Es difícil comprender la vida, sobre todo cuando se empeña en complicarse más de lo habitual. A veces, hasta ironiza.
Para una chica como yo, el mundo podría ser irrisorio. Muchas personas creen que lo tengo todo, que soy inhumanamente feliz. Y sí, desde fuera podría verse así.
A mis 25 años tengo una vida que se puede considerar envidiable: vivo en un departamento en uno de los mejores barrios de la ciudad, que aunque no es de lujo, contiene cuanto capricho me he querido dar. Tengo un trabajo muy bueno, mejor que bueno. Soy abogada jurídica, y a pesar de haberme graduado hace apenas tres años, dirijo un bufete de éxito. Tengo un novio guapo, cariñoso y que me complace en todo. Mi familia es muy unida y mis amigos, aunque son pocos, son estupendos. ¿Qué más podría pedir?
- Guille, cariño, tráeme algo de beber. Estoy muy cansada.
- Ay mi niña, si sigues con ese estrés no llegarás a los 30, te lo aseguro.
Guille, solícito como siempre, me trae una piña colada bien fría. Sabe que me encantan y que en momentos como este no hay nada que me relaje más.
- Te adoro, ¿Lo sabes? -le digo mirándolo con dulzura.
Doy un sorbo a mi piña colada que está deliciosa, con su leche condensada, canela y un chorrito de licor, justo como me gusta.
- Mmm, Guille, esto está buenísimo.
- Lo sé, bebé, las piñas son lo mío. Ahora relájate y cierra los ojos que te voy a dar un masaje que te va a dejar como nueva.
- Ay nene, no sé qué haría sin ti.
Cierro los ojos y dejo a Guille hacer su magia. Me quita la chaqueta, la blusa y me afloja el sujetador. Empieza a masajear mi cuello y mis hombros, presionando en los puntos exactos. Yo gimo satisfecha.
- Estás muy tensa bebé. Creo que deberías tomarte unos días para ti y darte unos mimos. ¿Qué te parece un spa? Te vendría de perlas.
- No puedo, sabes que el caso en el que estoy trabajando es muy complicado. Uisss, sí, presiona más fuerte. - le pido cuando masajea mi sien - Te prometo que en cuanto termine todo lo pensaré.
Ahora que me siento mejor decido tomar una ducha y dormir un poco. Me quito mi falda tuvo, mis tacones, termino de desabrocharme el sujetador y camino en bragas hacia el baño, con Guille detrás de mí recogiendo lo que he dejado tirado.
- Oye belleza, que manía tienes de regarlo todo a tu paso. ¿Es que crees que yo soy tu criado? - me pregunta con los brazos en jarras.
Yo me río y él va en busca de alguna camiseta suya para que me la ponga después del baño y unas bragas limpias. El agua caliente recorre mi cuerpo dejando una sensación de limpieza. Mientras froto mi cuerpo con la esponja atiborrada de gel siento entrar a Guille y sentarse en la tapa del inodoro. Suspira.
- Aquí tienes la ropa mi reina. - me dice.
Salgo a los pocos minutos de la ducha secándome con la toalla.
- Has perdido peso – me dice – me tienes preocupado.
- No empieces tú también con lo mismo – le digo mientras me pongo las bragas y su camiseta por encima – Ya tengo suficiente con que mi madre y Javier me den la lata todo el tiempo con lo mismo.
- Aunque no te guste oírlo, es verdad. Si sigues trabajando tanto y comiendo poco te vas a enfermar mi niña.
Camino haciendo caso omiso de él hasta el cuarto donde me acuesto de un tirón en la cama. Necesito dormir. Guille apaga la luz y me deja descansar.
Horas más tarde despierto y ya la noche ha caído. Busco a Guille y lo encuentro en el balcón, enfrascado en una discusión por teléfono. Cuando cuelga me paro a su lado apoyándome en la barandilla y observo el paisaje. Desde esta altura se ve toda la ciudad.
- ¿Max otra vez? - pregunto haciendo alusión a la llamada telefónica.
- Sí – suspira él – Te juro que no lo comprendo Pau. No entiendo qué pretende con esa actitud suya. Unas veces es tan lindo, romántico. Actúa como si nada le importara más que yo, que haría lo que fuera por mí. Otras veces es esquivo, todo es un problema y no se atreve ni a hablar conmigo. Creo que solo está jugando con mi tiempo, mi paciencia y mis sentimientos. Eso me hace sentir tan poca cosa Pau.
- No nene, no pienses eso. ¿Sabes qué creo? Él debe estar confundido. No debe ser fácil para él enfrentarse a todos como lo hiciste tú. No todos tienen las agallas. Es normal que tenga dudas. Dale tiempo.
- Ay mi niña. Qué difícil es todo para mí.
Lo abrazo y beso su frente. Guille siempre ha sido muy fuerte, pero cuando tiene problemas del corazón, salen a flote todas sus inseguridades. Cuando se calma me dedica una sonrisa triste y juntos entramos a la casa. Mi móvil suena.
- Dime.
- Mi amor, ¿Dónde estás? Llevo rato esperándote.
- Oh, lo siento. Estoy en casa de Guille. En seguida voy para allá.
- Bien, estoy frente a tu edificio. No te demores mucho amor. Un beso.
- No tardaré. Besos para ti.
Cuelgo el teléfono y me visto. Mi ropa está perfectamente doblada en el sillón.
- Ya me voy nene, cualquier cosa me llamas.
- Si Pau, vete que el pobre "coso" debe estar cansado de esperarte.
Me echo a reír al escuchar el mote.
- Sabes que a Javier no le gusta que le llames así.
- Él no está aquí para oírme – me dice encogiéndose de hombros.
– Anda vete que me espera mi noche de pasión irrefrenable con mi televisión.
Sonrío. No me gusta dejarlo solo.
- Sabes que si fuera por mí me quedaría pero...
- Sí, lo sé mi vida. Javier también necesita de tu tiempo y de cariñitos – me dice levantando las cejas.
- Exacto nene. Nos vemos mañana.
- Chau Paulita.
Lo beso en la frente y me voy a mi casa donde mi novio ya me espera.
El taxi en el que voy para en frente a mi edificio y veo estacionado el Audi negro de mi novio. Él está recostado sobre el capó.
- Hola linda.
- Hola. Lamento mucho la demora, ya sabes que cuando estoy con Guille no me percato del tiempo.
- Lo sé. Me encantaría que a mí me prestaras la misma atención que a él.
Caminamos juntos hacia el ascensor mientras le doy vueltas a lo que me acaba de decir. Él siempre ha tenido un poco de celos de mi amigo, aunque Javier sabe que Guille es gay. Lo entiendo, las muestras de cariño no son lo mío pero quizás debería ser menos fría con él.
Quizás deba intentarlo...¿No?
- Un momento por favor - un hombre trajeado entra al ascensor junto a nosotros.
El silencio reina mientras subimos al octavo piso donde todos bajamos. Mientras me dirijo a mi departamento junto con Javier me percato de que el hombre trajeado es mi vecino de enfrente. Nunca antes lo había visto, así que infiero que debe ser nuevo por aquí.
La noche pasa lentamente dentro de mi habitación.
- A veces pienso que yo no soy lo suficientemente importante para ti. Me haces sentir despreciado.
- Por favor, no empieces con lo mismo. Cada vez que voy a casa de Guille te dan esos celos infundados. - le digo mientras me levanto de la cama, vistiéndome.
- ¿Me vas a decir que es mentira? - se nota lo enojado que está en su tono de voz.
Se levanta de la cama, desnudo y me desconcentro observándolo. Hay que admitir que tiene un cuerpo muy apetecible.
- No te diré nada - digo retomando el hilo de la conversación y dejando a un lado mis instintos lujuriosos. - Es tarde, ¿Sabes? Quiero dormir...sola.
- Vaya, cada día eres más directa echándome de tu casa. - dice mientras se viste, enojado.
- No seas ridículo Javier. Solo estoy cansada y sabes que me cuesta mucho dormir si duermo con alguien.
Me mira con gesto dolido, pero se viste y se marcha. Ahora podré descansar.
5:56 a.m. Mis ojos ya se abren. 6:00 a.m. Mi alarma suena. La apago de inmediato. Voy a la ducha.
El desayuno es la comida más importante del día así que me tomo el mío con calma, disfrutando plenamente de mis tostadas, huevos, beicon y un jugo de naranja.
Mi ropa ya está preparada encima de la cama. Para hoy: juego de chaqueta y pantalón negro con unos tacones altos. Perfecto. El pelo recogido en un moño alto. Maquillaje, el suficiente para estar arreglada sin dejar de estar natural. Recojo el bolso, los documentos y en 20 minutos estoy en el trabajo.
Apenas llego todos se ponen de pie para saludarme. Mi secretaria me pasa informes que tengo que revisar y le oriento que avise a todos que a las 9 en punto tenemos una reunión.
Paso a mi despacho y lo primero que hago es revisar todo el correo. Invitaciones, varias solicitudes, informes legales y lo demás pura basura que borro de inmediato.
El teléfono del despacho suena.
- Diga.
- Señorita Guzmán, el asistente del señor Torres pide hablar con usted. Está por la línea 3.
- Ahora no puedo. Sea lo que sea puede esperar a la tarde. Ahora tenemos reunión.
Cuelgo el teléfono y sigo revisando informes. A las 9 estoy sentada en la sala de reuniones con todo el equipo que atiende el caso en el que trabajamos. Después de mucho debatir encontramos la solución perfecta para ganar el caso. Sin duda somos un equipo excelente.
- Muy bien. Vanessa, lee toda la información que hemos encontrado y prepara la defensa. No quiero errores.
- Sí jefa. No se preocupe.
- Bien. A trabajar.
De vuelta en mi oficina recibo una llamada.
- Diga.
- Buenos días señorita Guzmán. Soy Héctor Torres.
- ¿Se puede saber cómo tiene mi número personal?
- Eso carece de importancia. Solo llamé para informarle que a las 12:30 m. tenemos una reunión.
-Yo no he aceptado ninguna reunión con usted - digo contundente.
- Oh, claro que la tiene. Pero seré benévolo y le daré a escoger. Acepte almorzar conmigo o me plantaré en su oficina hasta que me atienda. ¿Qué elige? - su tono no admite réplicas.
- Usted no es nadie para...
-Muy bien le mandaré la ubicación, la espero.
Cuelga el teléfono dejándome con la palabra en la boca. ¿Cómo se atreve?
Una notificación llega a mi celular. Es la ubicación de un restaurante para almorzar.
Parece que voy a tener que ir.
A las 12:30 m. aparco enfrente de un restaurante de comida asiática. No está mal.
Me adentro en el restaurante y me acompañan a un reservado en el que se encuentra un hombre trajeado, de mirada penetrante. Podría parecerme guapo si no me causara tanta irritación. Fijándome bien en su cara me doy cuenta de que es el mismo hombre que estuvo en el ascensor conmigo y Javier anoche, es mi vecino de enfrente.
- Así que usted es el insistente señor Torres. Parece que anoche nos conocimos. Debo admitir que su invitación me ha resultado a la vez sorprendente y absolutamente desagradable. No tolero que me digan lo que debo hacer. No se le ocurra hacerlo de nuevo.
- Siento mucho haberla incomodado, pero mi asistente me notificó que usted ha rechazado todas mis propuestas de reunión así que no me quedó más remedio que llamarla personalmente. Siéntese, tenemos muchos asuntos de que hablar.
Tomo asiento enfrente de él poniendo mi cara más seria y contundente posible, quiero que se de cuenta que conmigo no se juega.
- Ya he pedido la comida. Espero que no te moleste.
No le contesto. Me doy cuenta que lo hace para molestarme.
- La cuestión señorita, es que necesito un abogado. Mejor dicho, quiero que usted sea mi abogada.
- Hay decenas de bufetes en la ciudad. Escoja uno de ellos o si persiste su interés cualquier abogado de mi bufete aceptará su caso. Yo no estoy disponible.
- Oh, vamos - sonríe de medio lado. Yo lo taladro con la mirada - Usted es la mejor, y yo necesito a la mejor. Mi empresa depende de ello.
La comida llega. Todo parece excelente.
- Escuche señor, yo no acepto cualquier caso. Yo solo trabajo en el caso que logre despertar mi interés.
- Créame, le va a interesar.
Su mirada es felina, lujuriosa. Este es otro tonto que piensa que puede seducirme.
Lo miro escéptica.
- Imagino que sepas quién es e incluso conozcas a Fernando Vidal. ¿Verdad?
- Por supuesto. Es amigo de mi padre desde hace mucho tiempo. Es un excelente amigo de mi familia.
- Era - responde serio - Murió hace 3 meses.
La noticia me deja impactada. Hacía algún tiempo que no sabía nada de Nando, pero lo atribuía a sus constantes viajes.
- Yo...no lo sabía.
- Creo que hay muchas cosas que no sabes de él y la conversación será larga. Lo que necesito que entiendas es que necesito que seas mi abogada. Si no lo haces por mí como cliente, hazlo por la memoria de Nando. Por favor ayúdame.
No tiene que decir nada más. La desición ya está tomada.
- Muy bien. Seré tu abogada, pero hablaremos en mi despacho. Quiero todos los detalles.
El sol resplandece en la mañana. El paisaje se ve radiante desde cualquier ángulo. Mamá ya está en la cocina y papá ha ido a trabajar.
Abro la puerta de mi cuarto muy lentamente y saco mi cabeza para inspeccionar. No hay moros en la costa. Camino por el pasillo con las sandalias en la mano para no hacer ruido.
UPS, cuidado. El tío Benjamín está en la sala. No puedo salir por el frente ni por el patio. ¿Qué hago? Piensa...
Oh, cierto. Cuando se cierra una puerta siempre se abre...una ventana.
Atravieso la ventana y caigo en el césped que aún conserva algunas gotas de rocío. Corro, corro libre hacia el lago.
Allá, a lo lejos distingo su silueta recostada contra un árbol.
Arreglo mi cabello y aliso mi vestido. Bien.
Acerco mis manos a su rostro y cubro sus ojos.
- Adivina quien soy
Sonríe
- Una pequeña ardilla escurridiza que se cuela por ventanas.
Me río.
- ¿Cómo lo sabes?
- Dime si hay algo que no conozca de ti - me dice presuntuoso tomando mi barbilla y levantándola.
- Se me ocurren un par de cosas. - digo coqueta.
- Oh no cariño, esas cosas solo las estoy reservando para conocerlas mejor en un futuro próximo, pero compenso la espera con imaginación.
Me ruborizo. Él me repasa con la mirada. Toma mi mano y tira de ella hasta que mi cuerpo se pega completamente al suyo. Acerca su rostro al mío. Me embeleso contemplando sus facciones. Sus labios tan cerca que prácticamente siento su sabor.
Acaricia mi cuello, y sus manos se enredan en mi cabello. Suspira y yo soy puros nervios. Me separo un poco de él. Me mira con ojos ardientes y sonríe.
- Algún día... algún día - dice mientras repasa mis labios con su pulgar.
Me desenredo de su abrazo y tomando su mano camino por el campo.
El sol del mediodía nos abraza la piel. ¡Qué calor! Nos acostamos en la hierba y contemplamos el cielo.
- Mira, esa nube parece una ardilla, como tú - señala.
- Ja, muy gracioso. Y esa de allá parece un elefante, como tú - le digo.
- ¿Un elefante? Pero si yo no soy tan grande ni peso tanto ni tengo la nariz enorme.
- Cierto, pero eres fuerte, protector, inteligente y tienes esa memoria tuya tan insoportable.
- ¿No prefieres que sea tu príncipe? Ellos también son así.
- No, tu eres mi elefante. Mi elefante azul, azul como los príncipes - me río.
Horas después dormitamos uno junto al otro bajo el árbol junto al lago. Despierto con sus brazos en mi cintura.
- Oye, despierta. - lo sacudo. Poco a poco va abriendo sus ojos.
- Eres la visión más bonita en el despertar. Si cada vez que despierte tú estás allí, seré el hombre más feliz de la tierra.
Gira sobre mí tendiendo su cuerpo encima del mío.
- ¿Hasta cuando me vas a tener así? - pregunta susurrando en mi oído. Erizando mi piel.- ¿No ves que me vuelve loco tenerte tan cerca y tan lejos a la vez?
- Aún no. Si me quieres tendrás que esperar.
- Esperaré, esperaré todo lo que quieras, pero no me prives de tus labios, del placer de besarte. Nos casaremos cuando tengamos los 18. Respetaré tu desición, pero dame un respiro. Déjame besarte.
- Solo nos faltan dos años. En dos años podrás tenerme completa - digo tratando de calmar sus ansias y las mías.
- Si me cuesta verte a diario y no devorar tus labios, ¿Cómo pretendes que pueda aguantar otros dos años? Eres mía y yo tuyo, lo sabemos desde niños, desde el primer aliento. ¿ No crees que 16 años es mucho?
Respiro, respiro hondo. Le acaricio las mejillas. Acerco mis labios a los suyos y lo beso. Es apenas un ligero roce, una leve caricia, que lejos de calmarnos nos enciende más.
Me levanto con rapidez, me quito el vestido y me meto en el agua. Él, desde la orilla me observa mordiendo sus labios, calmándose.
Lo miro y con la mano salpico en el agua para mojarlo. Él se quita la camisa y los vaqueros y se mete en el agua tras de mí. Me toma por la cintura y me alza. Yo chillo.
En momentos como estos es cuando me doy cuenta de que la felicidad existe. Estar a su lado, en cualquier circunstancia es el mejor sentimiento del mundo.
- ¿Qué quieres hacer cuando seas adulta?
- Mmh... Viajar por el mundo. Conocer lugares de belleza indescriptible. Ser una gran escritora y escribir muchos libros inspiradores. ¿Y tú?
- Yo me casaré con una chica preciosa que me tiene loco. Tendremos cinco hijos y seré el hombre más afortunado del mundo.
Su respuesta me llena de alegría. Realmente piensa casarse conmigo. Me abrazo mentalmente. Él es mío, todo mío.
- Y esa chica te dirá que sí - aseguro.
- ¿Me dirás que sí? - pregunta esperanzado.
- Te lo prometo.