Punto de vista de Winter:
De camino a mi casillero fruncí el ceño tan pronto como vi a la única e inigualable Gemma Hill recostada contra él y sonriéndome con altivez, como si yo no fuera más que un gusano bajo sus pies.
Ignorándola, pasé junto a ella y abrí el casillero para buscar mis cosas; para cuando lo cerré, me sorprendió ver que Gemma había desaparecido. Confundida, fruncí el ceño, pero por dentro estaba lanzando puños al aire de la rabia.
¿Será que por fin Gemma Hill se había cansado de fastidiarme? ¿Será que finalmente saldría de mi vida? Con una sonrisa, me di la vuelta con intenciones de irme a clases, pero me detuve en seco cuando vi a las amigas de Gemma paradas detrás de la capitana del equipo de porristas, es decir, de ella.
"¿Qué quieres, Gemma?", le pregunté, ahora seriamente. Ella se recogió un mechón de pelo rubio detrás de la oreja y me pasó un sobre.
"Es lunes, ¿recuerdas?", respondió sin inmutarse y, al instante, dejé escapar un suspiro porque sabía que mi rutina se arruinaría como todos los lunes.
Derrotada, asentí sin chistar y ella me palmeó la cabeza como un amo que elogia a su perro por portarse bien... y precisamente eso era lo que soy.
Soy la sirvienta de Gemma Hill, la chica de sus recados. Todos los lunes, recibo un sobre nuevo con una carta escrita por Gemma; en el sobre se podía leer claramente un nombre: "Josh", el nerd de la clase, y es a él a quien debo entregárselo.
Supongo que a estas alturas te preguntarás por qué tengo que hacer esto; pues bien, para resumirlo, me he visto obligada a hacer todo lo que Gemma me pida por tiempo indefinido y una de sus primeras órdenes fue la siguiente: "Quiero que le des esto a Josh, todos los lunes te daré una carta nueva y deberás entregársela a la brevedad posible, ¿entendido?".
No podía decir que no y ahora aquí me ves, repartiendo notas de amor como una mensajera. ¡Como si fuera el jodido cartero!
Gemma y sus amigos se alejaron entre risas como si aquello fuera lo más divertido del mundo, yo, por mi parte, dejé escapar un suspiro y guardé el sobre en un libro para que no se arrugara. El timbre resonó por los pasillos y me encontré suspirando de nuevo.
Era mi momento de actuar.
Con calma, caminé hacia las escaleras, pero justo cuando iba a pisar el primer escalón, recordé que llevaba una falda, así que agarré el dobladillo contra la pierna para que nadie pudiera ver mi ropa interior rosada.
¡Sí, todavía soy un niña que usa ropa interior con corazoncitos! ¡No me juzgues!
Por fin, llegué a mi piso y caminé hasta el salón de clases. Al entrar, me di cuenta de que, como siempre, Josh estaba sentado en los primeros puestos, prestándole atención a lo que el profesor estaba escribiendo en el pizarrón. Lentamente me le acerqué, saqué el sobre del libro y lo dejé sobre su escritorio.
Él me miró con el ceño fruncido, al igual que siempre lo hacía cuando le entregaba un sobre y, de la misma manera, yo solo me encogí de hombros y caminé hasta el fondo del aula.
Tan pronto como me acomodé en mi asiento, saqué mis audífonos y me tapé la cabeza con la sudadera para bloquear el ruido de mis compañeros.
●●●
En el comedor.
Agarré una bandeja e hice la fila, la cual empieza a alargarse rápidamente... Parecía que la gente tenía hambre. De reojo miré la comida que había hoy y puse los ojos en blanco.
Era pastel de carne.
Jadeé con impotencia y eché un rápido vistazo hacia las mesas para ver si podía sentarme con alguien, pero como de costumbre, nadie se quería sentar conmigo porque soy sosa. No soy tan popular y tampoco tengo muchos amigos.
La señora del comedor me miró y le sonreí brevemente. Ella sabía que no me gustaba el pastel de carne, así que solo me asintió y me trajo un sándwich de jamón y queso junto con una gaseosa. Le agradecí de corazón por su consideración y me alejé de la fila.
Caminé lentamente por la cafetería y suspiré cuando vi que estaba, de nuevo, sola como todos los días.
Hastiada por el bullicio de la cafetería, salí al campo donde había silencio y tranquilidad. Normalmente suelo almorzar aquí afuera porque nadie me molesta, ni siquiera Gemma.
Me senté en las gradas y empecé a almorzar, ignorando el nudo que se empezaba a formar en mi estómago a medida que me ponía a pensar en mi vida.
●●●
El tiempo pasaba rápido como siempre.
Ahora estaba sacando los libros de mi casillero y los estaba metiendo en mi bolso, cerré la puerta al terminar de recoger y caminé hacia la salida.
Todos se estaban yendo, algunos conversaban por los rincones o se sentaban en los techos de sus autos, cada quién hacía lo que quería. Volví la mirada hacia el estacionamiento y vi la camioneta de mi mamá, así que me acerqué y abrí la puerta para montarme.
"¿Qué tal tu día, querida?", me preguntó mamá con una sonrisa y yo simplemente le asentí mientras me ajustaba el cinturón.
"Estuvo bien", le respondí y ella sonrió mientras ponía en marcha el motor.
"Te ves estresada, cariño. ¿Seguro que estás bien?", insistió y yo le dediqué una sonrisa tranquilizadora.
"Mamá, estoy bien", le dije y ella volvió a sonreírme al tiempo que se inclinaba para encender la radio.
Tarareé la música que salía de los parlantes mientras íbamos de regreso a casa. Apenas habíamos hablado en el trayecto y, al llegar, me bajé inmediatamente y caminé hacia la puerta.
Mamá se adelantó para abrirme y yo enseguida entré y me dejé caer sobre el sofá de la sala. Ella me sonrió y dejó su bolso sobre la mesa.
"Winter, ¿podríamos hablar un segundo?", inquirió y alcé la cabeza para verla sirviéndose un vaso de jugo de naranja.
Perezosamente me puse de pie y me senté en uno de los taburetes que había detrás de la barra. Mamá me pasó el vaso y yo tomé un sorbo.
"Cariño, sabes que estoy muy ocupada con el trabajo y todo eso", empezó ella y yo le asentí mientras tomaba otro sorbo. "Ahora me ha salido una oportunidad y debo irme a África mañana", añadió inmediatamente después, casi me ahogué al escucharla.
¡Esto no puede estar pasando!
Al ver eso, ella me empezó a dar suaves palmadas en la espalda y, cuando me recuperé, se sentó a mi lado. "Por un año", concluyó y enseguida sentí cómo mi pecho se contraía. Lentamente tomé un sorbo de mi bebida, me aclaré la garganta y le fruncí el ceño.
"Primero, ¿por qué tiene que ser tan pronto? Segundo, ¿con quién se supone que me voy a quedar aquí? Porque ciertamente no pienso irme a vivir al otro lado del mundo por un año", advertí con toda seriedad y ella asintió mientras se frotaba las manos.
"Bueno, mi jefe quiere enviar una delegación a África para investigar una enfermedad letal que está asolando a la población en Kenya, ya he hablado con Becky para que te quedes con ella". Mantuve la cara seria mientras escuchaba a mi madre hablar, pero sin comprender.
"¿Mi amiga de la secundaria?", pregunté, sin tener idea de quién era esa tal Becky.
"¿No la recuerdas? La conociste en la fiesta de la tía Rochelle".
"¡Oh, Becky Anderson!", exclamé, chasqueando los dedos, ahora por fin la recordaba.
"Sí, ella. Bueno, necesito que empieces a empacar porque no volverás a este lugar hasta dentro de un año", instó mi madre y, de mala gana, me puse de pie para subir las escaleras.
Vaya, parece que este día no hace nada más que mejorar, ¿verdad?
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"¡Listo!", anuncié con una sonrisa mientras cerraba la cremallera de mi maleta. Terminé de empacar y me sentí como si hubiese metido todo mi armario en el equipaje.
"¡Winter, date prisa, ya tenemos que irnos!", escuché los gritos de mi madre y puse los ojos en blanco mientras agarraba la maleta para bajar las escaleras. Al llegar a la cocina, me di cuenta de que mi madre se había terminado su jugo y estaba hablando por teléfono con alguien.
Ella asintió y colgó el teléfono, luego agarró las llaves de la camioneta. "Vamos.", dijo y salimos de la casa hacia el auto.
Treinta minutos después, entramos a una hermosa mansión rodeada por un pórtico de hierro elegante. Los alrededores eran hermosos y no pude evitar que una sonrisa iluminara mis labios.
¡Vaya!
Nos bajamos, saqué mi maleta y caminamos hasta la entrada. Mamá tocó el timbre, retrocedió y esperó pacientemente a que Becky viniera a abrirle. Segundos después, la puerta se abrió y vi a la chica rubia que había conocido en la boda de mi tía.
"¡Hola, Kelly! ¡Winter!", nos saludó con fervor antes de atraparme en un cálido abrazo. Cuando por fin me soltó, le sonreí tímidamente.
"¡Adelante!", nos instó, y tanto mi mamá como yo le hicimos caso. Las paredes del interior eran de un hermoso color beige que combinaba con la moqueta del mismo color y contrastaba con los muebles negros que me quitaban el aliento con solo mirarlos.
De pronto, una figura alta e imponente bajó de las escaleras, seguida por otras tres personas más. Los chicos me miraron de reojo y yo estaba demasiado avergonzada como para sostenerles la mirada, así que agaché la cabeza.
"Mamá, ¿esta es la chica?", escuché que decía uno de ellos y enseguida me mordí el labio. Segundos después, sentí que una mano alzó mi mentón y me encontré con los chicos que estaban más cerca de lo que imaginaba.
¡Eran los chicos malos de Cambree High!
Verlos fue como si me pasara un tren por encima.
¡Iba a vivir todo un año con los 4 chicos malos de la escuela!
●●●
Punto de vista de Winter:
Mi madre empezó a hablar con Becky, y yo suspiré porque ahora estaba atrapada con esos chicos. En ese instante, Alec estaba pinchando mi mejilla con su dedo, Sam solo me sonreía, Cole pinchaba mi otra mejilla y Hayden revisaba el facebook en mi celular porque me lo había quitado.
"¿Podrían parar?", cuestioné entre dientes al tiempo que alternaba mi mirada entre Alec y Cole, pero ellos solo se rieron.
"Qué aburrida eres", soltó Hayden volteando los ojos, y yo asentí.
"Eso ya me han dicho", dije, y él se rio antes de volver a mi facebook.
Entonces volteé hacia Sam solo para notar que me estaba sonriendo, por lo que le fruncí las cejas de una manera interrogante. No obstante, su expresión facial no cambió sino que todavía tenía esa estúpida sonrisa.
Con un suspiro, giré la cabeza hacia la cocina. "Mamá, ¿puedo salir a dar un paseo?", consulté en voz muy alta, esperando poder alejarme de esos molestos seres.
"¿Los chicos ya te mostraron tu habitación?", me preguntó mi madre, y yo volteé hacia ellos para ver que ahora todos me estaban sonriendo.
Sin darme oportunidad de responder, Cole, Alec y Hayden me agarraron por los brazos y empezaron a jalarme escaleras arriba mientras que Sam me miraba muy entretenido.
Definitivamente había algo extraño en él.
Tras caminar durante unos tres minutos, nos detuvimos en una puerta que tenía patrones de color rosa claro. De hecho, si has visto Frozen y sabes cómo es la puerta de Elsa, esta era así.
"¿Qué esperas? ¡Ábrela!", dijo Alec, y al mirar hacia atrás, me encontré su sonrisa.
A pesar de ignorarlo, agarré el pomo lentamente y mis manos comenzaron a temblar al girarlo.
¿Qué demonios me pasaba?
"Date prisa, ¿sí?", exclamó Cole con una risa, y como me distraje, terminé tropezando con su pie y caí dentro de la habitación.
Excelente, de verdad...
De pronto escuché el eco de las risas de los chicos detrás de mí, y les lancé una mirada furiosa. Sin embargo, ellos continuaron riendo. Por mi parte, me levanté, y al recorrer la habitación con mi mirada, una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios.
La funda de la cama era de un bonito tono rosa con un delicado estampado blanco, había una estantería con libros de Disney y una puerta que probablemente era el baño. No obstante, los libros llamaron mi atención al punto de confundirme.
¿De quién era esta habitación?
Examinando el resto del lugar, noté que tenía un escritorio, un armario, un mini sofá y un televisor colgado en la pared.
"Es hermosa", murmuré, y uno de los chicos envolvió mi hombro con su brazo.
"Sí, era...".
"¡Alec!", gruñó de repente Sam, y Alec ipso facto me soltó y me dio una sonrisa de disculpa antes de salir corriendo de la habitación.
Entonces noté que todos los chicos se habían ido, y tras suspirar, salí de la habitación y cerré la puerta.
"¡Winter!", me llamaron, y al bajar las escaleras corriendo, vi a mi madre sosteniendo su bolso. Estaba a punto de agarrar mi abrigo cuando mi mamá me detuvo.
"Voy a buscar tu maleta ya que te quedas a dormir desde esta noche. Es que me llamaron, así que lamentablemente tendré que irme ahora y dejarte aquí. Lo siento mucho, tesoro", me dijo al tiempo que me abrazaba, y yo le sonreí.
"Tranquila, entiendo", le dije, y ella me dejó un beso en la frente antes de salir a paso apresurado. Con un suspiro, me pasé la mano por el rostro.
¿Desde esta noche?
"¡Hola, Winnie!", saludó alguien detrás de mí, haciéndome fruncir el ceño.
Yo odio los apodos.
No bien me di la vuelta, vi a Alec sonriente con dos controles en sus manos, lo cual me hizo sonreír a mí.
"¿Quieres jugar?", me preguntó él, extendiendo uno de los controles hacia mí. Sin dudarlo, yo lo agarré.
"¡Obvio!".
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"¡Hiciste trampa!", se quejó Alec, y yo solté una carcajada.
"No es mi culpa que juegue esto en mis ratos de ocio, y debo decir que tengo mucho tiempo libre", comenté y puse el control en mi regazo.
Todavía me reía del ataque de Alec cuando Cole y Sam entraron con unas expresiones tan indescifrables que me hicieron preguntarme qué había pasado antes.
¿Por qué Sam había reaccionado así? ¿Acaso había algún secreto que yo no debería saber? Mmm, bueno, obviamente no confiaban en mí dado que me acababan de conocer, y eso era entendible.
"Hola", dije cuando Cole y Sam pasaron a mi lado, y el primero se sentó en una de las sillas al lado del sofá en el que estábamos Alec y yo.
"Hola", murmuró él, y yo fruncí el ceño.
Si bien podía ver mi cara, él decidió mirar la televisión como tratando de ignorarme.
"¿Qué dices de otra ronda?", le pregunté a Alec, y él me miró con una sonrisa.
De pronto escuché a Sam reír e inmediatamente me volteé. "Eso sonó muy mal", espetó él y yo arrugué la nariz con disgusto.
"No, ¡tú tienes una mente sucia!", repliqué, haciéndolo sonreírme.
"Querrás decir que tengo una imaginación sexy", refutó. Decidiendo ignorarlo, yo me giré hacia Alec.
"¿Puedes dejarme ganar?", me preguntó él con una mirada esperanzada, y yo solo pude reírme.
"¡Ni siquiera lo estaba intentando, y aun así te gané! ¿Qué te hace pensar que puedo disminuir mis habilidades en este juego?", cuestioné, por lo cual él se quejó de nuevo, y poniéndose de pie, me señaló con el dedo.
"¡Apestas!".
"¡Tú más!", exclamé entre risas, y volteando los ojos, él se fue a la cocina.
Acto seguido, volteé hacia Cole y Sam, quienes miraban sus celulares como si estuvieran locos de aburrimiento.
Levantándome, apoyé las manos en las caderas. "¿Qué se puede hacer para divertirse en este enorme castillo al que llaman casa?", les pregunté, y Sam me miró con una ceja levantada.
"Deberías preguntar qué es lo que no podrías hacer", dijo con una sonrisa.
"No, hablo en serio. ¡Ustedes son muy aburridos! ¿Así es como tratan a su nueva huésped? ¿Sabes? Vamos a estar atrapados aquí durante un año, y ustedes probablemente pasarán todo el tiempo sentados viendo no sé qué tonterías en esas pantallas", espeté y empecé a caminar hacia la cocina.
Apenas llevaba unas tres horas en esa casa, y todo lo que conocía era la cocina, la sala de estar y mi dormitorio.
En ese momento me senté en el taburete junto a Alec, quien miraba el microondas, y con un suspiro, me puse a mirarlo también.
El timbre rompió el incómodo silencio, y yo me levanté para abrir la puerta. Era mi madre, que me sonrió antes de entregarme mi maleta y abrazarme.
"Te llamaré todas las semanas para asegurarme de que estás bien. Y no te preocupes, que los chicos se ocuparán de ti".
Tan pronto como la escuché decir eso último, suspiré, pues yo estaba segura de que ellos no lo harían.
Cuando estaba a punto de decir algo, mi madre empezó a entrar en su auto. "Hasta pronto, tesoro. ¡Pórtate bien!".
Y así, quedé atrapada allí con los Anderson. Sería un año entero. ¡Genial!
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Sentada en mi nueva habitación, me recosté contra la cabecera de la cama mientras leía El Diario de Greg. Me encantaban esos libros porque eran muy divertidos y era muy fácil identificarse con los personajes.
La lámpara del escritorio iluminaba bastante la habitación, lo que me resultaba un poco reconfortante, pacífico y relajante, al menos así era para mí.
Unos golpecitos en la puerta me sacaron de mi lectura, y algo desorientada, levanté la cabeza. "¡Adelante!", solté lo suficientemente alto como para que la persona del otro lado pudiera oírme.
Con un crujido, la puerta se abrió, y para mi sorpresa, allí estaba Cole con una camiseta blanca de cuello en v y jeans.
Eran las once de la noche, ¿acaso ese tipo dormía en jeans y camiseta?
"Solo quería ver cómo estabas. ¿Todo bien?", me preguntó, y yo devolví la mirada a mi libro.
"Sí", dije sin más.
"¿Qué estás leyendo?". Pese a su interrogante, yo no aparté los ojos de las palabras sobre la hoja.
"El Diario de Greg". Ante mi respuesta, él se rio entre dientes, y yo levanté una ceja.
"¿Dije algo gracioso?", cuestioné, pero él negó con la cabeza.
"¿No es un poco... infantil?".
Boquiabierta, cerré mi libro y fruncí el ceño. "¡No lo es! Eres tú quien... ¡eres un viejo!", exclamé en un tono burlón. A pesar de lo que dije, él sonrió.
"Solo soy un año mayor que tú".
"Ni siquiera me conoces", murmuré.
"Sé lo suficiente", replicó.
"Vaya. Aterrador, ¿no?", solté sonriente, por lo que él me dio un golpecito en la rodilla.
"Descansa", susurró, y aunque volteé los ojos, me acosté de todos modos. Habiendo apagado la lámpara, Cole me sonrió y salió de la habitación.
Quizás esos chicos no eran tan malos como yo pensaba, ¿verdad?
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Punto de vista de Winter:
Escuché el pitido leve de la alarma, pero en vez de levantarme, cerré los ojos con más fuerza y enterré el rostro entre las sábanas, tratando de bloquear el ruido fastidioso. Una leve sonrisa se dibujó en mis labios cuando la alarma por fin se silenció y volví a acurrucarme en mi almohada.
"¡Despierta, despierta!". De pronto, alguien me gritó, pero fingí estar dormida para que me dejaran en paz. Por desgracia, la persona no se dio por vencida.
"¡Winter!", escuché gritar a Cole y enseguida dejé escapar un profundo suspiro.
'Por favor, déjame...', pensé, pero no tuve tiempo de reaccionar.
"¡Ah!", grité cuando sentí que me quitaban la cobija. Ahora estaba a la intemperie, dejando expuesta mi pijama de corazones y mi camiseta negra.
'Gran elección, Winter', me dije a mí misma, tratando de contener las ganas de abofetearme. Me vería todavía más rara si me abofeteaba a mí misma delante de Cole.
"¿Por qué hiciste eso?", exclamé con el ceño fruncido, abrazándome a mí misma para mantenerme tibia. Él se cruzó de brazos y me miró fijamente.
"Hay que ir a la escuela, Winter", gruñó Cole y yo solté un gemido mientras me manoseaba el rostro. Pesadamente, me levanté de la cama y busqué algo para ponerme ese día. Entonces fui al baño para lavarme y suspiré aliviada al recordar que tenía mi propio baño y no había necesidad de compartirlo con nadie más.
Al menos era un punto a favor.
Con la mano sobre el pomo, me di la vuelta y vi a Cole, quien seguía parado junto a mi cama, mirando las sábanas. "Puedes irte", le dije, llamando su atención. "Estaré abajo en diez minutos", añadí antes de entrar al baño.
Me acerqué al lavabo y me puse en jarras frente al espejo, entonces me observé y solté otro suspiro. No, de verdad no estaba lista para esto... Todavía no podía creer que hubiera dormido en la casa de los Anderson y aún tenía que acostumbrarme a esta nueva realidad. Me quedaré aquí un año, no era algo que simplemente pudiera eludir.
Dejé escapar otro suspiro y me quité la ropa, luego entré a la ducha y cerré la puerta de vidrio para luego abrir el grifo del agua caliente.
●●●
Agarré una manzana que estaba sobre el cuenco de la cocina y le di un mordisco generoso. Los chicos, reunidos alrededor de la mesa, estaban desayunando ahora mismo.
Me di cuenta de que Hayden no dejaba de observarme como si tuviera algo en la cara y fruncí el ceño, confundida. Él se percató de mi reacción y sonrió, lo cual me hizo alzar una ceja. Entonces comprendí que estaba mirando la manzana en mi mano y asentí al darme cuenta de lo que estaba pasando.
"¿Quieres?", pregunté, pero él no me respondió y, en vez de eso, me la quitó le dio un mordisco.
"Gracias", dijo él y sonrió, y yo me estremecí de pura incomodidad. Miré a mi alrededor en busca de la papelera, pero Hayden todavía estaba aguantándome la muñeca y los chicos en la mesa nos estaban viendo, sonrientes.
"Si no te vas a comer eso entonces...". La voz de Hayden se apagó y enseguida solté la manzana, pues se me habían quitado las ganas de comerla. Él sonrió y siguió comiéndose la manzana que alguna vez fue mía.
"Desagradable", murmuré al tiempo que caminaba hacia el lavadero para enjuagarme la mano.
Los chicos todavía se reían y yo me sequé la humedad con la ropa; luego me agarré la espalda y dejé escapar un suspiro.
"Los veré en la escuela, supongo", me despedí, pero antes de que pudiera marcharme, una voz firme me detuvo.
"Vienes con nosotros, Winter", dijo Sam y mi corazón se estremeció con la sola idea de llegar a la escuela con ellos... ¿Quién sabía cómo podrían reaccionar Gemma y su séquito luego de eso?
"No, de ninguna manera", tartamudeé y un ceño fruncido se marcó en mi rostro. No quería ir a la escuela con los chicos porque no estaba preparada para las miradas interrogantes y los comentarios acosadores. ¡No había forma de que pudiera aceptar! Eso solo podría despertar los celos y el enojo de todo el mundo... me convertiría en la persona más odiada de la escuela, ¡si es que ya no lo era!
"Confía en mí, Winnie, nadie te va a decir nada", aseguró Alec, cortando el hilo de mis pensamientos, y dejé escapar un suspiro al escucharlo.
"Lo harán, empezar a preguntarme cosas y no quiero ponerme en esa situación, no me pueden obligar", espeté, dando media vuelta para abrir la puerta. Sin embargo, antes de que pudiera irme, alguien me agarró por la muñeca y enseguida me di la vuelta para fulminar a Cole con la mirada.
"¡Suéltame, Cole!", exclamé, tratando inútilmente hacerle frente.
"No", respondió él secamente. Tras varios minutos de forcejeo, por fin me di cuenta de que no tenía forma de enfrentarlo y un cúmulo de pensamientos inundó mi cabeza.
'Oficialmente, seré la persona más odiada de la escuela'.
●●●
"¡Oye, ahí está Damien!", gritó Hayden y Alec enseguida se inclinó hacia su silla. "¡Déjame lanzarle algo!", agregó el primero y mi ceño se frunció al instante porque vi que estaba agarrando una piedra.
"¿Por qué tienes una piedra en tu bolso?", le pregunté y Hayden me devolvió una sonrisa antes de apuntar la piedra al sujeto de la mochila grande.
"Porque hago esto todas las mañanas...", murmuró, al tiempo que lanzaba la piedra sobre el muchacho llamado Damien. Un grito ahogado escapó de mis labios cuando escuché al pobre chico gimiendo porque la piedra había aterrizado sobre su cabeza.
'Al menos espero que la piedra no sea pesada'.
Furioso, Damien nos miró y, sobándose la cabeza, se dirigió hacia nosotros. "¡Hayden!", gritó, pero Hayden solo sonrió altivamente.
"¡Púdrete, pedazo de mierda!", respondió Hayden y Damien empezó a correr detrás del auto, lo cual lo hizo jadear todavía más.
"¡Dale hasta el fondo, Sam!", gritó Alec y enseguida el auto aceleró, obligándome a agarrarme de mi asiento mientras veía por el retrovisor la figura de Damien perdiéndose en la distancia. Segundos más tarde, cuando lo perdimos, el auto regresó a su velocidad normal.
En la distancia, vi la cerca de Cambree High y dejé escapar un suspiro. Mierda... Me agaché para esconderme a medida que Sam se adentraba en el estacionamiento, podía escuchar a varias personas afuera llamando a los chicos y eso disparó mis nervios. ¡Joder!
El auto se detuvo y escuché que se abría la puerta delantera, de reojo vi que Sam salió, luego Hayden, Cole y Alec. Tras un par de segundos, me di cuenta de que era mi turno, así que respiré hondo y me deslicé hacia afuera. Tal como temía, escuché jadeos de sorpresa y el tumulto que se escuchaba afuera se silenció de repente.
Un nudo atravesó mi garganta, pero procuré omitir la mirada de todos. Los cinco caminamos juntos hacia la entrada y no pude evitar contener el aliento cuando escuché mi nombre en las conversaciones de la gente.
Una vez dentro, me detuve frente a mi casillero y me despedí de los muchachos con un ademán, ellos no me lo devolvieron, así que me di la vuelta y me percaté de que, por el otro lado, venía un grupo de chicas. Probablemente Gemma y su séquito, supuse
"¿Qué estaría haciendo en su auto?", susurró una de ellas.
"Buscando atención, probablemente, ya la conoces, siempre anda sola y nadie le habla".
"Quizás".
Dejé escapar un suspiro y procuré ignorar los latidos acelerados de mi corazón, me volteé para mirar a mi casillero y enterré la cabeza dentro de él, cerrando los ojos.
Alec estaba equivocado.
Definitivamente la gente iba a hablar.
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Caminé hacia el mostrador del comedor y me puse en la fila, sosteniendo mi bandeja como los demás. La comida de hoy era ensalada de pollo y sonreí porque me encanta la ensalada de pollo.
Cuando recibí mi ensalada y mi botella de agua, miré a mi alrededor y vi que todos estaban conversando, y no había mesas disponibles, por lo que suspiré. Algunas personas todavía susurraban mientras me veían, estaba cansada de su atención. En la mañana varios se me acercaron y me preguntaron cosas como: "Ahora estás saliendo con uno de los 'chicos'?".
"¿Eres su nueva puta?".
"¿Me puedes dar su número?".
Era desagradable y, por supuesto, no respondí porque no quería que nadie supiera que me estaba quedando en casa de los Anderson. Suficiente tenía ya.
En una de las mesas vi a Alec, Hayden y Cole conversando con unas chicas que, básicamente, se babeaban por ellos.
Asqueada, me di la vuelta y salí del comedor. Caminé tranquilamente hacia mi lugar de siempre, pero entonces tropecé de frente con un pecho fornido y me caí al suelo.
Furiosa, cerré los ojos con fuerza y dejé escapar un suspiro. ¿Por qué este día se empeñaba en hacerme sentir mal? Mirando hacia el costado, me di cuenta de que mi ensalada de pollo se había desparramado en el suelo.
Mi comida...
"Levántate.", Oí decir a una voz profunda y alcé la vista para ver a Sam, quien me miraba con los brazos cruzados sobre el pecho.
"Estoy...".
"Solo levántate", gruñó él y le obedecí porque no quería que se enojara. "Sígueme", añadió y frunció las cejas. Él me miró con furia y no tuve más remedio que seguirlo hasta la salida.
"¿A dónde vamos?", le pregunté, pero se quedó callado. Toqué su hombro para llamar su atención, pero solo me miró con fastidio y una ceja alzada.
"Cállate", dijo y solo pude soltar un suspiro. Llegamos al auto en el que habíamos llegado y me subí al asiento del pasajero con un suspiro. Sam encendió el motor y empecé a jugar con mis dedos nerviosamente. Después de unos segundos, el silencio comenzó a afectarme, así que dije lo único que me vino a la mente.
"Sam, ¿a dónde vamos?", pregunté, evitando su mirada esta vez. Miraba hacia la ventanilla porque no quería encontrarme con su expresión severa.
"Vamos a almorzar, ¿no botaste tu comida?", explicó él con notorio desdén. Quise replicar, pero él me agarró por la muñeca y me dijo:
"Guárdate lo que tengas que decir, princesa".
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