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Bésame

Bésame

Autor: : AnaValencia
Género: LGBT+
"Tania y yo no queremos dejar de ser novios, queremos seguir juntos y ambos sabemos que tenemos necesidades fisiológicas que necesitamos satisfacer. Es por eso que tener una relación abierta es la solución perfecta para nosotros" Dario nunca imagino que esas palabras por parte de Aless, su mejor amigo, lo iban a cambiar todo.

Capítulo 1 ¿Relacion abierta

DARIO

-¿Relación abierta? ¿Estás hablando en serio? -cuestioné sin poder creer lo que Aless me estaba diciendo con tranquilidad, es más, no se veía ni siquiera ofendido o enojado por la oferta que le había dicho Tania hacía apenas media hora, se veía incluso emocionado por tener que compartir a su novia con otro chico.

-Claro que estoy hablando en serio-contestó mi mejor amigo mientras atravesaba mi dormitorio, para sentarme a mi lado, ya que se dio cuenta de mi aturdimiento, incredulidad, o quizás era por mi mirada enloquecida.

«Pero en serio, ¿Qué esperaba realmente? No era una petición normal entre novios como para tomarla de manera tan a la ligera»

No respondí con la emoción que esperaba, ni siquiera pude decir una sola palabra, me encontraba por completo mudo de la sorpresa, y mi silencio llevó a que Aless dejará de sonreír.

-Por favor entiende, Dar-pidió mi mejor amigo con suavidad mientras subía su mano a mi frente e intentaba borrar mi ceño fruncido, para luego verme con una sonrisa relajada-. De esa manera Tania y yo no tenemos que romper cuando me vaya de gira.

Ésos ojos grises me miraron en busca de entendimiento o alguna compresión de mi parte. Lo que era una locura, Aless no debía de preocuparse por lo que yo pensará sino por lo que su novia iba hacer en el futuro, ¿siquiera sabía que significaba relación abierta? Ella iba a ver alguien más y no solamente para conversar, y lo que era peor, también él lo iba hacer.

«¿Acaso no había dicho que Tania era la mejor novia que había tenido en su vida? ¿Por qué deseaba probar más?»

Pero por la forma frustrada y esperanzada en que me veía, era evidente que estaba decepcionado por mi nula emoción.

«Se le ha zafado un tornillo, no hay duda de eso. Sabía que tantas peleas podían ocasionar alguna lesión craneal, sin embargo, pensé que su cabeza dura iba a hacer que estuviera a salvo de esos detalles. Pero por lo visto, no fue así», pensé con acidez. Quité su mano de mi frente, ya que era un poco frustrante continuar molesto con su toque interfiriendo en mis expresiones faciales.

-Entiendo. Casi...-murmuré. «La verdad no, no entendía nada, ¿Cómo podían tener una relación en donde ambos se engañaban mutuamente? ¿Acaso no sentía celos de que su novia estuviera con otro chico?». Mierda, incluso yo me sentía celoso y ni siquiera estaba involucrado en la relación. Pero ¿Qué podía hacer para decirle que era una mala idea y que él no podía tocar a otra chica, aparte de su novia? Suficiente tenía con ella, ¿Para ahora agregar más chicas a la lista? Sabía que era irracional pensar de esa forma, pero no podía evitarlo. Mi corazón estaba siendo empujado al acantilado y sabía que iba a ser dura la caída si me seguía aferrando a algo imposible. Además, ¿qué le costaba a Aless no ser tan sociable? ¿Por qué tenía que ser tan coqueto? ¿Por qué mierda no le gustaban los chicos? No estaba pidiendo que se volviera gay por mí, pero al menos un poco de duda no vendría mal a mi ego.

Suspiré de forma audible y busqué alejarme de Aless. Sobre todo, porque quería pedirlo a gritos que me mirará, que no tenía el caso de que estuviera con alguien más aparte de mí, pero no podía, por una razón y muy importante: Aless no era gay.

Además, no era como si Aless tuviera la culpa de que estuviera enamorado de él. Yo había sido el culpable al no cortar de raíz esto, por no alejarme y en vez de eso, seguir alimentando el sentimiento de posesión, y más cuando sabía que era algo que no iba a pasar nunca.

Ahora por culpa de mi masoquismo, no solo tenía que soportar ver a Aless besando a Tania por todo el campus sino también que lo haga con más chicas mientras durará la gira.

«Este mes iba a ser un infierno»

Aless detuvo mi huida al rodear mi brazo con su mano.

-No, no te vayas-pidió con suavidad y se acercó más a mi cuerpo, prácticamente tocando su pierna con la mía-. Mira, sé que es algo raro para muchos... como si quisiera borrar la distancia que había colocado entre los dos.

Solté un bufido.

-¿En serio? Ni siquiera me había dado cuenta de eso-interrumpí sonando malhumorado, y al mismo tiempo nervioso por ver que no había ni un solo centímetro de separación entre nuestros cuerpos.

Su dedo fue a mi mandíbula y me hizo verlo.

Lo vi con toda la ira que pude reunir, pero en menos de un segundo, dejé de fruncir el ceño, sobre todo cuando sentí el roce de su piel con la mía. Era demasiada distracción que no pude concentrarme en lo que mi mejor amigo tan intensamente me estaba diciendo.

Como si necesitará mi atención de manera urgente, Aless tomó mi rostro entre sus manos, haciendo que quedará estático en mi lugar y petrificado al observar sus ojos.

Pude notar de que había diversión en sus ojos grises.

Tuve unas ganas inmensas de golpear su rostro o besarlo, que era algo todavía peor. Si no supiera que Aless podía darme una golpiza por una de las dos opciones, estaba seguro que lo hubiera hecho hace mucho tiempo.

-Mira...-Aless empezó a jugar con mi cabello de manera distraída, como siempre lo hacía cuando estaba pensando en algo y continuó diciendo-: Tania y yo no queremos dejar de ser novios, queremos seguir juntos y ambos sabemos que tenemos necesidades fisiológicas que necesitamos satisfacer. Es por eso que tener una relación abierta es la solución perfecta para nosotros.

«Queremos, tenemos, sabemos, nosotros ...era realmente frustrante como Aless veía su relación con Tania como si ya fueran uno». Apreté mi mano libre en un puño. Pero de inmediato relaje mi mano. No quería que Aless se diera cuenta de que estaba molesto. Eso lo haría hacer preguntas que no quería contestar. Por el bien de nuestra amistad, era mejor que no las hiciera.

-¿Darío? ¿Me estás escuchando?

Me obligué a prestar atención a lo que decía mi mejor amigo. Pero mi vista se trasladó a sus ojos y luego a su boca, una maldita costumbre que tenía cuando lo tenía demasiado cerca, y lo peor de todo, el estúpido cosquilleo que sentía en la parte baja de mi cuerpo y todo por culpa de sus tactos inocentes.

Alejé su mano. Pero Aless no dejó que lo hiciera y tomó más fuerte mi rostro e hizo que nos acercáramos más. Ahora estábamos a unos pocos centímetros de distancia.

No tuve la fuerza para alejarme, y menos cuando podía sentir su respiración acariciar mis labios. Sabía que, si me hacía adelante, imitante una especie de accidente, podía hacer que nuestros labios chocaran. Sin embargo, lo que me detenía de hacer ese acto imprudente era que Aless me fuera a rechazar, o peor aún, que me viera con asco.

Alcé la vista y miré a mi mejor amigo a los ojos, de manera fija, y esperando que no se notará el hambre que sentía.

-Sí, te estoy oyendo -mi voz no podía oírse más neutral, intentando no mostrar ningún signo de excitación.

-Bien, ¿Qué opinas entonces?

Parpadeé varias veces sin entender que estaba preguntando.

-¿Qué opino de qué?

Aless me quedó mirando de forma malhumorada.

-No eres divertido, ¿sabes?

Sonreí, pese a las circunstancias, e hice todo mi esfuerzo en recordar de que estábamos hablando.

Tragué saliva.

-Fue idea de ella, supongo que está bien-contesté con tranquilidad.

-Sí, ella está feliz igual que yo, es solo que tú no pareces feliz con la idea-dejó de sonreír, para mirarme serio-. Eso no me gusta. Me hace sentir...mal.

No era el único que lo hacían sentir mal está situación. Sin embargo, las razones de ellos no tenían nada que ver con la mía. Las mías eran por razones personales y muy egoísta. No tenía nada que ver con ellos, y al mismo tiempo sí tenía que ver con Aless.

-Me preocupa que lo lamentes más tarde-dije de forma tardía, más que nada para quitarle el semblante preocupado a Aless-. No quiero verte sufrir.

Eso era verdad. Pero también me preocupaba no tener el control sobre mi amor y terminar haciendo una escena que me delate delante de él.

-No lo hare-aseguró Aless volviendo a sonreír y sonando aliviado-. Ella dice que me quiere mucho y que no desea perderme por algún error que yo vaya a cometer, por ya sabes, mi problema...así que Tania dijo que podía tomar cierta libertad en mis viajes y ella podía hacer lo mismo estando aquí en el campus.

Estuve a punto de preguntar sobre "su problema". Pero de inmediato recordé a qué se refería. Estuve a punto de poner los ojos en blanco, ya que el problema, cómo Aless decía, era realmente que tenía una libido demasiado alto. Era muy posible que él pudiera estar todos los días y cada tres horas en la cama con Tania si tan solo ella se lo pidiera. Para mala suerte de mi mejor amigo, su novia no sufría del mismo problema. Así que eso siempre lo hacía entrenar demasiadas horas, una forma de liberar la frustración sexual continua.

Quizás lo de "relación abierta" había sido cómo el santo Grial de Aless, de ahí la emoción que sentía cuando me lo había contado. «O quizás solo buscaba una excusa para tener más chicas»

-Pienso que está mintiendo-solté celoso y un poco enojado mientras alejaba la mano de Aless y me levantaba para tomar agua fría del minibar, ya que me había calentado demasiado con la cercanía de mi mejor amigo-. Nadie querría saber que su novio está teniendo sexo con otra.

«O en mi caso, mi mejor amigo»

-Ella es de mente abierta.

«No lo dudo», pensé mientras abría la puerta del minibar.

Realmente Tania no era una mala chica o buena, para el caso. Más bien, le encantaba atraer la atención de los chicos sin siquiera importarle que fuera novia de Aless. O quizás Tania no sabía lo deseable que era Aless para cualquiera.

Lo que se que fuera, Tania usaba su popularidad para seducir a algunos chicos. Esto ya se lo había dicho a Aless, e incluso pensé que iba a terminar con ella cuando se lo había confesado, pero realmente no fue así. Mi mejor amigo solo se rió. "Es lo normal, ella es hermosa", había dicho entre risas. Intenté decirme que no era mi problema, que Aless era un idiota por permitir eso. Pero me molestaba ver qué mi mejor amigo quería tanto a Tania que no parecía importarle que coqueteara con otros chicos enfrente de sus narices.

Solté un suspiro mientras tomaba la botella de agua.

-¿Por qué no mejor acompañarte a tu gira? Así como lo hago yo-dije, enderezándome mientras destapaba la botella con mi mano-, si hablo con el entrenador, estoy seguro que puede ayudarla a que se una al equipo de asistencia. Así estarían juntos todo este mes.

-Ella tiene algunos deberes, no puede ir conmigo.

Lo miré con irritación.

-Yo también tengo deberes, y aun así estoy acompañándote.

-Pero tú eres mi mejor amigo, sabes que no puedo estar lejos de ti cuando tengo una pelea-Aless se levantó de la cama y comenzó acercarse-. Eres mi amuleto de la buena suerte.

-Debes de cambiar de amuleto-murmuré mientras veía como Aless tomaba la botella de agua de mis manos y comenzaba a beber-. Ella es tu novia.

Aless asintió con la cabeza.

-Lo es-dijo al terminar el agua y me vio con seriedad-. Pero la suerte no puede reemplazarse...-se encogió de hombros, cómo si no pudiera luchar contra el destino.

Mi corazón empezó a latir por su declaración. Porque, aunque Aless jamás iba a corresponderme cómo quería, siempre iba a querer tenerme a su lado en cada encuentro.

-Pienso que están cometiendo un error-dije con un nudo en la garganta volviendo a donde estaba sentado antes.

Aless me siguió y se sentó a mi lado.

-No porque hemos establecido algunos límites-comentó mientras colocaba su brazo en mis hombros.

Mi corazón empezó a latir con fuerza.

-No sé si quiero escuchar esto...-contesté con lentitud y volteé a ver a mi mejor amigo-, pero está bien, dime, ¿Cuáles son sus límites?

Aless mostró una sonrisa llena de triunfo.

-Solo serán en las giras, en el campus no se puede.

¿Y solo por eso estaba feliz?

-Un gran limite-solté con sarcasmo, sin poder evitarlo-, ¿y cuáles son los otros? Espera, déjame pensarlo, no enamorarte de ninguna de ellas. Cliché.

Aless se rió en voz baja mientras me miraba con fijeza.

-No, no me dijo eso, además no creo que pueda encontrar a una chica tan hermosa como ella. Así que básicamente eso fue todo.

No creo que pueda encontrar a una chica tan hermosa como ella, volví a repetir en mi mente. Claro, una chica...realmente era masoquista. ¿Por qué siquiera sigo esperando algún cambio de que diga alguien y no solamente mujeres?

-Bueno, si eso les hace feliz. -dije quitando el brazo de Aless de mis hombros para acostarme en la cama y coloqué mis manos en mi estómago.

-No te preocupes, Dar-comento Aless acostándose a mi lado mientras volvía a tomar mi mano y entregaba nuestros dedos -. Sin importar cuanta atención tenga en este, siempre tendré tiempo para ti.

-No estoy preocupado por mí, sino por ustedes, idiota-«era un vil mentiroso»

Pero ¿Qué podía hacer? Realmente nada.

Solo resignarme.

«Maldito mes de infierno que se avecinaba». Solo esperaba que sucediera demasiado rápido para incluso sentir dolor. Aunque sabía que eso era imposible.

Iba a doler, y mucho.

Capítulo 2 Menos orgullo, más deseo

Alessandro era una leyenda de las artes marciales mixtas a la edad de veinte años, y no era broma, él era uno de los mejores luchadores en la categoría de peso medio. Su agilidad y fuerza había hecho que muchos codiciara sus cinturones. Una forma de querer vencer al rey. Pero parecía casi imposible ya que mi mejor amigo siempre se esforzaba al máximo, no había un solo día que no dejará de entrenar el triple que los demás. E incluso su futuro ya se encontraba asegurado en el MMA.

Sin embargo, su talento nato para el combate no hacia que fuera menos imbécil.

-Maldita sea, como no se detenga, va a causar una hemorragia interna al pobre chico-comentó Vlad sonando asustado al lado de los demás chicos que observaban con detalle el combate de Aless.

-Ríndete, ríndete...-susurraba Ethan con expresión nauseabundo, como si su plegaría la fuera a escuchar Juno Newland, el contrincante de Aless.

Aunque los chicos parecían exagerar con sus comentarios, realmente no podía estar más que de acuerdo con lo que decían. Aless estaba siendo brutal. A él parecía no importarle que estaba peleando con uno de los mejores, es más, eso lo volvía poseído. Como si deseará tratarlo como su muñeco de trapo.

No pude evitar sentir compasión por Newland.

Para hacer la situación más humillante para él, era saber que ni siquiera estaba en el último asalto sino en el primer asalto y su deseo de aguantar más estaba llevándolo a cometer suicidio. Aless ni siquiera se moderó en sus golpes cuando observó la nula defensiva de Juno, se volvió todavía más brutal.

Después de un minuto entero de una fuerte golpiza por parte de Aless, el referee dio por terminado el combate al interponerse entre él y Juno Newland, y declaró un nocaut contundente.

-Joder-susurró Ethan entre asustado e impresionado por lo acababa de hacer Aless en la jaula-, tenemos suerte de que esté de nuestro lado.

Iba a decirle que eso iba a cambiar en unos pocos años, pero decidí mejor dejar ese comentario en mis pensamientos. Después de todo, no quería hacer que Ethan se orinará en sus pantalones tan pronto se diera cuenta que era muy posible que fuera la próxima víctima.

-Mañana estará insoportable-dije pensando en las notas que iban a sacar sobre el combate de está noche.

Aless se alejó mientras alzaba los brazos en modo de celebración y sonriendo a la audiencia, para luego, voltear su rostro a donde sabía que lo estaba viendo y me mandó un beso en forma de broma.

«Imbécil», pensé mientras levantaba mi mano y le enseñaba el dedo de en medio.

Mi mejor amigo se carcajeó mientras era abrazado por el entrenador y golpeando en la espalda como una muestra de orgullo ajeno. Más por masoquismo que por otra cosa, seguí a Ethan y a los otros chicos a la jaula, pues también deseaba estar cerca del ganador.

Sobre todo porqué era lo más cerca que iba a estar de un Aless sudado.

Cuando estuve a unos pasos de distancia, Aless rompió la celebración grupal y atravesó el gentío para caminar y poder quitarse el cinturón de su cintura y dármelo en mis manos, y luego cargarme en sus hombros como siempre hacía en sus rituales de victoria.

Me reí, pese a las circunstancias.

Y como era la costumbre, alcé su cinturón y se los enseñé a todos lo grandioso que era Aless en el combate.

Una mano en mi pierna hizo que bajará la vista y observé la mirada orgullosa de mi mejor amigo. Suspiré. «Si tan siquiera hubiera un poco menos orgullo y más deseo, estaría perfecto», pensé sin poder evitarlo.

Alcé la mirada y fui cegado por la luces.

Para luego echarme a reír, y unirme a la celebración de victoria.

Tres horas más tarde, ansiaba dormir tan desesperadamente que me dolía los ojos pero Aless hacía imposible que eso sucediera.

Él quería ir a una maldita fiesta, y yo no. Sobre todo porqué sabía a qué quería ir.

Y eso era ligar.

Admitía que era masoquista por tener sentimientos por alguien que no me correspondía, pero tampoco era suicida emocional. Aún quería mantener mi cordura por más tiempo.

-Vete-solté enojado de que Aless estuviera queriendo quitarme las sábanas que cubrían mi cuerpo.

-Si hubiera sabido que tus planes eran dormir en vez de cambiarte, no hubiera dejado que vinieras a la habitación.

-Puedes ir solo, no me necesitas.

Aless se acostó a mi lado, tocando mi cabello con sus dedos.

-Tienes que venir conmigo, no puedo ir sin ti-volvió a decir.

-No.

-Estaré preocupado si no vienes. ¿Qué tal si alguien entra al lugar y te golpea? ¿Sabes lo difícil que será mi vida sin ti?

-Eso no va a pasar. Así que deja de molestar-dije con un quejido de cansancio mientras intentaba tapar mi rostro con la almohada, pero Aless no dejó que eso sucediera. El imbécil no quería dejarme dormir y lo mire enojado cuando volvió a impedir que cerrará mis ojos-. En serio basta, Aless. Tengo que dormir para poder levantarme mañana temprano. El entrenador sigue enojado por la estúpida broma de la semana pasada, y ahora soy yo quien tengo que pagar los platos rotos. ¿Sabes siquiera que pude quedarme en el campus por culpa de tus amigos?

En realidad, había querido que eso sucediera. Por eso me había echado la culpa de forma inmediata cuando el entrenador había descubierto que algunos chicos habían usado los vestidores cómo un salón para orgía.

Había sido Aless quién había intervenido cuando el entrenador dijo que iba a suspenderme por todo el mes. "No puedo ganar si no lo puedo ver en el combate, entrenador". Nadie se sorprendió de ese comentario, Aless ya le había dicho a todos que yo era su amuleto de la suerte, y ya que todos sus compañeros eran fieles creyentes a eso, nadie dudo de la desesperación en su voz. "Además, ¿Realmente cree que Dar sería capaz de algo así?", había terminado de decir Aless cuando observó que el entrenador no decía nada y que parecía castigarme. Una forma de que todos vieran que nadie se podía pasar las reglas por el culo. No obstante, el entrenador me conocía demasiado bien y sabia que Aless no estaba mal encaminado con sus afirmaciones. Por lo que dijo que podía cumplir con el castigo una vez que volviera de la gira. En ese momento, estuve a punto de gritar de frustración, sobre todo cuando observé el alivio y la sonrisa en la cara de mi mejor amigo. Así que ahora estaba metido hasta el fondo en la gira. Peor aún, con un Aless emocionado queriendo probar su nuevo proyecto de relación abierta.

Mi mejor amigo se apoyo en su palma mientras me observaba con el ceño fruncido.

-Ni sé porque te echaste la culpa, Dar. Eso fue un movimiento estúpido.

No estúpido sino desesperado. Había querido estar tan lejos de la gira que había actuado de manera imprudente, y había sido la mente maestra de lo que había sucedido en esos vestidores, y le había dicho pequeñas sugerencias a los chicos para que lo llevarán a cabo sin que nadie se diera cuenta.

Por eso no estaba del todo molesto por el castigo, lo había merecido, sin embargo, eso no lo sabía Aless y ése secreto me lo iba a llevar a la tumba. A menos que uno de los chicos decidieran confesar. Lo que dudaba que fuera a pasar. Nadie quería hacer enojar al entrenador para ser tan valiente.

Miré a Aless sin delatar mi culpabilidad.

-Los chicos han entrenado duro, no merecían una suspensión.

Mi mejor amigo se sentó en la cama, frustrado y enojado de mi comentario.

-Me importa una mierda lo que les pase a ellos, lo que me preocupa es lo que hará el entrenador contra ti.

-Sabe que no fui yo, así que no será tan duro.

-Serás el mensaje, Dar. Es obvio que te va a dar una paliza-me miró enojado-. No debiste echarte la culpa.

-No tiene caso lamentarse ahora-cerre los ojos, dando a entender que había terminado de hablar sobre el tema-, apaga las luces cuando te vayas.

-¿Irme? Querrás decir irnos.

-Aless...-

De pronto, Aless puso todo su cuerpo encima de mí.

Gemí por el peso.

-No te duermas-susurró en mi oído-, te dije que teníamos que vestirnos para una fiesta.

-Y yo te dije que quiero dormir. Vete solo.

-No, irás conmigo.

-¿Por qué siquiera quieres que vaya? Una vez que te conseguis a alguien, me dejarás solo-dije sonando molesto y frustrado. Y al mismo tiempo dando la razón de porque no deseaba ir a esa maldita fiesta.

La simple idea de ver a Aless en acción, me hacía doler el corazón.

Bastante sufría ya a diario. Cómo para sumarle un clavo más al ataúd.

-No quiero ir-volví a decir.

Aless hizo lo único que hacía cuando no podía convencerme de algo, cosquillas.

«Idiota», pensé entre risas.

-Vamos, vamos-canturreó en mi oído al escuchar mis carcajadas.

-Basta-dije queriendo empujarlo, pero era inútil, sus manos eran demasiado rápidas en su tortura-, deja de hacerme cosquillas. Me voy a orinar, imbécil.

Aless se calmó y volvió a decir:

-Pues ven conmigo.

Respire con fuerza y lo miré.

-Estoy cansado, Aless, no tengo ánimos ni de caminar.

Mi mejor amigo colocó sus manos a cada lado de mi cara, quedando a centímetros de mi rostro.

-Entonces te cargo.

Abrí la boca, intentando decir que dejara de joder. Pero aún con mis deseos de decir aquello, ningún sonido salió de mi boca.

Mi atención estaba en sus ojos.

En lo cerca que estábamos del otro.

Mi corazón empezó a latir con fuerza.

-Aless

Mi mejor amigo hizo algo más idiota, se acostó encima de mí.

El peso de su cuerpo me hizo gemir.

Pero aunque podía ser doloroso, realmente lo disfruté. «Soy un verdadero masoquista», pensé mientras bajaba mi vista a sus labios.

-¿Dar? ¿Estás bien?

Parpadee.

-Si, lo estoy.

Aless llevó su pulgar a mi mejilla.

-¿Estás enojado conmigo? Estás rojo.

-No es nada-soltó mientras apartaba su mano de un golpe-. Bájate.

-No lo haré hasta que me digas que irás conmigo a la fiesta.

-¡Bien, iré! ¿Feliz?

Aless beso mi nariz de forma rápida.

-Mucho.

Bufé. Aunque podía sentir que por dentro estaba ardiendo. Fue una suerte que el edredón estuviera tan grueso para que Aless se hubiera dado cuenta de mi erección.

Aless se levantó con una sonrisa.

-Date prisa, estamos llegando tarde.

No respondí, en vez de eso, aproveche que Aless estaba de espaldas para ir al baño rápidamente.

Capítulo 3 Fiesta

La fiesta no era mala, era peor de lo que había imaginado. Sin embargo, Aless pensaba diferente, su grito de emoción al entrar al local abarrotado de chicos de nuestra edad hizo que me diera cuenta que no nos íbamos a ir pronto.

Suspiré de forma audible. Lo que hizo que Aless me mirará con persuasión.

-No seas así, te vas a divertir.

-Lo dudo-dije cuándo sentí que alguien me empujaba y me hacía caer en los brazos de mi mejor amigo. Fue la mejor tortura de la historia.

Aless me enderezó de nuevo.

Para mi mala suerte.

Mi mejor amigo supervisó rápidamente que no hubiera sido lastimado y cuando estuvo conforme con un diagnóstico positivo, me miró serio.

-No te alejes demasiado. Eres demasiado pequeño cómo para perderte entre estos idiotas.

Puse los ojos en blanco.

-No soy pequeño-contradije.

-Lo que digas.

Crucé mis brazos y lo miré molesto.

-Te odio.

-Y yo te amo-contestó con una sonrisa.

Ése comentario hubiera sido brutal para mí sistema si tan siquiera me lo hubiera dicho mientras me miraba. Pero no había sido el caso. Aless se encontraba demasiado distraído con una chica que pasaba por su lado.

No tenía ningún problema, lo tenía con su maldito vestido. Esa minúscula no dejaba nada a la imaginación, ni a una posible prenda interior. Lo peor de todo es que sabía que si Aless quisiera podía hacer que su mano pudiera tocarle la entrepierna de ella. Por la mirada de la chica, eso parecía ser su propósito.

Así que decidí que era momento de moverme. No tenía intención de ver la interacción de ambos.

-Iré por algo de beber-dije intentando dar un escape rápido.

Aless dio un asentimiento distraído y empezó a conversar con la chica. La cuál ya había colocado sus brazos en los hombros de mi mejor amigo y se daba la vuelta para empezar a simular el acto sexual con la ropa puesta.

Sabía que solo era cuestión de minutos antes de que Aless la convenciera de irse a algún lugar más privado.

«Sabia que esto iba a pasar». Suspiré y me adentré a la multitud, buscando un sitio tranquilo y donde pudiera estar sólo.

Una hora después me convencí de que no había ningún lado en el local que pudiera servir para relajarme. Es más, parecía que todo el mundo se enloquecía con el pasar de los minutos y empezaban a ser más imprudentes.

Decidí que era momento de salir a tomar un poco de aire. Más por seguridad que por verdadero sofocó. No obstante, no pude pasar de la puerta principal ya que unos brazos fuertes y conocidos me abrazaron desde atrás.

-¿A dónde pensabas ir, Dar?

-A ningún lado.

-Mentiroso-susurró en mi oído-, te vi que ibas a irte.

-Solo iba a tomar un poco de aire.

-No te creo. Convénceme.

-Si sabes que no necesito convencerte de nada, ¿verdad? Es más, ¿Qué estás haciendo aquí? Creí que estabas ocupado con alguna chica.

-Lo estaba.

Era una pésima idea preguntar. Pero era masoquista.

-¿Y qué pasó? ¿No fue tan divertido como pensabas?

Aless se alejó y me dio la vuelta. Para luego encogerse de hombros.

-Alivió la tensión.

«Aless era un idiota con I mayúscula», pensé con irritación. Lo quedé mirando sin comprender que me había enamorado de él primer lugar. Pero como era conocido por todos, el maldito corazón no era sabio a la hora de escoger de quién enamorarse.

Y tristemente, el mío era bien masoquista.

Estaba por decir de lo que verdaderamente pensaba sobre su comportamiento indiferente, pero de pronto llegó Vlad y evitó que yo dijera algunas cosas que podrían dañar el ego de mi mejor amigo.

-Oigan, chicos, nos hacen faltan dos, ¿Quieren unirse?

-Por supuesto-contestó Aless de inmediato.

Quité mi mano de golpe del agarre de mi mejor amigo cuando observé que iba a llevarme a rastras con él.

-¿A qué exactamente quieres unirme?-pregunté a Vlad.

El chico con cabello rizado y mirada inocente, para ser un deportista, me sonrió con esperanza.

-Algunas chicas quieren jugar cinco minutos en el paraíso.

-Me apunto-dijo de inmediato Aless, y volteó a verme con petición. Cómo si estuviera pidiendo permiso.

Volteé a mirar a Vlad.

-No creo-dije.

La sonrisa de Aless se deshizo.

-¡No seas así, Dar! ¡Deja que juegue un rato!

-Por favor, Dario-pidió Vlad casi suplicando con su mirada-, son chicas muy sexys. De hecho aceptaron participar si podía convencerlo a ambos de jugar.

-¿A ambos?-preguntó Aless con el ceño fruncido-. ¿Quién son ellas? ¿Por qué quieren besar a Dar? ¿Siquiera saben que Dar no es el tipo de chico que besa a cualquiera?

Tenía las mismas dudas. Pero la última pregunta que hizo Aless me dejó pensando un poco. ¿Qué tipo de chico pensada Aless que era para suponer que yo no me podía besar con cualquiera? O sea, era cierto. ¿Pero por qué estaba tan seguro de eso?

Algo en su tono no me gustó, ya que me hacía sentir como si fuera más ingenuo que Vlad, y eso era decir mucho del chico con cabello rojizo.

Quizás estaba cansado de la expectativa de que algo no iba a suceder con Aless. Quizás el estado de idiotez de los demás se me había pegado con la hora transcurrida. O quizás era la mirada suplicante de Vlad lo que me animó a decir aquellas palabras que no creí decir.

-Esta bien. Jugaré también-dije.

Di un paso en dirección a Vlad, pero Aless me detuvo al tomar mi brazo.

-No, espera, Dar-dijo Aless con expresión seria-. No creo que sea buena idea.

-Pensé que la intención de venir a la fiesta era para divertirnos. ¿Qué más divertido que poder besar a chicas diferentes? Tú lo haces siempre.

No sabía de dónde había venido eso, pero no me arrepentí de decirle, y menos cuando la expresión de Aless se congeló. «¿Es que acaso pensaba que él podía divertirse y yo no?».

Sabía que no iba a ganar nada, ni siquiera me iba a gustar la idea de besar a una chica en la boca, pero con tal de que Aless dejará de suponer cosas de mí, me hacía tener que actuar con locura.

Y esto que estaba haciendo en ese momento, era la cosa más loca que había hecho. Aparte de entregarle el corazón a mi mejor amigo, por supuesto.

Volteé a ver de nuevo a Vlad.

-¿Nos vamos, Vlad?

-Si, si-aceptó el chico que era más joven que nosotros por un año.

-Espera...-pidió Aless tomando con más fuerza mi brazo, y me observó-. Dijiste que estabas cansado, ¿Por qué no vamos a descansar?

-Parece que ya no tengo ganas de dormir -dije y sonreí con malicia.

Pude darme cuenta de que Aless no le gustó mi comentario. Es más parecía con ganas de llevarme fuera de la fiesta a la fuerza. Sin embargo, sabía que si hacía eso, entonces yo iba a estar molesto con él.

Y si había algo que Aless odiara más que no tener sexo, era que yo no le hablará en días.

Aless me liberó con una expresión de derrota.

Me di la media vuelta y seguí a Vlad.

(...)

Cuándo intenté darle la lección a Aless se me olvidó el insignificante detalle de que el tonto era demasiado popular. Por lo que significa que la mayoría de las chicas querían besarlo.

Así que Aless pasaba todo el tiempo dentro del maldito cuarto que habían asignado para el juego.

Sin embargo, a pesar de que las chicas lo elegían, él no estaba feliz.

Estaba enojado.

Por un razón, mi nombre también era dicho varias veces. Pero por una chica en específico, su nombre era Fabiola. Al parecer desde que me vio aparecer, su objetivo no era besar al campeón sino besar al chico que lo acompañaba.

-Dario-dijo la chica que estaba enfrente de mí, y que no tenía mucho tiempo me había vuelto a elegir, ya que la regla de no repetir al mismo participante no estaba. Más que nada porque la mayoría quería besar más de una vez a Aless.

Me levanté de nuevo. Pero está vez no pude levantarme del suelo, Aless tomó mi mano.

-Es suficiente por hoy, Dar y yo tenemos que irnos a dormir.

-¡Oye, eso es trampa!-gritó su amiga de Fabiola, indignada de que Aless no quisiera respetar las reglas del juego.

Tenía la sospecha de que era más por ella misma, qué por su amiga.

-Quizas está celoso-dijo una chica que estaba a mi izquierda, sin percartarse de que estaba hablando demasiado alto-, quizás quiere que estés con él en vez de con su amigo.

La chica de enfrente miró sorprendida a Aless.

-¿Es eso cierto? ¿Quieres que te elija en vez de a Darío?

Aless me volteó a ver, y por la mirada que me dio, era evidente de que no deseaba besar a la chica, pero si eso la detenía de que me besará por décima vez, entonces él pensaba mentir.

-Si-susurró mi mejor amigo.

Iba a protestar, pero la chica lo hizo por mí.

-Lo siento, yo quiero con Dario, y a menos que él se niegue a besarme, tú no puedes hacer nada-dijo la chica nada intimidada por la mirada de furiosa que le estaba dando Aless.

-Él no quiere-espeto mi mejor amigo.

-¿Dar?

Miré a la chica con una sonrisa.

-Ni tengo ningún problema-dije. Y era cierto, la chica no era tan invasiva, lo único que hacía en esos minutos eran besos tímidos, de piquito. Lo cual me sorprendió. Y cuando le pregunté por qué lo había hecho en la primera vez que me había elegido, ella había dicho que sus amigas la habían convencido de hacerlo.

Y su tímido "me gustas", hizo que terminará por no hacerla sentir peor y aceptar esos besos que no tenían nada de extravagantes. Eso claro, Aless no lo sabía. Lo cuál hacía que se viera más enojado conforme me veía como tomaba la mano de la chica para llevarla al cuarto.

En el interior del cuarto oscuro, la chica se acercó hasta que me di cuenta de que me estaba abrazando.

-¿Puedo tener tu número?

Suspiré, ya que me daba cuenta de que Fabiola no era como las otras chicas. Ella era una chica linda.

Ella no merecía que la ilusionara.

-Puedo dártelo. Pero no quiero ilusionarte, solo puedo ser tu amigo.

La chica alzó su rostro y me vio.

-¿Por qué no puedes ser más?

-Si te digo la verdad, te haré sentir mal. Y no quiero eso.

-E-es por qué no soy bonita, ¿verdad?-preguntó con timidez.

-No, no tiene nada que ver con eso. Eres muy linda, y si pudiera amar a una chica, créeme es posible que hubieras sido tú.

Pude notar que fruncía el ceño.

-¿Si pudieras amar a una chica? ¿Estás diciendo que...?-se detuvo sin poder continuar.

-Si, Fabiola-dije lentamente-. Me gustan los chicos. Soy gay.

La palabra golpeó directamente a ella.

-¿Entonces mis besos te asquearon?-preguntó sonando horrorizada.

-No, no, fueron lindos.

-Oh-dijo y bajó su cara para que no la viera. Estaba avergonzada.

No quería verla así.

Incliné mi rostro y la observé de cerca.

-¿Aún quieres ser mi amiga?

La chica sonrió tímidamente.

-Si, si quiero.

En esa docena de veces, fue la primera vez que me acerque a ella y coloque un beso en su mejilla.

Me estaba alejando cuando la puerta fue abierta de golpe, y tanto Fabiola como yo, miramos a la persona que nos esperaba del otro lado.

-¿Qué estaban haciendo?-cuestionó una voz enojada y muy familiar.

Iba a responder, pero Fabiola lo hizo por mí.

-Nada-respondió con rapidez y con el rostro sonrojado.

Lo que hizo que Aless no le creyera. De manera abrupta, mi mejor amigo tomó mi mano y me sacó de la habitación.

-¿Qué hiciste que te hiciera?

-Ella no hizo nada, yo la besé-«en la mejilla», terminé en mis pensamientos.

Aless me miró furioso.

-¿Una vez más?-pidió una chica con nombre Alondra, y que tenía una obsesión con los besos de Aless.

-Creo que mejor no-respondí-, estoy cansando.

Aless me miró enojado.

-Aun no. Quiero una vez más. Pero con una condición...-se detuvo un segundo y me volteó a ver-, esta vez yo escogeré con quién entrar al cuarto.

Suspiré frustrado, al contrario de las chicas, ellas estaban felices de saber a quién elegiría Aless.

Me apoye en la pared, deseando que terminará de una vez.

-¿Y bien? ¿A quién eliges?

-A Dar-contestó Aless bruscamente.

Lo miré de golpe, sorprendido por oírlo decir mi nombre.

-¿Qué?-dijeron todas-, no puedes escogerlo a él. Es un chico.

-¿Y? Dije que lo iba a elegir yo, y ustedes aceptaron la regla.

Todas lo miraron expresando molestar. Pero ningúna dijo nada.

-No estás hablando en serio-atiné a decir.

-Claro que sí-devolvió Aless. Y de repente, casi poseído de cólera, tomó mi brazo y nos llevó a la habitación semi oscura. Para que pudiéramos tener cinco minutos en el paraíso.

«Mierda, sabía que era mala idea venir a esta fiesta»

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