Flashback
El rugido de los motores llenaba la cabina del lujoso jet privado, mientras Luna Moretti miraba fascinada por la ventanilla. A sus trece años, la inmensidad del cielo le parecía un sueño inalcanzable. Su madre, Alessandra, le sonreía con ternura, y su padre, Marco, un hombre de negocios exitoso, revisaba documentos con una expresión concentrada.
-¿A dónde vamos, mamá? -preguntó Luna emocionada.
-Es una sorpresa, cariño -respondió su madre con una risa suave, acariciando su cabello rubio.
Pero la calidez del momento se rompió abruptamente cuando una sacudida violenta estremeció el avión. Las luces parpadearon y el sonido ensordecedor de alarmas llenó la cabina.
-¡Señor Moretti! -gritó el piloto desde la cabina-. ¡Hemos perdido el control del motor derecho!
El caos se desató. La aeronave descendía a una velocidad alarmante. Luna sintió un nudo en el estómago cuando el suelo pareció desaparecer bajo sus pies. Los gritos de la tripulación y el eco de las alarmas la envolvían, pero lo único que pudo hacer fue aferrarse al cuerpo de su madre.
-¡Alessandra, Luna, las amo! -dijo su padre con voz ronca, abrazándolas con fuerza mientras la muerte se cernía sobre ellos.
El impacto fue brutal. Un estruendo desgarrador rasgó la noche cuando el jet se estrelló contra las copas de los árboles antes de estamparse en el suelo del bosque. El mundo entero se sacudió y luego... silencio.
El olor a humo y sangre impregnaba el aire cuando Luna abrió los ojos. Todo su cuerpo dolía. Su brazo izquierdo ardía con un dolor punzante. Intentó moverse, pero un escombro le cortaba el paso. Con esfuerzo, logró apartarlo y se arrastró entre los restos del fuselaje.
-Mamá... -¿Papá? -susurró con la voz quebrada.
Sus ojos verdes se llenaron de lágrimas al ver la silueta inmóvil de su madre a unos metros de ella. Su vestido estaba empapado de sangre. El aire escapó de sus pulmones.
-¡Mamá! -su grito desgarrador se perdió en la inmensidad del bosque.
Un gemido débil la hizo girar la cabeza. Su padre seguía con vida, atrapado entre los restos del avión. Un trozo de metal se había incrustado en su abdomen, pero su mirada era firme.
-Luna... ven aquí, hija -dijo con esfuerzo.
Temblando, Luna se arrastró hasta él.
-Papá, no te muevas... -Voy a ayudarte -sollozó, presionando la herida con sus pequeñas manos.
-Escúchame bien, Luna. Tienes que ser fuerte. No sabemos qué hay en este bosque, pero quiero que te protejas. -Con una mano temblorosa, sacó una pequeña navaja de su bolsillo y se la entregó-. Afilamos unas ramas, ¿de acuerdo?
Luna asintió, con el corazón latiendo con fuerza. Hizo lo que su padre le pidió, tallando con torpeza varias ramas hasta formar improvisadas lanzas.
El crujido de ramas los puso en alerta. Desde la espesura, ojos brillantes los observaban. Una sensación de peligro puro recorrió la espalda de Luna.
-¿Qué es eso, papá? -preguntó con un hilo de voz.
-No lo sé... Pero no estamos solos.
Damián Blackwood había visto el avión descender desde lo alto de una colina. Como alfa de su manada, había salido con sus lobos para investigar. Sin embargo, no eran los únicos interesados en la caída del jet. Su enemigo, Viktor Dragovic, y su manada también se acercaban, ansiosos por aprovecharse de la tragedia.
Damián fue el primero en llegar. Observó la escena con ojos fríos. Entre los escombros, una niña con un vestido rasgado sostenía una lanza improvisada junto a su padre herido. El instinto de caza se activó en su interior, pero algo lo detuvo. Había algo en la niña... una ferocidad inusual en su mirada.
Pero antes de que pudiera reaccionar, sintió un dolor punzante en su pata. Miró hacia abajo y vio que una pequeña daga de madera se había incrustado en su piel. Un aullido grave salió de su garganta.
La mirada de Luna se posó en él, temblorosa. Había logrado herirlo, pero sabía que no era suficiente. El enorme lobo blanco de ojos azules era imponente... aterrador.
El gruñido de otro lobo atrajo su atención. Viktor Dragovic había llegado. Su imponente figura negra se movía con sigilo entre los restos del avión.
Damián no tuvo tiempo de preocuparse por la niña; ahora tenía que pelear por su vida. Saltó sobre su enemigo, ambos rodando entre los escombros en una lucha feroz.
Luna vio, horrorizada, cómo el lobo negro se liberaba del agarre de Damián y se lanzaba hacia su padre. Marco intentó protegerse, pero fue inútil. Un chasquido seco y el grito desgarrador de su padre hicieron que el mundo de Luna se detuviera.
-¡Papá! -gritó con el alma rota, sintiendo cómo su corazón se rompía en mil pedazos.
El lobo negro se volvió hacia ella, con su único ojo centelleando de ira. Pero antes de que pudiera atacarla, Luna, impulsada por la desesperación, tomó la daga que su padre le había dado y se la clavó con todas sus fuerzas en el rostro, perforando su ojo izquierdo.
Viktor rugió de dolor, retrocediendo. Luna no perdió tiempo y corrió hacia el bosque, su cuerpo temblando de terror.
A sus espaldas, Damián vio lo ocurrido. La niña había atacado a Viktor... y había sobrevivido. Sus piernas fallaron y cayó de rodillas. El veneno de la daga impregnaba su cuerpo.
Luna corrió de vuelta y lo miró. El lobo blanco jadeaba con dificultad, sus ojos azules fijos en ella.
Su visión se volvió borrosa. Su respiración se hizo pesada. No entendía por qué, pero no podía dejarlo morir. A pesar de todo, se acercó a él y tocó su pelaje.
-No mueras... -Susurró antes de desplomarse sobre él.
Damián sintió su cuerpo pequeño caer contra el suyo. Y entonces todo se volvió oscuridad.