-Perdóname, pero ya jamás he sido doblegado.
Ethan cargó a Margaret, la llevo a su cama, poniéndola en con delicadeza le abrió sus piernas y con fiereza fue devorando su monte de venus.
-Aguanta todo lo que puedas, de ningún modo me vencerás -La mirada Ethan pasó de ser dulce a ser vengativa.
Por más que Margaret mostrará obstinación, Ethan no retrocedía se sentía todo poderoso. Y queriendo infringir más castigos, él se acercó a su armario por segunda vez, tomó unas pinzas para pezones y dos vibradores. Margaret al comprender cuál era la intención de este, trato de desatar sus manos.
-Cuando comprenderás, no podrás soltarte, asume las consecuencias de tus actos. Ahora te colocaré estas pinzas en los pezones.
¡Que...! ¡Estás loco! -si bien era cierto, que ella se consideraba una mujer abierta. Lo desconocido la lleno un poco de dudas. ¡Por favor!, si en verdad me estimas en algo, deja de comportarte así.
-Tranquila no te dolerá mucho, sentirás unos pequeños pellizcos, nada del otro mundo.
-¡Ouch, quítamelas, quítamelas!, ¡duele! -la suplicas de Margaret no tuvieron efecto.
-Relájate, el dolor pasará, sigamos con la diversión que tal sí... -una mueca, medio picará se reflejó en el joven.
-¡Que...! aléjate, no des un paso más o gritaré -para ese momento, Margaret deseaba que todo terminara.
-¡Aquí el que da las órdenes soy yo! -gritó Ethan gozando de su posición. Este tomó los dos pequeños juguetes, los preparó de forma adecuada; primero coloco el más pequeño, logrando que Margaret exclamará con intensidad.
-¡Agh...! Puedo sentirlo, esto es... -para ese instante, ella no tenía control de sí.
-Entonces, ¿Cuál te gusta más, mi miembro o este vibrador?
-¡Agh...! Ya sabes la respuesta, sabes que el tuyo, es el que me enloquece
Al oír esa respuesta, Ethan tomo el segundo vibrador, y con total ferocidad lo introdujo en lugar escondido de Margaret.
-¡Ahh...! -el miedo e incomodidad, desparecieron, ella estaba hipnotizada.
-¡Vaya! puedo ver que te encanta, ser domada por ambas partes.
Tal era la magnitud de las sensaciones que la embriagaban, que Margaret humedeció la cama, su cuerpo estaba aceptando el hecho de que se estaba convirtiendo en una adicta. Los juguetes seguían en función, Margaret con sus manos atadas, solo apretaba su vientre. Ethan por su parte se las arreglaba para calmar su apetito, pero no era suficiente, así que se acercó a su sumisa.
-No puedo contenerme, así que...
-¡Ah! Lléname más de ti - pidió Margaret contrayéndose por la salvajedad de las embestidas recibidas.
-¡¿Ves!? Hice un desastre de ti, antes de retirar el segundo vibrador, quitarte las pinzas, y que dejarte descansar. Quiero dejarte tres cosas en claras: primera, cada vez que quebrantes las reglas, te impondré una pena, y el aumentara según tu incumplimiento, como segundo debes llamarme maestro, amo o señor, y por último, si eres buena chica serás recompensada de la forma en que tú quieras ¿comprendido?
-Comprendo todo a la perfección, pero ya libérame mi limite se quebró hace mucho.
Ethan complació a Margaret, y al ver que ella estaba extasiada, por fin se detuvo.
-Felicidades, ¿qué premió deseas?
-¡¿Recompensa?! ¡¿Hablas en serio, a donde crees que iría contigo?! Hace un momento me doblegaste, causaste temor en mi imploré porque tuvieras compasión y no lo hiciste, no pretendas mostrarte como alguien sensato, porque no lo eres.
-Yo... perdóname quería todo lo contrario, además tu...
-Sí, en ciertas partes lo disfrute, pero después fingí lo único que anhelaba era que la pesadilla terminará. Y como ya finalizo, mi presencia aquí es innecesaria.
Dichas palabras se convirtieron para Ethan en un martillazo para su alma.
-Quédate, dame la oportunidad de reivindicarme -rogó él.
-¡¿Qué pretendes al arrodillarte?! No eres diferente a tu padre.
-¡Un momento, no soy un animal!
-Ajá como tú digas, haz lo que te plazca, me voy, y por cierto calcula cuanto te resto, haré un préstamo en el banco así no tendré nada que ver contigo.
-Hicimos un trato, respétalo.
-No he firmado nada.
Ethan camino hacia Margaret, la sujeto y le dijo: -Nadie escapa de mí, esto se acabará cuando yo lo decida.
Aunque Margaret se sintió intimidada, eso no le impidió enfrentarlo.
-No me das miedo, me he visto envuelta en situaciones peores. He conocido cerdos, más desagradables que tú, y aquí me ves ¿Qué harás, acusarme con los directivos? Adelante, y ya suéltame.
-Yo te amo, todo esto lo hice para tenerte -el desespero se apoderaba, del joven a quien su mente le gritaba: «la has perdido, por tu estupidez».
-Los chicos de tu clase, no aman, son volubles, son como niños pequeños; juegan con cualquier juguete porque lo ven muy bonito y después lo deja.
-No es así, en serio te amo.
-Amor, no es lo mismo que obsesión.
-Tengo muy claro que no estoy obsesionado contigo.
-No me interesas .
-Bien, entonces piensa en tus padres, en estos momentos uno de mis hombres los está vigilando.
-¡¿Cómo es eso posible, en que forma obtuviste la dirección de ellos?! Tengo mis medios, si no me crees te mostraré una foro -Ethan tomo sus celular le envió un mensaje a Lincoln su hombre de confianza, y ese le respondió-. Mira, puedo decir, que es una preciosa casa.
-¡Eres...! -al ver que él no jugaba, Margaret no tuvo más opción que firmar-¿Ya estas feliz?
-Claro que lo soy.
-Me das asco. Pero no tengo otra opción, esperaré todas tus indicaciones, solo espero que esto termine pronto.
Lo dicho por Margaret ario el corazón de Ethan, el solo se preguntaba: ¿en qué momento todo se volvió oscuro? el no tuvo más opción que permitirle a Margaret que se fuera, pero una cosa si era seguro él no se rendiría.
Al llegar a su casa Margaret experimentaba distintas sensaciones, varios pensamientos la acorralaron.
«¿Qué haré? Si el habla mi carrera será fulminada, pero por otro lado mentí cuando le dije que no lo había disfrutada, porque si lo hice, ¿en qué me estoy convirtiendo, desde cuando me gusta ser tratada de esa forma? Cálmate mujer, el no hará nada» por más que Margaret trató de conciliar el sueño, le fue negado a su mente llegaron miles escenarios de como seria despedida la zozobra la carcomió por completo.
Llegada la mañana del viernes Margaret se levantó llena de desasosiego e inseguridades. «Respira hondo, todo estará bien, si hablas con el de seguro lo convencerás para que no atente contra ti» Se dijo así misma.
Margaret se duchó, se preparó un desayuno ligero, salió de su casa decidida acabar con los embrollos que la encrucijaban. Cuando Margaret quiso encender su auto, por segunda vez, le paso factura.
-¿Será que tengo que cambiarte? ¿Por qué me fallas ahora? -Margaret se bajó, y en lo que refunfuñaba de su automóvil, un desconocido se acercó a ella.
-Hola, buen día ¿necesitas ayuda? -la voz de Alejandro sonó gentil, así que Margaret le respondió.
-No comprendo que le pasa, esta es la segunda vez que no quiere arrancar, y voy un poco retrasada para mi trabajo.
-Sí gustas, puedo llevarte. Disculpa, no me he presentado soy Alejandro Gonzales soy de nacionalidad colombiana y hoy empieza mi primer día en la secundaria de aquí.
-¡Umn...! Así que tu reemplazarás al maestro Soyer, es un placer yo soy Margaret Smith, profesora de literatura, y por lo que veo somos vecinos ¿Cuándo llegaste?
-Me mudé ayer por la noche, en realidad ya llevo seis meses aquí en estados unidos, pero aún no había encontrado empleo. Cuando vi en los periódicos la oferta laboral, aplique, por suerte pasé.
-Dijiste que llevas seis meses aquí, pues estaría ciega, nunca te vi.
- En el país, yo vivía en otra ciudad, me mude anoche.
-Comprendo, bueno compañero gusto en conocerte.
-El gusto es mío, ante una belleza como tú me siento horrado, así que si me dejas llevarte, empezaré mi día con buena suerte.
Por alguna extraña razón Margaret confió en su nuevo compañero. Por lo cual accedió a irse con él, sin saber lo que eso provocaría.
-Mi lady, llegó sana y salva.
-Nunca me habían tratado de dicha forma.
-En mi país, a las mujeres se les tratan como lo que son, reinas que merecen solo flores.
-Algo me dice, que seremos buenos amigos.
-Eso espero. Te deseo un buen día, iré a la oficina del director a recibir las últimas indicaciones.
-Suerte.
Ambos colegas se despidieron. Margaret se dirigió a su salón de clases y al entrar en él, podía percibir que era observada con cierto descontento, a lo que ella hizo caso omiso.
-Buenos días queridos estudiantes -su lado fue tan animoso como de costumbre-.Hoy trabajaremos al aire libre, su misión es que realicen un poema sobre la naturaleza, si están de acuerdo procedan a salir, yo los acompañaré en un momento.
Uno por uno los colegiales salieron, excepto Ethan lo que había presenciado momentos atrás, lo tenía al borde del colapso.
-¿Por qué le sonerías a este idiota? Solo debes hacerlo conmigo.
-No te debo explicaciones, anoche fui clara, entre tú y yo no hay nada.
-¿Y nuestros encuentros?
-¡Ah eso! Digamos que me preste a ser tu juguete, para ya no más. Con permiso.
Margaret intento salir del aula de clases, pero fue tumbada por Ethan sobre su escritorio.
- ¿Qué rayos crees que haces? bájate de encima, no perderé mi puesto por ti.
-Calla, recuerda lo que eres.
-Tu maestra, y me estas atacando, puedo denunciarte.
-No seas tan dramática, solo quise saludarte. Además en el contrate que firmaste ayer, eres mi pertenecía.
-Lo olvidaba, ¿Qué quieres?
En forma de mofa Ethan besó a Margaret, él sabía que ella no pondría resistencia.
-Por más que trates de hacerte la ruda, cedes ante mí.
-Deja de ser ridículo, por la fuerza cualquiera accede, esta es la última vez que te lo advierto, detente, así como soy calmada, puedo usar lo que tengo a mi favor y convertirme en una enemiga no deseada.
-Bien, veamos que hará mi querida profesora.
-Ya lo verás -Margaret intento abofetear a su estudiante, pero le fue difícil-. ¡Suéltame!
-¿Por qué eres tan terca y mojigata? Anoche no parabas de exclamar mi nombre.
-No me quedaba de otra, no se me olvida el punto de los castigos si te desobedezco me expongo a ello.
-Margaret, yo jamás te lastimaría, entiéndelo -Ethan se acercó a su maestra, acaricio su mejilla derecha y la beso-- Es cierto que actué como la peor de las basuras, lo hice por desesperación.
-Amenazarme con mis padres, no es algo que debas tomar a la ligera -Margaret, quiso zafarse de la presencia de Ethan.
-Créeme que anoche la pase muy mal, no deje de reprocharme por mis actuaciones. Y por tus padres no te preocupes, ya le ordene a mis hombres que no los molestes, es más deje un guardián porque al parecer alguien distinto a mis hombres, los estaba vigilando.
-¿De qué hablas?
-Esta mañana fui informado de que una camioneta negra, estaba a unas cuantas casas de ahí, obviamente no es nadie que yo conozca.
-¡Dios! esto tiene que ser obra de mi hermano, ¿hasta cuándo sus sombras nos perseguirá?
-Parece ser que siempre ha sido la piedra en sus zapatos.
-La verdad es que sí, desde muy pequeño mostró problemas de conductas, se metía en peleas fue expulsado de cuatro colegios, mis padres fueron orientados para que mi hermano tomara terapia, pero papa jamás lo acepto; sé que sonara terrible, hay momentos en los que odio a mi padre por culpa de él, mi hermano se perdió.
-Bueno... Ethan puso su mano en el hombre izquierdo de Margaret.
-Sin embargo, él no es el único culpable, yo también lo soy, ¿Qué he hecho por ayudarlo? Lo último que le dije fue ¡muerte! Soy una desgraciada.
-No lo es. Es un gran mujer, mire lo que ha hecho antes de usted llegara no había hecho otra cosa que repetir y repetir grados. Por usted, quiero convertirme en un gran poeta, ¿por qué se ríe?
-Alguien como tú, es difícil imaginarte sumergido en libros.
-¿Y porque no?, ¿tan poca fe me tiene?
-No, sin embargo... -en el rostro de Margaret, se dibujó una pequeña sonrisa.
-¿Qué le causa tanta gracia?
-Es que traté de imaginarte, con lentes de leer y en realidad no eres nada agradable. Debo reconocer, que eres algo atractivo.
-Entonces le gusto -Ethan, experimento un poco de felicidad.
-¡Saca esos pensamientos de tu mente!, entre nosotros, no debe haber nadamás que un contrato.
-Yo me encargaré, de que su opinión sea otra. Ya lo verá.
Ese pequeño momento donde hubo un breve acercamiento, desataría una oscuridad profunda.
Continuará