Me llamo Melany y estoy escribiendo esto porque estoy en terapia y suelen decir que esto ayuda. Al decir verdad yo no creo mucho en la terapia, pero decían que debía hacerlo porque hice cosas malas y es muy probable que siga lastimando a los demás. No lo hago por mí, lo hago por los que amo.
Les voy a contar como una persona normal y sin ningún tipo de problemas puede volverse loco y querer morir. No soy una persona maltratada, no sufrí violencia doméstica y de ningún tipo, pero creo que desde que tengo conocimiento de mi propia existencia quería desaparecer. Y una vez, comencé a tomar pastillas por alguna razón y por algo que después contaré, pero no, no lo merecía, nada en este mundo merece que te vuelvas un drogadicto a voluntad. Sí, efectivamente siempre sufrí de tristezas exageradas, pero no lo sabía.
Cuando era adolescente pensaba que era normal sentirse así, porque cuando lo eres, todo el mundo sufre, pero después, crecí. Y yo, sentía lo mismo. Entonces me di cuenta que todo el tiempo tenía que estar cuidándome, que debía sobreprotegerme más de lo habitual, que tenía que quizás leer un mismo mensaje muchas veces para saber cual era su significado. Y después supe que todo venía desde muchos años antes.
Cuando era niña, solía sentarme a ver a mis compañeros y no sentir que alguno de ellos me conociera profundamente, y de adolescente, cambiaba de grupos y con ninguno sentía que quisiera estar. Yo estaba sola, pero nadie me veía. Pero no crean que cuando hablo de esto estoy hablando desde una friki que no pilla ni cacho del pastel, yo había tenido mis experiencias, y mi familia me apoyaba en ello bastante. Pero es que una vez te acostumbras tanto al vacío que crees que es rutina. Alguna vez me acostumbré tanto a ese vacío que pensé que era mi forma de ser. Llegué a pensar que sentirme vacía todo el tiempo era una etapa, que alguna vez dejaría de sentirlo, que pasaría, culpé de todo a las personas por no completarme a mi misma, llegué inclusive a pensar que ser austera con las personas y desconfiar en demasía de ellas era normalidad. Llegué a pensar que tenía que fingir siempre, que si estaba en una fiesta solo debía generar situaciones que me causaran placer, pensé alguna vez en el amor, y que amar era el solo querer estar con alguien.
Pero con el tiempo descubrí que no quería realmente a nadie de las personas que pensaba que quería, que solo las necesitaba. Porque después supe que cuando realmente quieres, quieres que las personas estén bien, estén o no en tu vida, y yo no sentía eso. A mi me daba igual, ya no me importaban lo que les pasara si ya no estaban conmigo. Una vez un novio que tuve sufrió un accidente y lloré porque si se moría me quedaría sola, me quedaría sin novio. No lloré verdaderamente porque quería que no le hubiera pasado algún daño. Lloré porque lo necesitaba. Para mi en ese entonces era normal, y un día, ya no estuvimos más, y se volvió un extraño. Un día, la persona que pensé que quería y que amé me dio indiferencia y volví a recordar aquella vez donde creí que se había muerto, y descubrí, que si estaba muerto me hubiera dado igual y años más tarde, lo supe, lo quería porque me servía.
Suena cruel decir que alguna vez me pregunté en cómo se sabría si querías a un amigo, y alguien dijo que creía que si le pasaba algo malo, te dolería. Y pensé durante todo ese tiempo, si alguno de mis amigos se muriera, ¿me dolería honestamente? Supe entonces que por lo que sufriría es que me quedaría sin amigos, pero puedes sufrir ausencias y no necesariamente porque se mueren, y que puedes sufrir ausencias y no necesariamente porque quieres.
¿Estaría siendo cruel o siendo honesta? Reconocí entonces que todo estaba relacionado, que el vacío que siempre sentí con las personas y rodeada de gente, en realidad también estaba relacionado con no querer a nadie.
Solo quise a mis padres en toda mi vida y eso es totalmente cierto y a la vez triste, pero era opcional. Inconscientemente los elegía, porque al mentir a un montón de personas diciéndoles que las quería, me estaba mintiendo a mí. Pero mis padres me amaban, y yo los amaba, y era lo único real que conocía.
Y después vino aquello que quitó el vacío, no tomaba alcohol, comencé a tomarlo después de los dieciocho años, solo porque lo tomaba con algo que eclipsara el mal sabor. Entonces, el alcohol nunca fue fundamental para mí o algo que me interesara. No me llamaba la atención fumar marihuana, y no me interesaba fumar. A menudo mis amigos desde que comencé a salir de casa fumaban frente a mí y me la ofrecieron, incluso detestaba el olor, me parecía ilógico que las personas eligieran todo aquello cuando ni siquiera sabe como una coca cola. Y así podría seguir con un montón de drogas que pasaron junto a mí por mis amigas y sin embargo nunca las probé y probablemente nunca las probaría porque no me interesan.
Supongo que mucho de lo que ayudó es que todas las personas se metían cosas para probarle algo a alguien más, que lo podían hacer. Sin embargo, a mi no me interesaba caerle bien a alguien por algo que hiciera, y casi nunca me seducía lo que al resto sí. Pensaba que estaba en un nivel de superioridad mental en el que mi búsqueda iba más allá, como descifrar porque me sentía tan ajena de mi propio entorno, pero al final, la búsqueda se deterioró, y como todo, en las noches comienza a hacer demasiado ruido, y al volver a casa mi mente hacía inevitablemente un balance, ¿que perdía? ¿que ganaba? Cuando conocía a alguien, si me invitaba, me preguntaba silenciosamente, ¿ganaría algo teniendo un vínculo con esta persona? Y así comencé, desarrollándome exclusivamente con quienes me interesaran.
Y en un día, sin pensarlo tanto, lloraba, porque pensaba que me habían roto el corazón, lloraba a viva voz pensando y gritando que me dolía el pecho, y que me quería morir. Era angustia. Por lo que mis padres pensando en que su única hija mujer y sana, sin adicciones ni vicios se sentía tan mal que quería morirse, llamaron a un médico, el médico llamó a un psiquiatra, y mientras tanto, el médico dio unas pastillas antidepresivas y ansiolíticos para sacarlo de apuros.
Todo se paralizó. Volví a respirar, volví a ver el mundo, mis pulmones se abrieron, mi mundo y todo por un instante se detuvo, dejé de sentir el peso que sentía y volví a darle aire al mundo con liviandad.
Mi rostro había cambiado, pasó del llanto absoluto y de la desesperación a una serenidad impensada, un rostro libre de humor, tranquilo, pero tan frágil como ido. Ahí lo supe. Esa era la sensación que estaba buscando toda mi vida. El vacío se apagó y se silenció.
Días después comencé a ver al psiquiatra, que me recetó tantas pastillas como no podrías nombrar. Desde alprazolam, citalopram, fluoxetina, somnífeos, antipsicóticos, etc. Tenía un riguroso tratamiento pero no tardó mi cuerpo en acostumbrarse, cada vez pedía más. Y ahí es cuando comenzó todo.
Cuando digo que todo comenzó es porque ahí comienza esta historia, es la primera y única vez que la escribiré, que la tocaré y seré breve, honesta, cosa que no todo el tiempo lo soy. Y antes que nada quiero dejar sentado que no soy ejemplo de nadie y que sé que las cosas que hago están mal tanto como sé que soy la única dueña de todo lo que hago, que nadie fue responsable de lo que me sucedió. Nadie me obligó a nada, no es mi intención todo lo que causé, si pudiera ser otra persona lo sería, porque yo tampoco sé si quiero ser la persona que soy ahora. Pero no puedo cambiar, no porque no quiera, sino porque sencillamente, no funciona.
Mis padres se casaron y desde entonces, nunca se separaron. Siempre pensé que quería algo así en mi vida, o al menos eso pensaba cuando era niña, y así fue, así busqué, tonta, ilusionada y con esperanzas, salí al mundo que nada tenía para mí, pensando que el amor era de a dos y que la soledad era sinónimo de fracaso, quizás porque en algún lugar, alguna vez, nos dijeron que si moríamos solos, que si eras mujer y no tendrías esposo ni hijos, eras una persona fracasada, y aunque no creía honestamente en estas palabras, porque sentía que mi espíritu distaba de estos valores, lo intenté, intenté que me amasen, intenté amar, intenté que me correspondieran, intenté todo y en todo fallé, quizás porque nunca nos enseñaron que el amor más poderoso era el de uno mismo, hacía uno mismo.
Antes de preceder a contarles mi historia completamente voy a decirles que se resume en tres partes, un amor, un amor desquiciado, el desdén, y como mutilé mi cabeza con cada una de las cosas que me sucedieron. Es curioso que solo necesites a un ser humano para lastimarte, como a ti mismo.
Porque lo único que leerán en este libro es un amor tóxico, una niñata que no sabe como lidiar con sus sentimientos, que no sabe lo peligroso que son los asuntos con los que se mete. Lo que es, básicamente la vida.
Me leerán caer, y les pido perdón por eso, lo intenté. Realmente lo intenté.
Había descubierto que me habían puesto el cuerno, no era tan importante cuando lo veo en retrospectiva, el problema no radica en que me pusieron el cuerno, el problema radica desde antes. Cuando era adolescente me mutilaba los brazos porque pensaba que eso había que hacerlo, porque estaba bien, y cuando pasas tanto tiempo odiándote a ti mismo, estas cosas se vuelven normal. Pero yo pensé que me amaba, y al final no fue así.
Y tuve una esporádica relación en la que terminé con el corazón roto, pero el problema no fue que terminé con el corazón roto, el problema es que había hecho probablemente más daño a esa persona que lo que ella pudo haberme hecho poniéndome el cuerno.
Lo dejaba llorar en mi puerta, porque me divertía que llore, en momentos de ira, me abalanzaba hacía él con violencia y lo golpeaba, verlo llorar me agradaba, era estúpido y a la vez, reconocía el monstruo que había en mí. Esta persona, en algún momento me enamoró, y a mi me rompió el corazón. Honestamente no podía quejarme, porque le había hecho tanto daño físico y mental, que pensé y sostuve, que hay cosas peores que hacerle a alguien que ponerle el cuerno. Y es ahí cuando supe que necesitaba estar tratada, no podía seguir viviendo así, pensando en que podía maltratar a quien sea a mi antojo. Y no debes hacerle daños a quienes amas, mierda, como si fuera tan fácil.
Por un tiempo mantuve un tratamiento y todo parecía estar bien, la angustia había desaparecido, no existían altibajos y estaba tan drogada como para pensar siquiera en detenerme a reflexionar y adentrarme en porqués remotos de mi existir. Sentía estabilidad y por primera vez en mi vida tuve todo, lo que dijeran no molestaba, no dolía, nada era tan inmenso y nada requería de inmutación. Pero como dije, por un tiempo. Unos meses tardé en acostumbrarme a los somníferos, ya que no me hacían dormir, sino, todo lo contrario. Me dejaban ganas de seguir. Sin embargo, seguía nublándose el vacío, así que pensé que si tomaba más pastillas volvería a sentir aquello que sentí la primera vez que las tomé. Pero no, nada sucede del mismo modo dos veces.
Los ansioliticos y los antidepresivos no me daban ganas de comer, así que había adelgazado y estaba bien en el peso, porque en parte me agradaba de alguna manera retorcida sentirme los huesos. Me sentía como quería, que podía desnudarme frente a cualquiera, es más, quería hacerlo, porque todo estaba bien con mi físico, me sentía plena y cuando ese vacío volvía a visitarme yo tenía la solución, o pensaba que la tenía. La solución era tan pequeña, tan tangible, los llamé alguna vez tic tacs de la felicidad, tan digeribles y quien pudiera creer que algo tan fuerte estuviese en algo tan pequeño.
Recuerdo que me daba ganas de tener sexo y tener sexo nunca es un problema cuando eres hegemónica, cuando eres rubia, de tez clara y ojos verdes. Sin duda alguna alguien habría que pensaba que no era lo suficiente o tan bella, era muy probable que pudiese caer mal, que pensaran que era repulsiva o creída, pero no me importaba. Porque cuando sabes que puedes apagar el dolor, creas una línea imaginaria en la que no todo merece tu dolor. En parte no miento, no lo sentía. No todo podía tambalearme. Siempre había sido mi mayor enemigo, nunca importaba cuantas veces me dijeran que era linda, era igual a que me lo dijeran como insulto, porque jamás creí en las personas y cuando buscaba sexo, solo buscaba eso, quien me sirviera en ese momento solo para descargarme y dejarlo ir.
Pero el sexo no era lo suficiente, nadie me satisfacía, y honestamente creo que todos los hombres son unos imbéciles, pero que aquí el problema era yo. Tenía que drogarme, tenía que escuchar música y disparar mis sentimientos por distintos lados, porque sino, no era suficiente, nadie lo era. Supongo que en ese tiempo había dado una mala impresión a quienes me habían conocido, pero no me importaba tampoco. Incluso creo que el ser humano busca lo que sabe que nunca lo apreciará. Siempre había sido romántica y detallista, me importaba estar enamorada, era orgullosa de ser una novia fiel y empedernida, pero cuando lo hacía con chicos mientras estaba drogada, ninguno de ellos sentía que merecían ese trato. Creí que estos sentimientos eran recelos en contra de la vida por haberme puesto en el camino un montón de idiotas.
Detestaba verlos dormir después de tener sexo. Sentía que los odiaba, que su única función era hacerme sentir bien y eso tampoco lo hacían bien. Sin embargo, chicos que en mi vida hubieran parecido un sueño irrisorio querían tenerme, y en parte creo que eso es algo tonto e instintitvo del ser humano, querer sujetar algo que ya está perdido. Yo estaba perdida, yo no lo sabía y ninguno de los hombres con los que me acosté tampoco. Pero ellos sintieron lo que sentimos nosotros una vez tenemos sexo con alguien y sabemos que no nos volverán a llamar. Esta vez la que lo hacía era yo, y no fingía, no preparaba lo que sucedía como antes hubiera estado acostumbrada, solo estaba en la búsqueda inconsciente de algo que me hiciera sentir bien. Y mientras lo buscaba, cada vez más experiencias o tan siquiera algo me hiciera sentir mal, que me hiciera sentir una mierda, lo dejaba, comencé a robar las pastillas que eran de mi tratamiento para cada vez que sintiera algo como eso muera, y en el camino, moría yo.
Sabía desde siempre que mis padres confiaban en mí, que eran algo tontos y despistados, así que cada vez que podía entraba en las noches a sacar pastillas porque sabía donde las escondían. Me vieron algunas veces, cambiaban el lugar pero volvía a encontrarlas, así que dejaron de dármelas por algún tiempo, pero profundamente sabía que al final, mis padres siempre me harían caso. Y lo hicieron, volvieron a dármelas. Seguí con las pastillas hasta que sucedió.
Sucedió lo que sucede cuando estás en cosas como éstas de las que crees que lo controlas y en realidad, ellas te controlan a ti. Así que, tuve una sobredosis.
Pero antes de preguntarse sobre ello y odiarme, les voy a contar algo que creo que es menester para comprender el porqué una sobredosis no fue lo peor.
Mi hermano siempre ha sido la oveja negra de la familia, por alguna razón, siempre lo he visto drogado y borracho, y en mi infancia pensaba que nunca llegaría a ser como él. Pero cuando lo fui, lo fui con el aval de un médico psiquiatra. Esta es la diferencia de consumir drogas porque te las vende alguien de confianza que comprar las que necesitas y te haces adicto a la industria farmacológica porque crees que profundamente sin ella no vives. Siempre mi familia ha estado acostumbrada a lidiar con problemas como los de mi hermano y no me mal entiendan, no me ignoraban. Yo solo abusé de su confianza, la usaba a mi antojo. Robaba de las tabletas y al comienzo solo tres pastillas, luego fui en aumento y hasta que tuve treinta pastillas robadas en la mano. Me había robado la caja entera.
Una vez, sin que ellos lo supieran, tomé todas las tabletas que había, no recuerdo porque, pero estaba enojada. Me encerré durante días en mi cuarto y hacía mis necesidades en el suelo, junto a mi cama, donde dormía.
Si no mal recuerdo había muerto mi abuela y había cortado una relación, lo primero dolió más, pero luego vino la muerte de mi perra. ¿Es cruel decir que quizás lloré más por mi perra que por mi abuela? Pasé mi cumpleaños totalmente drogada, la vela y el canto de los felices deseos eran soplar para pedir no seguir más aquí, pero no lo sabía, porque ni siquiera estaba ahí. Y entonces, un día, estaba tan triste, tan enojada con la vida, que solo quería dormir. Y tomé diez pastillas, sabía que no me matarían, entonces las tomé, y recorrí a duras penas mi cuarto mientras mi equilibrio se iba perdiendo de a poco. Y al día siguiente, mientras hablaba, tomaba unas pastillas más y luego caí al suelo. No recuerdo más. Solo que al despertar, todos me rodeaban, que estaba en mi cama intentando balbucear algo que no se me entendía, que mi madre lloraba y que sin embargo, inconscientemente, pensaba que debería morirme así. ¿Así se sentía la muerte? No, la muerte no debe sentirse, así que estaba viva.
No recuerdo más, solo que seguí haciendo lo mismo hasta que existió otra vez.
No más pastillas, no más tic tacs, me las quitaron, como era humanamente comprensible. Tuve por un mes visión doble, no podía escribir ni lo que sentía, no podía hablar fluidamente y tardé días en recuperarme del todo, pero lo hice. No sé como es eso clínicamente posible.
Cuando hablamos con mi médico, dijo que debía seguir tomando las pastillas y por ende seguir con el tratamiento, porque me desmayaría de seguido por la ausencia de las pastillas. No sé nada de medicina, pero en el fondo sabía que no se sentía correcto. Pesaba cuarenta y cinco kilos y sin embargo mi doctor no lo atribuía a que se relacionara todo lo sucedido a mis pastillas que había tomado durante dos años y medio. Éste era el tercero.
Recuerdo que después de todas mis recaídas, cuando no podía tomar mi teléfono porque realmente no podía leer absolutamente nada, cuando nadie estaba ahí para mí más que mi familia, cuando estaba llorando porque quería que me dejaran drogarme, cuando lloraba por las cosas tontas de la vida, pensaba que quizás mis amigos estarían preocupados por mí, que se habían dado cuenta de mi ausencia, pero cuando volví a tener celular me di cuenta que nadie me había escrito, que ineludiblemente no le importaba a nadie, nadie pensó que estaba muerta, pero esto es lo que sucede cuando llevas tanto tiempo fuera y crees que desaparecerte durante meses es normal, un día desapareces porque realmente sucede algo, pero nadie lo notará. Y no es su culpa.
Sé que se preguntarán porqué luego de dos sobredosis seguía consumiendo y es que no lo sé precisamente, es que cuando estaba sola, todo volvía. Estaba recuperándome y mi madre me abrazaba llorando sintiéndose culpable, dijo que ellos me habían hecho eso, pero que saldría adelante. Y recuerdo que en silencio, veía al techo mientras estaba en el centro de su pecho, pensaba que quizás no quería hacerlo.
Y es que una vez te vuelves adicto a algo, debes tratar de que todos los días de tu vida sean una lucha para no volver a ello. Todos los días de ahora en más, serían un día más sin, cuando eres adicto te vuelves alguien que no eres. Llevas un tiempo limpio y luego te das todo, porque crees que te lo mereces, es tan duro, que debe ser un sacrificio de todos los días y no una sola excusa de ''lo hago porque estoy mal''. Pero sin embargo, esa excusa suena tan bien. ''No puedo cambiar porque soy así'' ''hago las cosas porque estoy mal pero nací así'' y aunque supiera que no quisiera lastimar a nadie en el camino, lo hacía de todas maneras, porque las drogas te alejan todo el tiempo de hacer algo bueno, porque un día haces algo imperdonable, y luego te justificas de que no lo volverás a hacer, pero luego haces algo peor, y vuelves a lo mismo, dices que lo intentas tantas veces, pero al final, ni siquiera te das la oportunidad, porque no quieres.
Actué bien durante un tiempo, realmente lo intenté, pero de pronto solo quería que ese vacío vuelva a disiparse. El tiempo que estuve sin pastillas eran una pesadilla, lloraba y sabía que estaba volviendo a ser yo misma, que después de haber sido otra versión de mi misma, volvía a sentirme mal, volvía a sentirlo todo, ¿es tonto aferrarse a lo mismo que sabes por lo que podrías morir?
¿Es tan difícil que me aferre a lo único que me hace bien y que llene el vacío aunque también llene mi epitafio? No recuerdo muchas cosas, pero, ¿saben? tampoco recuerdo lo malo. Todo aquello que me atosigaba durante años una vez las comencé a tomar, no significaron nada, porque como dije, nada es bueno ni malo cuando las tomas. Lo único que queda es el desinterés.
Un día te das cuenta que mientras te coges de los pelos y las personas te desilusionan, el vacío te acompañará siempre. Que las sensaciones y toda la mierda no la puedes controlar, no depende de ti, que es tan simple como ver que se te escurre entre los dedos, que se incorpora en la piel, que una vez llega al centro de tu pecho, te agitas, respiras con dificultad, sientes que te ahogas, y solo quieres que todo se detenga. Te palpita el corazón a mil, es como si necesitaras de aire prestado, y todos están ahí, pero nadie te ve. Porque el único que te ves eres tú, y es ahí, cuando las eliges. Cuando ya no te importa si son una, dos o tres, tomarías las suficientes para parar el mundo.
Y el mundo se detiene, y luego todo se disipa y sonríes, lloras, eres tú. O eso crees. Luego realmente vuelves a ser tú, al día siguiente, y al siguiente a ese, eres tú y ser tú se siente una mierda.
Me dijo una gran amiga, y ella es una de las personas que se amargan por cosas como el dinero, porque nunca alcanza. Sufre por amoríos como todo el mundo pero casualmente siempre está en pareja. Ella proyecta, hace planes, algunos resultan y otros no. Como sucede con la vida. Sin embargo ella alguna vez me dijo ''no puedes vivir de pastillas'' y me dolió. Porque era cierto. En el fondo sabes que está mal y que te vuelves un adicto, todo lo que te digan te molestará y te pondrá a la defensiva. ¿Porque no podría ser quien decidiera como controlar sus emociones?
Pero las palabras que enunció tenían verdad, no puedes vivir de pastillas, pero era lo que me funcionaba. No quiero tener una familia, no quiero ser madre, no quiero llegar a los cincuenta años, solo quiero estudiar lo que me guste, lo que pueda y no fallarme a mi misma, y para mí, en ésto último, las pastillas me ayudaban.
Puedo tener un montón de amor pero el chico más guapo solo buscará sexo. Puedo ser cariñosa pero ellos creen que no soy lo suficiente. Esa es la problemática de cualquier mujer dentro de este enjambre. También creo, que las personas realmente no buscamos más que sexo, aunque mintamos al respecto. Buscamos personas que se asimilan a nuestros mundos a sabiendas que una vida similar a la nuestra no nos aportará una nueva perspectiva. Al final, yo estoy sola mientras escribo esto y siento que lo único que complementaría el vacío que siempre sentí soy yo misma, y las pastillas me hacían creer que lo único que importaba era yo.
Había pasado tanto tiempo sin saber lo que era esto, sin haberlo descubierto. Quizás todos mis problemas en la adolescencia se hubieran revertido de ser porque podía darle un paro a todo lo que me molestaba, aunque luego te des cuenta que en realidad eso solo sucede para ti, y no para el resto...
Pero luego llega el desorden. La abstinencia, el escalofrío, la manía, la irritación. He recordado que en varias ocasiones golpeaba a un ex novio, antes de consumir pastillas. Lo golpeaba y eso me hacía sentir que tenía control, y luego, hice lo peor que una persona puede llegar a hacer, mucho tiempo después, cuando estaba con ellas, cuando mi tratamiento se desbordaba, las cosas se pusieron fuertes y mi madre me dijo que comenzaba a actuar como una drogadicta, peleamos y ambas nos empujamos. Una vez, tiré todos los muebles gritando con violencia cosas que no recuerdo, había dado vuelta la casa entera. Estaba drogada y enojada y ellos solo veían en lo que me convertí.
Me comentó mi padre luego, que sucedió todo, porque en esa casa pasábamos del infierno a la nada en un segundo. Y él dijo ''se te cambia el rostro cuando gritas'' y sé a que se refiere, pero entonces no lo entendí. No era la cara de alguien simplemente gritando, era la cara de mi misma, dando vuelta toda la casa con ira, porque eso hacen las pastillas. Dejan de estar bien y un día estás mal y todo explota.
Durante unos meses me desintoxiqué, porque la segunda sobredosis lo meritaba. Mi madre lloraba junto a mí preguntándome si ellos me lo habían hecho, lloraba diciéndose a si misma que yo no era así, que era sana, que era "buena'' Y efectivamente ahora no lo era. Ahora todo me causaba desinterés, solo me interesaba volver a consumir. Pero tuve varias crisis y el medicamento volvió, ésta vez minuciosamente, porque ya no sabía donde los escondían, o mejor dicho, lo sabía, pero quería hacerles creer que no lo sabía, porque si no los robaba, volverían a dármelos. Solo fingía. Y por un momento pensé en que nada de ésto tenía mucho sentido, no quería vivir todo el tiempo de pastillas, pero tampoco quería vivir con lo que sentía sin ellas. Así que pensé en acumularlas todas y dejar de tomarlas, de manera que si no tomaba diariamente, algún día tendría tantas que podría morirme.
Claro que eso salió mal, porque por algo estoy escribiendo esta historia, y porque para un drogadicto consumir es de extrema necesidad. No es tan fácil, sientes que si no obtienes tu dosis diaria te mueres, pero no lo haces. Lloraba porque si me sentía triste necesitaba pastillas y ya no lloraba porque estuviera triste, lloraba porque para detener mis emociones necesitaba consumir. No sé si entienden la diferencia, pero cuando consumes por un tiempo, se vuelve adictivo no sentir, entonces cualquier mierda llega, la sientes y te excusas para consumir. Necesito pastillas porque estoy mal. Necesito pastillas porque me estoy muriendo. Necesito pastillas porque quiero morirme. Los adictos son unos exagerados, escuché a mi hermano gritar lo mismo por alcohol. Esa era su dosis y como yo soy la menor, escuchaba lo que no debe decirse porque entonces así pensarían que no era igual.
Tomar pastillas me volvió tan olvidadiza y perdida, que en ocasiones me olvidaba lo que hacía, lo que había hecho el día anterior, lo que estaba haciendo, y no podía explicarle al mundo porqué es que no recordaba lo que me habían contado ayer, o porque la noche anterior había tenido sexo contigo y al día siguiente no podría verte. Tampoco podía explicar porque me detenía en el tiempo y a la vez volaba. Una semana era un mes y otras veces, el tiempo no pasaba. Pero lo hacía. La vida sucede, sigue sucediendo.
Las pastillas podrán hacerte olvidar lo que quieres, pero no son selectivas, también te hacen olvidar lo que debes recordar, cómo te sientes con lo bueno, te olvidas de tu compañero de clase que se sentaba en la otra fila del salón, no solo te olvidas de la persona que te gustó alguna vez, no solo te hará olvidar lo malo que te hicieron, también a veces te hará olvidar lo bueno y lo que importa. Aunque en ocasiones, prefieres sacrificar lo bueno, para no volver a tener lo malo devuelta.
Es gracioso, porque hubo un tiempo donde mis padres creyeron que yo era introvertida. En realidad estaba furiosa, odiaba a todos, pero en silencio. Y una vez que expulsé todo el veneno que había dentro de mí, ya no pude aprender a ser menos. No pude aprender a callarme, no pude aprender a ignorar las cosas, no pude fingir y comenzó el quiebre, porque entonces me había dado cuenta de una triste verdad, mis padres me amaban cuando era callada y tonta, no me amaban completamente, no amaban el caos que podía ser por momentos, y a su vez, eran misericordiosos porque después de las tormentas, podíamos pasar tiempo en familia juntos como si el mundo fuera perfecto. Pero dejaba de serlo cuando yo dejaba de ser la hija que ellos querían, la hija que tenía una adicción.
Y lo que más me molestaba de mis padres, es que no importaba, yo siempre los amaría y ese amor, como el de muchos otros en mi vida, me ataron, y me repetían una y mil veces que estaba mal. Nunca pronunciaron estas palabras, pero sé que se hubieran sentido mejor sin mí.
Pensaba, que algún día recompensaría todo lo malo que les causé, y solo empeoré mi relación con ellos con el tiempo. Y un día lo supe, podía estar lleno de buenas intenciones pero no tenían una coherencia real con lo que hacía realmente. Y realmente, solo causaba problemas.
"Las veces que te escucho estás drogada" comenzaba a decir mi hermano y a él lo detestaba como se detestan hermanos sin llegar a odiarse, y me dolió. Había tantas veces que había escuchado comentarios similares, como si Melany no fuera más que ello. Como si solo fuera drogas. Y comencé a reír de aquello, de apropiarme de lo que no era, porque si me apropiaba dejaría de ser cierto. Pero la verdad, lo era.
Y luego está la cuestión de que, al final, era mi vida. Y no quería a nadie que no entendiese mi vida, y como era de esperarse, nadie la entendía y todo cayó como en un juego de Jumbo. Quería vivir plenamente, sin planes, ni futuro, disfrutaba de no sentir nada por nadie y luego, todo se volvió en mi contra. Pero lo único en lo que puedo ser honestamente cierta es que no quería que nada de esto sucediera. No estaba de acuerdo en ser mala y no poderme decir basta antes de lastimar a alguien, simplemente no podía, pero es lo que me nacía.
Supongo que eso es lo peor de las drogas. Que te inmutan. Ves al resto llorar y a todos tus seres queridos preocuparse por ti, pero en el fondo te molestan. Esas son las partes malas de las drogas. Antes yo solía ser la hija ejemplar, hoy solamente soy un alma descarrilada con el yugo de mil fuegos y enojos. Y todo parece haberse vuelto cruel y despiadado, uno lo es. Porque no puedes tener la vida de una porquería si no te sientes como tal. Y aquello me pasó a mí, comencé un tratamiento, luego todo empeoró y luego las cosas se salieron de control y era muy tarde. No había perdón para nada de lo que había hecho.
Luego estaban mis amigas, que decirles, había tenido amigas toda la vida porque quería estudiarlas de cerca. Sí me hacían feliz, sí me daban pequeños ratos de risa, pero nada se comparaba con las preguntas que me hacía cada vez que me contaran algo y yo sentía que eran demasiado estúpidas para tener una conversación que me gustara. No hablaba con mis amigas sobre chicos, no hablaba con mis amigas sobre música, no hablaba con mis amigas sobre las películas y documentales que había visto, no hablaba con mis amigas sobre la universidad, en fin, no hablaba con ellas sobre muchas cosas. Y ellas no eran malas amigas, o quizás sí, pero las necesitaba para no ser un ente sin entorno social y ellas me necesitabas porque me usaban como un hombro para descargarse cuando no podían más, y a mí, honestamente esas cosas nunca fueron de molestarme. Sentía que eran tonta por sentirse como se sentían pero a su vez, todos somos tontos cuando estamos frágiles, supongo que lo único que podemos ofrecer a alguien es un hombro, porque por muchas ideas tontas que las personas tengan, esas ideas tontas pueden ser tristes, y pueden tener raíces mucho más complejas que las que podríamos estar viendo. Y la amabilidad es cuestión de un gesto desinteresado, sale gratis, y no te afecta realmente.