Dibujé de prisa un cuadro, pensando que tal vez podría encontrar un poco de inspiración... ¿Qué le habrá pasado a mi musa?
A veces no encuentro motivos para seguir, porque siento esta soledad...
Mi nombre es Úrsula Eváh, una artista plástica y secretaria de medio tiempo, eso, mientras alguien descubre mis obras y me vuelvo famosa. Tengo veinticuatro años, y todavía no se nadar, ni conducir, ni cocinar, ni siquiera he montado alguna vez en avión; No sé si la mayoría de las personas han podido hacer todo lo que yo no he podido. Tengo una vida simple, sin mucha emoción. Me levanto temprano, voy a la cafetería y me desayuno un croissant con café cargado, luego me dirijo al trabajo y escucho la habladuría de mi jefe hasta que sea la una de la tarde, me transporto a mi casa, trato de encontrar inspiración para una obra majestuosa, una que me haga rica, o por lo menos para poder ganar una montañita de dinero.
Almuerzo pasadas las tres de la tarde, tal vez voy al cine a ver algo interesante o salgo a caminar y luego regreso nuevamente a casa, me tomo un té con galletas y me voy a dormir.
Es monótono, todos los días lo mismo...
Le ruego al cielo que suceda algo nuevo en mi vida, que me dé algo con que experimentar, proyectos, esperanzas, ambiciones...
Estaba segura de que el cielo me había escuchado, pero no tenía idea que era lo que realmente me esperaba.
Me levanté temprano como siempre y empecé a alistarme para ir al trabajo. Mi jefe me había llamado la noche anterior y me solicitó que llegara una hora antes de lo normal, ya que estaba esperando a un personal al que le iba a realizar entrevistas.
La oficina en la que trabajo es una inmobiliaria, no es un lugar muy grande, tiende a ser un poco oscuro y lúgubre en las primeras horas del día, y luego, como a eso de las 10 de la mañana empieza a entrar el sol por una pequeña claraboya que está en la parte superior del mezanine. Creo que esa oficina es así porque está rodeada de edificios altos y no tiene una buena ventilación. Definitivamente esa oficina se parece a mi jefe.
Luego de tomar el transporte y llegar a la oficina, me senté acomedidamente en mi escritorio esperando la llegada del personal. Ya tenía listo una cantidad de papeles que estas personas debían llenar. A las siete y treinta minutos, cuando la primera persona llegó, me desperté. Era una chica, de unos 20 años aproximadamente, vestía muy elegante con unos tacones negros, una falda que apenas le tapaba la rodilla y una blusa con un diseño único, de volados y estampados, su cabello era oscuro con pequeños matices plateados que la hacían lucir muy bonita, y bajo su brazo una carpeta de las que se usan para entregar las hojas de vida.
-Buenos días, ¿esta es la oficina del señor Capellino?
-Si, esta es, adelante, ¿es usted miembro del personal que debo recibir?
-Me imagino que sí, vengo por la vacante de secretaria para el señor Capellino.
Una punzada me atravesó la garganta, sentí odio, traición.
-Aquí está la papelería que el señor Capellino me encargó entregarle.
-Muchas gracias, mucho gusto, mi nombre es Julieth.
-Mucho gusto Julieth, adelante, siéntate.
La chica se sentó en las sillas que se encontraban en la recepción, hasta para sentarse tenía gracia, quizá por eso el señor Capellino quería hacerla su secretaria, irradiaba una luz que yo no podía transmitir. Ese desgraciado me quería botar, y no podía hacer nada al respecto.
Mientras me encontraba absorta en mis pensamientos, el señor Capellino entro por la puerta principal de la oficina. Traía un traje gris -como el- con zapatos de cuero que se veían costosos y una boina a rallas que no le combinaba absolutamente con nada. No sé qué estaría pensando ese señor al colocarse esa boina en la cabeza... ¿tendrá un espejo en su casa?
-Buenos días, Úrsula.
-Buenos días, señor Capelli...
-¡¡¡Despedida!!!
-¿Qué?
-¿Te lo tengo que repetir? DES-PE-DI-DA.
El señor Capellino miró a la chica sentada con una frialdad como el hielo y le dijo:
-Niña, sígueme.
La chica se levantó sorprendida, pero lo siguió con rapidez a través del pasillo de la inmobiliaria, miró hacia atrás unas dos veces antes de llegar a la puerta de la oficina del señor Capellino. Volteó nuevamente a donde me encontraba, me vio como pidiendo perdón con la mirada y entró.
¿Qué carajo? ¿para esto me hizo madrugar? Es un infame.
Respiré profundo, tomé mis cosas, las arrojé en una caja y salí de esa mugrienta oficina, esperando no volver a entrar nunca más. Eran las 8 de la mañana, se sentía el cálido resplandor del sol en mis brazos ligeramente extendidos sosteniendo mis pertenencias, soplaba una brisa suave, esa que te hacer decir que parecía finales de año, levanté mi cabeza, miré al cielo como buscando consuelo del altísimo, no había nubes en el cielo, se veía completamente azul, limpio...
¡Aaaah! Es un gran día, pese a todo, es un buen día.
Detrás de mí todavía se encontraba esa aburrida oficina, ya no importaba, es mejor así, ya no tengo que soportar a ese hablador de ... ¿Qué es eso?
En un instante resplandeció una luz, se sentía cálida y fría al mismo tiempo, se me erizó la piel, y luego, como en un parpadeo, ya no estaba frente a la oficina, no sabía dónde me encontraba.
¿Dónde estoy? ¿Qué lugar es este?
Estaba en un campo abierto lleno de flores amarillas, pensaría que son tulipanes, pero un poco más largos. Sentí curiosidad y me acerqué a uno, lo miré detenidamente, por dentro era verde brillante y sus pétalos eran tan suaves como el algodón. El ambiente era fresco, como un día de primavera, el viento soplaba lento como acariciando mi cuerpo, me tumbé y miré al cielo, era hermoso, las nubes color turquesa... ¿turquesa? ¿Qué clase de nubes tienen ese color? ¿Por qué el cielo es amarillo? ¿Dónde carajos estoy?
Reaccioné repentinamente, se había ido la calma de mi cuerpo, todavía traía conmigo la caja con la que había salido de la inmobiliaria, se tensaron mis hombros y empecé a sentir pánico.
-¿Cómo voy a regresar a casa?
Mis ojos se abrieron grandemente al visualizar arboles moviéndose al final del inmenso campo, parecía un arcoíris, las aves volaban alrededor de mí, unas aves color carmesí con las colas tan extensas que me recordó a la leyenda del ave fénix. Me levanté, tomé mi caja y caminé un poco, recorriendo así con la mirada el lugar en el que me encontraba, el aire en mis pulmones se sentía ligero, sin la pesadez de la contaminación de la ciudad, respiré profundo y grité: ¿hay alguien aquí? ¿me dicen por favor dónde estoy?
Las aves se alejaron.
Hubo silencio, ese silencio absoluto, se detuvo el viento, los árboles dejaron de moverse, sentí terror y corrí.
Corrí tanto como pude, no sabía a donde iba, pero no me importaba, solo seguía corriendo porque sentía miedo hasta en mis huesos, Me encontraba en un lugar extraño y no sabía qué hacer, cerré mis ojos y seguí corriendo sin mirar atrás, hasta que, sin darme cuenta, entre en un bosque colorido, era donde estaban los árboles que parecían un arcoíris y debajo de ellos habían muchas piedras preciosas, cantidades tan impresionantes que me hicieron tropezar, caí sobre mi caja de cosas - se rompió mi taza - mi cabello se fue hacia adelante entrando en un charco fangoso - ¡que asco! - y cuando quise levantarme, eso mismo que tenía en mi cabello llegó hasta mi cara - Quiero irme a mi casa - me limpié la cara con las manos, mis pertenencias estaban aplastadas por mi propio peso y gotas de ese fango caían delante de mí.
Maravilloso... ahora solo falta que me coma un animal...
Parece que lo hubiera invocado, apareció un animal como del tamaño de un oso, tenía cuatro patas, de las cuales las superiores eran cortas, caminaba suave y encorvado, como si la cabeza le pesara mucho, y esta era grande, con ojos inmensos que ocupaban casi la mitad de su cara, un hocico pequeño y con dientes que se asomaban solo a sus costados, filosos como cuchillos, no tenía orejas, sino unos orificios al costado de su cabeza del tamaño de una canica. Una voz en mi cabeza me decía: no te muevas o te come. Pero sentía mucho miedo al ver a un animal tan raro que corrí, me trepé a un árbol color violeta, ya mis pertenencias no importaban, primero era mi vida - ¿y si ese animal volaba? - me sostuve fuertemente de la rama del árbol, y miré a la criatura suplicándole que no me comiera, el animal me sonrió.
-Amiguito, no me comas, yo no tengo buen sabor...
La criatura aulló en un sonido casi sordo.
-Amiguito... - tragué en seco - si me comes te dará una indigestión.
¡Aaaah! Las cosas que una dice cuando tiene miedo, como si este animal me fuera a entender...
Poco a poco empezaron a llegar más animales como él, al parecer es su manada, ahora si me iban a comer. Empecé a subir más alto del árbol en el que estaba hasta alcanzar la cima, ya no distinguía a los animales que estaban en el bosque, el follaje de las plantas coloridas evitaba que los viera, noté en la cima del árbol muchas de esas joyas que estaban caídas en el bosque, eran muy brillantes, pero al tocarlas eran suaves y parecían jugosas, pensé en morder una, pero no podía hacerlo, ¿cómo podía pensar en comer algo cuando una manada de animales extraños trataba de comerme? Así que mire alrededor a ver si existía algún indicio de una civilización en este mundo, pero solo había colores, muchos colores por todos lados, no hallaba nada.
¡Bingo! Divisé algo parecido a una aldea en la lejanía, así que empecé a gritar, a ver si podía alguien socorrerme.
¡Auxilio! ¡alguien me ayude! ¡me quieren comer!
Grité aún más fuerte, pero no pasaba nada, nadie salía, iba a morir.
Uno de los animales empezó a trepar en el árbol donde estaba, el pánico inundó mi cuerpo, sentía como cada hueso de mi cuerpo quedaba sin responder, estaba petrificada ante todo lo que estaba pasando, me encogí en la copa del árbol para que dicho animal no lograra alcanzarme, aunque sabía que sería en vano, esa cosa me iba a alcanzar, y lo único que podía hacer era cerrar mis ojos y dejar que me comieran.