Toda mi vida había pensado que nadie se enamoraría de mí, jamás , ni por error. Al menos eso creía hasta que llegó Samuel Anderson.
Ese chico popular del instituto que hace suspirar a cualquiera con su inminente belleza y que fácilmente consigue lo que se propone dado que intimida al que se le pone enfrente.
Por azares del destino, nuestras vidas se vieron unidas, y con el paso del tiempo pude percibir que, además de ser un Donjuán, también es alguien misterioso. La razón de su misterio, no la sé, pero esa sonrisa que siempre muestra esconde algo mágico y oscuro.
"Un curioso deseo de arrodillarme y confesar mis pecados"
... Así la describiría. Quémenme viva, si miento.
Cómo era de esperarse, me termine enamorando de él como una tonta hasta el punto de no poder controlar ni mis propias emociones. Una palabra suya y caigo rendida a sus pies.
¡Masoquismo puro!
Y he aquí, parado frente a mí, mirándome de una manera en la que jamás creí que lo vería hacerlo. Percibo un brillo único en sus ojos que se revela en mi única presencia y, si no me equivoco, Samuel Anderson , acaba de decir que está enamorado de mí.
«No te enamores», me advertí.
Sin embargo, fue más que imposible con semejante sonrisa a pesar de ser una hermosa mentira.
Si, así es... Todo comenzó con una sonrisa, pero vamos por partes.
Antes de aquello - que para ser honesta no sé si sea un vago sueño - sufrí por su causa, tanto que en repetidas ocasiones me partió el corazón en miles de diminutos fragmentos.
«¿Cómo comenzó nuestra extraña historia de amor?», Se preguntarán.
Pues verán...