Por Irina
La sonrisa de Paty, mi madrastra, no se borraba de su rostro.
Parecía no darse cuenta que estábamos reunidas escuchando el testamento de mi difunto padre.
Descuento que no sufrió ni un poco, al quedarse viuda.
Siempre fue una maldita, al igual que su hija, y juntas confabularon en mi contra, haciéndome la vida imposible.
Mi padre le dejó a ella y a Rosie, mi media hermana, la mansión en donde vivíamos, eso no lo entiendo demasiado, pero tampoco me importaba.
Aclaró, en el testamento, que yo podía tomar todo lo que una vez perteneció a mi madre y por supuesto, todas mis pertenencias.
Desde ese momento tenía 48 horas para sacar mis cosas del lugar en donde nací y me crié.
Me dolía, por supuesto, pero tampoco me interesaba seguir conviviendo con ellas.
Los recuerdos de mi madre en esa casa, se fueron diluyendo y sólo quedaron en mi mente los días en que no salía de mi habitación para no cruzarme con Rosie y así evitaba ser víctima de sus maldades, aunque no siempre lo lograba.
Escuché que el abogado dice que mi padre me transfiere una propiedad de mi abuela materna, que quedaba en la avenida San Basilio, dijo la numeración y también dijo que hasta ese momento él había sido mi albacea.
Eso no le gustó para nada a Paty, hasta le preguntó al abogado, interrumpiendo la lectura, porque esa propiedad me correspondía sólo a mí.
-Esa propiedad era de la señora Fabiola Márquez, abuela materna de la señorita Irina Kroes.
-Pero yo era la esposa de Máximo Kroes.
-Señora, esa propiedad ni siquiera era de su difunto esposo, permítame continuar con la lectura del testamento, por favor.
No abrí la boca, aunque no estaba enterada que dicha propiedad existía, la dirección me era familiar, pero no sabía porqué, estaba segura que mi abuela nunca vivió en la dirección que había nombrado el abogado.
Hablaron de los tres autos que había en el garaje del que hasta hoy fue mi hogar.
La situación no dejaba de ser rara, nos dejó uno a nombre de cada una y por supuesto, el auto que me correspondió era el de menor valor.
Tampoco me importaba, no veía la hora de hacer mis valijas e irme de allí.
Me di cuenta que mi padre siempre fue manejado por Paty.
Por culpa de ella falleció mi madre.
Mi madre se enteró de la infidelidad de mi padre, porque Paty apareció en la puerta de casa, con una niña que tenía mi misma edad...
Paty había sido su secretaria y terminó siendo su amante, las dos, es decir mi madre y ella, quedaron embarazadas, más o menos al mismo tiempo.
Él negó seguir involucrado con esa mujer, le juró que fue solo una vez.
Por supuesto que mi madre no le creyó.
Paty dijo que no se iba a mover de la puerta de casa, que también le correspondía ser la señora Kroes.
Recuerdo que ellos discutieron como jamás lo habían hecho y de repente mi madre me tomó de la mano y subimos al auto que solía manejar, ella iba llorando, desesperada, yo estaba en el asiento trasero, hecha casi un bollito, cuando sentí que giramos muchas veces dentro del auto, ella no tenía cinturón de seguridad y yo sí...
Salió despedida y murió en el acto, mi padre la estaba siguiendo en su vehículo, sus lágrimas mojaban mi rostro al sacarme del auto, hasta el día de hoy las siento.
Paty aprovechó el momento y se instaló en nuestra casa, y él no pudo o no quiso sacarla.
Sé que mi papá lloró a mi madre hasta el día de su muerte, no obstante, años después del fallecimiento de mi madre, se casó con esa mujer.
Eran tan lejanos en el tiempo aquellos recuerdos y sin embargo, recuerdo todo como si fuera ayer.
Mis lágrimas caen.
Entiendo que mi padre estaba decepcionado de mí.
¡Juro que no es por mi culpa!
El carraspeo del abogado me saca de mis pensamientos.
-La fábrica de calzado, Calzados Kroes, se divide de la siguiente manera, el 50% corresponde a la señora Paty Benites de Kroes, el 50 % restante se divide en partes iguales entre sus dos hijas, las señoritas Irina Kroes y la señorita Rosie Kroes.
A Paty no le gustó que mi padre me haya dejado un 25 % de esa fábrica, yo también siento que es injusto, porque fue mi madre la que estuvo a su lado cuando la fundó... aunque mi madrastra era su secretaria, pero no sé si en ese momento ya lo era.
-El director general de Calzados Kroes es el señor Roque Cassani, las señoritas tienen un puesto honorario y no es necesario que estén presentes el las reuniones de directorio, lo pueden hacer si lo desean, la votación tiene validez de acuerdo a las acciones que posean cada una.
Se les va a depositar mensualmente los dividendos.
Siguió hablando.
Yo pensaba que no tendría voz ni voto en esas reuniones, porque ellas tenían el 75% de la fábrica.
A Paty y a su hija, les encantaba gastar a cuatro manos, creo que la fábrica se va a ir a la deriva.
Salvo que Roque Cassani pueda hacerse cargo y manejar a las dos arpías...
Pero él siempre fue manejado por Rosie.
¿Qué pensaba mi padre?
Me llamó la atención que no nombraran las otras fábricas, iba a preguntar por eso, cuando se adelantó Paty.
-Máximo era dueño de muchas empresas y no las nombraron.
Le reclama al abogado, lo hace de mala manera e interrumpiendo cuando él estaba hablando.
-Señora, esas fábricas fueron vendidas hace cinco años, solo quedó Calzados Kroes.
Yo no sabía que estábamos mal financiera y económicamente.
Mi padre debe haber sufrido mucho al deshacerse de sus fábricas, nunca comentó nada y por lo que estoy escuchando, ni siquiera Paty lo sabía.
La que estaba callada era Rosie.
Aunque ya había hablado demasiado el día en que él falleció y también al día siguiente, en el velatorio, cuándo estaba a los gritos, y me acusó, diciendo que él había fallecido por mi culpa, por ser mala hija.
Que su paro cardíaco se lo provoqué cuando le dije que estaba embarazada.
Tengo 20 y es verdad, estoy embarazada y juro que no sé qué sucedió la noche en que quedé embarazada, ni sé quién es el padre de mi bebé.
Simplemente me violaron y eso sucedió en mi casa y dentro de mi propio cuarto.
Gracias a Paty y a Rosie, mi padre no creyó mi versión.
¡Rosie hasta dio detalles de mi intimidad, una que no existió!
Desde el día que falleció mi madre, Paty se adueñó de nuestra casa, cuando mi padre salió detrás de mi madre, ella entró y directamente se instaló.
No sé si fue debilidad de parte de mi padre o si realmente no hubo nada legal que se pudiera hacer para que esa mujer se fuera.
Supongo que fueron un montón de factores los que influyeron para que las cosas sucedieran así.
Mi padre estaba deprimido, pese a todo sé que amaba a mi madre y estaba abatido cuando ella falleció en ese accidente.
Se sentía culpable.
Su carácter cambió desde ese fatídico día.
Paty no se movió de casa.
Ellos, en un principio dormían en cuartos separados y recuerdo que me resultaba extraño que esa mujer estuviera todo el tiempo en camisón.
Tardé en darme cuenta que sus intenciones eran seducir a mi padre.
En algún momento lo debe haber logrado, porque años después no solo dormían juntos, sino que habían contraído matrimonio.
Nunca hubo mucha armonía entre ellos.
Esa unión no duró como tal, porque desde hacía bastante, mi padre dormía en otra habitación.
Creo que desde hacía cinco años, aproximadamente.
Paty era un clavo en un zapato.
-¡Quiero saber que sucedió con el dinero de esas empresas!
-¡Lo habrás gastado vos!
Dije sin poder contenerme.
Ya no soy la niña desvalida, ni la adolescente que Rosie tenía de punto y su madre la apañaba, dando vuelta cualquier injusticia de la que fui víctima y fueron muchísimas.
No puedo asegurarlo, porque no tengo pruebas, pero estoy segura que Rosie tuvo que ver con mi violación y posterior embarazo.
Juro que yo estaba desvanecida, y el hombre o los hombres que abusaron de mí, fueron tan cuidadosos que no me lastimaron, es decir que no dejaron huellas en mi piel, ni hematomas.
A la mañana siguiente de ese suceso, me desperté con un ardor en mi zona íntima y la sábana estaba manchada de sangre, pero eran solo unas gotas.
No le dí demasiada importancia.
Pensé que podría ser un enfriamiento, cistitis, cualquier cosa, no estaba segura, cuando me decidí por ir al médico el ardor había cedido.
Luego me faltó la regla.
Al principio creí que era un atraso, tal vez por nervios, estaba preparando muchas materias en la facultad, estudiaba dos carreras, y por otro lado tenía que rendir el examen final de alemán.
Pasaron tres semanas y como no me indispuse, decidí ir al médico, nunca se me ocurrió que podría estar embarazada.
¡Era virgen!
Cuando el doctor me lo dijo, lo negué, hasta que recordé la sangre en mis sábanas y el ardor de esos días.
Le expliqué al médico que sucedió, ya era tarde para hacer alguna denuncia, y sin indicio de quién podría ser el padre de mi bebé, tampoco podría exigirle a nadie una prueba de paternidad.
No tuve mejor idea que comunicárselo a mi padre con las dos malditas presentes.
Fue el peor error de mi vida.
Les di la oportunidad de que me defenestren e hicieran de mí un trapo de piso.
Fui inocente.
Mi padre lloraba.
Yo le juraba que no sabía que había sucedido, fui muy ingenua al no hablar a solas ese tema.
Fue todo caótico.
En ese instante me di cuenta que Rosie estaba implicada en lo que me sucedió.
Tuve una sola amiga, pero lamentablemente, al crecer, se unió, mejor dicho secundó todas y cada una de las atrocidades de la que me hizo padecer Rosie.
Al descubrir que no tenía en quién confiar, me recluí en mi cuarto voluntariamente y el tiempo en que no estaba en el colegio o en la facultad, me dediqué a estudiar varios idiomas, de manera online.
Mi padre pagaba gustoso las distintas clases.
El abogado nos pidió silencio y siguió leyendo el testamento.
Paty insistió con las otras empresas y con una propiedad, importante, en la zona costera.
El licenciado se limitó a decir que todo se vendió para pagar deudas y que Calzados Kroes, es lo único que nos quedaba.
Mi corazón se llenó de tristeza.
¡Por cuánto pasó mi padre!
No sé qué sucedió ni cuándo se perdieron esas posesiones, pero lo voy a averiguar, aunque realmente, no me importa el tema económico, claro que vivíamos con muchos lujos, pero yo ni siquiera los disfrutaba.
Con lograr pasar un día sin ser atormentada por mi verdugo, ya era un logro y así eran todos los días de mi vida.
Creí que Rosie se había tranquilizado, al menos un poco, pero no fue así.
¡Me violaron!
Ella fue culpable, al menos cómplice, su mente es macabra.
Por Irina
Mientras terminaban de leer la lectura y ante la insistencia de Paty, que no le alcanzaba con haberse quedado con la que fuera la mansión de mis padres, con la mayoría de los bienes móviles que se hallaban dentro de ella, con dos automóviles y con el 75% de una próspera empresa, porque entre ella y su hija prácticamente se adueñaron de Calzados Kroes, mi mente pensaba cuál iba a ser su próxima jugada en mi contra.
Recordé las joyas de mi madre, creo que todas están guardadas en mi habitación, tengo que revisar el alhajero antes de partir.
Mi mente viajaba por la casa, buscando recuerdos queridos.
Llegué a las fotografías de mis padres, eso no creo que las quiera, a menos que sea para quemarlas.
¡Las pinturas!
Muchas eran originales, al menos eso decía mi padre, siempre hablaba de obras de arte invaluables y están desde siempre en la mansión.
Hay dos en especial, que luego de una remodelación, que mi padre insistió con que las colgara en mi dormitorio, yo en ese momento no estaba de acuerdo, pero no me animé a negarme, porque él insistió mucho, diciendo que eran las preferidas de mi madre.
Ella adoraba el arte.
Hasta pintaba, esos recuerdos llegan a mi mente con una sonrisa.
Voy a tener problemas cuándo quiera llevarme esas pinturas.
-Damos por finalizada la lectura del testamento.
Miré a Paty y a Rosie.
Nunca sentí que mi media hermana fuera un poco empática con mi situación.
Al principio pensé que su madre la había influenciado, pero hace mucho que creo que la alumna superó a la maestra.
-Señor...
Comienzo a hablar.
-Quisiera guardar mis pertenencias en este momento y con ustedes como testigos.
Sorprendí a todos con mi petición.
La cara de Paty se transformó.
-¿Pensás que te voy a robar las mugrosas porquerías que tenés?
-Sí.
-¡Mocosa insolente!
Pretendió darme un cachetazo, pero se contuvo a último momento.
-Antes que nada, quiero agradecer a los dos testigos, la señora Elisa Sedoi de Cassani, muchas gracias señora, y el señor Fernando Gentile, quién presenció la lectura del testamento a pedido del difunto Máximo Kroes y en nombre de la señorita Irina Kroes.
-Pensé que era un abogado de su estudio, no tiene que ser testigo alguién a quién yo no conozco.
Se queja Paty, demostrando que de leyes no sabía nada.
Lo que sabía era presionar y armar planes malévolos.
-Señora, se requerían dos testigos y uno de ellos era testigo de la señorita Irina.
-Mi hija no tuvo testigos.
-Señora...
Dice el abogado y creo que se está conteniendo para no insultarla.
-La señora Sedoi está de su parte y se considera que usted vela por los intereses de su hija.
Elisa nunca me agredió, ni se portó mal conmigo, pero muchas veces me miraba muy mal, creo que Paty le debe haber dicho mil mentiras sobre mí.
Tengo entendido que ellas son segundas primas o primas lejanas, pero son muy cercanas en su trato, lo son tanto que el hijo menor de Elisa es el director de Calzados Kroes.
No quiero ni pensar en él, siempre fue parte del bullying que sufrí por parte de Rosie, salvo la vez en que ella me sumergió en la piscina y él me rescató.
Llegué a desvanecerme y me debe haber ayudado porque pensó que estaba muerta.
Me dio respiración boca a boca y hasta discutió con su prima lejana.
Ellos casi no tenían parentesco, o lo tenían en 5º o 6º y estoy segura que Rosie está enamorada de él.
Alguna vez escuché que Paty y Elisa pretenden que ellos contraigan matrimonio.
Él no parece indiferente a mi media hermana.
Tengo que reconocer que Rosie es una mujer bella y sensual, que sabe coquetear y seducir, eso lo sacó de su madre.
No quiero perder el tiempo pensando en ellas ni en... Roque.
Le pedí al abogado que contratara un flete o un camión de mudanza, no sé qué condiciones tiene el lugar adonde voy a ir a vivir, pero pretendía llevarme hasta mi cama y en ese mismo instante.
El licenciado accedió inmediatamente.
-Sos una caprichosa.
Dice Paty.
-En este instante quisiera recorrer las distintas habitaciones de la casa, para verificar que no quede nada de mi madre.
Digo yo, ignorando a Paty.
Me paré y me dirigí al estudio de mi padre, dos mucamas se hicieron presente, para ayudarme a trasladar lo que yo pretendía separar.
Al entrar, me dirigí a los cajones del escritorio de mi padre y... estaban vacíos.
La sonrisa de Paty se acrecentó.
Entonces di la orden para que las mucamas bajen un cuadro.
-¡No! ¡Ese cuadro me gusta!
Yo la miré con desdén.
-Lo lamento, pero ese cuadro me lo llevo.
-No lo voy a permitir.
-Señoras, se tienen que poner de acuerdo.
Interfiere el abogado.
Me acerqué al cuadro, sabiendo que lo había pintado mi madre, en ese instante vi su firma, nunca había reparado en ello.
-Al menos reconocés que mi madre era una gran artista, ese cuadro lo pintó ella.
Dije con mucho placer.
La palidez se adueñó por un momento del rostro de Paty.
-¡Es mentira!
Es lo único que alcanza a decir.
-Señores, por favor, corroboren que la firma de este cuadro, pertenece a mi difunta y querida madre.
El abogado busca en algunos archivos de su celular y asintió.
-Mi padre dejó en claro que lo que pertenecía a mi madre, me lo podía llevar.
Eso mismo sucedió con la mayoría de los cuadros que se lucían en nuestra mansión.
Yo no recordaba que mi madre pintara tanto y de forma excelente.
Al llegar a dos cuadros que no tenían la firma de mi madre, los hice bajar y revisar.
Recordaba que los habían comprado en uno de los viajes, posiblemente el último, que hicimos a Europa.
Evidentemente fue así, aún ambos tenían en el reverso, una etiqueta donde decía con letra muy pequeña, Feliz cumpleaños amada mía. y la fecha del cumpleaños de mi madre.
En mi mente llegan imágenes de lo aburrida que estaba en esa galería de arte donde mi padre compró esos cuadros para mi madre.
-Eso no significa nada, me los pudo haber regalado a mí.
-Está la fecha del cumpleaños de mi madre, que definitivamente fue la mujer que él amó y recuerdo que los compró en una galería de arte en Francia, en uno de nuestros viajes.
Me di cuenta que mi padre, con Paty nunca viajó a Europa.
Hicimos junto a Paty y a Rosie, algunos viajes al Caribe, nada más.
Rosie estaba muy callada, creo que hasta ese momento ella se creía con más derechos que yo sobre todo lo que le perteneció a mi padre y se estaba dando cuenta que mi madre fue muy importante en la vida de mi padre y también lo fui yo.
Tal vez lo supo siempre y su comportamiento es por celos y por envidia.
Llegó el camión de mudanza, los cuadros los hice envolver con el cuidado que se merecían.
-Tendríamos que abrir la caja fuerte.
Paty volvió a palidecer.
-Lo que hay dentro me corresponde a mí.
Dijo.
-No sabés si te corresponde hasta saber que hay.
-Querés llevarte todo lo nuestro.
Dice Rosie.
-¿Los cuadros de mi señora madre son de ustedes?
Le pregunto retando a que me diera una respuesta.
-Lo de señora quedó atrás con vos.
Dijo con mucha soberbia.
-Cuando pueda comprobar que fuiste vos quién instó a que me violaran, vas a tragar tus palabras.
Rosie nunca pensó que yo la acusaría delante de tantas personas.
-Tenés que tener cuidado con tus acusaciones, van a jugar en contra tuyo.
Paty no pierde tiempo en defender a su hija.
-No te olvides que las mentiras a la corta o a la larga se descubren.
Dije sin dejarme amedrentar, lo que no esperé es que ella se pusiera nerviosa.
-Nadie mintió.
Con sus palabras pensé en cuántas mentiras la deben rodear, sin embargo solo sonreí y me callé la boca.
-Por favor, ya que tenés tantos derechos, pon la clave en la caja fuerte.
Le dije con una sonrisa, más grande que la anterior.
Yo sabía que la combinación era la fecha de casamiento de mis padres y mi nombre.
Paty miró a todos y puso su fecha de nacimiento, luego intentó con la fecha de nacimiento de su hija y luego con la mía.
-Fallaste, ahora me toca a mí y date la vuelta, que es evidente que no tenés idea, podrás ser la dueña de esta casa, pero no sos la señora que construyó el hogar que había aquí, sólo lo destruiste.
Fernando Gentile, que hasta ahora no tengo idea de quién es, sonríe por un momento, luego se pone serio nuevamente.
Se acercó a mí, tapando la visión de los demás.
-No te preocupes, yo también sé la combinación.
Eso tampoco me gustó, nunca lo había visto en mi vida.
Es evidente que mi padre confiaba en él.
Tecleo los números y las letras correspondientes y se abre la caja fuerte.
En ella hay unos pocos dólares, no llegaban a $10.000 y un alhajero, con varias joyas.
Yo creí que tenía todas las joyas que habían correspondido a mi madre.
Cuando Paty dijo que eran de ella, no iba a pelear por esas joyas, pero vi una pulsera que me resultó conocida.
La lucía mi madre en una foto.
-Perdón, esas joyas corresponden a mi madre.
-No todo es de ella, a mí también, Máximo, me regalaba cosas.
-Señores, esa pulsera era de mi madre, la tiene puesta en una foto.
Busqué en la biblioteca los álbumes de fotos familiares y era evidente que no solo la pulsera, sino todas esas joyas pertenecían a mi madre.
La furia de Paty se hizo sentir.
Creo que hasta Elisa estaba asombrada por el comportamiento de su prima, o lo que fuera el parentesco que tenían.
Es que Paty estaba demostrando toda su miseria humana.
Si había más cosas que hubieran pertenecido a mi madre, no lo supe.
Quería salir de allí.
Pasé a mi habitación.
Las mucamas empacaban mis pertenencias con rapidez, lo hacían con temor.
El camión de mudanza ya les había proporcionado varios canastos.
Les pedí a los obreros que desarmen mi cama y la subieran al camión.
Llevé todas mis pertenencias, el sillón de mi habitación, acolchados, mesitas de noche, veladores y demás menesteres.
No soy miserable, pero son mis cosas.
No encontré los bastidores de mi madre y todo lo que ella usaba para pintar, pero supuse que Paty los habría tirado.
Tenía mucho dolor en mi alma, porque mi propio padre me sacó de mi hogar, aunque pensándolo bien, desde el día en que falleció mi madre, esa casa dejó de ser un hogar.
Por Irina
Me despedí del abogado y de Fernando Gentile.
-Te hablo mañana, luego de que te acomodes, salvo que prefieras que te acompañe y te ayude.
-No, no es necesario, aunque no tengo idea hacia dónde me dirijo.
Fernando sonrió y pude ver que su sonrisa era franca.
-Si necesitás algo, no dudes en llamarme, te mando un mensaje así queda mi número de celular registrado en el tuyo.
-Gracias, señor.
Le digo señor, aunque no es un hombre muy grande, no debe tener más allá de 30 años.
Tomo las llaves del auto que me corresponde y al subir, hace un ruido raro.
Lo saqué del garaje y estacioné en la puerta de la mansión, para fijarme que es lo que sucedía.
Me indica el tablero que hay un problema en la dirección.
Me bajo del auto para avisarle al camión de la mudanza que tenía un problema.
Al bajarme del auto, me doy cuenta que una rueda está en llanta.
Eso es obra de Rosie, pensé.
Veo que ella sale de la mansión y se acerca a mí.
-¿Tenés algún problema, hermanita?
Dice riendo.
Todo me confirma su estupidez.
-No sos mi hermana.
Le dije con bronca.
Noté que su tez se puso pálida, pero al instante siguió riéndose.
También que estaba en lo cierto cuándo pensé que la rueda en llanta era obra de ella.
Rápidamente se acercó Fernando, que estaba por subirse a su auto.
-Te ayudo, Irina.
-Gracias.
-No me canso de decirlo, sos una mujerzuela, siempre rodeada de hombres.
Dijo al ver como Fernando se acercó sin dudar para brindarme su ayuda.
-¿Por qué no entrás a disfrutar de la mansión que le robaron a mi madre junto con su vida?
-¡Me alegro que vivas en una pocilga!
Dijo entrando por la puerta principal, aunque minutos después salió por el garaje, lo hizo con su auto y estacionó detrás mío.
No sé porque me dijo que era una pocilga en donde yo iba a vivir.
A lo mejor sabe cómo es la propiedad que me dejó mi abuela materna, aunque no tiene sentido que ella lo sepa.
Entre Fernando y uno de los señores que estaban haciendo la mudanza, cambiaron la rueda de mi auto.
Fernando se limpió las manos con un trapo húmedo que le brindó el camionero y antes de subir a su auto, dijo que me seguía con el suyo, por si surgía algún problema.
Le agradecí la ayuda con una pequeña sonrisa, en realidad tenía muchas ganas de llorar.
Puse el google maps y me dirigí a mi nuevo hogar, al menos va a ser mío, ya no voy a encerrarme en mi habitación para evitar a Rosie y a su madre.
Al cruzar las calles y alejarme de ese barrio que conocía muy bien, mi alma se desgarraba en mil pedazos.
Tenía muchos parientes, pero ninguno cercano, de parte de mi madre tenía algunos primos, por eso mismo me llamó la atención que mi abuela dejara una propiedad a mi nombre.
Luego de fallecer mi madre no tuve mucho contacto con su familia, ellos culpaban a mi padre por el accidente de mi madre y por ese tema, también se alejaron de mí.
En cuánto a la familia de mi padre, él tenía un hermano, mi tío César, que vivía en Estados Unidos y siempre que mi padre viajaba, lo hacía solo, apenas falleció mi madre, recuerdo haberlo acompañado a un viaje, tampoco lo hacía tanto, eso era raro, porque antes a nuestra tragedia, él viajaba mucho, en realidad todos lo hacíamos, éramos una familia muy feliz.
Al menos eso aparentábamos.
Miro por el retrovisor y veo el auto de Rosie que me está siguiendo.
Por suerte Fernando se ofreció a acompañarme.
Es lo único que me queda, confiar en un completo desconocido.
Al doblar en una avenida, algunos edificios me resultaron conocidos.
Finalmente llegué a una edificación, cuando la miré, una emoción enorme me embargó.
Tardé unos minutos en bajar de mi auto, lo hice cuando Fernando me abrió la puerta del auto, no estaba esperando que lo hiciera, solo me quería tranquilizar, aunque no lo pude hacer.
Rosie estaba de pie, al lado de la puerta de entrada, mirando todo con asco.
La edificación no era nueva, sus ventanas estaban desvencijadas, le faltaba pintura por doquier y hasta tenía unos cables colgando, no tenía ni un poco del lujo de la que fuera mi mansión, pero sin encontrarle una razón, yo amaba esa edificación.
Mi padre lo sabía, porque cuándo la vi por primera vez, estábamos volviendo de hacer un trámite y me llamó tanto la atención, que le pedí que diera una vuelta de manzana, para verla nuevamente.
Así lo hizo, hasta que se estacionó frente a ella.
Yo tendría 10 o 12 años y le comenté a mi padre que ese lugar en su tiempo debía tener brillo propio y que me gustaría comprarlo para poner allí, si es que se podía, una academia de idiomas.
En esa época ya me atraía poder hablar distintos idiomas, para entender a las personas de distintos países.
Mi querido padre se reía, pero estaba feliz porque yo tenía sueños y proyectos, siempre me decía que iba a lograr lo que me propusiera y que no deje nunca de estudiar.
Muchas veces pasábamos por allí, cuándo estábamos los dos solos, lo hacíamos para ver esa propiedad.
¡No era de mi abuela materna!
Lloré aún más al reconocer esa trampilla en su testamento.
Bajé de mi auto y Fernando no soltó mi mano, yo seguía llorando como una tonta, pero de emoción.
Rosie, al ver el aspecto que tenía ese lugar y sobre todo al ver mis lágrimas, estalló en carcajadas.
¡Si ella supiera!
-Finalmente tenés lo que merecés.
Por fin se alejó, lo hizo feliz, pero sin saber que mis lágrimas no eran de tristeza, sino de emoción, por sentir el cariño de mi padre.
También me invade mucha culpa, porque le fallé a mi padre con mi embarazo.
No fui responsable, de eso estoy segura, pero él no lo sabía.
En ese instante llegó el camión de mudanza.
Miraron asombrados el edificio, sobre todo porque veníamos de una gran mansión de zona norte.
Con cierto temblor, abrí la puerta de la calle, era de hierro, se veía hacia adentro, porque el hierro era calado, en forma de panales de abeja.
Me pareció que esa puerta no era vieja, al contrario, era nueva.
Miré por última vez hacia adentro antes de girar la segunda vuelta de la llave.
Empuje la reja y puse un pie dentro y luego, con seguridad, entré.
Era muy rara la edificación.
Desde donde estaba parada se veía el patio trasero.
Había muchas puertas hacia los dos costados, estaba parada en medio de un largo pasillo, sin techo, eso pensé en un primer momento porque había bastante claridad, a pesar de que ya eran las cinco de la tarde.
Cuando miré mejor, estaba techado, pero las lámparas que había daban una luz natural y cálida.
En un momento tuve miedo que el lugar no tuviera luz, lo pensé por el cable que estaba colgando desde la terraza.
-No es tan malo.
Me dijo Fernando.
-No... al contrario, me gusta el lugar.
Su mirada era muy tierna y hasta me acarició el cabello.
Eso me turbó.
Se adelantó unos pasos y fue abriendo las puertas que daban al pasillo.
Parecían habitaciones, o pequeños departamentos.
Cada puerta tenía una habitación que daba a una sala de distribución que daba a otra habitación y también a un baño, descubrí que lo que parecía un armario era una cocina tipo kirchner, eran como pequeños departamentos.
Por dentro, salvo las habitaciones de las dos primeras puertas, a las que le faltaba un poco de pintura, las demás estaban prolijamente pintadas.
El terreno debía ser enorme porque había 5 puertas de cada lado del pasillo y al finalizar estaba el patio cubierto y más allá una pequeña zona parquizada.
En el patio cubierto había una escalera que daba a lo que supuse, era la terraza.
-Señorita...
Me interrumpe el chofer del camión de mudanza, cuándo estaba por subir la escalera.
-¿Podemos bajar las cosas, antes de que se haga de noche?
-Sí, perdón, bajen todo, por favor, dejen todo en la segunda puerta del lado derecho.
Dije por decir algo, no quería que sepan que tan grande es el edificio.
Los dos ayudantes y el señor que manejaba el camión, comenzaron con su labor.
-Subí, por favor, te acompaño.
Dijo Fernando.
Apenas terminé de subir, me topé con un balcón y luego con una edificación, que parecía en perfecto estado.
La puerta estaba cerrada.
Fernando me extendió una llave.
-Tomá.
Me dijo.
Abrí la puerta y me encontré con un living, amueblado con muy buen gusto.
Lo miré, estaba anonadada.
-Tu padre te adoraba.
-Supongo.
Dije creyendo que podría ser así, aunque en casa no solía ser muy demostrativo, pero cuando salíamos los dos solos, y lo hacíamos a menudo, hasta su carácter cambiaba y por supuesto, se convertía en el padre cariñoso que yo recordaba.
Prendí todas las luces que encontré y recorrí la casa.
Había cuatro habitaciones inmensas, una de ellas con cama matrimonial, las otras tres con camas de una plaza, todas con cortinas y acolchados, todas tenían su propio baño y vestidores.
Había una quinta habitación, en donde había un escritorio y bibliotecas, con colecciones de libros en distintos idiomas.
A esta altura, mis lágrimas no dejaban de correr.
Fernando me abrazó, y yo le devolví el abrazó, apoyándome en su pecho.
-Bonita, tu padre sabía lo que hacía.
Dijo besándome la coronilla.
En ese instante le sonó el celular y se alejó un poco para contestar.
-Sí, amor, en un rato paso a buscarte, también te amo.
Debía ser la esposa o la novia.
Cortó enseguida.
-¿Querés dormir en un hotel? Te reservo una suite en algún lado.
-No lo sé, el edificio es enorme y no lo conozco, pero si tenés cosas que hacer, puedo reservar una habitación yo sola.
-No, linda, no te preocupes por mí, estoy para servirte.
-Vas a tener problemas con tu pareja.
Le digo sinceramente.
Él solo sonrió.
Acto seguido marcó algo en su celular y luego me llegó un mensaje con un código de la habitación que había reservado.
-Gracias.
-De nada, por favor, aunque recién hoy nos conocimos, confiá en mí, no te voy a defraudar, le debo demasiado a tu padre.
Lo miré con atención, pero cuando quise preguntar, ambos escuchamos que me llamaban los obreros que trasladaron mis cosas.
Bajamos y Fernando les dió una generosa propina.
Al rato cerramos todo, antes tomé ropa para cambiarme al día siguiente y también mi notebook.
-No sé qué hacer con las joyas.
Subimos de nuevo y en la habitación donde estaba el escritorio, corrió un cuadro y abrió una caja fuerte.
-Cambiale la contraseña.
Así lo hice.
Nos despedimos hasta el día siguiente, me dijo que nos encontrábamos en mi nuevo hogar.
Llegué al hotel, era cómodo y bastante lujoso, sin derrochar sensualidad.
Pedí comida en mi habitación, no tenía ganas de cenar fuera, ni siquiera en el restaurante del hotel.
Hasta tuve la sensación de que me seguían.
Debe ser porque a esta altura desconfiaba hasta de mi sombra.
También puede ser que Rosie y su madre me espíen o hayan mandado a espiarme.
Estoy prácticamente sola en el mundo, sin embargo, estoy tranquila.