8 de diciembre, 2016
Hola... ¿Debería saludar?
No importa.
Reposo sobre mi pecho, el césped del patio de la casa que solía ser de la abuela está mojado y frío, y un cartel con la
leyenda En venta, pintado con rojo, es
lo único que resalta
sobre la grama verde oscuro.
Oscuridad.
Sara Tomlinson falleció el 7 de diciembre, a las 3:00 de la tarde bajo la sombra de un viejo árbol rodeado de zetas. A ella le gustaba salir, respirar
el aire fresco y observar el cielo, ya que desde su silla de ruedas no había mucho que ella pudiera hacer.
Ella era dulce.
Era tenaz.
Ella me amaba.
Era mi abuela.
Los doctores dijeron que fue por causas naturales.
Un infarto.
Que su corazón se detuvo, que dejó de latir, así, sin más.
Supongo que a sus setenta y un años, su labor en este mundo se había terminado.
El cielo aún permanece nublado y
gris. Es como si este lamentara profundamente la pérdida de un ser humano que valdría incluso más de mil vidas, arropando sus inmaculadas nubes de luto. Mi abuela era
de acero inoxidable y las nubes lloran por ello.
El cielo permanece oscuro y triste. Las gotas aterrizan sobre mi cabeza,
mojandome para mantenerme despierta. Y aunque es un hermoso paisaje, es el
ambiente perfecto para un funeral.
Te extrañaré mucho, abue. No debiste irte, no debiste dejarme.
Tú no.
Hay treinta personas en total dentro de la casa. Treinta personas de las
cuales, sólo logro identificar
a mis padres.
¿Está mal que los vea sólo como hipócritas, cuando ninguno estuvo cerca de Sara ni un minuto cuando cayó en cama?
Por eso decidí escapar un momento,
y así fue como te encontré... O recordé que te tenía.
Tú fuiste un obsequio de
la abuela en mi cumpleaños número diez. Ella me
aseguró que tú serías mi mejor amiga, que podría confiarte mis secretos y que jamás me juzgarías, en ese momento me pareció tanto...
Como desearía que ella te hubiese
dejado en mis manos otra vez.
No sé a qué quería llegar, pero ahora que ella no está, agradezco tenerte conmigo.
Es todo, supongo, me espera un largo camino de lágrimas de nunca acabar, bordado con tristeza y
soledad.
Me acostumbraré. No hay de otra.
Para siempre tuya...
Romina
****
16 de enero, 2017
Querida Moon...
Sí, así me decidí a llamarte, supongo que como mi nueva amiga necesitabas de un nombre.
Luego de la muerte de la abuela Sara mi madre decidió que lo mejor sería alejarnos de su ambiente y empezar de cero.
Por lo tanto, nos mudamos.
La casa fue vendida una semana después de que enterraran su féretro. Mamá la dejó al mejor postor y
eso nos dio los fondos suficientes para transportar nuestras pertenencias. Que
la abuela le haya heredado la casa fue algo bueno, Supongo.
Pero sólo para ella.
Así fue como llegamos a
Londres. Y prometí hacer uso de todo el
aplomo que no poseo.
La nueva casa es mucho más pequeña, es de dos pisos y
desde la sala puedes ver parte de la cocina. Es extraño, estaba acostumbrada a los largos corredores
de la antigua casa. Al menos sigo teniendo mi propia habitación.
La casa está casi vacía y un montón de cajas están esparcidas por
todas partes, proporcionando un aire lóbrego al ambiente.
Llegamos hace sólo una semana y
aunque me gustaría poder decir
"es genial", "me gusta", "será un nuevo comienzo", siento ganas de vomitar con sólo pensarlo.
Y por supuesto debido a la mudanza mis padres se vieron en la ineludible
necesidad (ineludible para mi, genial para ellos) de cambiarme de instituto.
Cosa que no fue bien aceptada por mi, pero como siempre mi opinión es irrelevante.
No puedo opinar en la casa.
Ni a mis padres.
Ni conmigo.
Soy como una especie de muñeca de porcelana... Que se ha roto más veces de las que puede contar con los dedos.
En fin, Moon.
Hoy fue mi primer día en el nuevo instituto.
¿Podría decir que fue
interesante? No, creo que no.
Una chica llamada Stephani -o ese creo que era su nombre- me dio un recorrido por las instalaciones con el mismo
entusiasmo de una tortuga muerta. Me recibió la directora, me presentó a la chica y desapareció.
Muy protocolario.
Y soporífero hasta la muerte.
Aunque, podría decir que no fue
tan malo. Hice una amiga, o eso creo.
Su nombre es Tadaline y a pesar de que me pareció gracioso, pude deducir gracias a fuentes
confiables (me limité a observarla lo suficiente)
que no sonríe mucho.
Su piel es casi tan pálida como la luna y su cabello tan oscuro como la noche. Me siento poética esta mañana.
Sus ojos apagados se ahogan en un intenso color gris y es un poco más alta que yo. Ama vestirse de negro y odia el
color rosa. Lo sé porque le ofrecí un caramelo de fresa, ella lo rechazó y tomó el que era verde.
La bautice como Tada. Cuando se lo dije sólo se limitó a levantar una ceja acompañado de una sonrisa montesina, pero no objetó nada.
Esa fue la primera reacción que tuve de ella en toda la mañana
También noté (con disimulo ya que no quería incomoarla) como diminutas cicatrices, casi
como rayones que rozan lo invisible, adornaban meticulosamente sus brazos; por
debajo de su sudadera.
No dije nada al respecto.
Tadaline me agradó y creo que yo también a ella. Y a la chica que me dio el recorrido no volví a verla en todo el día.
Me alegré, porque ella sí que no me agradó.
. . .
Papá me llevó a mi nuevo colegio porque madre lo obligó, prácticamente. Aunque él no quiera admitirlo, muy en el fondo, sé que la detesta.
El camino fue silencioso y algo tenso, se le había hecho tarde para ir a su nuevo trabajo como
agente ejecutivo. Mamá no tiene empleo, al
contrario, creo que está volviendo a gastar dinero en alcohol.
Sólo espero estar
equivocándome, no quiero
volver a pasar por la misma situación asfixiante de hace dos años.
La relación de mis padres no
está en las mejores
condiciones, mi querida Moon. Eso desde hace años, sinceramente. Me pregunto, ¿qué es lo que los mantiene unidos (encadenados) al otro?
Sólo sé que el amor es algo de lo que carecen desde
mucho antes de que yo naciera.
-Pídele a tu madre a que
pase por ti -sugirió sin mirarme cuando estuve fuera del auto.
Sonreí con esfuerzo y me
despedí. No lo haré, no llamaré a mamá. Viajar con ella es
casi tan agradable como tener agua dentro de los pulmones.
Con ella los minutos se vuelven años.
La relación con mi padre es
nueve veces mejor que con la mujer que me trajo al mundo, pero últimamente no hablamos mucho, él siempre está estresado, cansado, enojado. Y yo intento no
acercarme, comprendo que él necesite su espacio.
Pero ¿importa lo que yo
necesito?
Tambien soy plenamente consciente
de que si papá explota, arremeterá contra cualquiera que esté cerca. No me gustaría ser el blanco de sus frustraciones. He sido el
de mi madre por años.
Así que aprecié el ofrecimiento de llamar a mi madre, pero opté por declinar con toda intención. Serían veinte minutos de martirizante trayecto.
Tengo piernas, ¿por qué no usarlas?
Querida Moon, te escribo desde el patio de mi nuevo colegio, con la única persona con la que he mantenido conversación por una mañana completa a unos centímetros de distancia, cortando delicadamente la
piel de sus brazos, con sus uñas. Lo hace con tanta gracilidad que da la impresión de que sólo acaricia su piel. Y estoy casi segura de que cree que no lo he
notado.
Quizá algún día le pregunte por qué lo hace... Pero por el momento dejemos las cosas como están.
Ya es hora de volver a casa, Moon. Me espera un largo trayecto y será mejor marcharme ya.
El sol será mi acompañante.
Para siempre tuya...
Romina.
30 de enero, 2017
Querida Moon...
Ya han pasado dos semanas.
Dos semanas en un nuevo hogar, un nuevo instituto, una nueva ciudad, una nueva vida.
Dos semanas sintiendo que estoy hecha pedazos. Dos semanas con las misma incertidumbre de siempre.
Mi habitación se ha vuelto acogedora y el frío nocturno un buen medicamento para el dolor de cabeza. Descubrí una forma de subir al tejado sin caer y romperme los huesos.
Se ha vuelto rutina. Llorar por las noches y ocultar la tristeza en el día.
Y extraño mucho a la abuela, aunque no sólo a ella.
Extraño el tiempo en el que fingir ser una familia unida y feliz se nos daba realmente bien, donde al menos teníamos un motivo para sonreír así fuese de manera falsa. Donde tenía con quien hablar.
También extraño el tiempo en el que él aún estaba conmigo.
¿Qué quién es él?
Era alguien importante, Moon.
Los días son monótonos en casa. Papá pasa conmigo el menor tiempo posible y mamá sólo se limita a sentarse en un pequeño balcón que va de la sala a la calle, con una botella de vino y una revista de los ochenta que finge leer. Sólo para que nadie sospeche que en realidad sólo está emborrachándose. Y lo que contiene la botella es tequila, no vino.
Estamos siendo arrastrados al pasado y sé que esto no podría terminar bien. Terminará en desgracia.
Lo sé. Lo presiento, lo viví.
. . .
Mis días al lado de Tada me han enseñado a conocerla un poco mejor
Ella es la única amiga, se podría decir, con la que mantengo contacto en este nuevo lugar... Bueno, ella y alguien más. Pero ya te diré de quién se trata, Moon.
De Tadaline he aprendido algunas cosas básicas: como que odia casi todo lo que la rodea, es muy sarcástica, un poco grosera, es inteligente pero no alardea al respecto... Y si fuese por ella se encerraría en una burbuja donde nadie pudiese tocarla.
--Eso último me lo dijo ella--
Aunque debo decirlo, Tada es hermosa, su largo cabello negro, sus facciones finas y delicadas le dan seguridad, belleza y gracilidad a su aspecto.
Y claro, como te decía, ella no es la única persona con la que he convivido, y aunque no podía esperar para contarte, quería esperar hasta tener algo interesante para decir.
He conocido a una nueva persona, mi querida Moon.
Su nombre es Adrien.
Es alto y en escala veinte realmente atractivo, es la segunda vez en mi vida que puedo decir que alguien lo es.
Pero ya te diré por qué lo pienso.
Tada nos presentó hace media semana. Estábamos en el instituto, bajo un viejo Sauce inclinado y ella estaba fumando. Otra cosa de Tadaline.
Le gustan los cigarrillos, me sorprende que aún conserve su impecable sonrisa.
Adrien también fuma.
Él tiene la piel clara, el cabello oscuro le cae sobre la frente y casi le pasa las orejas. El mentón cuadrado y la mirada seria y cálida...
Me encantó esa mirada, era como la de él, sólo que en diferente color.
Y casi me atraganté con mi propia saliva cuando fui escrutada por su mirada.
Sus ojos estaban pintados de dos colores distintos, Moon. El derecho resaltaba en un cálido color azul y el izquierdo resplandecía en un rutilante verde esmeralda.
Se le llama heterocromía, leí sobre eso en mi antigua escuela.
Me pareció fascinante cierta anomalía y ese día (y desde entonces) podía apreciarla de cerca.
Sencillamente hermoso.
Aunque eso no es lo único que puedo decirte de él, hay algo más, Moon.
Y es que tiene muchos tatuajes de la cintura hacia arriba. Pero no sé si de la cintura hacia abajo también y me obligué a no pensar en ello.
Sin duda un gran espectáculo a la vista, digno de venerar.
Aunque me pregunté: ¿le permitían usar esos tatuajes en el instituto? Luego descubrí que usa una sudadera para cubrirlos.
Y seguro te preguntarás, Moon, cómo sé todo esto.
Bueno él me mostró a sólo horas de haberlo conocido.
Me inquietaron los tatuajes de sus brazos luego de ver un pequeño rastro de tinta salir hacia su dedo pulgar. No pude evitar preguntar al respecto.
Y así me los terminó mostrando todos. Sólo que no me explicó su significado, significan algo, pero yo aún no sé qué.
-No significan nada -expulsó el humo del cigarro recostando su cabeza hacia atrás, luego volteó a mirarme y sentí frío recorrer mis venas.
-Deben tener un significado. No te rayas la piel porque si.
-Pues yo sí -y dio por zanjada la conversación.
En eso Tada regresó con tres botella de coca cola.
Al principio, cuando ella me dijo.
-Romina, Adrien. Adrien, Romina.
Esperé a que completara la frase con un: Mi novio. Pero no lo hizo, así que di un paso y le extendí mi mano.
Tampoco vi indicio alguno de que quisiera coquetear con ella o que tuviesen alguna relación que no fuese más que amistad, o qué sé yo. Así que asumí que se conocen desde mucho tiempo.
Para cuando las clases finalizaron, Tada me trajo de vuelta a casa. Ella tiene un viejo auto de segunda mano, con agradable olor a limón y menta. Ella se ofreció a darme un aventón luego de que, horrorizada, descubriera que llevaba toda la semana caminando a casa.
Ella ha hecho de mi chofer la última semana.
Los trayectos a casa con Tada siempre son silenciosos, no incómodos, sólo silenciosos, de parte de ambas, claro. Ella enciende su radio y siempre están sonando canciones.
Y son pequeños momentos en los que puedo perderme en mis pensamientos e imaginar mi vida como me hubiese gustado que fuese y no como en realidad es.
No decir nada ya se ha hecho rutina.
Ese es mi momento de paz y silencio y se lo agradezco.
Durante la última semana, cada día al llegar a casa, siempre suelo invitarla a pasar, le ofrezco agua o cualquier cosa. Pero ella siempre se niega a aceptar algo.
-No, gracias. Nos vemos mañana, Romy -repone, sonríe, coloca su auto en marcha y se aleja.
Algún día tal vez si le insista en que debe entrar. Cuando la vida que hubiese deseado sea real y no un pensamiento.
Pero por ahora, secretamente, agradezco que ella siempre rechace mi invitación.
Si alguien me invitara, sinceramente, no aceptaría.
Las noches se han vuelto largas y las mañana frías.
Estamos siendo anclados a la pared de un recuerdo doloroso y terminará en desgracia, Moon. Lo hará.
Para siempre tuya... Romina
...
10 de febrero de 2017
Querida Moon...
Se marchó. Alguien más tuvo la osadía de abandonarme.
Me había aferrado a una rutina cada día al volver a casa. Tomaba una respiración profunda, relajaba mis músculos y me preparaba mentalmente para lo que sea que me esperara dentro.
Calculaba la distancia entre mi lugar a mi cuarto, en cuánto podría tardar en subir la escaleras y meterme bajo las sábanas
Siempre esperaba encontrar alguna escena fatídica, pero todo siempre suele estar tranquilo...
Hasta ese día.
Mis padres estaban peleando cuando atravesé el umbral, supongo que esa fue su forma de darme la bienvenida.
Quise dejarlo pasar, caminar a mi habitación y encerrarme ahí. Pero algo sucedió, algo que veía venir, algo que sabía con certeza que sucedería en algún momento dado. Sólo que... no lo esperé tan pronto.
No me preparé mentalmente para que sucediese ya.
Una serie de gritos se abrieron paso frente a mi.
-¡Pues entonces vete con ella! -Gritó mi madre y detuve en seco mi trayecto al pie de la escalera.
Permanecí estática, incapaz de moverme. Un dolor se abrió paso, con las uñas, dentro de mi pecho, rompiendo algo dentro.
Algo de lo que quedaba muy poco
Y me obligué a no taparme los oídos y dejarme caer para balancearme en el suelo.
Recordé aquella vez en la que mamá me obligó a permanecer inmóvil con mis pies descalzos sobre caliente y rústico suelo del patio trasero.
Sólo porque hablé de más cuando no debía.
El sol estaba en su punto, quemando todo a su paso, el de cada medio día. Me vi a mí misma con lágrimas en los ojos, sintiendo el dolor en mis pies, luego de eso, caminar fue todo un reto para mí.
Me sentí de ese modo en ese instante, sólo que el dolor no quemaba en la planta de mis pies, sino en mi pecho.
Y todo por culpa de ella. Todo siempre fue culpa de mi madre.
«Pues entonces vete con ella»
Esas palabras se reprodujeron en mi cabeza, una y otra y otra vez, como si fuesen un disco rayado.
¿Papá tenía a alguien más? Al parecer y a pesar de todo eso, no podía juzgarlo.
-¡Pues bien! -exclamó mi padre de vuelta.
No quería mirarlo.
Giré justo a tiempo para ver la mirada furibunda de mi padre quien se aproximaba a toda velocidad, con las manos hechas puños y los dientes apretados, en mi dirección. Pasó junto a mi y recogió un par de maletas.
Las mismas que compramos para hacer el viaje.
El lugar se volvió pequeño, las paredes comenzaron a cerrarse a mi alrededor hasta oprimir mis músculos y adormecerlos.
Cuando finalmente caí en la realidad, mi vista viajó del tramo de escaleras hasta el umbral de la cocina, mi madre tenía la vista desencajada y las mejillas rojas. Se cruzó de brazos y observó como mi padre tomaba las dos maletas y las arrastraba a la puerta.
Lo miré una última vez y sus ojos me pidieron perdón en silencio, seguido de eso me dio un beso en la frente y salió a la calle.
Papá se marchó de casa. Fue la tercera persona en abandonarme. No podía creerlo y aún sigo sin poder asimilarlo.
¿Por qué no pudo llevarme con él?
Mi madre subió a su habitación, llevando una botella de alcohol con ella, como si no le importara. Chocó su hombro con el mio y desapareció por las empinadas escaleras de madera.
Mi padre se marchó, dando fin a una familia que desde hace muchos años estaba rota.
Ya ha pasado una semana Moon, aún duele y sé que él no regresará, que tal vez ya de nada me sirva llorar. Y como dije antes, quizá avanzar es lo mejor.
Sólo espero que él esté bien.
Porque yo no lo estoy.
Para siempre tuya... Romina.
15 de marzo 2017
Querida Moon...
Ha transcurrido un mes desde que papá se fue de casa.
No ha venido ni una sola vez.
No ha llamado siquiera.
Y no puedo evitar sentirme enojada al respecto.
Las peleas con mi madre son cada vez más constantes. Su actitud siempre es hosca y me trata como si yo fuese
alguien desconocido. Un desconocido que no es de su agrado y decide ponerle el pie para que se caiga.
Madre siempre ha sido de esa manera, me pregunto si me tendría la misma aversión si yo no fue su hija.
Madre suele estar ebria la mayor parte del tiempo, le duele muy en el
fondo, que papá se haya marchado con
otra mujer y su forma de llevar la rabia es bebiendo su peso en alcohol...
Hasta que estoy cerca.
Ya pasamos por esto una vez. Hace mucho, pero ella ha vuelto a recaer.
O tal vez nunca lo dejó, eso tendría más sentido.
Padre la ayudó a salir del hoyo
lleno de lodo en el que se había hundido hasta la clavícula, pero no sirve de nada, madre ha caído otra vez y yo sólo puedo mirarle los ojo.
Ella realmente odia la idea de estar sufriendo y papá ya no está para controlar su desastre.
Madre y yo peleamos hace algunas noches. Ella había vuelto de comprar más alcohol y la discusión comenzó por una tontería...
--En realidad siempre es lo mismo, Moon--
Pero esa noche, sus palabras me dejaron extrañamente muy, muy tranquila.
-¡Te odio! -gritó, con los ojos grises pintados de rojo ¿existe la posibilidad de que mamá esté, tambien, en drogas?
Mamá tenía la ropa harapienta y el cabello grasoso. Ella estaba hecha un completo
desastre y no me extrañaba ni un poco.
No obstante, en mucho tiempo, volví a sentir lástima por mi madre.
Pacientemente me llevé las manos a los costados, apreté los puños y... Esperé. Pero sólo se dedicó a sonreír con cinismo. Por primera vez sus ojos
reflejaron honestidad.
Mi madre me odia. Nunca lo había dicho antes, desde que puedo recordarlo, al menos.
Pero yo sabía muy bien que era así. Recuerdo
perfectamente cómo fue mi niñez a su lado. Sé como ha sido mi vida con ella.
Una sonrisa, que se me antojó sardónica se deslizó en mis labios. Y justo cuando creí que iba a volverme un mar de lágrimas, agitada por la culpa, subí las escaleras con tranquilidad y me resguardé tras los muros de mi habitación.
Sentí... tristeza.
Pero no por mí, desde luego. Sino
por ella. Ella era un objeto inanimado, incapaz de amar, no le importaba nada más que embriagarse hasta caer en la inconsciencia. Ella era la que había fracasado en la vida. La que cada noche
manchaba el suelo con vómito, la que tenía manchada el alma.
Así que la palabra
correcta, Moon, es lástima.
Eso siento por ella, lástima.
No me dolieron sus palabras ni un poco, después de todo era algo que siempre había vivido conmigo. No sentí nada relacionado con el dolor y eso puede que
me haya preocupado en algún momento, la única razón lógica que encontré fue que tal vez esté tan vacía que ya he empezado
a carecer de emociones.
La armadura que creé hace mucho se ha fortalecido con el paso de los años
Pero madre no paró ahí, para ella no fue
suficiente.
Mi madre siguió gritando enardecida,
pero esta vez no me cubrí los oídos, ni derramé lágrimas, preferí escuchar.
«¡Te odio!»
«¡Te odio!»
«¡Te odio!»
Repitió una y otra vez.
Y entonces supe que yo tampoco la quería, no sentía ningún tipo de cariño hacia ella, sin embargo, no estoy segura de
saber si realmente la odio.
Ella me había traído al mundo, sí, pero también había hecho de él un infierno.
Y desearía que ella no hubiese
sido mi madre, que jamás hubiese aceptado aquel papel que no supo cumplir. Mi niñez se basó en golpes e insultos. En dolor y lágrimas.
Mi espalda reposó contra la pared, junto a la ventana. Pacientemente esperé, hasta que sus gritos finalmente cesaron.
Se cansó pasados unos
minutos.
Que mi madre me odiase, después de todo, era algo que esperaba, vine para arruinar su vida. Odio era
lo mínimo que podía obtener de ella.
Mi madre me gritó treinta y cuatro veces que me odiaba, todas contadas. No sentí nada al respecto. ¿Es eso malo?
«No lo sé»
«No lo sé»
Sigo sin saberlo.
Sólo sé que tú sí me quieres, Moon. Y
con paciencia me escuchas.
Para siempre tuya... Romina.
. . .
18 de marzo, 2017
Querida Moon...
Hoy decidí que sería buena idea buscar empleo, no lo sé, conseguir algún tipo de distracción.
Además, sería productivo tener algo en lo que pueda invertir
mi tiempo libre.
Además, nos estamos
quedando sin dinero y por ende comida.
Y no, no le daré el dinero a mi madre
para que lo administre pues ya sabemos donde acabará.
Es necesario comprar más desinfectante y también lejía, mucha. Sólo así logro sacar el olor a fluidos gástricos por la mañana.
Tengo mucho tiempo libre y pasar tanto tiempo en casa o sólo dormida comienza a pasarme factura.
Y sólo dormir en
cualquier momento traerá consecuencias, tarde o temprano, pero lo hará. No quiero envejecer antes de lo que me
corresponde.
Y permanecer demasiado tiempo con la compañía de mi madre
terminará por romper mis
huesos y hacerme perder la cabeza.
Me hace enloquecer.
Es un alivio que no tome ningún tipo de medicación o ya me hubiese vuelto adicta en un intento de calmar la ansiedad que me ancla los pies al suelo.
Y aún sigo esperando a
que papá regrese y me lleve
con él.
Ya no me pregunto si estará bien.
Me pregunto si volveré a verlo.
No le he comentado a
Tadaline cómo están las cosas en casa.
Honestamente, nunca hemos hablado sobre el tema familiar, no sé nada de ella, y yo no le he dicho nada de mí. Creo que de algún modo ambas estamos felices viviendo en la
ignorancia. Tenemos un acuerdo tácito.
Y lo respetaremos hasta que sea el momento.
Así que puedo guardarme
todo para mí, perfectamente.
Y de Adrien tampoco sé nada. Salvo que vive solo.
Y hablando de él, hace dos días que no lo veo, me pareció raro, desde que lo conocí no había faltado ni una vez.
Le pregunté a Tada y ésta sólo respondió que tenía problemas familiares. Al menos sé que tiene familia.
No volví a preguntar para no
parecer entrometida, así que llegué a casa con un millón de preguntas en mi cabeza, a pesar de que me
obligué a no pensar en ese
chico con los ojos distintos y sus problemas.
Yo tengo mis propios problemas.
Pero no pude evitar preguntarme: ¿Qué problemas podría tener el chico de los ojos peculiares?
No tengo idea de sí algún día lo sabré. Pero quiero averiguarlo.
Oh y también sabré más de Tada. Mi chofer
personal quien, por cierto, sigue rechazando mis invitaciones a pasar.
Y no sé para qué sigo haciéndolo.
¿Cortesía? ¿Descuido? ¿Estupidez?
No lo sé, así como tampoco sé qué haré cuando ella acceda a pesar.
Caos.
Supongo que en nuestro acuerdo tácito está no entrar a la casa
de la otra, aunque nunca me ha llevado a su casa.
-Tengo que volver al instituto, olvidé algo. Adiós Romy -fue lo que dijo hoy.
Mañana quizá diga que olvidó bañar al perro.
Y claro, mi ritual antes de entrar; inspiro, calculo el tiempo y avanzo.
Seguro pensarás que es la casa del terror, Moon. Y sí, sí lo es. No literalmente pero sí lo es.
Por fuera la casa es bastante bonita, hay un diminuto jardín de rosas blancas a cada lado de la entrada,
supongo que alguna persona que vivió aquí antes de nosotros
debió plantarlas. Les
riego de vez en cuando antes de ir al instituto.
Las paredes están pintadas de un rosa
bastante brillante y llamativo. Es bonito...
Pero en el interior es un panorama completamente distinto
Para mí volver es como
escurrirse entre las paredes de una tumba. Ya ni siquiera huele a madera vieja,
ahora sólo predomina el hedor
a alcohol y los residuos de la lejía.
Mi estómago siempre se revuelve un poco al inhalar el aroma,
así que como es
acostumbrado, cubro mi nariz y camino lo más rápido que puedo a mi habitación.
En el recorrido escuchas el eco de las paredes, sordo y hueco, y cuando caminas
por el pasillo de la entrada el suelo cruje bajo tus pies.
Es casi fantasmal.
Pero normal para mí.
Así como también es normal encontrar a mi madre tirada en el
sofá con una botella vacía abrazada a su pecho.
Pero ya no me detengo a contemplarla, ni a ponerle una manta sobre los
hombros. Es increíble lo bajo que ha caído en tan poco tiempo. Lo miserable que se había vuelto su vida.
Más increíble aún, es que sienta asco
al saber que ese ser, infestado de alcohol hasta la médula la mayor parte del tiempo, sin ser
consciente del mundo a su alrededor, podría llegar a ser mi madre...
Siempre tuya...
Romina.