Aquel segundo día, Rowan se sentaba en el sofá del apartamento de su mejor amigo Kevin, con las manos apoyadas sobre los ojos y el cabello despeinado cayendo sobre su frente. Kevin lo observaba con la mezcla de sorpresa y diversión que siempre lo acompañaba, aunque en el fondo comprendía la desesperación de su amigo.
- No puedo creer lo que me estás contando ¿Qué vas a hacer ahora, hermano? - preguntó Kevin finalmente, rompiendo el silencio - Ya han pasado dos días y no veo que hagas nada. Si sigues así no sé qué será de ti, pero mejor será buscar una solución rápida a tu gran problema.
Rowan levantó la vista, con el rostro marcado por la frustración y la impotencia.
- No sé qué hacer, Kevin -admitió, con voz ronca - No puedo seguir así... no puedo mantener mi vida como antes y no sé ni por dónde empezar.
Kevin se recostó en el respaldo del sofá, cruzando los brazos y frunciendo ligeramente el ceño. Ambos habían sido criados para la libertad absoluta, para recibir sin restricciones y para vivir sin reglas. Ahora, por primera vez, Rowan se encontraba frente a una barrera que no podía evadir y de la que no podía escapar.
- Tu padre se ha vuelto loco - dijo Kevin, con un suspiro- Te juro que cuando me lo contaste no lo podía creer, pero ahora que lo veo con mis propios ojos es increíble. Sin embargo, el hecho de que tu padre te quite todo... es un golpe duro, pero amigo, no puedes rendirte. Tienes que pensar en cómo recuperarlo todo.
Rowan cerró los ojos, frustrado, dejando que la desesperación lo envolviera un instante más. Cada pensamiento sobre cómo encarar a su padre parecía un callejón sin salida y cada intento de imaginar una estrategia le generaba mareo y ansiedad. Sin embargo, justo entonces, su teléfono vibró en la mesa y para su sorpresa era un mensaje de su madre, Violeta Porcter, y el tono de urgencia se percibía incluso a través del texto:
"Hijo, esta noche es la fiesta de aniversario de la empresa familiar. No faltes por nada del mundo." - dijo.
Rowan bufó de inmediato al leer eso, lanzando un suspiro de frustración que resonó en la habitación.
- No pienso ir - contestó, casi para sí mismo y Kevin arqueó una ceja, sorprendido por la respuesta, pero sin dejar de observarlo.
El teléfono volvió a vibrar con un segundo mensaje, esta vez más imperativo:
"Rowan, comportándote como un niño malcriado no lograrás que tu padre te devuelva nada. Quiero verte en la fiesta y punto o tendrás problemas."
Rowan dejó escapar un murmullo de resignación. La influencia de su madre siempre había sido sutil, pero firme, y en esos momentos no le quedaba otra que ceder.
- Está bien... iré - respondió el mensaje finalmente, arrastrando las palabras - Sin embargo, no tengo nada que ponerme.
Kevin se inclinó hacia él, intentando contener una sonrisa divertida luego de esas palabras.
"Ah... eso tiene solución. Siempre hay una solución -dijo su madre en otro mensaje".
Violeta, como era de esperarse, actuó como siempre a escondidas de su esposo con tal de consentir a su hijo. De esa manera y sin que Carlos lo supiera, le transfirió una cantidad de dinero generosa, lo suficiente para acudir al centro comercial y comprar un traje adecuado para la fiesta. Rowan, sin muchas opciones aceptó la ayuda, aunque con un orgullo a medias que apenas le permitía sonreír.
Más tarde, mientras él y Kevin recorrían las tiendas más exclusivas, Rowan examinaba cada traje con desgana, consciente de que cada prenda comprada era una especie de recordatorio de la dependencia que aún tenía sobre su familia. Kevin lo acompañaba de cerca, evaluando no tanto la calidad de la ropa como la oportunidad que se presentaba ante sus ojos y entonces lo vio.
A través del cristal de la tienda, Kevin percibió algo que hizo que su mente comenzara a trabajar de inmediato. Madison Montenegro caminaba por fuera, mirando a través de los escaparates como si estuviera en otra dimensión, ajena al mundo que la rodeaba. Su postura tranquila, su rostro iluminado por la luz de la tarde, su aura de calma y serenidad... todo en ella parecía tan distante y, al mismo tiempo, accesible para quien supiera mirar.
Kevin no perdió un segundo y se inclinó hacia Rowan, acercándose a su oído con una voz baja cargada de complicidad. En ese momento por la mente de Kevin pasaba el plan perfecto y lo llevaría a cabo.
- Oye, creo que acabo de encontrar la solución a todos tus problemas - dijo sin más.
- ¿De qué demonios estás hablando? ¿Cómo que encontraste la solución a mis problemas?
- Así es, tú solo mira hacia esa dirección y dime qué es lo que ves.
Rowan sin entender siguió la dirección que le había dado su amigo y al hacerlo notó la presencia de su hermana fuera de la tienda. Esta iba acompañada de la amiga que siempre estaba detrás de ella y si mal no recordaba podría asegurar que se llamaba Madison.
- No entiendo ¿A dónde quieres llegar con tu supuesta solución? Ahí solo está mi perfecta hermana y su amiga.
- Pues esa amiga, Rowan, se llama Madison Montenegro y es la mujer con más dinero que podrías encontrar. Su familia murió hace años y ella y su hermano mayor son los únicos herederos de todo.
- ¿Y qué me cuentas a mí con eso?
Kevin sonrió de lado, con esa expresión peligrosa que siempre anunciaba problemas.
- ¿Acaso no lo has entendido? - preguntó con frustración - Te estoy diciendo que si seduces a Madison tendrás mucho dinero y entonces ya no tendrías que preocuparte por nada en este mundo.