Aida Bell siempre se quedaba en el laboratorio por trabajo, pero ese día decidió regresar a casa con su novio y compartir una apasionada noche con él, después de todo, tenía una maravillosa noticia que contarle.
Sin embargo, cuando llegó, se sorprendió de que su media hermana estuviera en su lugar. Teniendo sexo con su novio en la misma casa y en la misma cama donde dormían. Aida no pudo contener las lágrimas, solo pensaba en irse de allí y después enviar al infierno al hombre que decía amarla sobre todas las cosas.
De la misma manera que entró, tomó sus cosas y salió por esa puerta nuevamente, dejando atrás aquella dolorosa escena. Espero pacientemente fuera de la casa y se llevó la sorpresa de que su novio llevo incluso a su hermanastra de vuelta a casa después de acabar aquella atrocidad para su corazón.
La mujer respiró hondo y le envió un mensaje de texto a su ex novio diciéndole brevemente que se estaban separando. Ella no quería tener nada que ver con él y después de lo que vio, mucho menos. Su nueva vida estaba llegando y él no estaba incluido en ella.
Su nuevo objetivo era ahora un buen lugar para beber que le hiciera olvidar todo lo que sucedió y qué mejor que un lugar familiar. Aida bebió hasta olvidar su pena al mismo tiempo que su cuerpo no daba para más. Pronto subió las escaleras del bar que conducían a las habitaciones para descansar y para algunos clientes VIP. Abrió la puerta y sin darse cuenta de la figura que estaba sentada en el sofá de la habitación, tiró su cuerpo sobre la cama y cerró los ojos sin darse cuenta de que esa figura se acercaba lentamente a ella.
El olor a almizcle llenó las fosas nasales de la joven que abrió lentamente los ojos para mirar a un hombre apuesto, fornido y de rostro fuerte que la miraba como un depredador a su presa.
Aida lo recorrió con la mirada de principio a fin, el hombre la atraía y movía cada fibra de su cuerpo, y al parecer en ese hombre no le sucedía lo contrario. Le gustaba esa mujer y era más que notable; sus pantalones se apretaron con solo verla sobre esa cama con su vestido medio abierto, dejándole ver sus muslos y su cabello esparcido sobre la cama.
El hombre tomó el último sorbo de su copa para luego acercarse a la chica que lo esperaba con ojos brillantes y mirada triste mientras pasaba un trago amargo. Estaba muy nerviosa y su sentido de la justicia la estaba traicionando. Sin embargo, deseaba a este hombre y el sentimiento era mutuo. Y como si fuera una invitación, ese hombre se lanzó sobre ella como una bestia y la hizo suya durante toda la noche, disfrutando de cada segundo que pasaba.
El amanecer suplantó la noche que se fue con aquel hombre al que Aida recordaba vagamente y el dolor de cabeza no ayudó en nada en el intento por recordarlo.
Aida tomó su vestido y miró el desgarré en la tela, frunció los labios y suspiró con molestia antes de girarse para mirar al costado de la cama, notando una pequeña caja con un lazo dorado estaba junto a ella con una pequeña nota y eso la hizo sonreír.
Aparentemente, el hombre estaba orientado a los detalles a pesar de su apariencia fría y eso era algo raro en los hombres que había llegado a conocer.
Abrió la caja y se impresiono al ver su contenido, acto seguido se vistió y salió de allí como toda una diva aunque con una severa resaca encima.
Preparó todo y poco después se fue al extranjero. Su objetivo era seguir estudiando medicina y no se detendría por nada del mundo. Y así fue hasta unos años después, cuando recibió la noticia de que su padre estaba gravemente enfermo. Por eso, con un hijo enfermo de leucemia, volvió a casa.
Tomó el primer vuelo y llegó a la casa de su padre justo a tiempo. Al poco tiempo escuchó los gritos de su hermanastra por toda la casa y puso cara de molestia al escuchar lo que dijo después de lo que le hizo con su ex.
-¡No me voy a casar con un vegetal! ¿¡Se han vuelto locos!?
-¡Es necesario, hija! ¿No estás viendo a tu padre?
-No... digo, sí, pero no quiero casarme con ese hombre, me niego rotundamente.
-Cariño, ese hombre fue alguna vez el presidente de la compañía médica más grande. -Su madre explicó pacientemente-. Sigue siendo un gran partido, tendrás mucho dinero y ayudarás a tu padre.
-¿Cómo puedes decir eso madre? ¡Ese hombre sigue siendo un vegetal, no se va a levantar de ahí aunque le ocurra un milagro! ¡Imagina cómo voy a vivir con eso! No me importa si es el rey de todo el mundo, definitivamente no seré su esposa.
-Tienes que hacerlo por tu padre -insistió la mujer.
-¿Y por qué Aida no se casa en mi lugar? ¡Es perfecta! Ella es soltera y puede estar al tanto de esa verdura...
De repente la risa de Aida se escuchó por toda la habitación, estaba llena de burla y al mismo tiempo de conmoción. Escuchar a esa mujer decir aquella propuesta no generó más que gracia, teniendo en cuenta que la estaban eligiendo a ella.
-¿Y porque tendría que casarme yo con él si es a ti a quien están pidiendo en matrimonio?
-No puedo. Soy demasiado hermosa para casarme con un hombre que ni siquiera puede levantarse de la cama para ir al baño.
-La belleza se termina "hermana" -comentó Aida, levantando los dedos índice y medio de ambas manos-. Al final solo tienes la compañía de un buen hombre y nada más que eso.
-Bueno, la compañía de ese hombre no es la mejor de todas -murmuró a regañadientes.
-¿Por qué no peleas por ese hombre esta vez, Marie? No pierdes nada con intentarlo.
-No, definitivamente no. -Negó insistentemente con un gesto de disgusto-. Prefiero ponerme ácido en lugar de esmalte de uñas.
Aida resopló y trató de mantener la calma, pero fue imposible, la cara de estupidez de aquella mujer le revolvía el estómago de la misma manera que lo revolvía el recuerdo de su descaro.
-¡Vaya! En otras palabras, lo tuyo definitivamente es ir de palo en palo -dijo Aida molesta, poniendo los ojos en blanco-. ¡Típico de ti! Ya nada me sorprende contigo después de eso.
La cara de su madrastra fue de completa impresión, sin embargo, no dijo absolutamente nada. Guardo silencio de principio a fin y se limitó a seguir escuchando hasta que pudiese intervenir.
-¿Qué tanto estas murmurando, Aida?
-Estoy hablando de tu maravillosa escena en mi casa con mi ex novio, Marie. -Aida respondió tratando de respirar profundamente-. ¿Necesitas que te recuerde los gemidos que hiciste en mi propia cama?
Marie frunció los labios y aunque arrugó la cara, lo único que salió de su boca fue: "ya terminaron, supéralo". Seguido de una risa traviesa. Entonces ella no dijo una palabra más, sino que fue su madrastra y su padre quienes interrumpieron el incómodo momento.
-Escucha, Aida. Lamentablemente, la empresa no va bien y se necesita urgentemente una gran cantidad de dinero. Sólo la familia de ese hombre está dispuesta a darnos el dinero con la condición de que se casen con él.
Aida se pensó por un instante las muchas opciones en las que podía salir beneficiada, volteo a ver a su padre y asintió ligeramente antes de poner su condición.
-Tengo una condición... Si voy a aceptar, pero quiero que me prometas ayudarme con mi hijo. Tiene leucemia y mi prioridad es ayudarlo, que me ayudes a encontrarle una médula ósea. Por lo tanto, quiero que me prometas que me apoyarás con su cura.
-Haré todo lo posible por encontrar la médula ósea compatible para tu hijo y que le proporcionaré la medicina más importante de la empresa.
Aida quedó satisfecha con la aceptación de los dos seres que tenía delante. Sin embargo, no pudo mostrar felicidad por dos personas que desde un principio traicionaron la confianza de su madre y además dañaron su vida.
Pero eso quedó atrás y ahora su hijo era quien más le importaba. Ese horrible recuerdo ahora estaba en el pasado y ahora lo importante era el siguiente paso una vez acertar el matrimonio. Mientras tanto, en su mente había decidido en secreto que, en cuanto su hijo se curara, se divorciaría.
Poco después la estaban enviando a la casa de su futuro esposo en donde la cuidadora de su futuro marido la llevo al salón de banquetes, allí se encontraba toda su familia y en donde uno en particular llamo su atención.
El hermano de su futuro esposo era su ex novio y no solo eso, nunca le dijo que la empresa de su familia era grande y se dedicaba principalmente a la fabricación de equipos médicos y medicamentos especiales.
Aida hizo una mueca, pero antes de que pudiera expresar su molestia, la cuidadora volvió a buscarla y la condujo a la habitación del hombre que yacía postrado en la cama.
Este es el señor Caiser Jones, su marido. -Dijo la señora que amablemente la había guiado de principio a fin y luego se retiró, dejándola sola con él-. Con su permiso, tengo que retirarme. Cualquier cosa que necesites, no dudes en llamarme.
Aida le dio las gracias y asintió con una sonrisa. Por un momento lo miró fijamente y pensó que desde donde estaba el hombre se veía guapo, pero quería acercarse para verlo más de cerca y verificar algunas dudas y sentimientos que tenía. Sin embargo, Alex, su ex novio y hermano de su esposo, irrumpió en la habitación antes de que pudiera avanzar.
-¡Aida! Escúchame un momento, no te cases con mi hermano, por favor. Todavía te amo, terminar fue un error.
La mujer lo miró atónita, casi con un gesto de fastidio que trató de disimular.
-¿De qué estás hablando? Eso no fue un error...
-¡Dios mío Aida, mi hermano está en estado vegetativo! Si tanto deseas casarte con él, está bien, pero tan pronto como mi hermano muera podremos casarnos.
La mujer abrió los ojos severamente, sintió que alguien escuchaba escondido en las sombras y pronto fijó su mirada en un cuchillo para fruta que rápidamente tomó y lo puso en el cuello del descarado hombre.
-Escucha con atención, Alex. Me casaré con este hombre por mi propia voluntad y, lo que es más importante, porque lo amo y, créeme, estoy profundamente enamorada de él. Así que si no te importa, déjanos en paz.
El hombre apretó los labios con fuerza, frunció el ceño e intento quitarle el cuchillo de la mano. Entre ambos se desato una riña y una pelea que alarmo a los demás familiares que esperaban pacientemente fuera de la habitación, todos corriendo en dirección al alboroto y al abrir la puerta vieron a Aida llorando mientras Alex la sujetaba con fuerza.
Sin embargo, esto no fue lo más alarmante para todos, sino ver el cuchillo ensangrentado que yacía en el suelo.
Estaban espantados, preocupados, alterados y conmocionados con tal escena. Sobre todo porque conocían al hombre que sujetaba a Aida, y claramente una mujer no era motivo de aquel arrebato.
Y entre todo el alboroto, nadie se percató de los leves movimientos que Caiser hacía con los dedos en un intento por despertar.
-¡Aléjate de ella, Alex!
-Sí, muévete, ¿no sabes que eso te daría serios problemas?
-¡Dios! Este chico solo trae problemas.
Todos comenzaron a murmurar y rápidamente lo obligaron a alejarse de ella. Aparentemente, el único que no estaba seguro de lo que estaba haciendo era él.
-¡Discúlpate de inmediato! -Gritó uno de ellos al final de la sala y seguido de varios comenzaron a apoyarlo.
Después de tanta insistencia por parte de su familia, el hombre finalmente se disculpó a regañadientes y luego los separaron: se alejó de Aida por órdenes de su familia y a ella se la llevaron para curar su herida.
-Lo lamento mucho Aida, no queríamos que tuvieras aquel espectáculo recién conociendo tu prometido y peor aún, conociéndonos a todos.
-No se preocupe señor, es normal estos dramas familiares, ¿no cree usted?
El hombre se rio dejando ver sus dientes blancos, pareció hacerle gracia el comentario de la mujer que apenas estaba entrando a la familia. Cualquier otra en su lugar hubiera salido corriendo.
-En eso te doy toda la razón. Me alegra que seas diferente a las mujeres de hoy en día, es fácil saber cuándo las mujeres saldrán corriendo.
-Mi hermanastra seguramente saldría corriendo... -murmuró Aida para sí misma mientras asentía.
Una vez que terminó de vendar la herida, el hombre se levantó, se despidió y se fue mientras Aida pensaba en ese sentimiento de venganza hacia su ex novio con una sonrisa en los labios, para ella, el hecho de que se disculpara frente a toda su familia y ese choque de realidad que le había producido al saber que sería la esposa de su hermano y que él ya no significaba nada para ella, había sido como un caramelo y eso la hizo un poco feliz.
Y así, acariciando la herida cubierta por esa gasa, le vino a la mente el recuerdo de Caiser acostado en esa cama junto a las diversas escenas de esa noche de pasión con ese hombre misterioso que no recordaba del todo y fue entonces cuando abrió su ojos de par en par, surgiendo de un solo empujón de esa silla sintiendo un escalofrió recorrer su cuerpo y un sentimiento parecido a la emoción estrujar su corazón.
-¡Ay dios mío...! ¡Caiser es el padre de Bernardo! -Aída se llevó ambas manos a la boca y se la tapó, girando la cabeza en varias direcciones se aseguró de que no había nadie, y luego la destapó suavemente-. Dios mío... el mundo es un pañuelo, no puedo creerlo... Era él, definitivamente era él, es su cara, ahora lo recuerdo perfectamente, todo cuadra.
El día en que había descubierto que Alex la engañaba fue el día que consiguió trabajo en la empresa de su antiguo jefe tras trabajar mucho por ello. Luego salió a tomar algo sola para aliviar la tensión. Al final, cuando estaba ahogada en alcohol, entró accidentalmente en la habitación de Caiser quien no perdió la oportunidad de hacerla suya.
Esa noche ella quedó embarazada. Se fue a estudiar al extranjero como estaba planeado y dio a luz a su hijo algún tiempo después. Sin embargo, no esperaba que su hijo tuviera leucemia, y esto la preocupaba seriamente. Aida desistió de regresar al país y se sumó al equipo del médico, que la adoraba. Su principal objetivo era ganar dinero para tratar a su hijo y lo lograría.
Aida abandonó esos pensamientos y se concentró en darle un ligero masaje a Caiser. El hombre realmente la encantó y aunque era una mujer de respeto para otra persona, se moría por ver su cuerpo. Supuso que la cuidadora había hecho un buen trabajo al vigilarlo, pero aun así eliminaría esa duda de una vez por todas. Y, cuando Aida levantó la mano para tocar su cuerpo, su corazón latía muy rápido y cuando lo tocó, pequeñas chispas volaron de su cuerpo y sus ojos se iluminaron de inmediato.
Había algo especial en Caiser, algo que la hacía estremecerse, incluso cuando no estaba levantando las manos en su dirección para causar tales sensaciones.
Abandono algunos pensamientos, sin embargo, los sentimientos quedaron en su corazón haciéndolo palpitar sin parar durante todo el masaje. Aida no entendía cómo podía hacerla sentir aquellas sensaciones, pero sabía que algo en él era especial.
Realizo el masaje por todo su cuerpo utilizando las técnicas que aprendió en la escuela. Al mismo tiempo juzgó su cuerpo deleitándose con cada una de sus perfectas partes y determinó que sorprendentemente estaba muy bien cuidado, se veía exquisito a pesar de que estaba postrado en cama, su cuerpo no había cambiado mucho desde aquella noche juntos en su habitación y su rostro; Dios mío, era realmente guapo.
Las mejillas de Aida enrojecieron hasta el infinito y rápidamente lo sacó de sus pensamientos. Finalmente, termino y trato de bajar el rubor de sus mejillas.
El sonido de su celular llamó la atención de la joven quien no apartó la vista de ese hombre hasta no mirar de cerca la pantalla donde notó que era su madre y esto la hizo sonreír.
Hacía mucho tiempo que no sabía nada de ella y años atrás la había pasado muy mal con el engaño de su padre y su mejor amiga, ahora su madrastra. Y así, sin perder tiempo recibió la llamada con una amplia sonrisa.
-¡Mamá! ¿Cómo estás? -la saludo Aida con un tono alegre y lleno de energía.
-Cariño, estoy bien, ¿Cómo has estado tú?
-Si te dijera mi querida madre... -murmuró Aida entre risas. Esperando que su madre no le realizara una serie de preguntas.
-Ay, ay, ¿tienes algo que decirme? Eso sí que es una sorpresa, ¿y cómo has estado mi niña? -preguntó con una pequeña risa disimulada, junto con una sonrisa que Aida no podía ver pero sabía que estaba allí.
-Bueno mamá... -Susurro bajito-. Han pasado muchas cosas para ser honesta, pero todo va mejorando.
-Me alegra que así sea. Ya era hora de que todo mejorara, cariño.
-Así es como es. Tengo mucho que contarte, espero que tengamos mucho tiempo libre y poder contarte en detalle todo lo que ha pasado hasta ahora.
-Ya es hora, cariño, todo fluye según el destino, no nos apresuremos y dejemos que el momento nos traiga. Pero... ¿no hay un resumen previo?
Y así, después de un rato de alegre y divertida charla entre su madre y ella, finalmente colgó.
Aida estaba muy feliz, hablar con su madre siempre se sentía muy bien. Sobre todo después de tanto alboroto, comenzando con su pequeño enfermo y el tema del dinero, y terminando con el problema de su ex novio que claramente aún la molestaba debido al gusto que se había dado a sí misma hace un momento con sus absurdos intento de celos y que tuvo que disculparse después, debido a su estúpida conducta.
¿Cómo podía decir algo así sobre su hermano? Estar en estado vegetativo no era algo agradable y requería mucha paciencia así como el apoyo de su familia. Pero ni siquiera su propio hermano tenía alguna esperanza de que saliera de esa cama. Por el contrario, solo parecía ansioso por saber que pronto moriría. Incluso había tenido el descaro de decirle que una vez que ella muriera se casarían. Aida no podía creer la clase de persona que era su ex novio y lo tonta que había sido por no darse cuenta de eso antes.