Theo.
Las veces en los días anteriores que la vi sonriendo y preparando la habitación de la bebé, su ropa junto a todas las cosas en las compras, no me imaginé que sería de las últimas. Me negaba a creerlo, pero no podía hacer nada más que permanecer frente al féretro donde mi hermana se encontraba.
Era como una pesadilla de la cual quería huir, no volver a saber de ella, ni sentir como una inmensa soledad me envolvió.
Toda su vida Samantha fue la que me apoyó en todo, incluso con mis errores. La única que no me había abandonado, pero hace dos días, apenas cuarenta minutos después de salir de mi casa, me llamaron para darme la terrible noticia.
Se había accidentado, estando embarazada. Lo único que pidieron hacer fue salvar a la bebé, pero mi hermana también se me había ido. No tenía a nadie más que a una bebé de dos días de nacida y una casa vacía, sin nadie más que yo.
__ Lamento molestar, señor O'kelly. - me dijo Blanca, mi secretaria con la tristeza mezclada en sus ojos. - Pero se deben llevar el cuerpo para la cremación.
Asentí dando una última mirada al féretro, contuve el impulso que sentí en el pecho porque se suponía que debía ser fuerte. Todos esperaban que lo fuera, aunque en ese momento no tenía nada de ello en mí.
__ Una disculpa si los molesto, pero les pediré salir por un momento. - habló ella en un tono moderado. Todos se movieron inmediatamente hasta que la sala quedó vacía y ahí me derrumbé.
Era la última vez que la vería, la última que la tendría de ese modo y luego...solo sería yo.
Como tanto lo dijeron. Podía decir que tuvieron razón.
Me despedí de la única persona que soportaba mi carácter y actitudes. Saliendo como si nada al cabo de unos minutos cuando entraron por ella.
Blanca me esperó entregando los lentes que me puse para pasar junto a los periodistas que tomaban cada ángulo, caminó fielmente junto a mí como siempre desde que llegó a trabajar a la empresa.
Me acompañó hasta mi casa, donde tuve que ir con la bebé, la cual dormía plácidamente, bajo el cuidado de la mujer que Blanca le pidió salir para quedarme solo con ella.
Tenia el mismo cabello amarillo de su madre, por eso me acerqué y tomé su mano. Era lo único que me quedaba y no tenía idea de como cuidarla. Jamás me esmeré en aprender, ahora hacerlo con la marcha.
__ Llegaron unos documentos, señor. - avisó Blanca desde la puerta. - Dice que son urgentes.
__ Déjalos por ahí. - no tenía ánimos de nada, además que la bebé comenzaba a despertar. - Diles que preparen el...
__ Ya envié a que preparen el biberón para ella, señor. También pedí una cita para la pediatra que la atenderá desde mañana, todo está cubierto. - moví la cabeza en señal de afirmación.
En poco tiempo vi que todo lo dicho se hizo. Esperé paciente para alimentarla sin tomarla en brazos, ya que consideré que no era apto para hacerlo. Se volvió a dormir y me senté junto a la cuna, quedándome junto a ella, como dé seguro lo hubiera hecho Samantha.
Me cansé de estar en la silla, moviéndome hasta el papel que tenía la palabra urgente en letras rojas. Lo abrí leyendo su contenido solo para ver a mi sobrina, con la estupefacción que ese aviso me había causado.
Servicios sociales estaba avisando sobre su caso. Se la llevarian con ellos por considerarme no apto para cuidarla.
Theo.
__ ¿Porqué consideran que no soy apto para cuidarla? - fue la pregunta que hice al estar frente a la mujer de lentes que me atendió. - Es mi sobrina, nadie más que yo podría cuidarla.
__ Podría ser, señor O'kelly, pero como sabrá no nos dejamos llevar por un "quizá" jamás. De nosotros depende el bienestar de niños que nos necesitan y usted no cuenta con las directrices que requiere un padre que puede cuidar de ella. - contestó como si nada, acomodó sus lentes para tomar una de las revistas que hojeó. - Revisando su información dimos con varios reportajes y entrevistas que usted mismo dió, donde...lo cito "no soy bueno con los niños, no estoy preparado aún para ellos" - leyó la estúpida entrevista que di cuando me preguntaron sobre tener pareja e hijos.
__ Pero siga leyendo. No fue lo único que declaré. - la insté.
Volvió sus ojos a la revista y continuó.
__ " El único bebé que espero por ahora es el de mi hermana. Puedo ser un buen tío, no un padre preparado para afrontar tal responsabilidad. Pero me arriesgaría con ese bebé" - culminó soltandola luego de eso. - Verá, con esas palabras deja claro que usted puede estar presente en la vida de su sobrina, pero no tomarla bajo su cargo como lo amerita.
__ Puedo hacerlo. - yo mismo lo dudé, pero no me quedaba más opción que decir aquello.
No podía permitir que se la llevaran, sería fallarle a mi hermana y a mi sobrina también.
__ Aún cuando pueda hacerlo, el estado no puede concederle la custodia de una bebé que posiblemente abandone con una niñera para continuar con su vida como si nada. - era más un reproche lo que dijo. - No tiene más familiares para creer que le darán un hogar como se lo merece y necesita. Lo siento, pero confiar en que crecerá en una familia llena del afecto que necesita, solo porque usted lo asegura no es algo que quiera arriesgar.
__ Puedo cuidarla. Tengo toda la disposición de hacerlo. Cambiaré mi estilo de vida si es lo que quieren por ella. - insistí con la presión en el cuello, tal agua rodeándome para llevarme al fondo.
__ La única forma es que usted tenga una esposa, una que al Igual que usted esté dispuesta a cuidar de la niña, pero con lo que...
__ La tengo. - mentí sin bajar la mirada.
__ ¿Tiene qué? - preguntó confundida.
__ Una esposa. - aclaré, ni siquiera sabía porqué había dicho aquello, pero pareció dudar al menos. - Bueno, no en realidad. Pero la boda será pronto.
__ ¿Esta comprometido? - cuestionó para asegurarse de haber entendido bien. Con solo repetir la palabra en mi boca ya estaba sintiendo extraño. - No hay ningún dato que lo confirme, en estos expedientes se dice...
__ Porqué lo hemos mantenido muy discretamente. - me esforcé por no verme dudativo. - Quisimos intentarlo para ver si funcionaba, cuando lo hizo ella no quiso salir al ojo público y por ello hemos estado saliendo en secreto. Incluso nuestro compromiso se dió de esa forma.
Achicó la mirada. Movió ambas cejas y pensé que me atraparía en la mentira, más solo anotó en una hoja algo que no supe si era bueno o malo hasta que habló.
__ Suponiendo que lo que asegura es real, la boda tendría que ser antes de los dos meses, para ser los primeros considerados en la adopción de la bebé. - dijo, al tiempo que escribió de nuevo. - Mire, señor O'kelly, entiendo que quiera a la niña, pero si usted la ama y desea el bien de ella, tiene que saber que no se le cederá solo por ser su tío. Puede tener contacto con ella en caso de ser adoptada por otra pareja, pero solo eso.
Suspiró hondo.
__ De tener una pareja deberán asistir la próxima semana a una entrevista y luego de su matrimonio ser monitoreados por al menos seis meses para saber que está en buenas manos y no ser puesta en adopción como lo sugiere su historial. - añadió.
__ Mi pareja y yo nos aplicaremos para mantenerla con nosotros como tanto queremos. - dije incorporándome. - Con permiso, debo ir a la prueba de postres que me habían avisado.
Mi mentira solo aumentaba en cada paso a la salida. No me quitó los ojos de encima, podía verla a través del cristal, no me creía y con justa razón, todo era una mentira.
No tenía una pareja, mucho menos una prometida. ¿pero que podía hacer? ¿dejar que se la lleven lejos de mí? Jamás, era mi sobrina y se quedaba conmigo, donde pertenecía. Aunque aún no tenía idea de como cambiar un pañal o cargarla, no la iba a dejar con desconocidos.
Llegué a la oficina, me senté frente a mí escritorio, tomé mi celular revisando en la agenda las opciones que tenía.
A lo largo de tres años, tuve parejas momentáneas, muchas de hecho, pero todas eran igual de desinteresadas por formar un hogar como yo. Las almas libres pueden vivir tantas vidas como les plazca, ese era mi lema.
Sin embargo, todo había cambiado. Necesitaba a alguien que siguiera mi mentira, que me acompañara en todo el proceso para convencer a la cuidadora que no quedará en mejores manos.
Camila fue mi primera opción, pero luego recordé que dijo no soportar a los niños. Descartado.
Martha, disfrutaba tanto su vida en clubes nocturnos que jamás aceptaría.
Sonia, ni siquiera estaba en el país.
Y así cada una de las opciones que tenía se fueron esfumando. Como una burla a mi mentira, recordándome que en cualquier momento se vendría abajo y no solo quedaría como un mentiroso, si no que perdería a mi sobrina.
La cabeza me dolía al llegar la noche.
__ Dos aspirinas, señor. - Blanca dejó dos pastillas en mi mano y un vaso con agua, para luego quitar los documentos frente a mí, guardar la agenda que tenía, poner a cargar el móvil y entregar mi saco al ver el reloj. - Son las siete y cuarto, en cinco minutos su auto estará listo en el estacionamiento para que pueda ir a descansar. Me haré cargo de enviar los contratos para que los traigan firmados en la mañana.
Me sorprendí de oír como cada cosa que tenía pendiente la supo resolver. No era primera vez que lo hacía, pero si la primera en que veía detenidamente ese detalle.
Con su cabello rubio y esa mirada plateada que no dejó de verme para asegurarse que tuviera todo correctamente, me perdí. Tenía unos ojos hermosos, los vi el día en que la contraté, pero esa línea entre los laboral y lo personal no la quise cruzar. Solo era la que me acompañaba a todos lados y sabía hacer las cosas en el momento correcto, del modo que sabía yo lo quería.
Pero la incógnita había llegado.
__ ¿Bianca usted sabe cuidar niños? - fui directo. Subió su mirada fija en la pantalla del móvil, seguramente asegurándose que mi auto estuviera en la entrada.
__ Tengo dos hermanos menores. Los tuve que cuidar aún siendo una niña, imagínese. - siguió sonriendo. - Fueron un dolor de cabeza, más Dylan que fue el primero, un ruidoso y Billy, el fue más tranquilo. Dormía todo el tiempo.
Por primera vez noté un poco de emoción en aquellos ojos tan parecidos al metal que me sorprendió ver añoranza en ellos.
__ ¿Hace cuánto no los ve? - consulté.
__ Dos meses, solo fui para navidad. - contestó. Recordé haberla visto llegar con un portarretratos en el cual una fotografía de ella, su madre y sus hermanos figuraban. - Su auto ya está listo, señor.
__ ¿Puedo pedirle algo, Blanca? - las manos comenzaron a sentirse sudorosas.
__ Lo que quiera, jefe. - accedió tomando su libreta para apuntar mi siguiente pedido.
__ Primero, quiero que sepa que no va a perder su trabajo si dice que no. Pero valoraría mucho y estaría dispuesto a pagar la cantidad que desee si decide ayudarme. - pasé saliva, aclaré mi voz y hundí los hombros con la propuesta en mis labios.
__ Es bueno saberlo, señor. - se mostró dispuesta a cumplir con la tarea a asignar.
__ Cásese conmigo. - pedí. Su sonrisa se borró, incrédula y atónita al escucharme, hasta a mí me pareció una estupidez lo que decía, pero era la única solución.
Blanca.
__ Señor, creo que le di algún medicamento vencido. - me disculpé mirando el frasco al que le busqué la fecha de caducidad, no la encontraba por más que lo giré en mis manos, las cuales ya de por si tenían un temblor difícil de no sentir. - Eh... tiene... por aquí. De todas formas, para estos casos es menor que se cause el vómito, para evitar...
__ Blanca. - me lo arrebató de las manos. - No estoy alucinando.
__ Entonces, quien está alucinando soy yo. - me moví por un vaso con agua, el cual sabía dónde estaba. Vertí agua en este, lo moví para asegurarme no tuviera nada que me hiciera imaginar otra tontería para darle un trago.
__ Usted tampoco está alucinando. - dijo mi jefe detrás de mí. - En verdad le acabo de pedir que se case conmigo.
Repitió lo que antes me había tomado por sorpresa. De verdad lo había dicho, no fue solo algo sacado de mi cabeza, lo dijo una vez más.
__ Siéntese.
__ Aquí estoy bien, gracias. - decliné. Este disconforme se apoyó en su escritorio. antes hablar de nuevo.
__ Verá, me quieren quitar a mi sobrina. - explicó cruzando sus brazos sobre su pecho. - Servicios infantiles pide que esté casado y tener un hogar sólido para darme la custodia de la niña, asistir a unas entrevistas con ella, para ver qué tan contables somos y qué no la envíen a otra casa donde no está su única familia.
__ Lo comprendo, jefe. De verdad que sí, pero de eso a casarme con usted, hay mucha diferencia. - empecé a hiperventilar. - Es que... ¡Ay, Dios! necesito aire, iré a la azotea, me lanzaré de ahí para tomar todo el aire que logre y regreso.
Era una estupidez lo que decía, pero lo solía usar como método de defensa para no pensar en mis problemas. Aunque a decir verdad, en ese momento no me funcionó.
__ ¿Así que tiene buen humor? - lo oí decir. Quería reclamar, pero no podía, aún estábamos en la oficina, seguía siendo mi jefe.
__ Blanca, como dije puede decir que no. No pasa nada. - acomodó su saco para luego verlo moverse hasta la puerta. - Sé que no quiere, lamento haberla molestado con esto. Y solo para asegurar, de esto no sabe nada ¿entendido?
Ni siquiera esperó a que le responda. Solo salió del sitio como todos los días, sin mirar a nadie.
Me agarré del escritorio y escondí mi cara con mis manos. ¿Quien podría negar el atractivo de mi jefe? Nadie tal vez, yo era la que más sabía de ello, pero era justo por eso que tenía que estar excusandolo con las chicas que no supieron que solo fueron una más.
Odiaba tener decir cuánta justificación se me ocurriera para evitar que regresaran. Incluso una de ellas se fue con la idea que mi jefe era homosexual y preferí no corregirla.
Y justo por eso, no quería un matrimonio basado en ello. Una cosa era ser su asistente, pero su esposa. ¿Como diablos pretendía hacer funcionar eso?
Subí a mi auto que era el único que destacaba, o por lo lujoso si no por tener dos abolladuras, mi hermano Dylan se había encargado de hacerlas cuando mi padre aún vivía con nosotros. Aún no las había enviado a arreglar ya que apenas tenia dos meses de tenerlo y mi dinero se había ido en refacciones y mantenimiento.
Fui a mi casa, preparé mi cena y me dispuse a comer cerca de la mesa que ocupaba también para trabajar. Pensando en la loca idea de mi jefe. No le iba a funcionar, no podría conseguir una esposa de un día para otro. Eso tenía que surgir de otra manera, no así.
El teléfono timbró, advirtiendo de la llamada, pero al moverme derramé mi jugo sobre unos papeles, a lo que atiné a levantarme con rapidez para ponerlo en algún sitio y sacudir los papeles. Eran de la oficina. Tendría que sacar otras copias al solo llegar en la mañana porque esas ya las había echado a perder.
Seguí sacudiendo para ver una copia del acta de defunción de Samantha O'kelly.
Cuando llegué a la empresa ella solo tenía veinte años, la misma que yo en ese instante, la vi enamorada del novio que luego la abandonó al saberla embarazada, huyendo como un cobarde que solo pensó en él, mientras ella le dio la cara a su hermano pidiendo que no se enojara con ella.
Creí que lo haría, pero solo la abrazó y le juró estar ahí para ella. Ella le pidió no buscar a su ex, aunque tuve que contratar un investigador que supe era para eso.
El acta de nacimiento de la bebé estaba ahí también. Recordándome todo lo que su padre estaba haciendo por mantenerla con él. Buscando que no lo separen de ella porque era lo único que tenía de su hermana, la sobrina que no lo dejó derrumbarse del todo porque había alguien que aún lo necesitaba.
Al pensarlo de esa forma, sentí que era un hombre incomprendido en ocasiones porque todos los rumores que se decían de él, tenían algo se cierto. Se sentía solo. La niña crecería lejos de él y ahí sí sería su fin. Además que de seguro Samantha no querría que ambos se alejaron.
¿Que debía hacer? No tenía porqué sentir ganas de ayudarlo. Era mi jefe solamente, aunque afecto siempre existió de tantos años, no era suficiente para aceptar todas las cosas que por ser su asistente soportaba.
No pude dormir con la misma idea en la cabeza. Desayuné del mismo modo, incluso cuando saqué las nuevas copias estuvo la idea martillando mi cabeza.
El ascensor se abrió mostrando a un Theo completamente diferente a lo que había conocido. A lo largo de los años, lo vi llegando con jaquecas, resacas y hasta con gripe, pero nunca con las ojeras que tenía en los ojos. Se veía realmente cansado, perdido en su cabeza, aún así asistiendo al trabajo porque tenía proyectos que continuar con los paisajistas a su cargo.
Necesitaba un café bien cargado de seguro. Se lo preparé poniéndolo sobre su escritorio, luego de saludar y que este me respondiera solo con un asentimiento leve, antes de darle un sorbo como si fuera un energizante que necesitaba. Masajeó sus sienes.
__ ¿Fue a algún sitio o trabajo toda la noche? - cuestioné sacando el frasco de pastillas.
__ Nunca una noche de copas me ha dejado tan exhausto como una donde una bebé quiera estar pegada a mi pecho todos los dias. - reveló tomando más café. - Por favor, compre una de esas cosas que puedo usar para mantenerla así sin tener que usar mantas.
Quise reír, pero no pude al verlo de ese modo.
__ También recuérdeme de la cita con el pediatra a las...
__ Once. - respondí.
__ Bien, una hora antes debo ir a la casa por la bebé
Estando muy cansando después de lo que dijo estar haciendo tuvo que estar presente en la reunión de los paisajistas que venían con propuestas para el nuevo proyecto. Tomé nota porque de seguro no recordaría nada al final del día.
Estuve pendiente de la hora hasta que dieron las diez y tuve que ir a su oficina para recordarle la cita.
Suspiró, tomo su abrigo, las llaves y salió. En lo que yo organizaba algunos documentos para llevarlos cuando regresara, vi llegando a una señora con lentes de lectura y cara de pocos amigos.
__ Quiero ver al señor O'kelly por favor. - pidió suave, pero siempre con esa dureza. - Dígale que es servicios infantiles. Respecto a su sobrina.
"La mujer a la cual le mintió" pensé.
__ Lo siento, no se encuentra en estos momentos. - me disculpé. - Pero si me dice para que asunto puedo...
__ Es porque quiero presentar la información de una familia que está dispuesta a darle un hogar a la bebé. - movió sus carpetas bajo el brazo. Mientras mi jefe estaba en el pediatra con la niña, estaba a punto de perderla.
__ Hasta donde tenía entendido, mi prometido dijo que le había dicho sobre ser nosotros la primera opción para la adopción de su sobrina. - respondí sin pensarlo.
Si cejas se movieron. Abrió la boca, pero no dijo nada hasta que sonreí por mero instinto.
__ ¿Entonces, es verdad? - consultó asombrada. - Si está comprometido.
__ Así es, nos casaremos en diez días. Y esta cordialmente invitada. - mi estómago se comprimió y mi garganta se cerró.
¿Por qué había dicho eso? ¡Que inconsciencia, Blanca! Me regañé al darme cuenta de lo que hice.