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¿Mi exmujer es una magnate?

¿Mi exmujer es una magnate?

Autor: : Carlito SAN
Género: Moderno
Loraine era una esposa devota desde que se casó hace tres años. Sin embargo, a su esposo Marco no le importaba nada ella. Nada de lo que ella había hecho ablandó su corazón. Por fin, Loraine se cansó de todo esto. Ella le pidió el divorcio y lo dejó sin pensar. Los demás la miraron como si estuviera loca. "¿Has perdido la cabeza? ¿Por qué estás tan ansiosa por divorciarte?". "Es porque tengo que irme a casa para obtener una fortuna de mil millones de dólares. Además, él ya no me gusta", respondió Loraine con una sonrisa. Todos se rieron de ella; algunos pensaron que el divorcio la había afectado mentalmente. No fue hasta el día siguiente que se dieron cuenta de que no estaba mintiendo, porque una mujer fue declarada repentinamente la multimillonaria más joven del mundo, ¡y era Loraine! Marco se sorprendió mucho con esas peripecias. Cuando volvió a encontrarse con su exesposa, ella ya era una persona diferente. Un grupo de jóvenes guapos la rodearon y ella les sonrió a todos. Esta escena lastimó el corazón de Marco. Dejando a un lado su orgullo, trató de recuperarla. "Hola, mi amor. Veo que eres multimillonaria ahora. No deberías estar con idiotas que solo quieren tu dinero. ¿Tal vez podamos volver a estar juntos? También soy rico. Juntos, podemos construir un imperio fuerte. ¿Qué dices?". Loraine entrecerró los ojos hacia su exmarido, y sus labios se curvaron con disgusto.

Capítulo 1 La ama de casa

Ya había oscurecido afuera.

En la sala de estar de la villa de la familia Bryan se podían escuchar diferentes voces charlando cordialmente y, de vez en cuando, también se escuchaban algunas risas.

En la cocina, donde Loraine Torres se encontraba cocinando sola, hacía mucho calor. Su rostro estaba sonrojado, y gotas de sudor perlaban su frente mientras miraba la sopa hirviendo en la olla. De un momento a otro, su visión se tornó borrosa.

Desde la mañana había tenido mucha fiebre.

Sin embargo, aún no había ido a la farmacia a comprar medicamentos ni había podido descansar bien, porque había estado haciendo las labores domésticas durante todo el día.

"¿Ya está lista la cena? ¡Dios mío! ¿Todavía no has terminado de prepararla? ¡No puedo creer que mi hermano se haya casado con una holgazana como tú!", le dijo Marina Bryant a Loraine desde la puerta de la cocina.

Esta última, quien ya estaba acostumbrada a la mala actitud de su cuñada, se humedeció los labios secos y respondió:

"Pronto estará lista".

Entonces la otra chica siseó: "¡Apúrate! Mi hermano y Keely están esperando la cena. Keely es diferente a una pueblerina como tú. Antes de regresar al país, estuvo recibiendo tratamiento médico en el extranjero. Tiene que cuidar mucho su salud, ¡así que no podemos hacer que pase hambre! De lo contrario, mi hermano se enojará mucho".

Al escuchar las palabras de su cuñada, la mano de Loraine, con la que sostenía la cuchara, tembló. Luego se quedó helada, mientras sentía un dolor punzante en el corazón.

Desde que se casó con Marco Bryant, tres años atrás, siempre había sido una esposa ejemplar, pero él nunca había apreciado sus esfuerzos. A los ojos del hombre, ella no era nada, y menos al lado de Keely Haywood.

"Escúchame, Loraine. Si nuestra abuela no hubiera tenido tanta prisa por tener un bisnieto, jamás habrías podido casarte con mi hermano. Y si Keely hubiera estado en el país en aquel entonces, Marco no se habría casado contigo. ¡Eres una inútil! Ya pasaron tres años, pero no has podido quedarte embarazada", agregó Marina en tono burlón.

Tras escuchar las palabras de su cuñada, las lágrimas se acumularon en los ojos de Loraine. Trató de contener el llanto tras ver a Marina alejarse.

En ese momento Loraine escuchó una voz fuera de la cocina.

"Marco, ¿los estoy molestando a ti y a Loraine? ¿Está enojada?". La voz era sumamente coqueta.

"No. Tu bienestar es lo más importante aquí", respondió con ternura una profunda y agradable voz masculina.

Marco nunca le había hablado a Loraine con tanto cariño. Eso era lo que ella tanto había anhelado durante los últimos años.

Sus ojos se posaron en las velas y la caja de regalo que estaban en el bote de basura, esa imagen hizo que el dolor de su corazón aumentara.

Todos esos años ella había estado tratando de hacer que su matrimonio funcionara.

Su esposo, a quien siempre colmó de amor, no se acordó de que ese día era su tercer aniversario de bodas.

A pesar de que Loraine no se encontraba bien de salud, preparó una gran cena para celebrarlo. Sin embargo, esta se convirtió en una cena de bienvenida para Keely.

Parecía una broma de mal gusto que le tenía preparado el destino. Todos los esfuerzos, paciencia y esperanza de Loraine se redujeron a nada en un instante.

"Señorita Torres, lamento mucho molestaros. Deje que la ayude, por favor", dijo Keely mientras entraba en la cocina, esbozando una sonrisa de disculpa.

Con el rostro desprovisto de cualquier expresión, Loraine miró a la hermosa y débil mujer que estaba frente a ella, y espetó: "Deberías dirigirte a mí como señora Bryant, no como señorita Torres".

En un abrir y cerrar de ojos, la sonrisa de Keely desapareció y, mirando a Loraine con arrogancia, contestó: "Déjame aclararte algo; yo soy la única mujer que está en el corazón de Marco. Solo se casó contigo para complacer a su abuela. Tres años han sido suficientes para esta farsa de matrimonio. Ahora que he regresado, tomaré el lugar que me corresponde en esta casa. No te hagas ilusiones. ¿Qué te parece si dejas de hacer el ridículo y te vas?".

Tras escuchar las palabras de la chica, un dolor intenso se apoderó del corazón de Loraine. Sin embargo, se las arregló para contraatacar.

"Para que lo sepas, sigo siendo la esposa de Marco. Yo soy la señora Bryant. Tú no eres más que una invitada aquí".

Tan pronto como Keely escuchó esas palabras, una expresión de ira apareció en su rostro, porque estas atravesaron su corazón como si fueran navajas.

"Deja de ser tan arrogante. El título de señora Bryant lo tienes por pura suerte, no estés tan segura de tu lugar. Además, si algo malo me pasa por tu culpa, estarás en serios problemas. ¡Solo espera y verás!".

En ese momento, Loraine tuvo un mal presentimiento, por lo que entrecerrando los ojos, preguntó:

"¿Qué estás intentando decir?".

Antes de que Loraine dijera algo más, Keely agarró un cuchillo de la tabla de cortar y trató de apuñalarse a sí misma.

Cuando Loraine vio eso, trató de detenerla. Sosteniendo la muñeca de Keely, rugió: "¿Estás loca?".

Keely, por su parte, trató de zafarse del agarre de la mujer.

Durante el forcejeo, la hoja afilada del cuchillo hizo un corte en el brazo de Loraine, lo que provocó que gimiera de dolor.

Fue entonces cuando vio sangre filtrándose a través de la ropa de Keely.

Esta última le sonrió maliciosamente y, al segundo siguiente, gritó a todo pulmón:

"¡Marco, ayúdame! ¡Loraine quiere matarme!".

Al escuchar las palabras de la chica, los ojos de Loraine casi se salieron de sus órbitas. Momentos después, Marco entró corriendo a la cocina.

Cuando Loraine lo vio, trató de explicarle lo que pasó, pero no pudo pronunciar ni una sola palabra, pues sintió como si su garganta estuviera bloqueada.

Mientras gotas de sangre brotaban del brazo de Loraine, y la cabeza le punzaba, comenzó a sentirse mareada.

Luego, mientras perdía el conocimiento, vio a Marco pasar junto a ella. Después de que el hombre recogiera a Keely, salió corriendo de la cocina, dejándola inconsciente en el suelo...

Capítulo 2 Pedirle el divorcio

En el hospital.

"Señorita, la paciente aún no se ha despertado, ¡así que no puede pasar!".

"¡Fuera de mi camino! ¡Sé que está ahí dentro!".

Los ojos de Loraine se abrieron lentamente cuando escuchó la conmoción.

Mientras volvía la cabeza con mucho esfuerzo, vio a una enfadada Marina empujando a la enfermera a un lado, y caminando hacia su cama.

Esta miró a Loraine como si estuviera a punto de abalanzarse sobre ella y destrozarla, antes de decir: "¡Eres una desgraciada! ¿Cómo te atreviste a intentar matar a Keely? Su riñón resultó gravemente herido, y ahora su estado es crítico. ¡Te pudrirás en la cárcel!".

"¡Yo no traté de matarla!", contestó Loraine mientras se incorporaba débilmente.

"¡Por supuesto que sí! Ni siquiera intentes mentir. Si no fuiste tú quien la apuñaló, ¿entonces quién fue? Solo estaban ustedes dos en la cocina. ¿Estás tratando de decir que Keely se apuñaló a sí misma? Estás celosa de ella porque mi hermano la quiere mucho. Intentaste matarla por envidia".

Loraine estaba a punto de responderle a Marina, pero se detuvo cuando vio a Marco entrar en la habitación.

Su esposo era un hombre alto de cejas perfectamente delineadas y ojos oscuros.

Loraine miró a Marco como si fuera su salvador y dijo:

"Tienes que creerme. Yo no lastimé a Keely".

Dirigiéndole una mirada fría a su esposa, el hombre espetó:

"Ahórrate tus excusas, Loraine. No puedes engañarme. Ya que tuviste el valor de hacer algo tan descabellado, debes enfrentarte a las consecuencias. Tienes que disculparte con Keely".

"¡Una mera disculpa no será suficiente!", gritó Marina. "El riñón de Keely resultó gravemente herido. Como castigo, Loraine tendrá que donarle un riñón".

Sin esperar la aprobación de su hermano, Marina se volvió hacia los guardaespaldas que estaban detrás de Marco, y les ordenó: "¡Llévenla al quirófano de inmediato!".

Sin más preámbulo, los hombres hicieron lo que se les ordenó.

Loraine estaba demasiado débil para luchar. Lo único que pudo hacer fue mirar a su esposo y preguntarle: "Marco, ¿por qué no me crees? ¿Vas a permitir esto?".

Por alguna razón, la mujer todavía tenía la esperanza de que su esposo se pusiera de su parte. Sin embargo, él se quedó clavado en el sitio, mirándola con indiferencia. Era obvio que estaba de acuerdo con la decisión de su hermana, lo que provocó que el corazón de Loraine se estremeciera de dolor.

¿Cómo podía su esposo darle la espalda tan despiadadamente? En ese momento todo su amor por Marco desapareció.

Ya era hora de dejar de amar a alguien que no la correspondería en lo absoluto. Estaba más que claro que ella no era nada para él. Peor aún, le importaba más Keely que ella.

Entonces, una ira sin precedentes se apoderó de Loraine, y decidió que ya no quería permanecer más tiempo en ese ridículo matrimonio.

"Marco, divorciémonos", sugirió la mujer, sonriendo con amargura.

Al escuchar esas palabras, Marco frunció el ceño, y miró a Loraine como si esta estuviera loca.

"Idiota, no escaparás del castigo divorciándote", dijo Marina con la voz llena de desdén.

Los ojos de Loraine se volvieron fríos mientras decía: "¿Por qué tengo que ser castigada por algo que no hice? Es absurdo que quieran que le done mi riñón a Keely. ¡Me gustaría verificar lo mal que se encuentra!".

Debido a la furia que la embargaba, una fuerza inexplicable se apoderó de Loraine, por lo que después de liberarse del agarre de los guardaespaldas, salió corriendo de la habitación.

Poco después, encontró la habitación de Keely.

Pero antes de que Loraine pudiera hacer algo, Marco se interpuso entre ambas mujeres.

"¿Qué quieres hacer?".

Keely se acurrucó en la cama y agarró el borde de la camisa del hombre, y dijo: "Marco, tengo mucho miedo".

Entonces el rostro del hombre se ensombreció y, mirando a Loraine gritó: "No hagas ninguna estupidez. ¡Solo arrodíllate y discúlpate con Keely!".

Una expresión de remordimiento apareció en el rostro de Loraine, mientras bajaba la cabeza y caminaba hacia la cama.

Ante eso, los ojos de Keely brillaron con orgullo. Miró a Loraine con gran expectación con los brazos cruzados.

Pero, para su sorpresa, la mujer levantó una mano y la dejó caer sobre su mejilla.

El sonido de la bofetada resonó por toda la habitación, dejando a todos los presentes helados y sorprendidos. En una fracción de segundo, Loraine arrancó la gasa que estaba en el abdomen de Keely, revelando un pequeño corte que ya incluso había dejado de sangrar.

Al percatarse de eso, Marco frunció el ceño.

"¡Mira! Solo tiene un pequeño corte. El cuchillo ni siquiera penetró en su vientre, y con eso pretende quitarme un riñón. ¡Buena jugada, Keely Haywood!".

Desde el principio, Loraine sospechó que esa mujer podría estar mintiendo. Como Keely se había herido ella misma, la mujer sospechó que el corte que se hizo no sería muy profundo.

Al final, resultó estar en lo cierto. Un corte insignificante como ese no podría haber afectado su riñón.

Keely, por su parte, se cubrió el vientre a toda prisa.

"Dime la verdad, Keely. ¿Qué fue exactamente lo que sucedió?", preguntó Marco con frialdad.

El rostro de esta se puso pálido, mientras tartamudeando decía: "Esto... Yo... No lo sé. ¿Cómo podría saberlo? Caí inconsciente después de que Loraine me apuñalara, y acabo de despertar. Es posible que el médico se haya equivocado en el diagnóstico".

"No creo que se trate de un malentendido. ¡Si no hubiera descubierto tu mentira, me habrían extraído un riñón sin piedad!". Después de soltar una risa irónica, Loraine agregó: "Además, si querías hacer parecer que tu riñón estaba herido, debiste haberte apuñalado por la espalda. ¿Por qué te hiciste un corte en el vientre?".

"¡Patrañas!". Mirando al hombre con pánico, Keely dijo: "¡Marco, créeme! Fue Loraine quien me apuñaló".

Marco miró a Keely con los ojos entrecerrados. Luego miró a su esposa y dijo: "Dame algo de tiempo para investigar esto. Si resulta que eres inocente, te compensaré con lo que quieras".

Loraine miró al hombre inexpresivamente, pues el amor que solía sentir por él se había esfumado.

En todo el tiempo que habían estado casados, Marco nunca le había dado nada de lo que ella quería. La compensación era solo porque quería proteger a Keely, que la dejara en paz.

Poniendo los ojos en blanco, Loraine repitió: "¡Solo quiero el divorcio!".

Al escuchar las palabras de su esposa, Marco la miró con sorpresa.

En tres años, esa fue la primera vez que miraba a Loraine con detenimiento.

Pero eso a ella no le importó un carajo, por lo que se dio la vuelta y se marchó sin mirar atrás.

En el momento en el que esta salió del hospital, comenzó a sentirse extremadamente débil, pues había usado toda su fuerza para enfrentarse a su esposo y a Keely.

Entonces sacó su celular, y marcó un número.

Unos minutos después, un auto negro se detuvo frente a ella. A continuación, un hombre apuesto con un traje pulcro se bajó del auto.

En ese momento las piernas de Loraine se debilitaron y se derrumbó.

Por suerte, el hombre la atrapó justo a tiempo.

Mirando al hombre con la mirada desenfocada, Loraine murmuró: "Tío Rowan...". Un segundo después, se desmayó en sus brazos.

Capítulo 3 Volver a casa

El ambiente de la habitación estaba bastante tenso. Incluso parecía como si el aire se hubiera congelado.

Debido a la mentira de Keely, Marco estaba furioso.

El médico que había atendido a Keely estaba temblando como una gelatina.

"¿No dijo que el riñón de Keely había resultado herido y que necesitaría un trasplante urgente? ¿Cómo explica esto?", le preguntó Marco al médico con una expresión seria.

Gotas de sudor frío perlaron la frente del galeno, quien estaba demasiado asustado para hablar.

"¿Qué tipo de médico es usted? Debería trabajar en otra cosa. ¡Yo personalmente me encargaré de eso!", agregó Marco.

Al escuchar las palabras del hombre, el médico tembló de miedo, porque sabía que no estaba bromeando. Si lo denunciaba a la asociación de médicos, nunca más podría volver a ejercer su profesión.

Sin quedarle otra opción, el galeno confesó:

"Por favor no haga eso, señor Bryant. La señorita Haywood me ordenó darles ese diagnóstico. Le prometo que no volveré a hacer algo así".

"¡Fuera de aquí!".

Como el médico no se movió, Marco miró a su guardaespaldas, quien inmediatamente echó al hombre.

Entonces, se giró para mirar a Keely, cuyo rostro lucía pálido. Había una pizca de decepción en los ojos del hombre cuando preguntó: "¿Es cierto lo que el médico dijo?".

Keely se echó a llorar mientras decía: "No fue mi intención engañarte. Hice eso porque Loraine no quería que estuviera a tu lado. Me enojé mucho, así que decidí darle una lección".

"¡Suficiente!", exclamó Marco porque ya estaba harto de las excusas de la chica. A continuación preguntó: "¿Querías darle una lección a Loraine quitándole un riñón? ¿Cómo puedes ser tan cruel? ¿Sabes qué? Todo esto es culpa mía. ¡No debí haberte consentido tanto!".

Al ver que el hombre estaba enojado con ella, Keely comenzó a llorar con mayor intensidad mientras suplicaba:

"¡Marco, lo siento! No debí haber hecho eso. Es solo que estaba demasiado asustada. Desde que Jorge murió, no tengo a nadie más en quien confiar. Como mi cuerpo no se ha recuperado del todo, me da miedo que te canses de mí y me abandones. ¿Puedes perdonarme esta vez? ¡Por favor!".

Jorge Riley era un amigo de Marco, quien había muerto mientras lo salvaba. Antes de fallecer, Jorge le confió a Marco su prometida, Keely, y le pidió que la cuidara.

La actitud de Marco mejoró al acordarse de su difunto amigo y dijo:

"Le prometí a Jorge que cuidaría de ti, y tengo la intención de cumplir mi promesa".

Justo cuando Keely exhaló un suspiro de alivio, Marco dijo algo que resultó muy desagradable a sus oídos...

"Sin embargo, Loraine es mi esposa, así que no vuelvas a meterte con ella. Que este incidente sea el primero y el último. ¿Entendido?".

De inmediato, una expresión de sorpresa apareció en el rostro de Keely, y dijo:

"Marco, ¿cómo puedes decirme eso? Loraine es solo una chica de origen humilde, así que no es digna de ser tu esposa. En los últimos tres años, lo único que ha hecho es hacer pasar vergüenza a tu familia. ¿Realmente tienes la intención de vivir con ella por el resto de tu vida? Además, ya te pidió el divorcio. ¿Por qué no accedes a su petición?".

"Keely, mantente al margen de este asunto. Mi matrimonio no es de tu incumbencia", contestó Marco mientras le dirigía a la chica una mirada fría, la cual la asustó tanto que hizo que guardara silencio.

A continuación, el hombre se marchó, visiblemente furioso. En ese momento no pudo evitar pensar en lo decidida que parecía Loraine cuando le pidió el divorcio.

Fue un duro golpe para él que su esposa se atreviera a hacer tal petición, ya que divorciarse nunca había pasado por su mente.

Aunque no la amaba, la quería tener como la anfitriona de su casa; de hecho, esa fue la razón por la que accedió a casarse con ella.

Como Loraine era una huérfana que creció en el campo, no tenía a nadie en quien confiar. Por eso, era muy fácil controlarla.

En el pasado, Loraine había atendido a Marco bastante bien, y era muy obediente, sin importar cómo él la tratara.

Por esa razón, el hombre pensaba que, después de todo, estar casado con ella no era una mala idea.

Simplemente, no quería dejarla ir. Como Loraine le pidió el divorcio debido al altercado con Keely, Marco decidió hablar con ella y compensarla.

Después de hacerle un gesto a su subordinado, Marco le ordenó: "Encuentra a Loraine y transfiere cinco millones a su cuenta bancaria".

Sin embargo, este no obedeció de inmediato. En respuesta, miró a su jefe con una expresión de preocupación.

Ante eso, Marco frunció el ceño, y preguntó: "¿Por qué sigues ahí parado? Si tienes algo que decir, solo dilo".

"Después de que la señora Bryant saliera del hospital, un hombre que llegó en un automóvil de lujo la recogió".

"¿Qué?".

Marco frunció el ceño mientras apretaba los puños.

Algo no andaba bien. Al parecer, las cosas estaban a punto de salirse de su control.

"¡Investiga quién es ese hombre, y trae a mi esposa de vuelta de inmediato!", ordenó Marco con enojo.

En ese mismo momento, Loraine recuperó la conciencia gradualmente.

En esa ocasión no se encontraba sola en la habitación de un hospital. Estaba en un dormitorio cálido y lujoso.

"¿Por fin recordaste que este es tu verdadero hogar? No entiendo por qué aguantas todo esto por un hombre. ¿Acaso te acuerdas que eres parte de la familia Torres? ¡Pues no actúas como tal!".

Cuando Loraine escuchó esa voz familiar, se giró para mirar en la dirección de la que venía. Un anciano de cabello cano con un aura imponente estaba sentado en el borde de la cama.

La mujer no pudo evitar estallar en llanto cuando vio a su abuelo.

"Lo siento mucho, abuelo. No debí haberlos dejado. Lamento haberte roto el corazón por esa escoria indigna".

Aldo Torres, quien era el CEO del grupo Universe, y una figura muy influyente en la ciudad, cambió su actitud cuando vio a su nieta llorar, por lo que la tomó de la mano, y comenzó a consolarla.

"Tranquila, princesa. No llores. Ese bastardo no te merece. Como heredera de nuestra familia, siempre debes mantener la frente en alto. El grupo Universe es tuyo. ¡Ya nadie podrá intimidarte!".

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