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¡Jefe, pronto seremos tres!

¡Jefe, pronto seremos tres!

Autor: : Lu Fabiano
Género: Romance
Livy, Olivia Damschroder, una chica de veinticinco años, pensaba que después de una noche de alcohol en exceso y sexo seguro, no habría consecuencias, pero un par de semanas después se llevaría una gran sorpresa; con prueba en mano, ese mismo día le tendría que decir a su jefe que pronto serian tres. Owen Kewlyn era un lobo solitario, con un corazón frío, solo una mujer podía derretir el iceberg que tenía por corazón: Olivia Damschroder y cuando esta le dijo que pronto serian tres, tal vez había llegado el momento de hacer una proposición que por supuesto estaba seguro no rechazaría. Pues no había conocido a ninguna otra mujer que hiciera que se pusiera a silbar la marcha nupcial. Todos los personajes y los hechos que se narran en la novela son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Capítulo 1 I

Olivia Damschroder

Despierto sobresaltada me siento en la cama al oír un ruido en el baño. El sol entraba por la ventada pegando de lleno en mi cara. Escucho el agua correr, me levanto por completo y veo que estoy desnuda, mis pies tocan con una suave alfombra. Veo alrededor y me doy cuenta que no estoy en mi casa, mi tapete es de uso rudo no tan suave como esto que están pisando mis pies.

¿Rayos, qué hice ayer?

Con el último que estuve antes de caer en la inconciencia fue con mi jefe, no sabía dónde me encontraba, ¿acaso había bebido tanto que no me acordaba que había pasado?

¿Cuántos mojitos había bebido la noche anterior? No logro recordar, tuvieron que haber sido muchos para sentir la cabeza a punto de estallar y la garganta reseca. Miro alrededor buscando mi ropa y veo un bulto de prendas al pie de la cama. Alcanzo a distinguir solo la ropa de mi jefe, el pantalón, la camisa y el saco, un zapato a mitad de la habitación.

Justo en este momento me doy cuenta que estoy metida en un gran problema. No podía simplemente haberme despedido de él después de la cena y ya. Me encontraba en mitad de la habitación y no había ni rastros de mi ropa, tomé la camisa y cubrí mi cuerpo, levanté la sabana esperando encontrar mi vestido y no lo hallé. Necesitaba salir de aquí lo antes posible.

Busco debajo de la gran cama y al fin lo encuentro junto con el brasier, me despojo de la camisa y con rapidez me visto, las bragas definitivamente no la hallo, tomo los zapatos y voy en busca de mi bolso y el abrigo, escucho que el agua deja de correr y entro en pánico, lo que no quería era verlo antes de salir, el corazón va a salir de mi caja torácica.

Trato de tranquilizarme, porque cuando estoy nerviosa tiendo a tirar todo a mi paso, respiro profundamente varias veces, escucho que se abre la puerta del baño lentamente.

¡Mierda, estoy perdida! ¡Has que no salga del baño por favor, te lo ruego!, pero no soy escuchada.

‒ Vaya, veo que por fin despertaste-su voz es ronca y sexy.

Hago como que no lo oigo y tomo mi bolso, pretendo no voltear. Mi cara de seguro esta de color granate, siento las orejas calientes y me sudan las manos.

‒ ¿Está todo bien?-me pregunta, le digo que sí con un movimiento de cabeza sin atreverme a voltear.

‒Sí, sí, ehh, tengo que irme, se presentó algo urgente en casa-mi voz sale como la de un ganso al que están ahorcando.

‒ ¿Olivia, puedes voltear?

Volteo y paso saliva con dificultad, su cuerpo apenas lo cubre una pequeña toalla, como esa con que me seco la cara, ¿tiene que ser tan apetecible? Su torso está desnudo y unas cuantas gotas se deslizan por él, subo la mirada directamente a los ojos, esos orbes de un azul aguamarina, me miran con algo de deseo aún.

‒Espera que me vista y te llevo a tu casa-me sonrió levemente, no lo hagas que me derrites.

‒No es necesario, tomaré un taxi-digo apresurada.

‒Por lo menos desayuna antes de irte, ya pedí que nos prepararan el desayuno, en un momento estará listo.

Definitivamente estamos en su casa, ¿no podíamos estar en alguna habitación de un simple hotel?, así no me vería tan expuesta. Deben estar sus padres en su casa o sus hermanos. ¡En que lio me he metido!

‒Gracias, pero no tengo tiempo, nos vemos mañana.

‒Hasta mañana ‒ me mira con extrañeza.

Abrí la puerta y salgo como rayo de la habitación, por suerte no me encuentro con nadie en mi camino hacia la salida. Siento frio en mis piernas, tampoco encontré las pantimedias, me pongo el abrigo y espero a que pase un taxi, el frío en las mañanas está como para no salir de tu casa.

Se detiene el taxi y subo, le digo la dirección y no miro hacia atrás, solo puedo recordar cuando al salir de la cena fuimos a una discoteca cerca, no le había visto nada de malo, lo hacíamos de vez en cuando; si la cena terminaba temprano aprovechábamos y nos íbamos a divertir un rato, pero nunca habíamos llegado tan lejos ¿qué pudo haber ocasionado el que termináramos en su cama?

Definitivamente, no volvería a ingerir nunca más una gota de alcohol. La resaca me duraría todo el día, la cabeza ya no la aguantaba, la sentía a punto de estallar. Pero no era tiempo para lamentarse, lo hecho, hecho estaba, solo quería llegar a casa para poder darme una ducha, tomar algo para aliviar este dolor de cabeza y para ver si se me quitan estas ganas de vomitar. Si por lo menos hubiera aceptado el desayuno, no me sentiría tan mal. Miro por un momento hacia afuera, las calles están vacías.

Cuando el taxi llegó a mi destino, pagué el importe del servicio y corrí hasta llegar a la entrada del edificio donde vivía, lo bueno era que vivía sola y no tenía que explicarle a nadie porque no llegué anoche anterior a dormir a mi casa. Al pasar la puerta del departamento empieza a sonar mi móvil, miré la pantalla y aparece el nombre de mi jefe. Owen, tomo la llamada y contesto.

‒Hola.

‒Hola, Olivia, ¿ya llegaste a tu casa?

‒Sí, acabo de llegar.

‒Estaba preocupado, saliste muy apresurada, ¿lograste llegar a tiempo, por tu urgencia?

‒Así es, mi gato se escapa si no estoy temprano en casa y es un gran problema para localizarlo - mentí, yo no tengo gato.

‒Ok, espero que todo esté bien.

‒Sí, gracias, no te preocupes.

‒Nos vemos en la oficina.

Colgué, no tenía otra cosa que decir. No me preocupaba por las consecuencias que pudieran presentarse, vi una caja de preservativos en la mesita de noche, por lo menos alguien se acordó de la protección. Esto debe quedar en el pasado, espero que no se vuelva repetir. Yo nunca me comportaba de esa manera, era muy precavida, la responsabilidad es de suma importancia.

Capítulo 2 II

Olivia Damschroder

Después de tomar un analgésico y varios vasos de agua como si acabara de salir del desierto, por lo menos ya no sentía esas desagradables ganas de vaciar el estómago. Saliendo del baño después de una agradable ducha y dispuesta a dormir lo que restaba del día, volvió a sonar el móvil, pensaba que era de nuevo Owen, pero esta vez era Jillian, podía ver su gran sonrisa adornando la pantalla como entrada de aviso.

‒ ¿Se puede saber dónde te metiste anoche después de la cena? ‒ es lo primero que escucho al aceptar la llamada ‒ te estuve marcando casi toda la noche.

La verdad era que había hecho oídos sordos a sus llamadas y mensajes. De seguro iba a dejar a su aburrido prometido como le dice ella e ir con nosotros, pero yo ya me sentía pasada de copas y no quería que me viera en esas condiciones y no creía poder tener una conversación coherente con ella.

‒Sí, estoy muy bien ¿y tú? Gracias por preocuparte ‒ dije sarcásticamente.

‒No te hagas la graciosa Livy, por supuesto que sé que estás bien, me imagino que pasaste la noche con mi queridísimo hermano Owen.

Claramente sabía que por lo regular después de ese tipo de reuniones, pasábamos a alguna discoteca o a algún bar a tomar un par de copas; quise fingir demencia y hacerle creer que todo pasó de manera inocente como siempre.

‒Fuimos a la discoteca nueva, la que me recomendaste.

‒ ¿Por qué no me mandaste un mensaje? o ¿al fin pasó, lo que tenía que pasar?

‒ ¡Desde luego que no! ‒ mentí, últimamente se me estaba haciendo costumbre esto de mentir.

‒ ¡Que tiene de malo si pasas una noche de sexo alocado y desenfrenado con el estirado de mi hermano! Por algo no respondiste a mis mensajes y llamadas.

‒No tiene nada de malo, pero no fue lo que pasó, llegué un poco tarde y no quise molestarte a tan altas horas, supongo que fueron a casa de Owen después de la cena-dije afirmando, quise saber, si por algún motivo se hubiera dado cuenta que estuve ahí.

‒No, justo unos minutos después de que salieran tú y mi hermano, mamá decidió lo mismo, pero nos dirigimos a la casa de mis padres, está vez fue la mejor decisión, llegamos relativamente rápido, Gabriel se fue directo a su departamento.

Gabriel era su prometido, llevaban un año comprometidos y todavía no decidían la fecha de la boda, Jillian ponía cada pretexto por cada fecha que este proponía, daba la impresión que no deseaba que llegara el día para casarse, simplemente debería decir que aún no estaba preparada, pero ella aseguraba que aun así lo amaba.

‒Las calles estaban casi desiertas, pero toda la gente estaba en la discoteca nueva creo yo, no se podía estar bien así-le digo tratando de desviar la conversación.

‒ ¡Cómo pudiste dejar pasar una oportunidad como esa con Owen! ‒ Jillie no quita el dedo del renglón.

‒Jillie, sabes que yo nunca he buscado tener ninguna oportunidad con tu hermano, somos solo buenos amigos, nos apreciamos mutuamente y siempre va a ser así.

‒De seguro estas ciega Livy, ¿acaso no te has dado cuenta cómo te mira?, claro que lo hace cuando estás distraída, pero yo no me he perdido ni una sola vez la intensidad con que te mira, juraría dos dedos de mi mano que tú siempre le has gustado.

‒Pues nunca me ha insinuado nada y bien lo sabes.

‒ ¿Qué esperas Livy? es Owen, en dado caso tu serias la que le tendrías que proponer algo a él.

‒Por eso, no puedo esperar otra cosa de él y por nada del mundo lo pondría en ese calvario, sabiendo que no soy su tipo.

‒ ¿Cómo de que no eres su tipo?, están hechos la una para el otro, una que no se entera y el otro que no se atreve.

‒Mejor dejemos esta conversación, no nos va a conducir a ningún lado.

‒Ok, como quieras, ¿qué vas a hacer más tarde? ‒ buena decisión, ya no tuve que insistir.

‒Estaré aquí en casa, tengo que acomodar el estudio, mamá viene a visitarme el fin de semana y no me dará tiempo hacerlo otro día o por lo menos tratar de adelantar algo.

‒Puedo llevar pizza y pasar la tarde ayudándote ¿Te parece bien?

‒Dentro de unas tres horas estaría bien.

‒ ¿Tanto?

‒Amiga, preciosa, tengo resaca, acabo de tomar un baño y necesito por lo menos dormir un par de horas más, trae mucho jugo de naranja por favor.

‒Hecho, te marco antes de salir para allá, hasta luego.

‒Hasta luego.

Lo bueno es que no insistió porque de seguro la tendría al otro lado de la puerta, me hará bien el que venga más tarde, no quiero tener que estar pensando en lo que sucedió anoche. Por lo menos me distraerá del asunto.

Mi departamento, aunque pequeño era confortable, fue el primero que encontré cuando me vine a vivir a New York, el corredor angosto llegaba hasta la última puerta donde quedaba mi departamento, a ambos lados del pasillo quedaban otros dos y uno al frente del mío, los otros ocupantes eran vecinos muy discretos, nunca habíamos tenido problemas por escándalos o disturbios, por lo que se podía vivir en paz.

La ubicación del edificio era muy buena, tenía todas las necesidades básicas a la mano. El trabajo me quedaba relativamente cerca y si salía temprano no me quedaba encerrada en un embotellamiento de taxis a la hora pico, como era habitual en la ciudad de New York.

Mamá siempre nos había recomendado que lo mejor era buscar un lugar cerca del sitio donde se iba a trabajar, cuánta razón tenía al sugerir tal cosa. Como era clásico todos se decidían a salir a la misma hora y ocasionar tal congestionamiento en las calles ya de por si atestadas de autos, específicamente taxis. Una verdad mundialmente conocida.

Me pongo el pijama más cómodo para poder dormir. Retiro los cobertores entro en la cama y me dispongo a caer en brazos de Morfeo. Sé que no dormiré mucho tiempo, por lo que pongo el despertador una hora antes de que llegue Jillie. Estaré un poca más despejada para afrontar el interrogatorio que estoy segura no ha quedado satisfecha con lo que le conté, porque esa pizza y el jugo no me iban a salir gratis, conociéndola como la conozco.

Capítulo 3 III

Owen Kewlyn

Olivia es la mujer más hermosa que han podido ver mis ojos, aunque ella siempre diga que es una chica común y corriente. Para mí nunca lo ha sido. Estamos sentados en las sillas frente a la pista de baile, veo que está un poco preocupada o en definitiva algo le pasó hoy antes de que pasara por ella a su departamento, lo cual note de inmediato, aunque trató de disimularlo en un par de ocasiones.

Su vestido rojo la hacía ver espectacular, con los hombros descubiertos y un escote recatado, pero a la vez provocativo al frente y su pelo totalmente recogido en la parte de arriba de la coronilla. No hacía falta más adorno que el de su blanca sonrisa, que siempre me cautivaba.

‒Me puedes contar lo que te pase Olivia, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea, lo sabes ‒ le digo tomando una de sus manos, se encontraba un poco fría a pesar del calor que se sentía en el gran salón.

‒No es nada, lo solucionaré el lunes.

‒ ¿Es sobre Justin? – Justin Lawrence, era su novio desde que había entrado a la universidad, pero bien sabía yo que últimamente habían tenido sus diferencias, precisamente porque él quería que ella dejara de trabajar para mí y se fuera a su empresa.

‒ ¿Tan transparente soy? ‒ lo dijo con una pequeña mueca en sus preciosos labios.

‒No has estado muy animada que digamos durante la cena, y me imaginé que algo tenía que ver él en esto.

‒Algo que tiene solución no tendría por qué darle la importancia que no se merece.

‒ ¿Te volvió a pedir que renunciaras?

‒Sí ‒ se podría decir que su mirada se turbo un poco más.

‒ ¿Y? ‒ Le pregunté, pero no quería que me respondiera afirmativamente.

‒Le llamé en la mañana para preguntarle si nos íbamos a ver hoy después de la cena pues ya llevamos casi dos meses sin vernos, pero me dijo que sí era para decirle que ya había renunciado, pero le dije que no.

‒Te está complicando la vida, mucho me temo que no quitará el dedo del renglón.

‒Mi decisión ya está tomada Owen, desde que salí de la universidad, mi meta era salir adelante por mí misma y en ningún momento él se ofreció a darme un lugar en la empresa de su padre, no es que haya querido que pasara por encima de él. No tengo nada que ver con sus decisiones. Así que debe respetar las mías.

Lo que son las cosas de la vida, el padre de Justin, no estaba de acuerdo con la relación que llevaba su hijo con Olivia y le había prohibido que le ofreciera un puesto en su empresa. Ni siquiera le permitió hacer sus prácticas, por lo que papá la colocó en la lista de empleados potenciales para esta, aquí realizó sus prácticas profesionales y ahora forma parte de la nómina de la empresa. Ahora que el señor Lawrence se retiraba definitivamente y le dejaba su lugar a Justin, este, venia pidiéndole la dimisión y que se fuera a trabajar con él.

‒No tengo ningún problema si quieres irte a trabajar con él ‒ llevábamos ya tres años con el equipo de trabajo, nos habíamos acoplado desde el inicio. Claro iba a ser difícil encontrar a otra compañera de trabajo como Olivia, nos apoyábamos hombro con hombro.

‒ ¿Quieres que renuncie? ‒ me dijo con un poco de tristeza reflejado a en sus grandes y expresivos ojos marrón.

‒Yo no te estoy pidiendo eso Olivia ‒ aprieto un poco más su mano.

‒No quiero Owen, no puedo renunciar a algo que me gané con mi propio sudor, que ahora él tenga el poder de contratar a quien le plazca no cambia en nada mi decisión, no puedo simplemente renuncias porque así me lo pida.

‒No lo hagas.

Le pedí, no me podía imaginar un día sin verla, sé que estaba mal pedirle que se quedara conmigo, ella podía tomar cualquier decisión que quisiera. Por lo regular trato de no demostrar que las cosas me afectan, en los negocios y en ningún aspecto de mi vida podría demostrar debilidad, es algo por lo que los demás se podrían aprovechar.

‒ ¿O tú me piensas despedir?

‒De ninguna manera haría tal cosa, simplemente no quiero que tengas problemas con eso en particular.

‒ ¿Sabes qué? Los asuntos de trabajo no deberíamos estarlos discutiéndolos aquí, vinimos para divertirnos, aparte una vez que salgo del trabajo me olvido por completo de él, así que, dejemos esta conversación para otro momento.

‒Estoy de acuerdo contigo, así que ¿qué deseas tomar?

‒Una cerveza por favor.

Le hago una señal a uno de los encargados de las bebidas que viene en cuanto toma el pedido de la mesa de al lado.

‒Una cerveza para la señorita y un whisky con hielo para mí por favor.

‒En un momento se los traigo ‒ dice el mesero dirigiéndole una mirada de apreciación a Olivia.

‒Gracias ‒ volteo a verla, ya ha cambiado su semblante, pero no se ha percatado que el chico la miró con algo más que admiración, me gusta verla alegre, aunque sea muy seria en todos los demás aspectos de su vida.

‒Te prometo que ya no tendré esa cara larga de amargada a partir de ahora.

‒Así me gusta ‒ le digo guiñándole un ojo ‒ vamos a celebrar que la cena obtuvo la cifra que esperábamos y más ‒ en cuanto traen las bebidas, alzamos nuestros respectivos vasos y brindamos, Olivia se lleva a sus labios el vaso con la cerveza y asiente.

‒Está muy buena, deberías probarla.

‒Sabes que no me gusta mezclar las bebidas.

‒Anda, solo un poco.

‒Ok ‒ le digo y me pasa su vaso, la pruebo y sí, en definitiva, tiene buen sabor, por lo que le hago de nuevo una señal al encargado para que se acerque. La miro sonriendo, esa sonrisa traviesa la he visto muy poco, así que le devuelvo la sonrisa.

‒Quiero otra ‒ me pide al tomarse de un solo trago lo que queda en el vaso.

‒No tan de prisa, la noche es joven, así que vamos a bailar un poco, no quiero que se te suban los tragos tan pronto a la cabeza.

‒Pero en la siguiente ronda.

Pedimos las cervezas y las traen casi de inmediato, veo que el chico le sonríe a Olivia al entregarle el vaso, esta le devuelve la sonrisa en agradecimiento. Me proponía no tomar más de un vaso de cerveza, pero en verdad estaba muy buena, por lo que en la tercera le ofrecí mi mano como invitación para que fuéramos a bailar. Ya empezaba a notar que la mezcla de whisky con cerveza no había sido buena idea, así que le pondría solución a esto de mi parte.

‒Separémonos un rato de estos vasos y bailemos-la tuve que ayudar a poner de pie, sabía que no era buena bebedora, solo habían sido tres cervezas y ya estaba como estaba.

‒Síí, vayamoss a baiilaar ‒ ya arrastraba las palabras, cuando regresáramos la llevaría a su departamento para que se recuperara.

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