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Diamante auténtica: hora de brillar
img img Diamante auténtica: hora de brillar img Capítulo 3 Collar
3 Capítulo
Capítulo 8 Criada img
Capítulo 9 Humillación pública img
Capítulo 10 El fin de la cooperación img
Capítulo 11 Curiosidad img
Capítulo 12 ¿dinero en efectivo img
Capítulo 13 Conoce a su abuela img
Capítulo 14 Un cuadro img
Capítulo 15 Ella sabía de verdad img
Capítulo 16 Una persona ingrata img
Capítulo 17 Dos tontas img
Capítulo 18 Es la hija de Alexander img
Capítulo 19 Celos img
Capítulo 20 Primer encuentro img
Capítulo 21 Se revela la verdad img
Capítulo 22 Ganando unos cuantos miles de millones img
Capítulo 23 Elyse insistió en llevarse algo que no le convenía img
Capítulo 24 Cinco por ciento de las acciones del grupo harper img
Capítulo 25 Un collar img
Capítulo 26 Alejandro llegó img
Capítulo 27 El regalo de alejandro img
Capítulo 28 Un hazmerreír img
Capítulo 29 Está en la casa de al lado img
Capítulo 30 El estado de berta img
Capítulo 31 Berta al borde de la muerte img
Capítulo 32 Aprendiz de curandera img
Capítulo 33 No me disculparé con una asesina img
Capítulo 34 La ambición de samira img
Capítulo 35 Berta despierta img
Capítulo 36 Estás despedido img
Capítulo 37 ¿quién te crees que eres para criticar img
Capítulo 38 No conseguir las acciones img
Capítulo 39 Es poco higiénico img
Capítulo 40 Acosada img
Capítulo 41 Alejandro intervino img
Capítulo 42 Problemas estomacales img
Capítulo 43 Leopardex img
Capítulo 44 Está claro que no entiendes de diseño de joyas img
Capítulo 45 Una competencia justa img
Capítulo 46 Primer día de trabajo img
Capítulo 47 Haré que la despidan img
Capítulo 48 Conozco bien a Alejandro img
Capítulo 49 Club imperial img
Capítulo 50 A la titular de la tarjeta negra img
Capítulo 51 Propongo un juego img
Capítulo 52 Superando su récord img
Capítulo 53 ¿siente algo por ella img
Capítulo 54 Su sugar daddy img
Capítulo 55 Espero a Elena img
Capítulo 56 Se avecina una gran sorpresa img
Capítulo 57 Rubí renunció img
Capítulo 58 Invitación a cenar img
Capítulo 59 Exposición de joyas img
Capítulo 60 Mi diseño desapareció img
Capítulo 61 ¿quién miente img
Capítulo 62 Una pregunta capciosa img
Capítulo 63 Engañada por el truco de elena img
Capítulo 64 Elena es la hija de la familia harper img
Capítulo 65 Plagio img
Capítulo 66 Elena era en realidad helena img
Capítulo 67 Decidida a meterse en su cama img
Capítulo 68 La culpa se te ve en la cara img
Capítulo 69 La elección de la familia harper img
Capítulo 70 Dejando leopardex img
Capítulo 71 Indiferente al encanto de teo img
Capítulo 72 Teo estaba furioso img
Capítulo 73 ¿puedo ver tu anillo img
Capítulo 74 Cooperación img
Capítulo 75 Fabricando velas aromáticas img
Capítulo 76 Su arrogancia img
Capítulo 77 ¿quién te crees que eres img
Capítulo 78 Sarcasmo img
Capítulo 79 Señor johnson img
Capítulo 80 A reparto veinte-ochenta img
Capítulo 81 Un trato img
Capítulo 82 Las ilusiones de cecilia img
Capítulo 83 Café img
Capítulo 84 La consideración de jeffry img
Capítulo 85 Estúpido y malicioso img
Capítulo 86 Respáldala img
Capítulo 87 La terquedad de javier img
Capítulo 88 Un trabajo interno img
Capítulo 89 Cuadros de cuarenta millones vendidos por diez millones img
Capítulo 90 Javier recibe una paliza img
Capítulo 91 Las dudas se colaron img
Capítulo 92 Nunca olvidaré tu amabilidad img
Capítulo 93 La pomada equivocada img
Capítulo 94 No soporto la estupidez img
Capítulo 95 Una excepción para ti img
Capítulo 96 Mala actuación img
Capítulo 97 Pide cincuenta millones img
Capítulo 98 Casi descubierta img
Capítulo 99 Diez años de prisión por extorsión img
Capítulo 100 Las amenazas de cecilia img
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Capítulo 3 Collar

Elena permaneció imperturbable, con una expresión fría e inalterable. "Llama a las autoridades si quieres. Pero si no he sido yo quien ha robado el collar, ¿cómo piensas compensarme?".

"No es posible...". Cecilia le dio la vuelta a la joya y su respiración se detuvo al ver el grabado. "Esto... ¿Cómo puede ser? Recuerdo claramente haber comprado el Número nueve, ¿por qué este dice uno?".

"¿El número uno?". La sonrisa de Silvia se desvaneció y su rostro se ensombreció por la conmoción. "¡Eso no puede ser!".

Convencida de que Elena le había robado, Silvia le arrebató la joya para examinar la parte posterior y, en efecto, llevaba grabado el número uno.

"Esto no tiene sentido...". Silvia se quedó estupefacta. ¿Cómo había conseguido Elena una pieza de la colección de Helena, especialmente la primera edición, la más preciada e irremplazable?

Mirando fijamente a Elena, Silvia le exigió: "¿De dónde has sacado el Número uno? ¡Es el prototipo de toda la serie, la obra maestra original, y vale una fortuna!".

Sin dudarlo, Elena recuperó el collar de las manos de Silvia y lo guardó en su mochila sin demasiado cuidado. Para ella, no era más que un diseño que había creado por capricho.

"¿Metes algo tan valioso en el bolso así como si nada?". Silvia se quedó boquiabierta. ¿Acaso no entendía el valor de esa pieza?

Sin dedicarle una mirada, Elena respondió: "Es mío y lo trato como me place. ¿No ibas a llamar a la policía? ¿Por qué no lo has hecho todavía? Si no hay nada más, me voy. Tengo asuntos más importantes que atender, como encontrar a mis verdaderos padres".

Silvia, reacia a dejarlo pasar, volvió a registrar las pertenencias de Elena, pero no encontró nada más que ropa de uso diario. Frustrada por no hallar nada incriminatorio, apretó la mandíbula.

Cecilia reflexionó un momento. Nadie le había dado nunca dinero a Elena, así que era imposible que pudiera permitirse una joya de tan alta gama. ¡Tenía que ser una falsificación! Así que eso era: Elena estaba tan obsesionada con las apariencias que se había molestado en comprar una réplica barata del collar de Silvia.

Cecilia resopló. ¿Acaso Elena no entendía cuál era su lugar? La hija de un campesino no tenía derecho a llevar las mismas alhajas que la hija de la Familia Reed. Y aunque se atreviera a lucirlo, cualquiera con un mínimo de criterio lo reconocería al instante como una imitación. Qué ridículo...

Cecilia se mofó. Elena nunca había estado en Colonia Arroyo de las Nubes, no tenía ni idea del tipo de vida que le esperaba allí. En cuanto conociera a sus verdaderos padres, volvería corriendo a la Familia Reed, suplicando que la dejaran quedarse. Y cuando llegara ese momento, ni siquiera le abrirían la puerta.

"¡Pronto te arrepentirás de esto!", gruñó Cecilia.

Elena se limitó a encogerse de hombros. Sin ella, los negocios de los Reed no tardarían en encontrar obstáculos. Quién acabaría arrepintiéndose al final era algo que estaba por ver.

Con el bolso al hombro, Elena salió y se encontró con una vieja furgoneta cubierta de polvo aparcada en la entrada.

Un hombre se bajó de ella. En cuanto su mirada se posó en la joven, se acercó con gran respeto. "Harper, le pido mis más sinceras disculpas por la tardanza".

Elena frunció ligeramente el ceño, desconcertada.

El hombre continuó: "No había previsto que aquí no hubiera un helipuerto. El helicóptero tuvo que aterrizar más lejos, así que, para evitar más retrasos, dispuse de este vehículo. Hace tiempo que no se utiliza, por lo que puede parecer un poco desgastado. Espero que no le importe...".

Al oír su explicación, Elena observó con más detenimiento. La supuesta furgoneta era en realidad un Maybach de época, una edición limitada sumamente rara. De repente, ya no estaba tan segura de que su familia biológica fuera tan pobre como los Reed le habían hecho creer. "¿Dónde están mis padres?", preguntó al ver que el vehículo estaba vacío.

"Señorita Harper, soy Declan Marín, el chófer de su familia. Sus padres pensaban venir a buscarla personalmente, pero al recibir la noticia, su abuela se emocionó tanto que se sintió indispuesta. No tuvieron más remedio que enviarme a mí en su lugar".

La mirada de Elena vaciló un instante y luego asintió levemente. "De acuerdo, vámonos".

"Un momento, por favor". Declan se dirigió al maletero. "Sus padres prepararon un detalle para la Familia Reed, en agradecimiento por haberla criado todos estos años".

El coche llevaba claramente bastante tiempo sin usarse y, con el fuerte viento que soplaba, el polvo se arremolinaba en el aire, creando una escena un tanto caótica.

Justo entonces, los Reed salieron, con expresiones de abierto desdén.

Silvia echó un vistazo al destartalado vehículo e inmediatamente supuso que era chatarra sacada de un desguace. ¿Tan pobres eran los padres de Elena que ni siquiera podían permitirse un sedán decente y tenían que recurrir a eso? Solo confirmaba lo que siempre había sospechado: los padres biológicos de Elena eran agricultores humildes que vivían en un mundo completamente distinto al de la adinerada Familia Reed de Foiclens.

Cecilia arrugó la nariz y retrocedió unos pasos, como si temiera que el propio aire transportara el olor a pobreza. Aquel hombre parecía venir de una larga jornada de trabajo, con las manos sucias de tierra, probablemente de labrar el campo. Debía de apestar a sudor. Solo pensarlo le producía náuseas.

Benjamín, más compuesto, permaneció en silencio mientras observaba a Declan. Aquel hombre, de aspecto mayor y que trataba a Elena con tanta familiaridad, tenía que ser su verdadero padre. Era comprensible que alguien de un lugar mísero no tuviera un coche en condiciones, ¿pero presentarse con una furgoneta tan ajada? Era francamente humillante.

Con la lluvia reciente, Declan se había resbalado antes en el césped, y sus manos embarradas habían dejado manchas en la caja de regalo que ahora le tendía a Benjamín. "Señor Reed, esto es una muestra de gratitud por haber cuidado de ella durante veintitrés años. Por favor, acéptenlo".

Benjamín observó la caja sucia. ¿Qué podía ofrecer una familia humilde? Probablemente solo algunos productos de su huerta, empaquetados en un recipiente gastado... Aun así, mantuvo la cortesía. "No es necesario. Pueden marcharse".

Cecilia resopló. ¿Qué podía haber dentro de esa caja que valiera la pena aceptar? Los Reed no necesitaban productos del campo.

Declan vaciló, recordando las estrictas instrucciones de sus jefes. Las cajas del maletero contenían las escrituras de veintitrés propiedades, veintitrés joyas de lujo, las llaves de veintitrés coches de alta gama y una tarjeta bancaria con un saldo de 230 millones; todo como agradecimiento por los veintitrés años que la Familia Reed había dedicado a criar a Elena.

"Señor Reed, ¿está seguro?", preguntó Declan.

Benjamín agitó la mano con desdén, perdiendo la paciencia. "La Familia Reed no necesita esas cosas. Lléveselo de vuelta y váyase".

Declan no tuvo más remedio que cerrar el maletero y acompañar a Elena para que subiera al coche.

Pero Silvia había alcanzado a ver algo dentro del maletero y se quedó rígida. El embalaje de una de las cajas... ¿no era de la exclusiva línea de joyas de Helena? No... Eso era imposible. Tenía que ser un estuche vacío que ese hombre había encontrado en alguna parte. ¡Era imposible que de verdad contuviera una joya de la colección de Helena

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