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los millonarios en la lluvia de lujuria

los millonarios en la lluvia de lujuria

Autor: : Gabriela Castillo
Género: Romance
Mariana trabaja en una ONG como abogada y conoce a Manuel, quien es su jefe. Mariana y Manuel, viven un tórrido romance, ella sale embarazada. Manuel es millonario y busca una heredera: Lucía. Manuel muere de cáncer y deja a Mariana millonaria, sola y con una hija. Mariana es rescatada por su mejor amigo: Luciano. Quien regresa por ella y se casan en medio de una gran fiesta. Mariana se casa embarazada de Luciano. Mariana es una mujer madura y tiene un embarazo de alto riesgo. Aun así nace Mauricio. Mariana es recluida en terapia intensiva. Luciano sufre un grave problema de depresión. Al pensar que perdería a Mariana cae en un cuadro depresivo. Mariana sufre un problema del corazón que apenas puede vivir con él. Son horas angustiantes para Luciano cuando ella se agrava y casi la pierde. Ellos viven un intenso amor que los une hasta el infinito. Pronto sufrirán la muerte de sus madres, lo cual apenas pueden soportar. Mariana tiene a su amigo Aleiber quien los ayudará en su problema de salud y la rescatara de los trágicos episodios que vive su amiga.

Capítulo 1 Aquella tarde lluviosa

Aquella tarde lluviosa, recuerdo que lo que había pasado esa noche: era una noche llena de erotismo y mucha sensualidad, de pasión desbordada, apenas podíamos contenerla, pensaba que lo inevitable estaba por pasar nuevamente, estábamos sentados en mi café preferido, él solía complacerme en aquéllos pequeños detalles que hacen crecer una relación, la cual apenas comenzaba. Me tenía tomada de la mano, la cual besaba lentamente, como si fuera el postre que se disfruta largamente.

Intenté hacer una conversación fluida con él, pero el solo asentía, me decía simplemente no, o hablaba cortas frases, las cuales me frenaron y por un rato me sentí nerviosa, atrapada de su mano, como si estuviera probando lo fuerte que era, o el poder que tenía sobre mí. Sintió mis nervios, entonces bajo la presión de su brazo sobre el mío, y empezó a besarlo dulcemente.

Asentí, y le besé muy tiernamente los labios, su acento de aquellas tierras ibéricas, me transmitía mucho deseo. El correspondió tiernamente a mis labios, y los besó con tanta ternura como yo lo deseaba, entonces comencé a gemir, el sólo roce de sus labios me estremecían, pero también sentía un poco de angustia: Él era mi jefe.

Pasábamos mucho tiempo en ese café, después de salir del trabajo, íbamos a hablar y conversar de temas sin importancia, sólo estaba presente el deseo de vernos en un sitio que no fuera el hotel. Estábamos asilados en un hotel elegante, eran nuestras oficinas, mientras la organización arreglaba lo concerniente al arrendamiento de una oficina apropiada para nuestros oficios de ayuda a los refugiados y desplazados. La organización para la cual trabajamos no aceptaba idilios o romances entre sus trabajadores, a menos que fuera algo oficial que terminaría en matrimonio. Por el momento no pensábamos en algo tan serio como el matrimonio, pero nos gustábamos y esa era una realidad que había terminado por romper las reglas tan estrictas que teníamos sobre el tema.

Para él no era difícil saber que me gustaba el silencio y la calma, la meditación y los mándalas, sabíamos tanto el uno del otro, que parecíamos amigos o almas conocidas en el más allá. Así, que esa tarde, que llegó hasta la noche, sólo estábamos allí, disfrutando de la presencia del otro, a veces el me besaba las mejillas, las orejas, y rozaba mis labios, yo lo disfrutaba tanto que gemía, él escuchaba mis gemidos, como luego yo me tensaba. Yo podía ver como él disfrutaba de una erección, pero, en ese momento solo estábamos disfrutando del comienzo de una noche apasionada, de solo tenernos el uno al otro.

Soltó mi mano por unos momentos, mientras pedíamos algo para cenar, pasaba su mano por entre mis muslos, mis piernas gruesas, y solo me pedía tranquilidad. Yo me tensaba y estaba a punto, no soportaba más el deseo. Mientras más tranquilidad me pedía, más deseosa me sentía de él. Lo prohibitivo a veces puede ser muy estresante, a veces es imposible, seleccionar lo que se desea.

Ese día usaba jeans y la franela de la organización, tenía mis panty de encajes y mi sostén de encajes rojo que contrastaba con mi piel canela. Creo que adoraba mi ropa interior, porque me la arreglaba con mucha delicadeza, como cuando dejas caer un tiro del sostén, y él me lo llevaba a su sitio.

Esa noche, el me llevó a mi habitación como siempre lo hacía, teníamos todos nuestros accesorios e instrumentos de trabajo en las habitaciones, así que era normal, ver a mi jefe en mi habitación. Cerró la puerta con cerradura, y comenzó a besarme, de manera muy cálida, sus labios húmedos, pasaban por mi pelo, mis mejillas, mi cuello, mientras él escuchaba mis gemidos, seguía besándome con más pasión, me quitó la franela de la organización, y tocó mi hueso supra terrenal y mis senos redondos, con aureola grande y pezones marrones, sintió que estaba llegando a un primer orgasmo, chupando mis pezones, de una forma tan deliciosa que no puedo recrear en este diario, al escucharme gemir fuerte y más fuerte hasta que tuve el primer orgasmo, yo me así de su cabellera, de su cuello, clavándole mis uñas rosadas.

Luego que suspiré, me quitó mi jeans ajustado que delineaba muy bien mi cuerpo torneado. Lamió mis piernas, acarició mis muslos, abrió mis piernas y metió su cabeza en mi pubis, metiendo su lengua, en mi clítoris, dándole suaves toques que me hacían chillar de placer. Mis fluidos corporales no tardaron en aparecer, él los bebió lentamente, y luego introdujo su pene con mucho cuidado, me escuchó gritar de placer, era mi segundo orgasmo, me había acostado en la cama para disfrutarme sin piedad. Cuando sintió mi humedad y mis gritos, se detuvo a escucharme oír de placer. Disfrutaba escucharme gritar, así que se esmeró para que ello sucediera más seguido, me penetró con sutileza, entonces sintió mi estrechez. Comenzó a sentir las palpitaciones de mi vagina que exprimía su pene erecto y grande, le gustó que mi vagina lo atrapará y lo succionará cada vez más rápido, seguía bombeándome lentamente, pero mi vagina le pedía que fuera más rápido, me hacía languidecer de placer, que se tomara el tiempo para besarme mientras me penetraba y su coito se hacía más placentero, le pedí que no terminará, el obedeció y trato de no venirse tan rápido, mantuvo su pene erecto, dentro de mí. Mientras lamía mis pechos redondos y mis pezones marrones, entonces los orgasmos aparecieron uno tras otro, yo sentía que el tiempo no pasaba, solo gritaba de placer, cada vez mis orgasmos fueron más lentos y duraban más. No sé cómo mantuvo su pene tanto tiempo erecto dentro de mí. Hasta que escuché sus gritos de placer, sentía su esperma dentro de mí vagina. Era delicioso sentirlo dentro de mí. Probarme a mí misma con sus labios embebidos de mí. Estábamos desnudos, siendo uno solo en mi habitación que fuera designada. Mi jefe, me había poseído con tanto placer, que esa noche fue interminable.

Pasamos horas uno encima del otro, le gustaba que yo me montara sobre él y lo cabalgará con tanto placer, como él lo hacía dentro de mí. Esa noche dormimos muy poco, le pedí que me dejará ir al baño a lavarme como siempre lo hacía. Pero entonces él me dijo en su tono de voz ronca y acento ibérico:

–No me quites ese placer.

Me llevó el baño, puso el agua a temperatura, y me baño con la ternura, que nunca había probado, lavó mi cabello con mi champú olor a vainilla, y me dijo:

–No puedo dormir, sin este olor... mañana hablaré con la organización.

Disfrutamos del agua, del jabón pasar por nuestro cuerpo de tocarnos el uno al otro, de lamer su pene hasta ponerlo erecto, no soportó el orgasmo, y tragué su esperma, no me importó. Me gustaba escucharlo gemir y venirse de placer por mi cuerpo, mi olor, y todo lo que era yo, cuando estaba con él. Al amanecer, nos encontramos abrazados uno junto al otro, yo solo tenía mi panty de encajes roja, y tenía los senos al aire, él estaba recostado de mi cuerpo, dándome placer, acariciando mis senos, solo acariciándolos mientras yo desperté gimiendo. Los volvió a chupar, y a chupar hasta que llegué a un orgasmo, entonces desperté completamente. Había pedido el desayuno a mi habitación, no era raro que eso ocurriera, a veces desayunábamos en mi habitación o en la de él. Yo lo hacía con mucha ingenuidad, pero a él le fascinaba verme despeinada, ser el primero en darme la taza de café. Le dije que apenas había dormido y necesitaba dormir un poco más, ese amanecer, no tomé café como siempre lo acostumbrábamos, me dejó dormir, así desnuda como estaba, observándome cada milímetro de mi cuerpo, y que él había poseído sin compasión.

Manuel tenía 51 años y yo 42, ambos éramos abogados de una organización sin fines de lucros. No parecía un hombre tan maduro, tenía unas pocas canas, era alto y blanco, los ojos marrones, su nariz y su boca muy fina, un cuerpo muy definido, era muy fuerte, su pasión eran los deportes, así que no me extrañaba su bello cuerpo tonificado. Yo un poco más joven pero también madura, tenía el cuerpo torneado propio de las mujeres caribeñas, mis senos redondos y mis pezones marrones, mi cara fina y alargada, mis labios gruesos y rosáceos, mi cintura definida, mi cabello azabache liso, se esparcía sobre mi espalda, mi mirada alegre y mis ojos cafés y grandes, escribía muy de vez en cuando, me gustaba bailar y las artes, creo que le gustaba ese toque de sofisticación que me hacía muy dulce y delicada. Yo no sabía que mi jefe estaba enamorado de mí pero llegó un día en que la pasión nos desbordó y este día era un día lluvioso.

Capítulo 2 Dos

Desperté muy tarde, Manuel me besó en los labios, humedeciendo mis labios resecos, pidiéndome que me despertará porque era muy tarde y no había comido nada desde el día anterior, la verdad me sentía muy débil y mareada, Manuel debió notarlo, así que me dijo:

–Por favor hidrátate y come algo, necesitas comer.

–Lo siento ¿Qué hora es? me dormí muy profundamente, no sé qué me pasó.

–Estás relajada, pero necesitas alimentarte, tomar agua, caminar un poco.

–Está bien, necesito ducharme y una taza de café. Sabes cómo me gusta, por favor, pídeme un café, mientras me aseo.

–Está bien. Ya envíe un correo a la organización, me atenderán dentro de un mes, en New York, la sede de la organización.

–Dios... ¿Qué has hecho Manuel?

–No te preocupes, no saldrás lastimada, anda ve, date una ducha, vístete y cálzate, toma tú café, té esperare abajo en el cafetín, pediré tu comida favorita mientras tanto. Necesitas alimentarte, estas muy débil.

–Está bien, gracias por preocuparte.

–No sería de otro modo, después de haberte entregado como lo hiciste, siento tu piel dentro de mí.

–¡Dios, Manuel, no sé qué hechizo me hiciste, generalmente soy más tímida, más cerrada, ni siquiera nos cuidamos!

–Después hablamos de eso, te daré la privacidad que necesitas, he estado toda la mañana trabajando aquí mientras dormías.

–Está bien, gracias.

Me quité la panty roja que tanto le gustaba a Manuel, esta vez use ropa íntima de encajes rosados, me perfume, me vestí, no me puse las botas, sino un par de sandalias que me mantenían descansada. Repasé cada momento que había vivido con él, sentí que había enloquecido de amor por él.

La verdad no estaba clara si era amor o deseo, pero lo que quiera que había sucedido había sido muy intenso para mí, ni en mis libros, ni en mis hojas sueltas de poemas de amor, escribiría todo lo que sentía por él.

Me puse una blusa azul, que dejaba ver mi brassiere de encajes rosados, los senos me dolían, y sentía dolor en mi vagina, después de cinco años sin sexo, mi cuerpo lo resentía de alguna manera, me vestí con un jeans, muy casual e informal. Me puse mis cremas, mi perfume, sentí mi piel más hermosa, a pesar de no haber tomado agua en muchas horas.

Tocaron a la puerta mientras me peinaba, y era mi café, tal cual como me gustaba sin mucha leche, un poco más café que leche, con una dosis de azúcar, lo moví y lo removí y comencé a tomarlo despacio. Pensé: este hombre sabe cómo me gusta el café. Parecía estar atento a todos mis detalles. Bajé al comedor, todavía un poco mareada, bastante débil, cuando miré a Manuel en la silla, sirviéndose una pasta. Me había pedido una parrilla mar y tierra con papas fritas y ensaladas. Tuve que comer despacio, toda aquella ración, porque comía muy poco. Lo primero que me pidió Manuel fue que comiera más, que tenía una silueta hermosa y que no necesitaba cuidarme tanto, solo hacer un poco de ejercicio. Lo escuché, sin todavía creerme todo lo que había pasado.

Besó tiernamente mis labios y me dijo:

–Sabes a papas fritas.

Me dio risa su comentario y él se quedó observando como reía. Adoraba verme reír, a veces solo se quedaba allí viendo como reía. Manuel se comió su pasta, su pan y una copa de vino. Yo solo tomé un jugo de frutas. Lo miré fijamente a sus ojos marrones y le pregunté:

–Por favor... ¿Dime que hiciste?

–Pedí una cita con la organización, hay muchas cosas que arreglar aquí, necesitamos personal, mucha ayuda, voluntarios, nuestra oficina, y quiero hablarle de lo nuestro. Asumiré toda la responsabilidad. No dejaría que algo te pasara.

–Por favor, Manuel, te estas exponiendo mucho.

–No me importa tú lo vales. Te habrás dado cuenta que no te cuidé anoche. Cómo me lo habías pedido, hubiese querido que salieras embarazada, quiero darte ese hijo que tanto deseas. No te preocupes por las consecuencias en mi vida, no he deseado un hijo, pero contigo lo tendría y lo cuidaría tanto, como quiero cuidar de ti.

–Dios mío Manuel, ¿Qué haces? ¿Cómo es eso de que quieres cuidar de mí?

–Eres muy frágil y delicada Mariana, como que quiero cuidar de ti. Quiero hacerlo, quiero que seas mi mujer esta noche y todas las noches de mi vida, o todas las mañanas, o cuando lo deseemos.

–¿Me estás pidiendo matrimonio?

–No, sólo es la intención a largo plazo. Yo te amé Mariana, anoche te amé con intensidad, y quiero seguir haciéndolo en lo que me queda de vida.

Me quedé silente, había sentido tanto placer, y tanta ternura, que no sabía que esa era su forma de amarme. ¡Vaya con estos españoles! Es difícil entenderlos. Por lo menos me costaba entender a Manuel, él me había dicho que llevaría las cosas con calma, me sentía arrollada, con todo lo que me había dicho. Besó mi mano, luego tomo la otra, olió mi cabello, con olor a vainilla y me dijo:

–Lo lamento, no puedo evitar desearte, deseo que estés en mis brazos, deseo escucharte gritar de placer, deseo sentir tus orgasmos, jamás había tenido un coito como contigo.

Le repliqué, con un tono de voz dulce y apacible:

–Lo que sientes es placer, sexo, no lo sé, no creo que sea amor Manuel, la verdad nunca he sido amada, pensé que mi expareja lo hacía, no era así.

–No has conocido el amor Mariana, quiero que conozcas todo lo que sé, que te ponga a cuatro patas y te embista es sexo, ciertamente, pero desearte y sentirte toda dentro de mí, como anoche es imposible que lo sienta por otra mujer. Jamás he amado a alguien como te amo a ti, quisiera que entendieras como amigos que somos, mi particular manera de quererte. Me apasionas, me haces sentir cosas que por nadie he sentido, eres una mujer delicada y sensual, muy apasionada, eres de esos diamantes que uno conoce y no quiere soltar.

Lo escuché atentamente, pero igual no estaba convencida de su amor repentino por mí. Continuo, con una mirada de ternura y su voz ronca de tierras ibéricas:

–Creo que te he amado desde que te conocí, esos ojos vivaces, tu cabellera azabache, tus labios perfectos, tu cuerpo hermoso. Sólo quiero amarte, permíteme hacerlo.

–No lo sé, pensé que no repetiríamos ese encuentro, que todo quedaría allí. Esta vez sí estoy asustada, puedo perder mi trabajo, salir muy mal de este empleo, perdóname pero estoy temerosa.

–Lo entiendo, pero te protegeré y nada de eso pasará. Quiero protegerte y lo haré. Cumpliré mi promesa, y ojala quedes embarazada, nada me gustaría más que cuidarte.

–¿Tienes idea cuántas veces he escuchado eso? Soy una mujer madura Manuel, estas cosas no deberían pasarme.

–¿Qué no debería pasarte? ¿Qué yo te ame? ¿Qué quiera hacer una vida contigo?

Lo miré fijamente a los ojos, parpadeé, con mi voz dulce y apacible le dije:

–Está bien, te daré una oportunidad, pero por favor, no me destruyas la vida.

–Eso no pasará. Quédate tranquila y relájate.

Siguió besando mis manos, se las llevaba a su mejilla, finalmente me abrazó, olió mi cabello. Me preguntó, con su voz ronca de tierras ibéricas, mirándome fijamente a mis ojos cafés:

–¿Te sientes bien?

–Sí, parece que la debilidad era hambre.

Me volvió a preguntar, con un poco de carácter, como si yo no entendiera la pregunta:

–¿Te sientes bien?

–Sí, solo un poco dolor, tenía mucho tiempo...bueno tú lo sabes, tu entiendes.

–Si yo entiendo. ¿Quieres seguir durmiendo? Tienes el día libre. Yo no. Voy a esta ocupado, muy ocupado. Pero quiero dormir contigo esta noche, si tú lo permites.

–Sí, está bien. Y sí, quiero seguir descansando. Por favor pídeme un postre, tengo mucha ansiedad de azúcar. Subiré a la habitación, necesito un poco de espacio, no sé si me entiendes.

–Si te entiendo. Pero está noche iré a dormir contigo. Porque deseo estar contigo.

–No sé si tenga tantas fuerzas como anoche.

–Descansa, duerme, piensa en lo que te he dicho. No hay prisa para respuestas.

–Subiré y descansaré, lo necesito.

–Quiero que te hidrates, que comas, anoche hubo un momento en que te quedaste entre mis brazos, no sé si lo recuerdas, después de tu último orgasmo, me asusté un poco.

–Está bien, tranquilo. Más calma Manuel, más pausa. Por favor.

–Está bien, solo quiero dormir contigo. No significa que tengamos sexo.

Esa noche, Manuel subió a mi habitación y me encontró profundamente dormida. Me abrazó, me arropó, tenía una pijama de algodón, se veían mis muslos, mis piernas gruesas, los senos se veían a contraluz, no intento nada, solo me colmó a besos y me dejó dormir, como si estuviéramos casados.

Capítulo 3 Día tres

Volví a mi rutina normal de trabajo. Todo lo que tenía planificado lo hice con detalle. Esa mañana, Manuel pidió el desayuno a la habitación, tomamos café, empanadas, y hablamos del trabajo previsto para ese día. Me había visto despertar, caminar hacia la ducha, oír cómo me cepillaba los dientes, los 15 o 20 minutos que pasaba bajo el agua tibia. Me vio vestirme, como me aplicaba mis cremas hidratantes, no interrumpió nada, solo estaba complacido con verme. Me hice un maquillaje ligero y comencé a trabajar.

Algunas fuerzas policiales, me llamaron al terreno, así que tuve que salir y ser testigos de actos de violencia. La violencia engendra más violencia, solo la educación conquista los pueblos, los hace crecer y salir de la pobreza, así que esos episodios, me producían un dejo de tristeza, me reprochaba si estaba haciendo bien mi trabajo.

Necesitábamos un grupo más consistente para poder enfrentar embates como estos. Luego que hablé con él por teléfono, me sentí más sosegada. Tomé la camioneta que nos habían asignado y mi escolta me siguió, hasta el hotel.

Manuel llegó tarde, sentí que se duchaba, y se ponía su pijama, me abrazó, me besó las mejillas, me dejó dormir. No sé qué hora era, cuando me despertó con sus caricias, besaba mi espalda, acariciaba mis nalgas, hasta que sintió mis gemidos, estaba despierta.

Como estaba de espalda me volteo, y me dio un beso largo, acariciando su lengua con la mía, llegaba hasta mi garganta, me embebí de él sentía su cuerpo sobre el mío. Besó mi cuello largamente. Mientras yo gemía, también sentí sus gemidos, estaba envuelto de placer. Chupó mis senos redondos y marrones, los chupó con delicadeza al principio, luego sentí que los comía desaforadamente, le pedí que parara, entonces le dije:

–Con sutileza, por favor.

Entendió el mensaje, así que masajeo mis senos, con mi crema olor de vainilla, grité, sentí una nube de placer inmensa. Me quitó la pijama, bajó hasta mis piernas, lamió mi clítoris, hasta que empecé a gritar de placer, sentí como mojaba mi cama, con mis jugos, deliciosamente, él dejó la ansiedad, y me sobrevino un orgasmo, volvió a lamer y chupar mis senos, fue imposible que otro orgasmo me viniera, me sentí contraída, no me penetró, solo quiso sentir que yo disfrutaba y me relajaba luego de uno y otro orgasmo, que hacía luego de tocar y lamer mi cintura, el borde de mi cuerpo, mis piernas, mis pies, no sentí dolor cuando me penetró, pero sintió mi sexo estrecho y eso le producía mucho placer a él, me embistió con ternura, como no lo hizo antes, mi sexo lo atrapó, y empezó a succionarlo, su pene erecto y enorme, lo sentía con más fuerza, estaba despierta, pero solo trataba de sentirlo. Le besé en los labios, y sentí el olor a pescado de mi sexo. Siguió bombeándome, me sujete de su espalda, y cada espasmo, lo marcaba con mis uñas largas y rosadas, lo tenía arañado, pero no le importó, me sentí en una nube orgásmica. Cada vez los orgasmos eran más fuertes, me puse en posición de flor de loto, abriendo mi sexo de manera que pudiera penetrarme con más profundidad, amasaba mis senos, los chupaba mientras me poseía, besaba mi cuello, lo lamía, esa noche los orgasmos fueron incontables, moje toda la cama, y el poseído por el placer los chupo todo, bebiendo todos mis fluidos corporales. Retiró su pene, y siguió chupando mi sexo, yo no soportaba tanto placer. Le pedí que no podía más, necesitaba su sexo dentro del mío, las paredes de mi vagina se contraían enormemente. El coito para él nunca fue más delicioso. Siguió con su pene erguido, no entendía de donde sacaba tantas fuerzas. Hasta que mis paredes vaginales lo atraparon con tanta fuerza, que se vino conmigo, casi al mismo tiempo, acabo con llenarme de su esperma, estaba llena de placer. Pero entonces, luego de haber terminado, empezó a besarme dulcemente, a acariciar mi vagina depilada, a besarme de una manera que antes no había sentido. Beso mis mejillas, mis labios, yo seguía gimiendo, me estaba entregando su amor y yo no me había dado cuenta, acariciaba mis cabellos, cuando su miembro se puso flácido lo saco, me abrazó y me llenó de besos dulces, yo no dejaba de gemir, tanta ternura, me daba mucho placer. Me quedé dormida en su regazo, pero los primeros rayos de sol entraron por la ventana, mi panty rosada de encajes se había quedado en alguna parte, así que me vistió con sutileza con una camisa de él. Sintió que yo tiritaba de frío, me eche en su pecho, y descansé sobre él. Mientras que el acariciaba mi cabello. Amé esos instantes, en los que solo había amor.

No quiso que la alarma me despertará. Sentí la necesidad de lavarme. Así que me desperté, me fui a la ducha con calma, quitando su brazo y su pierna sobre mí. Lave mis partes íntimas, mi cuerpo lleno de esperma, me cepillé y llamé para pedir dos cafés uno negro como a él le gustaba y uno cortado para mí. Me vestí como lo hacía, siempre, esta vez no me sentí cansada, sino relajada. Me dolía un poco mi vagina por las embestidas, pero entendía que era parte del todo. Lo desperté a dulces besos y con un café en la mano, lo sorbió lentamente como siempre lo hacía. No se había dado cuenta que estaba perfumada y maquillada, lista para ir al terreno. Entonces me dijo:

–Lo siento, no te dije, que hoy teníamos el día libre, bueno, hay que hacer algunas maletas, vamos a viajar a New York, la organización quiere conocerte en persona. Tenemos cosas que comprar.

Yo tenía los ojos orbitados, mi cerebro no procesaba tanta información. Trató de calmarme con estas palabras:

–No te asustes mi princesa, no te asustes, es bueno que quieran conocerte. Quería que durmieras un poco más y descansarás.

–No entiendo nada Manuel, ¿Cómo que quieren conocerme?

–Reconocen tu trabajo amor, eso es todo, y bueno quieren conocer a la mujer que me va a sacar de la soltería– Sonrió.

–Estás loco Manuel. ¿Yo en New York? ¿Qué haré allí?

–Tienes que hacer una presentación, por esta semana no irás al terreno, te quedarás en la oficina. Haciendo estadísticas que tienes que presentar.

–¡Santo Dios, Manuel! ¿Qué te pasa? ¿Por qué no me habías contado de eso?

–Perdona estoy enamorado, muy enamorado. Te compré tu champú, tus cremas, tu perfume lo hice ayer tarde.

Yo estaba desorientada. No sabía que decir. Solo atine a decir:

–Gracias ¿Y quién irá al terreno? ¿O todo se quedará sin asistencia?

–No te preocupes, yo lo hare. Tienes que tratar de no envolverte tanto con los episodios que ves. Ayer no estabas bien. Eres muy sensible amor mío.

–Es mi tierra, muriéndose Manuel, no puede dejar de dolerme.

–Necesitamos un descanso, en Estados Unidos descansaremos un poco, y luego vendremos a hacernos cargo. Tranquila, todo estará bien ¿No te sientes relajada siquiera? ¿Cómo te sientes? ¿Tienes dolor? Traté de hacerlo con mucha delicadeza como te gusta a ti.

–Me siento bien, estoy bien, solo con un poco dolor.

–Eres muy estrecha Mariana, es delicioso para mí, pero entiendo lo que te pasa. Es como tener una virgen todos los días, no sé si cabe la comparación.

–Tuve una hija, no puedo ser estrecha, debo tener otro problema.

–Créeme, se lo que digo, eres deliciosa amor, no tienes idea, de lo deliciosa que eres. No estás enferma, no tienes nada, solo es tu naturaleza. ¿A tu edad no lo sabes?

–Pues...hay muchas cosas que no sé...

–Quería bañarte amor, pasar un rato contigo, seguir lamiendo tus ricos senos. Olerte, hueles tan rico. Sabes tan rico.

–¿Si? Otro día será.

–Descansa un rato, descansa.

–Estoy bien, pedí el desayuno ¿porque no te duchas? y me explicas más de New York.

–Lo haré mujer bonita, lo haré. Quería pasar más tiempo contigo aquí en mis brazos.

–Me despertaste, ya no pude dormir.

–Lo siento, ¿Te molesta que te despierten?

–No, a veces es delicioso que lo despierten de esa manera, pero no te acostumbres.

–Iré a bañarme, eres madrugadora, que puedo hacer, vamos a desayunar tranquilos.

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