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• AMOR Y VENGANZA •

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Autor: : Liny D. Reina
Género: Romance
Sheila Myers perdió a su hijo gracias a su esposo. Oliver James, el hombre que ella llegó a amar tan profundamente que no dudó en contraer matrimonio a una corta edad. Su mundo se desmorona al ver cómo la máscara de su amoroso esposo se cae para revelar al infiel y mentiroso Oliver. En medio de su dolor, ella decide terminar con su vida, siendo impedida por Axel Morgan, el desastroso y un poco problemático heredero de la prestigiosa perfumería Morgan. Quien debe contraer matrimonio en menos de un mes por órdenes de su padre. Ambos unen fuerzas con el fin de que cada uno recupere lo que había perdido, pero ¿Sheila logrará sacar a su exesposo de su corazón o regresará a sus brazos dejando atrás la venganza que había planeado?

Capítulo 1 El final de un todo.

La mirada de Sheila estaba fija en el reloj. Ella, como una esposa dedicada había terminado de preparar la cena, una que no recibiría caliente a su esposo, al parecer.

Habían sido tres años de matrimonio, uno que estaba perdiendo poco a poco la llama que había incendiado todo al comienzo.

Que Oliver llegara tarde a casa, incluso pasado de copas, era una escena bastante común a los ojos de la joven esposa.

No importaba cuanto lo intentara, Sheila sentía que, si no hacía algo por su matrimonio ahora, este terminaría antes de cumplir su cuarto aniversario.

Así que ella estaba decidida a dar todo de sí para reconquistar a su esposo, estaba decidida a recuperar al amoroso Oliver del cual se había enamorado, y del que casi no había rastros.

Sheila y Oliver se habían casado a una edad demasiado temprana, todo en contra de las opiniones de los padres de Sheila, en aquel entonces se sentían invencibles y que podrían superar cada una de las pruebas que la vida les traería.

Esa fue la razón por la que a sus diecinueve años decidiera casarse con un hombre cuatro años mayor.

Grave error.

Una vez más la puerta principal se abrió de par en par rebelando a un crecido Oliver pasado de copas.

Su aliento era insoportable, ni qué hablar de su actitud.

El corazón de Sheila se detuvo en un instante. Ella había aprendido que cada vez que su esposo bebía de más se volvía un poco violento.

Eso lo descubrió en su segundo año de casados, cuando él estrelló un jarrón contra el suelo sin razón aparente.

-Oliver, cariño -habló la mujer con suavidad, temiendo que este tomara mal sus palabras.

Con pasos apresurados y movimientos torpes, ella se acercó a acariciar el rostro de su esposo; una lágrima se deslizó por el rostro de la mujer, la cual estaba aterrada.

-¿Qué sucedió? -preguntó una vez más, notando cómo el rostro de su esposo estaba desfigurado por la molestia.

La mano del hombre terminó en el cuello de Sheila, ella tragó grueso cómo pudo y una nueva lágrima se deslizó por su mejilla.

En su mirada se denotaba la impotencia que la inundaba, ¿Cómo era posible que su amado esposo tuviera una actitud así contra ella?

El agarre de Oliver se soltó de repente, Sheila cayó al suelo intentando llevar su respiración a la normalidad, fue cuando notó que el hombre se dejó caer de rodillas frente a ella.

-¡Cielos! ¿Qué he hecho? -balbuceó Oliver llevando su mano a la frente.

Sus ojos por un instante se encontraron con los de Sheila, la mirada de la joven estaba horrorizada.

-¡Lo siento mucho! -se disculpaba el hombre sin poder vocalizar de manera adecuada.

La preocupación y dolor se palpaba en la voz de Oliver, el cual, intentaba tranquilizar a su esposa. Y solucionar las cosas.

«Todo va a mejorar» se dijo Sheila a sí misma con una señal de esperanza.

¡Qué tonta fue!

UN MES DESPUÉS

El matrimonio de Sheila y Oliver iba de maravilla, por lo menos, eso fue lo que pensó Sheila en el momento en que se enteraba de que estaba en el tercer mes de embarazo, esa, era la oportunidad para que todas las malas memorias de su matrimonio fuesen borradas.

Una gran sonrisa se había dibujado en su rostro, la esperanza de tener nuevamente un hogar, crecía dentro de su pecho.

«Un bebé es lo que nos hace falta para ser más unidos» se decía con entusiasmo.

Al final de cuentas, Oliver le había mencionado eso hace un par de años.

«Es el momento perfecto» reflexionó en el momento en que ponía la llave en la puerta.

Su sonrisa se esfumó de golpe al ver ropa regada en la sala de su hogar.

Ella no lo quería creer, ella estaba rogando para que todo fuera un malentendido y que su esposo hubiera llegado ebrio otra vez.

Fue cuando vio prendas de mujer en el suelo que se percató de lo que sucedía en ese momento.

Sheila olvidó que tenía un pequeño ser en su vientre, por lo que corrió al segundo piso, el lugar en el que se encontraba su habitación, el punto al que las prendas le llevaban.

En el instante en que cruzó por aquella puerta, deseó no haberlo hecho.

Su esposo estaba con otra mujer, justo en aquella cama matrimonial que ambos habían compartido por tanto tiempo.

-¡Oliver! -gritó Sheila deteniendo el acto.

-Oh, cariño, estás en casa -dijo de manera serena, como si no hubiese hecho nada.

Los pasos de Sheila la llevaron a la cama, sorprendiendo a su esposo, el cual podría llegar a jurar que ella correría lejos de ellos o cubriría sus ojos para no ver tan desvergonzada escena.

Los ojos de Oliver se abrieron de par en par en el momento en que Sheila tomó a la mujer del cabello y la arrastró hasta las gradas de la edificación.

-¡Sheila! ¡Detente! -gritaba corriendo detrás de ellas.

Mientras la amante era arrastrada por la joven esposa, estaba siendo abofeteada numerosas veces.

Oliver extendió su mano y la zafó del agarre de Sheila, sin medir su fuerza abofeteó el rostro de su esposa de tal manera que esta tropezó en una de las gradas.

Perdiendo el equilibrio, ella cayó rodando por todas estas.

Sus brazos instintivamente fueron llevadas a su vientre, para cubrir a su hijo. Ese pequeño que no tenía la culpa de lo que sucedía.

Un gran dolor se extendió en su vientre, más allá de sus otros miembros.

-¡Mi bebé! -exclamó en medio del dolor tan alto como pudo.

Pero, su voz, había sido más un murmullo que un grito.

-Mi bebé... -dijo con mayor dolor.

Oliver, desde la parte superior de las gradas, notó cómo de entre las piernas de Sheila salía un fluido rojizo, fue entonces cuando las palabras de Sheila llegaron a sus oídos

«Mi bebé».

El gesto de sorpresa que parecía haber tenido un par de segundos atrás, fue demudado a uno de preocupación. ¿Un bebé?

Los pasos acelerados de Oliver resonaron en el recinto, corrió para tomar le rostro de su esposa mientras sus ojos estaban ampliamente abiertos. Él no podía creer lo que estaba sucediendo.

Su sueño era ser padre desde que tenía memoria, pensó, por un tiempo que Sheila era una mujer «inservible» que no podría cumplir con la función por la que nació.

Los ojos del hombre, una vez más, fueron llevados a la entrepierna de Sheila, la cual no dejaba de retorcerse por el dolor y rogar por la vida de su pequeñito.

-Lo sentimos, no pudimos hacer nada para salvarlo -dijo la médico encargada.

Los ojos de la doctora estaban mirando a Sheila que se encontraba abrazando sus piernas mientras lloraba impotente.

Cuando la encargada se marchó, los ojos de Sheila fueron levados a su esposo, por lo menos, ella esperaba que hubiera un poco de compasión en él y que todo aquello fuera el comienzo del final de una tormenta.

Una vez más, fue una completa tonta.

La mirada de Oliver era cómo la de un témpano de hielo, la cual había cambiado de golpe a una de desprecio.

-Eres una inútil -sentenció poniéndose de pie.

Los ojos de Sheila se abrieron de par en par.

«¿Qué está diciendo?»

-¡No fuiste capaz de cuidar a nuestro hijo en tu vientre! ¡Eres una mala madre! -exclamaba como un completo demente.

Oliver no respetaba que se encontraba en un hospital, ni echaba de ver que su esposa había sido una victima más de él mismo.

-Eres una vergüenza, una deshonra para las mujeres -espetó una vez más antes de salir por la puerta dejando a su «amada esposa» completamente abandonada.

«Yo no maté a mi hijo»

Se repetía Sheila con un dolor demasiado fuerte en el pecho.

«¡Yo no lo hice!»

«Tú, tú eres el asesino»

-¡Tú mataste a nuestro bebé! -exclamó de un grito de manera lamentable.

Los sollozos invadieron la habitación en la que ella se encontraba, se golpeaba el pecho mientras sus lágrimas no dejaban de caer.

¿Qué haría ahora? No solo había perdido su hijo, sino que descubrió que su esposo nunca estuvo a su lado.

Sheila, como si de un robot se tratara, desconectó cada uno de los artefactos de su cuerpo y abandonó la sala de hospital.

Capítulo 2 No me deja morir.

Axel conducía a gran velocidad, lejos de la casa de sus padres.

Él se desquitaba en ese momento con el acelerador, todo debido a la discusión que se presentó en su hogar minutos atrás.

Su padre le había dado un estúpido ultimátum. Y era que, a sus veintitantos años de edad él no había legado a formalizar ninguna clase de relación con una mujer, y esto, era una gran ofensa para su familia paterna.

En los planes de Axel no había llegado a estar ni remotamente contemplada la idea de formar una familia.

Él era conocido por ser un alma libre que ninguna mujer podría llegar a dominar. Esa era una gran ventaja para él, en su percepción de las cosas, pero para su padre, una gran preocupación.

Axel necesitaba a alguien que fuera su polo a tierra, por esa razón su padre decidió ser mucho más radical con la manera de tratar con su hijo.

«Si no te casas en el siguiente mes, le daré la compañía a tu tío George»

Eso fue lo único que su padre objetó en el momento en que le dio la cara a su único hijo.

-¡¿Quién va a casarse en menos de un mes?! Soltó de un grito.

Estaba completamente enfurecido con su padre, y no le parecía nada sensata la decisión que este había tomado.

-El tío George es un derrochador ¡la compañía no soportaría ni un fin de semana a su cargo! -continuaba quejándose, reconociendo que su padre había perdido la poca cordura que le quedaba.

La atención de Axel fue capturada por una figura femenina, a uno de los costados del puente, un lugar en el que las personas se detenían a admirar el paisaje, la mujer se encontraba en un estado deplorable.

En el instante en que notó cómo ella escalaba el pasamanos de la reja de seguridad, notó que algo no estaba bien.

Frenó el auto en seco y corrió en dirección a la chica, la cual aún estaba con su ropa de hospital.

-¿Está bien? -preguntó con un hilo de voz. -¡No lo haga! ¡No lo haga, por favor! -el desespero en la voz de Axel era mucho mayor, considerando que su madre se había suicidado cuando él era un bebé recién nacido.

El rostro de Sheila estaba hinchado y rojizo de tanto llorar, su mirada era vacía.

-Déjeme, por favor -balbuceó ella con dificultad.

-No lo haga, piense en su familia -dijo con suavidad esperando a que la joven regresara a sus sentidos.

-¿Familia? -una dolida y burlona sonrisa apareció en su rostro. -No tengo familia.

Axel enmudeció.

-Mis padres no me reconocen como hija, mi esposo me engañó y acabo de perder a mi hijo ¿Acaso me quedan más motivos para vivir? -su mirada impotente se posó sobre Axel.

-Respire, por favor, piénselo bien -insistió tratando de llevarla lejos del puente.

-Ya he muerto ¿no lo ve? No tengo motivos para continuar aquí.

Los sollozos y el llanto de Sheila eran incontrolables. Era tanta su angustia que deseaba terminar con todo, pero ese hombre, ¡era culpa de ese hombre que no le permitía morir!

La vista de la chica se nubló, todo pareció tambalearse y terminó inconsciente entre los brazos de Axel, quien no dudó en llevarla al hospital más cercano.

En el momento en que la enfermera la vio, se dio cuenta de que se trataba de la paciente desaparecida, aquella que se había escapado hace un par de horas y llevaban buscando durante todo ese tiempo.

Sheila había perdido a su bebé hace poco, por lo que su estado aún era bastante delicado, la hemorragia podría regresar en cualquier momento si no se cuidaba de guardar el suficiente reposo.

-¿Es usted su acompañante? -cuestionó la enfermera.

Axel, al ver la lamentable condición de la mujer, asintió.

-El hombre que vino con ella hace unas horas, se marchó luego de discutir con la paciente, al parecer se fue con otra mujer -dijo ella cubriendo su boca de repente, había hablado de más.

«¿Ese hombre, era su esposo?»

Se preguntaba Axel lanzando un suspiro.

Las palabras de la mujer no dejaban de resonar en su cabeza, y algo dentro de él le decía que no era tan sencillo como parecía.

La imagen de su madre saltó a su vista de un momento a otro.

«¿Es una señal de mi madre para ayudar?»

Cuestionó mentalmente mientras descubría qué hacer.

-¿Me puede dar la descripción de ese hombre, por favor?

-No debo dar información personal, señor -sentenció la mujer con seguridad.

Sin embargo, Axel no era el tipo de persona que se rendiría con facilidad, deseaba saber qué había sucedido con esa extraña mujer y lo lograría.

Sus pasos se dirigieron a la dirección del hospital, en el que amenazaría al director con volver trizas a la edificación si no se le permitía el acceso a las cámaras de seguridad.

Los minutos pasaron y Axel obtuvo lo que quería, ante sus ojos se reproducía la escena de la habitación de Sheila.

Ver cómo el gesto del hombre cambió de manera repentina en el instante mismo en que la médico salió del lugar, era completamente repugnante para el joven, más aún, cuando las palabras que le decía a Sheila eran hirientes, y Axel no podía distinguir entre ellas.

El estómago de Axel se sintió extraño, cómo si un nudo se formara en este, produciéndole nauseas.

Sheila, por su parte, había sido sedada, cuando abrió sus ojos lo primero que hizo fue intentar escapar una vez más, estaba claro que su mente estaba jugando en su contra, y dejarla sola no era opción.

Axel regresó a la habitación de Sheila, a sus ojos ella parecía un pequeño e indefenso ser, tenía ganas de preguntarle acerca de lo que esa escoria se había atrevido a decirle, pero no era lo más recomendado considerando que ella estuvo a punto de saltar de un puente hace tan solo un par de minutos.

-Ese rostro, lo he visto antes -se dijo a sí mismo refiriéndose al esposo de Sheila.

Y no estaba mal, Oliver era uno de sus trabajadores.

No exactamente de él, sino que se había ganado el aprecio de su padre, y este le había otrogado un puesto bastante alto en la compañía.

Axel se apoyó en una de las paredes, se encontraba pensando en sí Sheila era realmente su esposa o no.

«Cuando cenó con mi padre, llevaba a otra acompañante»

Una vez más, el estómago de Axel se revolvió, él no podía digerir bien lo que estaba sucediendo.

Uno de los hombres de confianza de su padre estaba engañando, no solo a su esposa sino también a su progenitor.

-Harry, investiga a Oliver James -sentenció a través de su celular.

«¿Qué cosas esconderá ese hombre?»

-No es necesario que haga esto por mí -susurró Sheila lanzando un pequeño suspiro.

En ese momento ambos se encontraban en el interior del auto de Axel. Él la estaba llevando en dirección de una de las cabañas familiares, las cuales eran poco usadas por la familia.

-No puedo dejarla sola en una situación cómo esas, usted aún se encuentra en un estado delicado, señora James.

Las palabras de Axel eran firmes, no cambiaría de opinión tan fácilmente, no cuando el hombre que posiblemente había engañado a su padre, era el marido de esa mujer. Y no solo lo había engañado a él, sino también a su esposa.

-Me llamo Sheila -masculló desviando su mirada en dirección a la ventana.

Su cuerpo se encontraba extremadamente agotado, no solamente su cuerpo, sino su alma, su mente estaba tan cansada que desearía poder hacer que todas las cosas terminaran para ella, estaba decidida a hacerlo, pero el hombre que estaba a su lado, él no dejaría que Sheila acabara con su vida.

Lo había estado estorbando desde el primer instante en que se vieron.

«Si sigo cerca de él, no me dejará morir»

Pensaba Sheila constantemente.

Llegaron a la cabaña de los Morgan, el silencio estaba reinando en el ambiente ¿Qué podría decir alguno de ellos si apenas conocían sus nombres?

La información que había solicitado Axel, llegó a sus manos. En efecto se trataba del mismo hombre, él había llevado a una mujer diferente a la reunión con su padre, y no solo eso, la había hecho pasar como su legítima esposa.

Esa mujer había sido vista al lado de Oliver en más de una ocasión, extrañamente, no era la misma con la que Sheila los había encontrado ese día en su cama.

¿Axel debería preguntar acerca del esposo de Sheila? ¿Ese era el momento oportuno?

-Siento ser una carga para usted, señor Morgan.

A pesar de que Sheila se dirigiera a Axel, su mirada nunca se posaba en él.

Estaba molesta, completamente enfurecida de que él no la hubiera dejado saltar de ese puente, porque si lo hubiera hecho, ella no tendría más preocupaciones hasta ese momento. Ella ya habría olvidado la imagen de su esposo revolcándose en su cama con otra mujer, quién sabe con cuántas más ese hombre se atrevió a engañarla.

-Es lo menos que puedo hacer por la esposa de uno de los trabajadores de mi padre.

Aquellas palabras cayeron como un balde de agua fría sobre Sheila, pues su esposo no trabajaba en la compañía Morgan, sino como recepcionista en un hotel.

-¿De su padre? Por un momento pensé que la compañía Morgan solo se especializaba en la fabricación de perfumes, y no que también tuviera cadenas hoteleras.

-Y tiene razón, solo nos especializamos en perfumería.

Fue entonces cuando Sheila comprendió que Oliver le había mentido todo ese tiempo.

Capítulo 3 Seré tu verdugo.

-Esto debe de ser una broma -se dijo a sí misma comenzando a jugar con sus manos.

¿Qué se suponía debía hacer? Su esposo incluso le había ocultado qué clase de empleo tenía.

Se había hecho pasar por un recepcionista de hotel ¡Qué hombre tan desvergonzado! Sheila estaba segura que él lo había hecho para «proteger su patrimonio», ahora no le sonaba tan extraña a la idea de que hubieran hecho una separación de bienes antes de casarse.

Todos los trabajos que Sheila pasó por ayudar a levantar un hogar, habían sido arrojados a la basura, junto con toda la confianza que tenía por su esposo.

-¿A qué se refiere con eso? -indagó Axel esperando a que la mujer diera más información al respecto.

-Mi esposo es un recepcionista de hotel ¿Cómo es posible que trabaje en un lugar como esos? -contestó Sheila comenzando a arañar sus manos. -¿Desde cuándo trabaja en la compañía Morgan?

Algo muy profundo en su interior le decía que todo eso se trataba de un error, que su amado esposo solo estaba pasando por un mal momento y por eso estaba tomando las decisiones que estaba tomando en ese instante.

La otra parte, estaba golpeando a aquella que ingenuamente creía en la honestidad y amor de ese hombre.

-Desde hace un año y medio.

Con aquella respuesta sus dudas se estaban esfumando mucho más rápido, el golpe de realidad le dio duro en el instante en que vio la fotografía de su esposo en el dispositivo de Axel, el cual le estaba mostrando la evidencia de que hablaban del mismo sujeto.

-Es él -susurró llevando sus manos a la cabeza. -Es verdad... él... él.

Las palabras simplemente no podían salir de los labios de Sheila, se sentía como una completa estúpida, su esposo le había ofrecido un plato de mentiras y ella se las había tragado enteras.

Axel la observaba en silencio, él aún no le había mencionado nada de la relación que existía entre Oliver y el señor Morgan, su padre; tampoco le había mencionado que él había presentado como su esposa a otra mujer que no tenía nada que ver con Sheila, y, siendo honestos, él lo estaba dudando.

«Ella estaba dispuesta a saltar de un puente con lo que pasó hoy, ¿Qué no hará cuando se entere del resto de cosas que ese hombre había hecho?»

Por esa misma razón, Axel decidió esperar un poco para contarle acerca de las reuniones de su esposo con el señor Morgan.

Ahora, más que nunca, Axel estaba más que convencido que ese hombre no tenía las capacidades para encabezar la nueva sucursal de la compañía; era un desperdicio de ser humano.

-Dime una cosa, por favor -susurró la mujer dirigiendo su mirada, por primera vez a Axel.

El joven se asombró debido a los ojos color zafiro de Sheila, se limitó a asentir ante la suplicante mirada de ella.

-¿Qué es lo que sabe de mi marido? -cuestionó sintiendo miedo de la respuesta que le esperaba.

Ese día en definitiva no había sido nada bueno para la mujer, ella no se encontraba en el mejor de sus momentos, su fuerza la había abandonado casi por completo; había perdido su única esperanza de ser feliz, su hijo.

Su hijo había sido arrancado de sus entrañas de la manera más vil que jamás se imaginaría. Es más, la persona que lo hizo, fue su propio esposo.

Axel continuaba dudando acerca de si decirlo era lo mejor o no; aun así, debido a la insistencia de la mujer, terminó descubriendo cada una de las cosas que sabía de ese mal llamado hombre en el mismo instante en que llegaron a la cabaña.

Sheila escuchaba con atención, su rostro se había vuelto inexpresivo y no decía nada. Sus manos inconscientemente acariciaban su vientre, aquel que de un momento a otro dejó de contener vida.

-Lo siento, sé que no es una noticia fácil de sobrellevar, pero, no se encuentra sola -afirmó Axel con una radiante sonrisa, sus ojos se habían achicado un poco. -Estoy a su disposición para cualquier cosa que desee -dijo con solemnidad poniéndose de pie.

-Deseo que ese hombre pague por cada una de las cosas que hizo -sentenció Sheila en un tono muy bajo de voz con la intención de no ser escuchada por Axel.

Él logró escucharla con claridad.

-La llevaré a la habitación, para que pueda descansar.

A pesar de que Axel no demostrara haberle puesto atención a la joven, su mente comenzó a trabajar en un plan para hacer cómo ella quería. Al final de cuentas, un hombre como Oliver, solo serviría como basura.

Toda aquella noche Axel se dedicó a trazar uno de los más grandes planes que su cerebro jamás había llegado a idear.

«Soy un completo genio»

Se decía con satisfacción, ahora, lo que más necesitaba era convencer a Sheila de casarse de manera ficticia, de manera que, él obtuviera la herencia de su padre, ella, en cambio, su deseada y merecida venganza.

Los ojos de Sheila se abrieron con dificultad. Había llorado la noche entera hasta que de sus ojos no brotaba ni una sola lágrima más, ella acabó en esa misma noche con todo lo que lloraría por un largo tiempo.

No solo se lamentó por la muerte del hijo que jamás tuvo ni tendría en brazos, sino por todo el tiempo que había desperdiciado en esa relación, los años que arrojó a la basura intentando ser la mejor esposa que Oliver hubiese imaginado.

«Es el día en el que una nueva Sheila nace»

Eso pensaba ella, llegó a esa conclusión al notar que no importaba qué intentara, no podría morir.

Axel había asegurado las ventanas, de manera que ella no saltara por ellas; había escondido todos los objetos con los que ella podría intentar algo en contra de sí misma, incluso, había retirado las almohadas de su habitación.

Luego de un largo baño para eliminar los rastros de «la Sheila anterior» fue en busca de Axel.

No sabía de qué manera hablar con él, pero, debía agradecerle por la ayuda que recibió la noche anterior, por lo que, ya no sería una carga para él.

Regresaría a la casa de sus padres para rogarles que le permitieran volver a su lado, hasta que ella encontrara un poco de estabilidad.

-Buenos días, señor Morgan -saludó la pelirroja con una avergonzada sonrisa.

En definitiva, había sido una carga para «el señor Morgan», el cual se encontraba cocinando algo para comer antes de regresar a sus labores.

Por otro lado, los médicos dijeron que Sheila debía mantener el reposo.

-Axel, dígame Axel, por favor -sonrió ocultando su semblante de preocupación ante el estado de Sheila.

No sabía de qué manera debería decir lo que diría, de manera que, cuando estaban sentados a la mesa dejó que de sus labios saliera lo que debía salir

-Quiero que te cases conmigo, Sheila, no solo seré tu escudo, sino también tu verdugo.

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