Emiliano se sintió agotado por el calor. La compra de esa finca no había sido un capricho. Era parte de un plan desesperado. Un plan para salir de un compromiso que lo estaba ahogando.
La idea de Emiliano era clara y cruel: casarse, aguantar un año, duplicar el capital del suegro con inversiones estratégicas y luego divorciarse. Pagar lo que debía, con intereses, y quedar libre. Añoraba ser libre del compromiso impuesto por la soberbia, pero su camino estaba marcado y estaba a punto de conocerlo.
Tras su paseo de reconocimiento encontró el establo. Ingreso sin preámbulo. Camila, una de las empleadas que se quedó, escuchó pasos. ¡Ella se sintió nerviosa! Pero Camila reconoció la silueta, reconoció el murmullo bajo, la respiración que reconocería en cualquier parte.
Su cuerpo reaccionó antes que su cabeza. Se levantó de golpe, el corazón acelerado, y sonrió. -¡Kael! -murmuro casi sin voz.
Salió del establo y lo abrazó por detrás, rodeándole la cintura con los brazos, apoyando la mejilla en su espalda. Emiliano se quedó rígido. No entendía nada. Sintió el contacto, el calor, el peso de alguien que no conocía.
Giró apenas el torso, intentando soltarse. -¡Oye, suéltame! -se resistió al abrazo queriendo alejar las manos de Camila de su cintura.
Pero ella lo abrazó más fuerte. -¿Qué haces así vestido? -preguntó Camila, sonriendo-. ¿Tú perfume? ¡No es el mismo!
Entonces el mundo se le cayó encima. Camila se separó un poco. Lo miró. El rostro era el de Kael. Pero algo no encajaba. La ropa. La mirada. La forma de estar parado. Un recuerdo le cruzó la mente como un golpe.
Recordó brevemente a Kael hablándole de comprar la finca, pero el dinero era un obstáculo. Camila dio un paso atrás. -¿Así que cumpliste tu palabra? -dijo, con una sonrisa temblorosa-. ¿Tú eras el misterioso comprador de la finca?
Emiliano la miró sin saber qué decir. -¿Perdone? -respondió-. Creo que me confunde con alguien más. Yo soy Emiliano Quintero. El nuevo dueño de esta finca.
Camila soltó una carcajada corta, irónica. -No finjas conmigo -dijo aun entre risas de burla-. ¿Emiliano Quintero? ¿Qué nombre es ese? Hasta pareciera que actúas. No finjas conmigo. ¡Soy tu novia! -replicó de ultimo soltando risas al aire.
Antes de que Emiliano pudiera reaccionar, Camila volvió a abrazarlo. Esta vez lo besó. No fue un beso suave. Fue con urgencia, cargado de emociones retenidas. Emiliano debió haberla apartado de inmediato, debió aclarado todo sin tiempo a confusiones. ¡Pero no lo hizo!
Pensó, por un segundo brutal: -"¿Quién es ella y porque me hace sentir diferente?"
Ese momento no fue debilidad, Camila lo dejó sin palabras y se desarmó por completo. La forma en que lo miraba, como si él fuera un hogar. Como si no esperara nada más que sinceridad. Sintió, por primera vez en años, que alguien no lo veía como un proyecto, un apellido o una inversión. ¡Lo hizo sentirse un hombre deseado y amado!
Emiliano respondió al beso sin quererlo hacer, fue instinto. Un momento natural, como si ahí fuera su lugar. Sin sentirse obligado a amar, a sentir.
Emiliano se quedó pegado a los labios de Camila y de pronto pasos rápidos interrumpieron el momento. -¡Emiliano! -gritaron a su espalda.
Valentina Jaramillo apareció en la entrada del establo. Furiosa con los ojos llenos de rabia. La escena se grabó en su mente en segundos: Emiliano besando a otra mujer, en medio de la finca que acababa de comprar. -¿Qué haces? -cuestionó con un grito de soberbia-. ¿Así que para esto compraste esta finca?
Emiliano reaccionó tarde. Se apartó de Camila con fuerza. -¡Valentina! -respondió a la brevedad-. En verdad no es lo que parece -pronunció limpiándose los labios.
-¡Claro que lo es! -lo interrumpió ella-. ¿La compra no era solo por el café? Sino porque aquí escondías a tu amante.
Camila estaba en shock, los observó a ambos. Todo empezó a encajar de la peor manera posible para ella. -Así que por eso estabas diferente -los interrumpió Camila, con la voz quebrada-. Por eso el viaje, por eso el silencio. ¡Por eso ese nombre ridículo!
Valentina la miró de arriba abajo, confundida y furiosa. -¿Quién es esa pueblerina asquerosa? -preguntó con notorio desprecio-. ¿Tienes de amante a una pueblerina? ¿Una criada de esta finca? ¡Esto es inverosímil! -reclamó entre gritos desesperados.
-¿A quién le dice pueblerina? Vieja maleducada. -respondió Camila entre gritos feroces-. ¡Soy su novia! Y la única hasta ahora. Al menos eso era lo que creía.
El silencio se volvió duro y cruel entre los tres. Ese encuentro inesperado se volvió una traición aparente. Emiliano no sabía cómo explicar nada sin empeorarlo todo. Para Valentina, era infidelidad. Para Camila, una mentira devastadora. Para él, el choque de una vida que no conocía y un futuro a punto de cambiar.
Valentina no dijo más, ella simplemente dio la vuelta con rabia y se marchó, no con dolor. Sino con desprecio por lo que parecía una verdad.
-¡Usted se metió en un grave problema! -le recrimino Emiliano a Camila con la voz corta-. Señorita... Usted no tiene idea de lo que acaba de provocar en mi vida.
Camila se quedó ahí, inmóvil, sintiendo que el aire se había vuelto espeso. No entendía nada. Solo sabía que el hombre frente a ella era Kael: su novio. ¿Y aunque la certeza era casi dudosa? No existía otra explicación razonable. Para Camila ese hombre era Kael Garcia. El capataz de la finca.
Camila levantó la mirada. Sus ojos estaban hinchados. -¿Provocar? -cuestiono ella desconsolada y dispuesta a marcharse de inmediato.
-Escúchame, no te vayas por favor. -dijo él-. En verdad no soy quien crees.
-Entonces ¿Quién eres? -lo interrumpió entre gritos. -¡Un mentiroso! Eso es lo que eres.
-No soy tu novio. -respondió con un suspiro corto-. No sé porque me confundes. -le dijo con la interrogante en su rostro
Camila se puso de pie. -¿Por qué sigues fingiendo? -lo cuestiono entre palabras cortas y llenas de lágrimas-. Me dejaste creer algo que no iba a ser nunca. Porque ya estabas con otra.
-No, señorita. -corrigió Emiliano-. Todo este mal entendido parece no tener explicación, aunque aún podría hacerle ver que no soy la persona que cree.
-¡Vete! -dijo ella-. Mañana me marcharé de esta finca y esta vez ¡Para siempre!
-¡No! -aseveró Emiliano-. Tengo pruebas que me respaldan.
-¿Cuáles? Porque no hay prueba que no certifique no eres Kael. -dijo ella con certeza, creyendo que tenía la plena convicción.
Kael García regresó a la finca. Con una sonrisa que se dibujaba en su rostro, pero algo notó de inmediato y fue el vacío en la finca, el silencio. Cambio su rostro y se dirigió hacia el establo que era su oficina.
Llegó con la incertidumbre y un anillo guardado en el bolsillo. No encontró solo a Camila, Kael encontró a un hombre de espaldas y a ella muy cerca de él. Kael no sintió celos de inmediato, pero la duda lo hizo apresurarse. Sin saberlo, acababa de entrar en una historia donde todos mentían, todos deseaban y todos estaban dispuestos a destruir a otro para salvarse.
-¿Camila? -preguntó mientras avanzaba hacia ellos-. ¿Quién es el?
Camila escuchó la voz de Kael, aun cuando ella aseguraba que se encontraba frente a ella. Y entonces la duda surgió y ella ladeo su cabeza para ver a la persona que había preguntado tras ellos. -¿Kael? ¿Pero, si tu estas ahí? -preguntó ella casi entrando en shock -Entonces... ¿Quién eres tú? -preguntó fijando su mirada en Emiliano.
Emiliano tras observarla que estaba a punto de desmayarse la sostuvo del brazo y Kael corrió hasta estar justo detrás de Emiliano y lo tomo por el hombro y lo obligo a que volteara a verlo. -¡Suéltala imbécil! -le gritó antes de ver su rostro, siendo su sorpresa aun mayor-. ¿Quién demonios es usted?
La duda parecía desvanecerse en Camila, pero no en los dos hombres que se encontraron de frente. -Emiliano. ¡El nuevo dueño de esta finca! Y tú eres Kael, seguramente.
Emiliano no salía de su asombro y Kael estaba con el mismo sentimiento. Todo comenzó a tener sentido para Emiliano, pero para Kael todo era aún confuso.
-¿Ahora si me cree que no soy él? -le dijo Emiliano a Camila, mientras ella estaba observándolos a los dos y aun en los brazos de Emiliano.