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Vuelves a ser tú

Vuelves a ser tú

Autor: : Eilana Osorio Páez
Género: Romance
Es imposible no acordarme a diario de ella. Desde que estamos de nuevo en el mismo círculo de amistades ha vuelto a ser mi anhelo, a ser esa Brisa fresca que alegra mi mañana, la misma que se agradece en una tarde calurosa. Eso es, sin duda alguna, Blanca Varela en mi alma. No es fácil verla feliz en su matrimonio. Y para mi desgracia, a su lado se encuentra un hombre que la ama de la misma manera en que yo lo hago. Ya no viene al caso aclarar esos hechos del pasado. Pero duele verla y no tenerla, siento celos cuando no debo, me aferro a toda mi cordura para no arrancarle las manos al hombre que tiene todos los derechos sobre su cuerpo Yo solo me puedo conformar con tenerla en sueños. No solo por mi pasado iré al infierno, sino también por desear tanto la mujer del prójimo.

Capítulo 1 Recuerdos

Estábamos alborotadas y ajetreadas, además no contamos con la destreza de Patricia por el resto de la tarde. Pobrecita, tan feo que eran los síntomas del embarazo.

-Sin duda el bebé de Patri sabía que ahora sí puede joder al padre. -dije.

Virginia y Maju afirmaron. Regina, Sofía y Socorro se encontraban encargándose del tema de la comida, nosotras de la decoración, ellas les tenían sus detalles individuales, pero nosotras cuatro queríamos regalarle algo significativo y muy emocionalmente. Eso era lo que me tenía con los recuerdos a flor de piel porque miraba las fotos que habíamos mandado a imprimir.

-¡Esto ya quedó!

Comentó Maju sentándose en la mesa donde tenía un reguero de fotos. Virginia nos entregó una cerveza a cada una. Haber retomado nuestra amistad de la universidad, había sido un acierto.

-¿Te acuerdas de esto? -miramos la foto en la mano de Virginia.

-Si mal no recuerdo fue el primer día que tu marido y el mío tocaron. -Habló Maju.

Ese fue el mismo día en que lo conocí a él, a David... «Refunde ese pensamiento». Todas intentábamos darme ánimos a nuestra amiga por lo ocurrido.

» Mira qué cantidad de fotos. De verdad Fernanda es una fanática de la fotógrafa, tenía de todos nuestros momentos, capturaba bonitos momentos.

-Le gusta inmortalizar los momentos. -dije-. ¡Entonces! ¿Aprueban las fotos seleccionadas? Una vez las peque en el álbum no hay marcha atrás.

-Todas están bonitas. -Por estar mirando el pasado tenía un sinsabor en el pecho-. César ya viene por mí.

-Vete tranquila, yo me quedo ayudando a Blanca con el álbum. La decoración ya la tenemos lista.

Una vez solas, me concentré en mi tarea infantil, Virginia recogió todo el desorden y solo nos quedamos con el desastre de la mesa, me trajo otra cerveza.

-Voy a terminar tres quince, menos mal mis hijos los tienen mis papás.

-Veo que todas despachamos los hijos al cuidado de los abuelos. Mi suegra me dijo que se fueron con los Abdala para la finca de los L'Charme.

-Por lo pronto, si me sigues dando Cervezas, voy a llegar candente a devorar a mi adonis griego maduro. -Virginia soltó la carcajada.

-Alejandro estaría encantado si llego toda desinhibida.

Continuamos con la labor de pegar las fotos, me las pasaba y yo las pegaba en un álbum con los tips de diseño de patricia. Era un viaje en el tiempo, donde hizo a sus amigos y su carrera, todo era tema de la universidad. Una bella época para cada uno de nosotros.

-¿Cuántas faltan? -miré el celular. Iba a ser la siete de la noche. Llamé a mi esposo.

-Hola, Torbellino.

-Hola, mi Madurito. ¿Qué haces?

-Literalmente estoy en la oficina de Alejo con David mirando los proyectos. Esperamos a que ustedes se desocupen. Te fuiste sin carro, quedé de pasar por ti.

-En media hora ven a buscarme.

-¿Estás tomando?

-Mmmm tengo cinco cervezas en la cabeza, esta noche ya sabes lo que te espera. -La carcajada de Deacon me encantó-. Te amo.

-Yo más. -Virginia me miró.

-¿Qué?

-¿Si lo has notado? -No tenía idea de que hablaba-. Veo que ni cuenta te has dado. Mira las fotos.

-Ya las he visto. -Me miró.

-En todas esas fotos tú y David quedaban juntos, mira siempre juntos, -ella que dice eso y mi corazón bombeó más fuerte de lo que podría imaginar-. Mira. Él en muchas te mira.

-Lo hacía porque no le gustaba mi forma de ser.

Estaba siendo analizada por Virginia, terminé de pegar la última foto, era la de nuestro día de graduación, al mirar la foto si era cierto, David me miraba, en esa época éramos novios a escondidas, nuestra relación fue tan rara. A Virginia le había dicho que fueron unos meses.

Pero la realidad era otra, fuimos pareja por casi dos años en una extraña relación de ser y no ser. Nunca tuvimos sexo, éramos vaciles de besos, y yo como una tonta creía estarme ganando ese solitario corazón mientras que pasaban los días y él demostraba más interés en mí. Pero la verdad fue otra. Después de la graduación pasé la peor vergüenza de mi vida, y tal vez sea por las cervezas ingeridas o por las fotos del pasado, mi mente me trajo ese momento.

Estaba muerta de miedo, había decidido entregarme a David y así él ponga resistencia, insistiré, toqué la puerta de su apartamento. El corazón se me quería salir, quería aclarar nuestra relación. Él abrió en pijama, solo con el pantalón, me sonrió con picardía, para el mundo entero él puede ser una persona seria, pero era todo lo contrario, era muy divertido y tierno.

-Brisa, ¿qué haces aquí?

Me encantaba que me llamara de esa manera. El día que nos conocimos me apodó enseguida y lo más lindo fue que después de tantos años aún era un secreto ese apodo. Cada vez que Alejo le gritaba a Virginia Belleza o César llamando a Maju Bonita, él buscaba el modo de decirme al oído Brisa.

Mi reacción esa noche fue lanzarme a besarlo, beso el cual correspondió con mucha pasión. Nos estábamos calentando demasiado, detuvo lo que estaba pasando, pero antes hizo fricción en algunos lugares.

» Necesito agua.

Me eché a reír. Lo vi desaparecer y estaba igual que yo, lleno de deseos por lo que pude ver. Tenía veintiún años y yo seguía virgen; vine en busca de mi primera vez y lo iba a obtener con mi novio. Por eso me quité el vestido, cuando David salió de la cocina se quedó mirándome, mi corazón latía a millón, no dijo nada, se acercó, se agachó, tomó el vestido al acercarse.

Me alzó los brazos, no sabía que iba a hacer, pero le obedecí. Sin embargo, jamás me imaginé que ese día me fueran a humillar tanto, con intención o sin ella. David volvió a ponerme el traje y con ello, destrozó mi autoestima.

-David...

-Blanca no es necesario.

Luego se alejó, su teléfono estaba sonando, me quedé en la sala de su apartamento con mi rostro encendido, hasta los brazos los tenía rojos, no podía ni con la vergüenza conmigo misma.

-Eso significa que no fui suficiente...

Los ojos se me humedecieron y al ver que pasaban los minutos no salía fue más evidente la vergüenza. Vine a entregarle mi virginidad, me ofrecí en bandeja de plata y... Con el mayor silencio posible salí de ese apartamento, antes de llegar a la recepción las lágrimas no pude controlarlas. ¡Qué vergüenza!

-¡Blanca! -Virginia me trajo al presente. No había vuelto a pensar en eso, no desde que era una mujer casada-. ¿Estás bien? -afirmé-. Maju me acaba de escribir que Julieta Lara confirmó la asistencia. Al menos David ya no estará solo. -sonreí.

-Ella tuvo algo con él, ¿cierto?

-Eso dicen, jamás escuché a David hablar al respecto. Desde que nos graduamos no supe de ella. ¿Estás bien?

-Sí, solo nostálgica, ver cómo pasa el tiempo, aunque amo lo que tengo ahora, mi familia, mis hijos, mi marido.

-Te entiendo. En esa época era extremadamente feliz. Blanca, he aprendido a que las cosas pasan por algo. Míranos; nosotros debíamos de tener una ruptura para que Dios nos pusiera a un ángel en el medio y poder salvar a nuestro hijo. Así es la vida.

-Tienes toda la razón. Arreglemos el desorden, mañana a esta hora estaremos en plena rumba. Una vez nos timbraron a los celulares sabíamos que habían llegado por nosotras. Al salir mi esposo estaba en la puerta del auto, Alejo en su carro y David dentro del suyo, tanto Virginia y yo lo saludamos con la mano, él respondió con el sonido de la bocina de su auto. Llegué hasta donde Deacon; sus manos se enredaron en mi cintura para darme un delicioso beso.

-Los niños no están en la casa, ¿vas a cumplir lo que me dijiste por teléfono Torbellino?

-¿Cuándo te he incumplido?

-Jamás.

Le di un pico e ingresé a la camioneta. Puse con cuidado el álbum en la parte trasera.

-¿Y eso?

-Es nuestro regalo amor, ahora que lleguemos a la casa te lo muestro. Son infinitas fotógrafas de todos nosotros en la universidad.

-Nuestro regalo sin duda será mejor.

-No lo creo.

-Apostemos, siento que esta vez te ganaré. -hablábamos en griego.

-Un día entero siendo esclavos del otro como proveedor de intimidad oral.

-¡Me encanta! -Mi esposo soltó una carcajada, luego tocó la bocina para despedirnos de nuestros amigos.

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Nota: Hola a todas mis lectoras (es) ya iniciamos esta aventura de la cuarta entrega de la serie Perdóname, Vuelves a ser tú. Les recuerdo que se pueden leer las novelas por separados, pero tienen un orden cronológico (No voy a perderte, Caminos separado, Es mejor alejarnos), y se habla de todos los personajes en los anteriores libros. Un abrazo y disfruten de este triangulo de dos caballeros y una dama.

Capítulo 2 Soledad

Ingresé al apartamento, no tenía derechos de sentir celos, ¡ningún derecho...! Ella era muy feliz, además Deacon la adoraba, tenía una familia preciosa. Tiré las llaves al mueble, fui a la nevera y saqué una cerveza, en la mañana compré lo necesario para preparar mi comida este fin de semana... -La imagen de ella sonriéndole, verla besarlo-. Era difícil hacerle caso a lo que me pedía el padre Castro; por eso era preferible poner distancia, llegué al mueble, bebí media cerveza.

-Estoy solo.

Cada vez que veía a mis amigos, anhelaba tener lo mismo, así sea para tener una mujer que me lance zapatos. -sonreí-, tomé la billetera, saqué las tres fotos que aún guardaba de Blanca. Una de ellas era de cuando éramos novios, y las otras dos fueron hace poco; en una de las reuniones de nuestros amigos.

» El padre me dice que debo botarte, -le dije a la foto, definitivamente ya debía de estar loco-. ¿Por qué me duele tanto verte, Brisa?

Las palabras del padre regresaron. «David, puede que sea muy duro, pero no sucumbas en la tentación de desear la mujer, el prójimo». En mi sano juicio y raciocino estaba de acuerdo con el padre, pero el pecho no hace caso, ese órgano seguía vibrando con verla, o escucharla. «Hijo, ya tienes suficientes pecados que debes limpiar como para que te endoses otro»

» Debes comprender que ella no era para ti. -volví a decirme en mi triste monólogo.

Terminé de beberme la cerveza, el celular sonó. Era un mensaje de Alejandro, al abrirlo era una foto, la había enviado al chat que témenos entre nosotros tres, había otro donde estaban José Eduardo, Carlos y Deacon, otro donde estaban todos. Este era el privado.

La foto enviada era la de nuestra graduación, éramos de facultades diferentes, pero eran los grados de todas las carreras. A las afuera del coliseo de la universidad nos tomamos esa foto, estaba al lado de Blanca, había quedado mirándola a ella.

» Han pasado trece años y sigo jodido contigo. Espero algún día poder pedirte perdón. Jamás fue mi intención hacerte sentir que no eras importante. -Le dije a la imagen ampliada de Blanca en mi pantalla. Comenzaron las burlas en el chat.

«Como te dije David, mañana va a estar Julieta Lara». -Hice mi mala cara. Esa vieja era un fastidio.

«No empiecen, nos vemos mañana en el Desquite». -respondí.

«¡Salió correteado!» -escribió Alejando.

El despertador sonó, eran las cinco de la mañana, me levanté, me puse mi ropa de hacer ejercicio y salí a trotar, una hora después estaba en el gimnasio. -por mi nuevo proyecto de una empresa de vigilancia con un viejo amigo del pasado requería que me mantuviera en perfecto estado físico, estábamos recibiendo una buena acogida en el mercado.

Al ingresar al apartamento, fui a la cafetera y me puse a preparar el desayuno; salchichas, huevo con espinaca en un sartén, en le otras dos arepas de chócolo, mientras estaba andando el fogón, piqué la fruta para revolverla con el cereal y leche. Casi todo estuvo al tiempo. Desayuné.

No salí del apartamento, me preparé el almuerzo y luego la cena. Tomé el acordeón, lo puse en la mesa del comedor para que no se me quedara al partir. Me bañé de nuevo, bóxer, jean, camisa negra manga larga, mi chaqueta, perfume, pasé las manos por el cabello, ya que no encontré con qué peinarme. Todo quedó ordenado en la habitación, llaves de la casa, del carro, aunque muy seguro lo deje en el parqueadero de la discoteca, y regresaría a casa sin carro, porque iremos a tomar.

Acordeón en mano y directo al Desquite. «Karma». Llegando y ellos también lo hacían, Blanca, como siempre sonriendo, de la mano de su esposo, caminaron en dirección a mí... ni pienses en lo bien que le queda ese vestido.

-¡David! -saludó Deacon.

-Hola, Deacon. Hola, Blanca.

Nunca la había saludado de beso, como lo hacía con mis otras amigas, estrechamos la mano.

-Andando, Carlos dijo que en media hora estarán llegando, -ella se adelantó, su esposo la siguió y me quedé de último... Los labios rojos le quedan...

-¿Entonces te regresas el lunes? -indagó el magnate para hacerme conversación.

-Sí, señor. Mucho trabajo y Guillermo se quedó solo en el apartamento. -Llegamos a las escaleras.

-¡El Regalo! -gritó Blanca, Deacon sonrió.

-Ya voy por eso al carro, amor.

-Aquí te espero.

-Vayan ingresando.

Deacon se alejó y por un segundo nos miramos, jamás nos hemos quedado solos. Se giró, subió las escaleras, continué también mi camino, no supe con qué se resbaló, Simplemente por reflejo actué y evité que se cayera.

-¡Cuidado, Brisa!

Su aroma... ¡Carajos!, lo suave de su piel, lo bien que se sintió tenerla cerca. Había olvidado... ¡No pienses!

-Torbellino, ¿te hiciste daño?

Deacon llegó a su lado; me alejé mientras ella seguía pensando en algo. Tenía su pie alzado.

-Sí, pisé algo y me resbalé.

-Ingresemos. -dijo Deacon con el regalo en la mano, Blanca negó.

-Dime que pisé, se sintió asqueroso, -hizo una mueca que nos sacó un par de sonrisas a los dos. Su esposo miró y yo hice lo mismo-. Amor ¡¿qué pisé?!

-Flema, -la cara de asco de Blanca nos hizo reír a los dos sin poder evitarlo.

-¡¿Pisé un gargajo?! -tenía el pie alzado. Se miraron y él suspiró.

-Ten aquí David. Ya vengo.

Deacon le quitó el zapato a su esposa, bajó las escaleras y se alejó un poco para limpiar el tacón. Al mirarla ella lo hacía con rabia.

-¿Qué pasa?

-¡No me hablas fuera de una mesa de amigos, no me saludas como a las otras!, es evidente que te produzco... Lo que sea que te produzco, ¿ahora vienes y dices ese apodo?

-¿De qué hablas?

-Deja ese lindo apodo en el lugar al cual pertenece.

-No te entiendo, Blanca. -Era cierto, ¿de qué hablaba?

-¡No me llames Brisa!, sabes cuán significativo fue ese apodo para mí, perdóname por ponerme de esta manera, solo no quiero volver a recordar que por culpa de esa manera de llamarme me hice... ¡creí, en una mentira!

-Listo, Torbellino. -No comprendía su comentario o llamado de atención.

-Te recibo el regalo.

Dijo Blanca, se lo entregué. Mi mente trababa de pensar en su actitud. Ellos entraron tomados de la mano.

-¿Se te quedó el acordeón? -preguntó Alejo que salía de la discoteca.

-No, lo tengo en el carro.

-Yo también voy por algo olvidado por Virginia en el carro, últimamente soy el mandadero. -sonreí-. Vamos.

-Bien.

-¿Qué te pasa?

Miré a Alejandro, tenía tantas ganas de confesar todo el sentimiento de lo que en verdad había pasado y sentía. A algunos les he comentado por retazos. Sin embargo, su manera de hablarme era evidente que se encuentra dolida, discriminada y piensa que no significó nada para mí.

-Alejo, no preguntes mucho, pero ¿puedo pedirte un favor?

-¡Cómo no!, somos amigos.

-Como cosa tuya, ¿puedes cantar la canción Historia de amor de Nelson Fuente interpretada por Silvio Brito?

Alejandro se quedó mirándome. Como buen conocedor de lo que decían esas letras... su expresión era una confirmación a lo que les había ocultado, pero muy seguro si hablarán ellos, sacaban un resumen de mi triste verdad.

-David...

-Lo sé. Ella piensa que jamás fue importante, acabo de darme cuenta de que en parte me tiene rabia porque he marcado la diferencia entre ella y mis otras amigas.

-La letra de esa canción...

-Por eso te estoy pidiendo el favor Alejando. No voy a acercarme a ella para aclararle lo que realmente pasó. Ya no viene al caso, Blanca tiene su vida y eso lo respeto, pero tampoco me parece justo que se llene de resentimiento para conmigo por algo que no fue así y mi reacción es para.

-No lo digas. Ay, amigo, no alimentes sentimientos para con una mujer casada.

-No lo hago, sin embargo, ayúdame con esa canción. Por favor.

-¿No crees que se va a dar cuenta?

-Ojalá comprenda, esas letras es lo único que puedo decirle sin faltarle, esas letras es mi agonía diaria Alejandro, por favor...

Capítulo 3 Mi enemigo

En la tarima estaban los instrumentos de nuestros músicos, faltaba el acordeón... ¡Ignora lo ocurrido! Comencé a saludar de besos y abrazos, le entregué nuestro regalo a Virginia para que ella se lo entregara a Fernanda. A Deacon le ingresó una llamada, me miró, alzó una de sus cejas, giró la pantalla y era su hermano. Yo no tenía una suegra jodona, ni bruja.

Yo tenía un cuñado de mierda, un envidioso, mujeriego, despilfarrador, y rodeado de malas compañías. El cual por alguna razón decía que yo le hacía daño a la vida de Deacon; tal era su odio que al nacer mis hijos no le bastó el parecido que les hizo una prueba de ADN. Mi presencia en la familia Katsaros era similar al de una plebeya ante un gremio de aristócratas... «¡de pacotillas!», -salió mi yo, peleonera.

Según ellos, yo fui la embaucadora que fue por el dinero del magnate más cotizado y jodí todo su linaje, porque jamás uno de ellos se había casado con una tercermundista. «Por la gloria de lo divino», -en fin-, Deacon era tan diferente; él era perfecto, desde siempre ha sido un caballero y siempre me dio mi lugar. Pero en esa familia seguían adorando a la exesposa; se hacen de la vista gorda, aunque sea una golfa.

Para ellos no importa por ser de una familia respetable en Grecia. De hecho, la única vez que me salí de casillas, -y desde ahí mi esposo fue más tajante con los miembros de su familia-, fue cuando les dijeron bastardos a mis hijos y salió el tema de hacerles la prueba de ADN. Ellos mantenían una relación tirante, no se la llevan bien y desde nuestra boda hace diez años se convirtió en el brujo de mi cuento de hadas.

¡Ah! Eso sí, solo lo buscaba para pedirle dinero, y como mi marido era tan noble para no escucharlo decir barrabasadas termina dándole lo que él pedía. Lo llamó, ¿quién sabe ahora qué necesitará? Deacon se retiró a discutir con él, yo continué saludando a todos, incluyendo a Julieta Lara, nunca me cayó bien esa vieja. Ahora estaba más plástica que antes, no lo decía por las cirugías.

«Las cuales son muy evidentes», yo misma me reía de ese otro yo, el cual cree para no pelear con la familia de mi marido. No entendía la razón de su obsesión con las cirugías, somos de la misma edad, estamos en nuestra flor trentena, lo mejor de la vida, yo pensaré en ellas por ahí, en unos veinte años, si me animo, con lo cobarde que era con los quirófanos, -suspiré.

Con Deacon había aprendido a ser diplomática, fueron besos en una mejilla, besos en la otra, grito de histeria por parte de ella. -«Parece loca»- Virginia y Maju desviaron la mirada para no reírse en su cara, yo hice lo mismo.

-¡AY POR TODO LO CREADO! -gritó casi dejándonos sordas-. ¡Si a David los años lo pusieron más bueno! -volvimos a reír-. ¿Se ha casado? Díganme, ¡chicas, por favor!

-¿Tú no estás casada? -Le preguntó Maju, hizo un manoteo de eso no importa.

-A ese pelele le pongo los cuernos que me da la gana. -Las tres nos miramos, hasta ahí llegó mi intento de acercamiento con esa compañera de universidad-. ¡¿Qué?! ¿Acaso ustedes no les han puesto los cuernos a sus maridos?

-Mira, para mí la fidelidad es mi carta de presentación. -Le respondió Maju.

-No solo la tuya, -habló Virginia-. Ha sido mi decisión, solo tener un hombre en mi vida y cada vez me enorgullezco de la decisión tomada. En la variedad nunca está el placer.

-Que aburrida y anticuada eres Virginia.

-Suelen decirme eso, pero soy feliz.

-Ustedes, más que nadie, saben, que solo he sido de un hombre, -respondí.

-Las tres hemos sido de un solo hombre. -confirmó Virginia.

-¡Ay, no lo puedo creer! ¿Solo han disfrutado de un espécimen masculino? -miré a mi marido y parecía molesto, yo estaba igual con esta loca-. En la variedad si está el placer, mi querida Virgi. Hasta el nombre te queda. -En que momento se nos dio por invitar a esta loca.

-Con permiso y perdón por lo que diré. No me apetece reanudar una amistad. -Fui enfática. Ella alzó una de sus cejas tatuadas.

-Ya veo la razón del porqué llevas tres divorcios desde que nos graduamos. -comentó Maju.

-¡No me quejo!, estoy en mi cuarto matrimonio.

Alcancé a escuchar la respuesta antes de llegar a donde mi marido. Cada uno hace de su vida lo que se le apetecía.

-¿Qué pasa Torbellino latino? -Le sonreí, lo besé, los brazos de Deacon me envolvieron.

-Hay personas que no cambian, y ella es una de esas. Es lo más abre piernas qué se pueda ser, -la risa de mi marido me regocijó-. ¿Qué te dijo tu hermano?

-No prestes atención. Ojalá algún día alguien le dé su escarmiento.

-¿Te pidió dinero otra vez?

-Sí, -me tomó de la mano-. Ya le giré algo.

-Si no te pones serio con él. Hasta tu fortuna la despilfarrará.

-Sabes a la perfección que eso jamás pasará. Todo lo mío es tuyo y a él le doy de mi cuenta personal, jamás toco nada que sea de mis hijos, -no dije nada, no quería dañarme la noche que al parecer no pintará tan tranquila-. Escúchame, -acunó mi rostro-. El día que falte, él deberá conformarse con lo ya estipulado en mi testamento. Lo demás es tuyo y de mis hijos.

-No me interesa el dinero y lo sabes, ahora sí seré la trepadora ante todo tu gremio familiar y conocidos.

-¡Blanca! Eso me tiene sin cuidado, -bajé la mirada-. Disfrutemos del cumpleaños de tu amiga. Quiero ver la sonrisa de mi bella esposa.

-¡Deja de mandarle dinero a tu hermano cada vez que se gasta lo que le corresponde de su mensualidad! No me hagas ser drástica contigo.

-Es mi hermano, después de todo, -afirmé, al mirarme comprendió lo que había dicho-. Torbellino, sabes...

-Acabas de escoger el que yo sea drástica contigo.

-Blanca Katsaros.

-Varela, querido, -él detestaba cuando no anteponía su apellido, me había aguantado mucho ese tema-. Sabes lo aburrida que estoy con el tema de tu hermano, jamás hemos tenido un percance al punto de sacarte de mi habitación, pero llegó la hora. He tratado de no permitirle dañar mi felicidad. Pero me cansé de lo malacostumbrado que lo tienes Deacon, a veces siento que le tienes miedo. -Por un momento me quedó mirando.

-¿Mi hermano siempre será nuestro talón de Aquiles?

-Tú eres el culpable, se lo has permitido, como ti te tuviera amenazado. No sé cuándo te darás cuenta de cuan malo es, te envidia, me detesta y odia a tus hijos porque sabe que tu dinero ya no es para él. Pero el señor lo prefiere, así mi querido madurito, si gana la apuesta que teníamos, quedará postergada a ver si al menos demuestras por primera vez el ponerle fin.

-Y dale con lo mismo, -lo miré-. ¿Blanca vas en serio?

-¿Cuándo he faltado a mi palabra? Si tanto me quieres, al menos tómate la molestia de investigarlo, escucha lo dice, habla de ti y ojalá te des cuenta de que es una persona diferente e hipócrita. Frente a ti sonríe, a tu espalda te manda dagas.

Desde hace mucho lo descubrí hablando horrible de Deacon, de mí y de Adara. Desde entonces no quise tener ningún vínculo con él.

-Hagamos una cosa. Te voy a hacer caso, no me castigues.

-¡No querido!, esta vez no cederé, primero quiero evidencias.

-¿Lo podemos negociar?

-No, negociaciones cerradas. Primero evidencias de que contratas a un investigador.

-Bien. Ahora disfrutemos, además la apuesta no debe de cambiarse, ¿usted no tiene palabra, señora Katsaros? -hasta aquí llegó nuestro enojo.

-Tiene razón, ese acuerdo se lo puedo dar en cualquier parte de la casa. Pero a mi habitación no vuelve y después de las veinticuatro horas, esas son las horas de la apuesta, perderá los placeres de este cuerpo.

-Le recuerdo que usted se desvive por mis atenciones.

-Sobreviviré. Además, no ha ganado.

-El regalo de nosotros cinco hará llorar a Fernanda, -besó la punta de mi nariz-. Torbellino, te voy a hacer caso, mandaré a investigar a mi hermano.

-Cerciórate de que sea una persona que no se deje ver, o si lo hace que no se deje comprar. Sabes por qué te lo digo. Y solo cuando tenga la certeza, vuelves a mi cama.

-Para ser menor que yo, eres muy regañona y mandona, -le sonreí, volvió a besarme-. Al menos no me quitarán los besos, me encanta como besas.

-Ya somos dos.

Llegó la cumplimentada. De la mano de mi marido llegamos a felicitarla, la abracé muy fuerte.

-Feliz cumpleaños, amiga mía. -Fernanda estaba a punto de llorar.

-¡Damas y Caballeros! -Ese era Alejandro-. Terminen de felicitar a la cumplimentada que se le requiere en la tarima, por favor. -miró a sus compañeros-. Me falta uno ¡Deacon por favor!

Mi marido besó mi cabello y se dirigió sonriente a la tarima. Si algo me gustaba de nuestra relación era que sabíamos diferenciar las situaciones; el tema de su hermano era una cosa y el que lo destierre de mi lecho, por unos tres días máximo, era otra.

-¡Feliz cumpleaños amiga mía de mi corazón!

Exclamó Julieta. Fernanda abrió los ojos, esa si no disimulaba, Patricia llegó a mi lado mientras la recién llegada era abrazada por un derroche de hipocresía.

-Fernanda no se va a aguantar a esa mujer. José Eduardo acudió a la mirada del grito de ayuda de David.

-Esa la detiene antes de que empiece a hablar, o tal vez hoy se la aguante. -dijo Patricia.

-¡Qué felicidad tan grande me dio cuando Maju me invitó a la fiesta de una de sus mis mejores amigas!

-Gracias por las felicitaciones Julieta, pero jamás hemos sido las mejores amigas, así que no te pases de zalamería, sabes lo mucho que me choca.

-Te lo dije.

Soltamos la risa al ver la cara de esa mujer, la cual ni por enterada se dio. Virginia llegó con nuestro regalo, se lo entregó, lo miró un poco, nos abrazó al ver las fotos y repartió abrazos y besos, se veía feliz.

-Tenemos una amistad para siglos. -nos dijo.

-Fernanda, te esperamos en la tarima...

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