"¡Pum!".
Ante ella cayó pesadamente un acuerdo de divorcio, ya firmado. ¡Qué irónico! Esa debía ser en realidad su noche de bodas.
Por un momento, Charley Su mostró una expresión que parecía que había sido picada por un feroz aguijón. No obstante, tras un breve suspiro retomó su compostura y volvió a concentrarse en retirarse el maquillaje con una esponja cosmética.
Ya se había quitado su glamoroso vestido de novia y ahora llevaba un sencillo camisón de encaje de seda. El tatuaje de mariposa que cubría su clavícula se veía tan delicado y tan real como una de verdad que, posada en una hermosa flor, estaba a punto de gozar de un dulce festín de néctar. Sus alas elegantemente extendidas generaban la ilusión de que iba a alzar vuelo en cualquier momento. La belleza de su brillante piel no desapareció ni siquiera una vez desmaquillada. No se podría saber a ciencia cierta si esa hermosura se atribuía a su juventud o al hecho de que se cuidaba mucho. Cuando por fin se detuvo y alzó la vista, sus grandes ojos se encontraron con la sombría mirada de Trevor Dongfang.
Observó más de cerca a su supuesto marido, a quien acababa de conocer por primera vez en el día de su boda.
Era un hombre bastante imponente. Llevaba el cabello meticulosamente peinado hacia atrás. Medía al menos 1, 8 metros, y el costoso traje negro que vestía revelaba su figura a la perfección. Su rostro helado no daba indicios de la más leve sonrisa y, aunque había estado bebiendo con muchos de los invitados de la boda, sus ojos seguían sagaces y atentos. Por su ceño fruncido, ella se percató de que no estaba de buen humor.
¿Realmente se había casado con ese hombre? Sus pensamientos daban vueltas rápidamente mientras trataba de entender qué acababa de hacer. Por un momento, en sus mejillas rosadas se dibujó un esbozo de sonrisa, el cual se esfumó inmediatamente. Le divertía un poco la idea de tener que firmar documentos de divorcio en su noche de bodas. Sintió un nudo en la garganta cuando esa diversión dio paso a la confusión, y tragó saliva para deshacerse de ese sentimiento.
El hombre pareció haber leído su expresión, porque se sentó a su lado y con dulzura apoyó una mano sobre sus tibias palmas. Ahora que estaba tan cerca de él, la chica pudo percibir el hedor a alcohol que rezumaba débilmente de su cuerpo.
"Oye, sé que las cosas no están siendo nada fáciles para ti", dijo el hombre tratando de deshacerse de la expresión educada y distante que había sostenido durante todo el día. Ahora, sus palabras sonaban honestas e inocentes. "No tengas miedo. No permitiré que sufras. Primero, firma el acuerdo".
Ella no se inmutó, así que él continuó: "De ahora en adelante, puedes pedirme lo que quieras que haga por ti. Te complaceré todo".
Sin previo aviso, se acercó cautelosamente a su oído y dejó escapar un cálido suspiro que la hizo producir un leve gemido. Al percibir la mariposa en su clavícula, su mirada se volvió borrosa, pero inmediatamente se contuvo y recuperó la sobriedad.
Charley no pudo resistirse al intenso aroma de su colonia y su rostro sonrojado la delató. De inmediato tragó saliva para humedecer su garganta seca. Como si estuviera en un trance, inclinó la cabeza y tomó el bolígrafo.
Él sin duda había jugado bien sus cartas al mostrarse considerado, y ahora ella no podía rechazarlo.
Quizás, nunca había pensado realmente en negarse.
Sinceramente, nunca había tenido interés en este hombre. ¿Cómo podría haberlo tenido si no lo había conocido hasta el día en el que se casaron? Además, cuando por fin lo vio en la boda, sintió aún menos interés por él. Trevor no era un hombre común. Gozaba de una apariencia y experiencia extremadamente influyente, por eso ella no se creía capaz de hacer que un hombre de una familia así cumpliera su voluntad.
Trevor alzó las cejas al verla firmar el papel sin oponer resistencia alguna; quedó sorprendido por su determinación. En sus labios se dibujó una sonrisa juguetona, mientras la observaba y se preguntaba cómo podía tener un rostro tan pacífico.
"Ahora que ya he firmado, ¿puedes decirme por qué querías que lo hiciera? En plan, ¿no podías esperar ni a que pasara nuestra noche de bodas?". Charley guardó el bolígrafo y volvió la mirada hacia él, mirándolo directamente a los ojos, ansiosa por comprender la razón detrás de sus acciones.
"Ya tengo una mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida".
Su respuesta fue directa. Sin más, había dejado claro que ella no era la mujer que tenía su atención.
El corazón de Charley dio un suspiro. Después de todo, ¿qué podía esperar? Apenas lo conocía. La farsa había sido simplemente un episodio trivial en su vida y pronto habría pasado. El hombre que tenía frente a ella era mucho más despiadado de lo que había podido imaginar, y ella apenas tenía algo para decir sobre el asunto.
Con el acuerdo firmado, Trevor se puso de pie con gran satisfacción, mientras que Charley permaneció sentada en el sofá con la cabeza agachada. Solemnemente, le dijo: "Escucha, todavía estamos casados para todos los demás, si eso es lo que te preocupa. Trata de no pensar demasiado en el papel que acabas de firmar. Aún no se enviará a la corte y te avisaré con anticipación cuando todo esté listo".
Su tono era inexpresivo cuando declaró que el único vínculo entre ellos era una broma. Ahora ella era solo una mujer a la espera del día en que la verdad fuera revelada.
Su matrimonio estuvo condenado a la nulidad desde el principio, y no podía hacer nada más aparte de aceptar su destino.
De pronto, Charley se sintió engañada y la ira se apoderó de ella. ¿Cómo podía ser que el matrimonio hubiera sido solo una broma para él? Además, ¿cómo había podido decidirlo todo sin siquiera consultarlo con ella antes? ¡Al fin y al cabo, ella no era una de esas mujeres desesperadas por casarse con él!
Por supuesto, no se atrevió a dar muestras de su agravio. Todavía quería seguir viviendo en HY City y no podía permitirse quedar en malos términos con Trevor. Sabía que la realidad era dura y que debía ser cautelosa al tratar con él.
Todo el mundo sabía que el hombre era una leyenda en HY City: provenía de una familia famosa por su riqueza y poder. Su padre y sus tíos ocupaban los principales puestos del gobierno; hasta su abuelo había sido director general de una fábrica estatal. Sin embargo, entre todos esos éxitos, el mismo Trevor era un misterio. Incluso hasta ese momento, nadie sabía con exactitud a qué se dedicaba.
Charley todavía no podía creer que hubiera aceptado casarse con un hombre así.
Todo había sucedido de la noche a la mañana, como un ridículo mal sueño. Hacía aproximadamente una semana, había recibido una oferta de la Universidad A con la impactante condición de que aceptara casarse con Trevor en tres días.
La matrícula era muy alta, pero le dijeron que si estaba de acuerdo con el matrimonio, todo quedaría saldado. Además, Trevor había enviado a varios elocuentes a que la persuadieran, hasta que accedió a firmar el acuerdo.
Su ingenuidad era tan crónica que ni siquiera se había detenido a reflexionar en cómo esa acción podría afectarla en el futuro.
En un principio, ella sabía que debía retirarse de la universidad aunque la aceptaran. No obstante, Trevor envió a alguien para que la explicara que, si se casaba con él, podría seguir asistiendo a la universidad y sin pagar ni un centavo. Lo único que tenía que hacer era ser su esposa nominal.
En aquel momento, ella no sabía qué era una esposa nominal, pero ahora se había dado cuenta de que su matrimonio solo existía en los papeles.
Después de discutir algunos temas más, Trevor tomó el acuerdo de divorcio y se marchó. Charley lo observó irse con los labios apretados en una delgada línea. Ella, quien ni siquiera había tenido la oportunidad de ver su acta de matrimonio, ya había tenido que firmar un acuerdo de divorcio; era todo tan ridículo.
La joven lo escuchó cerrar la puerta y luego oyó el arranque de su auto en el garaje de la villa.
Entonces caviló por un momento, buscó su teléfono y llamó a su abuela.
"Hola, abuela", dijo alegremente en el auricular, tratando de sonar relajada y despreocupada.
"Abuela, estoy muy feliz.
Sí, él está bien, ahora está en la ducha y no puede atender al teléfono. No te preocupes por mí. Todos aquí son muy amables. Por supuesto que estoy bien. Iré de visita con él pronto".
Sin importar lo mal que estuvieran las cosas, tenía que decirle a su abuela que todo estaba perfecto. Necesitaba mantener las apariencias porque no quería que ella se preocupara; ya era demasiado mayor.
Desde la muerte de su padre, ella había estado viviendo con su abuela. Todos los demás familiares les habían hecho la vista gorda, excepto su tía, quien había estado haciendo todo lo posible para mantenerlas. Sin embargo, aun así, no podía pagar la costosa matrícula universitaria de Charley. Y aunque había vendido su matrimonio por su sueño, todavía tenía grandes esperanzas de conocer algún día a su verdadero amor.
Ese matrimonio era un trato, por eso era imposible que ella se enamorara de Trevor en una situación así. Ella solo había tenido la cortesía de cooperar con él en público.
Después de colgar el teléfono, se dispuso a recorrer la villa. Esta tenía dos pisos y la decoración era exquisita. La planta baja estaba ocupada por una magnífica sala de estar, una gran cocina moderna y un amplio baño. Tras subir por la escalera de caracol, descubrió un acogedor dormitorio principal y un estudio con paneles de madera en el ambiente contiguo.
También se encontró con una docena de llaves sobre la mesa; era evidente que Trevor era un hombre rico.
Le habían llegado rumores de que estaba muy ocupado y que apenas iba a la villa. Mientras sostenía el manojo de llaves, sintió un gran alivio. Eligió ver el lado positivo de las cosas. Si era cierto que él no estaba a menudo en la mansión, entonces no tendría que soportar su presencia todo el día, y así podría disfrutar de todo el tiempo para ella misma.
Charley aún estaba profundamente dormida cuando recibió una llamada de su mejor amiga, Gemma Lin. Aturdida, contestó al teléfono, pero la voz fuerte y alegre al otro lado de la línea la despertó al instante. Esta se frotó los ojos mientras la escuchaba. "Oye, Sra. Dongfang, ¿a qué esperas? Ve a cambiarte y sal, rápido. Hoy vas a acompañarme a ir de compras".
Gemma había estado llamando a Charley "Sra. Dongfang" desde que supo que se iba a casar con Trevor, lo cual la molestaba un poco a esta última, pero no había forma de detenerla.
De su matrimonio solo estaban al tanto su tía, su abuela, y Gemma, la única amiga que lo sabía. Habían sido mejores amigas durante siete años, de modo que eran tan cercanas que no tenían secretos entre ellas, y tampoco quería ocultarle nada.
En realidad, cuando Gemma se enteró de que Charley se iba a casar con Trevor, se sorprendió mucho. Acababan de graduarse, por lo que nunca se le ocurrió que contraería matrimonio tan pronto.
Al colgar, Charley miró a su alrededor. Hasta ese momento parecía que la realidad aún no había calado en ella. Poco a poco, algunos recuerdos llegaron a su mente. ¿Realmente estaba casada? Era una chica joven, llena de sueños, y desde luego que uno de ellos había sido su boda ideal. Para ella, una boda debía organizarse para un hombre y una mujer que se amaran profundamente, y así fantaseaba ella. Charley sacudió lentamente la cabeza y pensó: '¿Cómo acepté casarme con ese hombre?'.
Hace dos días, se celebró una boda privada en la iglesia más grande de HY City.
"Trevor, ¿aceptas a Charley como tu legítima esposa, para amarla y respetarla, desde hoy en adelante, para el bien o para el mal, en la riqueza o la pobreza, en la enfermedad...?".
"Acepto", interrumpió Trevor con indiferencia. Parecía que el extenso guion ceremonial lo había impacientado.
Avergonzado, el sacerdote se giró rápidamente hacia Charley y le hizo la misma pregunta. En ese momento estaba muy nerviosa, no solo porque su vestido de novia era demasiado costoso, sino también porque el hombre a su lado le transmitía mucha presión.
Había oído que su vestido era una obra maestra de un diseñador de renombre mundial que confeccionaba ropa para la realeza en Reino Unido. Por lo tanto, no era de extrañar que estuviera hecho perfectamente a su medida. Es más, el delicado bordado definitivamente le había tomado incontables horas de trabajo al diseñador. En conjunto, el vestido lucía noble y elegante, sin ser para nada vulgar.
Charley no pudo dormir mucho la noche antes de su boda, puesto que le tomó alrededor de cinco horas peinarse y maquillarse.
Su largo y brillante cabello negro estaba adornado con una redecilla amplia en forma de cortina, decorada con elegantes perlas, que sujetaba su sedosa melena con gracia y se extendía hasta la cintura.
Se veía tan deslumbrante que dejó a todos sin aliento al caminar por el pasillo. Incluso Trevor, quien solía ser serio, mostró un innegable atisbo de apreciación en su rostro al verla.
¿Quién hubiera pensado que ella no provenía de una familia noble? No se veía humilde ni hogareña en absoluto; al lado de Trevor se mostraba tan fabulosa como él.
Era la primera vez que lo veía, y efectivamente lucía exacto a tal y como ella lo había imaginado. Era atractivo, pero siempre mantenía una mirada indiferente en su rostro y una sonrisa distante.
Después de la ceremonia, muchas personas se acercaron a Charley para felicitarla, no obstante, pudo sentir la hostilidad de algunas mujeres de la clase alta vestidas con ropa elegante y cara; parecían estar celosas. Sus ojos se llenaban de admiración al mirar a Trevor, quien estaba charlando con sus amigos en la multitud. Sin embargo, al verla a ella, deliberadamente fruncían los labios y giraban la cabeza de inmediato. Debían odiarla de verdad por haberles arrebatado a Trevor, ya que después de todo, todas pensaban que podían tener la oportunidad de casarse con él antes de que ella apareciera. En su interior no pudo evitar burlarse de sí misma. Sí, se había casado con Trevor, pero nunca podría considerarse afortunada. En cambio, preveía un sinfín de problemas en su camino.
"Es solo una boda, Gemma". Eso era lo que Charley siempre le decía a su amiga. El evento no tenía ningún valor para ella.
Tenía sus propias razones para casarse con Trevor siendo tan joven. Él era capaz de aliviar la presión de su abuela, permitiéndole vivir jubilada, tranquila y acomodada.
"¡Charley! ¡Oh, Dios mío! ¡Por fin! ¡Te extrañé tanto!".
La joven escuchó la fuerte voz de Gemma antes de verla. Solo pudo suspirar con impotencia. No podía hacer nada para cambiar la forma en que su amiga se expresaba.
Sin embargo, de verdad admiraba su habilidad como detective; Gemma había averiguado en dónde vivía y fue directamente a recogerla a su puerta.
Allí estaba su amiga, en el BMW X5 de su padre, emocionada y alegre. Por supuesto que estaba encantada de ver a Charley. Esta sacó la cabeza por la ventana y puso los ojos en blanco. "Hola, Sra. Dongfang. Parece que tu gusto por la moda no ha cambiado a pesar de que ya estás oficialmente casada. Quiero decir, solo mírate". Luego observó la villa enfrente suya y chasqueó la lengua. "¡Vaya! Tu esposo es realmente rico. Soy muy afortunada de ser tu mejor amiga".
Charley se rio ante dicho comentario, dado que a su amiga nunca le faltaba dinero.
Su familia también era adinerada, aunque a la vez bastante complicada. Su padre era un lúdico empresario que se dedicaba al negocio inmobiliario, además de un mujeriego empedernido. Aparte de su madrastra, tenía muchas amantes más. Gemma las llamaba zorras codiciosas porque sabía que solo estaban tras el dinero de su padre. Es más, muchas mujeres hacían fila para ser su amante.
Hoy, Charley eligió usar un vestido largo que ya se había puesto el año pasado. En realidad, su guardarropa estaba lleno de prendas costosas de moda que Trevor le había comprado, pero ella no quería usarlas; prefería ponerse lo que ella misma había traído. Además, no quería cambiar su aspecto frente a su mejor amiga.
A diferencia de Charley, Gemma lucía bastante madura y sexy. Tenía la piel del color de la miel, el cabello castaño ondulado y una figura curvilínea.
Charley se observó por el espejo retrovisor. Llevaba su largo cabello negro casualmente suelto sobre la espalda. Sus cejas delgadas y ojos grandes se veían bastante sencillos porque no llevaba maquillaje. Su piel obviamente era clara y suave, sin embargo, no se veía elegante en absoluto, y el sencillo vestido de algodón que llevaba la hacía lucir aún más ordinaria. Pensando en lo glamurosa que se veía en su boda y viéndose ahora, no pudo evitar suspirar. "Efectivamente, un vestido de marca le favorece a cualquiera".
Gemma había visitado a Charley tan temprano por la mañana solo por un motivo: ir a comprar más prendas hermosas. Condujo de manera constante y rápida, y en diez minutos llegaron al centro comercial no muy lejos del centro de la ciudad.
"Oye, Sra. Dongfang. ¿Qué tal si tomamos un café? Quiero decir... con Trevor. ¿Qué te parece?", propuso Gemma, mientras miraba los vestidos en el perchero y le guiñaba un ojo juguetonamente.
Charley no sabía qué responder ante tan abrupta invitación. Su amiga parecía estar más interesada en Trevor de lo que imaginaba. De hecho, siguió hablando de él mientras chequeaban todas las tiendas dentro del centro comercial.
"¿Por qué quieres conocerlo? Ni siquiera yo lo conozco bien". Al escucharse a sí misma decirlo, Charley se percató de que sonaba raro, pero era la verdad. ¿Quién hubiera pensado que se casarían sin siquiera conocerse? Es más, ni siquiera durmieron juntos en su noche de bodas.
No obstante, esto no se lo dijo a Gemma pues la conocía demasiado bien. Era difícil garantizar que no se le fueran a ocurrir ideas extrañas.
"Porque es tu esposo y yo soy tu mejor amiga. Deberíamos ser amigos también. Además, ya sabes que soy buena leyendo expresiones, una vez que lo vea, sabré si se divorciarán en el futuro". Parecía que Gemma no se detendría hasta que Charley estuviera de acuerdo; realmente debía sentir mucha curiosidad por Trevor.
'No es necesario que lea su expresión, pues nos vamos a divorciar de verdad', pensó Charley con amargura. Negó con la cabeza, impotente. Por mucho que Gemma intentara persuadirla, se rehusaría completamente. "Continúa con tus compras, saldré a respirar un poco de aire fresco".
Una vez fuera de la tienda de ropa, se abanicó con la mano intentando refrescarse. Al girarse, una figura le llamó la atención.
¿Cómo es que él estaba aquí? Entonces, se dio cuenta de que estaba en un centro comercial de lujo, el tipo de lugar que él podría frecuentar.
Con su figura alta y esbelta y su rostro definido, tenía un aura excepcional. Sus labios se curvaron en una sonrisa, pero sus ojos transmitían total frialdad. Solo cuando miraba a la mujer que estaba a su lado, esa indiferencia disminuía un poco. Ella se veía tan dulce: era alta y esbelta y tenía un hermoso cabello largo y negro. Charley se sorprendió tanto al verlos que olvidó que debía evitarlos.
"Charley, ¿no vas a comprar ninguna prenda?", le preguntó Gemma apenas salió de la tienda con algunas bolsas de compra en las manos, las cuales contenían los vestidos que le gustaban. Creyendo que su amiga no la había escuchado, le dio una suave palmada en el hombro y se dispuso a arrastrarla de regreso al interior. No notó la inquietud de Charley y gritó: "¿Qué pasa? ¿Por qué no compras nada? Tienes un esposo muy rico. ¿Tienes miedo de gastar su dinero?".
Apenas acabó de hablar, notó que la cara de su compañera se ponía roja y le guiñaba el ojo.
"¿Qué ocurre? Volvamos adentro. Tienes que comprar ropa cara. ¿Tu esposo no te está dando dinero?". Mientras Gemma seguía hablando, Charley de pronto notó que el hombre las estaba mirando. Estaba tan avergonzada que deseaba que le tragara la tierra de inmediato.
¿Quién hubiera imaginado que se lo encontraría aquí? Justo en ese momento, la mujer aferrada a su brazo también las miró con desprecio.
Charley llevaba un vestido de algodón bastante sencillo, el cual era verdaderamente cómodo, pero Trevor la miró como si estuviera envuelta en un saco de arpillera.
Ella hizo todo lo posible por ignorar su mirada desdeñosa, discurriendo si acaso no era ella la que debía mirarlo con desprecio y la que tenía que hacerle preguntas. En el poco tiempo que llevaban casados, él ya había tenido el descaro de tomar la mano de otra mujer delante de ella. Aunque reconoció ciertos celos en su corazón, Charley se sintió profundamente avergonzada allí parada frente a ellos, ya que como siempre, Gemma era tan escandalosa que a Trevor le había sido imposible ignorar sus palabras.
Inmediatamente, la chica sujetó a su amiga de un brazo y la arrastró lejos de allí, con el temor de tener que enfrentarlos directamente. Gemma estaba confundida, pero eso no fue suficiente para interrumpir su charla. En ese momento, Charley tenía el rostro encendido como una baya y solo deseaba poder estrangularla para que se callara de una buena vez.
Ya a solas, le confesó que el hombre con el que se acababan de cruzar no era otro que Trevor. Allí sentadas en el auto, Gemma enterró su rostro en las manos mientras exclamaba en voz alta: "¡Dios mío! ¡Estoy tan avergonzada! Que me trague la tierra".
"¡Vamos, la que debería estar avergonzada soy yo!". Charley repasó los acontecimientos, preocupada por qué parte de la conversación habría llegado a escuchar Trevor. ¿Cómo iba a volver a mirarlo a la cara?
"Para ser honesta, me refería al desprecio con el que te miró, pues yo también me siento avergonzada por ti", expuso Gemma con un suspiro.
Charley se quedó helada.
"Sin embargo, tengo aún más curiosidad por la mujer que estaba con él. Acaban de casarse, ¿y ya se atreve a tener una amante? Ay Charley, tu vida va a ser más difícil de lo que esperabas".
Esta última todavía no era capaz de encontrar palabras. Seguía atónita, porque, si bien ya estaba al tanto de la escandalosa vida privada de su esposo, nunca había pensado que lo comprobaría en persona. Peor aún, todo esto había sucedido delante de Gemma, así que de ninguna manera iba a dejarlo pasar sin emitir comentario. "Cariño, en un futuro cuando no sepas cómo lidiar con problemas de este tipo, tienes que acudir a mí. Tengo mucha experiencia en ahuyentar a amantes: logré que todas las de mi padre nos dejaran en paz, así que no dudes en pedirme ayuda. Ya elaboraremos un plan para deshacernos de la amante de tu marido. Sin embargo, a decir verdad, antes pasamos por un momento verdaderamente embarazoso".
"¿Sabes qué? No sé ni cómo mirarlo a la cara a partir de ahora. Francamente, no quería usar su dinero desde un principio", declaró Charley a punto de romper en llanto. En realidad, fue la indiferencia de Trevor lo que más le había molestado; la frialdad con la que la había mirado al pasar junto a él, como a un viandante más.
"Perdóname por hablar tan alto en público. ¿Qué tal si te invito a una buena comida como disculpa?".
"No, gracias. Una comida no va a cambiar nada, y todavía sigo enojada contigo".
"Oh, vamos... ¡No le des tanta importancia! ¿Podrías perdonarme por esta vez?".
Esa noche, Trevor la llamó.
Sonaba tranquilo, pero su voz denotaba cierta frialdad. "Mis padres quieren conocerte, así que iremos juntos a su casa mañana temprano".
Poco después del amanecer del día siguiente, la alarma despertó a Charley. Al entrar al comedor, Trevor la encontró sentada a la mesa, comiendo afanosamente una tostada con la cabeza agachada.
Su cabello, que estaba rizado meticulosamente, le cubría hasta la cintura; era un cabello oscuro, brillante y hermoso, el cual no requería de mucho mantenimiento. Lucía bonita, allí con la boca llena y las mejillas sonrojadas.
En cuanto descubrió que Trevor estaba observándola, la tostada se le quedó atragantada.
¿Cuánto tiempo habría estado así? '¿Por qué está mirando cómo desayuno?', se preguntó, mientras se limpiaba la boca, ruborizada.
"Tómate tu tiempo. No hay prisa, así que termina de desayunar tranquila", le aclaró Trevor, mientras le alcanzaba un vaso de leche.
'¿Cuándo calentó siquiera la leche?', Charley pensó para sí misma. Aunque parecía tranquila desayunando, estaba sumamente nerviosa, como si se encontrara sentada sobre un asiento cubierto de alfileres en punta.
Más nerviosa aún se sentía comiendo bajo la mirada del hombre, por lo que apuró la tostada, recogió su bolso y se precipitó hacia la puerta. Le incomodaba el simple hecho de estar en la misma habitación que él, sin embargo, tuvo que esperarlo para ir juntos en el auto.
"¿Me tienes miedo?", inquirió Trevor con el ceño fruncido, observándola mientras se sentaba torpemente en el asiento trasero.
Ella apretó su bolso contra el pecho y replicó: "No, no te tengo miedo".
En realidad, estaba demasiado asustada como para admitir que no se atrevía a sentarse a su lado.
Ante su respuesta, Trevor dejó de hacer preguntas y pisó el acelerador para pasar a concentrarse en la tarea de conducir. Este movimiento brusco la impulsó hacia adelante y la obligó a sujetarse del respaldo del asiento delantero, por lo que, mientras se calmaba, maldijo para sí que él fuera tan impredecible.
Cuando finalmente llegaron a la casa de los padres de Trevor, la escala del lugar la dejó estupefacta.
Sin palabras, contempló la magnífica residencia y los exuberantes jardines que la enmarcaban. El lugar ostentaba una elegante sencillez.
La casa estaba situada lejos de la ciudad, en un terreno contiguo a una plantación de té de los agricultores locales.
Esta no tenía una estructura de hormigón, sino que estaba construida en bambú.
"¡Vamos!", le indicó Trevor con una leve sonrisa, mientras la tomaba de la mano y entraba. Al ingresar a la sala, la madera del piso rechinó bajo su peso y el intenso aroma a bambú que colmaba el ambiente la ayudó a relajarse.
En contraste con la estrecha apariencia exterior, la casa era bastante espaciosa; incluso contaba con un ático y un sótano.
Eran lo suficientemente acaudalados como para vivir a su antojo; al fin y al cabo, con dinero se podía hacer cualquier cosa.
Charley estaba sumida en sus pensamientos cuando un crujido la avisó de que una mujer estaba bajando del ático. Entonces, alzó la mirada de inmediato, conjeturando a quién estaba a punto de conocer.
Era una mujer bastante escueta, en un vestido sencillo; llevaba prendas que no ostentaban lujo ni tenían nada de exclusividad. Sin embargo, por el costoso anillo de diamantes que lucía en uno de sus dedos, Charley supuso que debía ser la madre de Trevor, Michelle.
Trevor tomó espontáneamente su mano mientras le preguntaba: "Mamá, ¿dónde está papá?".
"Arriba", le respondió Michelle con una cálida sonrisa, sin quitar los ojos de Charley, de quien no había podido apartar la mirada desde que la había visto. La chica sintió que había causado una buena impresión. "Entonces, ¿tú eres mi nuera?", le preguntó Michelle con una sonrisa.
"Sí, m... mamá", balbuceó Charley, con la voz un poco ronca. Aunque se había convencido de que esa era la forma más apropiada de dirigirse a su suegra, no pudo evitar sentirse un tanto extraña llamándola "mamá".
"Bien. Debes estar cansada después del largo viaje. ¿Por qué no vamos todos arriba? Es totalmente inusual que el papá de Trevor cocine, así que no se lo hagas notar si no te gusta la comida, ¿de acuerdo?", bromeó Michelle mientras guiaba a Charley hacia arriba tomándola de la muñeca y le indicaba a Trevor que las siguiera.
En el contacto de su mano, Charley sintió la calidez del corazón de Michelle y pensó cuán afortunado había sido Trevor en tener una madre así.
Para ella, en cambio, la vida había sido injusta; sin dudas, al hombre le habían tocado mejores cartas.
Durante la comida, sinceramente empezó a sentirse incómoda, como si no fuera bienvenida.
"¡Oh! Ella debe ser la que se casó con Trevor, ¿verdad? Tampoco es tan impactante", expuso una impetuosa voz de mujer. Charley se volvió para ver a una joven, con excesivo maquillaje, que la escudriñaba de pies a cabeza.
"Cuando te invitamos a unirte a nosotros nos rechazaste, y ahora que no te llamamos, has venido", le reprochó Michelle frunciendo el ceño, tras escuchar sus palabras. Era evidente que no le gustaba la forma como le había hablado a su nuera.
Con todo, la mujer no se inmutó ante esa frialdad y se acercó a Charley con una sonrisa fingida.