Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > ¿Amor? No. ¿Sexo? ¡Sí!
¿Amor? No. ¿Sexo? ¡Sí!

¿Amor? No. ¿Sexo? ¡Sí!

Autor: : POWER READING
Género: Romance
Pensé que mi matrimonio podría seguir adelante. El amor platónico también era amor, ¿sí? Pero, estaba totalmente equivocada. Resultó que mi marido no tenía nada malo de cuerpo, todo esto solo porque no fui de su gusto. Conmigo, era un hombre anormal en la cama. Pero con mi madre, ¡podría hacer todo lo que ella deseaba! Y el día, ¡los encontré en la cama juntos! Sin querer afrontar a ellos, decidí saltar del puente. Pero un desconocido me impidió, y me ofreció una propuesta especial. Y yo la acepté, y le entregó mi primera vez por capricho. Después de una noche loca, hui de su casa pensando que nunca volvería a encontrarnos. Luego fui a la fiesta de compromiso de mi tía, y ella hizo alarde de su fiancé frente a mí. Pero este era el mismo desconocido que pasó la noche conmigo. ¡¿Y él pronto sería mi tío político?!

Capítulo 1 Doble traición

Tuve una boda de ensueño con mi novio de la univerdad, Landon.

Él y yo tuvimos un relación sentimental de cuatro años antes de unirnos en matrimonio.

Aunque, fue un verdadero reto para Landon conquistarme.

El primer año, estuvo detrás de mí todo el tiempo.

Y acepté ser su novia en el primera día del segundo año de la universidad.

Al final del tercer año, nos comprometimos, y nos casamos un día después de la graduación.

¡Todo ese tiempo fue precioso!

Nuestros amigos decían que éramos la pareja perfecta, dos personas destinadas a estar juntas.

Y, siendo sincera, yo opinaba lo mismo.

La boda fue de cuento de hadas, por lo que, creí que nuestro amor tendría un final encantador, tal como en aquellas narraciones.

El príncipe y la princesa juntos, viviendo felices para siempre.

No obstante, a pesar de que nuestro matrimonio era perfecto, hubo un pequeño percance.

En nuestra noche de bodas, Landon no pudo tener una erecc*ón.

Entonces, me confesó que era impotente sex*almente.

Él me dijo que no podía hacerlo, así que lo abracé y lo consolé.

"Todo está bien", le susurré.

A fin de cuentas, no dejaría de amarlo aunque si no teníamos s*xo.

El amor verdadero no podía desaparecer por algo así, ¿verdad?

Aquello solo podía significar que estábamos en lo más alto de la escala del amor, pues dejamos de lado lo carnal para apreciar lo espiritual.

Después de conversar al respecto, Landon se sintió aliviado y consumamos nuestro matrimonio con un abrazo.

Él había sido un novio perfecto y lo seguía siendo como esposo.

¿Qué importaba si podíamos tener s*xo o no?

Yo lo amaba porque él era mi alma gemela y eso era más importante que tener un compañero de cama.

Mientras nos quisiéramos, creí que el s*xo no era realmente relevante.

Pero, estaba equivocada.

Al final, descubrí que Landon me engañaba.

No con mi mejor amiga ni con su asistente de oficina, sino con mi mamá.

Inconcebible, ¿verdad?

Pero sí, mi esposo me fue infiel con mi madre.

La mujer que me llevó en su vientre por nueve meses.

La que me crió, alimentó, vistió y me dio la típica charla sobre sex*alidad.

De hecho, todavía recuerdo aquella conversación.

"Amiyah, una chica necesita saber cómo protegerse y estar preparada en ciertas situaciones".

Ella hizo un pausa y me mostró un paquete de Durex Performax Intense.

"Claro, no digo que no puedas tener relaciones sex*ales antes de graduarte, pero creo que es mejor si esperas al hombre indicado", agregó ella.

Cuando me dijo aquello, pensé que Landon era el "indicado".

Estaba segura de eso en ese entonces.

"Pero, las mujeres también tienen necesidades y es perfectamente natural querer satisfacer al cuerpo".

Luego, me dio una cuenta con la que podía acceder a un sitio web para adultos.

Mamá me dijo que las mujeres tenían necesidades y, evidentemente, como mujer, ella tenía deseos que quería satisfacer.

Mas, ¿esa fue razón suficiente para que se acostara con mi esposo?

...

Ellos estaban tan sumidos en lo que hacían, que no me escucharon llegar.

Por supuesto, las bisagras de la puerta de la habitación estaban bien engrasadas, lo cual hacía que esta fuera totalmente silenciosa.

Sin embargo, el pestillo crujió cuando lo giré.

Además, mis tacones de diez centímetros resonaron en el suelo de mármol cuando entré.

Allí, frente a esa escena, dejé caer mi bolso Telfar al suelo.

Sin embargo, ellos no escucharon absolutamente nada.

Siendo sincera, nunca esperé que la mujer que estaba en la cama con Landon fuera mi madre.

Pude esperar aquella traición de cualquier persona.

Pero, ¿de mi mamá? ¡Eso jamás!

No obstante, era ella quien estaba retorciéndose y gimiendo debajo de mi esposo.

Aún recuerdo que su largo cabello estaba revuelto, el cual le tapaba su rostro.

Al segundo siguiente, vi la espalda desnuda de Landon, cubierta por una capa de sudor.

Él estaba embistiendo a la mujer que lo rodeaba con las piernas.

"¡Aaaaaah! ¡Estoy llegando!", gruñó el hombre de repente.

El tono que utilizó se escuchó ronco, fuerte e increíblemente apasionado.

Fue una voz que nunca había usado conmigo.

¡Eso era tan extraño!

Justo en ese momento, Landon arqueó la espalda y vi a la mujer debajo de él.

Ella estaba agarrada a su cintura y gimiendo de placer.

Entonces, abrió los ojos y nuestras miradas se cruzaron.

En ese momento, mamá se desprendió de su excit*cion y gritó aterrorizada.

Ante esto, Landon se levantó, se dio la vuelta y me vio.

¡Finalmente, notaron mi presencia!

Ambos estaban completamente desnudos, con la lujuría brillando en su mirada.

A continuación, miré al suelo, donde la camiseta de mi esposo yacía enrollada.

Asimismo, el brasier de encaje de mi madre estaba encima de esa prenda.

Al parecer, estuvieron apurados por sentirse el uno al otro.

Luego, regresé mi mirada a las personas sobre la cama.

A decir verdad, me resultaba imposible aceptar que aquello era real.

Por ende, levanté mi mano derecha y me abofeteé fuertemente el rostro.

Sin querer, me arañé la mejilla con la uña de mi dedo meñique.

Aquello me dolió muchísimo.

Aunque, gracias a eso, supe que lo que tenía frente a mí no era un sueño.

¡Estaba viviendo una realidad!

De lo contrario, no habría sentido dolor cuando me lastimé, ¿verdad?

Sin poder creer lo que estaba sucediendo, decidí irme.

Mientras caminaba, mis tacones resonaban en el suelo de mármol.

¡Era increíblemente ruidoso!

¿Cómo es que no me oyeron llegar?

Me marché totalmente pasmada, así que no noté cuando llegué a las escaleras. En consecuencia, casi me caí por ellas.

"¡Ten cuidado, Amiyah!".

Alguien gritó mi nombre, pero no me importaba nada ahora.

Si fue Landon o mi madre, era irrelevante para mí.

Tanto, que ni siquiera distinguí su voz.

En ese instante, me sentí como si estuviera bajo el agua.

Todo a mi alrededor se volvió borroso y, de repente, mis tacones se tornaron pesadísimos.

Como si me estuviera ahogando en un gran lago.

En mi mente, deseaba que todo fuera ficticio.

Por lo tanto, volví a abofetearme el rostro.

Mas, volví a sentir dolor, lo cual solo me confirmó la realidad.

¡Lo que había visto hace unos minutos era cierto!

¡No estaba soñando!

Esta no era una pesadilla creada por mi cerebro en medio de una madrugada.

¡Mi madre y mi esposo estaban juntos en la cama!

De alguna manera, mi mente me trajo recuerdos de mi noche de bodas.

Landon me dijo que tenía disfunción sex*al.

Y, en teoría, no mintió.

Por más que intenté seducirlo, él no consiguió tener una erecc*ón conmigo.

Aunque, si lo pensaba bien, los besos que me daba siempre eran muy simples.

Por ejemplo, en muchas ocasiones, solo me besaba la mejilla rápidamente.

A veces, tenía la sensación de que, en vez de abrazarme, él prefería darme la mano.

La noche en la que nos casamos y fuimos a la habitación, mi esposo me mintió en la cara.

La verdad es que Landon no podía tener una erecc*ón si era yo la que estaba en la cama.

Mas, si se trataba de mi madre, se ponía duro como una sólida roca.

De hecho, pude ver claramente lo er*cto que estaba mientras la embestía.

Inesperadamente, todos esos pensamientos se desvanecieron en mi mente.

Pronto, llegué a la puerta y salí sin mirar atrás.

Una vez afuera, no supe a dónde dirigirme.

Con toda franqueza, yo había vuelto a casa esperando encontrar consuelo en los brazos de mi esposo.

Mi padre falleció la semana pasada y el funeral había sido muy doloroso.

Estaba cansada y lo único que quería era la ternura de Landon.

Deseaba estar en los brazos de mi esposo mientras mi madre me preparaba su delicioso pastel de pollo.

Pero, al final, no obtuve nada de lo que quise.

¡Mi vida se había convertido en un fiasco!

Como salí de casa totalmente estupefacta, no me acordaba de si había cerrado la puerta al salir.

Aunque, sinceramente, no me importaba.

Si los ladrones entraban y se llevaban lo que querían, me tenía sin cuidado.

¡Esos dos podían pudrirse con la casa!

A partir de ese momento, estaban muertos para mí.

Aún estupefacta, continué caminando sin fijarme a mi alrededor.

Ni siquiera me di cuenta cuando mis piernas me llevaron hacia la carretera y cruce por ella, razón por la que los conductores, molestos, tocaron la bocina de sus autos.

Eventualmente, los ruidos desaparecieron.

Sin mencionar que también dejé de oír las voces de la gente.

...

El sol se ocultó y la noche cubrió totalmente la ciudad.

Por consiguiente, todas las luces neon se encendieron en las calles.

De pronto, sentí un fuerte dolor en mis pantorrillas, ya que llevaba mucho tiempo andando.

Mas, decidí ignorar aquella aflicción y continué mi camino.

No fue hasta que me quedé sin senda que finalmente me detuve.

De pie allí, sin tener a dónde más ir, levanté la vista y descubrí que estaba en el Harbour Bridge.

Capítulo 2 El camino fácil

El puente de arco tenía quinientos metros y cruzaba todo Silk River.

Yo estaba de pie en la acera peatonal en tanto observaba cómo el agua se deslizaba suavemente contra los pilotes de concreto.

De repente, el viento desordenó mi cabello, lo cual me pareció extraño, pues lo tenía atado.

Sin embargo, cuando toqué la parte de atrás de mi cabeza, noté que el coletero ya no estaba.

Mas, eso no era algo que me importara.

En ese momento, mi largo cabello negro golpeaba mi rostro como si quisiera despertarme de un sueño.

No obstante, sabía que todo era real. Por lo tanto, solo me quedé allí, observando el tranquilo río.

A mi alrededor, había ciertas personas paseando por el lugar.

"Las aguas lucen tranquilas, pero son profundas", comentaban algunos.

Al escuchar aquello, ciertas preguntas vinieron a mi mente.

¿Qué podría esconderse bajo esa superficie tranquila? ¿Había monstruos viviendo en el lecho del río?

¿Acaso estaban esperando pacientemente a que algún desventurado peatón cayera en sus fauces?

Siendo sincera, fue Landon quien me contó la historia del monstruo del río.

Según él, la criatura no tenía nombre y se suponía que era parecida a un caimán, de piel color verde grisáceo y con un cuerno entre los ojos, como un unicornio.

Cuando éramos novios, solíamos ir a cenar juntos y luego veníamos a este lugar para pasear.

Recuerdo que él siempre se metía las manos en los bolsillos del pantalón mientras caminábamos.

En un principio, pensé que lo hacía para verse interesante, como los otros chicos del campus.

Mas, luego de pensarlo, supuse que lo hizo porque no quería tomarme de la mano.

Además, me contó historias de monstruos para que yo tuviera miedo y así se arruinara el ambiente romántico.

En ese instante, me miré las manos y noté la manicura francesa que me había hecho hace algunos días.

El barniz blanco estaba un poco astillado y mis uñas estaban creciendo demasiado.

Claro, desde que papá falleció, no había tenido tiempo de pensar en cosas estéticas como esas.

Pero, mis manos todavía se veían bien.

Mis dedos eran largos y delgados, totalmente lisos.

Además, mi piel era joven, clara y sin imperfecciones.

Entonces, ¿por qué Landon no querría sostenerme de la mano?

¿En serio le resultaba tan repulsiva como para que él se negara a tocarme?

Si no tomaría mis manos, ni me besaría, ¿por qué se casó conmigo?

Si no le gustaba ni un poquito como mujer.

Tras pensar en eso, me quité los tacones, trepé por la barandilla y me senté en la cornisa de cemento.

Allí, con mis piernas desnudas colgando en el aire, sentí la fresca brisa de la noche en mi rostro.

De pronto, miré hacia abajo y noté los cuarenta metros que separaban el puente del río.

A lo lejos, una suave ola recorrió todo el lago hasta que llegó a mí, como si quisiera decirme algo.

"Amiyah, ¡ven! ¡Únete a nosotros!", escuché una voz desde abajo.

En esa oportunidad, llevaba un vestido negro.

De hecho, estaba usando vestimentas negras desde la semana pasada que murió mi padre.

Mas, aparentemente, mamá lo había olvidado, al igual que Landon.

En una ocasión, escuché que alguien dijo que el s*xo después de un funeral era una afirmación de vida.

Pero, ¿fue por eso que ellos se acostaron?

No sabía si quería respuestas, aunque no dejaba de pensar en eso.

Como mi vestido negro se mezclaba con la noche, nadie notó mi presencia.

Por lo tanto, permanecí sentada en la cornisa durante muchísimo tiempo.

Tanto, que el monstruo del río sin nombre se cansó de esperarme y se fue.

Del mismo modo, el viento se aburrió de jugar con mi cabello y se calmó.

Incluso la superficie del agua se tranquilizó.

Completamente sola en el puente, miré hacia el cielo nocturno de la ciudad.

Pronto, me di cuenta de que esa noche no había luna.

Entonces, recordé que papá, muy curiosamente, me enseñó a interpretar las nubes y el cielo.

Él me dijo que una noche sin luna y sin estrellas significaba que llovería por la mañana.

Siendo sincera, yo deseaba que no fuera cierto, ya que odiaba los días de lluvia.

Ante eso, miré nuevamente el agua oscura y tranquila que tenía debajo en tanto pensaba.

Si saltara del puente ahora mismo, no tendría que presenciar la lluvia de la mañana.

Y lo más importante, no tendría que enfrentarme a mamá y Landon.

No me vería obligada a afrontar el hecho de haber perdido a mis tres personas favoritas en el mundo: papá, mamá y mi esposo.

Después de lo que acababa de descubrir, ya nada parecía importar.

Además, ya no quería caminar, pues me dolían las piernas.

¿Por qué no podría simplemente descansar aquí?

¿Qué me impedía quedarme en este lugar para siempre?

Una vez leí que un adulto tardaba unos cuarenta segundos en ahogarse.

En ese periodo de tiempo, tus pulmones se llenarían de agua y finalmente te asfixiarías.

Claro, era un proceso increíblemente doloroso.

Pero, cuarenta segundos de dolor no parecían tanto si lo comparabas con toda una vida de agonía.

¿Acaso no valía la pena?

En "El Padrino", una de las líneas de Peter Clemenza fue: "Luca Brasi duerme con los peces".

Esa frase podría cambiar a: "Esta noche, Amiyah Finnegan duerme con los peces".

Aquello hizo que me riera ligeramente.

La altura me daba vértigo, así que volví a mirar al río.

¿Seguía esperando el monstruo que yo cayera para que me devorara por completo?

Totalmente valiente, balanceé mis piernas y examiné el río.

Quería identificar la parte más profunda, ya que no quería aterrizar en una roca submarina.

A fin de cuentas, me gustaba bastante mi rostro y quería que permaneciera libre de cicatrices.

A pesar de estar muerta, quería lucir resplandeciente y hermosa.

Inesperadamente, el rostro de papá apareció en la superficie oscura del lago y me miró fijamente.

"¡Amiyah!", me habló molesto.

Sin mencionar sus cejas profundamente fruncidas.

"¿Qué estás haciendo?", me preguntó.

"¿Papá... eres tú?".

En un intento por tocar su rostro, extendí una mano y le dije: "Papá, te extraño...".

"Debes detenerte", me respondió en voz baja.

A decir verdad, mi padre nunca gritó. Él siempre decía que solo tenía su voz interior y eso era suficiente.

Incluso, cuando se enojaba, su voz era más baja, no más fuerte.

"Te extraño mucho...", le repetí en tanto me inclinaba hacia adelante.

"¿Ya olvidaste lo que te enseñé?", me reprendió con una mirada de desaprobación, la misma que me dirigía cuando olvidaba lavarme las manos antes de comer.

"¿En serio te comportarás como una cobarde y tomarás el camino fácil?", agregó.

"¡No lo sé! Papá, si salto ahora, podré estar contigo", le contesté.

"No, si saltas ahora, apenas serás una cadáver hinchado que bloqueará el río. Tu cuerpo será despedazado por la hélice de un barco. Con suerte, te sacarán del río, pero te llamaran 'Jane Dow', lo cual sería una vergüenza. Lo único que lograrás es que se malgaste el dinero de los impuestos que pagan los ciudadanos, sin contar que la policía perderá su tiempo. Y no, Amiyah, no estarás conmigo".

Mientras oía a papá, levanté las rodillas y agaché la cabeza, lo cual hacía siempre que él me regañaba.

"No puedes saltar. Ni ahora, ni nunca", concluyó.

"Pero no quiero vivir más, papá. No quiero afrontar que...".

Antes de terminar lo que estaba por decir, decidí detenerme.

Sabía que el reflejo de mi padre no era más que un producto de mi imaginación.

Sin embargo, a pesar de eso, no me atreví a decirle que mamá lo engañó.

Y mucho menos que Landon, su yerno perfecto, resultó ser una escoria después de todo.

"Claro que puedes, hija. Tú eres fuerte", respondió mi padre, cerrando el puño.

"Como diría Obama: ¡Sí, podemos!", agregó, imitando la voz del expresidente.

Yo atiné a sonreír, dado que recordé lo mucho que papá amaba a Obama.

"Amiyah, no olvides que todavía tienes algo pendiente por hacer".

"¿Qué? ¿A qué te refieres?".

Capítulo 3 Un extraño hombre de negro

De repente, un chotacabras revoloteó por el río y el rostro de papá desapareció entre las olas.

Apenas parpadeé y él ya se había ido.

Sin embargo, creí saber a lo que se refería.

Claro que todavía tenía algo pendiente por hacer.

¡Debía averiguar cómo murió papá!

De hecho, iba a hablar con mamá sobre ese asunto, ya que tenía muchas preguntas.

Mas, parecía que ella ya había dejado de lado ese tema.

Por lo tanto, me sequé las lágrimas, pensando en que papá tenía razón.

No podía ser una cobarde y saltar.

¡De ninguna manera!

No hasta que descubriera las verdaderas circunstancias en las que él murió.

En ese momento, respiré hondo y miré una última vez hacia las oscuras aguas del río.

Cuarenta metros parecían ahora una altura realmente aterradora.

Desde la cornisa, ¡eran casi dieciséis pisos!

"Y bien, ¿quieres hablar al respecto?", dijo alguien de pronto.

Cuando lo escuché, pensé que estaba alucinando de nuevo, pero la voz no sonaba como la de papá.

Entonces, giré a mi izquierda y vi a un hombre sentado a mi lado.

Él iba vestido con una gorra, una chaqueta, un pantalón y unos zapatos de cuero.

No obstante, lo curioso es que todas sus prendas eran totalmente negras.

Era como si tuviera a un extra del set de 'Men In Black' a mi costado.

Aún así, entre todo lo negro, resaltaba la punta brillante de un cigarrillo que él sostenía entre sus dedos.

Todavía dudando de si ese sujeto era real, quise extender mi mano para empujarlo.

Pero el olor a nicotina fue suficiente para caer en cuenta de que todo era cierto.

Aunque no logré entender cómo es que se había acercado y sentado a mi lado sin que yo lo notara.

"Toma, quizá lo necesites", me dijo en tanto me acercaba el cigarrillo.

"No, yo no fumo", le contesté seriamente.

"¿Por qué? ¿Porque fumar mata? Dime una cosa, ¿no vas a morir de todos modos? ¿Por qué no darle una oportunidad a esto?", respondió.

Sin duda, esa voz no era la de mi padre.

El tono de papá era bajo, lento y mesurado, así que, yo siempre decía que su voz era como la de un profesor.

Este hombre tenía el tono igual de bajo, pero resaltaba una especie de cadencia musical, diferente a lo didáctico que sonaba mi padre.

Es decir, era dulce y suave, como un vino añejo.

Al fijarme mejor en él, noté que la gorra ocultaba la mayor parte de su rostro.

Aunque podía ver su mentón y sus finos labios, lo cuales estaban curvados en una ligera sonrisa.

A decir verdad, me recordaron un poco a los labios del famoso Adam Levine.

En ese instante, reflexioné sobre lo que él dijo y concluí que tenía razón.

A fin de cuentas, no tenía nada que perder, ¿verdad?

Por consiguiente, cogí el cigarrillo con dos de mis dedos, tal como había visto que lo hacían en las películas.

Luego, metí el filtro entre mis labios y aspiré ligeramente.

De manera inesperada, tosí en cuanto tuve el humo en mi boca.

Siendo sincera, el olor a nicotina me había resultado agradable cuando estaba a distancia.

Mas, el químico resultó ser agresivo conmigo.

Este atravesó mi boca, bajó por mi garganta y atacó mis pulmones en un segundo.

Ante esto, mis ojos se humedecieron.

Además, tosí tan fuerte que todo mi cuerpo tembló.

"Tranquila, no te inclines hacia adelante".

Él agarró mi muñeca con una de sus manos y me acarició la espalda con la otra.

Cuando por fin logré dejar de toser y pude volver a respirar, el hombre retiró su mano de mí para tomar su cigarrillo de vuelta.

A continuación, inspeccionó el filtro y se rio.

"Te dije que fumaras, no que escupieras. Mira, dejaste la punta mojada", dijo con un tono de reproche.

Sin embargo, le dio una calada al cigarrillo de todos modos.

Y continuó así hasta que se lo terminó.

Luego, arrojó la colilla al río y me preguntó: "Bueno, dime, ¿quieres hablar al respecto ahora?".

"¿Hablar? ¿Sobre qué querría hablar contigo?", contesté.

Asimismo, me cuestioné si el monstruo del río se decepcionaría cuando viera que lo único que tenía para cenar era una simple colilla.

"Sobre por qué quieres saltar del puente y convertirte en otra est*pida estadística en los datos de mortalidad de este año".

Antes de contestar, me distraje siguiendo la trayectoria del pequeño punto rojo de la colilla hasta que cayó en el agua.

Por supuesto, este no causó ningún impacto en el río, pues era demasiado pequeño.

Aunque, si yo me sumergiera, apuesto a que lograría un gran chapoteo.

"¡Oye!".

El hombre chasqueó los dedos para llamar mi atención.

"Te estoy hablando".

Al escucharlo, giré la cabeza para mirar su rostro.

"Mi esposo no puede hacerlo, ¿sabes?".

"¿Hacerlo? ¿Hacer qué?".

Creí detectar un atisbo de sonrisa en su voz, pero tal vez lo oí mal.

Al fin y al cabo, no hubo nada gracioso en lo que dije.

"Bueno, ya sabes. Lo que se hace en un dormitorio con tu pareja".

"Ah, te refieres a eso".

Esta vez, el hombre se rio fuertemente sin detenerse.

Hasta echó la cabeza hacia atrás para soltar sus carcajadas.

Si hubiera más espacio en la cornisa, no tuve ninguna duda de que estaría rodando por el suelo.

Su risa era tan melodiosa como su voz, pero eso no hizo que no me enojara.

¿Cómo es posible que se divirtiera con mi dolor?

Finalmente, él se calmó un minuto completo después.

No obstante, ya había dejado de mirarlo hace un momento.

En su lugar, centré mi atención una mancha negra indistina que se balanceaba de arriba abajo en el río.

Podría ser hierba de cinta, restos flotantes o basura, pero al menos no se estaba burlando de mí.

Como era de esperarse, el tipo suspiró profundamente, tal como lo haría cualquiera después de una fuerte carcajada.

"¿O sea que todo esto es porque no te satisfacen sexu*lmente?".

Al hablar de nuevo, el hombre volvió a mostrar esa burla en su voz.

"¿En serio? ¿Vas a tirarte al río porque tu esposo no puede tener s*xo contigo?".

De pronto, él hizo una pequeña pausa para sacudir la cabeza.

"Esta tiene que ser la razón de suicidio más patética que he oído hasta ahora", agregó.

Al parecer, este sujeto parecía tener experiencia en el tema.

¿Acaso había oído antes muchas razones de suicidio?

No obstante, aunque así fuera, ¿quién era él para juzgar?

Su burla me irritó, así que decidí contarle lo que en verdad había sucedido.

"Tienes razón, esa no es una razón suficiente para el suicidio. ¿Qué tal esto? Él me fue infiel...".

Hice una pequeña pausa para lograr un efecto dramático y luego continué.

"¿Sabes con quién? Con mi propia madre", concluí.

Si esto lo dejaba con la boca abierta, se lo merecía.

No tenía derecho a burlarse de las desgracias de los demás.

Lógicamente, obtuve lo que quería, pues él dejó de reírse.

Bajo esa gorra, no podía verle los ojos, pero sabía que me estaba observando.

Su mirada era muy intensa, así que era imposible de ignorar.

"Vaya... Tengo que decir que esa es... una buena razón para saltar al río", contestó.

A decir verdad, esperaba una respuesta más profunda.

Después de todo, se quedó callado durante mucho tiempo y pudo pensar algo mejor.

Aún así, siendo mi vida un drama totalmente cursi, era mi turno de reír.

El hombre se puso de pie repentinamente, pasó por encima de la barandilla, trepó y saltó al otro lado.

Acto seguido, extendió su brazo hacia mí y dijo: "Ven conmigo. Vamos".

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022