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Atada al Alfa: El Contrato de Sangre
img img Atada al Alfa: El Contrato de Sangre img Capítulo 4 La Mudanza
4 Capítulo
Capítulo 6 Preparativos de Boda img
Capítulo 7 La Boda de Papel img
Capítulo 8 La Noche de Bodas img
Capítulo 9 El Rechazo img
Capítulo 10 Resaca Emocional img
Capítulo 11 El Guardaespaldas img
Capítulo 12 Territorialidad img
Capítulo 13 Desayuno de Tensión img
Capítulo 14 La Gala de Industrias Sterling img
Capítulo 15 Celos Primales img
Capítulo 16 La Curación img
Capítulo 17 Sospechas img
Capítulo 18 La Primera Luna Llena img
Capítulo 19 Curiosidad Peligrosa img
Capítulo 20 El Regalo Innecesario img
Capítulo 21 Cita Forzada img
Capítulo 22 La Grieta img
Capítulo 23 El Ataque en el Refugio img
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Capítulo 4 La Mudanza

El amanecer sobre la ciudad tenía un tono grisáceo y melancólico, como si el cielo mismo compartiera el peso que Luna sentía en el pecho. A las seis en punto, tal como Ian había advertido, un sedán negro de cristales blindados se estacionó frente a la verja del refugio. No hubo bocinazos, solo una presencia silenciosa y letal que aguardaba.

Luna terminó de ajustar el collar de Bruno. Había pasado la noche en vela, explicando al perro -que la miraba con una sabiduría triste- que volvería pronto, que ahora tendría los mejores médicos y que el refugio estaba a salvo. Ernesto, el voluntario, la esperaba en la puerta con un café humeante y una expresión de absoluta confusión.

-Aún no entiendo cómo pasó esto, Luna -susurró Ernesto, mirando el coche de lujo-. Un contrato de consultoría para Industrias Sterling no suele incluir que te recojan de madrugada con seguridad privada.

-Es una oportunidad que no podía dejar pasar, Ernesto -mintió ella, dándole un abrazo rápido-. Cuida de ellos. El primer camión con suministros llegará al mediodía. No preguntes de dónde viene el dinero, solo úsalo.

Luna caminó hacia el coche con una sola maleta desgastada. El conductor, un hombre de complexión militar llamado Silas, le abrió la puerta sin mediar palabra. Su mirada era analítica, casi animal, y Luna sintió de nuevo esa extraña sensación de ser evaluada por algo más que un simple empleado.

La Fortaleza de Piedra

El viaje duró casi una hora, alejándose del ruido urbano hacia las afueras, donde las colinas se volvían más empinadas y los bosques más densos. Finalmente, llegaron a una muralla de piedra cubierta de hiedra oscura. Tras una puerta de hierro forjado con el emblema de un lobo rampante, apareció la Mansión Sterling.

No era una casa; era una fortaleza gótica modernizada. Construida con piedra gris y grandes ventanales de vidrio oscuro, la mansión parecía emerger de la montaña misma. El bosque la rodeaba de forma protectora, casi agresiva, con árboles centenarios cuyas ramas se entrelazaban sobre el camino.

-Señorita Valdez, bienvenida -dijo Silas, bajando su equipaje-. El señor Sterling la espera en el vestíbulo principal.

Luna entró. El interior era una mezcla de lujo frío y elementos naturales. El suelo era de piedra caldeada, y en el centro del gran salón, una chimenea inmensa ardía con troncos de pino, desprendiendo un olor a resina y fuego que llenaba el ambiente.

Ian estaba allí, de pie junto a la chimenea. Llevaba un jersey de lana negra que lo hacía parecer menos un CEO y más un habitante del bosque. Al verla entrar, su postura se tensó visiblemente. Sus ojos grises recorrieron a Luna de arriba abajo, deteniéndose un segundo de más en su cuello, antes de volver a su rostro.

-Llega a tiempo -dijo él. Su voz resonó en el salón vacío-. Silas llevará sus cosas a su habitación.

-Es... impresionante -logró decir Luna, mirando las vigas de madera oscura del techo-. Aunque un poco intimidante.

-Es segura -replicó él con sequedad-. En este mundo, la seguridad es lo único que importa. Sígame. Debo mostrarle dónde vivirá antes de irme a la oficina.

Territorio Marcado

Luna lo siguió por una escalera de caracol tallada en piedra. La mansión parecía un laberinto de pasillos silenciosos. Ian se detuvo frente a una puerta de roble macizo en el ala este.

-Esta es su suite. Tiene todo lo que pidió, incluyendo una conexión directa por video con las cámaras del refugio para que pueda vigilar a sus animales -dijo Ian, abriendo la puerta.

La habitación era preciosa: tonos crema, una cama King Size con sábanas de seda y un balcón que daba directamente al bosque. Pero lo que llamó la atención de Luna fue otra puerta, más pequeña, en la pared lateral.

-¿A dónde lleva eso? -preguntó ella, señalándola.

Ian se quedó inmóvil. Un destello de incomodidad cruzó su rostro antes de recuperar su máscara de frialdad.

-Esa puerta comunica con mi estudio privado. Y a través del estudio, con mi habitación.

Luna sintió que el aire se congelaba. -¿Por qué mi habitación está conectada con la suya? El contrato decía que tendríamos espacios separados.

Ian se acercó a ella, reduciendo la distancia hasta que Luna pudo sentir el calor abrasador que siempre parecía emanar de él.

-Y están separados. La puerta está cerrada bajo llave desde su lado, Luna. Pero por motivos de seguridad... -él bajó la voz, y Luna notó que sus ojos se oscurecían- ...si algo ocurriera, si alguien intentara entrar en esta casa para llegar a mí a través de usted, yo soy el único que puede protegerla. Necesito poder llegar a usted en segundos.

-No creo que nadie quiera secuestrar a una repostera -intentó bromear ella, pero Ian no sonrió.

-Usted ya no es solo una repostera. Es una Sterling. Y para mis enemigos, eso la convierte en el blanco más valioso del mapa. -Él puso una mano sobre el marco de la puerta, justo por encima de la cabeza de Luna. Ella pudo ver los vellos de sus brazos erizarse-. Mantenga esa puerta cerrada si le hace sentir mejor. Pero no se engañe: en esta casa, no hay cerradura que pueda detenerme si mi instinto me dice que está en peligro.

Luna tragó saliva, sintiendo que el "vínculo de sangre" del día anterior pulsaba en su palma. Podía sentir el latido del corazón de Ian, o quizás era el suyo propio, retumbando en sus oídos.

-Descanse -ordenó él, retirándose bruscamente-. Una estilista llegará a las dos de la tarde. Tenemos una cena con el presidente de la junta directiva esta noche. Comience a ensayar su papel, "esposa mía". El mundo estará mirando.

Ian salió de la habitación y cerró la puerta principal con un golpe seco. Luna se quedó sola en la inmensidad de la suite. Caminó hacia la pequeña puerta lateral y probó el pomo. Estaba cerrada, tal como él dijo. Pero al pegar el oído a la madera, juró escuchar algo que la dejó helada: un suspiro profundo, casi un ronroneo de satisfacción, y el sonido de alguien -o algo- olfateando la rendija de la puerta desde el otro lado.

Luna se alejó de la puerta con el corazón desbocado. El refugio estaba a salvo, pero ella acababa de mudarse a la guarida de un hombre que la vigilaba a través de las paredes y cuya sola presencia hacía que su sangre hirviera de una forma que el contrato nunca le advirtió.

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