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Yo no soy el villano

Yo no soy el villano

Autor: : Sthefany A.
Género: Romance
Con una vida lujosa, un prometido perfecto y rodeada de gente, Beatrix una adolescente de diecisiete años vive una vida perfecta a los ojos de la sociedad, pero lo que casi nadie sabe es que es una chica infeliz. Su relación le hizo darse cuenta de lo importante que era, pero su opinión vuelve a cambiar con la llegada de la colegiala, y llevada por la rabia del momento, Beatrix se ve abocada a hacer cosas absurdas hasta que finalmente se da cuenta de que la verdadera protagonista de la historia es ella.

Capítulo 1 I

Me apresuré a prepararme para la primera fiesta de celebración de la vuelta al cole, solíamos llamarla el ritual del año escolar, pero no era más que una excusa poco convincente para que los jóvenes se atiborraran de comida. El reloj marcaba las 18:50, si no terminaba en menos de cinco minutos llegaría tarde. Estaba rizando frenéticamente mis rizos para terminar más rápido, lo cual no estaba funcionando, hasta que el crujido de la puerta me despertó y me hizo dejar de rizar el pelo. Por un breve momento pensé que era mi madre, hasta que Felipe entró por la puerta.

- Hola, ya estás aquí - sonreí al verle entrar en mi habitación.

- Sí, mi princesa, estás muy guapa. - Dijo tirando de mí por la cintura.

Llevaba un vestido negro que resaltaba mis curvas, el maquillaje era ligero, sólo utilicé una base de maquillaje y un delineador de ojos de gatito, junto con un lápiz de labios morado, que combinaba mucho con lo que llevaba.

- ¡Pareces un príncipe, como siempre! - Le devolví el cumplido.

- Sabes que me encanta cuando me haces un cumplido, ¿verdad? - preguntó, susurrando, lo que me puso la piel de gallina.

- En cuanto le contesté, comenzó un beso, tranquilo y lento, sin ninguna prisa, que me hizo jadear, él conocía en todos los sentidos cuales eran mis puntos débiles, y su suave beso era uno de ellos, estaba locamente enamorada de él, pero como todo lo bueno dura poco, el beso se acabó por la maldita falta de aire.

- Vamos o llegaremos tarde", advirtió.

Me miré por última vez en el espejo y me arreglé el pintalabios que acababa de manchar y tras coger mi bolso bajamos juntas al piso de abajo donde me despediría de mi madre. La sala de fiestas estaba a treinta minutos en coche de mi casa y a una hora andando, pero llegaríamos rápido ya que Felipe vino en su coche. Cuando llegamos a la planta baja mi madre estaba viendo una película con un cubo de palomitas en la mano, esto era lo que más hacía cuando echaba de menos a mi padre.

- Mamá, ya nos vamos. Prometo volver antes de medianoche. - Advertí

- Muy bien, hija mía, ten cuidado en el camino de vuelta y no consumas demasiado alcohol -Mi madre habló como si me rogara.

- No te preocupes, yo la cuidaré bien, suegra -le tocó el turno a Felipe, y si por él fuera, no tocaría ni una gota de alcohol en mi boca, porque conocía perfectamente mi relación con el alcohol.

- Entonces confiaré en ti, Felipe.

- No te preocupes Doña María.

- ¡Adiós mamá, hasta luego!

Después de despedirme de mi madre, nos dirigimos a su coche y, tras abrir la puerta, pude sentarme. Eduardo era dos años mayor que yo, lo que traía pequeñas ventajas, por ejemplo, podía conducir y llevarme a algunos lugares que le pedía sin necesitar el chofer particular de mi familia. Le habían regalado el coche por su decimoctavo cumpleaños, era lo suficientemente responsable como para conducir un coche.

Nos conocimos en el primer año de la escuela secundaria, en exactamente tres meses estaremos saliendo por dos años y nuestra fiesta de compromiso también sucederá, él me había pedido oficialmente en la fiesta de fin de año, lo que me hizo muy feliz. A diferencia de lo que la gente piensa, mi vida no fue tan buena como mi familia la hace parecer. Mi padre es un juez de renombre en nuestra ciudad, lo que le lleva a realizar varios viajes a lo largo de los días, dejando sola en casa a su supuesta esposa perfecta y a una hija sana, lo que era mentira, mi madre no era más que una mujer triste e infeliz y una hija depresiva.

Felipe me devolvió lo que mi padre me había quitado, mi felicidad. En estos casi dos años estaba volviendo a ser quien era antes, una chica sonriente, a la que le gustaba ayudar a la gente, pero como consecuencia de los actos y atrocidades del padre me había cerrado al mundo, y sólo quedaban a mi lado los mejores amigos.

- ¿En qué has pensado tanto? Ni siquiera te pareces a mi prometida - preguntó Felipe riendo, sacándome de mis pensamientos.

- Sobre las cosas de mi vida y cómo me ayudaste a mejorar - fui sincero.

- Y siempre estaré a tu lado, para ayudarte cada día más - dijo lo que hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas y luego me hizo abrir una enorme sonrisa.

- Gracias por estar siempre conmigo". Me dio un largo beso nada más terminar la frase, lo que me hizo sonreír tontamente.

Nada más llegar al lugar, ya se oía la música a todo volumen y algunos adolescentes ya borrachos en la puerta de la casa donde se celebraba la fiesta. Fuimos juntos al parking y cuando salimos del coche, no tan cerca de la fiesta, había una chica de gafas profundas acorralada por dos chicas del grupo de baile, patética la chica nueva, ¿qué había hecho para cabrear a Aline tan rápido?

- No deberías hacerle esto -Felipe apareció mágicamente al lado de la chica haciéndome sentir un poco celoso, ¿en qué momento se fue de mi lado y no me di cuenta?

- Corta eso Felipe, esa ciega derramó refresco en mi falda, quédate en el lado en el Trix que es mejor que tú - dijo Aline enojada.

- ¡Vamos amor, esto no es asunto nuestro! - Lo atraje hacia mí.

- Pero no te gustaría que esto le pasara a tus amigos, ¿verdad? - preguntó en voz baja, lo que me hizo fruncir el ceño.

- Somos demasiado populares para que eso ocurra, ¡vamos! - Acabé ordenándole, lo que le hizo parecer asustado, e incluso yo me asusté por la forma en que había hablado.

Pisé con firmeza el suelo, aquella escena me había molestado, era raro que defendiera a alguien tan bien como responderme, más aún a una completa desconocida como aquella chica. Nada más entrar en la casa, el lugar estaba lleno de pelotas y vasos de bebidas en las mesas, y de lejos pude ver a mis amigos, lo que me hizo sonreír y saludar ligeramente.

- Mis amigos están en la mesa de las bebidas, hablaré con ellos y nos encontraremos pronto -advertí

- No olvides que tenemos que volver antes de medianoche.

- No te preocupes, antes de las 10:00 me reuniré contigo -me despedí con un beso y fui a reunirme con mis amigos y él se encogió de hombros.

Me acerqué y veo a Lucas devorando un vaso de bebida y como siempre la victoria quejándose de él, sabía lo frágil que era y aun así intentaba beber.

- Por supuesto que estaríais aquí -dije riendo.

- Este idiota sabe cómo es cuando se trata de beber y todavía se pone así -Victoria le golpeaba la espalda mientras se atragantó con su bebida.

- Sólo tiene diecisiete años y ya está así, ¡tu hígado puede soportarlo! - Cada vez que Lucas ingería alcohol, aunque fuera una pequeña cantidad, vomitaba horriblemente, por no hablar de que también se emborrachaba rápidamente.

- Mira quién habla, tú tampoco soportas nada, Beatrix -rebatió, lo que me hizo levantar las cejas por su atrevimiento.

- Qué atrevido.

- ¿Dónde está Felipe? ¿No viniste con él? - preguntó Victoria mientras lo buscaba.

- Sí, probablemente esté con sus amigos ahora mismo.

Lucas estaba sentado en una silla de madera a nuestro lado, estaba adormilado aún con todo el ruido que hacía, pero cómo podía hacerlo, por Dios, pero lo sabía, ya era el efecto del alcohol en su cuerpo y el siguiente paso era esperar el vómito.

- Una nueva chica llegó a la escuela - Victoria estaba escudriñando el lugar en busca de algo.

- ¿Y cómo se llama? - Pregunté, curioso.

- Caroline, es amiga de los empollones, João y Marlon -advirtió, los conocía bien, siempre nos peleábamos por la nota más alta de la clase, aunque sacáramos iguales notas.

- ¿Ha venido hoy?

- Sí, incluso se metió con Aline - dije, pensando que era lo más gracioso del mundo.

¿Así que esa chica fea con gafas profundas era la nueva chica de la escuela?

- Lo he visto, supongo que las noticias se propagan rápidamente.

- Ojalá lo hubiera hecho, igual que tú -Se tomó un sorbo de vino.

- Felipe incluso la defendió, antes de que le retirara -dije un poco enfadado.

- Apenas has llegado y ya estás causando todo este alboroto.

Acepté, nos dirigimos a la pista de baile, y nuestros cuerpos se movían con cada toque de la música, atrayendo la atención de la gente del lugar, las fiestas hechas en celebración siempre eran divertidas, sobre todo cuando podía hacer lo que más me gustaba, bailar.

Algunas personas nos acompañaron en el baile, y algunos chicos intentaron acercarse a mí, lo que fue un acoso, y yo sabía muy bien cómo lidiar con un acosador. En cuanto el reloj marcó las 10 de la noche, salí a buscar a Felipe, lo que me sorprendió, ya que estaba con el famoso grupo de empollones, la gente que más evitaba sobre la faz de la tierra.

- Nena, ya son las 10 de la noche -le besé dejando a la nueva chica un poco incómoda.

- Casi se me olvida que tenía que llevarte de vuelta - dije apartándome.

- Entonces, ¿nos vamos? - Le llamé y aceptó, sus ojos brillaron cuando se encontraron con los del nuevo alumno, lo que me enfadó un poco.

- Por supuesto, nos vemos mañana -se despidió.

- ¡Hasta mañana, perdedores! - También tuve la amabilidad de despedirme, lo que hizo que Felipe me mirara con tristeza, pero lo ignoré.

Fuimos al coche y evité mirarle, no quería armar un escándalo por algo que podría ser innecesario, pero de todos modos, estaba un poco triste. Él conocía todos mis miedos, no era posible que me hiciera daño, ¿verdad?

- ¿Por qué los trató así? - me preguntó prestando atención al volante. Yo quería evitar esta conversación y aparentemente él quería tenerla.

- No me gustan y no me gustaba esa chica -dije con sinceridad y firmeza-.

- ¿Dime quién te gusta? - Esta vez me preguntó un poco ignorante.

- Todas las chicas, excepto ella.

- ¡Ni siquiera la conoces!

- Y tú, ¿lo haces? - le pregunté y permaneció en silencio.

- Detengámonos aquí. No quiero continuar esta conversación.

El resto del viaje volvió a ser silencioso, a veces le miraba por el retrovisor del coche, mientras que él no hacía ademán de mirarme, podía tenerlo todo, dinero, viajes cuando quisiera, pero sabía lo insegura que era en cuanto a la apariencia, incluso con todos los que me rodeaban diciéndome lo perfecta que era, la realidad es que me odiaba, pero me gustaban las cosas que tenía. Cuando llegamos a mi casa eran las 10:40 p.m., el auto se detuvo justo frente a la casa y ninguno de los dos hizo ruido, tenía ganas de llorar, tanto por la forma en que me había tratado, como por la forma cruel en que mis pensamientos me hacían pensar en cosas que no existían.

- Nos vemos mañana, ¿de acuerdo? - Preguntó

- Sí, ¿puedes venir a recogerme? - Pregunté

- Me dio un beso que no pude evitar corresponder.

Le vi arrancar el coche y suspiré, qué noche. Tal vez metí la pata, pero sabía que sólo era mi ansiedad la que me jugaba una mala pasada y también sabía lo mucho que me quería y que nunca sería capaz de hacerme daño.

Cuando entré en el vestíbulo, me di cuenta de que la luz del salón estaba encendida, quizá mi madre aún me esperaba despierta, y al menos había cumplido mi promesa, llegué a casa antes de las 00:00 de la noche.

- ¿Qué haces todavía levantada, mamá?

- No pude dormir hasta que llegaste.

- Bueno, ahora estoy en casa, supongo que podemos dormir - dije.

- Sí, querida, por fin podemos dormir.

Mi madre suspiró aliviada, estaba medicada para el insomnio y yo sabía lo somnolienta que se ponía, en ese sentido estaba siendo una hija terrible para ella, pero ahora podría descansar.

- Buenas noches, mamá.

- Buenas noches mi niña.

Y así terminó otro día monótono.

Capítulo 2 II

Amaneció el día y como de costumbre mi madre me despertó para que no se me pasara la hora, después de ducharme y hacer mis necesidades y en cuanto salí del baño me vestí con el uniforme del colegio, bajé a las escaleras y me dirigí hacia el comedor y la acompañé en el desayuno, Patricia, la mujer que trabajaba en nuestra casa había ayudado a mi madre con el desayuno ya que hoy no venían las cocineras, así como todas las cosas de la casa. A mi madre no le gustaba depender de la gente y sólo aceptó que una mujer la ayudara en las tareas domésticas por orden de mi padre.

- ¡Mamá, Felipe está aquí, ya voy! - Advertí desde la puerta.

- Que tengas una buena clase.

- Que Dios te bendiga, mamá.

- Que Dios te bendiga hija mía.

Nada más llegar pude ver cómo era la escuela. La situación de la escuela era caótica, varios estudiantes estaban dispersos en el patio central de la escuela, tanto los nuevos como los veteranos. Pedro y Gabriel, los dos amigos de Felipe, en cuanto nos vieron llegar vinieron a acompañarnos y no fue diferente a Lucas y Vitoria. Lucas no tenía buen aspecto, tal vez todavía estaba borracho o tenía resaca.

- ¿Alguien ha visto a la nueva chica? - preguntó Gabriel, buscando en las cuatro esquinas del patio.

- Por su pobre cara, quizá ya esté llegando, ya que al parecer sus padres no tienen ni siquiera una moto para traerla -bromeé.

- ¡Chica, eres cruel! - dijo Aline detrás de mí mientras besaba a Pedro, que es su actual novio.

- Esto se está volviendo ridículo, Trix -me regañó Felipe.

- Deja de ser un pelele, hermano. Tú eres el que más se burla de sus amigos", le recordó Gabriel y él negó con la cabeza.

- Tú también haces bromas -continué mientras el resto se reía.

- Este Felipe ya no está, el actual es bonito.

Había cambiado del agua al vino, y yo creía en su cambio ya que no era un chico de mentiras y cuando decía algo lo decía en serio. Realmente esperaba que este cambio no tuviera que ver con la nueva chica, como también esperaba que nada cambiara entre nosotros, era totalmente dependiente de él y eso nunca lo negaría.

La directora comenzó su aburrido discurso de bienvenida y de cómo cambiaría nuestra vida en este último año de bachillerato, ya que, según ella, era el año de elegir nuestro futuro y tenía razón, aunque yo sabía cuál era mi futuro no me gustaba mucho la idea de descubrir otros ámbitos, lo que me haría cambiar de opinión sobre el primero y llevaría a mi padre a odiarme, ya que soy heredera de la empresa Edwards y la reclamaría fácilmente si tuviera otra hermana o hermano.

- ¿Estás preparado para el juego de inicio de curso? - preguntó Peter a los chicos, lo que me despertó de mi trance y me hizo ver que sólo había prestado atención al principio del discurso de la directora.

- Ya es mañana, ¿no? - preguntó Gabriel.

Felipe era el líder del equipo de baloncesto del colegio, Gabriel y Pedro también estaban en el equipo popular y yo y las chicas estábamos en el equipo de baile, lo que me hacía feliz ya que mañana podría bailar y sólo entonces, hacer honor al apellido Edwards.

- Desgraciadamente, pero tengo confianza, ya que durante las vacaciones nos reunimos mucho con el resto del equipo para entrenar, podéis estar seguros, ¡la victoria es nuestra! - dijo Felipe con seguridad.

- No pertenezco a nadie, sólo a mí. - Esta vez Victoria habló, haciendo reír a todos los de nuestro grupo, lo que me hizo reír a mí también, era muy divertida.

- Bestia, no me refería a ti, y creo que lo sabes -Felipe sonrió y luego se puso a tintinear.

- Quien da la lengua pide un beso, y creo que el trix está disponible para eso - Respondió sonriendo lo que hizo que me diera un largo beso y todos gritaran por lo bajo.

- Eres un auténtico imbécil Felipe - sonreí y le devolví el beso.

- Y tú eres mi princesa.

Nos miramos como dos adolescentes enamorados y la realidad es que lo estábamos, él me hacía feliz y nunca negaría lo mucho que me había salvado.

- Qué tierno - Gabriel puso cara de mareo al igual que el resto de nosotros - vamos a la habitación, ya van todos - llamó y así todos le seguimos.

Nuestros libros ya estaban guardados en nuestras taquillas desde el final del curso, y con las prisas yo era el primero en alejarme para coger mis libros y conseguir un buen sular en el aula, un miope que no llevaba gafas acababa de sufrir.

Me desequilibré con tanta gente que también iba a por sus libros, y en un acto de conseguir equilibrarme de nuevo acabé chocando accidentalmente con una chica más pequeña que yo, y antes de que pudiera disculparme se giró con una mirada de odio y sólo entonces pude ver de quién se trataba, era la chica nueva.

- ¿Eres una chica ciega? - Preguntó ignorantemente como si fuera la persona más fuerte del mundo.

- Mira cómo hablas, ayer no usaste toda tu ignorancia con Carla, ¿por qué? - Pregunté viendo que se ponía incómoda mientras miraba hacia atrás y en cuanto miré entendí por qué, venía Felipe.

- ¿Pasó algo aquí? - preguntó Felipe en cuanto él y el resto se acercaron.

- Chocó conmigo a propósito, lo que hizo que se me cayeran los libros - Habló en tono dulce y señalando los libros que antes no estaban en el suelo.

- Eres una chica insistente, no es exactamente así como sucedió, ¿verdad? - pregunté acorralándola.

- No sé de qué estás hablando". Se hizo la víctima, lo que me hizo enfadar.

- Lo siento, guapa - la defendió Felipe, que casi no piropea a nadie por piropearla a ella - Esto no volverá a pasar - dijo - Sé buena por una vez en tu vida y recoge los libros que has tirado trix - Me miró serio y sonreí.

La chica tiró los libros a propósito cuando se dio cuenta de que venía felipe, al parecer no me había creído, pero yo haría lo que me pedía como el alma bondadosa que era, lo haría con gusto. Pude escuchar una risa irónica proveniente de Caroline, al igual que las miradas incrédulas de nuestros amigos y otras personas que estaban en el pasillo.

- Es un placer, amor. - Dije irónicamente

Capítulo 3 III

Me agaché lentamente, apoyando mi trasero en la parte de Felipe y recogí los dos libros que estaban en el suelo, en cuanto los recogí volví a la posición en la que estaba unos minutos antes, su mirada cambió a incomodidad y antes de que pudiera volver a cogerlos dejé caer los libros a propósito sobre su pie, haciendo reír a mis amigos.

- No sabes con quién te estás metiendo, chica. ¿Quieres que sea el villano? Bien, seré el villano, pero no me pidas que me detenga, porque realmente no lo haré", le hablé al oído y me fui al salón sin tomar el mío.

Nuestros amigos me habían seguido, excepto él, lo que me entristeció. No sabía qué pretendía esta chica, pero lo averiguaría y le mostraría la verdadera persona que era.

- ¡Estuviste genial, amigo mío! - Aline me abrazó en cuanto me senté en la última mesa del fondo.

- Ella misma tiró los libros y quiso hacerse la víctima -dije, apostando por lo roja de rabia que estaba.

- Hizo lo mismo con Aline y se hizo la víctima conmigo, la diferencia es que yo estaba lejos y vi lo que realmente pasó.

- Creo que se va a hacer la víctima de todos los chicos de este colegio, espero que todos se den cuenta de lo perra que es esta santa engreída -dijo Victoria, y a los pocos minutos entraron Felipe y Caroline, sus ojos parecían llorosos, pero a mí no me importaría, porque yo no soy la villana.

Cuando Felipe se sentó a mi lado no dijo nada, era como si estuviera enfadado por lo que había pasado hace unos minutos, y en cuanto entró el primer profesor en clase se quedó totalmente inmóvil sólo pensando, y yo daría cualquier cosa por saber en qué.

La clase pasó rápidamente, bueno, en realidad no fue una clase, sólo se presentaron los profesores y se entregaron los contenidos que iban a repasar. A veces pillaba a la nueva alumna mirando fijamente a Felipe, que no parecía darse cuenta, pero le daba un beso, lo que la hacía volver la cara rápidamente. ¿Cómo puede una persona ser como era?

Cuando nos soltaron, tanto el equipo de baile como el de baloncesto se habían quedado para el último entrenamiento antes del partido de mañana, ya que íbamos a bailar para la inauguración. Aline y yo éramos líderes del equipo de baile, no éramos tan cercanas, pero también era mi amiga.

- Así no chicas, la pierna derecha va primero" grité para que todos en la cancha pudieran escuchar y ajustar la coreografía.

- ¿Y si hiciéramos un puente al final y todo el mundo saltara? - sugirió Clara.

- Sería una buena idea, podemos probarlo para la próxima. - Lo dejaré para otro momento, Clara. ¡Estás despedido! - gritó Aline y se dirigieron al baño de mujeres.

- ¿Te vas a duchar aquí o en casa? - me preguntó, mientras se limpiaba la cara con una pequeña toalla.

- En casa, buscaré a Felipe para que me lleve de vuelta.

- Se fue antes, ¿no lo viste, amigo? - Me preguntó y me quedé confuso.

- Sinceramente no, hace mucho tiempo que se fue...

- ¡Hace una hora! - Peter vino detrás de nosotros hablando.

- ¿Sabes a dónde fue?

- No, dijo que tenía algo que atender y nos dejó ir temprano.

- Tal vez sea algo en su casa". Me quedé pensativa cuando lo dije, él no era de los que se iban antes de tiempo, y más cuando no hacía ejercicio, por no decir que también me lo decía. Es raro.

- Te llevaré a casa si quieres", sugirió Peter.

- Muchas gracias y me apunto a tu viaje, me ayudará mucho a que no me asalten de camino a casa.

- Pensé", dije, "Estoy seguro de que encontrarás que es una buena idea esperarme fuera de la puerta.

- Espérame fuera y traeré el coche - pidió Felipe

Íbamos caminando hacia las afueras de la escuela y yo estaba muy aprensiva por qué Felipe no me había avisado que se iría antes y no me llevaría, me preocupaba su salud y también la de su familia que tanto quería, pero si éramos novios, debíamos compartir todo con el otro para no caer en la rutina y terminar desgastándonos.

- Relájate, puede que haya sido algo relacionado con uno de sus parientes", dijo Aline como si leyera mis pensamientos.

- Sí, tal vez lo fue y sólo estoy exagerando pensando en cosas que no existen.

- Él te ama, estoy seguro de que nunca te haría daño.

- A veces tengo miedo y reconozco que me siento amenazada por la llegada de la nueva alumna, siento que no es una buena persona.

- Me di cuenta de que en la fiesta de ayer, de todos modos, también tendremos que tener cuidado con ella - me dijo Aline y me pregunté de qué era capaz cuando llegó Pedro llamándonos.

El trayecto hasta mi casa duró unos veinte minutos, cuando me despedí de mis amigos y entré en la casa, escuché fuertes ruidos que provenían de la habitación de mi padre, siempre era así cuando llegaba, nos acusaba a mí y a mi madre, algo que hacíamos sin que él siquiera lo pidiera, mi madre vivía en un matrimonio infeliz, todo por culpa de mi difunto abuelo, un matrimonio concertado siempre terminaba así, ninguno de los dos sentía amor por el otro, al menos por parte de mi padre, ya que yo sentía lo mucho que le quería mi madre.

Cuando llegué a mi habitación, cerré la puerta con llave y me puse a llorar, era como si volvieran mis problemas y me derrumbara sin tener nada que hacer al menos. Se oían fuertes sollozos, hasta que para evitar que mi madre viniera a preguntar qué pasaba, decidí ir al baño para estar sola y que nadie me interrumpiera y no tuviera que dar respuestas.

No sé cuánto tiempo estuve en el baño ahogando mis lágrimas en el agua, pero cuando salí me di cuenta de que el ruido había cesado y, al llegar a la ventana, el coche de mi padre ya no estaba allí. Por supuesto, nunca estaba en casa, como si tuviera otra familia. Aunque nos da todo, lo único que no nos da es amor.

Me puse una sudadera y unos pantalones cortos y bajé al comedor, tenía hambre y no había comido desde que había llegado del colegio. Cuando miré el reloj me llevé un susto, ya indicaba casi las seis de la tarde, pero ¿a qué hora había llegado del colegio? Necesitaba hacer algo antes de bajar, cogí mi móvil y marqué el número de Felipe, pero fue en vano, no obtuve respuesta, pero más tarde lo volvería a intentar.

Encontré a mi madre llorando nada más llegar al comedor, era una de las cosas que más odiaba ver, sentía que todo lo que le pasaba era culpa mía, aún sabiendo que la verdad no era esa.

- Mamá, ¿ha pasado algo? - Le toqué suavemente la espalda y se sobresaltó, pero luego sonrió tranquilizadoramente.

- No, querida, sólo lo mismo de siempre, no tienes que preocuparte por eso", dijo mientras se secaba las lágrimas.

- No me gusta verte así, mamá.

- Al igual que no me gusta verte triste, pero así es la vida adulta querida, pronto estarás comprometida y sabrás lo que es.

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