Liam y Abigail eran una pareja recien casada. Pero lamento que la combinación no logró las bendiciones de padre de la chica. El joven no era adinerado pero diligente, el padre de Abigail, Julian no vio las virtudes que tenga el joven, siempre desprecia al joven y sus familias por situación financiera.
-Por favor. No pasa nada..- Abigail suplicó al dios en el camino. Acababaron superar todas dificultades juntos para quedarse juntos: Abigail escapó del matrimonio arreglado de su padre, incluso abandonó el derecho de heredera para estar al lado de Liam. El futuro feliz que planeaban en la playa todavia en la mente.
Un frío glacial, más penetrante que cualquier invierno, se apoderó de ella. Corrió por las calles como un alma en pena. Al llegar a la sala de emergencias, su mundo se desmoronó con unas pocas palabras de un médico de rostro cansado:
-Lo sentimos, señora O'Connor. Hicimos todo lo posible. Su esposo, Liam, no resistió las heridas. -dijo el médico viéndola con tristeza
"No resistió". Las palabras carecían de sentido, pero portaban una verdad devastadora. Un zumbido llenó sus oídos. Abigail en shock se sento en la silla donde habia estado antes a la espera de notcia, todo a su alrededor desapareció y en su cabeza se repetia una y otra vez las palabras del doctor.
-No puede ser verdad -dijo Abigail negando con lágrimas inundando sus ojos- Doctor, digame que no es verdad
-Su esposo ingresó gravemente herido señorita, hicimos todo lo que pudimos pero las heridas eran muy graves, su cuerpo no resistio -dijo el medico con compasión, -La policía te explciará más detalles sobre el accdiente.-
Abigail solo lloro, un llanto desgarrador y desconsolado, no lo podia creer tenia un futuro perfecto planeado con Liam, se habian casado, ya tenian su hogar y ahora estaban intentando tener hijos y todo eso se habia ido a la basura por culpa de un maldito accidente.
-Debe venir conmigo -dijo una voz suave a su lado. Era una joven enfermera, Rosa Barreto, cuyo rostro reflejaba una pena genuina-. Necesitamos... que realice la identificación.
Abigail se puso de pie y moviéndose como un autómata, siguió a Rosa por un pasillo frío hasta una puerta metálica. El aire dentro de la morgue era gélido. Sobre una camilla yacía una forma cubierta por una sábana blanca.
-¿Está lista, señora? -preguntó Rosa con respeto.
-Nunca se está preparado para este momento -dijo Abigail desviando su mirada de la camilla
-Lo se, pero es necesario, cuando este lista solo digamelo y proceder -dijo la enfermera tratando de darle tiempo a Abigail para prepararse
Abigail, con lágrimas silenciosas, asintió. Rosa retiró la sábana. Allí yacía Liam. Pálido. Sereno. Ausente. Un grito desgarrador, surgido desde lo más profundo de su alma, escapó de sus labios.
-¡No! ¡Liam!
Su cuerpo cedió, y se aferró a Rosa como a un salvavidas. La enfermera la sostuvo con fuerza, permitiendo que el llanto convulsivo de Abigail empapara su uniforme.
-Ya pasó, señora. Ya no siente dolor -murmuró Rosa, acariciando su espalda-. Déjelo salir, yo la sostengo.
*
-Era un accidente, el conductor consumió alcohol, el coche fuera de control y chocó a la motocleta de señor O'Connor en otro carril.- el policía explicó lo que pasó en Liam a la mujer recien viuda, con cara de compasión.
Abigail quedó callada y escuchaba, como si su alma no estara acá.
-Y encontramos esto en el escenario del accidente. Suponguemos que se pertenece al señor. Que descanse en paz.- El policía entregó una cajita a Abigail.
-Gracias.- Abigail lo recogió y abrió, una collar bonita, de formato muy familiar para la joven.
Era la collar que ella había probado en la tienda, era bonita y la quedaba muy bien, pero por fin no lo compró por el precio. Liam lo recordó y tomó en serio en su corazón.
Pero no volvería, ella solo quería que vuelva.
Las gotas de lagrimas se caeron por las mejillas de nuevo.
*
Abigail, con los ojos hinchados y rojos, se aferraba a la mano ya fría de Liam. La habitación era tranquila, solo el tenue zumbido de los fluorescentes interrumpía el silencio.
Al otro lado de la cama, las familias de Liam también llegaron. Verusca, la madre de Liam, sollozaba con un pañuelo apretado contra la boca, mientras su esposo David la sostenía con un brazo firme, su propio rostro marcado por una pena silenciosa y estoica. Micaela, la hermana menor de Liam, se aferraba al brazo de Abigail, como si entre las dos pudieran encontrar la fuerza que una sola no tenía.
-Tienes que hacerlo, Abby -la voz de David sonó ronca, cargada de una emoción que apenas podía contener-. Los médicos lo han explicado. Esta... esta donación... es lo que Liam hubiera querido. Ayudar a otros. Dar vida cuando a él... cuando a él se le ha negado.
Verusca asintió con dificultad, secándose las lágrimas. -Mi hijo tenía un corazón tan grande... -susurró, su voz quebrada-. Que siga latiendo en alguien más... es la única manera de que un pedazo de él no se marche del todo.
Su esposo era simpático y generoso, firmó un acuerdo de donación de su cuerpo cuando era vivido. Y ahora era el momento, el médico les explicó su corazón iba a salvar a otra persona en peligro. Él, que siempre fue generoso, sin duda habría dicho que sí.
Abigail miró el rostro sereno de su esposo. Recordó su sonrisa, su energía, su forma de abrazar la vida.
-Yo... yo firmaré -dijo Abigail, con una voz que no reconocía como suya-. Para que su corazón... siga siendo tan fuerte y bueno como siempre fue.
Fue Micaela quien, entre lágrimas, apretó su mano. -Él te amaba tanto, Abigail. Estaría orgulloso de ti en este momento.
El trámite fue rápido, sombrío. Un coordinador de donaciones les explicó el proceso con profesionalidad y tacto. Firmaron los formularios en un acto que sentían a la vez desgarrador y profundamente significativo. Era la última decisión que podían tomar por Liam, el último acto de amor.
Mientras salían de la oficina, con un vacío aún más profundo en sus pechos, el teléfono de Abigail vibró. Un mensaje de su padre, Julián.
"Abigail, ven a casa inmediatamente. Tu madre ha empeorado mucho. Los médicos no son optimistas. No puedo pasar por esto solo. Necesito que estés aquí."
Un nuevo golpe de realidad. Abigail palideció, mostrándole el mensaje a la familia O'Connor.
-Es mi papá... mi madre... -no pudo terminar la frase, abrumada por la culpa de tener otra preocupación cuando acababa de perder a su esposo.
Verusca fue la primera en reaccionar. Tomó el rostro de Abigail entre sus manos, con una ternura maternal que hizo que nuevas lágrimas brotaran de los ojos de la joven.
-Mija, escucha -dijo Verusca con firmeza-. Ve. Ahora mismo. Tu lugar en este momento también está con tu familia.
-Pero el funeral... los arreglos... -balbuceó Abigail, sintiéndose dividida.
-Nosotros nos encargaremos de todo -intervino David con un tono paternal-. Liam entendería. Tú fuiste su mundo, y tu familia también es importante.
-¡Exacto! -añadió Micaela, empujándola suavemente hacia la salida-. Vete, Abby. Ya has pasado por demasiado. Has perdido a un esposo, no puedes arriesgarte a perder a tu madre también. Nosotros te mantendremos informada de todo. Ve.
Abigail se sintió abrumada por su apoyo. En medio de su dolor, la familia de su esposo le estaba dando un salvavidas, una razón para moverse, para seguir funcionando. Los abrazó a todos, una despedida cargada de un dolor compartido y un agradecimiento infinito.
-Gracias... -fue lo único que pudo decir antes de girarse y caminar rápidamente por el pasillo, secándose las lágrimas con la manga, se marchó en la trampa que hizo su padre...