En ocasiones la vida nos presenta situaciones que marcan para siempre. Algunos dicen que los recuerdos que se presentan como en ráfagas es más probable que sean los que más te hayan marcado. A veces no quiero aceptarlo. No quiero ver que estoy rota. No me gusta reconocer que no soy fuerte y que puedo lamentarme por lo que pasó, y en parte, en las noches, cuando nadie me ve, me siento tan culpable que abrazo el centro de mi pecho como si no hubiera un mañana. Y es que, debería sentirme afortunada, porque algunos sí que no van a tener un mañana.
Debería presentarme, creo que así se suele hacer este tipo de cosas, ciertamente no lo sé. No es como si pudiese decir ''Hola, soy Loraine, y soy sobreviviente de un tiroteo escolar'' y sin embargo, a eso me reduzco.
Supongo que querrán saber sobre el tiroteo, sobre ese día, porque a todos nos gusta saber los porqués. Pero adivinen algo, a mí también...
En el instituto no es que fuésemos de los más populares del colegio. Inclusive, me atrevo a decir que quizás solo yo lo era un poco más que el resto de mis compañeros. Algunas personas solían decir; ''¿Por qué andas con ese tipo de personas?'' quizás era la apariencia lo que llamaba la atención. Mis amigos; Jhay, Ezekiel, Mattew y Elijah, vestían y eran personas visiblemente muy contrarias a mí. Por ponerles en situación, a mí me gustaba ir de fiestas, y ellos las odiaban. A mí me gustaba escuchar Britney Spears, y a ellos metal. Y sin embargo, fueron las personas con las que mejor conecté en mi vida. Lo que me lleva a pensar, ¿por qué?
Jhay era el más desquiciado del grupo. Bueno, también es quien menos me caía del grupo a pesar de que fuese mi amigo. Por alguna razón, Jhay siempre encontraba la forma de menospreciar a alguno de los chicos o a mí. Pero no voy a mentirles, era una parte del grupo esencial aunque antes no lo hubiera querido admitir. Él alguna vez dijo en el receso, en el que no salíamos porque no nos gustaba ver a las personas, algo como ''cuando seamos adultos, viviremos todos en una casa inmensa, escucharemos metal, habrán botellas vacías de alcohol tiradas por todo el suelo, y probablemente Loraine, traiga un tipo diferente todos los días''.
Sí, Loraine, esa soy yo. La que no tiene parejas estables, la que solo tiene sexo con desconocidos y no crea conexiones profundas. Y no es porque no las quisiera, sino porque lo había intentado, y luego de haber llorado un par de veces como una estúpida, fui consciente de que los chicos y yo teníamos algo en común y que lo buscamos siempre; el sexo. Y me concentré en eso. Me esforcé tanto en concentrarme y hacerme creer a mí misma que no necesitaba de amor porque quería pensar que solo iban a quererme para tener sexo, entonces elegí también tomar esa postura en parte. Elegirlos de la misma manera que ellos me elegían a mí, por intereses sexuales. Pero no hay que ser un genio para saber que todo aquello era una fachada, una máscara. Loraine en el fondo solo buscaba un amor que la comprendiera en toda su esencia y que la valorara como persona, lo cual tuve, pero procederé a contarles esa historia más tarde.
Ezekiel era mi mejor amigo, la persona la cual confiaba más del grupo. Me enseñó tantas cosas que quizás sienta que le debo mi vida. Él fue quien unió al grupo. A Ezekiel lo conocía desde antes del instituto, pero no íbamos a la misma clase en un principio ni tampoco compartíamos materias con él. Pero luego, sugirió que me cambiase a su clase, porque no había muchos hombres, y era probablemente el salón más ignorado por todo el instituto. Y de hecho lo era. Admito que el hecho de que me haya cambiado a su clase en parte fue porque Ezekiel era genial, y otra de las razones era porque no tenía futuro en las clases en la que iba. Tenía compañeras, pero siempre sentía que era una dejada en comparación. Ellas solo se evocaban en estudiar, y mis planes desde luego no eran esos. Pero eh, no me juzguen, sí que sacaba buenas notas. Pero no porque lo quisiera. Siempre detesté la cultura del sacrificio.
Mattew, por su parte, era mi amor platónico. Nunca se lo dije de todos modos, y en parte era porque tampoco lo sabía. Mattew sí había compartido materias conmigo los primeros años del instituto, y se imaginarán que era el galán del instituto en aquél momento. Pero lo que nadie sabía es que Mattew no era solo una cara bonita, sino que también era una persona tan inocente y tonta como lo podría ser un perro. Una vez entablé amistad con él, fue muy fácil que me tomara como confidente. No sé realmente si acepté aquello porque realmente quería ayudarlo en sus problemas, o porque me gustaba un poco. Claro que luego de llegar a ser muy amigos, terminé dejando de lado toda fantasía, y lo quise como tal.
Y luego está Elijah, quien por su parte, era quien más seguía mis pasos. Lo conocí cuando ingresé a la clase de Ezekiel, donde se encontraba también Mattew, y donde conocí a Jhay. Pero éste era distinto a todos. Porque él no era de las personas que hablasen mucho. Inclusive, me senté junto a él porque no había asientos disponibles, y él no emitió palabra alguna así que opté por pensar que fue un sí. Durante esa mañana, le hablé lo suficiente para intentar entablar una conversación, pero se mostraba distante. Y desde entonces, había elegido todos los días de mi vida sentarme junto a él. Se volvió una rutina, e incluso me permitía llegar tarde cuando quisiera porque sabía que Elijah guardaría un asiento para mí.
Y así fue como el grupo se había unido. No es que fuese algo planeado, ni tampoco es que creo que fuese el destino. Solo se dio así, fue tan accidental, que me hizo pensar hasta el día de hoy que fue uno de los accidentes más lindos que tuve. Y lo más triste, es que el grupo jamás volverá a ser.
Pero de pronto, la mañana del martes treinta de junio, comenzando el segundo semestre, toda aquella familiaridad, felicidad y el cúmulo de cosas de las que no era consciente que tenía y que hoy soy consciente de que me faltan; se esfumó.
Ángela, la rectora, como era de costumbre, se encontraba en su oficina cerca de nuestro salón. Les dije que nuestro salón era casi inexistente. Mientras que Mariana, me sonrió cuando pasé por el pasillo. Los profesores solían esperar en la rectoría hasta que comience la clase. En realidad su sonrisa fue más bien falsa, Mariana nunca nos quiso. Solía decir que éramos el grupo más revoltoso de la clase, lo cual, admito, pudo haber tenido razón.
Diviso al entrar a Mattew y a Ezekiel, ambos sentados juntos y detrás del asiento que correspondía a Elijah y a mí. Tomé la oportunidad de tomar el asiento contra la pared ante la ausencia de Elijah. Siempre es bueno tomar el asiento contra la pared porque solía dolerme la espalda por momentos y necesitaba recostarme sobre ella. Además, de que era un punto clave de invisibilidad para no ser regañada por Mariana ni ser vista cuando dijese algún chiste al grupo.
- ¿Y Elijah y Jhay? -insté por lo bajo. Podía ver como el grupo de Agatha se iba incorporando en las sillas junto a la puerta. Nosotros en cambio, solíamos sentarnos al otro lado del salón, cerca de las ventanas, pero lejos de las puertas.
-Quizás falten-respondió Ezekiel -.Si faltan, se salvan de la tarea que dejó Mariana.
- ¡¿Mariana dejó tarea?! -exclamé preocupada. A lo que Mattew asiente con la cabeza - ¿Ustedes la hicieron?
Ambos negaron al unísono. Rápidamente me levanté de mi asiento dejando mi bolso, y me dirigí a las ''cerebritos'' de la clase; Lissa y Zoe. Les pedí si pudiesen mostrarme la tarea para darme una idea y me la llevé a mi asiento para copiársela, en realidad. No tenía mucho tiempo para que la clase comience.
En ocasiones, las cosas suceden tan de pronto, que no sabes cuál es el justo momento en el que las cosas pasan. Puedo decirles que ése último escrito escolar fue escrito como un relámpago, como podría decirles que duró una eternidad, pero no lo sé. Porque es entonces cuando todo comenzó a mascarse. ¿Han oído ese dicho? Que la tragedia se masca...
Jhay entró al salón mientras copiábamos la tarea, saludó pero no le hicimos caso alguno ya que entre Ezekiel y Mattew se empujaban uno a otro copiando y yo lo hacía sentada. Entonces, Jhay se incorpora.
-Si están haciendo la tarea de Mariana, apúrense porque estaba juntando sus cosas para venirse -concluyó él.
Y entonces, fue cuando se escuchó la quisquillosa voz de esa mujer preguntarle a Nicholas si estaban todos para poder dar inicio a la clase, a lo que él inspeccionó rápidamente con la vista y dijo ''Sí, parece que sí''. En mi mente pensé que faltaba Elijah, y para corroborar que mentía, intenté divisar si faltaba alguien más del grupo del resto, pero la vista se me dificultaba porque los chicos aún no se habían sentado y todos estaban sentándose, pero para cuando oí lo peor que se pudo oír esa mañana, Elijah se había hecho presente con un arma en la mano, y les mentiría si dijera que sabía cuál era.
En ráfagas, en dominós, así caían uno por uno, y todos gritaban o reaccionaban como debían, sin embargo, yo solo me quedé ahí, helada, con los ojos abiertos como platos, la respiración agitada, y viéndolo como se paseó por la clase dándole un fin, o lo que él creía hacer, a cada uno de nuestros compañeros. Observé fríamente como sucedió todo, y es entonces mi reacción lo que hizo que fuese inclusive una sospecha después. Cuando el arma me apuntó, lo miré, solo se me ocurrió mirarlo a él. A sus ojos negros como la noche, y quizás esa mañana llegaron a un negro que luego describieron como ''casi sin alma''. En cambio, yo solo vi a Elijah creyendo que hacía un acto heroico. No pude dirigirle palabra alguna, ni para suplicar por mi vida. Mis labios temblaron, sentía que podía irme. Me puse de rodillas, lo miré con los ojos llenos de lágrimas, y no puedo decirles si esto fue el momento más largo de mi vida, porque así fue como se sintió, eterno.
No sabía quién había muerto y quien no, porque todos eran cuerpos encimados, ensangrentados, y si hubo algún alarido, supongo que lo ocultaron con todas sus fuerzas mientras que la policía llegase. Pero nos encontrábamos en el último piso, pensé entonces que ése era mi momento de morir. Y entonces, él bajó la mira del arma, la quitó de mi ángulo, y creo que echó un suspiro. Lo escuché, y lo vi por el movimiento de su pecho. Yo solo lloraba, y puede sonar contradictorio, pero quería abrazarlo, pero no pude, él se encontraba cerca de la puerta, y yo contra la ventana del otro lado del salón. Nos vimos fijamente durante un segundo, él me vio llorar desesperadamente como muchas veces antes, y ahí fue cuando todo terminó.
La pesadilla había terminado.
El problema es que la pesadilla había comenzado desde antes, y el tiroteo solo había sido el final. Elijah me había perdonado la vida, dijeron. Para mí, creo que en el fondo él creyó que me la estaba salvando...
- ¿Sabes que algún día tendrás que declarar, Loraine? -inquirió el psiquiatra en la primera sesión.
Lo cierto es que sabía que en algún momento debía retroceder a ese día. Habían pasado unos días, pero sentía como si hubiese sido ayer. Y no les mentiré, tenía mucho miedo de declarar, por eso les había pedido a mis padres y a Angus, mi abogado, un tiempo prudencial para poder recuperarme del hecho. Les había dado una primera declaración al salir de allí, pero dijeron que no bastaba y que se necesitaba reconstruir los hechos, y por supuesto, al ser la única a la que no disparó teniendo la posibilidad de hacerlo, era de extrema necesidad hacerlo.
Pudieron haberme acusado de complicidad, pero para corroborarlo necesitaban pruebas de ello y mis dispositivos estaban incautados por la policía desde ese día. Claro que entonces no iban a encontrar nada, porque no sabía ni nunca sabría que Elijah haría aquello.
- ¿No tengo que estar aquí para responder preguntas del tipo de ''cómo me siento'' y cosas así? -espeté.
El psiquiatra pone una mueca de disconformidad ante mi rebeldía. Lo sé, soy una intratable. Pero, ¿Quién no lo es después de haber sido apuntada con un arma por uno de sus amigos?
- ¿Te ayudaría que te pregunte cómo estás? -replicó.
-Probablemente no.
-Dime algo Loraine, ¿extrañas a tus amigos? -preguntó entonces.
Como una daga en el pecho, como un dolor punzante que no se iría quizás nunca. Recordé entonces a Ezekiel, porque fue el primero que se me vino a la mente al mencionar amigos. Ezekiel, mi mejor amigo...siempre manteniéndome la mente en frío. Siempre calculador, siempre con un nuevo descubrimiento de ciencia que no me interesaba entender, pero que con entusiasmo me contaba. Y podría decir muchas cosas de Ezekiel, pero lo que más me gustaba de él era que fuese tan consciente de cómo funcionaba el mundo.
Recuerdo que alguna vez me dijo que Elijah estaba obsesionado conmigo, y también recuerdo como le dijo a Elijah entre risas, que despabilase, que yo no hacía más que manipularlo. A lo que Elijah entrecerró los ojos mirándome con sospecha, y durante todo ese día trató de no complacerme en lo que le pidiese. Pero sin embargo, no lo lograba del todo.
Al ingresar a la clase, no les caí muy bien al resto de mis compañeras. Mentiría si recordase el porqué, pero sé que fue por mi culpa. Me había reído que no eran populares. Ese es otro detalle que deben conocer de mí, soy una petulante. Bueno, es que ahora lo reconozco. En aquél momento solo se me había escapado con alguien equivocado que esparció mi opinión hasta llegar a los oídos de las chicas del salón, que desde entonces decidieron hacerme la vida imposible desde ese día hasta el último de los suyos. Una vez, Agatha, Isadora, Jennifer y Stephanie me hicieron frente, pero eran demasiadas para atacarlas. Además, sus ataques no eran formalmente dignos de un debate siquiera, se remitieron a insultarme, y en el fondo, se agregaron dos de los chicos de su grupo; Nicholas y Sebastian. Como no hubo ninguna pregunta sobre qué dije, o sobre porqué lo dije, o siquiera alguna pregunta que significase un intento de tregua, y solo hubieron ataques y agravios, Ezekiel se puso frente a mí a decirme que riera, que ignorara mis oídos.
Y así fue. Silencié el alrededor incluso cuando iba a llorar. Elijah se incorporó luego, pero él solo me abrazó para demostrarme que no estaba sola. Y luego, Jhay y Mattew se nos agregaron por inercia, aunque ninguno dijo necesariamente algo para defenderme.
Algo estaba claro, y es que de ahí en adelante, Agatha, Isadora, Stephanie y Jennifer me harían la vida imposible.
Más tarde, cuando por fin el grupo de urracas se había callado, y entendieron que de mi parte no hubo respuesta alguna o que al menos no cedería ante la provocación, en mi casa, Ezekiel me dijo que de todos modos ninguno de ellos iban a elegir estar con ese grupo, y que intente encerrarme en ellos, que finalmente eso ayudaría a que tuviesen un motivo para no incluirnos. Y así fue, la clase se dividió tan gradualmente, que solo existían unas pocas personas que no se involucraban en ningún bando, como Zoe, Lissa y Janne, que más bien tenían su triángulo por otros lados. Quizás era porque estaban suficientemente ocupadas en tragarse todos los libros y en prepararse de antemano para la universidad, que no tenían tiempo para sandeces.
Quién diría que luego ellas fueran las primeras en recibir disparos. Recuerdo que ellas se sentaban junto a la puerta, había ventanales que dividía nuestro salón del pasillo. Esos ventanales fueron rotos a disparos, y por lo que luego me dijeron los policías, Zoe y Lissa fueron las primeras en recibir disparos. Tengo una imagen imborrable de la cabeza, y es que los policías en estos casos no son personas muy empáticas con la gente sospechosa. Y es que cuando me interrogaron por primera vez, y aún me encontraba en shock, me mostraron sus fotos. Zoe yacía en el suelo con un disparo en la cabeza, y el ojo casi salido, mientras que Lissa, recibió un disparo en el cuello y evidentemente ella quiso voltear a ver pero no le pudo dar el tiempo antes de recibir otro. Me pregunté porque Elijah las había disparado primero, o siquiera lo había pensado. Quizás lo hizo para que no lo detuvieran. De todos modos, Zoe y Lissa no hubieran hecho nada. No parecían ser de quienes se sacrificasen en un tiroteo para salvar a sus compañeros. Bueno, tampoco es que Zoe o Lissa hubieran hecho mucho a lo largo del instituto.
En ocasiones, solía acercarme a ellas con Ezekiel y Jhay. No voy a mentirles, Ezekiel solo se divertía, mientras que Jhay probablemente quería ligar con alguna de las tres, y por tres me refiero a Janne, quien era la que al parecer le gustaba. Pero Jhay también en otra ocasión hablaba sobre Stephanie por lo enorme de sus pechos. Finalmente nunca encontré punto de conexión con ninguna. Y Elijah creo que tampoco. Por eso quizás nunca lo veía que se acercase demasiado a ellas.
''Parecen frígidas, apenas hablan'' solía decirle a Elijah entre risas.
Jhay en cambio, hablaba sobre que era muy probable que fuesen vírgenes. Lo cual no era importante para nadie, pero Jhay tenía la rara teoría que quienes tenían un aura virginal se mostraban de esa forma, tímidas y poco sociables.
Ezekiel tenía una teoría más acertada al respecto, la madre de Lissa era profesora de Ciencias en una Universidad. Mientras que la madre de Zoe, fue profesora nuestra años anteriores, y no lo supimos hasta que la vimos esperarla a las afueras del instituto e irse juntas y al día siguiente preguntárselo. Ella solía decir cosas como que no dejaba que sus hijas mujeres bajo su techo tuviesen una vida de una ''cualquiera''. Quizás a eso se debía que Zoe se vistiera como si fuese a salir de un convento.
Janne era la más normal de las tres. No tenía padres profesores ni tampoco se vestía como una mojigata. Cuando ingresé a la clase ella era del grupo de Agatha, pero por lo visto, y cuando menos nos habíamos dado cuenta, se había incorporado con Zoe y Lissa, que claro, no es que tuviesen muchas opciones de socializar. Lo único que sabía de Janne es que tenía un novio mayor que ella, incluso mayor que cualquier persona que estuviese en el instituto. Y me atrevo a juzgar, que inclusive mayor que cualquiera que cursase en una universidad. Quizás por eso es que Jhay jamás pudo con ella. Aunque habíamos descubierto, o al menos había dicho Jhay, que alguna vez, de más jóvenes, se habían enrollado.
-Algún día tendrás que recordar lo que pasó, porque solo así podrás liberarte-consiguió decir el psiquiatra.
No le dirigí respuesta alguna y tomé mis cosas para encontrarme en el pasillo con mis padres.
''Es muy difícil para ella'' le decía mi madre al psiquiatra.
Y no es que me fuera difícil, sino que recordar el escenario, significaría rememorar el día en el que el grupo se disolvió. El día en el que perdí a todos mis amigos, y el día en el que uno de ellos casi me mata.
En ocasiones sabemos quiénes son los villanos, pero no queremos reconocerlo.
En mis manos se encontraban tres pastillas, un somnífero, un ansiolítico, y un antidepresivo, también tenía que tomar unas gotas para evitar un ataque de pánico o cualesquiera las reacciones que podrían causar en una persona normal el haber vivido un ataque escolar.
Me resultaba gracioso que pastillas tan poderosas como esas, tuviesen colores pasteles como rosa pastel, celeste como el cielo o amarillo. Pero mentiría que todos mis pesares no se calmaban cuando llegaban ellas, y también mentiría si dijese que no hubieron secuelas de aquél día.
En las noches, despertaba escuchando tiros, asustada, transpirando como si hubiese corrido un maratón. En ocasiones, faltaba el aire, la respiración se me cortaba casi automáticamente en el momento de recordar que el arma se fijó en mí con tanta seguridad, y la inmensidad de pasar del peligro más extremo a un regocijo ahogado cuando el arma dejó de mirarme.
Por momentos, recordaba los cuerpos que divisé cuando me sacaban de ahí, la sangre, el llanto, y nuevamente volvía al quiebre. Gritar, rascuñar, arrancarme los pelos. El recuerdo golpeaba incesante, como si fuese un tiro. Y luego, finalmente, llegaba la extraña culpabilidad, por vivir. Y nuevamente, en pensamientos oscuros, no podía elegir cuál era más doloroso y solo podía llorar, me quería ir, no quería más esto, no quería sentir más este dolor de mierda. No quería sentir el peso del mundo sobre mí. Por momentos lo odiaba, y por momentos solo lo recordaba sonriendo, riendo en grupo, y sin embargo, era tan contradictorio, porque él me quitó todo ello. Lo detesto, y lo extraño, porque puedo odiarlo, pero lo odiaría solo un tiempo, pero lo voy a extrañar para siempre. Y amigos así, no tendré nunca más, porque no existen personas así ni nacen personas que conecten conmigo todo el tiempo. Por algo me odian, por algo es que estoy sola, encerrada, soy solo yo y mis pastillas.
Mis pastillas...pienso que son las únicas que han hecho más en mi vida por mí que el mundo, una pastilla me quita el dolor, una pastilla y de pronto puedo respirar normal. Una pastilla y a dormir. No hay oscuridad, no hay dolor, nada duele. Podría ver esos mismos cuerpos y la misma sangre y no sentir nada. Porque necesito de esto para volver a la normalidad, necesito de estas pastillas que se volvieron mis mejores amigas para momentos oscuros.
Y de pronto, ya no tenía momentos felices, tenía pastillas para la felicidad. Porque los momentos felices se habían ido para siempre.
Las preguntas no tardaron en hacerse presentes. Aparentemente, y digo aparentemente, porque no lo pienso así, y es que se supone que tengo una obligación civil de responder nuevamente a las mismas preguntas que me hicieron al salir del tiroteo. Angus dijo que si necesitaban verme de nuevo, quizás era porque descartaron la sospecha de que fuese cómplice o que lo haya incitado a Elijah.
Él dice que no debo preocuparme y responder hasta donde quiera y pueda, que en este tipo de casos las preguntas pueden ser muy hostiles y puedo respaldarme en que aún estoy en shock o que estoy tratada con medicinas y que puedo dar respuestas equívocas.
Suspiro antes de entrar a la estación policial. Fui acompañada con mis padres y Angus. Pero aunque todos digan que todo estará bien, no lo sé con exactitud. Había sido muy clara en que no quería hablar más respecto al tema.
Ése siempre fue quizás el más grande de mis problemas. No querer recordar lo que me hace mal. Pienso que si no hablo de ellos, los problemas desaparecen. Pienso que si no hablo de alguien, entonces dejará de importarme. Pienso que si no le demuestro al mundo y no grito a los cuatro vientos mis sentimientos, será más fácil guardarlos en una caja y en secreto. Lejos de ser manoseado por lo ajeno, o de ser tergiversado.
Pero los investigadores y el cuerpo policial están para esto. Para molestarme. Para sacarme de mis casillas y que les diga lo que ellos necesitan, porque el único culpable que tienen está muerto, y lo vi hecho un colador en el suelo cuando tuve que toparme con él en la puerta, intentando casi no verlo ni tocarlo. Sí, eso hicieron de Elijah, un colador humano. Y quizás sea cruel, pero él no merecía eso, así como entiendo que nadie merecía nada de lo que pasó.
-Toma asiento, Loraine -dijo gentil la mujer que aparentemente iba a hacer las preguntas. Junto a ella se encontraba un fiscal, con gesto menos alegre.
Tomé asiento junto con Angus, que fue el único al que dejaron entrar. Pero está bien. Angus sabe lo que hace, y le pagamos muy bien para eso. Mis padres en cambio, son una bomba de tiempo. De solo imaginarse que fui apuntada con el arma, se van en llanto.
-Bien, Loraine, repasaremos -inició diciendo -.En tu primera declaración, dijiste que Elijah era tu amigo y que por eso probablemente no te había disparado.
Asentí con la cabeza tratando de ser lo más concisa posible. Veo la grabadora y como se está tomando nota de cada cosa que diré. Angus me lo había advertido, que mis mismas palabras tratarán de usarlas en mi contra.
-Sí -respondí a secas.
-También dijiste que tu grupo de amigos eran Jhay Reed, Ezekiel Davis, y Mattew Coleman...
-Sí, también eran amigos de Elijah.
-Entonces, si todos eran amigos, ¿Por qué dos de ellos están muertos y tú no?
-Supongo que por la misma razón que no están muertos los demás sobrevivientes. Porque sobreviví -intenté disuadir.
-Loraine, todos los sobrevivientes resultaron heridos de alguna manera. A la única persona que apuntó y no disparó, y a quien no dañó de ninguna forma era a ti -dijo con gesto turgente.
- ¿Cómo podría saber porque no me disparó? Pensé que lo haría, pudo hacerlo...
-Pero no lo hizo -repitió incesante.
- ¿Sugiere que mi cliente debe sentirse culpable o cómplice porque no la disparó? -arremetió Angus.
-No estamos dando por sentado nada, ni acusando a su cliente. Solo buscamos esclarecer las dudas -respondió ella para luego volverse a mí -.Loraine, si nos explicases más como fue tu relación con él, quizás entenderíamos porque no te disparó. Podrías ayudarnos incluso a descubrir porqué hizo lo que hizo.
-No es necesario que eso lo deba descubrir mi cliente, esta investigación es su trabajo. Además, ya se ha demostrado que Loraine no ha tenido vínculo alguno con su compañero respecto al tiroteo con las pesquisas a todos sus artefactos de comunicación, que no le han sido devueltos -soslayó Angus -.Sin embargo, está visto que el joven quizás tuviese sentimientos para con mi cliente, más eso no significa que ella debiera sentirse culpable por ello ni que pudiese vaticinar lo que sucedió.
La mujer lo miró y emitió una mueca sesgada para volver a dirigirse a mí.
-Loraine, ¿Alguna vez Elijah te ha dicho que tenía sentimientos hacía ti?
-No específicamente, pero una vez dijo algo parecido.
- ¿Puedes ser más específica? ¿Qué te hizo pensar que él gustaba de ti si no fue específico?
-Porque me preguntó si saldría con él -dije mirando a mis puños.
La mujer no parece conforme, pero la respuesta es bastante clara para dejar de molestarme. Por supuesto que era mentira. Elijah jamás se me declaró, pero no porque no gustase de mí, sino porque sabía que yo no lo veía como algo más.
El año anterior, nos habíamos reunido con todos los chicos en la casa de una amiga mía, Gia. En realidad era amiga mía y de Mattew, más bien de Mattew, porque se enrollaron esa noche. Mattew siempre me presentaba a sus conquistas, ya que al ser su única amiga mujer, era probable que pensaran que teníamos algo. Entonces al conocerme, y yo tratarlas bien, descartaban esa idea. Gia no duró mucho, supongo que no más que ese verano. Lo que tenía Gia de sobra era dinero. Y un día, nos invitó a todos a su casa porque estaría sola, lo que significaba que Mattew y ella probablemente estarían teniendo sexo, y el resto de nosotros podíamos disponer a nuestra conveniencia de la casa. Compraron algunas cervezas y pusieron música a tope. Jhay bailaba al compás del metal como si fuese bailable, y fingía guitarrear las mejores partes. Ezekiel inspeccionaba la comida, recuerdo que yo le había dado esa idea, pero fui afuera para que no se me acusara a mí. El patio trasero tenía una piscina enorme, y un gran verdal, difícil de encontrar en el centro, como en mi casa. Yo vivía sola con mis padres en un departamento con mi gato Samuel, y creo que la única vista que tenía era a la planta de turno que traía mi madre, de las cuales morían todas porque según ella ''no tiene buena mano''.
En ese momento, Elijah se sienta junto a mí en una silla de madera. Mentiría si dijera que la situación no me incomodó, porque lo hacía. Siempre sentía que Elijah hacía lo que yo pidiese porque gustaba de mí. Nunca pensé que fuese por otra posibilidad. Él tenía una mini-cerveza en una mano y fingía estar borracho, y digo fingía, porque apenas habíamos venido, y Mattew ya se había pirado para el segundo piso con Gia y todos nos habíamos adueñado de la casa.
-Que linda vista -le digo.
Él estaba muy cerca, y eso me incomodaba bastante, así que traté de decir lo primero que se me vino a la mente. Aunque pensándolo bien, quizás hubiese sido menos romántico halagar la piscina.
-Sí, es una casa muy hermosa -responde él viendo adelante -.Tengo algo que decirte, pero tengo miedo de que si te lo digo, dejemos de ser amigos.
-Entonces no lo digas.
Él suspira con fuerza y dirige un sorbo a la cerveza, para luego recostarse en mis piernas. Por suerte no dijo nada más, y un incómodo silencio abundó el patio hasta que Ezekiel salió y dijo;
- ¡Hay para hacer tostados! ¡Y hasta postre!
Lo que hizo que nos levantásemos al unísono y corriéramos a por la comida. Después de eso no volvió a mencionar nada más, o al menos no lo intentó. Pero podía sentirlo cada vez que me hacía alguna escena de celos porque Mattew dormía conmigo, o porque con Mattew jugábamos a darnos besos en la mejilla y sentarnos en el regazo del otro. Recuerdo a Elijah decirme un día ''¿Por qué conmigo no y con Mattew sí?'' cuando él quería hacer lo mismo y yo me alejaba. En ese momento no tenía una respuesta razonable, pero después la tuve. Mattew me gustaba, Elijah no. Y a veces la vida es así, es bastante molesto que seas quien des todo y que a la persona que le des todo elija a alguien más antes que a ti, pero así funcionan un poco las personas. Somos ingratos, somos desagradecidos, y es muy probable, que quizás nunca veamos con los mismos ojos con los que nos ven a nosotros.
- ¿Qué le dijiste cuando te preguntó si saldrías con él? -inquirió la mujer.
-Le dije que no. Porque éramos amigos -volví a mentir.
-Ya veo -concluyó, y por un momento pensé que pararía de preguntar pero me equivoqué -.Una de tus compañeras, que sobrevivió, dijo que tú eras quien separaba la clase.
Fruncí el ceño extrañada ante la incoherencia. Si bien yo no era de las personas más queridas de la clase, yo jamás había obligado al resto de los chicos que no socialicen con el resto de la clase.
- ¿Y que sugiere con eso? -insté indómita.
-Que si usted los separó, él pudo haber tomado la decisión de matarlos a todos por su culpa.
-Le pido por favor que mida sus palabras, señorita -dijo en reclamo Angus -.Está prácticamente acusando a mi cliente por lo que dijo una compañera que contribuyó a un bullying cibernético en su contra. No necesito recordarle que no puede hacer eso.
Observé la situación atónita. Angus me había avisado que hubo cinco sobrevivientes además de mí, y la única persona que se encontraba entre ellas que puede ser capaz de buscar culparme a mí incluso en algo que me excede es Meryl.
Meryl en un principio fue una súbdita-secuaz del grupo del demonio de Agatha, Isadora, Stephanie y Jennifer. Pero éstas dos últimas inclusive no eran tan malas como Meryl. Una vez había pasado el tiempo de aquella ''pelea'', o más bien, ataque masivo hacía mí, las aguas se habían calmado un poco, a excepción de que Agatha e Isadora grabaron el asunto y se lo pasaban a sus amigos a modo de humillarme. Y Meryl, a pesar de que no la conocía, ni tampoco había sucedido nada con ella tan grave como perdurable, tiempo después se había separado de Agatha e Isadora, y por alguna razón que desconozco y de la cual decidí ignorar porque para entonces había tomado el consejo de Ezekiel de marginarme a voluntad con ellos, Meryl se volvió un lobo solitario. Pero en ocasiones, en mi ausencia, solía imitarme en clase. Pero nunca se había dado una confrontación real, porque yo la ignoraba bastante, y ella me mostraba otro rostro. Inclusive me había agregado en alguna que otra red social, a la que luego me eliminó, y entendí que era una de dos, solo me agregó inicialmente para poder ver algo de su conveniencia, o porque intentó que le cayera bien, pero cada vez que le saltaba algo mío quizás se le revolvía el estómago a tal modo de que no le quedó de otra que eliminarme. Pero Meryl no estaba en sus cabales.
Digo, no es porque me odiase, sino por insistir en un odio que no era mutuo. Está bien, en algún momento me reí y los discriminé. Pero luego los ignoré, y de mi parte no había existido nada más. Sin embargo, tanto Meryl como el resto de las chicas siguieron hostigándome, casi como si les hubiera dado un motivo para odiarme. Pero siendo honesta, quizás me hubiesen odiado de cualquier manera. Pero esto era el colmo, ¿culparme de que Elijah decidió traer un arma y armar una balacera? No tengo tanto control sobre las personas.
Pero muy en el fondo entendía que buscasen un culpable. Que buscasen que yo haya sido su motivación. Pero el problema de buscar culpables, y de decir tantas mentiras, es que tarde o temprano terminas creyendo que las mentiras son reales y que los supuestos culpables realmente lo son. Y esto dificulta que cada persona tenga una alícuota de responsabilidad, por alguna razón somos tan mezquinos de buscar sacarnos la mochila de la culpa, pero eso no es más que un engaño. Evadir nuestros errores solo nos hace cometer uno aún más grande, y es la imposibilidad de no poder reconocernos a nosotros mismos.
-Somos conscientes del acoso virtual de la señorita Meryl hacía Loraine. También creemos que el constante bullying hacía ella puede ser una razón por la que existió el tiroteo.
Negué con la cabeza rápidamente.
- ¿Y si lo fuera, porqué mi cliente es culpable sobre las acciones o reacciones de otras personas ante las injusticias? Sus sospechas reposan solamente sobre chismes de acosadores y autoridades escolares que no hicieron el trabajo correcto como para saber que tenían un psicópata matriculado -espetó Angus beligerante.
Yo solo bajé la mirada al suelo y las lágrimas comenzaron a brotar, pero no podía echar la culpa a mi propio abogado.
- ¿Podemos seguir en otro momento? -pregunté casi en suplica.
La mujer mira al fiscal y éste le dirige un gesto positivo, pero no me deja marchar fácilmente.
-Tarde o temprano las preguntas seguirán, y no porque busquemos que seas culpable, Loraine, sino porque necesitamos esclarecer los vínculos y saber porque lo hizo.
Dicho esto último, me dirigí lentamente acompañada de Angus hacia el pasillo donde abracé a mamá y lloré en sus brazos. El fiscal observaba la situación, y al salir de la estación Angus antes de despedirse nos dijo que era muy probable que el fiscal estuviera de nuestro lado y dejase de molestarme porque se me veía muy afectada respecto al tema, y que era notorio que había una insistencia del resto de los sobrevivientes de culpabilizarme porque había resultado ilesa, pero en realidad la cuestión del trasfondo es que buscaban culpabilizarme porque me odiaban, así como nos odiaban a todos.