Hay momentos en la vida en que solemos cometer errores, errores de los cuales más adelante solemos entender la gravedad de nuestras acciones. Sin embargo, hay tres fases por las que se suele pasar una vez que cometemos los errores de la vida.
La primera fase; conocida como la reflexión, en donde meditas y sacas conclusiones acerca de como sucedió y porque lo hiciste.
La segunda fase; se le es llamada arrepentimiento, momento en el que no aceptas que el error y solo intentas disfrazarlo para que así crean que tu no tuviste la culpa y poder salir ilesa.
Y la tercera fase; la aceptación, aceptas que el error no fue tan malo y que debes aprender a vivir con ello.
¿Por qué digo todo esto?
Por la simple razón de que cometí un grande error.
Y ninguna de esas estúpidas fases me ha ayudado a aceptar que firme una maldita acta de matrimonio.
***
Se prohíbe la copia de esta historia, como adaptación o plagios.
Esta historia contiene violencia, lenguaje inapropiado, escenas sexuales.
Si eres una persona sensible este cliché no es para ti.
Pueden seguirme en Twitter como: Alexand_007
Es una historia original, escrita por Alexandra Aguiar.
Que la disfruten.
"Maia Sanders"
(Un año antes)
Sentada en mí escritorio observe por la ventana del pequeño edificio en el que trabajaba, viendo las vistas de Acapulco y las preciosas playas llena de turistas y personas que disfrutan de perfectas vacaciones. El sonido de la puerta me hizo observar a mi mejor amigo Grey, y dueño de la empresa de fotografía para la que trabajo.
– Maia – saludo Grey sonriente asomándose por la puerta – necesito que leas y firmes algunos contratos por mí –
Bufé en silencio viendo que entraba con tres carpetas distintas y las dejaba sobre mi escritorio, odio los papeles y más si se trata de contratos porque simplemente me estresan. Soy una fotógrafa, mas no una asistente. Trabajo en la empresa de publicidad de mi amigo Grey, una empresa que se ha extendido con lo largo de los años y le ha ido muy bien. Mi trabajo consiste en obtener fotografías de chicas ya sea al aire libre o en un estudio, fotografías creativas o espontaneas. Diversas ideas para cualquier tipo de fotografía, era uno de mis sueños y por lo que había luchado desde que tengo memoria. Lo bueno de todo mi trabajo es que Grey ha conseguido un contrato y va a expandirse hacia Madrid, lo cual era muy buena noticia.
– ¿Podrías conseguirme una pastilla para la jaqueca? – mire las carpetas a un lado de mi ordenador e hice un mohín triste – Está bien, lo firmaré pero será la última vez que lo haga Grey – asintió emocionado guiñándome un ojos para luego retirarse de mi oficina.
Empecé a leer los primeros contratos notando que todos tenían lo mismo de siempre. Con los minutos Grey trajo mi pastilla y pudo concentrarme un poco para así seguir leyendo y poder firmarlos. Sabía que él lo hace porque mi padre me enseña todo lo que tiene que ver con contratos y su firma, como distinguir un buen contrato y los que pretenden perjudicarte. Al llegar la hora de salida ya había firmado los tres contratos porque tenían muy buen coherencia y los términos ayudarían a la empresa, tome mi ordenador y algunos papeles sobre las fotografías y los guarde en mi bolso en dirección a la salida de mi oficina porque había tenido un largo y cansado día.
"Amos Lee"
(Madrid, España)
Me recosté en mi silla enfrente de mi escritorio viendo a mi empleado observarme serio con sus manos cruzadas tras su espalda esperando mis órdenes. Suspire fastidiado pasando una mano por mi rostro ante el cansancio que comenzaba a tener.
– Ey Joseph – lo llamé haciendo que alzara su rostro en respuesta.
– Dígame Señor – respondió mirándome fijamente.
– Necesito que llames a Fabián y le digas que lo necesito urgente en mi oficina por los problemas en Barcelona – asintió escuchándome con atención mientras fijaba mi vista en el documento sobre mi mano.
– Señor... el Señor O'Brien no se encuentra en Madrid, dejo claro que saldría por unos días y que si usted necesitara de él lo contactara a su número personal – rodee los ojos. Maldito fiestero.
– Como Fabián no está, necesitare que hagas algo por mí – Su rostro mostro confusión mas no se negó a mi palabra.
– Estoy a sus servicios señor Lee – sonreí de lado tomando los papeles y las fotografías del escritorio.
– Necesito que mañana a primera hora salgas directo a México y entregues éste sobre a esta dirección – Joseph se acercó tomando el sobre que le entregue – cuando tengas la firma de esta señorita quiero que me traigas de nuevo el sobre – le extendí la fotografía de esa guapa mujer que me traía por completo en las nubes – cuando logres conseguirla volverás a Madrid y me la entregaras de inmediato, y si se niega inventa cualquier excusa pero quiero esa firma – Afirme serio viéndolo asentir – Todos los gastos lo cubriré yo así que no debes preocuparte por nada –
– Lo que usted ordene señor Lee – respire tranquilo mientras mi mente dibujaba escenas donde ella es mi protagonista.
– El avión sale en dos horas Joseph, puedes irte –exprese notando la segunda fotografía que yacía en mi escritorio.
– Con su permiso señor – salió de la oficina mientras mi dedo acariciaba su rostro en la fotografía.
Va a ser mi mujer.
"Maia Sanders"
Al llegar a casa todo estaba como siempre, hecho un desastre por mis hermanos y mi padre. Rodee los ojos viendo a las botanas sobre la mesa y los gritos de los cuatro hombres de mi familia, una chica del servicio se acercó hacia mi sonriente mientras yo quitaba los tacones.
– Hija, que bueno que llegas – saludo mi padre desde el sofá, comencé a caminar hacia el dejando un beso en su frente en forma de saludo.
– Hola papá ¿Cómo has estado? – papá me sonrió para luego soltar un grito audible por el juego de NBA.
– También existimos hermanita – Expreso Carlos quien recibió una palmada en su cabeza por parte de James, mi hermano mayor.
– Ya deja el drama Carlos – comente divertido acercándome a él dejando un beso en su mejilla, al igual que a mis dos hermanos.
– Eres un dramático al igual que Daniel – opino James llevándose una cerveza a sus labios mientras yo sonreía.
– A mí no me metas en eso idiota, yo soy mejor que Calor – Carlos lo observo irónico.
– Ya cállate y deja de lloriquear marica – Daniel lo fulmino.
– Te voy a partir la cara imbécil de mierda – negué divertida colocándome detrás del sillón de James.
Somos cinco hermanos, y de los cuales cuatro somos hijos de Alexander Sanders, a excepción de Ali quien es hija de mi madre con otro hombre al que nadie conoce. Nuestra madre nos abandonó cuando se enamoró de otro hombre y decidió escapar con él. Dejo a mi padre a cargo de cinco adolescentes a quienes crio hasta nuestros días, y nos enseñó muchísimas cosas con su constructora, una de las mejores en México en la que junto a James y Carlos manejan a la perfección. Daniel mi hermano es contador, yo soy la fotógrafa y Ali sigue de adolescente, una numerosa familia compleja y llena de muchos defectos.
Sonriente de ver de nuevo otras de las discusiones de mis hermanos note que cada vez los quiero con todo mi vida.
•••
Un sonido molesto me despertó de mi sueño, al parecer ninguna de las chicas del servicio pueden acercarse a abrir la jodida puerta. Tome mis sandalias bajas y con dificultad a causa del sueño las coloque caminando hacia el pasillo escuchando de nuevo el maldito timbre, maldije porque de seguro a Daniel se le volvieron a perder las llaves. Baje los escalones rápido con cuidado de no caerme y al llegar al recibidor abrí la puerta acostumbrando mis ojos al tedioso sol. Un señor mayor, al que le calculaba unos treinta y cinco años, se encontraba de pie frente a la puerta.
– Disculpe, ¿Desea algo? – pregunte adormilada y confusa.
– ¿Usted es la Señorita Maia... Sanders? – fruncí mi seño viendo de pies a cabeza, traje negro, alto, cabello oscuro al igual que sus lentes.
– Sí, soy yo ¿En qué puedo ayudarle? – pregunte nerviosa retrocediendo unos pasos, un hombre totalmente formal y con lentes no es nada bueno, abrió un sobre y del saco una hoja que me extendió – ¿A qué se debe esto? – mi corazón estaba agitado mientras me imaginaba las peores escenas en mi mente.
– Es un contrato de una nueva tarjeta de crédito, aquí tiene mi tarjeta por si no me cree – la tarjeta decía su nombre, (Joseph Rodríguez, asesor del banco de México) sigo confundida ¿Tarjeta de crédito?
– No gracias, no quiero una tarjeta de crédito señor – negué viendo la carta del banco.
– Ok, ¿Podría firmar aquí? Para hacerle saber a mi jefe que usted no está de acuerdo en la idea –dude en silencio viendo que me extendía una hoja en la que el titulo decía Acta de Compromiso – es para que no la molesten con lo mismo de nuevo, ya sabe que somos varios asesores – asentí y tomé el lapicero firmando al final de la hoja, segundos después mi vista se dirigió a la mitad de las líneas de la carta haciéndome sentir confusa viendo que decía mi nombre y un tal Amos Lee, y el hombre me arrebato la hoja nerviosa – Gracias Señorita Sanders – me dio una sonrisa amable y se despidió caminando de regreso hasta un auto negro último modelo.
Y mi mente me hizo dejar sin aliento... No era cualquier acta de compromiso.
"Maia Sanders"
Maia Sanders de veinticuatro años con nacionalidad Mexicana y muy amante del taco.
Llevo toda mi vida viviendo en Acapulco en las costas de México, era mi lugar favorito y era conocida por todas las fotografías para las que fui contratada hasta mi trabajo con Grey. Comencé cuando solo tenía trabajar cuando tenía diecisiete años, conocí a Grey en el instituto, buscaba jóvenes adolescentes para una de sus campañas, desde ese momento nos convertimos en grandes amigos. Tomé varios años en clases de edición fotográfica, y gracias a eso estoy a punto de tener el mejor trabajo, en la nueva sucursal en Madrid de Grey, y pronto me mudaré para trabajar con él.
Los Sanders somos conocidos como los hijos consentidos de Alexander, aunque no era cierta, cada quien dependía de lo que obtenía por si solo, pero los periodistas no piensas lo mismo. Somos una familia muy unida, y aunque nuestra hermana pequeña Ali no sea de la familia papa la crio como su hija durante su nacimiento y le otorgo nuestro apellido. Me encontraba haciendo maletas para nuestro viaje a Madrid que sería dentro de pocas horas, estaba un poco nostálgica pero mi futuro depende de este nuevo trabajo.
- ¡Hey Pequeña! – la voz de mi padre llamo mi atención - ¿Estas preparando las maletas? Ali y Daniel ya hicieron las suyas - asentí dedicándole una sonrisa.
- Si papa, lo sé y estoy en eso – conteste soñándole la ropa tendida sobre la cama, los pasos de mi padre resonaron contra el suelo de mi habitación hasta que se detuvo a mi lado posando su mano en mis hombros
- Maia no quiero que estés triste - negué haciendo un mohín mientras papa me observaba fijamente.
- Lo se papá, solo que la idea de dejarte solo todavía me atormenta porque siempre hemos estado juntos - me envolvió en un abrazo.
- Pequeña, no te pongas así, además te visitaremos constantemente - suspiró - estás creciendo de lo que tú amas, ya eres una mujer Maia. Y no estarás sola, tus hermanos estarán contigo.
» Solo te pido que cuides a Ali ya que es la más joven de todos y apenas está creciendo aunque solo le quede el último curso en el instituto, la inscribí en uno de los mejores institutos de Madrid - sonreí ante el cariño que papa le tiene a Ali – Debes cuidarla y espero que por amor a Dios que ninguna se enamore porque no podre estar allá para impedir eso – solté una carcajada audible sentándome sobre mi cama viendo su cara abrumada - Creo que eso se lo dejare a Daniel- rodeé los ojos.
- Tranquilo papa, no es para tanto, estamos con Daniel nada nos pasará, o eso espero - su rostro se notaba preocupado mientras suspiraba pesadamente.
- Eso es lo que temo, tú hermano nunca tendrá un buen juicio Maia - dijo y Daniel acaba cruzar el umbral de la puerta.
- Heriste mis sentimientos papá, no puedo creer que desconfíes de tu hijo - negó enojado colocando una mano en su pecho para luego darse media vuelta y regresar por el pasillo.
- ¡Hasta cuando dejarán de ser dramáticos mis hijos Dios mío! - levantó los brazos hacía arriba mirando el cielo raso de mi habitación, reí divertida viendo mis maletas y entre sonrisas comencé a empacar mis prendas favoritas.
•••
A horas de la mañana nos encontrábamos en el aeropuerto a punto de embarcar hacia el avión, en fondo no podía evitar pensar que tal vez no volvería a regresar a Acapulco por un largo tiempo, es mi futuro y este momento iba a llegar tarde o temprano. La despedida no fue algo agradable, fue triste pero era necesaria, papa no paraba de sonreír mientras Daniel, Ali y yo caminábamos a la zona de embarque. Sabía que ellos irían a vernos pronto pero es la primera vez que me separo de mi familia de esta forma sabiendo que me iba a una ciudad totalmente desconocida, pero al menos tendría a Google Maps.
Dentro del avión de la empresa de mi padre los tres nos acomodamos mientras las azafatas nos daban algunas bebidas antes del despegue. A los pocos minutos el avión ascendió en el aire y las perfectas costas de Acapulco se veían reflejadas por el sol de la mañana, sin duda alguno iba a extrañar mi hogar. Con los minutos y sin dejar de mirar por la ventanilla me quede dormida. La mayoría del viaje me encontraba durmiendo, siempre he tenido un sueño pesado pero me desperté a causa de mi hermano Daniel, odio cuando hace eso porque mi humor se vuelve jodido.
Luego de unas largas horas llegamos al aeropuerto de Madrid, y un clima frío nos recibió una vez que bajamos del avión, con nuestras maletas en mano mis hermanos y yo nos dirigimos por las instalaciones del aeropuerto hacia la salida de este. Una camioneta negra nos recibió en la salida seguido de un hombre alto y musculoso que sostenía un cartel que dejaba muy claro ¨Familia Sanders¨ en silencio los tres subimos a la camioneta.
- Papá me envió la dirección nuestro apartamento - comento Daniel haciendo que lo mirara confusa, pero luego tomo su móvil y marco el número de papa quien al instante respondió.
- ¿Qué tal el viaje chicos? - comento con voz alegre que me hizo sonreír, al menos no estaba triste por nuestra partida.
- Estuvo bien papa - respondí por Daniel escuchando atentamente lo que papá estaba diciendo.
- Compre dos departamentos, y un poco alejados para que cada quien tenga su espacio - pausó - No están tan alejados y ambos departamentos se encuentran amueblados y con la despensa repleta. Espero que les guste chicos, debo irme - Papa colgó la llamada y los tres nos miramos.
Daniel estaba emocionado porque por fin tendría su propio espacio, lo que siempre ha querido papa se lo ha dado ya que es un hombre y Alexander Sanders prefiere mucho a sus hijos, por eso iba en dirección hacia nuestro departamento como todo un caballero que es. A los minutos la camioneta estaciono en un alto edificio en color blanco, Daniel nos ayudó a bajar nuestras maletas junto con el chofer, enseguida un botones del edificio se encargó de ellas. Nos despedimos de Daniel, y miramos la entrada.
- ¿Estas nerviosa Ali? – Mi hermana me sonrió emocionada.
- Solo un poco, no puedo creer que estemos en España Maia – caminamos juntas por el recibidor mientras una chica nos entregaba las llaves.
- Debes de creértelo, porque aquí viviremos de ahora en adelante Ali – sus mejillas rojas me dejaron muy claro que mi hermana se moría de ganas por ver todo el departamento. Por eso sin dudarlo subimos por el ascensor hasta nuestro piso, y enseguida abrimos nuestra puerta.
Las instalaciones del departamento eran impresionantes, tonos pasteles en la mueblería, adornos sencillos pero llamativos, contenía de un recibidor muy cómodo y hogareño, ambas entramos y nuestras maletas se encontraba en el suelo, Ali cerró la puerta y con una sonrisa de oreja a oreja comencé a observar cada rincón del departamento. La cocina cuyo mesón es extenso y moderno contenía de una preciosa cocina en podía pasar todo el día. Seguí el recorrido por un hermoso balcón con las vistas de todo Madrid, el clima frío chocar con mi piel. Regrese al recibidor notando que Ali no se encontraba por lo que supuse que estaría en su habitación admirando cada rincón. El pasillo tenía cuatro puertas, una habitación para visitas, un baño y la habitación principales.
Mi habitación era espaciosa, la cual contenía un armario y su propio baño, un espejo con luces alrededor, una cama amplia con sabanas gruesas y almohadas suaves. Un tocador blanco con su propio espejo. Y una alfombra de piel bastante suave. Sonreí admirando la ventada que también tiene vistas de la ciudad.
Regrese al pasillo caminando en dirección a la habitación de Ali que era un poco más pequeña pero era como toda adolescente desea tenerla, es muy hermosa.
- Papá se la gano con todo esto, no jodas - reí viéndola admirar cada rincón de su habitación.
Este es un nuevo comienzo...
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Desempacar... En definición es desordenar toda la ropa, sin saber dónde ponerla o como ordenarla. y también una de la peores cosas que odio hacer, y no iba arreglar todavía. La mañana había transcurrido rápida, y el desayuno lo había preparado yo mientras una canción latina sonaba en los altavoces, es sábado y el clima no estaba tan frío, el sol se alzaba por el cielo dejando su reflejo en el suelo del balcón.
- Oye Ali, vamos a caminar un rato - comente viéndola hundida en su móvil en el sillón del recibidor.
- A tus ordenes jefa - respondió sonriente caminando en dirección a su habitación.
Mire mi vestimenta, unos vaqueros gastados con una camisa ajustada y zapatillas deportivas y cómodas. No me veía mal y con un abrigo quedaría mejor. Mi cabello estaba suelto con ondas naturales y ni llevaba ni una pizca de maquillaje porque no me gusta. Ali bajo con unos vaqueros negros de tiro alto, un suéter blanco sencillo y un abrigo negro con sus Nike blancas. Le encantaba combinar este tipo de colores, yo por otro lado siempre escojo lo primero que encuentro.
Al salir juntas del departamento y del edificio nos adentramos a las calles de Madrid, los cuales tenían varias estructuras antiguas, es muy bueno de admirar la verdad. Llegamos a una plaza en la que descansamos por unos minutos, hasta que Ali decidió ir por unas bebidas a una cafetería enfrente de la plaza lo cual agradecí, no estábamos lejos del departamento ya que solo hemos caminado unas cuantas cuadras. Saque mi móvil acercándome a una fuente para tomar unas fotografías que sin duda colgaría en las paredes del departamento.
Mientras capturaba una foto sentí un leve empujón que me hizo soltar el móvil, el cual cayo dentro de la fuente de la plaza.
Ahogue una exclamación viendo mi móvil caer hacia el fondo de la fuente. Me gire asombrada viendo como la pantalla se apagaba por completo hasta quedar completamente negra. Me gire viendo a un hombre joven, tal vez un poco mayor que yo, de barba perfecta y ojos miel.
- Discúlpeme señorita, venía distraído - el hombre me observaba esperando mi reacción cosa que la tendría en segundos.
- Discilpimi Siñirita, vinii distriidi - replique con ironía fingiendo una sonrisa.
- ¿Disculpe? - se ofendió mirando con enojo.
- ¡Disculpa! - Exclame enojada - ¡Pinche cabrón, acabas de dar dañar mi móvil! - el hombre se cruzó de brazos ofendido de mis palabras - ¡Y una disculpa no sirve de nada! -
- Señorita, pero al menos me he disculpado con usted - suspiró molesto - joder, vos sois una pesada tía - lo fulmine con la mirada.
- Eres un cabrón - espete enojada tomando mi móvil del agua.
- Sois una niñata malagradecida tía - rodee los ojos caminando en dirección hacia la calle, alejando de este español de mierda.