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-Espera... ¿Tú eres David Beckeler?- Pregunta Chris.
-Sí, soy yo.
-¿Tú estuviste con Haley?
-Sí, fuimos novios.
-Bueno, cuando nos hicimos novios oficiales yo ya no estaba siendo sincera con mis motivos, así que creo que no se puede considerar un noviazgo real.
-Pero las veces que nos besamos antes de eso sí eran reales. ¿Recuerdas nuestro primer beso?
-Sí, le dije a Emma que había estado bien a secas. Que no había sido increíble.
-Pues a mi no me pareció eso. Estabas muy sonriente después.
-Porque creía que era como debía estar después de besar a un chico que supuestamente me gustaba.
-Admite que te gustó.
-En su momento pensé que sí, pero eso fue hace un año y medio. He cambiado mucho desde entonces.
-En eso tengo que darte la razón. La chica que conocí no se habría convertido en la novia del mayor enemigo de su familia.
-Alexander no es el mayor enemigo de mi familia, ese es Brendan. Mi hermano, el rey de Velstand, te lo diría.
-¿Por qué Brendan quería casarse contigo?- Cuestiona.
-Para reforzar una alianza en contra de Alexander.
-Como prefieres a Alexander, te negaste.
-Lo hice por dos motivos: Estoy enamorada de Alexander y Brendan es una persona horrible. Sencillo.
-Y cualquiera en su sano juicio preferiría a Alexander antes que a Brendan- Interviene Chris.
-Disculpa, pero... ¿Quién eres tú?- Pregunta David.
-Soy Christine, la prima de Haley.
-Creía que el rey Julen era hijo único.
-No es hijo único, mi tío Will es su medio hermano. Y Chris es mi prima por parte materna.
-Claro, por eso traicionó a mi padre- Resopla David. -Se sentía superior.
-También puede ser porque tu padre llegó a decir que siempre había deseado a su esposa y que ahora me deseaba a mi.
-Un hombre no puede controlar lo que le atrae.
-Oh, venga, David. ¿Te parece normal que un hombre de 47 años se sintiese atraído por una chica que tenía 19 en ese momento? Había casi 30 años de diferencia. Y prefiero no repetir los comentarios tan obscenos que hizo sobre nosotras.
-Qué puedo decir, a los hombres nos atrae la fertilidad- Se encoge de hombros.
-Las mujeres pueden quedar embarazadas a partir de los 30 años. Lo sabes, ¿Verdad?
-Pero una chica más joven es más fértil y tiene más posibilidades de tener mejores embarazos y partos. Por eso sería imposible que Alexander se casara con una mujer de 35 años, por ejemplo.
-Quizás se debe a que él tiene 25 años. No sé, llámame loca.
-Pero no lo haría aunque fuese más mayor. Él es igual que todos, aunque tú no quieras verlo.
-Claro, David.
-Lo tienes en un pedestal, pero es así. Seguro que ni siquiera es bueno besando.
-Es bueno haciendo mucho más que eso- Suelto.
En otras circunstancias no comentaría nada sobre mi vida íntima con él, pero es que ya me tiene harta. Está convencido de que todo es como él piensa, que he escogido a Alexander por su posición social.
-Yo pensaba que las princesas tenían que esperar al matrimonio, pero veo que no se lo has puesto nada difícil.
-¿Me estás llamando fácil, en serio?
-Interprétalo como quieras.
-Precisamente Haley no se lo ha puesto nada fácil- Dice Chris. -No tienes razón.
-No ponérselo fácil es esperar a que te ponga un anillo en el dedo, y no veo ninguno en el tuyo. ¿Qué pasará si decide no casarse contigo? Volverás a Velstand desvirgada y todo el mundo lo sabrá.
-Creo que estás proyectando, David. No todos están tan obsesionados con la virginidad femenina como tú.
-Ningún príncipe o rey querría a una mujer usada por Alexander.
-Brendan decidió casarse conmigo sabiendo que me había acostado con Alexander. ¿Cómo explicas eso?
-Eso es por territorialidad. Quería invadir el territorio de su enemigo.
-Claro. Mejor reconoce que no quieres que tu novia haya estado con alguien antes porque temes salir perdiendo en la comparación.
-Te haré una pregunta. ¿Crees que Alexander estaría contigo si te hubieses acostado conmigo o con algún otro? Claro que no, porque él se puede permitir elegir a la mujer que quiera y evidentemente ha elegido a una que sólo ha estado con él.
-Claro, porque él sabía que yo era virgen desde que me conoció. Cuando me presenté le dije: Soy Haley Russell y soy virgen- Chris se ríe ante el comentario.
-No lo entiendes, Haley. No es necesario que una mujer sea virgen para que te atraiga sexualmente, y al principio él sólo te veía así.
-Que sí, David, que sí.
-Así son las cosas, aunque no te gusten. Alexander nunca se casaría con una puta.
-Claro, porque haberse acostado con un hombre antes es ser una puta.
-Para un hombre con ese estatus y poder sí, porque puede elegir a cualquiera. En cambio, uno como yo no puede elegir a cualquiera y tiene que conformarse más.
-¿Y dónde entra en todo ese manual el proponerle una mamada a otro hombre para que haga algo por ti?- Lanzo el veneno. -Porque no me cuadra mucho.
-Ese fue un momento de debilidad- Se excusa. -Ahora no lo haría.
-¿A quién le ibas a hacer una mamada?- Indaga Chris.
-A Alexander- Respondo yo.
-Pero... ¿Te gustan los hombres?
-No, sólo quería salir de la cárcel. Pero ahora ni se me pasaría por la cabeza.
-Fue un momento bastante desagradable- Comento.
-¡¿Y entonces para qué lo recuerdas?!- Se altera. -Sólo para joderme.
-No vuelvas a gritarle- Alexander aparece con cara de pocos amigos.
-No has oído lo que me ha dicho ella antes.
-Me da exactamente igual- Lo corta. -No le grites o te devolveré al lugar en el que deberías estar.
-Lo siento- Agacha la cabeza, consciente de que la amenaza es muy real.
-He ordenado que avisen a Jack- Alexander se dirige a Chris. -Estará aquí enseguida.
-Vale, gracias.
-¿Podemos reunirnos ya en privado?- Indaga David.
-Antes quiero hablar con mi novia.
-Pero tú me has mandado llamar.
-Pues te esperas, Beckeler- Lo mira mal. -Quédate ahí sentado. Volveremos dentro de unos minutos.
Me coge de la mano y me lleva con él a través del pasillo hasta que encontramos una habitación vacía. Luego nos mete dentro y cierra la puerta con llave para asegurarse de que nadie entre.
-¿Vas a confiar en él?- Cuestiono. -Es muy probable que te traicione.
-Lo sé.
-Entonces... ¿Por qué le has mandado llamar?
-Porque hay una posibilidad de que no me traicione, y entonces podría convertirse en una buena baza.
-Pero... ¿Cómo vas a asegurarte?
-Le pondré a prueba- Explica. -Sin que lo sepa, claro. Sólo lo vas a saber tú.
-¿Y cómo vas a hacer eso?
-Voy a darle información falsa. Si Brendan se entera lo sabré y entonces podremos descartar a vergoso como espía.
-Entonces se va a ir a Cussinten.
-Sí.
-No veo cómo va a conseguir comunicarse con Brendan.
-Pues igual que lo hizo su padre. Brendan estará dispuesto a escucharlo, al menos.
-¿Y si no confía en él?
-También es una posibilidad nada desdeñable.
-Pongamos que David decide ser leal y engañar a Brendan. ¿Qué pasará si se da cuenta de que lo engaña?
-Lo matará y luego posiblemente me enviará la prueba como lección.
-David no me cae nada bien, pero tampoco quiero que muera.
-Lo más probable es que nos traicione, así que no va a pasarle nada.
-No sé...
-A veces hay que hacer sacrificios. El fin es demasiado importante como para tener en cuenta los medios.
-Supongo que tienes razón, pero no me siento bien con ello.
Me coge por la cintura y me atrae hacia él. Luego me eleva la barbilla con suavidad para que lo mire a los ojos.
-No te sientas así- Pide. -La idea ha sido mía, y si algo sale mal será mi culpa.
-Sí, pero yo te apoyo. Somos pareja y voy a apoyarte en todo, salvo que considere que es una locura o no esté nada de acuerdo.
Esa es una convicción que tengo desde hace mucho tiempo. Creo que en una relación o matrimonio los dos miembros deben apoyarse mutuamente, porque así sienten que siempre van a tener a alguien que esté de su lado. Aumenta la confianza y se sienten valorados por su pareja.
Pero claro, el apoyo tiene que ser equilibrado. Mi madre se ha anulado a sí misma para apoyar en todo a mi padre, incluso cuando hace locuras. El problema que trae esa decisión es que te acabas enemistando con muchas personas cuando tu marido se equivoca, y la relación con tus hijos se resiente.
-Yo no cometo locuras- Asegura.
-Conquistar a una Antilles siendo tú un Larssen se podría considerar una locura.
-Sólo estaba conquistando a una mujer muy hermosa y valiente.
-No finjas que no te atraía lo prohibido que era.
-Bueno, tengo que reconocer que eso tuvo su importancia durante los primeros meses.
-Lo sabía.
-También lo fue para ti, no te hagas la inocente.
-Supongo que lo prohibido tiene su encanto.
-Pensé en ti muchas noches- Confiesa.
-¿Por qué en las noches?
Me estudia durante unos segundos, como si estuviera intentando descifrar algo.
-Es impresionante- Dice finalmente.
-¿El qué?
-Lo inocente que sigues siendo, incluso después de que hayamos follado ya muchas veces.
-No soy inocente.
-No sabías a lo que me refería.
-Ahora sí lo sé.
-A ver, ¿a qué me refiero?
-No lo voy a decir, pero lo sé.
-No me lo creeré si no lo dices.
-Pues supongo que te refieres a que te... complacías a ti mismo.
-Pensando en ti.
-No sé si eso es un cumplido.
-Lo es, porque te dediqué muchas... noches.
-¿Y en qué pensabas?
-En follarte, claro.
-¿Siempre de la misma manera?
-No, había distintas posiciones y distintos escenarios. A veces tú decías unas cosas, otras veces otras. También cambiaba la ropa que llevabas puesta.
-¿Y alguna de esas fantasías se cumplió?- Indago.
-Bastantes, de hecho.
-Dime una que te falte por cumplir. Una hacia la que sientas muchas ganas.
Parece que tiene una idea muy clara sobre ello, pero no se atreve a decirlo.
-Venga.
-Es que no quiero que te sientas presionada a hacerlo, y sé que te sentirás así si te lo digo. Prefiero que te des cuenta por ti misma cuando estés lista.
¿De qué estará hablando exactamente? Ya hemos probado muchas posiciones y también lo hemos hecho en varios sitios, pero quizás esté pensando en otro específico. O quizás no se trate de sexo vaginal como tal.
De repente recuerdo una conversación que tuve con Liam y Emma, en la que decían que había hombres a los que les gustaba follar por detrás, incluso si su pareja era una mujer. Espero que no se trate de eso, porque yo no me siento capaz de hacerlo.
-Yo no quiero hacer eso- Confieso. -No me apetece nada, y además estoy segura de que me dolería mucho.
-A ver, ¿a qué crees que me refiero?
-Pues... al sexo por detrás.
-No hablaba de eso- Sonríe y se esfuerza por no reírse. -Tranquila.
La vergüenza me embarga, y siento cómo la temperatura de mis mejillas aumenta en pocos segundos. Genial, ya me convertí en un tomate.
Me doy la vuelta y camino hacia la puerta con rapidez, porque no quiero que me vea y se burle. Sin embargo, me alcanza antes de que pueda coger el pomo.
-No me he reído- Asegura.
-Pero ibas a hacerlo.
-Te has sonrojado- Vuelve a sonreír. -Bastante.
-Calla.
-¿Recuerdas lo mucho que te sonrojabas al inicio?
-No.
-Te ponía nerviosa lo mucho que te atraía.
-No, era porque estaba en una situación incómoda y quería salir de ella.
-Claro.
-Pues sí- Me cruzo de brazos. -Ahora déjame salir.
-No te molestes, cariño- El apelativo me ablanda un poco. -Que tengo algo para ti.
-Pero si hoy no es ninguna fecha importante.
-No tiene que serlo para que te regale algo.
-¿De qué se trata?
-Lo verás después de que despache a vergoso. Quiero quitármelo ya de encima.
Salimos de la estancia y volvemos al salón en el que se encuentra David, que tiene cara de aburrimiento supremo.
-¿Y Chris?- Pregunto.
-Se acaba de ir con un tipo maleducado- Responde David.
-Maleducado eres tú- Replica Alexander, molesto. -Ese era uno de mis mejores amigos.
-Se ha reído de mí, así que no me ha dado buena impresión.
-Bueno, es que no tiene ningún interés en darte buena impresión.
-¿Eres consciente de que tu prima se acuesta con ese tipo?- Se dirige a mi. -No he oído nada explícito, pero es obvio que había mucha cercanía entre ellos.
-Pues es su novio, es lo normal.
-Yo verdaderamente pensaba que las mujeres de clases sociales altas os guardabais para la noche de bodas.
-No entiendo por qué te importa tanto.
-Porque él no folla desde hace ni se sabe cuánto tiempo y está celoso de Jack y de mi- Es Alexander el que responde. -Le molesta que disfrutemos con nuestras novias.
-El sexo no es tan importante- Dice David.
-Lo dices únicamente porque no puedes tenerlo.
-Yo puedo acostarme con muchas chicas- Se cruza de brazos. -Pero tú tienes más opciones sólo porque eres rey.
-Sí, es únicamente por eso.
-¿Hablamos ya de lo importante o qué?
-Está bien. ¿Quieres venir?- Alexander me mira.
-No es necesaria su presencia- David rueda los ojos.
-Cierra la boca, Beckeler. ¿Quieres venir?- Repite.
-No, voy a buscar a Camille, que tengo que hablar con ella de una cosa. Luego nos vemos para eso- Prometo, refiriéndome al regalo.
-Jaja- La actitud infantil de David nos sorprende a ambos. -No te ha hecho caso.
Suspiro con pesadez ante su inmadurez. Cualquiera diría que con 22 años que tiene debería actuar como un adulto, pero ya veo que su edad mental no pasó de los 15.
Me despido de Alexander dándole un beso profundo que se prolonga más de la cuenta. Si nos estuviese viendo otra persona me separaría más rápido para no incomodarla, pero ahora me resulta indiferente.
-Hasta luego- Le sonrío con dulzura y me voy.
No me veo obligada a ir a la casa de Camille y Thaddeo, porque me encuentro con ella en uno de los jardines.
-Justo iba a buscarte- Comunico.
-¿Ah, sí?¿Por qué?
-Quería preguntarte una duda. Por cierto, ¿a qué venías?
-A cotillear un rato, la verdad. Es que me aburro mucho cuando Thad no está.
-¿Cuándo vuelve del viaje?
-La semana que viene.
-Ah, bueno.
Su marido viaja demasiado, en mi opinión. Es cierto que controla varios negocios y algunos están fuera de Stratos, pero incluso Camille considera que no es necesario que los vigile tanto. Además, ahora que está embarazada debería intentar pasar más tiempo con ella, aunque el bebé no nacerá hasta junio del año que viene.
-¿De qué querías hablar?- Pregunta cuando nos sentamos en un banco de piedra.
-¿Qué tipos de sexo hay? Los más comunes.
-¿Cómo?
-Es que creo que hay algo que no he hecho con Alexander, pero no me quiere decir qué es y sé que quiere que lo hagamos.
-A lo mejor se refiere a una posición concreta.
-Puede ser, pero ya hemos probado bastantes. Creo que no se trata de eso.
-Quizás quiera intentarlo por detrás.
-Eso es lo que le he dicho yo y no era.
-¿Qué te ha dicho en concreto?
-Que no quería que me sintiera presionada a hacerlo y que prefería que me diese cuenta cuando estuviera lista.
-Suena a que es algo común dentro del sexo entre hombre y mujer. ¿Estás segura de que lo has hecho todo?
-Pues... No lo sé.
-A ver, hay tres lugares por los que un hombre puede penetrar a una mujer.
-¿Tres?- Cuestiono.
-Haley, tú... A ver, no sé cómo decir esto.
-Dilo sin más.
-¿Tú le has hecho un oral a Alexander, verdad?
Pues va a ser que no. ¿Cómo he podido olvidarlo? ¿Cómo he podido olvidar que tenía que hacer eso? Soy estúpida.
-Emmmmm...
-No lo has hecho.
-Lamentablemente no.
-Pues está claro que eso es lo que quiere.
-Soy una egoísta.
-Estoy segura de que él no piensa eso.
-Pero lo soy. Él me lo hace a mi y yo no se lo hago a él. Tengo que hacerlo cuanto antes.
-A ver, no te apresures. Si lo haces sólo porque te sientes mal puede ser un desastre. Tienes que hacerlo porque quieres hacerlo.
-¿Y cómo lo hago?
-Creo que en eso debe guiarte él mismo, porque no a todos los hombres les gustará de la misma manera.
-Supongo que tienes razón- Suspiro. -Pero me da miedo hacer el ridículo.
-A ver, no tienes ninguna experiencia y eso se va a notar, pero no creo que a él le importe. Ya irás mejorando con el tiempo.
-Bueno.
-Eso sí, no se te ocurra morder o ejercer demasiada presión, porque podría dolerle mucho y arruinarlo todo.
-Ya, ya.
-Pero eso, tú pregúntale y déjale guiarte. Es lo mejor.
-Bueno, dentro de poco lo haré.
-Asegúrate de que estás lista para hacerlo de verdad. No creo que sea muy agradable meterse un miembro en la boca si no te sientes completamente dispuesta.
-Pero... ¿Se supone que te lo metes entero?
-Bueno, supongo que depende del tamaño.
Creo que es otra de las razones por las que no me lo había planteado hasta ahora. Había asumido que era imposible meterme el pene de Alexander en la boca y que él también lo sabía, pero está claro que me equivocaba.
Cambiamos de tema, porque tampoco quiero que ella sepa cuál es su tamaño. Cotilleamos sobre un montón de cosas durante algo más de una hora, hasta que Camille se va porque ha quedado para comer con su hermana.
Yo voy a buscar a Alexander, y lo encuentro despidiendo a David.
-Volveré dentro de aproximadamente 3 meses- Promete el último. -¿Te parece bien?
-Perfecto.
-¿Te vas ya a Cussinten?- Cuestiono.
-Sí, es necesario que pongamos en marcha el plan cuanto antes- Dice Alexander.
-Y no tengo nada que hacer aquí- David se encoge de hombros. -Sólo allí podría ser útil.
-Bueno, vete a prepararte- Ordena mi novio. -Sales mañana a primera hora.
Se marcha acompañado de los guardias, y Alexander me interna en su despacho. Coge una llave y abre el cuarto cajón, del cual saca una caja de terciopelo muy parecida a aquella en la que venía el collar que me regaló en el cumpleaños del año pasado. La única diferencia es que ésta tiene un color turquesa.
-Ay, no me digas que...
-Ábrelo- Me lo extiende.
-Es demasiado y no es ninguna fecha importante.
-Ábrelo, cariño- Pide de nuevo.
Lo abro con sumo cuidado, ahogando un grito cuando descubro la hermosa joya que se encuentra en su interior. Es un collar fabricado con zafiros y diamantes, destacando un zafiro central más grande con forma ovalada, que cuenta con unos 4 centímetros de largo. La piedra preciosa está engarzada en un soporte de diamantes, como una especie de marco, similar al soporte de oro que posee el otro collar.
Los zafiros pequeñitos a ambos lados de la cadena están alternados con pequeños diamantes también, es decir, ha incluido una cantidad inmensa.
-El collar anterior reflejaba el color de tus ojos y este refleja el de los míos. Quería que tuvieses ambos- Explica. -El plan era regalártelo en tu cumpleaños, pero llegamos aquí a mediados de octubre y no daba tiempo. Luego se lo encargué al mismo joyero que fabricó el anterior, pero esta vez se lo ha tomado con más calma. No me importa, porque quería asegurarme de que el resultado final fuese excelente.
-Es... es...
-Así me recordarás cuando lo lleves puesto- Añade.
-Es... es...
-No te quedes pillada- Se ríe. -¿Qué quieres decir?
-Es demasiado impresionante. No...
-¿Te gusta?
-Es la joya más hermosa que haya visto nunca, al igual que la anterior, pero...
-Ambas dignas de la mujer más hermosa que yo haya visto nunca.
Lo dejo encima del escritorio con cuidado y luego me acerco para besarlo. Es la única forma que se me ocurre de demostrar cómo de agradecida me siento, porque creo que las palabras no sirven en esta ocasión.
-Ya sé a lo que te referías antes, y lo haré- Prometo.
-¿Lo sabes?
-Un oral, ¿verdad?
-No voy a permitir que lo hagas por presión.
-No es por presión.
-Sí lo es, ahora te sientes presionada por el regalo. Tú medítalo y ya lo harás cuando estés preparada.
-Pero...
-No voy a aceptar un no por respuesta.
-Bueno, vale. Si insistes...
-Ahora sólo te pediré que te pongas el collar en fin de año.
-Por supuesto.
Sigo sintiendo que soy una egoísta, pero entonces una idea comienza a formarse en mi cabeza. Claro, ¿Cómo no se me había ocurrido antes?
Justo eso es lo que tengo que hacer, y será la mejor sorpresa.