposa nominal, a decir que ella es una flor a la orilla del camino?".
Aunque Eva estaba de muy mal humor, fingía ser elegante y encantadora frente al hombre a quien amaba, pero Sue, por otro lado, no tenía razón para mostrarse educada, y le habló a Jana en un tono amargo.
"¿Quién dice que nuestro matrimonio es falso? ¿Acaso instalaron cámaras de vigilancia en nuestra casa y han espiado nuestra vida nocturna?", continuó Jana, instigando a Sue a enfrascarse en una discusión verbal.
Jana había fingido ser obediente y amable delante de Zed durante todo ese periodo, pero no estaba dispuesta a tolerarlo y complacerlo por más tiempo. Si pudiera arreglárselas para irritarlo, le resultaría más fácil lograr sus planes. ¡Necesitaba la propiedad y el divorcio!
"Zed, ¿no es cierto que te casaste para obtener un beneficio comercial?". Al escuchar el argumento de Jana y ver su expresión de confianza, el rostro de Eva se había oscurecido, y no pudo evitar hacer esa pregunta
Sue, asombrada, se quedó boquiabierta.
De repente, Zed pasó su brazo alrededor del hombro de Jana y la miró, disculpándose, "Mi querida esposa, cometí un error".
Las tres mujeres estaban sorprendidas después de escuchar sus disculpas. En cuanto a Jana, lo miró temerosa al darse cuenta de que había sido muy ingenua al pensar que iba a obtener lo que quería con tanta facilidad.