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Una vez la descartó, pero ahora no puede olvidarla
img img Una vez la descartó, pero ahora no puede olvidarla img Capítulo 4 Richard, estoy cansada
4 Capítulo
Capítulo 7 Esta vez sí que te equivocaste img
Capítulo 8 Perdiendo el control img
Capítulo 9 El anillo de bodas abandonado img
Capítulo 10 La bofetada img
Capítulo 11 Informe de patología img
Capítulo 12 Ya no lo quería img
Capítulo 13 Nolan Wilson img
Capítulo 14 La negociación img
Capítulo 15 ¿Has visto a Brynn últimamente img
Capítulo 16 Rumbo a Carolis img
Capítulo 17 Deja de hacer el ridículo img
Capítulo 18 Indiferencia img
Capítulo 19 ¿Puedes darme una oportunidad más img
Capítulo 20 Rogarle ayuda a Moose img
Capítulo 21 Una mano salvadora img
Capítulo 22 Permítame encargarme img
Capítulo 23 Un trato justo img
Capítulo 24 Simposio jurídico académico img
Capítulo 25 Una tensión tácita img
Capítulo 26 La que siempre ignoró img
Capítulo 27 Llevar su autocontrol al límite img
Capítulo 28 Armarse de valor img
Capítulo 29 ¿Por qué llegar tan lejos por ella img
Capítulo 30 Te enamoraste de ella img
Capítulo 31 Una excusa patética img
Capítulo 32 Volvió a Nuephis img
Capítulo 33 Brynn volverá al bufete img
Capítulo 34 El consejo de Sharon img
Capítulo 35 Un reflejo de su educación img
Capítulo 36 Rena no escaparía img
Capítulo 37 Llegó a su puerta img
Capítulo 38 Nos veremos en los tribunales img
Capítulo 39 Gestionar la defensa de Rena img
Capítulo 40 Nunca la mereciste img
Capítulo 41 Me quedaré aquí esta noche img
Capítulo 42 Compartir la cama img
Capítulo 43 ¿Dormiste bien anoche img
Capítulo 44 No fue él img
Capítulo 45 ¿Era Brynn img
Capítulo 46 Un amor secreto img
Capítulo 47 Nada le había pertenecido img
Capítulo 48 Sus motivos son peligrosos img
Capítulo 49 Aléjate de Nolan img
Capítulo 50 El regreso a casa de Nolan img
Capítulo 51 Jeffery fue atacado img
Capítulo 52 Relámpago Negro img
Capítulo 53 El amor que llega tarde no vale nada img
Capítulo 54 Ya me gusta alguien img
Capítulo 55 ¿Estaba organizando todo img
Capítulo 56 Brynn estaba borracha img
Capítulo 57 Quédate conmigo img
Capítulo 58 No puedes fingir img
Capítulo 59 ¿Escondes a alguien img
Capítulo 60 Violencia img
Capítulo 61 Era mi primera vez img
Capítulo 62 Cásate conmigo img
Capítulo 63 Por la deuda que me debes img
Capítulo 64 Es la hija de Rowan img
Capítulo 65 Noticias de última hora img
Capítulo 66 El castigo img
Capítulo 67 ¿Se van a casar img
Capítulo 68 Un mes img
Capítulo 69 Desnudarse img
Capítulo 70 La rabia de Elliot img
Capítulo 71 Te voy a besar img
Capítulo 72 Buscando cooperación img
Capítulo 73 Escape img
Capítulo 74 Ya era demasiado tarde img
Capítulo 75 Provocó a la persona equivocada img
Capítulo 76 ¿Confías en él img
Capítulo 77 Nolan no es un peligro img
Capítulo 78 Nolan no te merece img
Capítulo 79 Todo fue un teatro img
Capítulo 80 Coqueteo img
Capítulo 81 El hazmerreír de todos img
Capítulo 82 Una estrategia audaz img
Capítulo 83 ¿Qué te trae por aquí img
Capítulo 84 Decirle la verdad img
Capítulo 85 ¿Qué le dijiste img
Capítulo 86 La verdad img
Capítulo 87 La media hermana de Nolan img
Capítulo 88 ¿Estás preocupada por mí img
Capítulo 89 ¿Cómo te atreves a investigarme img
Capítulo 90 ¿No tienes vergüenza img
Capítulo 91 Déjamelo a mí img
Capítulo 92 Cocinar para ella img
Capítulo 93 ¿Cómo apareció en su foto img
Capítulo 94 ¿Enamorado de ella desde entonces img
Capítulo 95 Richard se interpuso por ella img
Capítulo 96 Utilizó su heroísmo como un arma img
Capítulo 97 ¿A eso le llamas relación img
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Capítulo 4 Richard, estoy cansada

"Michelle, estamos en un hospital. El banco de sangre tiene preparados todos los tipos de sangre, así que no hay razón para que pidas el mío", dijo Brynn con un tono tranquilo y firme.

El desconcierto ensombreció los rasgos de Michelle cuando dijo: "Pero...".

Pero Brynn ya no le prestó atención, solo dirigió su mirada hacia el hombre a su lado, diciendo: "Richard, dejé mi carta de renuncia en tu escritorio. Mis cosas ya están empacadas. Por favor, fírmala cuando puedas".

Él frunció aún más el ceño. "¿Carta de renuncia?".

"¡Brynn!", gritó Michelle, alarmada. "No te estás desquitando conmigo, ¿verdad? Nunca quise decir eso".

Una sonrisa débil y distante se dibujó en el rostro de la joven. "Michelle, espero que te recuperes pronto. Todavía tengo que terminar de recoger el resto de mis cosas, así que me voy".

Después de decir eso, se alejó sin prestarles atención a las reacciones de los demás. Pero, justo antes de que las puertas del ascensor se cerraran por completo, una mano ancha se coló entre ellas. Cuando las puertas se deslizaron para abrirse de nuevo, Brynn alzó la mirada y se topó con un par de ojos profundos.

A veces no encontraba rastro alguno de emoción en Richard. En el pasado, la única alteración que había visto en él surgió el día en que los aldeanos lo inmovilizaron en el suelo. Era una mirada que nunca podría borrar jamás de su memoria.

El hombre entró al ascensor con una mirada aguda e inflexible. "¿Por qué renuncias? ¿Fue por lo que pasó en la boda? ¿O porque te pedimos que dieras sangre?".

Mientras hablaba, agarró la mano de Brynn. "Me disculpé por lo que pasó en la boda. Te dije que buscaríamos otro donante. No volveré a presionarte. Así que, por favor, deja de ser tan dramática, ¿de acuerdo?".

Ella estuvo a punto de soltar una risa amarga. ¿Dramática? ¿De verdad eso era lo que él pensaba de ella? Nunca había montado un berrinche delante de él. Cada vez que sentía que la habían tratado injustamente, se lo guardaba en silencio.

Durante los momentos más difíciles de la creación de la empresa, la obstinación de Richard alejó a los clientes, y ella siempre intervenía para reparar el daño. Para calmar las tensiones, se forzó a tomar más alcohol del que podía soportar, y su estómago terminó pagando el precio. Pasaron los años y siguió reparando el daño. Aun así, el dolor sordo y persistente regresaba en los peores momentos.

Esos recuerdos la llevaron a exhalar despacio. "Richard, estoy cansada".

Durante cinco largos años, llevó el peso de esa relación, puesto que él ni siquiera podía hacer el más mínimo esfuerzo. Se decía a sí misma que ella importaba, que si le entregaba todo, algún día sería suficiente para hacerlo quedarse, pero en ese momento ya se sentía completamente exhausta, sin fuerzas ni ganas de luchar por un lugar en su corazón.

"Si te sientes abrumada, puedo aprobarte unos días libres para que descanses", dijo Richard con mirada de preocupación.

El cansancio se posó sobre ella como un pesado manto. "Richard, ter...".

Justo antes de que pudiera pronunciar la palabra "terminar", el celular de él vibró con fuerza. En el momento en que contestó, la voz temblorosa de Michelle resonó por el altavoz. "¡Rena se desmayó! ¡Regresa rápido!".

Un sutil cambio se reflejó en el rostro de Richard. "Ya voy".

Una vez que terminó la llamada, miró a Brynn. "Espérame en mi casa. Tengo que hablar contigo de algo. Iré para allá en cuanto termine aquí".

No le dio ocasión de responder. En segundos, se marchó sin mirar atrás, como siempre. Cada vez que Rena lo necesitaba, él no dudaba ni un segundo.

La joven se quedó de pie mientras tomaba una larga bocanada de aire.

Luego las puertas del ascensor se deslizaron para cerrarse de nuevo. Su reflejo le devolvió la mirada. Su rostro se veía exhausto, y sus ojos transmitían una frialdad a la que se había acostumbrado demasiado.

Planeó pasar por la casa de Richard y recoger lo último de sus pertenencias. Dada la forma en que se habían desarrollado las cosas, creía que por fin había llegado el momento de hablar y terminar todo de una vez por todas.

...

La casa de Richard estaba cerca del despacho de abogados. Era un penthouse situado en un complejo residencial de lujo. Poco después de oficializar su relación, Brynn se armó de valor y le pidió su propia llave. Lo visitaba a menudo, recorriendo las habitaciones con soltura mientras limpiaba y cocinaba para él.

Aunque el nombre de Richard figuraba en la escritura, el lugar se sentía mucho más como el hogar de Brynn. Como él nunca le prestaba mucha atención a su entorno, cada detalle llevaba la marca silenciosa de ella: desde las cortinas y los sofás que eligió uno por uno, hasta los utensilios de cocina para los que ahorró y las plantas del balcón que cuidaba con esmero.

Una vez que entró esa noche, sacó las cajas que había traído y comenzó a empacar sus cosas en silencio. Rápidamente, se dio cuenta de que hacer las maletas era más doloroso de lo que había imaginado. Cada objeto estaba atado a un recuerdo, y elegir si llevárselo o abandonarlo se sentía como arrancarse una parte de sí misma.

Cuando llegó a la mesita de noche y levantó el álbum de fotos, frunció el ceño ligeramente, se dejó caer en el suelo y recorrió cada una de las páginas. Su rostro en esas fotos estaba lleno de alegría. Miraba a Richard con un cariño sin reservas.

Sin rastro de emoción, cerró el álbum de golpe y lo dejó caer a su lado. Como tenía tantas cosas, la tarea le llevó horas. Cuando por fin terminó, el sol se estaba poniendo, bañando la habitación con un suave brillo anaranjado.

Sus cosas empacadas estaban junto a la entrada. Cinco años de su vida reducidos a una pequeña pila de cajas de cartón. Después de dejar todo en orden, contrató un servicio de mudanzas para llevar sus pertenencias de vuelta a casa. Aun así, Richard aún no había regresado.

El cansancio se apoderó de ella sin previo aviso, y un fuerte calambre le recorrió el estómago. Fue en ese momento que recordó que no había comido nada desde el almuerzo. Entonces se dirigió a la cocina y calentó una pizza congelada.

Sin embargo, una vez que terminó de comer, el dolor se intensificó aún más. Una molestia punzante se extendió desde su estómago y se desplazó hacia su costado derecho inferior. En medio del pánico, buscó el botiquín de primeros auxilios.

Como nunca le había mencionado a Richard sus recurrentes problemas estomacales porque no quería preocuparlo, el poco medicamento que él guardaba para ella en casa nunca era suficiente. De rodillas, rebuscó en el kit, pero no encontró el frasco del que dependía, así que los calambres se intensificaron, las náuseas le subieron por la garganta y unas sombras parpadearon en los bordes de su visión.

Intentó ponerse de pie para tomar un poco de agua tibia, aunque las piernas casi le fallaron. Apoyándose en la pared, se abrió paso de vuelta a la cocina y bebió una taza de agua tibia, pero el dolor se negó a ceder. El calor le empapó la espalda de sudor mientras se acurrucaba en el suelo; su conciencia iba y venía como una luz parpadeante.

Después de un momento, por fin consiguió marcar su contacto de emergencia. "Richard, yo...".

En lugar de la voz de él, Rena soltó: "Brynn, ¿por qué llamas otra vez? Dijiste que renunciabas. Sabía que solo fingías para llamar la atención".

Pero como la joven no tenía tiempo para discusiones inútiles, ya que su estómago latía como si estuviera en llamas, preguntó con una calma escalofriante: "¿Dónde está Richard?".

Rena respondió con un inconfundible aire de suficiencia: "Le dije que tenía cólicos, así que salió a comprarme chocolate caliente...".

Brynn colgó la llamada antes de que la otra mujer pudiera terminar. Aunque el calor de septiembre se cernía afuera, el aire acondicionado del penthouse golpeó a Brynn como si fuera invierno. El frío le erizó la piel e hizo que el dolor en el abdomen se intensificara aún más. Cuando se llevó la mano al pecho, no pudo distinguir si le dolía el corazón o si el estómago la estaba desgarrando por dentro. Un sudor frío empapó su ropa rápidamente.

Entrecerrando los ojos para ver la pantalla, se obligó a marcar el 911. Después de colgar, luchó por respirar. El dolor presionaba tan fuerte contra sus costillas que su mente se desvanecía y volvía. De repente, unos pasos apresurados irrumpieron por la puerta mientras unas voces urgentes llenaban la habitación.

Cuando sus ojos se abrieron con un aleteo, un médico con bata blanca se movió a través de su visión borrosa. "Dolor de rebote en la parte inferior derecha. Es apendicitis aguda. Tenemos que operar de inmediato".

Esas palabras hicieron que todo cobrara sentido. No era su estómago esta vez, sino su apéndice.

"La paciente necesita cirugía inmediata. Alguien tiene que firmar el formulario de consentimiento. Contacten con su familia cuanto antes", soltó el médico.

La agonía le dificultaba hablar a Brynn, y cuando una enfermera se acercó a su lado preguntando por un familiar, solo logró hacer una pregunta. "¿Puedo firmar yo misma?".

"¿No tiene ningún familiar?". La enfermera parpadeó, sorprendida.

"Nadie", susurró la otra mientras negaba con un leve movimiento de cabeza.

Años atrás, siguió a Richard a la ciudad de Nuephis solo con su determinación, dejando atrás a su familia para construir una vida a su lado. Ahí, en esa ciudad, él era la única persona que le quedaba.

La enfermera le ofreció una mirada amable y comprensiva antes de poner el formulario de consentimiento en su mano. "Puede firmar aquí".

Con el dolor arañándole el abdomen, Brynn levantó el bolígrafo con el mayor cuidado posible. Mientras su firma se dibujaba en la página, un recuerdo surgió. Cinco años atrás, Richard sufrió la misma enfermedad y ella fue la que firmó su formulario de consentimiento. Era el mismo documento.

En ese momento, leyó cada línea una y otra vez, aterrorizada de que algo saliera mal. Después de la operación, se quedó vigilando junto a la cama del hombre durante tres días y tres noches sin apartarse. Sin embargo, esa noche no había nadie a su lado; estaba completamente sola.

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