"Hacía mucho tiempo que no disfrutábamos de un momento como éste...". Los labios de Shane Brooks rozaron suavemente la oreja de Yvonne Burton, susurrándole con una voz tan suave como el terciopelo.
"Shane, por favor, tengo que ir al hospital...", pronunció la chica tras girar la cabeza, evitando el beso que el hombre intentaban robarle.
"¡Dejémoslo por el momento!", insistió Shane.
El tiempo parecía extenderse infinitamente, sintiéndose como una cuerda que se tensaba tanto que amenazaba con romperse en cualquier momento.
El hombre finalmente soltó a Yvonne cuando notó que estaba muy mareada y parecía que estaba a punto de desmayarse.
"¿Te lastimé?", su voz, clara y profunda, estaba teñida de una mezcla de preocupación y burla. "¿Qué tal si te compenso comprándote el bolso de la última colección de tu diseñador favorito?".
Los ojos de la chica se abrieron y su mirada se posó en él.
El hombre que tenía delante poseía una galanura impresionante, con rasgos tan refinados que cualquiera pensaría que habían sido esculpidos por un artista. Su habitual comportamiento frío e indiferente seguía allí, aunque ahora mostraba un atisbo de una pasión débil y persistente, vestigio de la intimidad que acababan de compartir.
Después de tres años de matrimonio, Yvonne sabía muy bien qué significaba esa mirada; era la señal de que él se sentía satisfecho.
Por eso se estaba mostrando tan generoso.
Los labios de Yvonne se curvaron en una sonrisa amarga. "¿Ya lo olvidaste? Todavía estoy cumpliendo mi condena".
"Entonces puedes usar el bolso cuando salgas", respondió Shane casualmente, como si estuviera hablando del clima.
El pecho de la chica se estrujó dolorosamente; su esposo lo había dicho con demasiada naturalidad, como si cumplir una condena en prisión fuera simplemente un contratiempo mundano.
"Saldrás de prisión pronto, ¿verdad?", dijo él mientras sus dedos recorrían su mejilla con una facilidad ganada por la experiencia.
"Ya te lo dije antes, un año pasa en un abrir y cerrar de ojos".
Asimilando el triste que sentía, Yvonne tomó la mano del hombre mientras la desesperación se filtraba en su voz: "Me llamaron del hospital... Dijeron que mi abuela no se encontraba bien. ¿Puedes ir conmigo a visitarla?".
Como todavía estaba cumpliendo su condena, no podía salir cuando quisiera, pero ella se había ganado un día de libertad gracias a su buena conducta durante su estancia en prisión.
Al principio tenía planeado ir directamente al hospital, pero dudó al pensar en que su frágil abuela, Maggie Thomas, pudiera sentirse perturbada por su apariencia desaliñada.
Decidió ir a casa para cambiarse de ropa, pues nunca imaginó que se encontraría con Shane, quien acababa de regresar de un viaje de negocios.
La chica quería ir al hospital lo antes posible, pero su esposo la detuvo; él fue demasiado insistente, exigiendo que sus necesidades físicas fueran cubiertas antes de cualquier otra cosa, provocando que ella pasara toda la mañana allí.
Aun así, Yvonne pensó que esto quizás era bueno; si Shane la acompañaba, su abuela estaría feliz.
Para su desgracia, al siguiente instante, el hombre apartó la mano; su acción provocó que el corazón de ella se hundiera como una piedra arrojada a aguas profundas.
"Tengo que atender algunos asuntos pendientes esta tarde. Tendrás que ir sola", respondió Shane de manera tajante.
Se puso de pie, sacó una tarjeta del cajón del buró y se la tendió a la vez que decía: "Usa esto para comprarle algo lindo a tu abuela".
Esto no fue nada inesperado para Yvonne: ya había vivido cosas similares en el pasado. El hombre prefería resolver todos sus problemas con dinero.
No obstante, sabía que Maggie no necesitaba regalos lujosos; lo que más anhelaba era verla al lado de Shane, siendo felices juntos como una familia.
El hombre se duchó, se vistió y se fue sin siquiera despedirse.
Yvonne se levantó lentamente, con sus piernas todavía sintiéndose débiles y entumidas cuando salió de la cama; luego se ocupó de preparar algo de comida casera para llevar al hospital, algo que su abuela apreciaría más que cualquier regalo comprado en una tienda.
Cuando entró en la sala donde la anciana estaba internada, la visión que la recibió le heló la sangre. La bolsa con la comida se le resbaló de las manos y la tiró al suelo mientras gritaba: "¡Abuela!".
Aunque la enfermedad que padecía la había obligado a pasar muchos días en el hospital, nunca había necesitado usar un respirador, por lo que verla así sorprendió a su nieta.
Yvonne corrió hacia la cama de Maggie y, con una voz que se quebró por la angustia, la llamó: "Abuela, ¡estoy aquí! ¡Abre los ojos y mírame, por favor!".
Los párpados curtidos de la anciana se abrieron y una tenue chispa de reconocimiento iluminó sus ojos envejecidos. "Yvonne, por fin has venido...".
"Abuela, ¿qué te pasó?", logró decir Yvonne entre el pánico.
"La enfermera me dijo que te sentías un poco mal y que me extrañabas. ¿Por qué ahora tu condición parece ser mucho más grave?".
"Le pedí a la enfermera que no te dijera nada que pudiera preocuparte. No me queda mucho tiempo...", respondió Maggie.
"¡No! ¡Eso no es verdad!". Yvonne alzó una mano y la colocó rápidamente sobre el rostro de su abuela; luego, procedió a evaluar su estado actual.
Pronto se confirmó lo que Yvonne temía: a Maggie realmente no le quedaba mucho tiempo.
Las lágrimas abrieron caminos ardientes por las mejillas de la chica, mientras la tristeza amenazaba con destrozarle el corazón.
"Yvonne, la vida y la muerte siempre van de la mano. Por favor, no llores".
Los dedos frágiles de la anciana rozaron la mejilla húmeda de Yvonne.
"Saber que mi nieta creció y se convirtió en una gran mujer es mi mayor satisfacción en la vida. Solo me preocupa cómo será tu vida después de que yo me haya ido".
"Abuela, ¡por favor, quédate conmigo!".
La chica secó rápidamente las lágrimas y forzó su voz para que sonara más alegre: "Saldré de prisión dentro de un mes. Después de eso, jamás me apartaré de tu lado. ¿Recuerdas lo mucho que anhelabas regresar a nuestra ciudad natal? Una vez que te recuperes, regresaremos juntas".
"Eso sería maravilloso", respondió la anciana con una mirada que albergaba una ternura infinita. "Y Shane también debería venir con nosotras".
Aunque su corazón sabía que eso no iba a suceder, Yvonne asintió fervientemente: "Por supuesto. Shane también quería venir a verte, pero tuvo que atender algunos asuntos urgentes".
"Está bien, el trabajo siempre debe ser la mayor prioridad".
En ese momento, Maggie sacó un colgante en forma de media luna que tenía debajo de su almohada y lo puso en la palma de su nieta; la joya estaba hecho de jade de la más alta calidad y tenía tallada una figura en forma de ave.
"Yvonne, guarda bien esto y no lo pierdas. Es tu...", las palabras de la anciana fueron interrumpidas por el sonido de la puerta abriéndose de golpe.
La imponente presencia de Shane llenó la sala, ataviado con un traje oscuro que enfatizaba su escultural figura; cada movimiento suyo irradiaba elegancia.
La alegría iluminó el rostro manchado de lágrimas de Yvonne. "¡Abuela, mira! ¡Shane vino a verte!".
Sin embargo, el hombre se acercó con una expresión extraña; su habitual semblante indiferente se había resquebrajado, luciendo inusualmente ansioso y preocupado.
"Yvonne, Jayde necesita una transfusión de sangre con urgencia".
Las palabras destrozaron la felicidad momentánea de Yvonne, que pensó que su esposo finalmente se preocupaba por su abuela, pero resultó que solo le importaba el bienestar de Jayde Davis.
Por supuesto.
A los ojos de Shane, nadie podía eclipsar a su amor de la infancia, su mundo eterno, Jayde; todos los demás parecían insignificantes comparados con ella.
Yvonne luchó por reprimir ese dolor tan familiar que le invadió el pecho.
"Mi abuela está aquí y se encuentra muy enferma. Debo quedarme a su lado. ¿No puede Jayde utilizar los suministros del banco de sangre?", lo cuestionó sin dudarlo.
"Su tipo de sangre es muy raro y no está disponible aquí, y el banco más cercano está a una hora de distancia. Jayde no puede esperar tanto tiempo".
Los dedos de Shane agarraron la muñeca de su esposa con fuerza como bandas de acero y añadió: "Su vida está en riesgo. Tienes que venir conmigo ahora mismo".
"¡No voy a dejar sola a mi abuela! ¡Suéltame!".
Los esfuerzos de la chica resultaron inútiles ante la fuerza abrumadora de Shane.
"Yvonne...", la frágil voz de Maggie la llamó mientras su mano se extendía hacia su nieta. "Nunca te hablé de tus padres. La verdad es que tú...".
"¡Abuela!", gritó Yvonne, pero Shane ya la había sacado de la habitación antes de que pudiera escuchar el resto de las palabras de la anciana.
Aunque el protocolo limitaba las donaciones de sangre a 400 mililitros, él le exigió el doble de esa cantidad, lo que dejó a la chica pálida y temblorosa después del procedimiento.
A pesar de su debilidad, se obligó a ponerse de pie y a apoyarse en la pared mientras regresaba torpemente a la sala donde estaba Maggie.
La escena que la recibió hizo que su mundo se derrumbara: el respirador artificial apagado, la figura inmóvil de su abuela cubierta por una tela blanca...
Las piernas de Yvonne la traicionaron y la hicieron caer al suelo.
El dolor fue tan intenso que ni siquiera fue capaz de derramar una sola lágrima; se arrastró hacia adelante, con sus extremidades temblando incontrolablemente hasta que llegó a la cama.
"¡No...! ¡Abuela...! No me dejes...".
Agarró la mano sin vida de Maggie, ahogándose en olas de desolación.
"Mi más sentido pésame, Yvonne", la voz profunda e indiferente de Shane atravesó la angustia de su esposa.
"Jayde ya se encuentra mejor. Gracias por tu ayuda... Por cierto, requieren que regreses a la prisión de inmediato".
El pecho de Yvonne se contrajo con un dolor insoportable mientras se aferraba desesperadamente a la pierna de Shane.
"Shane, por favor", dijo con los labios temblorosos. "Ayúdame a conseguir unos días libres de las autoridades de la prisión. Mi abuela acaba de fallecer y necesito encargarme de los preparativos para su funeral. No puedo regresar ahora".
Los rasgos del hombre se endurecieron y formaron una mueca de desaprobación. "Las regulaciones penitenciarias no se pueden eludir solo con dinero. Entiendo tu dolor, pero necesitas pensar con racionalidad antes de hablar".
"¿Racionalidad?", repitió la chica mientras lo miraba con una voz que se volvió temblorosa por la emoción. "He estado encarcelada durante once meses, pero en cuatro ocasiones lograste que me liberaran para donar la sangre que necesita Jayde, todo utilizando tu poder financiero. ¿Por qué en esta ocasión es diferente?".
"Las circunstancias son muy diferentes", respondió Shane con frialdad.
"¿Cómo puedes decir eso?". Una angustia cruda se filtró a través de la voz de Yvonne mientras continuaba su súplica: "Entiendo que Jayde sea más importante para ti, pero mi abuela acaba de fallecer. Ella me crió, pero no pude acompañarla durante sus últimos momentos. Quiero acompañarla en este último viaje. No soporto la idea de que su espíritu parta solo. Te lo ruego, hazlo por mí".
"Todavía tienes un tío para encargarse de eso, ¿no? Le ayudaré y me aseguraré de que tu abuela reciba un funeral honorable", dijo Shane.
"No se trata de eso". Las lágrimas seguían corriendo sin control por las mejillas de la chica. "Mi abuela ya falleció, así que un funeral fastuoso no significará nada a estas alturas. Solo quiero despedirme de ella en persona. Si me concedes esta última petición, juro que donaré sangre para Jayde siempre que sea necesario".
La mirada de su esposo se tornó glacial mientras la miraba. "¿Vas a usar la donación de sangre como una herramienta para negociar conmigo? Esta es tu obligación con Jayde. Si no fuera por tus acciones, ella no estaría en una silla de ruedas".
Yvonne cerró los ojos con fuerza; sintió claramente cómo las palabras del hombre la atravesaban como dagas.
El incidente con Jayde sucedió un año atrás; cayó por las escaleras y sufrió lesiones en la columna que la dejaron paralizada de la cintura para abajo.
Acusó a Yvonne de empujarla por las escaleras, provocando que toda la familia Brooks la condenara y la castigara con su desprecio; como no había imágenes ni testigos que limpiaran su nombre, la chica no pudo hacer nada para defenderse de las acusaciones.
Su propio esposo fue quien le dio un ultimátum: "Le causaste a Jayde un daño irreparable. Considerando la gravedad de lo que hiciste, debes afrontar las consecuencias legales. Una agresión de esta magnitud suele conllevar una condena de entre tres y diez años, pero Jayde se compadeció de ti y pidió que solo fuera uno".
La ironía de la situación llenó de amargura a Yvonne.
Al principio se negó a ir a prisión y exigió que la policía hiciera una investigación, pero Jayde presentó una prueba contundente: un video en el que Yvonne aparecía empujándola para que cayera por las escaleras.
El desdén que llenó los ojos de todos los miembros de la familia Brooks cuando vieron el video era un recuerdo que la atormentaba; era como si les resultara repulsivo respirar el mismo aire que ella.
***
Los guardaespaldas de Shane escoltaron a Yvonne de regreso a su celda en la prisión.
La combinación de una grave pérdida de sangre y un dolor abrumador la dejó tan debilitada que pasó dos días postrada en la cama.
Al tercer día, el destino le asestó otro golpe cruel.
En la sala de recreación de la prisión, la televisión transmitió la extravagante celebración del cumpleaños de Jayde; los medios de comunicación aseguraban que el presidente del Grupo Brooks, Shane, había gastado cien millones en esta fiesta.
En la pantalla apareció la mujer en su silla de ruedas, con una belleza natural impecable a pesar de su condición; Shane estaba de pie a su lado, exhibiendo una expresión que irradiaba ternura y devoción.
Se veían muy bien juntos, como si estuvieran hechos el uno para el otro.
Otra vez, las lágrimas trazaron caminos silenciosos por las mejillas de Yvonne mientras la dura realidad la golpeaba con fuerza.
Hoy, el día en que su abuela sería sepultada, Shane, quien prometió ayudar con los preparativos del funeral, prefirió organizar la ostentosa fiesta de cumpleaños de Jayde.
En ese momento de aplastante claridad, la chica finalmente comprendió una amarga verdad: el corazón de Shane no albergaba ni una pizca de amor por ella.
Ningún sacrificio que ella hiciera sería suficiente para cambiar ese hecho.
Pero Yvonne tenía un secreto: había amado a Shane durante diez años.
Ese hombre alguna vez solo existía en un reino que se encontraba mucho más allá de su alcance, mientras que ella solo era una mujer común y corriente; sus caminos nunca estuvieron destinados a cruzarse.
Sin embargo, hacía tres años se suscitó un giro inesperado, desencadenado por un devastador accidente automovilístico que dejó a Shane en coma.
Los Brooks agotaron todos los recursos médicos, acudiendo con innumerables médicos de renombre, pero sin obtener ningún resultado favorable.
Fue la abuela de Shane, Lydia Brooks, quien optó por recurrir a creencias supersticiosas; sugirió que un matrimonio podría traer la fortuna necesaria para restaurar la salud de su nieto.
El destino dio otro giro inesperado cuando Jayde, la prometida de Shane, fue secuestrada repentinamente.
La fecha de la boda se acercaba y Lydia no dejaba de buscar desesperadamente otra novia con un horóscopo compatible; finalmente descubrió a Yvonne, quien en ese momento trabajaba a tiempo parcial como cuidadora de la familia Brooks.
Casarse con Shane supuso una oportunidad preciosa para Yvonne, ya que su abuela recibiría el tratamiento adecuado en el hospital del Grupo Brooks.
Dicha institución era de las mejores en todo Zlamsas; la gente común no podía permitirse recibir tratamiento allí debido a sus elevadas tarifas.
La chica aceptó el matrimonio arreglado sin dudarlo, pero sus motivos iban más allá de simplemente buscar atención médica de primer nivel para su abuela.
Durante siete años, ella había amado a Shane en silencio y estaba dispuesta a cuidarlo y permanecer a su lado incluso si nunca despertara del coma.
Un mes después de la boda, el hombre cobró la conciencia milagrosamente.
Su furia al descubrir el motivo de su matrimonio con Yvonne lo llevó a solicitar inmediatamente el divorcio, pero sus demandas cesaron abruptamente cuando descubrió que su esposa tenía el mismo tipo de sangre que Jayde; desde ese momento, se convirtió en un mero banco de sangre viviente que estaba a su completa disposición.
Decidida a hacerlo feliz, Yvonne asumió esta pesada carga sin oponer resistencia.
Durante dos años, dedicó su vida a cuidar de Shane y su familia, esforzándose por encarnar a la esposa perfecta, hasta que la falsa acusación de Jayde la llevó a la cárcel.
Diez años... ella pasó todo ese tiempo amando a Shane.
Le había entregado su amor más puro y su devoción más desinteresada, pero ¿qué recibió a cambio?
Ese hombre solo tenía ojos para Jayde y su corazón permanecía perpetuamente cerrado para ella.
Tal vez fue demasiado ingenua al esperar que algún día podría ganarse un poco de su afecto.
***
El día que Yvonne salió de prisión, la lluvia caía a cántaros bajo el cielo tormentoso.
Nadie había ido a recogerla.
Tras un largo viaje en el que tomó varios autobuses, llegó finalmente a la residencia de Shane, la Villa Serenity, con la ropa toda empapada por culpa de la lluvia.
Tras desbloquear la cerradura digital con su huella y cruzar la puerta, encontró a su marido bajando las escaleras; su apariencia impecable contrastaba notablemente con su típico aspecto desaliñado.
La sorpresa se reflejó en el rostro del hombre cuando la vio.
"¿Qué haces aquí?", le preguntó directamente.
Los dedos de Yvonne temblaron mientras respondía: "Hoy me liberaron".
"Oh, lo olvidé".
Shane se detuvo brevemente frente a ella y dijo: "Descansa un poco. Yo ya me tengo que ir".
"Espera", gritó de repente Yvonne. "Tengo algo que decirte".
Shane miró su reloj con impaciencia y espetó: "Podremos hablar cuando regrese".
Cuando él pasó junto a su esposa, esta lo sujetó de la manga para detenerlo. "No voy a tardar mucho".
Shane se detuvo de mala gana, con la irritación tiñendo su expresión. "Hazlo rápido".
La chica analizó sus rasgos perfectos antes de que una leve sonrisa se dibujara en su rostro.
"Tenemos que divorciarnos", declaró con un tono decidido.
La confusión de Shane era palpable cuando se giró para mirarla. "¿Quieres divorciarte solo porque no fui por ti a la cárcel?".
"No es por lo de hoy". La sonrisa de Yvonne no vaciló mientras continuaba: "De verdad quiero el divorcio. Podemos encargarnos del papeleo cuando tengas algo de tiempo libre".
"No tengo tiempo para seguir escuchando tus tonterías". La expresión del hombre se oscureció mientras apartaba la mano de su esposa. "Deberías tomar una ducha y despejarte. No estás pensando con claridad".
Después de la partida de Shane, Yvonne permaneció inmóvil, perdida en sus pensamientos.
Aunque él afirmaba que ella no estaba pensando con claridad, pero eso no era cierto; de hecho, la mente de Yvonne estaba más lúcida que nunca.
***
Una vez en el piso de arriba, la chica preparó el baño y encendió el celular después de que terminara de cargar la batería.
Recibió todos los mensajes atrasados de WhatsApp de ese mes, pero ninguno era de Shane.
Mientras se desplazaba distraídamente por sus redes sociales, una imagen en particular la dejó paralizada: Jayde acababa de publicar algo.
"El verdadero amor se demuestra a través del compañerismo duradero".
En la imagen, ella aparecía sonriendo a la cámara mientras Shane estaba sentado a su lado pelando una manzana; ambos formaban la imagen perfecta de la devoción.
El corazón de Yvonne se hundió.
Entonces comprendió la razón por la que Shane tenía tanta prisa por irse, sin siquiera tomarse unos minutos para hablar del divorcio con ella: ansiaba irse y pasar tiempo de calidad con Jayde.
Un dolor familiar se apoderó del corazón de la chica, extendiéndose por todo su pecho.
En el pasado, había visto muchas publicaciones de Jayde presumiendo del afecto de Shane en todas sus redes sociales.
Cada publicación la dejaba muy destrozada, pero había algo que la hacía volver a mirarlas una y otra vez.
Sin embargo, finalmente había decidido poner fin a este ciclo tortuoso; borró a Shane y Jayde de su lista de contactos de WhatsApp.
Después de ducharse, Yvonne acababa de vestirse cuando sonó su celular; el nombre de su esposo apareció en la pantalla.
¿No se suponía que él estaba con Jayde? ¿Para qué la llamó?
La chica dudó por un momento, pero finalmente contestó la llamada. "¿Qué pasó?".
"¿Eliminaste a Jayde de tu lista de contactos?", le preguntó Shane.
"Sí. ¿Qué tiene de malo?", respondió Yvonne.
"¿Cómo tienes el descaro de preguntar eso?". El veneno goteaba de las palabras de Shane: "Jayde quería felicitarte por tu liberación, pero luego descubrió que la habías eliminado. Ahora piensa que todavía le guardas resentimiento y se derrumbó al recordar el día en que la empujaste por las escaleras. ¿Cuándo dejarás de causar problemas?".
Sus duras palabras perforaron el corazón de su esposa, pero esta mantuvo la compostura.
"Tuve que eliminarla para finalmente sentirme libre", declaró ella.
"¿Por qué insistes en hablar de tu libertad?". La voz de Shane de repente se volvió más fría: "¡Jayde está enferma y discapacitada! Pasará el resto de su vida en una silla de ruedas por tu culpa. Ahora se encuentra emocionalmente frágil. ¡Lo mínimo que puedes hacer es mostrar un poco de compasión!".
Los labios de la chica se curvaron en una sonrisa amarga mientras cerraba los ojos, obligándose a contener las lágrimas.
"Si es tan frágil como dices, entonces es una razón más para mantener la distancia. De esa manera evitaré que nuevamente me hagan responsable de su sufrimiento".
"Yvonne, no...".
Ella no dejó que su esposo terminara; cortó la llamada sin previo aviso y rápidamente bloqueó su número también.
Una vez hecho esto, se preparó un plato sencillo de espaguetis y lo comió tranquilamente, aunque su mente estaba hecha un desastre; luego, con paraguas en mano, se dirigió al cementerio.
La lluvia caía silenciosamente, empapando la tierra. Yvonne permaneció frente a la tumba de Maggie durante lo que pareció una eternidad, con el peso de sus emociones presionando su pecho.
Cuando volvió a la Villa Serenity, ya era de noche; al entrar, lo primero que vio fue a Shane sentado en el sofá de la sala de estar.
Yvonne se quedó congelada por un momento, sorprendida por su presencia; por lo regular, cuando Shane estaba con Jayde, no volvía a casa hasta tarde en la noche, después de que ella se quedara dormida.
Sin querer profundizar en el comportamiento inusual de su esposo, Yvonne simplemente lo ignoró y se dirigió al piso superior.
"¿A dónde crees que vas?", la voz de Shane cortó el silencio como un cuchillo.
Yvonne se detuvo, pero no se giró.
El hombre se levantó del sofá y caminó hasta ponerse de pie frente a su esposa, con su mirada fija en la de ella. "De repente te volviste demasiado audaz. Cortaste la llamada e incluso bloqueaste mi número, ¿eh?".
La chica no dijo nada, con su cuerpo poniéndose tenso mientras intentaba esquivarlo y pasar a su lado.
Para su mala suerte, Shane la detuvo sujetando su muñeca con firmeza. "Te estoy hablando. ¿Te quedaste sorda por estar en la prisión o qué demonios sucede contigo?".
Las palabras hirieron profundamente a Yvonne, pero ella le sostuvo la mirada mientras respondía con una voz temblorosa por las emociones contenidas: "Gracias por recordarme que estuve en prisión. Mi vida quedó arruinada por culpa de eso. ¿No te parece suficiente castigo?".
Las cejas de Shane se fruncieron mientras sus ojos escudriñaban el rostro de la chica; de inmediato notó la hinchazón alrededor de sus ojos y el ligero enrojecimiento.
"¿Estuviste llorando? ¿Fuiste a la tumba de tu abuela?".
Yvonne tuvo que realizar un gran esfuerzo para contener las lágrimas.
"No estuve allí cuando fue enterrada. ¿Acaso necesito de tu autorización para poder ir a visitarla?".
La expresión de Shane se tornó sombría cuando escuchó eso.
"Yvonne, la razón por la que insistí en que regresaras a prisión ese día fue porque no quería que te quedaras sumida en tu dolor. Lo hice por tu propio bien".
"¿Por mi propio bien?", Yvonne dejó escapar una risa vacía y su amargura se desbordó. "¿Te das cuenta de que nada de lo que dices tiene sentido? Ni siquiera puedes mentir de manera convincente".
Con un fuerte tirón, la chica se liberó de su agarre y continuó con una voz que se volvió firme, fría y definitiva: "¡Estoy harta de ti! Tenemos que terminar con esto. Vamos a divorciarnos".
***
Yvonne fue al vestidor del dormitorio principal y sacó una vieja maleta para empacar sus pertenencias; quería dejar atrás todo lo que la familia Brooks le había dado después de la boda, así que no tenía muchas pertenencias que llevarse.
"¡Basta de ridiculeces!", la voz exasperada de Shane cortó el silencio. "Solo estuviste un año en prisión y todo el tiempo me aseguré de que no te maltrataran. ¿Qué más quieres?".
Las manos de Yvonne se detuvieron sobre sus pertenencias mientras giraba la cabeza para mirar a su esposo.
"Por supuesto que te aseguraste de que me trataran diferente. Toda la comida que me servían estaba llenas de espinacas e hígado para reponer mi sangre, para que estuviera lista para la siguiente transfusión de sangre que necesitaría Jayde".
El hombre frunció el ceño y espetó: "Entonces es por Jayde. ¡Las transfusiones son necesarias para mantenerla con vida! Tú has trabajado en el campo de la medicina, así que deberías comprenderlo y tener algo de compasión. Además, te he compensado generosamente".
"¿Compasión?". Una risa hueca escapó de los labios de Yvonne. "Menciona a un solo médico que se haya visto obligado a donarle su propia sangre a un paciente".
Luego señaló la pared repleta de bolsos de lujo, una colección que valuada en cientos de millones y que seguramente sería codiciada por innumerables mujeres.
"¿Esta es tu idea de compensación? Me das un bolso por cada transfusión, pero la realidad es que solo me das los que Jayde rechazó".
Cada bolso era elegido por esa mujer y Shane pagaba por todo.
Ella se quedaba con las que prefería y le dejaba a Yvonne las piezas ostentosas, pero que eran poco prácticas para el uso diario; la chica nunca pidió bolsos, pero tanto Shane como Jayde creían que intercambiar sangre por estos artículos de lujo era un trato justo.
"No voy a llevarme ningún bolso", declaró Yvonne con una leve sonrisa. "No necesito tu compensación. Nunca acepté donar mi sangre".
Shane se masajeó las sienes con exasperación; a lo largo de su matrimonio, su esposa se había mantenido obediente, y a veces externaba su molestia, pero nunca se mostró desafiante, siendo esta la primera vez que le hablaba de esta manera.
Shane la tomó por los hombros y suavizó su tono: "Sé que estás molesta después de haber quedado en prisión durante tanto tiempo. No hay que discutir, ¿de acuerdo? Le pedí a Zoey que preparara tus platillos favoritos. Vamos a comer juntos".
Yvonne apartó sus manos, agarró su maleta y se dirigió hacia la puerta.
Al siguiente instante, con un movimiento fluido, Shane tomó a su esposa y la atrapó entre sus brazos; sin darle la oportunidad de resistirse, la colocó suavemente sobre la cama.
Él atrapó sus manos sobre su cabeza, dejando que su aroma la envolviera mientras le susurraba al oído: "Deja de estar enojada, ¿de acuerdo? Esta noche te haré el amor hasta que estés completamente satisfecha".
El corazón de la chica retumbó en su pecho; anteriormente, cuando la ira se apoderaba de ella, siempre se derretía ante las tácticas amatorias de su esposo y lo perdonaba rápidamente.
Shane estaba familiarizado con esta rutina y la llevaba a la cama cada vez que ella se mostraba irritada.
Sin embargo, el dominio sexual del hombre siempre la abrumaba, llevándola hasta el límite hasta que rompía a llorar, rogando por misericordia y accediendo a todas sus demandas.
La respiración de Shane se hizo más profunda mientras reclamaba los labios de la chica, con sus dedos ocupados en desabrochar los botones de su blusa.
De repente, Yvonne volvió en sí y comenzó a forcejear.
"No... No quiero hacerlo...".
"¿Lo dices en serio?". Él alzó la cabeza y analizó a la mujer que tenía debajo con unos ojos que brillaban de deseo. "Ahora te niegas, pero pronto te aferrarás a mí y me pedirás más...".
Las mejillas de Yvonne se ruborizaron cuando escuchó esto.
Los labios de Shane se curvaron mientras trazaba un camino de besos por su cuello.
"Fue toda una tortura pasar un año completo sin ti... Trabajé hasta muy tarde casi todas las noches solo para contener mis impulsos...".
Más allá de los enormes ventanales que iban del suelo al techo, el silencio cubría la noche, interrumpido únicamente por el constante tamborileo de las gotas de lluvia; dentro de la habitación, el aire estaba cargado de una pasión íntima.
Después de tres años de matrimonio, Shane conocía a la perfección cada rincón del cuerpo de Yvonne; sus caricias eran precisas y deliberadas, capaces de hacerla perder el control.
Yvonne se estremeció y su cuerpo se tensó mientras se aferraba a la poca resolución que le quedaba; aunque seguía forcejeando, Shane parecía decidido a arrastrarla hacia el torbellino de pasión, negándose a liberarla.
Él murmuró: "Yvonne, te quiero...".