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El heredero invisible
img img El heredero invisible img Capítulo 4 El Sabotaje
4 Capítulo
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Capítulo 7 Daños Colaterales img
Capítulo 8 Territorio Hostil img
Capítulo 9 Código Rojo img
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Capítulo 13 Vuelo No Autorizado img
Capítulo 14 Cielo Hostil img
Capítulo 15 El Trono de Polvo img
Capítulo 16 Caza de Talentos img
Capítulo 17 Cero Ceros img
Capítulo 18 La Oscuridad del Rey img
Capítulo 19 El Traje del Emperador img
Capítulo 20 La Resaca del Poder img
Capítulo 21 El Estadio de las Sombras img
Capítulo 22 El Factor Humano img
Capítulo 23 Alquimia de Sótano img
Capítulo 24 La Invitada de Mármol img
Capítulo 25 El Ritual del Poder img
Capítulo 26 El Harén de Cristal img
Capítulo 27 El Abismo Dorado img
Capítulo 28 El Jardín de las Delicias img
Capítulo 29 El Eslabón de Platino img
Capítulo 30 El Contrato de Sangre y Seda img
Capítulo 31 La Coronación de la Víctima img
Capítulo 32 El Tiempo Perdido img
Capítulo 33 La Sangre que No Conoces img
Capítulo 34 La Ciudad de las Luces y las Sombras img
Capítulo 35 Carne y Acero img
Capítulo 36 El Edén de los Depredadores img
Capítulo 37 La Hoguera de las Vanidades img
Capítulo 38 La Liturgia de la Carne y el Oro img
Capítulo 39 La Mañana de los Cristales Rotos img
Capítulo 40 La Moralidad de los Pobres img
Capítulo 41 La Red de la Araña img
Capítulo 42 El Peso de los Nombres img
Capítulo 43 El Sacramento de la Sangre img
Capítulo 44 La Coronación de los Malditos img
Capítulo 45 El Balance de Activos img
Capítulo 46 La Arquitectura del Silencio img
Capítulo 47 La Propiedad img
Capítulo 48 La Etiqueta del Verdugo img
Capítulo 49 El Contrato de Hielo img
Capítulo 50 Ruinas de Oro img
Capítulo 51 La Estética del Pecado img
Capítulo 52 La Jaula de Terciopelo img
Capítulo 53 El Arte de la Taxidermia img
Capítulo 54 El Baile de las Máscaras de Cristal img
Capítulo 55 El Jaque de las Damas img
Capítulo 56 La Anatomía del Hielo img
Capítulo 57 Sin huellas img
Capítulo 58 El Gran Engaño img
Capítulo 59 El Velo de la Discordia img
Capítulo 60 Si no estuvo conmigo, y no está con Ruso... img
Capítulo 61 Eres mi esposa ante Dios y ante el mercado img
Capítulo 62 La Arquitectura del Abismo img
Capítulo 63 La Grieta en el Templo img
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Capítulo 4 El Sabotaje

Eran las tres de la mañana. La oficina de Arthur Roth estaba a oscuras, iluminada solo por la luz de una lámpara de escritorio. Sobre la mesa de caoba no había ordenadores ni tablets, solo papel, tijeras y pegamento.

-Nada digital -dijo Roth, deslizando una foto granulada sobre la mesa-. Si envías un correo electrónico, TI lo rastreará. Si usas una memoria USB, dejarás una huella en el registro del sistema.

Kael miró la foto. Era una imagen de Tristan Vane cenando con la directora de Delta Solutions, su cuñada. Se estaban dando un sobre grueso.

-¿De dónde sacaste esto? -preguntó Kael.

-Llevo años siendo el abogado de esta empresa, Kael. Tengo ojos en todas partes. Pero no podía usar esto sin un heredero que me respaldara. Ahora te tengo a ti.

Kael tomó la foto y la metió en un sobre manila sin marcas, junto con la copia del contrato de Delta Solutions y el borrador del "Proyecto Icarus" que había rescatado de la basura. Se puso guantes de látex. No quería dejar ni una huella.

-El objetivo no es la prensa -instruyó Roth-. Si esto sale en las noticias, las acciones caerán y tú perderás dinero cuando heredes. El objetivo es matarlo internamente.

-Auditoría -dijo Kael.

-Exacto. La señora Sterling. Es la jefa de Cumplimiento Normativo. Una mujer de hierro. Odia a Vane, pero necesita pruebas. Esto es la prueba.

Roth le entregó el sobre sellado a Kael.

-Tienes que poner esto en su escritorio antes de las 7:00 a.m. Las cámaras del pasillo del piso 12 tienen un punto ciego justo en la entrada de su despacho, pero solo dura diez segundos mientras la cámara gira.

-Conozco el punto ciego -dijo Kael, guardando el sobre en su mono-. Limpio esa cámara todos los jueves. Sé exactamente cuánto tarda en girar.

6:45 a.m.

Kael empujaba el carrito de limpieza por el pasillo del piso 12. El edificio estaba en silencio, un monstruo dormido de acero y cristal. Su corazón, sin embargo, iba a mil por hora.

Llegó a la esquina. Miró hacia arriba. La cámara de seguridad zumbaba suavemente mientras giraba hacia la izquierda, barriendo el pasillo de los ascensores.

Ahora.

Kael se movió rápido. No corrió, porque correr atrae la atención, pero caminó con pasos largos y silenciosos. Sacó su llave maestra. La cerradura de la oficina de Sterling hizo un clic suave.

Entró. La oficina olía a lavanda y desinfectante. Fue directo al escritorio. Dejó el sobre manila justo encima del teclado del ordenador, donde fuera imposible ignorarlo.

Salió. Cerró la puerta.

La cámara empezaba a girar de vuelta hacia su posición. Kael sacó un trapo y empezó a limpiar el marco de un cuadro en la pared, de espaldas a la cámara, con movimientos lentos y aburridos.

La luz roja de la cámara pasó sobre él. Solo registró a un conserje haciendo su trabajo.

Kael soltó el aire que tenía contenido en los pulmones. Estaba hecho.

10:00 a.m. Sala de Juntas Principal.

El ambiente estaba cargado. Tristan Vane estaba de pie al frente de la mesa ovalada, proyectando diapositivas llenas de gráficos ascendentes. Llevaba un traje azul marino impecable y esa sonrisa de tiburón que Kael detestaba.

En la sala estaban los directores de división. Y en una esquina, tomando notas en una tablet, estaba Sabrina. Se veía nerviosa, pero orgullosa de estar a la derecha del poder.

Kael estaba dentro de la sala, pero nadie lo veía. Estaba limpiando las huellas de dedos de la enorme pared de cristal que daba a la ciudad. Llevaba el uniforme, así que era invisible.

-Como pueden ver -decía Vane, señalando un gráfico-, la externalización del archivo a Delta Solutions nos ahorrará cuatro millones al año. Es eficiencia pura. Los empleados actuales son obsoletos.

Kael apretó el trapo contra el cristal. Obsoletos. Así llamaba a Elara.

-¿Y la transición? -preguntó uno de los directores.

-Inmediata. Los despidos se notificarán este viernes. -Vane sonrió a Sabrina-. Mi equipo ya tiene las cartas preparadas.

En ese momento, la puerta de la sala se abrió de golpe. No hubo llamada previa.

La señora Sterling entró. Era una mujer baja, con el pelo gris corto y una mirada que podía congelar el infierno. Llevaba una carpeta manila en la mano.

El silencio en la sala fue instantáneo. Vane bajó el puntero láser.

-Señora Sterling, estamos en medio de una presentación...

-Cállese, Vane -dijo ella. Su voz era tranquila, lo cual la hacía más aterradora. Tiró la carpeta sobre la mesa, deslizándola hasta que chocó con la jarra de agua frente a Vane-. Se suspende el Proyecto Icarus.

Vane se puso rojo.

-¿Disculpe? Usted no tiene autoridad para...

-Tengo autoridad para congelar cualquier activo bajo investigación por fraude y conflicto de intereses. -Sterling señaló la carpeta-. Recibí un paquete interesante esta mañana. Contratos inflados con la empresa de su cuñada. Sobornos.

Todos los ojos en la mesa se giraron hacia Vane. Sabrina dejó de escribir. Se quedó pálida, mirando a Vane con una mezcla de horror y cálculo.

-Eso es mentira -tartamudeó Vane, perdiendo la compostura por primera vez-. ¡Es un montaje! ¿Quién le dio esto?

-Es anónimo. Pero las pruebas son sólidas. -Sterling se giró hacia los otros directores-. Auditoría interna va a revisar cada contrato que este hombre ha firmado en los últimos dos años. Hasta entonces, nadie es despedido. Nadie se mueve.

Sterling salió de la sala dejando un vacío de muerte tras de sí.

Vane se quedó mirando la carpeta como si fuera una bomba. Su "gran victoria" se había convertido en una escena del crimen en cuestión de segundos.

-La reunión ha terminado -dijo el Director Financiero, levantándose y recogiendo sus cosas sin mirar a Vane.

Uno a uno, los ejecutivos salieron. Sabrina se quedó un momento, dudando. Vane la miró.

-Largo -gruñó él.

Sabrina salió rápido, cerrando la puerta.

Vane se quedó solo. Bueno, casi solo.

Gritó. Fue un grito de rabia pura, primaria. Agarró la jarra de agua y la lanzó contra la pared. El cristal estalló a un metro de donde estaba Kael.

Kael no se inmutó. Siguió limpiando el cristal, borrando una mancha imaginaria.

Vane se giró, respirando agitadamente. Sus ojos inyectados en sangre se enfocaron en Kael. Necesitaba desahogar su ira con alguien, y ahí estaba el saco de boxeo perfecto.

-¿Qué estás mirando? -bramó Vane.

-Nada, señor. Solo limpio el cristal -respondió Kael, manteniendo la voz neutra.

Vane se acercó a él. Invadió su espacio personal. Olía a sudor ácido bajo la colonia cara.

-Tú... -Vane lo miró de arriba abajo con asco-. Siempre estás aquí. Como una cucaracha.

Kael apretó los dientes. Pégame, pensó. Pégame y te demandaré tan fuerte que no te quedará ni para el abogado.

Pero Vane no le pegó. Hizo algo peor. Sonrió. Una sonrisa cruel y paranoica.

-Alguien entró en la oficina de Sterling esta mañana -murmuró Vane, como si hablara consigo mismo-. Alguien puso ese sobre. Un ejecutivo no se mancharía las manos. Fue alguien que puede moverse sin que lo vean. Alguien con llaves.

Kael sintió un escalofrío. Vane no era tonto. Era un corrupto, pero era listo.

Vane sacó su teléfono y marcó un número.

-Seguridad. Quiero el registro de llaves maestras de esta mañana. Y quiero que cambien a todo el personal de limpieza de la planta ejecutiva. Sí, a todos. Ahora. No quiero ver las mismas caras mañana. Envíalos al sótano o despídelos, me da igual.

Colgó y miró a Kael con satisfacción.

-Fuera de mi vista. Estás trasladado. A partir de mañana, vas a limpiar el compactador de basura en el muelle de carga. Si te veo en este piso otra vez, llamo a la policía y te acuso de robo.

Kael asintió lentamente.

-Como ordene, señor.

Kael recogió sus cosas y salió de la sala.

Caminó hacia el ascensor de servicio. Tenía las manos temblando, pero no de miedo.

Había salvado a Elara. Había parado el proyecto. Pero el precio había sido alto.

El muelle de carga era el infierno de la empresa. Frío, sucio, peligroso. Pero lo peor no era el trabajo. Lo peor era que, desde el sótano, no podría escuchar lo que pasaba en los despachos. Acababa de perder sus ojos y oídos.

Pero seguía dentro. Vane no lo había despedido, solo lo había enterrado.

Kael entró en el ascensor y pulsó el botón "S".

-Bien jugado, Vane -susurró-. Me has mandado a la basura.

Kael sonrió en el reflejo del metal.

-Lástima que no sepas que la basura es mi arma favorita.

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