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¡Entre el Amor y el Odio!

¡Entre el Amor y el Odio!

Autor: : Valentina21R
Género: Romance
Un amor... Una tragedia... Una venganza... Y una tierra indómita. Luis Fernando arrastra un doloroso pasado, haciendo que se convierta en un hombre duro en implacable, regresa a su tierra a cumplir con aquello que lleva años esquivando. Maria Victoria Araujo es la niña de los ojos de su poderosa familia, la han mantenido alejada de sus enemigos. Aunque su padre ha decidido que es tiempo de volver con los suyos. Acostumbrada a la ciudad, odia la vida silvestre, lejos de sus amistades, las fiestas y sin internet, se aburre como una ostra... hasta que ve a un sexy y diabólicamente apuesto trabajador de la finca, tan alto y con unos ojos verdes impresionantes, que despiertan en ella un deseo abrumador. Entre el amor y el odio es una historia llena de pasión, luchas, traiciones y venganzas.

Capítulo 1 Prólogo

Polonia 1943

Treblinka

son las 5:00 am de la mañana la dura faena comienza, Yeudiel empieza a formar la fila junto con sus compañeros, sus cabezas rapadas y sus uniformes de rayas negras hace parecer que todo son iguales, sus rostros demacrados y sus cuerpos huesudos no hacen ninguna diferencia. El oficial alemán que él había visto antes parecía ser muy joven, repasa la lista. La nieve cae, el frío es agobiante, aunque eso pasa a un segundo plano, cuando el estómago ruge, nada más importa, solo saciar aquella hambre. El oficial indica que debe repasar nuevamente el listado, muchos no aguantarán ese nuevo repaso, la debilidad y la inclemencia del tiempo los azota sin piedad y sin misericordia. Esto acontecerá y sus verdugos no sentirán nada de empatía por ninguno de los prisioneros.

Yeudiel extiende la vista y observa como un grupo de mujeres que entra al consultorio médico, siente un escalofrío que lo estremece, con sumo cuidado repasa los rostros de cada una y su amada Flora no se encuentra, vuelve a respirar con normalidad, todos saben que allí se realizan experimentos no se sabe de qué tipo y muchas de ellas jamás vuelven a salir de aquel terrorífico lugar.

La orquesta compuesta por prisioneros comienza a tocar para indicar en inicio de la larga y agotadora jornada. Donde muchos de los compañeros no regresaran, unos muertos por inanición, otros con un balazo en la frente por no acatar una orden de algún SS, todo puede ocurrir en aquel campo de exterminio.

El estómago de Yeudiel no deja de protestar ansioso porque se acercaba la hora de comer. Los alimentos que se reparten en el campo no son para nada apetecibles, pero para ellos es un manjar que solo recibirán en pequeñas porciones tres veces al día.

Al terminar de comer, aquellos famélicos hombres son llevados al bosque para iniciar la recolección de madera para los hornos. Yeudiel no piensa en nada más que en sobrevivir al horror, no fija su mente en los trenes que llegan con hombres, mujeres, jóvenes, niños ni ancianos hacinados, donde la humillación era palpable; su único delito cometido era el ser judío al igual que él. No reflexionaba en el hedor que desprendían el crematorio que permanecían funcionando día y noche, no podía detenerse a pensar porque sucumbiría.

Al regresar de la jornada en el bosque sintió cierta agitación entre algunos de los presos, había llegado el día de la sublevación de la que se estaba gestando meses atrás dentro de los prisioneros que escucharon de la derrota de los alemanes en Stalingrado.

La rebelión que tenían planeada sufrió varios reveses: las muertes de algunos integrantes por parte de las SS y otros por el azote del tifus, sin embargo, nada había detenido su intento de escapar del infierno.

Yeudiel no era pieza fundamental de la sublevación, mas todo aquel que tuviera una estrella amarilla en su descolorido uniforme, era parte de aquello. En las poquísimas oportunidades

que había podido hablar con su esposa, le informó que, si el levantamiento llegara a darse ella, lo esperara en el barracón, él la buscaría y aprovecharían la oportunidad de escapar o morir en el intento.

Se escuchó un disparo y luego el estallido de una granada, fue el indicio inequívoco que había comenzado la reyerta. Se desató el caos y el joven hizo lo que tenía en mente corrió a buscar a su esposa en lugar de escapar hacia la entrada. Flora oyó la señal y lo estaba esperando. Aprovechando la confusión y huyeron por la parte de atrás del campo.

Los rebeldes explotaron el depósito de gasolina y Treblinka comenzó a arder, los prisioneros escaparon por todas las direcciones, en buscar de la apreciada libertad.

Yeudiel sabía que no les quedaba mucho tiempo y que los alemanes comenzarían la búsqueda sanguinaria sin absoluta piedad, estaban al borde literalmente de la vida y de la muerte. Tomó a su mujer de la mano y corrieron sin mirar atrás.

Era ya de noche y no había parado, pero sus debilitados cuerpos no eran muy eficaces por lo que la distancia recorrida no fue tanta y pudieron escuchar como sus verdugos se acercaban, con los perros, miraron al frente y vieron un lago y comprendieron que esa era su salvación. Se ocultaron debajo de las aguas fangosas por más de nueve horas, que fue el momento en que las tropas alemanas se retiraron del lugar.

Peregrinaron por una Polonia ocupada por los nazis por mucho tiempo, hasta que lograron escapar del país, muchos de los lugareños se apiadaron de ellos, le dieron ropa, comida y dinero y así salieron de aquel horror.

Casi un año entero les tomó llegar a Italia. No tenían un paraje fijo a donde ir, todo su pasado había sido arrasado por la guerra, sus familias perecieron exterminadas en la cámara de gas de Treblinka, los únicos sobrevivientes eran ellos. Llegaron a una parada de tren y se sentaron tomados de la mano a esperar, ideando cuál sería su próximo destino hasta que la mirada de Flora se fijó en un cartel pegado en la pared descolorida de la estación.

Se paró y caminó para leer lo que llamó la atención, era una invitación a visitar un país del cual nunca había escuchado hablar, solo comprendía que quedaba en Suramérica, sintió en su corazón que ese era el lugar ideal para dejar toda la atrocidad vivida atrás. Sin pensarlo demasiado corrió hacia Yeudiel.

-¡Ya sé a dónde iremos! -exclamó exaltada.

-¿A dónde? -preguntó el hombre sorprendido, era la primera vez en mucho tiempo que veía a su mujer expresar alguna emoción.

-Comenzaremos una nueva vida -dijo riéndose - alejados de todo esto. -Señaló la deteriorada estación, no obstante, él comprendió de inmediato que era los escombros, las muertes, tristeza y dolor a lo que se refería.

Flora respiró profundamente y con lágrimas en los ojos dijo:

-Nos iremos a Venezuela.

Capítulo 2 I

Venezuela 1946

Aunque muchas partes del mundo el antisemitismo no acabó con la caída del Tercer Reich, el odio hacia los judíos continuó solo que a menor escala en otros países de Europa. Sin embargo, había un país que no sabía de racismo, que no conocía la antipatía entre etnias. Una nación que sonríe en medio de la adversidad y que le brinda la mano al caído y lo trata como si fuera uno de los suyos. Eso fue lo que percibieron los esposos Mattordi al llegar al puerto de la Guaira Estado Vargas en 1946; acostumbrados a los malos tratos, al desprecio por su raza, nunca esperaron ser recibidos por caras sonrientes y menos recibir el abrazo y el apretón de mano de cada venezolano que conocieron a su llegada.

Una noble familia de la ciudad de Caracas los acogió en su hogar. Los Montenegro gente de gran prestigio hizo que la adaptación a su nueva vida fuera mucho más fácil.

Aunque para este joven matrimonio no les fue nada sencillo comenzar de nuevo, eran seres humanos rotos. Las heridas psicológicas seguían patentes. Flora lloraba con facilidad, apenas un ligero toque en la puerta hacía que se desmoronara, mientras que para Yeudiel una vez se quedó paralizado al ver pasar un carro negro. Observar una ambulancia era causa de pavor, no podían olvidar que los nazis utilizaban estos medios de transporte para llevar a los prisioneros a la cámara de gas. Las noches eran igual, pasaron muchos años para que pudieran dormir toda una noche completa, sin gritos de algunos de los dos a mitad de la madrugada. Sus cuerpos también tuvieron por el mismo proceso, el mínimo esfuerzo los cansaba.

Les costó demasiado realizar un vínculo afectivo con alguien ajeno a ellos, por miedo a sufrir una nueva perdida. Luego estaba la culpa, ese sentimiento que nos los dejaba en paz, la culpabilidad los atacaba sin piedad por haber sobrevivido y sus seres queridos no.

La familia Montenegro fue pieza fundamental en la recuperación de este abatido matrimonio. Don Edmundo era un hombre de negocios, pero también de campo y vio en el joven extranjero a un hermano. Él pasaba seis meses en la capital trabajando en sus empresas textiles, mientras que los otros meses del año se trasladaba a su finca en los llanos centrales del país.

En el momento en que los Mattordi observaron la majestuosidad de las tierras llaneras quedaron cautivado, con un clima tropical totalmente desconocido para ellos, la belleza natural de aquella indómita sabana, con su pueblo pintoresco de gente sencilla, de pequeñas calles y una paz admirable; no tuvieron duda alguna y tomaron la decisión de formar allí su hogar.

Antes de la guerra él era un famoso arquitecto y con todo lo que había vivido, aprovechó sus talentos y recursos y construyó una hermosa casa que era objeto de admiración de todo el que la veía. Su gran amigo Edmundo le vendió un pequeño terreno por un valor efímero, que con el pasar de los años el joven multiplicó al igual que lo hizo con las dos vacas y un toro que tenía y al cabo de un tiempo se volvió en un poderoso hacendado.

La vida comenzó a ser buena con ellos y más cuando al fin Flora después de tantos intentos fallidos por concebir logró dar a luz a una niña de cuatro kilos y medio a la que le pusieron por nombre Micaela, sintieron por primera vez en muchos años lo que realmente era la felicidad.

La pequeña fue creciendo rodeada del amor de sus orgullosos padres, se convirtió en una mujer hermosa, su belleza era apreciada en aquellas tierras, con su cabello rubio y sus enormes ojos azul celeste, destacaba en cualquier sitio a donde se presentaba. Era la envidia de las mujeres y el objeto de codicia entre los hombres.

La jovencita desde muy temprana edad formó una unión con el joven hijo de los Montenegro, lo que comenzó a modo de una amistad inocente con el pasar de los años se convirtió en un bravío amor. Tanto era la pasión de Gustavo por la dulce Micaela que al cumplir la chica sus dieciocho primaveras le pidió matrimonio, ella sin dudarlo aceptó. A los pocos meses se celebró la boda del año. Un gran acontecimiento que, para un pueblo como San José de Tiznado no estaba acostumbrado y causó tal revuelo entre sus habitantes que no hablaron de otra cosa por mucho tiempo.

-¿Qué la hija del alemán se va a casar con el becerrito de los Montenegro?

-¡Gua! Así mismo como lo oye doña Juanita, esos dos se pusieron a inventar y la sifrina esa ya está preñada.

- Segurito que le hizo brujería.

Todos tenían una versión distinta, aunque lo que realmente ocurría era que el amor verdadero y único, había tocado a las puertas de estos dos jóvenes.

- No veo la hora que ya seas mi esposa Micaela.- Gustavo no podía dejar de admirarla, estaba loco por esa mujer, no sabía identificar exactamente en el momento que le robó el corazón, quizás en el tiempo que nadaban todas las tardes en el río desde que eran unos chiquillos o cuando ya adolescentes se enfrascaban en una contienda jugando ajedrez y que continuamente terminaban con una carrera a caballo o aquella noche a la luz de la luna después de regresar de la fiesta de fin de año en el pueblo la besó por primera vez o tal vez siempre estuvo enamorado de ella.

- Mañana estaremos juntos como marido y mujer. - La muchacha le acarició el rostro y lo besó con ímpetu, así era ella, ardiente, fogosa, le costaba dominarse y no hacerla suya en ese corredor; ellos siempre aprovechaban cualquier momento para demostrarse lo mucho que se deseaban.

La nana que era la chaperona de la joven se había ido un momento a la cocina y no desaprovecharon la oportunidad.

Luis respondió a aquel beso con la misma pasión que ella.

- No puedo esperar hasta mañana, quiero hacerte el amor - le susurró él.

Ella sonrió.

- Las ventanas de mi habitación estarán abiertas esta noche. -Le contestó con picardía.

Y como habían hecho los últimos meses, Gustavo se coló en la recámara de la joven y disfrutaron de los placeres amorosos hasta el amanecer.

El gran día llegó y el pueblo de San José se paralizó, todos los habitantes de los alrededores se sentaron a las afueras de sus casas para no perderse de nada.

Micaela llegó a la iglesia con un hermoso traje de novia largo con una cola larguísima, parecía un ángel.

-Vio doña Juanita la mujer va de velo y corona, fin de mundo y eso que tiene un tigre en el tanque.

- Petra esos caraqueños no tienen vergüenza alguna.

-Toda la gente de la capital ha venido al casorio del patiquín*

-Puro ricachones.

Mientras que otros:

- ¿Viste la cara de Don Gustavo, para mí que lo están matrimoniando obligado?

- Eso es que Don Edmundo quiere quedarse con las tierras del alemán y por eso lo obliga a casarse con la catira*

Los más jóvenes:

- Yo quiero encontrarme uno igualito a Gustavo- suspiró la muchacha - ya hablé con mi taita* para irme a la capital, allá me voy a encontrar a un rico que me saque de todita esta miseria.

- ¿Quién va a querer una burra como tú? - le contestó el muchacho a la jovencita de la que estaba enamorado y la manera que tenía de demostrarle su cariño era insultando a la avariciosa chiquilla que no le prestaba ni un mínimo de atención.

- ¿Quién dijo que para conseguir un marido rico se tenía que estudiar?

Y así cada uno en el pueblo de San Juan de Tiznado conversaban, mientras contemplaba la boda de Micaela Mattordi y Gustavo Montenegro.

La fiesta duró todo el fin de semana, se mataron cuatro reses, el alcohol no faltó y los aperitivos sobraron. Todos los que fueron al gran evento quedaron satisfechos y contentos.

****

Los novios se prepararon para salir a lo que sería su luna de miel, los padres de la chica le regalaron un viaje para Francia. Micaela se despidió de ellos sin poder controlar el llanto, era la primera vez que se separaban, así que los besos y los abrazos duraron por unas cuantas horas.

Don Edmundo Montenegro le regaló un vehículo a su hijo, ese fue otro acontecimiento en el pueblo, ya que un Ford descapotable era la primera vez que se veía en aquel pueblito. Una vez el equipaje estaba listo, Gustavo giró la manilla que se encontraba en la parte frontal del carro, luego se montó y lo encendió. Intentaron salir temprano, pero se le hizo imposible así que eran pasadas las 5 de la tarde cuando salieron rumbo a Caracas.

Llevaban una media hora de camino cuando el automóvil se detuvo abruptamente, al ser un objeto nuevo Gustavo no tenía idea de cómo funcionaba, ya que era muy diferente a los que había manejado en la capital. Se quedaron varados esperando que alguien apareciera y le prestara ayuda.

Hora y media después escucharon los cascos de unos caballos, se emocionaron, aunque la alegría le duró muy poco a Micaela al observar quiénes eran los que venían, tuvo un mal presentimiento cuando los hermanos Araujo se bajaron de sus monturas y se dirigieron a ellos.

*Patiquín: Hombre de ciudad, muy preocupado en seguir las modas o siempre salir bien arreglado, usualmente poco dedicado a estudiar o trabajar. También dedicado a cortejar mujeres.

*sifrina: Es una persona creída, superficial, pretenciosa y que denota actitud despectiva hacia los demás.

*Catira: Que tiene el cabello rubio.

*Taita: se alude al padre.

Capítulo 3 II

La ira, los celos y el alcohol son muy malos consejeros.

Los Araujo se bajaron de sus monturas y se acercaron a la pareja de recién casados.

Los tres hermanos pertenecían a unas de las familias más poderosas de la región. Don Lorenzo Araujo era dueño de numerosas tierras y casi de todo el pueblo de San José y sus alrededores, él gozaba de gran prestigio y respeto; adonde llegaba un Araujo era causa de admiración; los hijos del hacendado eran los hombres más admirados por las jovencitas, no había ninguna que se resistieran a sus encantos, todas suspiraban por ellos, eran varones recios y su imponente presencia robaban suspiros por donde pasaban.

Antonio era el que causaba mayor admiración entre las muchachas y las no tan jovencitas, más de una casada y alguna que otra viudita disfrutaron de una canita al aire.

No obstante, como pasa constantemente en la vida, aunque tengamos todo el mundo a nuestra disposición, siempre hay algo que deseamos y no podemos tener y para Antonio había una obsesión que tenía nombre y apellido, Micaela Mattordi.

Estaba enamorado de ella y era uno de esos amores que enferman, que no dan paz ni sosiego, la deseaba con tal desesperación que casi rayaba en la locura.

Cada vez que tenía oportunidad se le acercaba y siempre recibía la misma respuesta y el mismo trato.

-¿Cuántas veces tengo que decirte Antonio que no quiero ir contigo a los toros coleados*? -le preguntó Micaela, cansada del asedio del joven.

-Esta noche voy a participar y quiero es estés allí, para dedicarte el trofeo que ganaré para ti, mi reina.

-No quiero que me dediques nada, yo tengo novio y no le gustan esas cosas.

-Ese patiquín es un imbécil que no sabe cuidar como se debe a su hembra, tú lo que necesitas es a un hombre -la agarró por la cintura y la pegó a su torso y la besó a la fuerza, ella forcejeó con él por unos segundos luego se relajó en sus brazos y él fue soltando el agarre y comenzó a disfrutar de esa boca deliciosa con la que soñaba noche y día, acarició ese cuerpo que lo buscaba en cada mujer con la que estaba, la ensoñación se le terminó cuando sintió el mordisco en su labio inferior seguida de una cachetada que le dejó la mejilla ardiendo como las ganas por esa potra.

-No quiero que vuelvas a tocarme -le gritó enfurecida Micaela. -La próxima vez te va a ir peor.

-Tú vas a ser mía como que me llamo Antonio Araujo. -Le respondió él con

resentimiento, la única mujer que le calentaba el cuerpo y el alma, pero también la que lo despreciaba.

Una noche estaba bebiendo en el bar de Clara, el lugar donde se reunían los hombres del pueblo, después de un arduo trabajo en el campo iban y se relajaban, no solo se le ofrecían unas cervezas bien frías, sino también lo usaban para jugar bolas criollas*, Dominó, Ajiley*, inclusive el juego de Truco* cuando se encontraba en el establecimiento el oriental* Eustaquio, como ese momento, ya que los gritos ensordecedores se escuchaban hasta en la plaza del pueblito.

-Ven a mí que tengo flor - dijo Eustaquio en un tono moderado a su compañero, que entendió la seña y lanzó una carta que sutilmente le pedía.

-Flor tengo -respondió el contrincante imponiendo fuerza en su voz.

-La mía quiere y envía 5 piedras -contesta Taco soltando su carta, ya todos en el bar saben que están jugando Truco.

-Quiero la falta-contraataca el jugador.

Unos cuantos minutos después:

-Truco -soltó el oriental a toda voz, había tal griterío que cualquiera que los escuchara pensaba que estaban a punto de armarse la Sampablera*

-Quiero y retruco, cabeza de playa - Los insultos eran parte importante del juego y ponía la cuestión más interesante.

-Quiero y vale nuevo, pata en el suelo*- Ya en este punto hasta la expresión del rostro les cambiaba y los espectadores alrededor de la mesa no se hacían esperar.

-Quiero y juego, cabeza de hacha - gritó el oriental y el lugar retumbó con su voz y luego lo acompañaron las risas de los espectadores.

Antonio se encontraba jugando dominó cuando escuchó la noticia que era la sensación del momento.

-Hay casorio en el pueblo, la hija del alemán se va a cazar con don Gustavo Montenegro. -Gritó un hombre.

Para el Araujo aquella noticia le cayó como un balde de agua fría y sintió como si el alma se le hubiera salido del cuerpo y en su lugar le entrara un espíritu malo, porque desde ese instante dejó de pensar racionalmente.

El día del matrimonio ahogó sus penas en alcohol y retozó en los brazos de una mujer que repartía cariño en el bar de Clarita, donde no solo había la diversión de los juegos.

Al día siguiente seguía con el cuerpo en llama y con la sensación de perdida devastadora.

Sus hermanos lo invitaron a ir un pueblo aledaño a revisar un ganado para comprarlo. Pasaron todo el día en esa labor, pero Antonio no había dejado de beber, aun el casorio de su catira lo tenía despechado. Al regresar se encontraron en el camino a un carro accidentado y cuando el hombre vio a Micaela, solamente un pensamiento rondó por su alcoholizada mente, hacerla suya tal como se lo prometió una vez.

-¿Qué pasó patiquín se te dañó tu nueva adquisición? -le preguntó Ulises Araujo en tono de burla.

El cuerpo de Gustavo se tensó al ver a los hermanos, ellos habían tenido un par de encontronazos por la que ahora es su esposa, ya que Antonio no perdía oportunidad para tratar de arrebatársela y él, como hombre que era, salía al ruedo a defender lo que le pertenecía.

-Nada que no pueda repararse -dijo Gustavo levantando la cara.

Antonio se había acercado a Micaela y le dijo:

-Has cometido un gran error catira, te casaste con este mequetrefe que con sus juguetes te compró, pero sin ellos es un pobre imbécil, tú lo que necesitas es un hombre de verdad.

Gustavo al escuchar las palabras de su rival se le encendió la sangre.

-Tú a mi mujer no le faltas el respeto de esa manera infeliz -dijo acercándose también.

Víctor y Ulises soltaron sonoras carcajadas, estaban tan ebrios como su hermano.

Antonio se le encimó a Gustavo.

-¿Y qué vas a hacer para que me calle?

-Esto -dijo el Montenegro impactando su puño en el rostro del Araujo.

Sin embargo, en el momento que el alcohol está metido en la sangre de los hombres, estos dejan de pensar con sensatez y el animal que habita dentro de ellos toman el control y cuando vuelven en sí, se dan cuenta de lo que han hecho y ya es demasiado tarde.

Los hermanos agarraron a Gustavo para que Antonio pudiera descargar toda la ira que sentía e inclusive lo animaban para que lo golpeara más y aunque el joven Montenegro intentó defenderse le fue imposible ante la arremetida brutal de su contrincante y luego la de los otros que aprovecharon la oportunidad para desquitarse.

Micaela al ver lo que le estaba haciendo a su esposo se le guindó por la espalda a Antonio y

comenzó a jalar su cabello y hacerle daño, desesperada para que parara el feroz ataque a cambio recibió un golpe en su delicado rostro que la dejó semiinconsciente, instantes después reaccionó cuando escuchó un disparo, buscó con la mirada de donde había salido aquel ruido y sus ojos se quedaron estancados en el arma que Antonio llevaba en su mano y de la cual aún salía humo del cañón luego muy despacio vio la dirección adonde apuntaba la pistola y observó a su amado Gustavo tirado en el suelo con su cara bañada con la sangre que brotaba del orificio que tenía en su frente.

A Micaela no le dio tiempo a reaccionar o quizás todo se paralizó para ella en ese momento, aunque si sintió que la tomaron de la cintura, la llevaron a un matorral y Antonio le arrancó la ropa y la ultrajó de una manera vil y despiadada. No luchó, no lloró, lo hacía su alma.

El mayor de los Araujo posteriormente de haber saciado su hambre y cuando los efectos del alcohol se dispersaba de su cuerpo, miró lo que había hecho y sintió asco de sí mismo y la aborreció a ella. Todo ese amor que sentía por la joven se convirtió en desprecio desde ese instante. Se acomodó la ropa y la dejó allí tirada, desnuda en medio del monte, tomó su caballo y se largó sin mirar atrás.

Lo que Antonio no supo fue que sus hermanos también quisieron deleitarse del cuerpo de la mujer más deseada del pueblo y abusaron de ella toda la noche mientras el cadáver de Gustavo Montenegro yacía tirado en medio de la carretera.

*Los toros coleados o coleo: es una técnica y deporte ganadero que consiste en derribar a un toro o res, a caballo o a pie, jalando de la cola.

*Las Bolas criollas: es un deporte practicado en Venezuela y en la ciudad colombiana de Cúcuta. Guarda cierto parentesco con los deportes europeos de las bochas y la petanca. El juego proviene de Europa.

*El Ajiley: es un juego de cartas originario de Venezuela. Es la versión criolla del póquer.

*Oriental: es una persona que es originario del oriente de Venezuela.

*Juego de Truco: es un juego de naipes jugado en Venezuela. Es bastante similar al Truco argentino, pero se diferencia en algunas reglas y cantos.

* ¡Se armó la Sampablera!: Esta frase venezolana se refiere a un problema colectivo enorme o algún tipo de desorden público.

* Pata en el suelo: se le llama así al que va descalzo, sin zapatos ni alpargatas, por ser "pobre, pobre"

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