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El contraataque de la exesposa: ¡ya no te amo!

El contraataque de la exesposa: ¡ya no te amo!

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img 107 Capítulo
img Giles Naroian
5.0
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Acerca de

Durante tres años, Shane y Yvonne estuvieron casados, compartiendo noches apasionadas. Sin embargo, el corazón de él todavía pertenecía a su primer amor. Yvonne se esforzó por ser una esposa ejemplar, pero su matrimonio se sentía vacío, construido sobre el deseo más que sobre el verdadero afecto. Todo cambió cuando quedó embarazada. Shane la obligó a subir a la mesa de operaciones y le advirtió: "¡Solo uno de ustedes sobrevivirá!". Destrozada por su crueldad, la mujer se fue. Y luego regresó, exitosa y llena de vida, dejando a todos impresionados. Profundamente arrepentido, Shane le rogó que le diera otra oportunidad, pero Yvonne se limitó a sonreír y respondió: "Ya no me interesan los hombres".

Capítulo 1 Aún cumpliendo condena

"Ha pasado mucho tiempo desde que tuvimos un momento así...". Los labios de Shane Brooks rozaron la oreja de Yvonne Burton-Brooks, y la voz de él sonó tan suave como la seda.

"Shane, tengo que ir al hospital ahora...". Yvonne giró la cabeza, evitando el beso que él intentaba robarle.

"¡Solo esta vez!", insistió él.

El tiempo pareció estirarse infinitamente, como una cuerda tensa a punto de romperse.

Shane no la soltó hasta que Yvonne sintió que el mundo a su alrededor daba vueltas y que estaba a punto de desmayarse.

"¿Te hice daño?". Su voz, grave y profunda, transmitía una mezcla de preocupación y burla. "¿Qué tal si te compenso con el bolso de diseñador más reciente?".

Yvonne abrió los párpados y fijó su mirada en él.

El hombre que tenía delante era increíblemente guapo, con rasgos tan refinados que podrían haber sido esculpidos por un artista. Su habitual semblante frío y distante seguía presente, aunque ahora teñido de una ligera pero persistente pasión, lo que delataba la intimidad que acababan de compartir.

Tras tres años de matrimonio, Yvonne había aprendido a reconocer esa mirada. Era su señal de que estaba satisfecho.

Esa era la razón por la que se mostraba tan generoso con ella.

Yvonne esbozó una sonrisa amarga. "¿Lo olvidaste? Aún no he cumplido mi condena".

"Entonces puedes usar el bolso cuando salgas", respondió Shane con naturalidad, como si hablara del tiempo.

A Yvonne se le oprimió el corazón al oírle hablar de la cárcel con tanta despreocupación, como si fuera un simple contratiempo.

"Saldrás pronto de la cárcel, ¿verdad?". Sus dedos le recorrieron la mejilla con una familiaridad casi ensayada. "Ya te lo dije antes, un año se pasa volando en un abrir y cerrar de ojos".

Yvonne se tragó el nudo que tenía en la garganta y le sujetó la mano, mientras la desesperación teñía su voz. "Me llamaron del hospital... dijeron que mi abuela no estaba bien, ¿podrías acompañarme a visitarla?".

Como aún cumplía condena, no podía salir de la cárcel a voluntad.

Pero se había ganado un permiso de salida de un día gracias a su buen comportamiento.

Inicialmente, su plan era ir directamente al hospital. Sin embargo, había dudado, preocupada de que su frágil abuela, Margarita Thomas, pudiera inquietarse por su apariencia desaliñada. Volver a casa para asearse le pareció la decisión correcta, pero, inesperadamente, se encontró con Shane allí, que acababa de regresar de un viaje de negocios en el extranjero.

Realmente quería correr al hospital, pero Shane la detuvo. Él se había mantenido firme, exigiendo que sus necesidades fueran satisfechas, lo que la obligó a pasar toda la mañana allí.

Sin embargo, pensó, quizá esto fuera bueno. Si Shane la acompañaba al hospital, eso haría feliz a su abuela.

Pero al instante siguiente, él le apartó la mano.

El corazón de Yvonne se hundió como una piedra arrojada a aguas profundas.

"Tengo algo pendiente esta tarde. Puedes ir sola". Las palabras de Shane salieron sin titubear. Poniéndose de pie, sacó una tarjeta del cajón de la mesita de noche y se la entregó. "Úsala para comprarle algo bonito a tu abuela".

Aquello no sorprendió a Yvonne; no era la primera vez que se encontraba en esa situación. El método preferido de su esposo para resolver problemas siempre implicaba dinero.

Pero ella sabía que Margarita no necesitaba regalos caros. Lo que su abuela necesitaba, lo que anhelaba, era verlos a Shane y a ella felices juntos como familia.

Shane se duchó, se vistió y salió sin decir ni un adiós.

Yvonne se incorporó con lentitud, las piernas aún débiles y temblorosas al levantarse de la cama.

Luego se dedicó a empacar algo de comida casera para llevar al hospital, algo que su abuela valoraría más que cualquier regalo comprado.

Cuando entró en la habitación de su abuela, lo que vio le heló la sangre. La bolsa con la comida se le resbaló de las manos y golpeó el suelo mientras gritaba: "¡Abuela!".

Aunque su abuela había soportado numerosas hospitalizaciones durante su enfermedad, nunca había necesitado un respirador. Aquello conmocionó a Yvonne.

Yvonne corrió hacia la cama de su abuela, con la voz temblorosa de preocupación. "¡Abuela, estoy aquí! ¡Abre los ojos y mírame, abuela!".

Los arrugados párpados de su abuela se abrieron lentamente, y una tenue chispa de reconocimiento iluminó sus ojos cansados. "Yvonne, estás aquí...".

"Abuela, ¿qué pasó?". Las palabras de Yvonne salieron atropelladamente, en un torbellino de pánico. "La enfermera dijo que solo te sentías un poco mal y que me echabas de menos. ¿Por qué tu estado parece tan grave?".

"Le pedí a la enfermera que no te alarmara demasiado. Yvonne, creo que no me queda mucho tiempo", respondió la anciana.

"¡No! ¡Eso no es verdad!". La mano temblorosa de Yvonne se posó sobre el rostro de su abuela. Una rápida evaluación le bastó para confirmar sus peores temores:

a su abuela realmente no le quedaba mucho tiempo.

Las lágrimas trazaron caminos ardientes por las mejillas de Yvonne mientras la tristeza amenazaba con partirle el corazón en dos.

"Yvonne, la vida y la muerte van de la mano. No llores". Los dedos frágiles de su abuela acariciaron la mejilla húmeda de su nieta. "Tener una nieta tan maravillosa como tú me hace sentir satisfecha con mi vida. Solo me preocupa cómo te las arreglarás después de que yo me haya ido".

"¡Abuela, por favor, quédate conmigo!". Yvonne se limpió las lágrimas rápidamente, forzando un tono alegre en su voz. "Saldré de prisión dentro de un mes. Entonces nunca me alejaré de tu lado. ¿Recuerdas cómo anhelabas regresar a nuestra ciudad natal? Cuando te recuperes, iremos juntas".

"Eso sería encantador". La mirada de su abuela reflejaba una ternura infinita. "Trae a Shane también".

Aunque su corazón sabía que no era así, Yvonne asintió fervientemente. "Claro. Shane quería estar aquí hoy, pero asuntos urgentes de trabajo requerían su atención".

"El trabajo siempre va primero". Su abuela extrajo un colgante de media luna de debajo de la almohada y lo depositó en la palma de Yvonne.

El colgante estaba hecho de jade de alta calidad y tenía un pájaro tallado.

"Yvonne, guárdalo bien. Es tu...". La repentina apertura de la puerta interrumpió las palabras de la anciana.

La imponente presencia de Shane llenó el marco de la puerta, su traje oscuro resaltaba su estatura. Se movía con elegancia.

La alegría iluminó el rostro manchado de lágrimas de Yvonne. "¡Abuela, mira! ¡Shane vino a verte!".

Pero cuando él se acercó, había algo raro en su expresión.

Su habitual máscara de fría indiferencia se había agrietado; parecía inusitadamente ansioso y preocupado. "Yvonne, Jade necesita una transfusión de sangre inmediata".

Las palabras apuñalaron la momentánea felicidad de Yvonne. Había pensado que Shane estaba preocupado por su abuela, pero resultó que solo estaba preocupado por Jade Davis.

Por supuesto. En el mundo de Shane, nadie podía eclipsar a su amor de la infancia, su llama inextinguible, Jade. Todos los demás quedaban en un segundo plano.

Yvonne luchó por contener el dolor familiar en el pecho. "Mi abuela yace aquí, gravemente enferma. Debo quedarme a su lado. ¿No puede Jade usar las reservas del banco de sangre?", respondió.

"Aquí no hay ese tipo de sangre rara, y el banco de sangre más cercano está a una hora de distancia. Jade no puede esperar tanto tiempo". Los dedos de él se cerraron alrededor de la muñeca de ella como tenazas de acero. "Yvonne, su vida está en juego. Tienes que venir conmigo ahora mismo".

"¡No dejaré a mi abuela! ¡Suéltame!". Los forcejeos de la joven resultaron inútiles contra la fuerza de su esposo.

"Yvonne...". La frágil voz de su abuela la llamó por su nombre, y su mano se alzó hacia su nieta. "Nunca te hablé de tus padres. La verdad es que tú...".

"¡Abuela!", gritó la joven, pero él ya la había arrastrado fuera del cuarto antes de que pudiera escuchar el resto de las palabras de su abuela.

Aunque el protocolo limitaba las donaciones de sangre a cuatrocientos mililitros, Shane exigió el doble de esa cantidad a su esposa.

Esto la dejó pálida como un fantasma y temblando tras la donación.

A pesar de su debilidad, se forzó a ponerse de pie, apoyándose en la pared mientras caminaba a trompicones hacia la habitación de su abuela. La escena que la recibió hizo que su mundo se tambaleara: el silencioso respirador, el cuerpo inmóvil de su abuela cubierto por una sábana blanca...

Las piernas le fallaron y se desplomó en el suelo.

El dolor le había robado hasta las lágrimas. Se arrastró con sus extremidades temblorosas hasta llegar a la cabecera de la cama.

"No... Abuela... No me dejes...". Se aferró a la mano sin vida de su abuela, ahogándose en olas de desolación.

"Mi más sentido pésame, Yvonne". La voz grave de Shane atravesó su angustia con frialdad. "Jade ya está estable. Gracias por tu ayuda... Por cierto, la cárcel requiere tu regreso inmediato".

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