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¿Tortura o amor del jefe?

¿Tortura o amor del jefe?

Autor: : Miri Baustian
Género: Romance
Emma, una joven heredera, no se conformaba con recibir un depósito mensual en su cuenta bancaria, ella quería demostrar que estaba a la altura de su hermano mayor, para llevar la dirección de la empresa. Era intrépida, inteligente y decidida. Al ser humillada por Marcelo, su hermano y saber que él contaba con el apoyo de sus padres, decidió renunciar al legado familiar, eso la llevó a trabajar para la competencia. Su jefe pronto reparó en ella, que se destacaba por su inteligencia y también por su rebeldía y decidió adoctrinarla, ambos terminaron jugando el peligroso juego del gato y el ratón.

Capítulo 1 Rebelde

Por Emma

Estacioné mi llamativo automóvil en el espacio privado de Textil Norte, un nombre que de por sí no decía mucho, solamente indicaba que quizás estaba ubicada en la parte Norte de la ciudad, sin embargo, Textil Norte era la madre de decenas de empresas textiles.

Tenía bajo su ala a las marcas más icónicas del momento y a muchas marcas clásicas de jeans que a través del tiempo se siguen imponiendo.

Me llamo Emma, tengo 23 años y soy una flamante abogada, sin embargo, eso no era aceptable para mi familia, a mi padre se le había ocurrido que yo tenía que ser diseñadora.

Mi progenitor me obligó a estudiar diseño, porque consideraba que era más apropiado que estudie Diseño de indumentaria que abogacía.

Mi familia era dueño de otro imperio textil.

Sin ser competidores directos de Textil Norte, también estaban posicionados con algunas marcas premium.

No era rivales directos, porque su fuerte era otro tipo de prendas. aunque habían sacado su propia marca de jeans, menos clásicos, más osados y con otro estilo.

Ese había sido mi toque distintivo.

Por supuesto, estudié diseño, como lo decidió mi padre, pero yo me sentía apta para dirigir la empresa familiar, no para diseñar algunas prendas que terminaban siendo etiquetadas como segunda marca, porque no eran lo que se esperaba de nuestra marca principal.

Decidí pelear por lo que consideraba, que era parte de mi herencia.

Mi padre era el director, mi hermano mayor el director adjunto y yo una diseñadora a la que ellos no le permitían ni siquiera diseñar lo que mi mente artística creaba.

Sin que ellos supieran, comencé a estudiar abogacía.

Estaban creídos que podían dominar mi futuro y adoctrinarme para que algún día, tal vez, yo pudiera estar a cargo del departamento de diseño de Textil MyE.

Irónicamente la E, de MyE, es por mi nombre.

Me llaman rebelde.

No lo soy, pero mi padre, anticuado, no cree en las mujeres dirigiendo empresas.

Mi hermano Marcelo, se aprovecha de ese pensamiento absurdo y toma ventaja.

No obstante, Marcelo, mi hermano, se encargó de colocar a Liliana, su esposa, en un lugar estratégico e importante en nuestra empresa, mientras que apoya abiertamente todas las decisiones de nuestro padre.

Mi hermano siempre pretendió hacerme sentir pequeña, ya sea en la empresa o en las reuniones familiares, sin embargo, no lo logró, siempre me defendí.

-Nunca aprendiste a comportarte.

Sentencia cuando le contesto, defendiendo mi punto de vista.

En todas las cenas familiares, parece que dar mi opinión sobre no importa qué, desata el caos.

Él hace un alboroto de todas mis opiniones y si no hablo, critica mis gustos personales, mi manera de vestir o la música que escucho.

Mi padre se deja manejar por él y aunque todos los meses, mi progenitor deposita una cuantiosa suma, mejor dicho, depositaba, con su severa mirada siempre pretendían callarme.

Mostré mi título de diseñadora de indumentaria.

Esa reunión fue épica.

Al día siguiente la escritura de un departamento apareció sobre mi escritorio.

Parecían que todos estaban felices, cuando 6 meses después mostré mi título de abogada, la rebelión familiar era increíble.

No hubo felicitaciones, parecía que había cometido el peor de los delitos.

-No entendés cómo funcionan los niveles en esta familia.

La voz de mi hermano me enfureció.

- ¿Qué tiene que ver? Tengo dos carreras y eso es mucho más de lo que vos hiciste.

-No voy a permitir tu insolencia.

Dijo, como si los 15 años que me llevaba, le dieran derecho a gobernar hasta mis pensamientos y por supuesto, manejar cada una de mis palabras.

-No vas a lograr nada en la empresa, yo me voy a encargar de eso.

- ¿De qué te vas a encargar?

Me planté delante de él.

-Sos la misma de siempre, rebelde y no sabés tu lugar.

- ¿Mi lugar? ¡Tengo dos títulos universitarios! Tu esposa solamente tiene la escuela secundaria y la acomodaste en una gerencia y no tengo nada contra Liliana, solamente marco la diferencia.

- ¿Diferencia?

Mi madre, a esa altura, lloraba en silencio, mi padre me miraba con ojos acusadores.

Realmente pensaban que era yo quién creaba las tempestades.

-Sí, te sentís amenazado por mis títulos, tenés miedo de que marque tu mediocridad.

¡Plaf!

Sonó un cachetazo que me dio vuelta la cara.

Mi madre se tapó la boca con sus manos.

Mi padre, injusto como siempre, sonrió fríamente y sus palabras sonaron como dagas.

-Vos te lo buscaste.

- ¿Me lo busqué? ¿Qué me busqué? ¿Por qué no pueden estar orgullosos de mi título?

¿Por qué no puedo trabajar en dónde me corresponde?

Le digo mientras me limpio con una servilleta una línea de sangre que bajaba desde mi labio.

-Vas a trabajar donde yo diga.

Se impuso mi hermano y sé que no es cuestión de dinero, porque lo que se me deposita mensualmente es una cantidad sustanciosa.

Eso era sobre poder.

-No, ya no.

-Jajaja ¿Qué vas a hacer? ¿Patalear? ¿Llorar? ¿Renunciar?

Esa provocación la tome literal, sin pensar demasiado.

- ¿Sabés qué? Sí, renuncio, sos un hombre violento e inseguro y te vas a arrepentir cuando me necesites.

-Sos vos la que vas a volver arrastrándose.

Siguió diciendo mi hermano, con mucha soberbia.

Me levanté y me dirigí hacia la puerta.

- ¡Emma!

Me llamó mi madre.

-Dejala, ya va a volver.

Le dijo mi padre, mientras que mi cuñada nunca fue capaz de levantar la vista para defenderme, a pesar de que siempre nos habíamos llevado bien.

Mi hermano se sentó nuevamente, con su soberbia intacta.

Eso me lleva a este momento.

¿Qué hago en textil Norte?

No estoy espiando, ni nada por el estilo.

Simplemente, quería demostrarle a mi familia de lo que yo soy capaz.

Sé que les va a molestar más, si me destaco en una textil tan conocida.

Sí, soy rebelde y tal vez un poco vengativa.

Por una amiga, supe que en Textil Norte necesitaban una secretaria para la secretaria del gerente de ventas, indirectamente también era secretaria de ese mismo gerente.

Toda la oficina de ventas corría al son de ese afamado jefe.

Allí no me podían exigir nada, porque nadie esperaba mucho de mí, salvo que hiciera mi trabajo en forma correcta.

No había conflictos de intereses.

Me había tomado el trabajo de mandar un telegrama y renunciar oficialmente a mi puesto en Textil MyE.

- ¿Qué hiciste?

Gritó mi padre al recibir el telegrama.

-Renuncié, pensé que estaba claro.

-Vení inmediatamente.

-No puedo, estoy trabajando.

Le mentí en ese momento, porque aún no había comenzado a trabajar en Textil Norte.

-No vas a contar con tu sueldo.

No era un sueldo lo que me depositaban era una pequeña fortuna y yo, previendo problemas, me adelanté a ese momento, ahorrando e invirtiendo cada peso que caía en mi cuenta.

Ellos siempre me menospreciaron, no saben con quién se metieron.

No veo la hora de ver sus caras cuando se enteren que trabajo en Textil Norte.

La entrevista para quedar elegida entre 3 docenas de aspirantes fue fácil, conozco todos los pormenores sobre la industria textil y al ser abogada y diseñadora de indumentaria, nadie me podía superar.

-¿Por qué alguien con tus títulos no aspira a más?

Preguntó la jefa de personal.

Esa pregunta fue la única que no esperé.

-Soy joven y recién recibida, quiero seguir prendiendo, y al estudiar tanto, no tengo mucha experiencia.

-Sos realmente maravillosa, esperemos que el señor Ricardo Candiles valore tu humildad y no te perdamos por sus impulsos.

- ¿Impulsos'?

-No te asustes, él es un poco intrépido y...

Bajando la voz, siguió hablando.

-No tiene el mejor carácter.

-No hay problema con eso, no creo que tenga peor carácter que mi padre.

Terminamos riendo.

El tema es que yo no sé callarme, por esa razón no sé cuánto tiempo voy a durar en esta empresa.

Espero que lo suficiente como para que mi familia se entere que trabajo acá.

Kika, era la encargada de venta, nuestra jefa y a su vez, era la secretaria directa e inmediata de Pupy, Ricardo Candiles, el gerente de ventas.

En esa área éramos 5 personas, incluyendo a Kika.

Me resultó muy cómico el conjunto de apellidos de mis compañeras.

Verónica Cerezo, Catalina Manzano y Mirta Naranjo.

Yo me presenté con el apellido de mi madre, para todos soy Emma Fonda.

Kika no era la jefa más agradable que existe y tenía muchos errores, pero yo no podía darme el lujo de corregirla.

Pronto me hice amigas de mis compañeras, excluyendo a mi jefa, por supuesto.

A Pupy no la había visto desde que comencé a trabajar, es decir que no lo conozco personalmente.

En realidad, una vez lo vi en un evento, donde el muy descarado estaba acompañado por una famosa modelo, a pesar de estar casado.

Cuento con que no me haya visto, ya que esa noche solamente parecía tener ojos para Grace Obban, una de las modelos del momento.

Tampoco es probable que me relacione con una heredera textil.

En la oficina estamos todas vestidas con el uniforme que Textil Norte nos proveía.

Pollera negra, recta, pero varios centímetros por arriba de las rodillas, camisa blanca, de un corte impecable y una chaqueta, entallada y de una moldería envidiable.

Reconozco que, aunque preferiría llevar mi propia ropa, estas prendas eran sofisticadas y calzaban como un guante.

Capítulo 2 Primer encuentro

Por Emma

Llegué a mi oficina, lo hice como suelo hacerlo, 10 minutos antes de mi horario de entrada.

Prendí mi ordenador y mientras se cargaba, me serví un café.

No me costaba trabajo madrugar, porque estaba acostumbrada a hacerlo, mi carrera de abogacía la cursé por la mañana, para muchos, en la empresa familiar yo no respetaba horarios y trabajaba poco, nadie sabía que cursaba dos carreras.

En mi empresa solía llegar entre las 10 y las 11 de la mañana, pocos sabían que estaba levantada desde las 6 de la mañana y que me había acostado pasadas las 12 de la noche porque diseño la cursaba de noche.

Nadie me decía nada, aunque todos sabían lo mal que me llevaba con mi hermano, yo no dejaba de ser una de las dueñas.

Kika llegó después de las 9 cuando nuestro horario era 8 y 30.

-Rápido, necesito el informe trimestral de ventas en la costa Atlántica.

No entendí por qué tanto apuro, pero el informe estaba listo.

-Hay que llevárselo a Pupy, acaba de llegar de viaje.

- ¿Lo imprimo?

Le pregunté porque no tenía idea de las costumbres de Pupy.

- ¿Qué otra forma hay?

Lo dijo de mala manera.

-Lo podés mandar por correo interno.

Me miró como si hablase en chino.

-Es para Pupy.

Con eso no dijo nada.

-Siempre le llevó los balances en papel.

Aclaró.

Los imprimí.

Yo le había corregido un cuadro, se entendía mucho mejor cuando lo modifiqué.

Kika ni siquiera miró los documentos.

-Los hiciste vos, llevalos vos.

¿Acaso le tiene miedo?

Pensé.

Era gracioso, porque con el personal que estaba por debajo de ella, era una cocorita y sus modales no eran los mejores.

Tomé los papeles y me dirigí a la oficina del gerente de ventas.

Yo lo recordaba perfectamente, no era de los hombres que pasaban desapercibidos.

Era alto, musculoso, con cara de galán de Hollywood, de esos galanes entre rebeldes y engreídos, que esperan que todos se den vuelta a mirarlos.

Calculé su edad mientras caminaba por la mullida alfombra.

Tendría 33 o 34 años.

Sin dudas esa galán le quitaba el aliento a muchas.

Recordé como se "comía" a Grace Obban en esa fiesta, no era un evento institucional, pero tampoco era una discoteca, sin embargo, su comportamiento no era el mejor, posiblemente se debía al estaba de embriaguez.

En esos eventos el alcohol sobraba y el buen juicio faltaba.

Personalmente, yo le hubiese puesto un freno al comportamiento de un gerente en eventos, cenas o lo que fuere correspondiente a eventos laborales, pero él se comporta como si el mundo le perteneciera.

Es verdad, lo vi una sola vez, pero la gente habla...

Di la vuelta al pasillo y parecía que allí se terminaba la empresa.

Con mi identificación como empleada, abrí una puerta.

Caminé unos metros y a mi izquierda estaba la oficina del intrépido gerente de ventas.

La puerta de su oficina estaba abierta, él estaba detrás de un inmenso escritorio, sentado en un sillón que parecía el trono de un rey.

¿Complejo de grandeza?

Frente a él estaba sentado un hombre, no lo reconocí porque estaba de espalda.

Si bien la puerta estaba abierta, me paré en el umbral, a punto de golpear, antes de entrar.

-Me la cogí y le vendí 50.000, jajaja, estaba desesperada.

Los colores subieron por mi rostro.

Tardé el golpear.

No podía creer su... táctica de venta.

La falta de ética de Pupy supera a la de mi hermano.

¡Este infeliz salía con una de las modelos más bellas del país y luego se acostaba con alguien por un negocio!

Lo peor es que lo contaba como si fuera una gran hazaña.

Creo que no pude disimular mi expresión.

- ¿Quién sos? ¿Qué hacés escuchando una conversación privada?

Apenas escuché su voz, golpeé el marco de la puerta, aunque mis golpes no impidieron que escuchara sus palabras.

-Perdón, señor, buenos días, soy Emma Fonda, la nueva secretaria de Kika.

- ¿Por qué estabas escuchando?

-No escuché nada... simplemente vine a traerle este informe.

Él supo que yo escuché, tal vez se tranquilizó cuando le dije quién era, porque me miró de otra manera, desvistiéndome con la mirada.

No me asustaba su voz gritando, ni su mirada penetrante.

No le tenía miedo a esos cucarachos que piensan que son imponentes.

-Dámelos.

Se los entregué en la mano.

-Permiso.

-No te vayas, explícame esto, porque está distinto.

-Yo le hice un pequeño cambio en el gráfico.

- ¿Por qué? ¿Quién te mandó a hacerlo?

¡Es insoportable!

-Simplemente optimicé los datos, mejoré el diseño y nadie me indicó que lo hiciera.

- ¿Sos nueva?

-Sí.

- ¿No es mucho atrevimiento de tu parte?

- ¿Trabajar? ¿Mejorar la interpretación de un documento?

Pupy me miró con una sonrisa congelada en su rostro, posiblemente nadie le haya contestado de esa manera.

-Acercate y explicame esta curva.

Dijo obviando mi contestación.

Me acerqué a su lado y con una voz dulce y educada, se lo expliqué como si él fuera un idiota que no entendía algo simple.

Luego le sonreí, él entendió mi sorna y desde ese momento, supe que me gané un enemigo.

-Sos brillante.

Me contestó con una sonrisa que prometía que mi vida allí iba a ser una tortura.

La chica rebelde que tenía dentro salió sin que la quiera detener.

-Muchas gracias... señor.

Le dije sonriendo sarcásticamente.

Primero se puso serio y luego con media sonrisa asomándose en su rostro, me guiñó un ojo.

-Podés retirarte.

Dijo con una seriedad fingida.

-Permiso, señor.

Le contesté con educación.

Volví a mi oficina, sabiendo que, de ahora en más, tenía que pisar con mucho cuidado, me gané un enemigo, soberbio y engreído.

Estaba en mi departamento, regalo de mi familia al recibirme de Diseñadora, por suerte estaba a mi nombre, porque eran capaces de quitármelo por desafiarlos al estudiar derecho.

Terminé de cenar, sola, mi novio estaba de viaje por negocios, no vivíamos juntos, aunque se quedaba algunas veces a dormir en casa.

Aproveché mi tiempo para diseñar algunos vestidos de suaré.

Me gustaba el diseño y se me daba fácil, pero no era lo que mi ambición personal dictaba.

Me servía haber aprendido diseño, claro, la empresa familiar era una textil y nadie ponía en juicio mis conocimientos, aunque mi propia familia menospreciar mis diseños.

Aunque al hablar con algunos proveedores, siempre terminaban consultándome sobre las telas, las cantidades, los colores, etc., luego el crédito era de mi hermano por haber comprado tan bien y tener una visión perfecta del negocio.

Quisiera saber cómo se las están arreglando sin mí.

Sé que soy capaz de llevar adelante el legado familiar mucho mejor que Marcelo, tal vez por eso él me opacaba todo el tiempo.

Sonó mi celular, era un número desconocido, pensé que quizás era una compañera de oficina que no tenía registrada.

-Hola...

-Hola ¿Emma?

Respondió la voz de un hombre.

-Sí.

-Soy Ramiro, el amigo de Marcelo.

- ¿Sucedió algo?

Le pregunté con voz dudosa, no había vuelto a hablar con mi familia desde el día en que salí de la casa familiar.

-No, nada, todo está bien...

Me quedé en silencio, esperando que Ramiro siga hablando.

-Te llamaba para invitarte a tomar un café.

Eso me sorprendió.

Luego recordé los ojos penetrantes de Ramiro, que encontré muchas veces, buscando los míos.

Nunca dijo nada.

Estaba claro que nunca se me acercó, porque yo era la hermana pequeña de su amigo.

¿Tuvieron algún problema?

¿Es una trampa?

- ¿Un café'

Pregunté para que no parezca que estoy haciendo conjeturas.

-Te puede parecer extraño, pero... de verdad hace rato que estoy pensando en charlar a solas con vos.

¿La va de conquistador?

Ramiro era un empresario conocido, pero no estaba ligado al sector textil.

Creo que mi hermano lo conoció en la facultad, yo lo conozco desde siempre, hasta recuerdo haber ido a su boda y haber oído sobre su separación.

Nunca se rio de las bromas pesadas o las palabras hirientes que mi hermano me hacía en cada reunión.

Quizás porque era más maduro que mi imbécil hermano.

-No estaría mal, las charlas entre amigos siempre son bienvenidas.

Sonreí por mis palabras.

Hubo un pequeño silencio.

Estaría pensando en la palabra amigos.

Yo sonreí a través del teléfono.

Acepté la invitación, quedamos en encontrarnos al día siguiente en una exclusiva confitería.

Me iba a divertir un rato o al menos enterarme de algún chisme de mi familia, aunque estaba preparada para que Ramiro me invadiera de preguntas para después ir corriendo hasta la puerta de mi hermano y contarle todo.

Entré a la confitería y desde un rincón lejano a muchos ojos imprudentes, estaba Ramiro, quien, muy caballero, se levantó al verme.

-Hola Emma, te ves hermosa.

-Gracias.

Yo lo estudiaba a él y creo que era recíproco.

-Me alegra que hayas aceptado mi invitación.

-Me sorprendió, eso no te lo puedo negar.

- ¿Por qué te sorprendió?

-Porque sos amigo de mi hermano y creo que te conozco desde que nací.

-Casi.

Dice riendo.

-Me hacés sentir viejo.

-Eso corre por tu cuenta.

- ¿Sigo en carrera?

-Depende... ¿En qué categoría corres?

Se acercó a mí y muy cerquita de mi oído, dijo.

-Formula 1.

Yo no me aparté, tampoco tomaba en serio esta repentina seducción.

Le sonreí abiertamente.

-Contame de tu vida...

Jajaja.

¿Esto es para su amigo?

-Todo normal.

Le contesto con evasivas, mientras le agradezco al camarero que nos está sirviendo.

- ¿Normal significa que tenés novio o que estás sin pareja?

Le sonreí, al menos no hablé de mi familia.

-Con novio.

- ¿Vivís con él?

-No.

- ¿Sabe que estás acá?

-No es mi carcelero,

-No lo sabe.

Dijo con una sonrisa se victoria.

-Está de viaje, por negocios.

-Mmm, esos viajes...

-Seguramente hablás por tu experiencia.

-Son experiencias generales.

-Depende.

- ¿Confias plenamente en tu novio?

-No, pero no soy celosa.

-Yo tampoco soy celoso.

Le sonreí, ¿Realmente piensa que me puede seducir?

-Hace mucho que tenía intenciones de conocerte mejor, pero tu hermano...

- ¿No sigo teniendo un hermano?

-Quizás, pero ustedes están distanciados.

-Igual que siempre.

-Antes se veían.

-Pero no éramos cercanos.

-Él no sabe que te llamé, simplemente me comentó que tuvieron unos inconvenientes y...

- ¿Él llama inconveniente a darme una bofetada a mis 23 años? Tuvo suerte de que no lo demandé.

- ¿Serías capaz?

- ¿Por qué no?

-Es tu hermano.

-Sí, es mi hermano, el que siempre me menospreció, estoy segura de que no me permitió participar en la dirección de MyE por miedo de que lo opacara, en el fondo es inseguro.

-Vos sos muy segura, impetuosa...

-Sí, es verdad, soy... indoblegable.

-Me gustaría... doblegarte... en otro lugar.

Jajaja.

Quiso tomarme por sorpresa.

-Eso lo veo difícil...

-Me gustás mucho...

Dijo de repente y un segundo después, su boca se había apoderado de la mía.

No lo esperé, al menos no en ese momento.

Tampoco le respondí, aunque tampoco le hice un escándalo, ni siquiera un comentario.

Seguimos hablando un rato más y luego, con la excusa de madrugar, nos dirigímos a la salida.

Fue cuando lo vi a Pupy, mi jefe, él estaba acompañado por una modelo, que no era la del evento, y era un poco menos conocida.

Pretendí disimular y evitar el saludo, se saludó con un ademán y de pasada con Ramiro.

Nuestras miradas terminaron por cruzarse, yo solo le sonreí.

Capítulo 3 Dos carreras

Por Emma

Ramiro me acompañó hasta mi auto, que se encontraba en el estacionamiento de la confitería.

Desde la mesa en donde se hallaba mi jefe, detrás de una especie de jardín de invierno, lleno de plantas y luces, estaba dicho estacionamiento y mi auto estaba en su mira.

Ramiro me acompañó hasta mi llamativo vehículo.

- ¿Lo conocés?

- ¿A quién?

Sabía que se refería a mi jefe.

-A Pupy.

-Sí, es conocido.

-Te desnudó con la mirada.

Me reí y recordé aquel guiño y su mirada penetrante.

-No lo creo, estaba acompañado de una bella modelo.

-Vos sos realmente hermosa, sos irresistible... quiero verte...

Dijo mientras me volvía a besar y esta vez, su beso fue realmente apasionado.

La tentación fue muy fuerte y se lo devolví.

Ramiro es un hombre seductor, sabe lo que hace y o que quiere.

¿Pero qué quiere?

¿Sexo?

No lo creo.

Es una respuesta muy simple.

Lo voy a averiguar.

-Estamos hablando.

Le dije antes de subir, con cierta indiferencia, a mi auto.

Miré, desde el interior de mi Mercedes observé como estaba mirando mi auto y posiblemente había sido testigo del profundo beso.

Era divertido ver su asombro.

El teléfono sonó, al ver la pantalla era Ramiro.

-Hola...

Nos habíamos visto hacía un rato.

-Quería saber si habías llegado bien.

-Sí, gracias.

Le dije un tanto asombrada, estaba acostumbrada a ir y venir sola, por eso me llamó la atención su preocupación y debo reconocer que parecía genuina.

Ni siquiera Martín, mi novio, me llamaba cuando cenábamos juntos y cada uno iba a su departamento.

Yo soy independiente y eso no me molestaba.

Luego pensé que, al principio de nuestra relación, que ya llevaba dos años, sí, me llamaba y hablábamos a cada rato.

Supongo que eso sucede siempre, en todas las relaciones.

Tampoco extrañaba esos llamados.

Soy independiente y como dice mi padre, rebelde.

Luego de charlar 5 minutos y sin quedar en nada concreto, nos despedimos.

Estaba en mi oficina, era casi la hora de salida., cuando Verónica, mi compañera de oficina, al ponerse su abrigo, mira distraídamente por el ventanal de nuestra oficina, ese inmenso ventanal polarizado, sin embargo, nosotras veíamos con una claridad absoluta para el exterior.

-Guauuuu, que pedazo de papurri que veo y no sé qué me gusta más, si él morocho imponente o su BMW rojo.

Yo pegué un salto en la silla y me levanté presurosamente.

- ¡Es mi novio!

Dije al acercarme al ventanal.

- ¿Tu novio?

Preguntó Verónica, mientras que mientras que Mirta y Catalina se asomaban, pegándose al frío vidrio.

- ¡Que flor de... auto!

Mirta se reía mientras decía esas palabras.

Yo sonreí.

-Seguramente me quiso dar una sorpresa, porque acaba de llegar de viaje.

-Mmmm, me parece que alguien no duerme esta noche.

Dijo Catalina, pasando su lengua por alrededor de su boca.

Nos reímos todas.

Tomé mi abrigo y mi cartera y cuando giré hacía la salida, veo a Pupy recostado en el marco de la puerta.

-Señorita... Emma, su día no ha terminado, tenemos una reunión de último momento.

-Señor yo...

-Usted hizo una modificación en el gráfico convencional de la empresa, solicito su presencia inmediatamente.

Las chicas me miraron, nadie le decía que no a Pupy, por otro lado, se dieron cuenta de que mi novio no era un mortal común.

Con su aspecto y su auto, destacaba sin buscarlo.

- ¿Por un simple gráfico?

Mi pregunta fue casi retórica, pero la dije en voz baja, aunque sabía que mi jefe la había escuchado perfectamente.

-Por supuesto, señor.

Dije en voz alta con una sonrisa que estoy segura, le molestaba.

-Un segundo, por favor.

-Vero, le podrás decir al papurri del BMW rojo, que estoy en una importante reunión con el señor Candiles, que lo llamo más tarde, para cenar.

-Sí, lo quiero ver de cerca.

Yo me reí y luego miré a Pupy, pensando que esto lo estaba haciendo a propósito, solamente porque escuchó nuestra conversación y quería molestarme.

-A sus órdenes, señor...

Él, sin hablar, me indicó con un gesto que lo siguiera.

Tomé la Tablet de la empresa y también mi celular, luego caminé detrás de él.

Al ingresar a su oficina, me di cuenta de que la reunión era solamente entre él y yo.

Definitivamente me estaba molestando.

Sobre su escritorio había 4 celulares, dos pertenecían a la empresa y dos eran personales.

Me senté frente a él, con el escritorio de por medio.

Yo no veía que tenía abierto en su computadora, pero veo que el teclea algo y mira la imagen con una sonrisa despectiva.

Luego me miró, pero no pude descifrar su mirada.

-Explíqueme como es que decidió cambiar la forma de leer los gráficos.

¿Sigue con eso?

¿Es una excusa?

-Es un dibujo lineal ornamental, que se enfoca en el análisis visual y la interpretación de imágenes.

- ¿Eso lo usaba en su trabajo anterior?

¡Mierda! Es hora de decirle que no tengo experiencia laboral.

-No, lo vi en la facultad.

- ¿En qué carrera?

¿Él no era abogado?

Podría ser ingeniero o tal vez contador o economista...

-Abogacía.

- ¿Te recibiste?

-Por supuesto.

- ¿En una universidad pública?

Preguntó desdeñoso.

Aunque creo que sabe que asistí a una universidad privada, la noche anterior vio mi auto y sabe la marca de auto que conduce mi novio.

-No, señor, estudié en dos universidades privadas.

¿Quiere jactarse de algo? ¿Despreciarme? ¿Manejarme?

- ¿En dos?

Lo pillé por sorpresa.

-Soy abogada y diseñadora de indumentaria.

Lo sorprendí.

- ¿Y qué hace en el sector de ventas?

¿Molestar a mi familia cuando se enteren?

No se lo puedo decir.

Sin embargo...

-Necesitaba trabajar.

- ¿Está segura de que necesita trabajar?

-Por supuesto, le contesté con la cara más inocente que pude lograr.

-De todos modos...

Comenzó a decir.

-Disculpeme, lo que sucede es que los gráficos en papel son obsoletos, en cambio, si los ve en una computadora, puede separar todo por celdas, desplegar las distintas opciones y entender mejor la ejecución de ese programa.

-Ilumíneme.

-Permiso.

Le di parándome e inclinándome hacia él para mostrarle los gráficos en la Tablet.

Mis dedos se movían con seguridad.

Él sabía, seguramente, manejar ese programa.

-Directamente lo podría ver en línea, eso hasta le ahorraría tiempo.

- ¿Usted me dice como tengo que administrar mi tiempo?

No pude evitar rodarte mis ojos.

Este hombre es insoportable y si yo misma no lo hubiese visto con dos modelos que ambas son una belleza, no dudaría en decirle que le hace falta tener sexo, para que lo relaje.

-No, señor... simplemente le informo como optimizar el tiempo... es lo que hace una buena secretaria.

Mi rostro era impasible y estaba claro que ignoraba deliberadamente la furia de su mirada.

En ese instante, sonó uno de los teléfonos y él rechazó la llamada, luego sonó el otro e hizo lo mismo, al sonar el tercero, me indicó que contestara.

-Decí que es mi oficina, pero...

Antes que, siquiera hablando, atendí.

-Oficina de ventas de Textil Norte.

- ¿Está Pupy? ¿Quién habla?

Una voz de mujer, muy altiva, me pedía explicaciones.

-Soy la nueva secretaria, mi nombre es Emma Fonda.

-Soy Nicolle Frazer, la esposa de Pupy.

-Un gusto señora Candiles.

Pupy comenzó a hacerme señas, para que no lo comunique con su esposa.

Yo, distraídamente, miré hacia otro lado y pude ignorar sus gestos.

-Cómo no, ya la comunico, un gusto escucharla.

-Es su esposa, señor.

Le dije extendiendo el celular.

Lo tomó a regañadientes.

- ¿Qué querés?

No sé qué le contestó esa mujer.

-Estoy en una importante razón.

Luego de un segundo le contestó.

-No digas estupideces.

Cortó, dejando el celular sobre el escritorio.

-Le hice señas para que no me pasara con ella.

Abrí mis ojos con un aire cándido.

-Perdón... no lo vi... de todos modos era su esposa.

Creo que ahora sí, tiene ganas de matarme.

-Yo decido a quien atender.

-Perdón...

-Entre vos y Nicolle, me amargaron el día.

-Perdón, pero no le encuentro lógica a sus palabras.

- ¿Siempre contestás?

-Cuando considero que...

- ¿Tenés que tener la última palabra?

- ¡No me contestes!

Dijo inmediatamente.

-Servime un whisky y andate.

Le estaba por decir que era perjudicial para su salud si bebía con el estómago vacío, pero él había perdido la calma y yo quería conservar el empleo, aunque el sueldo apenas me alcanzaba para cubrir los gastos de mi precioso auto.

Por suerte tengo ahorros y el fideicomiso que me dejó mi abuela.

Todo está invertido y con las ganancias de esas inversiones, me sobraba para mantenerme y seguir invirtiendo.

-Buenas tarde, señor.

Le dije luego de dejar el vaso sobre su escritorio.

Miré la hora en el celular y vi 4 mensajes de mi novio.

Antes de llegar a la segunda puerta de vidrio de la oficina de mi jefe, lo llamé.

-Hola cielo, perdón, se me hizo tarde, ya sabés...

-Hola, no entiendo que hacés trabajando en Textil Norte.

-Necesito trabajar.

-No lo necesitás.

-No estoy hablando por el tema económico.

-No entiendo tu punto.

-Hasta hace poco estudiaba dos carreras y trabajaba ¿Voy a quedarme con los brazos cruzados?

-Tenés tu propia empresa.

-No tengo una mierda, en todo caso esa empresa es de mi padre y de mi hermano.

-Podés volver.

-No voy a volver.

-Esa empresa también te pertenece.

-Es evidente que no, no me permiten estar en la junta directiva, ni tomar decisiones.

-Eso es un falso orgullo.

-No.

-Te depositaban una suma considerable.

-No se trata de dinero.

Me detuve en el pasillo, luego de pasar la segunda puerta de vidrio.

No estaba gritando, eso no lo solía hacer, pero tampoco susurraba.

-Tampoco se trata de falso orgullo, en todo caso, es amor propio, ellos no van a dominarme.

-Estás alterada.

-No estoy alterada.

-Necesitás entender que en Textil MyE, jamás te impondrían quedarte hasta tarde y ahora...

-No te puedo negar eso, ahora tengo que volver a la reunión, posiblemente salga tarde, nos vemos mañana.

Corté la llamada.

- ¿Problemas con tu novio?

La voz de Pupy me sobresaltó.

-Nada importante.

Entonces tomo mi brazo y quedamos frente a frente.

- ¿Querías seguir con la reunión?

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