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Consentida por el CEO discapacitado

Consentida por el CEO discapacitado

Autor: : rabbit
Género: Cuentos
Novalee se encontró cayendo directamente en la trampa que le tendieron su despiadado exmarido y su astuta hermana; solo descubrió la verdad cuando dio a luz. Seis años después, regresó con su hermoso y talentoso hijo. Tras ajustar cuentas exitosamente con su malvada hermana y exmarido, y después de enfrentarse a su insensible padre, terminó involuntariamente enredada con el temido CEO con discapacidad física llamado Millard. A partir de ese momento, una serie de problemas comenzaron a surgir. "Novalee, firma este contrato. Estoy aquí para apoyarte". "Novalee, eres la única en mi corazón; no hay nadie más que tú". Sin embargo, su hijo se opone. "¿Quieres a mi mamá? ¿De verdad piensas que eso nos parece bien?" A pesar de que ella intentó escapar, el CEO se negó a dejarla ir. Finalmente, se volvió de conocimiento público que... ¡el cruel CEO defendió a una mujer!

Capítulo 1 : Parto entre las llamas

La noche era oscura.

Con los dientes apretados, Novalee Webb se sujetaba su abultado vientre mientras corría desesperada en busca de refugio. Su vestido de algodón, alguna vez blanco, ahora estaba manchado de sangre, que no dejaba de escurrirle entre las piernas.

Maldición. Estaba a punto de dar a luz.

Las fuerzas comenzaban a abandonarla. Ya no podía seguir huyendo. Llevaba escapando lo que le pareció una eternidad, y confiaba en que esa despreciable pareja ya no podría alcanzarla.

Novalee examinó los alrededores. No vio más que una extensa llanura cubierta de pasto.

Se acarició con ternura el vientre donde su bebé se movía y susurró: "Pequeño mío, ¿de verdad tendré que traerte al mundo aquí, a la intemperie?".

Una contracción repentina la sacudió, y la hizo gritar de agonía.

Media hora más tarde, el llanto de un recién nacido rompió el silencio de la llanura.

Tenía el cabello pegado a las mejillas por el sudor y los labios resecos y agrietados, manchados de sangre. Sin embargo, no le importó. Ignorando su propio malestar, extendió los brazos con una alegría abrumadora para recibir a su bebé.

"Ah, así que ya nació el bastardo".

De repente, unos brazos que venían por detrás de ella levantaron al recién nacido del pasto.

"¡Pattie! ¡Rowley! Ustedes...". Novalee apretó los dientes, pero el dolor le impidió decir más.

Frente a ella se erguían dos figuras crueles: su media hermana y su esposo, los cómplices de su desgracia.

Pattie Webb aún conservaba su fachada de amabilidad, pero la mirada que le dedicó al bebé en sus brazos estaba desprovista de toda humanidad.

"Esta bastarda tuvo la mala suerte de nacer tan feo. Si es niño, le costará encontrar esposa cuando crezca. Rowley, ¿por qué no encontraste un hombre más apuesto para que se acostara con Novalee? Me duele que mi hermosa hermana haya tenido que estar con un hombre tan feo".

La desesperación y la rabia bullían en el interior de la aludida, pero su hijo estaba en manos de Pattie. No se atrevió a provocarla. Contuvo el aliento, reprimiendo toda su ira y su dolor.

"¡Mi bebé! ¡Devuélveme a mi bebé! Ya tienes mis acciones del Grupo Shaw, incluso te cedo a Rowley. ¡Pero devuélveme a mi bebé!".

Su bebé era lo único que quería. Era carne de su carne y sangre de su sangre. Nadie podía arrebatarle a su bebé.

El rostro de Rowley Mitchell se contrajo en una mueca de desagrado.

"Novalee, ¿así que te veías a escondidas con ese tipo? Decías que me amabas y ahora quieres divorciarte de mí por esta bastarda. Incluso estás dispuesta a entregar las acciones de la empresa que tanto protegías. ¡Qué descaro! Parece que no puedes olvidarlo después de una noche con él, ¿verdad?".

Novalee soltó una risa amarga, cargada de rabia.

Con los ojos inundados de lágrimas, miró al hombre que había amado durante casi dos años.

Jamás imaginó que pudiera ser tan cínico.

La otra noche, había oído por casualidad una conversación entre su esposo y su media hermana, y así descubrió que eran amantes desde hacía tres años.

Rowley se había acercado a ella con el único propósito de apoderarse de las acciones del Grupo Shaw. La había seducido y engañado hasta llevarla al altar. Luego, durante un embarazo difícil que la dejó mentalmente frágil, solo Pattie y Rowley permanecieron a su lado.

Para ella, ellos lo eran todo. Pero ¿quién podría sospechar que tramaban su ruina?

Mientras Novalee lo observaba, Rowley sintió una mezcla de culpa y una extraña excitación.

Novalee, siempre seductora, tenía el rostro sonrojado y perlado de sudor; además, el vestido se le adhería al cuerpo, marcando cada una de sus curvas y sus redondos senos se estremecían con furia.

En su mirada se mezclaban la ira y una leve sonrisa. Los mechones de cabello pegados a sus mejillas no mermaban su elegancia. Por el contrario, acentuaban su encanto, volviéndola aún más cautivadora que de costumbre.

Rowley apretó los puños en silencio. ¿Cómo pudo haber abandonado a semejante belleza y permitir que tuviera el hijo de otro hombre?

Su reacción no pasó desapercibida para Pattie, quien endureció su expresión mientras sostenía a la pequeña, y una llama de resentimiento brilló en sus ojos. Si no fuera porque esa bastarda le resultaba útil, la habría estrangulado allí mismo.

"¡Rowley, vámonos! ¿Qué esperas?".

Tras una breve vacilación, Rowley señaló a Novalee y preguntó: "¿Y qué hacemos con ella?".

La sonrisa de Pattie fue escalofriante cuando dijo: "Simple. ¡Quémala viva!".

Dicho esto, se marchó con el bebé en brazos, dejando que Rowley se encargara del fuego.

Las llamas no tardaron en consumir a Novalee. Intentó escapar con desesperación, pero un dolor agudo en el vientre la paralizó.

¡Llevaba otro bebé en su vientre!

El pánico se apoderó de ella. ¿Iba a morir allí?

Poco después, Pattie y Rowley se alejaron a gran velocidad en una camioneta.

En ese instante, una Hummer pasó rugiendo a su lado, casi rozándolos, antes de frenar en seco más adelante.

Capítulo 2 : Secretos en la pantalla

Seis años después, en el hotel cinco estrellas más lujoso de Valmead, se celebraba una fiesta de compromiso.

En el opulento salón de banquetes, destacadas figuras de la alta sociedad se codeaban, intercambiando sonrisas y alzando sus copas en un brindis continuo.

En el escenario, una enorme fotografía mostraba a los prometidos sonrientes y cariñosos.

Debajo de la imagen se leían sus nombres: Rowley Mitchell y Pattie Webb.

Poco después, la pareja subió al escenario y él tomó el micrófono para expresar su gratitud. "Damas y caballeros, su presencia en nuestra fiesta de compromiso significa mucho para Pattie y para mí".

Entre los invitados, Novalee, quien ahora llevaba el apellido Shaw en lugar de Webb, observaba la escena con una sonrisa burlona, enfundada en un elegante vestido negro.

Tuvieron que pasar seis años para que ese par de sinvergüenzas por fin se comprometieran.

Pero ella estaba de vuelta.

El recuerdo de lo ocurrido seis años atrás seguía vívido en su memoria. Estaba decidida a recuperar lo que era suyo y a hacer que quienes la habían herido pagaran, y con creces.

"Es toda una historia... ¿Sabían que el señor Mitchell era el cuñado de la señorita Webb?".

"Dicen que su exesposa sufría de depresión prenatal y desapareció sin dejar rastro justo después de dar a luz".

"Y la señorita Webb y el señor Mitchell criaron a la niña como si fuera suya".

"Es una niña adorable, aunque de salud delicada".

"Apenas hace dos años aceptaron la muerte de la señora Mitchell y publicaron su esquela".

"¡Qué bondadosos son el señor Mitchell y la señorita Webb! Muy compasivos, tanto con la difunta como con la niña".

Aquellos murmullos exasperaron a Novalee.

¿Compasivos? ¿Bondadosos?

¡Ja!

"Mami, ¿me escuchas?".

Una voz infantil en su auricular la trajo de vuelta a la realidad. Una chispa de determinación se encendió en su mirada.

Se llevó la copa a los labios y, con una leve sonrisa, respondió en un susurro: "Sí, cariño, te escucho".

"Mami, ya van a poner el video de los novios. Tienes que ir a la sala de control en el segundo piso. Ya tengo controladas las cámaras del pasillo para que no te vean. Camina unos cincuenta metros a tu izquierda y encontrarás las escaleras. Sube. Me aseguré de que la sala de control esté vacía. Tienes tres minutos, mami".

Con una sonrisa de complicidad, Novalee dejó su copa y se dirigió hacia la izquierda. "Entendido", murmuró.

La sala de control estaba vacía, tal como la voz le había dicho. Conectó una memoria USB a la computadora.

"Solo tienes que cambiar el video por el nuestro. Si la computadora estuviera conectada a internet, podría haberlo hecho yo". La voz infantil denotaba una ligera frustración.

"Dame un minuto", dijo Novalee con una risa apenas perceptible, mientras deslizaba el ratón con agilidad.

Mientras observaba la barra de progreso en la pantalla, se humedeció los labios.

"Treinta segundos".

"Mami, el presentador ya está comenzando su discurso".

"Diez segundos".

Desde el salón, la voz del presentador resonó: "Y ahora, acompáñennos a revivir la hermosa historia de amor de nuestros recién comprometidos".

Novalee exhaló por fin. "Listo".

Hizo clic y reprodujo el video.

La acústica del salón era excelente, así que el gemido que de pronto brotó de los altavoces se escuchó con una claridad absoluta.

"¡Ah, eres increíble!".

En la pantalla gigante apareció de pronto un video sexual. En él se veía a Pattie con un hombre que no era Rowley, su prometido.

Un murmullo de estupefacción recorrió el salón. Los padres se apresuraron a taparles los ojos a sus hijos.

"¡No miren! ¡Esto no es para niños!".

"¿Será real? ¡Las fiestas de compromiso de hoy en día son de lo más emocionantes!".

"¡Dios mío! ¿Pero qué está pasando?".

"¡No se lo pierdan! ¡Saquen una foto para subirla a Twitter!".

En el escenario, el rostro de Pattie se tornó lívido al escuchar su propia voz en el video. Desesperada, se aferró al brazo de Rowley y le suplicó: "¡Déjame explicarte! ¡No es lo que parece, alguien me tendió una trampa!".

Furioso, él le apartó la mano con un manotazo. Para empeorar la situación, la imagen en la pantalla cambió y mostró otro video, esta vez del propio Rowley con otra mujer.

El clamor en el salón se volvió ensordecedor. Quienes minutos antes admiraban la historia de amor de la pareja, ahora se sentían engañados.

"Parece que los dos se estaban engañando mutuamente".

"Bueno, todavía no están casados. No se puede llamar traición. Simplemente se divertían a espaldas del otro".

"Quién diría que eran tan liberales, con lo refinados que parecen siempre".

"No hay que dejarse engañar por las apariencias. ¡Es pura fachada!".

Pattie apretó los puños con tal fuerza que se partió sus uñas recién pintadas y exigió: "Rowley, ¿puedes explicarme qué significa esto?".

El rostro de Rowley se endureció. "No hay nada que explicar. No armes una escena".

Luego, les gritó a sus guardaespaldas: "¡Quiten ese video ahora! ¡El culpable debe de estar todavía en la sala de control, encuéntrenlo!".

Una voz cargada de pánico sonó en el auricular de Novalee: "¡Mami, van por ti! ¡Sal de ahí ahora mismo!".

Ella sacó la memoria USB a toda prisa y salió corriendo.

"Van por el ascensor y las escaleras. Escóndete en algún lado por ahora, mami", continuó la voz, teñida de angustia. Novalee recorrió el pasillo con la mirada, desbloqueó la puerta de un salón VIP y entró a toda prisa.

Las cortinas del salón estaban corridas, sumiendo la habitación en penumbras.

Sin embargo, Novalee no pudo evitar la sensación de que alguien la observaba fijamente. Era una mirada tan intensa que la obligó a girarse. Gracias a la tenue luz que se filtraba por las cortinas, distinguió a un hombre. Lo que la sorprendió fue que estaba en una silla de ruedas.

Antes de que pudiera reaccionar, oyó el sonido de pasos apresurados en el exterior, seguido de unos golpes en la puerta.

Sobresaltada, Novalee reaccionó al instante: se abalanzó sobre el hombre y le tapó la boca con la mano.

Este percibió un aroma desconocido pero agradable que emanaba de los dedos de ella.

A pesar de su obsesión con la limpieza, se sorprendió a sí mismo disfrutando de aquella fragancia.

"Disculpe, señor Patel, ¿está todo en orden?".

La aprensión de Novalee creció al comprender la importancia de aquel hombre. ¿El señor Patel?

Todos los invitados de la fiesta de Rowley y Pattie eran figuras notables, pero a este señor Patel incluso le habían asignado un salón VIP exclusivo. Era evidente que su estatus era muy superior.

"¿Señor Patel?", insistió el guardaespaldas, con creciente ansiedad. "Señor Patel, ¿se encuentra bien? ¿Está usted ahí? Si no responde, tendré que entrar a comprobarlo. Con su permiso".

La intensa mirada del hombre seguía fija en Novalee, como si estuviera sopesando sus opciones.

La mujer apretó la mandíbula; su rostro había palidecido. De repente, el chirrido de la puerta al abrirse rasgó el silencio.

En un instante, Novalee actuó.

Le soltó la boca, le rodeó el cuello con los brazos y lo besó en los labios con una pasión arrebatadora.

Capítulo 3 : ¿Fue suficiente

Al abrir la puerta, el guardia de seguridad se encontró con una escena peculiar en la penumbra de la sala VIP. Un hombre en silla de ruedas, con la cabeza apenas inclinada, besaba con pasión a una mujer de cabello largo y elegante atuendo. Esta le rodeaba el cuello al distinguido invitado con sus brazos, besándolo con una entrega febril.

Paralizado por la sorpresa y la incomodidad, el guardia se quedó inmóvil, sin saber cómo reaccionar ante semejante escena.

Mientras él dudaba qué hacer, el hombre en la silla de ruedas lo fulminó con una mirada gélida, cargada de una silenciosa advertencia.

Sin atreverse a permanecer allí un segundo más, el guardia se retiró a toda prisa y cerró la puerta tras de sí.

La habitación volvió a sumirse en el silencio. Un instante después, el hombre apartó a Novalee. "¿Fue suficiente?", preguntó.

Consciente de la incomodidad del momento, ella se levantó de un salto y retrocedió. "Lo siento", se disculpó. "Fue una emergencia. No quise ofenderlo, por favor, discúlpeme".

Observó al hombre, lista para huir en cualquier momento. Supuso que, al estar en una silla de ruedas y posiblemente con alguna discapacidad, no podría perseguirla.

Retrocedió hasta la puerta, mientras oía a los guardias registrar el pasillo.

Novalee se mordió el labio y su mirada se desvió hacia la ventana cubierta por las cortinas.

Era un segundo piso.

Sin que el hombre dijera nada para detenerla, Novalee corrió hacia la ventana, la abrió, juntó las cortinas y saltó, sujetándose de ellas.

Por un breve instante, la luz del exterior iluminó el rostro del hombre, revelando una belleza tan impactante que la dejó sin aliento.

Con esa imagen fugaz en su mente, Novalee aterrizó. Hizo una mueca de frustración, pues había cometido un error. Se había torcido el tobillo por culpa de los tacones.

Una voz infantil y preocupada resonó en su auricular. "Mami, mami, ¿cómo te fue? ¿Estás bien? ¡Contéstame! ¡Estoy muy preocupado!".

"Hola, ¿me escuchas?", preguntó Novalee mientras cojeaba hacia el estacionamiento subterráneo.

No hubo respuesta del otro lado. Se quitó el auricular y descubrió que lo había silenciado por error; el botón parpadeaba con una luz roja.

Un alivio inmediato la invadió. Lyle Shaw no había escuchado lo que había ocurrido.

Presionó el botón para responder y lo tranquilizó: "Está todo bien. Silencié el auricular por accidente hace un momento. Ya salí. Volveré pronto".

Se marchó a toda prisa, ajena a la mirada que la seguía desde la ventana.

Un momento después, el hombre apartó la vista y se pasó la lengua lentamente por los labios. Al bajar la mirada hacia sus propias piernas, una compleja mezcla de emociones ensombreció su rostro.

Tomó su teléfono y marcó un número.Una voz respondió al otro lado de la línea:

"Hola, señor Patel".

"Necesito todas las grabaciones de las cámaras de seguridad de la fiesta de compromiso de Rowley. Envíamelas en diez minutos".

La voz al otro lado de la línea sonó agobiada. "¿Todas? ¿En diez minutos? ¡Por Dios! Señor Patel, es casi imposible conseguir eso en tan poco tiempo".

"Ahora te quedan nueve minutos y cuarenta segundos".

"Está bien, está bien". Al otro lado de la línea, el hombre tecleaba con rapidez, incapaz de contener su curiosidad. "¿Está usted en la fiesta de compromiso de Rowley y Pattie? ¿Para qué quiere los videos de seguridad?".

Los labios de Millard Patel se apretaron y su agarre en el reposabrazos de la silla se intensificó lentamente. "Ella apareció".

"¿Quién?". La voz al otro lado tardó un instante en procesarlo y luego respondió con rapidez: "¿Se refiere a esa mujer? ¿La única que ha logrado excitarlo?".

Mientras tanto, Novalee, ajena a todo, se dirigía al estacionamiento subterráneo.

Una vez dentro de su auto, tomó su celular, insertó una nueva tarjeta SIM y marcó un número.

El timbre insistente cesó y una voz femenina y áspera, que sonaba como si acabara de llorar, contestó. "Hola, ¿quién habla?".

Con una risita cómplice, Novalee respondió: "Pattie, ¿estás disfrutando del regalo de compromiso que te preparé?".

De repente, la voz al otro lado se agudizó. "¿Quién eres? ¿Tú planeaste esto? ¿Qué es lo que quieres?".

"Querida hermanita, ¿acaso no reconoces mi voz?", replicó Novalee con frialdad.

"¿Novalee Webb? ¿Eres tú? ¿Sigues viva?".

La aludida sonrió al oír su viejo nombre, pues hacía mucho tiempo que no lo usaba.

"Lamento decepcionarte, pero estoy muy viva y me va bastante bien. Lo de hoy fue solo un pequeño regalo para ti. De nada. Pero ten cuidado, esto es solo el principio. ¿Estás lista? Recuperaré todo lo que Rowley y tú me quitaron".

La voz de Pattie se quebró, cargada de un miedo y una ira indisimulables. "Novalee, tenemos a tu hija. ¿Acaso no piensas en ella? Si buscas vengarte de nosotros, ¿no te da miedo que le hagamos daño?".

La voz de Novalee se suavizó hasta volverse peligrosamente serena. "Claro que tengo miedo. Por eso mismo, te aconsejo que cuides muy bien de mi hija. Ella es tu única garantía. Sin ella, el regalo de hoy habría sido mucho más que un simple video. Y recuérdalo bien, Pattie: si le tocan un solo pelo, tú y Rowley me lo pagarán con sus vidas".

Tras colgar, Novalee apretó los labios.

Habían pasado seis años. Nadie sabía lo que había vivido en todo ese tiempo.

Ahora que finalmente tenía el capital necesario, había regresado.

No pensaba darles un respiro ni a Rowley, ni a Pattie, ni a la familia Webb.

Respiró hondo para calmarse y encendió el auto. Cuando se disponía a marcharse, miró por el espejo retrovisor y se quedó helada.

Una niña adorable estaba recostada contra una columna junto a su auto, con un aire completamente inocente.

La pequeña parecía tener unos cinco o seis años, y era evidente su frágil estado de salud. Su tez era pálida y sus labios tenían un tinte azulado, signos claros de un malestar considerable.

Tras confirmar con la mirada que no había nadie más cerca, Novalee salió del auto y se acercó rápidamente a la niña. "Pequeña, ¿te sientes mal? ¿Por qué estás aquí sola? ¿Dónde está tu familia?".

"Me duele, me duele", gimió la niña, con la mirada perdida y el cabello empapado de sudor.

A Novalee se le encogió el corazón, pues su propia hija tendría la edad de esta niña.

Desesperada, la cargó y le aseguró: "Vamos. Te llevaré al hospital".

La colocó en el asiento de seguridad para niños y volvió al volante. "Resiste", le dijo. "Ya casi llegamos al hospital. Mantente despierta y habla conmigo si te duele".

"Mamá, mamá".

El murmullo inconsciente de la niña hizo que el corazón de Novalee doliera aún más.

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