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¡La revancha de la increíble exesposa del CEO!

¡La revancha de la increíble exesposa del CEO!

Autor: : H. Dally
Género: Moderno
"Por favor, créeme. ¡No hice nada!", suplicó Thalassa Thompson, entre lágrimas. "Llévensela", indicó fríamente Kris Miller, su esposo. No le importaba que ella quedara humillada ante el mundo entero. ¿Qué harías si el amor de tu vida y la mujer que considerabas tu mejor amiga te traicionaran de la peor manera posible? Para Thalassa, la respuesta fue simple: volver más fuerte, para hacer que todos los que la hicieron sufrir se arrodillen. ¡Que comience la revancha! ***** "Te odio", gruñó Kris, mirándola fijamente a los ojos. "Señor Miller, si me odias tanto, ¿por qué tu verga está tan dura?", respondió Thalassa entre risas.

Capítulo 1 Uno

"Buenas noches. Estoy aquí para ver al señor Joel Asante. ¿Está por aquí?", le preguntó Thalassa a la recepcionista del Hotel Astoria.

Estaba tan tensa que no se dio cuenta de que tamborileaba ruidosamente sus dedos sobre el mostrador hasta que una mujer a su lado chistó y la miró con desagrado. Sonrió a manera de disculpa y volvió a concentrarse en la recepcionista, quien ya había confirmado la cita.

"Sí, él está aquí. Y la está esperando. Suite trece. Tome el ascensor hasta el séptimo piso y gire a la izquierda".

"Gracias", respondió Thalassa, dándose la media vuelta para irse.

Su inquietud aumentaba con cada paso que daba hacia el ascensor. ¿Por qué sentía que algo estaba mal?

Linda Miller, su suegra, fue quien la envió a la cita con ese tal Joel. Sabía que ella no la había querido desde que comenzó a salir con su hijo, Kris Miller, y su desagrado aumentó cuando se casaron, justo hacía un año.

Entonces, cuando esta la llamó y le dijo que llevara unos documentos y consiguiera que los firmaran para ganarse su aprobación, no lo dudó ni un segundo. Pensó que si conseguía el favor de su suegra, Kris volvería a ser el hombre que conocía.

El sonido de su celular la sacó de sus pensamientos. Al ver que Karen Blade, su mejor amiga, intentaba contactarla, contestó rápidamente.

"Lassa, ¿vas a hacer lo que te pidió tu suegra?", inquirió la mujer del otro lado de la línea.

"Sí. Estoy en el hotel ahora, pero siento que algo no está bien", respondió la aludida.

"Ya te dije que estás exagerando. Linda quiere que hagas algo muy sencillo para ganarte su aprobación. No le des tantas vueltas", suspiró Karen, con cansancio.

"Tienes razón", contestó la otra, sonriendo.

Justo cuando terminaron la llamada, el ascensor sonó y las puertas se abrieron lentamente. Thalassa salió y caminó hacia el lado izquierdo, como le había indicado la recepcionista.

Al llegar a la habitación con el número trece, presionó el timbre. Pasaron unos segundos, y estaba a punto de tocar de nuevo, cuando la puerta se abrió de repente, revelando a un hombre medio desnudo: solo llevaba unos shorts azules; su torso estaba al descubierto.

"¿Señor Joel Asante?", preguntó la joven, con el ceño ligeramente fruncido.

"A tu disposición", contesto él, con una sonrisa que a todas luces pretendía ser encantadora. "Y tú debes ser Thalassa Miller. Pasa, por favor".

Ella entró lentamente en la sala de estar de la suite.

"Toma asiento, por favor", le pidió el hombre, señalando el sofá.

La otra dudó, y estuvo a punto de decirle que estaba allí por las firmas, pero al recordar a su suegra diciéndole que no lo molestara, se sentó lentamente.

"¿Qué puedo ofrecerte? ¿Champán, vino o cerveza?", preguntó Joel.

"No quiero nada, gracias", expresó Thalassa, rechinando los dientes. Lo único que quería era que firmara el contrato para poder irse. Además, no entendía por qué andaba con el pecho al descubierto.

"Oh, vamos. Seguramente una copita no te caería mal, ¿verdad?", insistió él.

"Lo siento, pero solo estoy aquí para que firme estos documentos", lo rechazó nuevamente la joven, sin molestarse en ocultar su desagrado. Acto seguido, sacó una carpeta de su bolso y se la entregó al hombre, diciendo: "Mi suegra, Linda Miller, dijo que ya sabe de qué se trata el asunto".

La carpeta estaba sellada, y Thalassa ni siquiera sabía qué había en los documentos. Su suegra le había advertido que no la abriera, así que no lo había hecho, pues no quería molestarla.

"Ajá", murmuró su interlocutor, mientras agarraba la carpeta que ella le ofrecía y la abría. Comenzó a caminar por la habitación mientras revisaba su contenido.

La chica se movió en su lugar. Se sentía incómoda, especialmente porque el hombre todavía estaba sin camisa. Y le daba la impresión de que, por alguna extraña razón, estaba retrasando la firma a propósito.

Cinco minutos después, justo cuando estaba al límite de su paciencia, el timbre comenzó a sonar. Joel abrió inmediatamente la puerta, y un segundo después, Kris, el esposo de Thalassa, entró bruscamente en la habitación.

"¿Dónde está ella?", preguntó, en un tono demasiado bajo para no ser considerado peligroso. Su mirada se endureció cuando vio a su cónyuge.

"Kris, estás aquí", exclamó ella, levantándose de inmediato.

Se sentía aliviada, pues creía que su esposo podría manejar ese asunto sin problemas. Caminó hacia él, con la intención de abrazarlo, pero justo cuando se acercó, este le puso una mano en el pecho, haciéndola retroceder.

"Kris...", musitó Thalassa, mirándolo con sorpresa.

Antes de que pudiera decir algo más, su suegra entró en la habitación y, al verla, su habitual desagrado se extendió por su rostro.

"¡Traidora! Después de todo lo que mi familia ha hecho por ti, ¡¿así nos pagas?!".

Apenas la joven comenzaba a procesar esas palabras, una fuerte cachetada cayó sobre su mejilla.

"Señora Miller... ¿qué estás diciendo?", preguntó Thalassa, mirándola estupefacta, mientras se acunaba la mejilla afectada.

"¡No te atrevas a fingir que no sabes lo que está pasando! Desde que mi hijo y tú se casaron hace un año, nos has estado robando propiedades, ¡malversando millones de nuestra empresa con la ayuda de este hombre que obviamente es tu amante!", bufó Linda.

'¿Qué está pasando?', se preguntó la acusada, con la cabeza hecha un lío.

"Pero... tú me mandaste aquí. Me pediste que me encargara de que este hombre firmara los documentos. ¿Por qué dices todas esas cosas?", se defendió.

Acto seguido, se giró hacia su esposo y sintió que le estrujaban el corazón al ver su mirada acusadora. "Kris, no conozco a este hombre. ¡Te lo juro! De hecho, ¡nunca lo había visto! Créeme, por favor. ¡Tu madre fue quien me envió aquí para entregarle unos documentos para que los firmara!".

"¡Eres una descarada! ¡¿Ahora intentas implicarme en tus fechorías?!", rebatió Linda. Luego, se dirigió a su hijo, quien mantenía una expresión estoica mientras miraba a su esposa. "¿Por qué no revisas el contenido de esos dichosos documentos?".

Kris caminó hacia Joel y le arrebató la carpeta de la mano. Al leer lo que había en su interior, su rostro se oscureció. Cuando finalmente contempló a Thalassa, su mirada era aún más fría que antes. De hecho, era tan fría que ella se sintió congelada.

Desesperada, la chica se obligó a moverse y le quitó la carpeta. Las manos comenzaron a temblarle mientras leía algunas partes del documento. Todo se trataba de mover dinero discretamente a cuentas bancarias en el extranjero, en lo que era un evidente desvió de fondos...

Con los ojos llenos de lágrimas, comenzó a negar con la cabeza. Finalmente se daba cuenta de lo que sucedía: ¡la habían engañado! ¡Y todo había sido obra de su suegra!

"Kris, no sabía qué documentos había en la carpeta, ¡lo juro!", declaró, tratando de agarrarlo de la mano, pero él se apartó. "Tu madre me dijo que no la abriera, así que no lo hice. Por favor, ¡tienes que creerme! Yo nunca...".

"¡Cállate!", exclamó el aludido, silenciándola en el acto. "¡Basta de mentiras!", sentenció, acercándosele mientras la miraba a los ojos. "Justo cuando pienso que no puedes decepcionarme más, haces que me dé cuenta de que eres peor de lo que pensaba... ¡Me repugnas!".

Esas palabras fueron como una cachetada para su mujer, quien se quedó allí, demasiado aturdida para reaccionar. Ella seguía procesando todo, cuando escuchó la voz de su suegra.

"Oficiales, entren".

Thalassa abrió los ojos de par en par cuando vio a los policías entrando a la habitación. Luego miró a Kris. Seguramente él no dejaría que la arrestaran como una criminal, ¿verdad?

En segundos, recibió su respuesta.

"Oficiales, llévenselos", indicó su esposo, con una voz fría.

Capítulo 2 Dos

Thalassa lloraba mientras uno de los oficiales se colocaba detrás de ella, le agarraba las manos y la esposaba. Miró suplicante a Kris, con la esperanza de que él se diera cuenta de su error y la salvara de esa humillación, pero este simplemente la observó con frialdad mientras la sacaban de la suite.

Como si eso no fuera suficiente, apenas puso un pie fuera, varios reporteros se abalanzaron sobre ella. Los flashes de las cámaras la deslumbraron.

"Thalassa, ¿es cierto que te casaste con Kris Miller solo por su dinero?".

"¿Cómo te sientes después de que se descubriera tu robo?".

La acusada nunca se había sentido tan humillada en su vida, con toda esa gente mirándola y los reporteros haciéndole toda clase de preguntas, mientras la conducían a la patrulla...

"¡Esperen! ¡Por favor, esto es un error! ¡Soy inocente! ¡Tienen que creerme!", le suplicó al oficial que la guiaba a la celda.

"Eso es lo que siempre dicen los culpables. Realmente debiste haberlo pensado dos veces antes de meterte con una mujer como Linda Miller", contestó él, entre risas, mientras la encerraba. Luego, sin dejar de reírse, la dejó sola.

Thalassa no podía parar de llorar. Sabía que su suegra nunca la había querido, pero, ¿la odiaba a tal extremo de montar una trampa tan elaborado en su contra?

Recorrió con la mirada la celda. Lo primero que notó fueron las paredes frías y desoladas, antes de fijarse en la cama que parecía haber visto mejores días. Allí estaba ella, en un lugar para delincuentes.

'¿Cómo pudo Kris hacerme esto?', se preguntó, con el corazón destrozado, mientras se dejaba caer en la cama.

No se engañó diciéndose que su matrimonio había sido perfecto, pues estaba lejos de serlo.

Durante su noviazgo, él siempre había sido un perfecto caballero, anteponiendo siempre las necesidades de Thalassa. De hecho, se había enfrentado a su propia madre y a los miembros de su familia cuando desaprobaron su relación, pues ella era de una clase social más baja. Incluso lanzó un ultimátum contra los reporteros y tabloides que tachaban a su pareja de cazafortunas.

Kris había sido el hombre perfecto, pero todo eso cambió una vez que se casaron: él se convirtió en una persona completamente diferente.

El hombre que siempre la trataba como a una reina, se convirtió en uno que la hacía llorar casi todas las noches por su frialdad.

Y lo que más la atormentaba era no ser capaz de identificar la razón del cambio.

Para colmo, tenía que lidiar con las humillaciones y vejaciones de los demás miembros de su familia, que la trataban como una sirvienta en su propia casa.

Había tenido que soportar todo eso durante su último año.

Aun así, nunca se imaginó que su esposo permitiría que la arrestaran y la humillaran como a una delincuente común. Y la situación le dolía más porque estaba esperando un hijo suyo...

Thalassa sollozó mientras se llevaba una mano al vientre. Estaba embarazada, pero su cónyuge no lo sabía. Lo había descubierto ayer, y había querido decírselo, pero él llevaba dos días sin aparecerse por su casa, además de que no se había molestado en atender sus llamadas.

La única persona que sabía de su estado era Karen, su mejor amiga. Aparte de ella, nadie más lo sabía.

"No te preocupes, bebé. Todo va a estar bien, te lo prometo", le dijo a su vientre, aunque sabía que probablemente allí solo se encontraba un coágulo de sangre, pues solo tenía dos meses de embarazo. "Tu padre pronto se dará cuenta de su error, se disculpará y todo volverá a la normalidad. Ya lo verás".

Thalassa pasó tres días más en la celda, que fueron los más agonizantes de su vida. Kris nunca fue a sacarla ni a disculparse. De hecho, nadie fue a visitarla.

Durante ese periodo, ella había exigido varias veces la llamada telefónica a la que sabía que tenía derecho, pero los oficiales siempre se la negaron. Ni siquiera le habían dado la oportunidad de llamar a un abogado.

No tenía dudas de que la responsable de todo eso era Linda Miller, quien estaba usando su influencia para atormentarla. ¿Realmente esa mujer quería encarcelarla por algo que no hizo?

En la tarde del tercer día, Thalassa estaba acostada en la cama de su celda, llorando en silencio, cuando de repente escuchó el sonido de la puerta siendo abierta. Rápidamente se incorporó, y la esperanza regresó a sus ojos al ver al señor Sawyer, el abogado de la familia Miller.

"Tienes suerte de que los Miller hayan decidido retirar los cargos. Serás liberada", le informó un oficial.

La joven sintió que su corazón saltaba de alegría, ¡pues Kris finalmente había reconocido su error! ¡Seguramente iba a disculparse por haber desconfiado de ella y las cosas volverían a estar bien!

"Muchas gracias", le dijo al abogado mientras se enjugaba las lágrimas. "Pero, ¿en... dónde está Kris?", inquirió tras salir de la celda y percatarse de que no había rastro de su esposo en el pasillo.

"Él no vino conmigo. Simplemente me envió a retirar los cargos y a liberarla", aclaró el otro.

Ella sintió el corazón apesadumbrado, pero rápidamente sonrió. Se dijo que Kris debía estar muy ocupado, pero que probablemente ya la estaba esperando en casa, y que todo volvería a estar bien.

El abogado comenzó a caminar hacia la estación principal; Thalassa lo siguió. Los policías le habían quitado su bolso y su celular ayer, así que la llevaron a firmar algunos documentos para finalmente recuperar sus pertenencias.

"¿No envió Kris un chofer? ¿O tú vas a llevarme a casa?", le preguntó la chica al abogado, apenas terminó con el trámite.

"Esa es otra de las cosas que quería hablar con usted", respondió el hombre, volteando a verla.

"¿De qué se trata?", inquirió Thalassa, con el corazón acelerado.

Sin responder, su interlocutor sacó unos papeles de su maletín y se los entregó.

A ella se le rompió el corazón al leer las palabras, en mayúsculas y negritas, que encabezaban el documento: "ACUERDO DE DIVORCIO".

Capítulo 3 Tres

A Thalassa le temblaban mientras sus ojos recorrían repetidamente las palabras en mayúsculas y en negritas: "ACUERDO DE DIVORCIO".

No recordaba haberse sentado a hablar sobre eso, ¡así que seguramente todo debía tratarse de un error!

"¿Es una broma?", preguntó, fijando su mirada llena de angustia en el abogado.

"No recuerdo que 'comediante' estuviera en mi descripción de trabajo, señorita Thompson", expresó él, sonando ofendido.

"¿Entonces qué es esto?", insistió la mujer, en un tono cargado de frustración, y más alto de lo que pretendía.

"Es exactamente lo que está viendo, señorita Thompson. El señor Miller quiere el divorcio", respondió su interlocutor, cuyas fosas nasales se ensancharon mientras la miraba.

Thalassa se dio cuenta de que el abogado seguía refiriéndose a ella por su apellido de soltera, como si ya estuviera divorciada de Kris.

"Mire, no complique las cosas. Tiene suerte de que él solo le pidiera el divorcio, pues pudo haber pasado años en la cárcel. Debería agradecerle por convencer a su madre de retirar los cargos", intentó persuadirla el hombre, dando un paso hacia ella.

Al oír eso, la chica recuperó la esperanza. Su esposo había convencido a su madre de retirar los cargos, lo que solo podía significar una cosa: ¡todavía la amaba! Definitivamente había una explicación para todo esto.

"Por favor, tome el bolígrafo y firme los papeles. No hay pensión alimenticia porque el señor Miller dijo que usted puede quedarse con los millones que se robó y mandó a paraísos fiscales. Todo lo que tiene que hacer es firmar en los lugares requeridos, y él se encargará de que le lleguen sus pertenencias a donde le indique", explicó el señor Sawyer, sacando un bolígrafo de su maletín.

Antes de que pudiera terminar de hablar, Thalassa ya se había dado la vuelta y salido de la estación de policía. Apenas llegó a la carretera, rápidamente le hizo una señal a un taxi que se acercaba.

El auto se detuvo y ella no perdió tiempo en entrar.

"A la Mansión Miller", le indicó al conductor. Aún sostenía los papeles de divorcio en la mano y su corazón se desbocaba al verlos.

'Esto no puede ser verdad. Debe tratarse de otro de los planes de Linda Miller para separarme de Kris', pensó, reacia a creer esa noticia hasta escucharla directamente de boca de su esposo.

Cuando el taxista se detuvo frente a la Mansión Miller, ella metió la mano en su bolso y sacó algunos billetes. Sin fijarse en cuánto era, se los arrojó al hombre y salió.

Estaba a punto de cruzar por la puerta principal, cuando un fornido guardia de seguridad le bloqueó el paso y le dijo bruscamente: "No puede pasar".

"¿Qué quieres decir con que no puedo pasar? ¡Esta es mi casa! ¡Soy la esposa de Kris!", replicó Thalassa, fulminándolo con la mirada.

"Lo sé. Pero la señora Miller me indicó que no la deje entrar".

'Por supuesto que mi suegra está detrás de esto', pensó ella, sintiendo que se volvía loca, mientras se pasaba con fuerza los dedos por la cabeza. Sin pensarlo dos veces, esquivó al guardia de seguridad y corrió lo más rápido que pudo al interior de la propiedad.

"¡Oye, le dije que no puede entrar!", siseó el hombre, persiguiéndola, pero no era rival para la desesperada joven, que aceleró y entró en la mansión.

Todos los Miller estaban reunidos en la sala, a excepción de Kris, quien no estaba a la vista. Apenas Thalassa entró, todos la miraron con desdén, antes de atacarla verbalmente.

"¿Qué haces aquí, ladrona?", la cuestionó Cynthia, la tía de Kris.

"¡Vaya que es atrevida!", bufó Tyler, el hermano menor de Kris.

"¡Voy a sacarla de los pelos!", gruñó Susan, la hermana menor de Kris.

"Señora, intenté detenerla, pero simplemente me esquivó y corrió muy rápido", se excusó el guardia, apareciendo detrás de Thalassa y agarrándola del brazo.

"No hay problema. Suéltala", indicó Linda Miller, deteniéndose finalmente frente a su nuera. El resto de su familia también se colocó detrás de la matriarca. Sus expresiones eran como las de aves de rapiña, listas para despedazar a su presa.

"Qué vergüenza que tengas el descaro de presentarte aquí, después de lo que le hiciste a mi hijo y a nuestra familia", declaró Linda, en un tono cargado de desprecio.

"¡No hice nada y lo sabes! Fuiste tú quien me envió a encontrarme con ese hombre. ¿Por qué haces esto? ¡¿Por qué mientes?!", replicó Thalassa, con la ira ardiendo en sus venas.

La voz se le quebró, lo que solo aumentó la satisfacción de su suegra.

"Mi hijo no quiere tener nada que ver contigo, así que ya no tienes nada más que hacer aquí. Lárgate".

"¡Maldita víbora! No me iré hasta que hable con Kris", respondió la chica desafiantemente, sosteniéndole la mirada.

"No le hables así a mi madre", resonó la dura voz del susodicho, quien en ese momento se acercaba.

"Kris... tu abogado... fue a verme y me dio estos documentos. Me dijo que querías el divorcio, pero sé que todo se trata de un error. Todo es un error, ¿verdad?", preguntó Thalassa, corriendo hacia él, mientras levantaba en su mano el acuerdo de divorcio.

"No hay ningún error", pronunció el aludido fríamente, mirándola a los ojos.

"Por favor, no puedes... Salvemos nuestro matrimonio. Todo esto es un malentendido. No hice nada. Por favor, ¡tienes que creerme!", pidió ella, sacudiendo la cabeza con incredulidad, mientras retrocedía unos pasos.

"¿De verdad crees que quiero seguir casado con una mujer como tú? ¡Ni siquiera tienes la decencia de admitir lo que hiciste!", le reprochó Kris, sin quitarle sus penetrantes ojos de encima.

"¡Pero no hice nada!", chilló la joven desesperadamente, aferrándose a su brazo. "Por favor, escú...".

"¡Suéltame!", siseó él, zafándose de su agarre.

"¿Por qué está la puerta abierta?", inquirió una voz a espaldas de Thalassa.

La recién llegada era Karen Blade, su mejor amiga.

La rechazada sintió que la esperanza se encendía en su interior.

"Thalassa... ¿Ya saliste de la cárcel?", jadeó la sorprendida Karen, cuando finalmente la vio.

La otra se movió instantáneamente hacia ella, la agarró de la mano y la llevó hasta donde estaba su cónyuge. Luego le pidió: "Karen, por favor, cuéntale todo a Kris. Dile que te llamé después de que su madre me enviara a entregar los documentos a ese hombre. Dile cómo dudé, porque sentía que había algo sospechoso en el asunto. ¡Hazle ver que soy inocente!".

Esperó a que su amiga le dijera exactamente eso a su esposo, pero las palabras que salieron de la boca de esta hicieron que su mundo se derrumbara.

"Lo siento, pero estoy cansada de respaldar siempre tus mentiras. Nunca me llamaste".

La negación de Karen fue como una cachetada para Thalassa, quien retrocedió, con la boca abierta por el asombro.

"Pero... ¿qué estás diciendo? ¿Qué mentiras? Te llamé para contártelo. ¡Incluso me marcaste más tarde para preguntarme si ya iba en camino para cumplir con la solicitud de mi suegra!".

"¡Ya basta! ¿No te cansas de mentir? Estoy harta de tener que cubrirte siempre... Ya no puedo más. Kris es un buen hombre, ¡y no merece tus engaños!", respondió su interlocutora, con una mirada fría reemplazando su habitual expresión llena de afecto.

'¿Estoy soñando? Sí, tengo que estarlo. De lo contrario, ¿por qué mi mejor amiga, la persona en quien más confío y a quien le cuento todo, me traicionaría así?', se preguntó la acusada, sintiendo que la cabeza le daba vueltas.

Con el corazón desbocado y una expresión suplicante, se dirigió hacia su esposo. "Cariño, por favor, yo... No sé por qué Karen está mintiendo, pero tienes que creerme. ¡No he hecho nada! ¡Nunca te he mentido!".

"¡Ladrona sinvergüenza! ¿Así que todos los demás son mentirosos menos tú?", espetó Susan, cruzándose de brazos.

Thalassa no prestó atención a sus palabras porque no le importaban. En ese momento, lo único que le interesaba era el veredicto de Kris.

"¿Por qué no dices nada? ¡Por favor, dime que me crees!", pidió.

"Lo único que tengo que decirte es que firmes los papeles de divorcio y desaparezcas de mi vida. No quiero tener nada que ver contigo".

"¡No!", chilló ella, aventando el acuerdo de divorcio al piso. "¡Me niego a firmarlo! ¡No puedes creer que podría mentirte y robarte de esa manera!".

Acto seguido, lo agarró de la mano y, con una expresión suplicante, lo miró a los ojos y añadió: "Me prometiste que nada se interpondría entre nosotros... ¿Qué pasó con esa promesa?".

"Eso fue antes de saber que me había casado con una ladrona mentirosa y desvergonzada", siseó él, apartando la mano.

"Ya tuve suficiente de esta mujer", intervino Linda. "Si se niega a firmar los papeles de divorcio, podemos hacer que se separen de otra manera. Llévensela".

Inmediatamente, el guardia de seguridad agarró a Thalassa del brazo, pero justo cuando estaba a punto de arrastrarla, ella gritó: "¡Estoy embarazada!".

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