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¡¿Mi sumisa exesposa es una jefa secreta?!

¡¿Mi sumisa exesposa es una jefa secreta?!

Autor: : Star Dust
Género: Moderno
Durante tres arduos años, Emily se esforzó por ser la esposa perfecta de Braiden, pero él todavía se mantenía distante con ella. Cuando él le pidió el divorcio por otra mujer, Emily desapareció. Sin embargo, cuando reapareció más tarde, se convirtió en su última fantasía. Despidiendo a su ex con una sonrisa burlona, ella le desafió: "¿Te interesa una colaboración? ¿Quién te crees que eres?". Los hombres no le servían para nada; Emily prefería la independencia. Mientras Braiden la cortejaba sin descanso, descubrió las identidades secretas de Emily: hacker de alto nivel, chef, médica, talladora de jade, corredora clandestina... Cada descubrimiento aumentaba el desconcierto de Braiden. ¿Por qué los conocimientos de Emily parecían ilimitados? El mensaje de Emily era claro: destacaba en todos los aspectos.

Capítulo 1 Divorcio

"Tenemos que divorciarnos", declaró Braiden Collins.

Llevaban tres años de casados. Pero el hombre se mantenía tan reticente como siempre. Su voz no transmitía calidez, sino un escalofriante desapego.

Emily Morris estaba detrás de Braiden, contemplando su alta figura. El reflejo de su expresión indiferente en los ventanales le provocó un escalofrío en lo más profundo de su alma.

Sus manos, antes relajadas a los costados, se habían convertido en puños temblorosos.

Había llegado el momento que había temido.

Cuando él se volvió para mirarla, sus rasgos se hicieron aún más pronunciados. A pesar de los años que habían estado juntos, la visión de su rostro perfectamente esculpido seguía asombrándola.

"¿Tenemos que hacerlo?". Las palabras apenas lograron emerger de los labios de Emily. Estaba luchando por pronunciarlas; su voz era una mezcla de desesperación y un ápice de esperanza.

Braiden entrecerró ligeramente los ojos mientras la observaba. La falta de maquillaje no ocultaba la belleza natural de la joven, aunque tenía los ojos rojos por la emoción.

No era convencionalmente llamativa, pero su tez clara y la inocencia de su mirada la convertían en una presencia reconfortante.

Con ojos claros y enrojecidos, ella miró a su esposo. Debajo de su ojo derecho, un pequeño lunar resaltaba su belleza y su cabello negro enmarcaba gentilmente su rostro.

Sin embargo, para Braiden, no era más que una mujer común y corriente. Había cumplido sin culpa su papel de esposa, pero él simplemente no la amaba.

Hacía tres años, un accidente automovilístico lo había dejado con una grave lesión en la columna, por lo que era posible que no pudiera volver a caminar. Ese pronóstico había sido desalentador. Tuvo que enfrentarse a la posibilidad de quedar parapléjico para siempre. Durante ese terrible período, las circunstancias lo obligaron a separarse de la mujer que amaba. Ante la insistencia de su madre, aceptó un matrimonio arreglado y se casó con una doctora que podía cuidarlo indefinidamente. Había elegido a Emily debido a que no venía de una familia prestigiosa y tenía una naturaleza tranquila.

"Me has cuidado durante tres años, así que te ofreceré diez millones de dólares como compensación". La voz de Braiden carecía de emoción, como si no le tuviera nada de afecto. "A menos, por supuesto, que quieras algo más...".

"¿Por qué?", lo interrumpió ella por primera vez. Sus ojos llorosos brillaban con determinación y desgana. "¿Por qué me estás pidiendo el divorcio ahora?".

Su pregunta quedó suspendida en el ambiente. Mañana sería su tercer aniversario de bodas. Había imaginado celebrar este y muchos más en el futuro, ya que soñaba con pasar toda una vida junto a él.

"Tú sabes que no te amo a ti", declaró el varón fría y distantemente, sin ofrecer nada de esperanza. "Natalia ha vuelto y planeo casarme con ella".

Esa revelación golpeó a Emily como un rayo, dejándola temblando.

El matrimonio en el que había vertido todo su corazón durante tres años se desintegró fácilmente ante la mención de Natalia Powell.

"Señor...". La repentina llegada del mayordomo rompió el silencio. "¡La señorita Powell vomitó y tosió sangre!".

Adoptando una conducta completamente diferente, Braiden pasó rápido junto a su esposa y fue a la habitación de invitados. "Preparen el auto", ordenó con voz ronca y urgente. "Iremos al hospital".

Poco después reapareció llevando tiernamente a una frágil mujer en brazos. Natalia estaba envuelta en una manta que Emily había bordado.

Se veía extremadamente débil y estaba tan pálida que parecía estar al borde de la muerte. Mientras el hombre la acunaba, ella murmuró débilmente: "Braiden, la señorita Green es...".

Él se detuvo y se volvió hacia Emily. "El abogado discutirá contigo los detalles del divorcio. Tienes que irte de la mansión en tres días".

Luego, acomodó cuidadamente a la mujer en sus brazos y bajó las escaleras, sin volverse a mirar ni una sola vez.

Emily permaneció inmóvil en lo alto de la escalera, mirando fijamente a las figuras que se alejaban. Acurrucada en los brazos de Braiden, Natalia lanzó una mirada victoriosa.

Hacía apenas una hora, ella le había dicho con una sonrisa maliciosa: "He regresado, así que dámelo".

No fue hasta que desaparecieron por completo cuando Emily se desplomó en el suelo como si se le hubieran acabado las fuerzas. Unas lágrimas silenciosas cayeron por sus mejillas mientras se abrazaba a sí misma. Un frío escalofrío la estaba envolviendo.

Ya habían pasado diez años. Desde que él la salvó de la desesperación hasta hoy día, lo había observado y amado desde lejos durante diez años. ¿Cuántos diez años tendría en su vida?

Pero su amor no podía forzarse. No importaba cuánto se degradara a sí misma, nunca podía hacer que él sintiera lo mismo.

"Braiden, no volveré a llorar por ti".

Tras esas palabras, se secó las lágrimas. Atrás quedaba la frágil y gentil mujer; ahora sería reemplazada por alguien frío e inquebrantable. Una chispa de determinación iluminó su mirada.

Ya era hora de que siguiera adelante.

Los papeles del divorcio estaban en el velador del dormitorio principal; era imposible ignorarlos.

Ella pasó a la última página y vio la firma familiar. Una breve emoción cruzó su rostro mientras acariciaba tiernamente el nombre de Braiden.

Reprimiendo un sollozo, contuvo las lágrimas, agarró el bolígrafo y firmó con su nombre: Emily Green.

Todo había comenzado con ese nombre, así que era apropiado que también terminara con él.

Junto a los papeles, la chica colocó un sello que había pasado casi un año seleccionando y tallando en jade. Era su regalo de tercer aniversario para Braiden.

Durante esos años juntos, le había dado muchos regalos, cada uno elegido cuidadosamente, solo para ser ignorados y terminar descartados u olvidados en un armario, como sus sentimientos.

Al salir de la mansión, divisó un lujoso auto negro esperándola junto a la acera. Cuando entró al vehículo, anunció con calma: "Estoy divorciada".

El hombre en el asiento del conductor, con unos lentes de sol, le dedicó una sonrisa. "Felicidades por recuperar tu libertad".

Luego, le entregó una computadora portátil. "Es momento de que vuelvas a ser tú misma", agregó con una voz alentadora. "Todos hemos estado esperando ansiosamente tu regreso".

Capítulo 2 El regreso de la señorita Morris

Emily hizo una pausa para recuperarse y encendió la computadora. Con rápidas pulsaciones, navegó a través del sistema de vigilancia y borró meticulosamente cada rastro de su presencia.

Había venido con un pasado misterioso, así que desaparecería de la misma forma.

"¡Señor, la señorita Green se fue!".

A la mañana siguiente, Braiden recibió la noticia y regresó a la mansión desde el hospital.

Al entrar a la habitación, sintió el familiar y refrescante aroma de rosas, una fragancia propia de Emily.

Rara vez había entrado al dormitorio principal, un espacio que ella se había esforzado en personalizar. A diferencia del resto de la casa, esa habitación irradiaba calidez y comodidad. Tenía unas sábanas de color amarillo brillante y una apariencia ordenada que era esencialmente suya.

En lugar de sumergirse en el ambiente, el hombre se dirigió hacia el velador.

Ahí encontró los papeles del divorcio, ya firmados por Emily, así como el cheque intacto por diez millones de dólares que había preparado para ella.

De repente, un delicado sello en forma de rosa llamó su atención. Tenía su nombre elegantemente escrito en su base. Los pétalos de una rosa blanca habían sido tallados con tanta precisión que parecían cobrar vida, una prueba de la habilidad del artesano. No pudo evitar tocarlo y maravillarse ante la sensación del jade de alta calidad. Su superficie se sentía fresca, clara y relajante contra su piel. El jade tenía excepcionales vetas rojas que se acumulaban en su base, imitando la floración de una rosa roja iluminada por el sol. Era tan encantador como hermoso.

Braiden conocía la afición de su exesposa por las rosas. Tenía un jardín entero de ellas en el patio, pero nunca se le había ocurrido regalarle una sola.

Debajo del sello, había una carta. Él la agarró y la desdobló para revelar un mensaje escrito con elegante letra. "Feliz tercer aniversario, Braiden. Adiós".

Las palabras lo impactaron, sobre todo cuando vio el calendario al lado de la cama. De hecho, ese día era su aniversario de matrimonio. Habían pasado tres años demasiado rápido.

Agarrando la exquisita pieza de jade, se perdió en sus pensamientos, preguntándose cómo Emily había conseguido un regalo tan costoso.

A pesar de que le daba una generosa suma mensual, ella rara vez utilizaba ese dinero. Sus necesidades básicas de alimentación y vestimenta estaban bien cubiertas, por lo que no tenía muchos gastos.

Mientras escuchaba el informe de su asistente, una mirada contemplativa atravesó su rostro. "Averigua adónde fue", ordenó en voz baja. "Quiero que estés atento a sus actividades. Si todo esto es el plan de un rival, tráela de vuelta".

¿De verdad Emily era una huérfana del campo?

***

Tres días después, en el Edificio Crest de la ciudad de Merden, la sede del Grupo Morris estaba llena de actividad.

Los empleados corrían mientras los superiores se reunían en vestíbulo, esperando ansiosamente la llegada de su nuevo director ejecutivo.

Apenas dos días atrás, el Grupo Morris había estado al borde de la bancarrota tras una dramática caída del mercado de valores, pero se vio inesperadamente rescatado. Una persona misteriosa intervino para comprar la empresa a un precio muy alto, asegurando que los empleados conservaran sus puestos de trabajo. Pero ahora estos se sentían inquietos.

"¿Quién puede ser nuestro nuevo director ejecutivo? ¿Es hombre o mujer? ¿Saben cuáles son sus antecedentes?", preguntó uno.

"Ni siquiera los altos mandos saben algo del nuevo director ejecutivo. Todo es muy misterioso. Espero que un apuesto director ejecutivo venga a rescatarnos".

"Imagínate si termináramos con una jefa", comentó otro.

"Seamos realistas, ¿cuáles son las probabilidades? En ese caso, pueden desear que la hija muerta de la familia Morris regrese".

De repente, alguien exclamó: "¡Ha llegado el nuevo director ejecutivo! ¡Cállense!".

El vestíbulo se llenó de anticipación mientras todos observaban la entrada. Un elegante Rolls-Royce negro se detuvo y el vicepresidente avanzó para abrir la puerta.

Fue entonces cuando salió una mujer.

Sus tacones negros tocaron primero el suelo, para después revelar un cabello corto cuidadosamente peinado y un impecable traje blanco. Tenía un buen porte y su refinado maquillaje acentuaba sus llamativos rasgos.

Los altos ejecutivos, que habían dedicado casi una década al Grupo Morris, pudieron reconocer su rostro a la perfección. Todos jadearon con incredulidad. "S-señorita Morris...".

En la entrada, Emily los saludó con una sonrisa y sus labios rojos se abrieron para responder: "Hola, hace mucho que no los veo".

Capítulo 3 De regreso de entre los muertos

Flanqueada por altos ejecutivos, Emily se dirigió al ascensor. "¿Aún faltan algunos?", preguntó mirando al vicepresidente.

"Sí". Caleb Reynolds se acercó a toda prisa. Su comportamiento era respetuoso, pero su voz tenía cierta informalidad. "Kyson y su gente parecen querer desafiarte".

"¿De verdad?". El rostro de la joven permaneció impasible, con un aura indudablemente fría. "Los tiempos han cambiado, me desconcierta que mis tíos se nieguen a reconocerlo".

En la sala de conferencias, Kyson Morris y cinco directores estaban descansando en sus sillas, con las piernas cruzadas mientras disfrutaban tranquilamente de su café. Parecían indiferentes, pero la tensión se gestaba bajo la superficie.

"¿Por qué no viene todavía?". En el asiento del presidente, Kyson expresó su impaciencia con un rostro tenso. Luego, miró a su secretaria y ordenó: "Averigua qué lo está retrasando".

"No te preocupes, Kyson. Estoy seguro de que vendrá tarde o temprano. Es típico que un nuevo líder afirme así su dominio", comentó Logan Morris. Su vestimenta especial hacía que pareciera casi de otro mundo.

El aludido agitó despectivamente la cabeza. "No se puede confiar en la juventud de hoy. Diremos lo que pensamos cuando sea el momento. Después de todo, el Grupo Morris pertenece a nuestra familia y mi palabra es definitiva".

Pero fueron interrumpidos mientras trazaban su estrategia para afirmar su dominio sobre el nuevo accionista principal. La secretaria entró corriendo, pálida de preocupación.

"Señor, ha habido un cambio de planes. El nuevo director ejecutivo ha convocado al equipo directivo en otra sala de reuniones. Su reunión casi ha terminado...", explicó.

"¿Qué dijiste?". La tranquilidad de los experimentados ejecutivos se volvió añicos. Indignados, se levantaron y golpearon furiosamente la mesa. "¡Hemos dedicado años al Grupo Morris y ahora este nuevo muchacho nos está dejando de lado!".

¿Cómo se atrevía?

Cada vez más pálida, la secretaria vaciló antes de lograr decir: "En realidad..., es una nueva directora ejecutiva, es mujer".

Kyson y los demás se quedaron sorprendidos. "¿Una mujer?".

Cuando Emily levantó la sesión, irrumpieron en la sala junto con su séquito, visiblemente furiosos. Pero su furia no tardó en convertirse en conmoción cuando vieron a la joven. "¿Emily? ¡¿Cómo puedes ser tú?!".

Ni Kyson ni Logan habían previsto este giro de acontecimientos. ¡La persona que había salvado al Grupo Morris y conseguido una participación del cincuenta y uno por ciento era su sobrina!

¿No estaba muerta?

Se creía que Emily, la otrora heredera del Grupo Morris, había fallecido tres años atrás en un trágico accidente en la montaña. Había caído de un acantilado y su cuerpo nunca fue encontrado. Debido a su pérdida, sus tíos Kyson y Logan la lloraron en un lujoso funeral, solo para asumir después el control del Grupo Morris y heredar sus activos. El hecho de que reapareciera milagrosamente estaba más allá de sus sueños más locos.

Cómodamente sentada en su silla, Emily disfrutó de su asombro. "Tíos, he regresado de entre los muertos. Qué impactante, ¿no?".

Esas palabras bastaron para cambiar la atmósfera. Los rostros de Kyson y Logan se volvieron alegres y se acercaron con entusiasmo para abrazarla.

"¡Emily, es un milagro que estés viva! Tus padres estarían muy felices...".

Ella retrocedió su silla para esquivarlos. Su expresión se endureció con un ceño fruncido. Los estaba mirando fríamente. "Seguramente sí", respondió con una calma helada.

Los dos hombres estaban tan sorprendidos por su frialdad que se quedaron sin palabras.

Emily no había venido para formalidades. Se dirigió hacia los ejecutivos reunidos, quienes observaban la escena con emociones encontradas. "Todos ustedes han estado en el Grupo Morris durante años, así que conocen mis métodos. Vine para proteger y elevar el legado que me dejaron mis padres. Pueden estar seguros. Concéntrense en sus responsabilidades. No soy tacaña, así que sus esfuerzos serán reconocidos y recompensados".

Mientras tanto, en Vilgate, Braiden recogió a Natalia del hospital. En el camino de regreso a casa, estaba hablando por celular. "¿No pudiste encontrar ningún rastro?", espetó. "¿Qué has estado haciendo?".

Al otro lado de la línea, el asistente se escuchaba bastante ansioso. A pesar de haber buscado exhaustivamente en imágenes de vigilancia que abarcaban cientos de kilómetros y emplear numerosas tácticas, Emily había desaparecido sin dejar rastro.

"Sin embargo, la señorita Green es efectivamente de un pequeño pueblo en Ontmore y sus padres fallecieron debido a una enfermedad", explicó.

Braiden tamborileó rítmicamente los dedos sobre la rodilla y empezó a relajarse. Quizás estaba exagerando.

A su lado, Natalia exhaló un suspiro pensativo. "La señorita Green tiene orígenes muy humildes, pero se marchó sin reclamar nada. Es muy especial. ¿No estás de acuerdo, Braiden?".

Este frunció el ceño. Al recordar a la mujer reservada y tranquila, se preguntó si había querido dejar una impresión de singularidad.

"Señor, acabo de organizar un grupo de búsqueda en Ontmore. Es probable que haya regresado a sus raíces", afirmó el asistente.

"No es necesario", respondió indiferentemente. "Ahora estamos divorciados, así que no hay razón para mantener un vínculo. Ya que ella escogió ese camino, déjalo así".

"Entiendo. Oh, hay algo más, ¡y se trata de negocios!". El asistente podía sentir la creciente impaciencia de su jefe, así que se apresuró a mencionar la naturaleza de su próxima actualización.

"Dime", respondió Braiden.

"Es sobre la familia Morris en Merden. Hace unos días se presentó el misterioso comprador del Grupo Morris. Dicen que Emily Morris ha vuelto".

Braiden arqueó una ceja con sorpresa. ¿Emily Morris? ¿No se suponía que había muerto tres años atrás?

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