Preámbulo.
Vivimos en un mundo que siempre lleva un paso increíblemente apresurado. En reiteradas ocasiones observamos como sentimientos tan fuertes como el amor, y valores tan importantes como el orgullo, pasan a un segundo plano siendo desplazados por algo material que parece ser la gran respuesta mágica a todos los problemas, el dinero. Pero en la mayoría de los casos las personas terminaron descubriendo la maravillosa verdad acerca de esta batalla desigual. Esta es la historia de como dos personas decidieron reunirse por conveniencia, sin embargo terminaron descubriendo algo que vale muchísimo más que el oro. Los invito cordialmente a leer, "Y yo los declaro, matrimonio arreglado". ¡Comencemos!
Nunca había notado lo estruendosa que era la marcha nupcial de boda hasta ese momento. Ese "turutuntún, turutuntún", de verdad que te acelera el corazón de una manera impresionante una vez que ya estás allí, en ese altar y eres el centro de atención de todas las miradas. Absolutamente todas las personas que se encuentran sentadas en las bancas de madera ubicadas a tu espalda están observándote detalladamente, buscando en tí la más mínima señal de duda para comenzar a susurrar provocando ese incómodo eco en el ambiente, se siente como si miles de ratones estuvieran royendo la poca seguridad que quedara en mi. Lo que ellos no saben, es que yo no amo a la novia, Karol y yo nunca habíamos compartido ni siquiera un beso de amor. Ella para mi es simplemente una amiga que esta ganando mucho mas que yo en esta farsa que hemos decidido montar, ambos somos los protagonistas de una obra ficticia en la cual daremos todo un show exhibiendo un amor que en realidad no existe. Solamente rendidos a nuestros intereses, un pequeño sacrificio para obtener lo que cada uno quería. Lo cierto es que allí estaba yo, escuché ese inquietante órgano de la iglesia siendo tocado por una horrible anciana aparentemente sacada de una película de terror, mientras que Karol ingresaba atravesando toda la entrada principal caminando con su espectacular vestido blanco, dando la mejor actuación de su vida. Ya sé, seguramente se están preguntando, ¿cómo dos simples amigos llegamos a este escenario tan disparado?, pues tranquilos, yo les contaré nuestra historia. Solamente rendidos a nuestros intereses, un pequeño sacrificio para obtener lo que cada uno quería. Lo cierto es que allí estaba yo, escuché ese inquietante órgano de la iglesia siendo tocado por una horrible anciana aparentemente sacada de una película de terror, mientras que Karol ingresaba atravesando toda la entrada principal caminando con su espectacular vestido blanco, dando la mejor actuación de su vida. Ya sé, seguramente se están preguntando, ¿cómo dos simples amigos llegamos a este escenario tan disparado?, pues tranquilos, yo les contaré nuestra historia. Solamente rendidos a nuestros intereses, un pequeño sacrificio para obtener lo que cada uno quería. Lo cierto es que allí estaba yo, escuché ese inquietante órgano de la iglesia siendo tocado por una horrible anciana aparentemente sacada de una película de terror, mientras que Karol ingresaba atravesando toda la entrada principal caminando con su espectacular vestido blanco, dando la mejor actuación de su vida. Ya sé, seguramente se están preguntando, ¿cómo dos simples amigos llegamos a este escenario tan disparado?, pues tranquilos, yo les contaré nuestra historia. mientras que Karol ingresaba atravesando toda la entrada principal caminando con su espectacular vestido blanco, dando la mejor actuación de su vida. Ya sé, seguramente se están preguntando, ¿cómo dos simples amigos llegamos a este escenario tan disparado?, pues tranquilos, yo les contaré nuestra historia. mientras que Karol ingresaba atravesando toda la entrada principal caminando con su espectacular vestido blanco, dando la mejor actuación de su vida. Ya sé, seguramente se están preguntando, ¿cómo dos simples amigos llegamos a este escenario tan disparado?, pues tranquilos, yo les contaré nuestra historia.
Mi nombre es Ander Blanco, y supongo que todo comienza cuando conocí a Karol, lo que sucedió en la escuela siendo apenas unos niños. Para aquellos tiempo era una nerd, ya saben, colitas, lentes, siempre abrazando libros, eso la hacía un blanco perfecto para la burla de los demás compañeros. No me enorgullece decirlo, pero para esa época me dediqué a la infame profesión de los bravucones. Sin embargo hubo un punto de quiebre donde mis notas escolares se estaban yendo a la mierda, me encontré verdaderamente cerca de repetir el año escolar si no hacía algo rápido para subir ese bajo promedio académico. Fue entonces cuando ví una increíble oportunidad que se me presentó representada en la chica más inteligente de toda la institución, Karol Thorme, quién casualmente era la víctima número uno de todos mis bromas y abusos. Era hora de poner a funcionar toda esa gran capacidad que siempre había tenido para los negocios, aunque siendo sincero, creo que esa fue la primera vez que me percaté que podía arreglar algo si me fijaba en los intereses y necesidades de los demás, para luego compararlo con los mios en pro de obtener algun beneficio a mi favor. Así que le propuse una oferta que obviamente no podía rechazar, yo dejaría de molestarla si ella accedía a ayudarme para aprobar el año escolar. Sinceramente no fue la respuesta que esperaba, puesto que no importa la edad que tengas, jamás esperas que una dulce niña de edad te mande a comer mierda mientras golpea tus bolas con su rodilla, y menos cuando cree tener un control. Luego de varios días insistiendo, ella terminaría aceptando. Fue sin duda las mejores notas de mi vida,
Siempre la miré con ojos de amistad, incluso cuando la adolescencia llegó a ella de manera abrupta y dejó de usar esos horrendo anteojos, comenzó a usar ropa mucho más femenina, y ya no era la nerd sabionda que conocí. Pero ella siempre fue la misma chica inadaptada, al punto que nunca tuvo un novio en todo el proceso escolar, nunca tuvo amigas, su único compañero siempre fuí yo. A pesar de venir de mundos complemente distintos, nuestra amistad era algo muy especial. Luego terminó la escuela, yo decidí que quería ser psicólogo, pero si quería continuar mis estudios debía conseguir dinero para pagarlos, así que comencé a trabajar con mi padre haciendo tareas muy pesadas en el mundo de la construcción, mientras que Karol se fue con su padre millonario a otro país dónde ella recibiría la nacionalidad, un mejor futuro, una mejor economía, seguramente su vida sería excepcional. Así pasaron los años, lograría conseguir mi título con mucho esfuerzo. De Karol no supe mucho realmente, solamente las cosas que ella publicaba en sus redes sociales, perdimos comunicación durante algunos años. Mientras tanto el país donde vivían caería en una crisis económica nunca antes vista, las cosas cada vez iban de mal en peor, y sin siquiera una esperanza de mejorar.
Cuando cumplí mi mayoría de edad, mi padre quiso hacerme un regalo muy espacial. Así que me llevó al bar donde el siempre solía ir a beber, para mí era un mundo totalmente nuevo e inhóspito. Las bebidas, las luces, la música, las personas, las mujeres danzando con sus senos al aire para el disfrute de los "caballeros" que las observaban dando todo un espectáculo en esa pequeña tarima. Mi padre era muy conocido en ese club nocturno, pude notar que la mayoría de esas señoritas lo saludaban por su nombre. Obviamente él me pidió que no dijera una palabra a mamá de todo eso, me dijo que lo viera como un secreto entre padre e hijo mientras destapaba un par de cervezas más. Y entonces sucedió, el presentador comenzó a hablar con su voz grave a través del micrófono para llamar la atención de todos.
- Ella es una niña mala, y quieres ser castigada - decía el presentador muy entusiasmado - ¡ella es, Perla!
Una preciosa morena con una peluca de color rojo pasión comenzó a danzar completamente desnuda provocando una especie de mini infarto en mí, seguramente Perla ni siquiera me vio, debido a las luces y todos los hombres que le gritaban obscenidades, pero yo si lo supe inmediatamente ... Perla sería el primer gran amor de mi vida.
Esa noche tuve que esperar algunas horas afuera de ese bar para de esa manera poder tener una oportunidad de hablar con, la que para mí, era la mujer más hermosa que jamás había conocido en mi vida. A pesar de su cicatriz de cesárea, sus ojos sumamente dilatados, su ropa vulgarmente corta y esos tatuajes en casi todo su cuerpo, yo no podía dejar de ver belleza en ella. Le invité una cena a la que no dudó en decir que si, aceptando mi propuesta de manera casi inmediata sin siquiera conocerme.
En esa ocasión hice un esfuerzo gigante por llevarla a un lujoso restaurante en dónde me gasté hasta el dinero que no tenía, puesto que sobre giré mi tarjeta de crédito, pero al menos, para mí, valió la pena. Perla comía directamente del plato usando sus manos dejando residuos de comida alrededor de su boca, ignorando completamente los cubiertos perfectamente colocados sobre la mesa. El resto de las personas en las demás mesas la miraban y comenzaban a burlarse claramente de ella, ganándose así una mirada de desprecio procedente de mi persona. Porque sin darme cuenta me había enamorado a primera vista, todas sus acciones me parecían bastantes tiernas, y no iba a permitir que nadie se burlara de la mujer que amaba.
- La luz de las velas hace resaltar el ostentoso brillo de esos ojos que rebosan osadamente entre bella y esplendor quemando mi mortal existencia con su fulgor infinito cuan fuerza se puede comparar solamente con el poder de mil soles - había estado pensado ese poema toda la noche y pensé que ese sería el momento preciso para decirlo, ganando así su corazón de manera definitiva.
Siendo sincero, esperaba como mínimo un suspiro, un "gracias", una sonrisa sutil que reflejó en ella algo de sonrojo por ese lindo poema que acababa de recitarle, sin embargo, la dulce dama exclamó lo siguiente luego de un par de carcajadas que dejaban ver la comida masticada dentro de su boca.
- No me hagas reír aquí, porque se me salen los pedos - y de esa manera siguió comiendo de manera muy "sutil" sin dejar de reír ocasionalmente, cada vez que grababa el poema.
Pasó aproximadamente media hora y luego de comer todo lo que pudo, beber directamente de la botella, e insultar al mesero, estábamos listos para irnos. Esa pequeña cena me costó todo el dinero que tenía para sobrevivir un mes, pero yo me encontré feliz de poder compartir tiempo de calidad con Perla. Nos tocó regresar caminado a casa, ella vivía en uno de los barrios más peligrosos de todo el estado, mientras que yo residía junto a mis padres en el sector de al lado, el cuál era un poco más calmado y menos peligroso. Fue entonces cuando le propuse ir a mi casa la cual era una vivienda humilde de colores azul y blanco con esas típicas tejas de un tono naranja sobre el techo, ya saben, ese tipo de propiedades de gente pobre, sin embargo por alguna extraña razón no podía dejar de pensar en que con mucha seguridad mi casa estaría en mejores condiciones que la de Perla. Sinceramente más allá de una intención sexual o alguna trampa masculina para llevarla a mi hogar, les debo confesar que estaba temblando de miedo por no caminar esa zona donde ella habitaba, y mucho menos a esas horas de la noche. Finalmente aceptaría mi invitación sin mayor problema, algo que me hizo sentir muy bien puesto que lo tomé como una señal que me hacía entender que mi enamoramiento era completamente correspondido por esa hermosa mujer. Al llegar, conté con la suerte de encontrar a mis padres profundamente dormidos, eso facilitó la entrada de mi acompañante, fuimos hasta mi habitación, y allí pasé junto a ella una de las mejores noches de mi vida. Perla era realmente toda una profesional en lo que hacía, nunca imaginé que un ser humano pudiera tener tanta flexibilidad, pero esa noche descubrí otro mundo, en el cuál, quedé cautivo de esa piel morena de peluca barata que ocultaba su cabello reseco y exageradamente enredado . Tal vez ella no lo notó, pero me enamoré perdidamente. Que se quedará dormida en mi pecho estando completamente desnuda fue toda una bendición para mí, quizás lo más hermoso que había pasado en mi vida hasta ese momento. Sin importar sus ronquidos, sus gases, y ese potente olor a cigarrillos y alcohol, yo cerré mis ojos esa noche con una gigantesca sonrisa en mi rostro cargado de felicidad. Al abrir nuevamente mis ojos lo primero que vería sería a la dulce Perla parada frente a mi cama, vestida para irse, y revisando mi cartera con una expresión de molestia en su rostro.
- ¿Qué haces amor? - me levanté un poco para quedar sentado sobre la cama mientras bostezaba y limpiaba un poco mis ojos para lograr ver mejor - ¡vuelve a la cama!
- ¿Dónde está el dinero? - preguntó mirándome con cierta expresión de molestia en su rostro.
- ¿De qué dinero hablas? - respondí extrañado mirándola también fijamente - ¡ésto no fue por dinero!
- ¿Estás diciendo que no me vas a pagar? - fue una total sorpresa cuando repentinamente sacaría una filosa navaja de su cartera con la que comenzó a amenazarme - ya hice mi trabajo, así que quiero mi paga.
- ¡No, Perla, espera! - grité muy asustado temiendo que me hiciera daño - ¡¡yo te amo!!
- ¡¿Que tú me qué?! - Perla se detuvo instantáneamente sosteniendo esa navaja en su mano de forma amenazante.
- Te... Te amo, Perla - tartamudeaba mientras me protegía con mis manos temblando de miedo.
- ¡No entiendo que quieres decir con eso! - Perla se vio confundida mucho más que sorprendida, parecía ser que jamás le habían dicho algo así.
- ¿Nunca nadie te ha amado antes? - comencé a acercarme lentamente, como si me estuviera aproximando a una fiera salvaje y peligrosa, traté de tener mucho cuidado - ¿ni siquiera tu mamá?
- No... Nadie - ella empezó a bajar la guardia, ahora ya no me amenazó con su navaja, lo que realmente fue un gran alivio para mí - no entiendo que debo hacer.
- Nada, solamente debes dejarte querer. Así funciona - finalmente logré salir de esa habitación en una sola pieza, sellando aquella noche con un sincero abrazo muy significativo para mí. A pesar de ese profundo olor a ron y cigarrillos, disfruté mucho tenerla en mis brazos.
Los siguientes días no fueron nada fáciles para nuestra relación que recién estaba comenzando. Presentarla a mis padres no fue tarea fácil, ellos estaban esperando a una mujer mucho más.... "Tradicional", supongo que esa falda corta, camisa descotada, y dejar muy poco a la imaginación, no le ayudaba mucho. Aunque mi padre la reconoció de manera inmediata debido a todo el tiempo que llevaba frecuentando aquel bar dónde trabajaba mi novia.
- Hola, señor Blanco - saludó Perla a mi padre automáticamente apenas lo vio.
Mi padre disimuló aclarando su garganta mientras mi madre lo miraba con esa expresión que denotaba la indiscreción de papá. No fue el mejor de los comienzos, pero aún así, yo estaba decidido a continuar hasta el final con mi relación, me había enamorado de esa hermosa mujer. Pero ya saben que la felicidad siempre dura poco, y el amor entre ella y yo no sería la excepción. De la noche a la mañana empezarían los problemas económicos. Obviamente no apoyó el trabajo de Perla, sin embargo su argumento era contundente. Yo no tenía trabajo, y mucho menos dinero. Debido a la crisis económica del país donde vivíamos, ese título universitario solamente me servía para adornar la pared. Incluso muchas veces era Perla, quien terminaba prestándome algo de efectivo para comprar mis cosas personales. Asi que, me gustara o no, debería soportar que continuara trabajando en ese bar de mala muerte hasta que encontrara un buen empleo que me diera la estabilidad necesaria para sacarla de allí. Muchas veces me tocó ir a buscarla a su trabajo, me sentaba en el pasillo, justo a un lado de la puerta donde Perla "atendía" a sus clientes. Debía oírla gemir durante horas mientras esperaba para llevarla a cenar, en múltiples ocasiones solamente regresábamos a casa debido a que salía exhausta después de un día muy "duro". Me convertí en el hazme reír de todas las personas que habitaban en el barrio dónde vivían. Sin embargo nada de eso me importaba, tratado de convencerme a mí mismo, que el amor podía cambiarlo todo. Al llegar al mes de noviazgo, decidió que era hora de dar el siguiente gran paso. La quería hacer mi esposa sin importarme la opinión tóxica de los demás. Convencí al cura de la parroquia para que no me cobrara un solo centavo. la ceremonia se llevaría a cabo en la casa de mis padres, ya que no tenía dinero para alquilar un club. Para mí lo único relevante era hacerla mi mujer delante de los ojos de Dios.
El día tan esperado llegó rápidamente. Perla había quedado en llegar puntualmente a la hora acordada para la ceremonia. Además tenía una gran noticia para darle. Me habían llamado de un empleo donde comenzaría de inmediato. Finalmente podría sacarla de ese lugar de mala muerte para que fuera de una vez por todas una ama de casa respetable y decente. El cura, mis padres, y algunos amigos de absoluta confianza me acompañaban en ese día tan importante para mí, en quién me sentía demasiado nervioso.
No era nada sencillo dar ese salto, pero mi felicidad era lo primordial. Las horas fueron pasando, las velas en el pequeño altar de mamá se desgastaron siendo consumida la cera por la llama en la mecha. Los globos de la decoración se iban reventando uno a uno, la cara de los presentes expresaba aburrimiento debido a todo el tiempo que llevaban esperando. Un par de horas más pasaron hasta que el cura de la parroquia desechó que ya era hora de marcharse. Obviamente no pude exigirle nada, por lo contrario me sentí agradecido por lo mucho que esperó. Mi madre también se rindió, y decidió repartir el pastel que horneó con mucho cariño para mi boda. Mis amigos solamente comieron para posteriormente irse susurrando y riendo de manera descarada. Por mi parte, yo me quedé allí sentado en el piso preguntándome porqué Perla me haría algo así. Mi única idea prudente fue ir hasta el bar donde trabaja para pedir una explicación. Pero al llegar y observarla estando besada y manoseada por dos sujetos al mismo tiempo, entendí de la peor forma el grave error que había venido cometiendo desde hace algún tiempo atrás. Simplemente salí de ese lugar, entonces fue el final de Perla en mi vida.
Mi vida continuó con su acostumbrada decadencia. Una serie de acontecimientos desafortunados que siempre me llevaron a situaciones bastante bochornosas para mí. Parecía que estaba destinado a hacer el ridículo cada vez que podía. Comencé a trabajar en una fábrica de cajas. Por un momento de verdad creí que mi título universitario me ayudaría a salir de esa pobreza tan profunda en la que me encontré. Un buen empleo era todo lo que necesitaba, quizás me daría el puesto de gerente general, o quizás encargado de la fábrica. Pero una vez mas estaba equivocado.
Al llegar a ese lugar, me sorprendió el mal estado en el que laboraba esa pobre gente. A mi me dieron el puesto de jardinero, encargado de cortar todo tipo de maleza que pudiera crecer en cualquier parte de la empresa. Pare ser sincero con ustedes, era bastante degradante para alguien con un titulo universitario tener que hacer estas tareas que no tienen absolutamente nada que ver con jardineria. Incluso tuve que lavar algunos baños. Yo sé que muchos estaban pensando que al menos la paga hacía que valiera la pena, pero no era así. Apenas ganaba sueldo mínimo, y eso era realmente muy poco.
Mientras todo esto pasaba en mi vida. Del otro lado del planeta, en un país del primer mundo. Mi mejor amiga de la infancia, Karol Thorme. Terminaba todos sus estudios graduándose con los mejores honores que podía ofrecer la mejor universidad que existía en esa nación. Disfrutando de los beneficios de ser hija de un hombre millonario, y haber salido de un país que se hunde en la crisis. Su padre era un poderoso empresario dueño de una importante empresa de seguros. Su nombre era Roberto Thorme, quién además de Karol, tenía otra hija de nombre Kenia. Ambas eran el tesoro más grande y apreciado de su millonaria vida, pero solamente una de ellas podía dirigirse a su basto imperio. Roberto, también era un hombre de principios quién pensaba que la familia era lo más importante. Así que entré de manera muy sabia, colocar una condicion especial para que alguna de sus hijas pudiera ocupar su puesto al frente de Thorme Seguros CA La cual era la segunda empresa de seguros mas importantes de ese pais. La condición era sencilla pero algo anticuada. Consistía en la primera de las hermanas que lograra casarse, y darle un nieto. Entonces ella sería la merecedora del cargo. En ese momento no lo sabía, pero esa condición terminaría convirtiéndose en mi cruz y mi maldición.
Decidí renunciar al trabajo como jardinero debido a los múltiples abusos, y explotación laboral en mi contra. No sin antes dañarles algunas máquinas cuando nadie me observaba. Una vez más de vuelta al desempleo, una vez más a ser una carga para mis padres quiénes apenas podrán mantenerme con el dinero de sus pensiones. Me sentí fatal, era realmente frustrante para mí, mirar como a su edad, aún debería preocuparme por darme de comer. Fue entonces cuando comencé mi travesía por una serie de posibles empleos, o cualquier cosa que pudiera dejarme algo de dinero para ayudar en el hogar. En ninguna empresa querrían darle trabajo debido a mi inexperiencia, pero, ¿cómo podría tener experiencia si no me dieron la oportunidad de obtenerla?, comencé a bajar un poco mis expectativas. En ese punto estaba dispuesto a aceptar cualquier empleo. Inclusivo, solicité en un centro comercial en dónde debía pasar primero un control antidroga que ellos mismos hacían. Era obligatorio una muestra de orina fresca. El problema era que la encargada estaba a tu lado en el baño de caballeros, observándote fijamente para que no hicieras trampa en el examen de orina. Allí me encontré, apuntando al urinario completamente sonrojado por la vergüenza sin poder hacer que saliera el pis.
- ¿Tardarás mucho tiempo? - me preguntó la encargada mientras me vigilaba atentamente. Ella era una señora un poco pasada de peso, voz ronca, piel blanca, y con una actitud tan intimidante como el grueso bigote en su labio superior. En su gafete podía leerse el nombre Clara - ¡hay mucho más buenos para nada como tú esperando afuera.
- No puedo hacer si me observa, señorita Clara - dije sumisamente con una sonrisa temerosa al mejor estilo de un nerd.
- Si quieres te puedo vender la mía - susurró acercándose a mí y colocando su mano a un lado de su boca para más discreción mientras miraba a todos los lados para asegurarse de que no la estuvieran escuchando - ¡diez dólares!
- Necesito el empleo, pagaré con tal de entrar - casualmente esos eran los últimos diez dólares que me acompañaban, literalmente, lo único que había en mi bolsillo.
Justo en ese momento me percaté que había tocado fondo. Pagar diez dólares por un poco de orina para pasar un examen antidroga, y lograr quedarme con aquel trabajo, fue un golpe de realidad muy fuerte. Sin embargo ya estaba en ese lugar. Debía seguir con eso hasta el final. Luego de un par de esperando a las afueras del centro comercial, finalmente llegaron los tan esperados resultados. Por un segundo pude sonreír aliviado al saber que tienen los mismos resultados de alguien que había pasado ese control. Un sujeto calvo y obeso salía de la tienda sosteniendo unas hojas blancas en sus manos. Tenía cara de pocos amigos, y una pésima actitud con la que era capaz de intimidar a cualquiera. Luego de gritar varios nombres que no pasaron la prueba, y por ende no eran elegibles para el empleo. Al fin pronunció mi nombre.
- ¡André Blanco! - gritó con voz grave y áspera.
- ¡Soy yo, aquí, soy yo! - grité abriéndome paso entre todos esos desempleados para tomar la delantera. La mujer que me vendió su muestra de orina, nos vio desde el interior de la tienda a través del cristal mientras yo moría de las ganas por gritarle "gracias".
- ¡Felicitaciones, está usted embarazado! - Actualizó ese hombre con indiferencia, y continuó entregando resultados.
Rápidamente volteé a ver a la mujer dentro de la tienda, y fue allí cuando noté su vientre levemente abultado. Ella solamente sonrió antes de correr para ocultarse. Mis mas bajos instintos de supervivencia se pusieron al máximo, puesto que eran los últimos diez dólares que seguramente tendrán en mucho tiempo así que deberían recuperarlos.
- ¡Oye tú! - grité duro entrando en la tienda mientras la veía correr - estafadora, quiero un reembolso.
Ella intentó escapar de mí, pero obviamente fuí mucho más rápido así que pude alcanzarla fácilmente. Comencé a mover sus hombros agitándola ante todas las personas presentes que vieron con horror como zarandeaba sin razón a una indefensa mujer embarazada. Esa misma tarde estaba en prisión sentado en medio de delincuentes que parecían ser muy peligrosos. Fue todo un alivio para mí ver a mi padre entrar hasta la celda acompañada de uno de esos guardias para informarme que la fianza había sido pagada, y que ya podía irme. Pero mi alivio terminó en vergüenza cuando entendí que mi viejo usó el poco dinero que tenía para sacarme de allí. Mi única respuesta fue bajar mi rostro en señal de arrepentimiento.
Mientras mi vida era un completo desastre en los suburbios más pobres del país. Mi buena amiga Karol también debe lidiar con uno que otro problema en su vida de niña rica. Incluso estando en el primer mundo, con todo el dinero que pudiera desear, y con su futuro resuelto. Ella tenia dilemas que enfrentar. Su hermana estaba empecinada en tenderle una contienda por ser quién se quedará con el liderazgo de todas las compañías, y negocios familiares. El único inconveniente que ambas no sabían descifrar, era esa minúscula condición que puso su padre. Era indispensable conseguir una pareja, casarse y tener un hijo. Lo que para ellas nunca fue tarea sencilla. Las hermanas Thorme eran muy buenas en cualquier tipo de matemática, pero en materia del amor, ambas estaban realmente reprobadas. Esa mañana Karol se encontraba buscando posibles pretendientes de manera discreta en una red social para citas amorosas. Sentada en una silla frente a una mesa. Desplazaba cada foto usando su dedo para manipular la pantalla de su teléfono celular. A sus espaldas una impresionante piscina cristalina deslumbraba la vista de cualquiera al igual que la espectacular mansión dónde vivían. Miles de lujos en cuanto las decoraciones, cada detalle a su alrededor eran simplemente perfectos. Karol halló algún defecto mínimo en todos los hombres que aparecieron como propuesta para convencerse a sí mismo de decir que no. Arrepentidamente fue sorprendida por su arpía hermana Kenia haciendo que casi tirara su móvil al suelo. Desplazaba cada foto usando su dedo para manipular la pantalla de su teléfono celular. A sus espaldas una impresionante piscina cristalina deslumbraba la vista de cualquiera al igual que la espectacular mansión dónde vivían. Miles de lujos en cuanto las decoraciones, cada detalle a su alrededor eran simplemente perfectos. Karol halló algún defecto mínimo en todos los hombres que aparecieron como propuesta para convencerse a sí mismo de decir que no. Arrepentidamente fue sorprendida por su arpía hermana Kenia haciendo que casi tirara su móvil al suelo. Desplazaba cada foto usando su dedo para manipular la pantalla de su teléfono celular. A sus espaldas una impresionante piscina cristalina deslumbraba la vista de cualquiera al igual que la espectacular mansión dónde vivían. Miles de lujos en cuanto las decoraciones, cada detalle a su alrededor eran simplemente perfectos. Karol halló algún defecto mínimo en todos los hombres que aparecieron como propuesta para convencerse a sí mismo de decir que no. Arrepentidamente fue sorprendida por su arpía hermana Kenia haciendo que casi tirara su móvil al suelo. Karol halló algún defecto mínimo en todos los hombres que aparecieron como propuesta para convencerse a sí mismo de decir que no. Arrepentidamente fue sorprendida por su arpía hermana Kenia haciendo que casi tirara su móvil al suelo. Karol halló algún defecto mínimo en todos los hombres que aparecieron como propuesta para convencerse a sí mismo de decir que no. Arrepentidamente fue sorprendida por su arpía hermana Kenia haciendo que casi tirara su móvil al suelo.
- ¿Qué haces, hermanita? - Kenia siempre tuvo a Karol con su actitud pasiva agresiva que la hacía lucir como una completa demente - ¿buscando citas por internet? ... ¡Pero que bajo ha caído!
- ¡No es lo que parece, no sé como diablos llegué a ese lugar! - Karol manipuló torpemente su teléfono para salir rápidamente de ese sitio web, y disimular que no hacía nada apoyando su cara en su palma, ya la vez su codo sobre la mesa.
- No tiene sentido que lo intentes, ya te he ganado. Ayer conocí a un chico que obviamente está locamente enamorado de mí - Kenia se regocijaba en su aparente triunfo adoptando una actitud de diva mirando sus uñas postizas - se llama Draco, por cierto.
- ¿¡Te refieres a Draco Velariza!? - preguntó Karol espontáneamente estando muy sorprendida - ¿El mismo Draco Velariza que ambos conocemos?
- ¡El mismo que viste y calza! - respondió Kenia - ¿por qué lo preguntas de esa manera?
- Bueno ya sabes lo que dicen de él... Que es... Ya sabes... ¿Afeminado? - expresó Karol tímidamente para no pronunciar la palabra correcta.
- Son solo rumores, y chismes de personas malintencionadas. Personas envidiosas como tú, que no pueden aceptar la felicidad de los demás - Kenia viró su rostro con desprecio y agitando levemente su cuerpo.
- Kenia... Y, ¿de dónde sacaste la idea de que Draco está realmente interesado en tí? - Karol seguía escéptica acerca del tema.
- ¿Qué no es obvio por como me mira? - seguro.
- Y yo pensando que la desesperada por hallar pareja era yo - Karol moría de risa frente a su hermana sin ningún tipo de vergüenza.
- Ríe ahora, pero cuando me case con Draco, y herede todas las empresas de papá, veremos quién ríe al último - Kenia se marchó disgustada mientras su hermana reía a carcajadas sin ningún tipo de control sentada en la silla, y golpeando la mesa con su puño en forma de mazo.
Llegar a mi casa fue una especie de tortura para mi. Ver la mala situación en la que estaban mis padres me hacían odiarme como no tienen una idea. Era realmente frustrante no poder hacer nada para ayudar, por el contrario, únicamente parecía que solo traía problemas y más problemas. Así que decidí irme de la casa durante la noche, cuando mis padres no lo esperaran. Eso sería lo mejor que podría hacer por ellos. Tomé el primer morral que encontré, lo llené con algo de ropa y cosas personales. Solamente llevaría lo que creía más importante en aquel momento. Caminé sigilosamente por toda la sala, mi padre se encontró reunidos en la cocina hablando de forma desprevenida sin sospechar siquiera que estaba a punto de salir de sus vidas para siempre. Pero no pude evitar escuchar la conversación tan interesante que estaban teniendo en voz alta.
- ¿A qué te refiere Karol? - preguntaba mi padre sin poder ubicarla.
- La hija menor del señor Thorme. La pequeña niña que amaneció varios años con nuestro pequeño Ander - explicó mi madre.
- ¿¡El mismo Thorme que ahora es súper millonario en aquel país primer mundista!? - expresó mi padre muy impresionado.
- Si, recuerdas que su hija creció en este pueblo con su madre hasta que ella lamentablemente enloqueció. Ella muchas veces vino a esta casa a realizar tareas con Ander - recordaba mamá.
- Si mi cielo, acabo de recordar a la pequeña Karol. ¿Qué sucedió con ella? - preguntó.
- Todos comentan en el pueblo que está muy cerca de ser la gran heredera de su padre. Ser una de las mujeres más poderosas de ese país, pero tiene una condición que debe cumplir antes - explicaba mi dulce madre mientras yo escuchaba muy atento.
- ¿¡Condición!?- gracias papá, yo también me hacía la misma pregunta - ¿Qué condición puede colocar un padre a su hija para heredar su fortuna?
- No es solamente para ella, también se le ha impuesto a su hermana Kenia. La primera que contraíga nupcias, y darle un nieto, será quién pueda ser la feliz heredera - en aquel momento mamá ni siquiera lo imaginó, pero sin saber me había indicado la gran solución a todos mis problemas. Solamente debería comunicarme con mi vieja amiga Karol Thorme para hablar de "negocios", y de una propuesta indecente que ella no podría rechazar.