Mi cuerpo se siente adolorido, mis cabeza me duele. Cuando abro los ojos todo es color blanco, levanto mis manos para mirarlas y el dolor es terrible pero lo logro.
Veo algo conectado a mi brazo y veo mis muñecas moradas, mi brazos rasguñados.
Bajo mi mano derecha y levanto mi mano izquierda para sentir mi cabeza, está vendada. Quiero hablar pero mi garganta me duele.
Estoy confundida y aturdida, quiero hablar pero no puedo, el solo hecho de abrir mi boca es doloroso. Bajo mi brazo y me quedo observando los alrededores, hay una ventana y puedo observar la puerta también con una ventana pequeña. A los pocos minutos alguien ingresa y me ve fijamente.
Su bata está limpia, su mirada es se sorpresa, una sonrisa se asoma por esos labios rojos.
-¿Cómo te sientes? -es lo primero que me pregunta.
Intento hablar pero no logro comunicarme concretamente. Ella se me acerca y me pone una linterna en los ojos, me toca la frente.
-¿Veo que no puedes hablar? -parpadeo dos veces -Entiendo no te esfuerces, tranquila todo estara bien ahora.
Asiento con la cabeza, la doctora se retira luego de escribir algunas cosas en su cuaderno. Estoy mirando fijamente la pared blanca, entonces comienzo a pensar.
Pienso, comienzo a pensar...
Pero mi cabeza está en blanco, mis pensamientos son nulos.
-Entonces se encuentra bien...
Abren la puerta y lo logro ver, un hombre mayor, con la mandíbula fina, los labios rosados, si piel clara, sus ojos grandes y su cabello negro bien peinado, lleva traje y me observa unos segundos sorprendido.
Se acerca a mi y sonríe, me extiende la mano.
-Mi nombre es Emanuele Franklin -dice, con mucho dolor alzó la mano para tocarlo.
Espera una respuesta de mi parte, pero no respondo, ante sus saludo.
-No puede hablar por el momento, por otro lado quiero hacerle preguntas.
Suelto su mano y el me da una última mirada.
-¿Ya saben algo de ella? -le pregunta. Ella niega con la cabeza.
-Justo eso quiero hablar, afuera.
Los veo salir, pasa mucho tiempo pues cuando vuelvo abrir los ojos veo a un joven en el sofá hechado, su rostro está relajado, su cabello castaño está a un costado desordenado, está cubierto por una manta y no logro verlo bien.
¿Quién será él?
¿Quién soy yo? -me pregunto. Sigo intentando pensar... Mi nombre, mi apellido, mi edad, mi familia, ¿Tendré familia?, ¿Y hermanos?, ¿Esposo o novio?
Cómo puedo no recordar nada, pero si se varios términos, no entiendo que es lo que me pasa.
¿Qué me sucedió, por qué estoy aquí?
Un Hospital.
Mi cuerpo se siente menos adolorido, nuevos mis pies de arriba a bajo.
Lo veo dormir, lo veo descansar por varias horas mientras yo intento mover mi cuerpo.
-Buenos días -me saluda la misma mujer de ayer, pero lleva ropa azul y una bata.
-Hola -digo haciendo mi máximo esfuerzo. Ella sonríe.
-Veo que vas mejorando.
Parpadeo varias veces.
-Bueno entonces quiero que me ayudes, ¿Puedes?
Asiento con la cabeza.
-¿Cuál es tu nombre? -me pregunta. Me quedo en silencio, entonces ella me toma de la mano.
-No sé -respondo. Ella asiente con la cabeza.
-Tranquila, todo está bien, todo estará mejor.
No puedo evitarlos, varias lágrimas salen de mis ojos, quiero levantar la mano pero me duele mucho el brazo.
-No te esfuerces mucho, ella me limpia las lágrimas.
Escucho que se levantan del sofá y veo al muchacho levantarse.
-Amelia -dice mirándome.
¿Amelia?
-¿Sabes su nombre? -le pregunta la mujer de blanco al muchacho.
Él se estira soltando un sonoro bostezo y se acerca a mi, me toma de la mano y se pone de cuclillas. Sus ojos son verdes, pero su tono es hermoso, sus pestañas son largas y claras casi del mismo tono de su desordenado cabello, su mandíbula es fina, sus manos están suaves.
-Lo dijo antes de cerrar los ojos -dice mirándome a los ojos. Su mirada me intimidad, de cierta manera estoy algo avergonzada.
-Kay hablemos afuera.
El retira su mano suavemente y sale con la doctora, lo veo mover la boca a fuerza por la ventana y de rato en rato mirarme.
Poco poco voy recobrando la fuerza en el transcurso de los días, después de varias pruebas me dectaron amnesia retrógrada.
En estos días le han llenado de preguntas pero yo no he sido de mucha ayuda, por otro lado el señor Franklin ha venido varias veces en estas semanas para ver mi proceso.
-¿Hija cómo sigues? -me pregunta.
-Mucho mejor señor -digo levantadome del sofá.
-Mi hijo no pudo venir hoy, pero me dijo que si has pensado en lo que te dijo.
Lo miro a los ojos y asiento con la cabeza.
-Señor yo realmente no sé de dónde soy o de dónde vengo, su hijo dijo que me llamaba Amelia...
-Para nosotros será un gusto que vengas a vivir a casa con nosotros, Kay es un chico irresponsable, de mal carácter, pero estas semanas ha demostrado responsabilidad, y el sentido del compromiso -mira a otro lado y luego vuelve a mirarme -yo también te pido lo mismo, que vallas a casa con nosotros, hasta encontrar a tu familia.
Él señor avanza y yo me quedo en mi lugar, me da un abrazo y yo abro las manos para darle también un abrazo.
-Papá -escucho su voz en la puerta.
-Kay -dice sorprendido y alejándose de mi algo nervioso.
Kay me mira y yo lo miro.
-¿Cómo amaneciste hoy Amelia? -me pregunta con la voz sería.
-Bien -es lo único que puedo responderle.
-Papá la doctora quiere que firmes los documentos de alta de Amelia -dice.
-Claro voy -responde rápidamente.
Kay me toma de la mano y sonríe.
-¿Te puedo pedir algo? -me pregunta.
Asiento con la cabeza y se acerca a mi rostro, estamos a solo milímetros el uno del otro, hasta que llega a mi oído.
-No confíes mucho en mi papá.
Se aparta de mi y contengo el aire, nos mejillas están rojas. Él sonríe y inclina la cabeza pone sus manos en mi rostro.
-¿Te puse nerviosa? -me pregunta.
Kay tiene las maletas en su mano, con todas las cosas que metí, alguno son recuerdos de gente que conocí en estas semanas, igualmente el terapeuta vendrá a verme muy frecuentemente, en eso hemos quedado.
-Kay -llamo. Él se pone a mi costado y me mira.
-Me puedo quedar una semana más en el hospital.
Kay me mira con el ceño fruncido y pone lo ojos en blanco como siempre lo hace desde que lo conocí.
-No es una opción, pospusimos tu salida porqué te pusiste como loca a gritar en la entrada.
-pero...
-No volverás a gritar ¿Verdad? -me pregunta.
Lo miro y pongo mi cabello corto detrás de mis orejas.
-No creo -respondo.
Cuando las puertas del hospital se abren y veo a la gente caminar, carros ir y venir y me asusta eso, me asusta. Miro a Kay quien me mira también.
-No valla a gritar.
Se que ve el miedo en mis ojos. Pone la maleta en su cuello y me toma de la mano.
-Has pasado muchas semanas aquí no puedes simplemente quedarte a vivir aquí, cuesta demasiado dinero.
Cuando escucho las palabras dinero y demasiado me asusto.
Las puertas se vuelven a abrir y pongo un pie fuera de mi lugar seguro, no es como lo pensé, la gente no me mira extraño, simplemente me ignoran y pasan por mi costado.
-Kay no es como pensé.
Le digo saltando de felicidad, él me sonríe y niega con la cabeza.
-Ven sube al auto vamos a casa.
¿Casa?
¿Qué me pasó? -siempre me pregunto eso cuando estoy sola, siempre me pregunto que era antes de llegar aquí, que hacía.
Según los doctores tengo entre veinte y veintitrés años, soy joven.
Kay toma mi mano y tira de ella para que lo siga. Caminamos los dos tomados de la mano y miro muestras manos juntas, mi estómago da pequeñas punzadas.
Cuando nos detenemos estamos frente aún auto grande y negro brillante, me gusta al verlo.
Mi cabeza me duele repentinamente que me tomo las sienes con fuerza.
-Amelia -susurra Kay, abre la puerta del auto, mete rápidamente las maletas.
Unas imágenes borrosas de una niña corriendo hacia alguien, solo logro verla sonreír, mientras lo único que logra ver es unos zapatos negros bien limpios y brillantes, un pantalón negro suelto. Autos negros estacionados frente...
Esa imagen es borrosa, se distorsiona de rato en rato, mis ojos están bien abiertos. Veo a la niña abrazar las piernas del hombre .
Unas lágrimas escapan de mis ojos y la imagen se desvanece. Kay me está sujetando de los hombros, alzó la mirada para encontrarme con los ojos grandes y verdes.
-¿Estás bien? -me pregunta con evidente preocupación, lo miro unos segundos y asiento con la cabeza.
Subo al auto con su ayuda, me quedo pensando en la imagen de esa niña con su vestido blanco, corría con una sonrisa en el rostro hacia ese hombre.
¿Quién son? -me pregunto.
-Amelia.
Me mira y yo a él.
-¿Recordaste algo? -me pregunta.
Tengo miedo de decirle, así que niego con la cabeza.
-Quiza fue por que salte mucho -pongo una excusa.
Él niega con la cabeza y se pone en marcha.
-Runaway Baby -dice.
-Buenos días Kay, ahora pongo la música.
Me muevo de un lado al otro sorprendida.
-¿Quién es ella? -pregunto.
-¿Kay quién es esa mujer? -pregunta la voz.
-Es Amelia...
-Entonces una nueva chica, por favor no te olvides apagarme si van hacer cositas.
Kay da un frenazo, me voy hacia adelante para luego regresar con fuerza hacia atrás.
-Por favor, esas son cosas privadas -dice él.
-Solo lo digo por mi comodidad.
-Puedes poner la música por favor.
-Como órdenes.
La música comienza a sonar y yo miro a Kay quien se pone nuevamente en marcha. Él comienza a cantar y yo con él. Se detiene unos segundos y y voltea la mirada.
-Amelia -me llama.
-Kay...
-Kay tu ritmo cardíaco a subido, estás nervioso. ¿Esta todo bien? -vuelve a decir la voz.
-¿Quién es?
-Mi papá ha desarrollado inteligencia artificial, no sé si sabes de Iron Man.
Niego con la cabeza.
-Bueno él es algo así, tienes un asistente virtual.
-Yo no soy solo un asistente virtual, yo soy la familia de estos niños.
Niños...
Kay no ha hablado sobre su familia en todo el tiempo en el hospital.
-Como tu digas.
Kay extiende la mano hacia el asiento del copiloto y me entrega una tablet.
-¿Quieres verla? -me pregunta.
Asiento con la cabeza y veo que en la pantalla aparece una mujer de cabello castaño claro, los ojos del mismo color de Kay, algo mayor y con una blusa blanca.
-Hola Amelia -dice dejándome sin palabras y con la boca abierta totalmente sorprendida.
-Mi padre es un genio.
-Ella parece una humana en una vitrina.
Escuchamos los claxonazos de los demás conductores y el se pone en marcha, veo la tablet con mucho asombro, no puedo dejar de ver de reojo a Kay por el espejo retrovisor, estoy sorprendida.
-Kay -dice ella.
-Dime -dice Kay con la voz seria.
-Ve por tus hermanos al colegio...
-¿Qué paso ahora? -le pregunto.
-Problemas.
Es lo único que puede decirle. Kay detiene el auto unos segundos y luego voltea a mirarme.
-Bueno iremos por mi hermano.
Asiento con la cabeza. La tablet se enciende sola y veo las letras pequeñas.
"Si Kay sale de control detenlo"
Logro leer antes que el mensaje desaparezca. Vamos en silencio hasta que se estaciona en un lugar hermoso. Mis ojos ven los inmensos árboles, veo un estanque de agua, veo autos muy bonitos.
Kay baja del auto y yo también bajo con él, su espalda está firme, se pone unos lentes negros y camina con seguridad, es como el matón de las películas que vimos hace poco.
-Kay...
-Sube al auto.
-Ire contigo -digo. Comienzo a correr rápido hacia él para agarrarle el ritmo.
En la entrada a ese lujoso colegio veo cámaras de seguridad y guardias, bien vestidos. Kay ingresa y yo detrás de él, me miran y luego desvían la mirada.
Kay avanza por los pasillos solitarios.
Veo a un niño con lente grandes y delgado sentado al final del pasillo, tiene el polo roto , nos vamos acercando más.
Kay ni lo saluda, pasa por su costado con indiferencia. Miro al niño en la banca, veo sus brazos morados y su mochila a un costado también algo rota, su mirada hacia abajo, veo su pómulo con una raya.
Avanzó pero Kay niega con la cabeza y cierra la puerta.
-Hola -saludo.
El no levanta la mirada, me siento a su costado y veo que su shorts están mojados.
-¿Estás bien? -le pregunto.
-Acaso no me ves...
Este debe ser el hermano e Kay, su manera de responder el igual a la de él.
-¿Quién te hizo esto? -le pregunto.
Él alza la mirada y se queda mirandome con los ojos abiertos sorprendido.
Que raro que me mire así, me siento algo avergonzada.
-¿Eres Amelia? -me pregunta.
Asiento con la cabeza y él se pone más rojito.
-Eres más hermosa de lo que ha descrito Kay -me dice mirando hacia otro lado.
Me pongo de cuclillas frente a él y el evita mi mirada.
-¿Quién te hizo esto? -le pregunto con mucha calma.
-Si te digo quién me hizo esto ellos me van a golpear más fuerte mañana.
Tomo sus manos y veo que están sucias. Esto no fue el trabajo de una persona, sino de varias.
-¿Es de tu edad? -le pregunto.
-Son de último año -dice él.
Asiento con la cabeza.
-Escucha, si me dices quién fue yo podré resolverlo.
Veo la mirada de esperanza de él.
-Si me dicen quién fue, haré que no te molesten, Kay saldrá de esa oficina y irá a matarlos.
De inmediato da un salto de su sitio asustado.
-No puedo permitir que Kay vuelva a meterse en problemas.
Ve el reloj que lleva en su muñeca y es el mismo que Kay usaba hace unos días, pero el suyo está roto, con la mitad de la pantalla partida y en total color negro.
-Si te digo evitarás que Kay se meta en problemas...
Asiento con la cabeza y él toma mi mano para caminar rápido y yo seguirlo. Caminamos por varios pasillos hasta llegar a la puerta de color marrón oscura.
-Es el más grande de todos, él es muy malo.
Pongo a Kay detrás mío y tocó la puerta, un hombre de traje me abre la puerta y me mira de arriba hacia abajo.
-Buenas tardes, ¿En que te puedo ayudar?
-Busco a alguien.
-¿A que buscas? -me pregunta.
-Lucio -dice él en un susurró.
- A Lucio.
-Lucio -llama el profesor. Escucho como los pasos del muchacho se acercan.
-¿Todo bien profesor?
-Te están buscando.
Cuando me mira se quedan en silencio.
-No la conozco.
-En dirección me vas a conocer.
Escucho los vociferar a sus compañeros, me mira algo asustado.
-Si es contigo voy a donde sea.
Todos comienza a reírse.
Sonrio, por unos momentos me siento en esas películas donde yo soy el héroe de ya historia defendiendo al débil. Son como las películas que he visto con Kay.
-Mas respeto Lucio -dice el profesor.
Cuando Lucio está en la puerta, mi puño impacta su nariz haciendo que retroceda hacia atrás. La boca del profesor se abre por la sorpresa.
Lucio está con la nariz sangrando. Intenta golpearme, tomo su mano y uso toda mi fuerza para tirarlo al piso, uso su peso a mi favor y al piso.
Esta aturdido.
Veo al de lente abrir la boca sorprendido.
-¿Te dolió? -pregunto.
Pongo mi cabello detrás de la orejas y le doy tiempo para que se levante.
Es algo gordo, si llega golpearme se que terminaria en el piso, pero es lento y eso es un factor a mi favor. Se levanta tomando su nariz.
El profesor tiene la mirada en el pequeño de lentes y comprende la situación, intenta tocarme pero lo empujó hacia atrás.
-Lucio te explico -digo poniendo mi pie en la boca de su estómago.
Todos los alumnos están en la puerta queriendo salir pero el profesor los detiene.
Presionó con un poco de más fuerza.
-Si vuelves a tocar a lentecitos te juro juro que rompere tus brazos -amenazo. Él está con los cachetes rojos.
-Profesor -gritan los chicos.
Quito mi pie de encima y me pongo de cuclillas a un costado suyo. Tomo su rostro con una mano y aplicó presión.
-Yo solo hago una vez.
Veo miedo en su mirada, pero al ver mi manera de actuar también me sorprendo, relajó la mirada y me pongo de pie, estoy confundida.
Veo a Kay venir molesto hacia nosotros, esta mirándome y luego su mirada es de confusión. Veo a una mujer de edad mayor detrás de él.
Kay fulmina con la mirada a lentecitos y yo lo pongo detrás mío, me mira y niega con la cabeza.
-Esa tipa parecía de la mafia -dice un niño en dirección -lo tiro al piso con facilidad, pero antes lo supo aturdir de un puñetazo preciso.
Lentecitos está en una esquina algo avergonzado y cubriendo su shorts mojado con su mochila. Kay está a mi costado y yo también estoy avergonzada pero no me arrepiento.
-Le dijo que le rompería los brazos.
Kay me mira sorprendido.
-Creo que ver el Padrino te afectó el cerebro -me susurra molesto.
-Todo fue rápido, pero realmente Lucio se lo merecía.
Escucho hablar a la niña, tiene la mirada en lentecitos y él está nervioso.
-Lucio con un grupo más molesta siempre a Klaus.
Klaus. Miro a lentecitos y él me mira y hace una mueca de tristeza. Yo tambien lo estoy mirando algo triste.
Cuando salimos del colegio, Kay mira a su hermano y no dice nada, solo es una mirada sería y fría.
-Ese puñetazo fue fabuloso -dice Klaus.
-Obvio baby -digo extendiendo mi mano hacia él y chocandola con él.
-Ya -grita Kay.
Me mira molesto y yo tomo a lentecitos de la mano y caminamos hacia el auto.
-¿Qué hubieras hecho Kay? -le pregunto.
Me mira a los ojos y se acerca a mi, invade mi espacio personal. Aún tengo de las manos a Klaus.
-Yo lo hubiera matado.
-¿Entonces estás molesto por no haberle matado? -le pregunto.
-Kay...
-Callate Klaus -dice molesto.
Klaus agacha la cabeza. Miro a los ojos a Kay y tiro de Klaus para subir al auto.
-Abre la puerta -ordeno.
-Te estás tomando atribuciones que no te competen -dice molesto.
Me quedo en silencio unos segundos, él abre la puerta y el primero en subir el Klaus.
Kay sube al asiento del conductor. Cierro la puerta y veo que Kay comienza a golpear el timón con fuerza. Las puertas se abren.
-Kay respira.
-Callate -grita.
-Klaus está en el auto -dice la voz.
Klaus baja asustado del auto, las puertas se cierran sola rápidamente.
-Lamento meterte en problemas -le digo.
Él niega con la cabeza.
-Nadie entiende a Kay, ni yo, ni Keyla.
Las puertas se vuelven a abrir y no subimos.
-Kay yo trazare la ruta a casa y pondré en pilotó automático.
Las puertas se cierran, y el carro a avanzar solo.