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El papá de mi mejor amigo.

El papá de mi mejor amigo.

Autor: : Luma~
Género: LGBT+
Quién diría que Joshua Kannard fuera tan guapo, tan deseable y tan imposible. El papá de su mejor amigo; Rafael, era todo lo que Austin deseaba, pero su fama de mujeriego no le favorecía en lo absoluto. ¿Podrá el señor Kannard caer en sus encantos? ¿Podrá su mejor amigo aceptar aquella relación? Austin solo tiene algo en mente y es que Joshua Kannard, sea suyo.

Capítulo 1 Prólogo

Rafael había sido su mejor amigo desde que se había trasferido hace 2 años al instituto, no había encajado con sus compañeros de curso y luego de involucrarse en una pelea con los del equipo de fútbol y ser ayudado por el pálido, se volvieron mejores amigos. Tenían la misma edad, 18 años, no tenían gustos similares, también tenían personalidades opuestas, pero de alguna manera, hacían que su amistad funcionara.

Rafael era pálido, de cabello negro, le gustaba la música, era bueno tocando el piano, media unos 3 centímetros menos y era exageradamente pálido, Austin aprovechaba eso para burlarse de su amigo. Sabía que solo vivía con su papá, nunca había mencionado hasta ahora a su mamá, por lo que entendía que había muerto.

Al contrario de Rafael, Austin, era alto, de piel un poco morena, al contrario de la música, era bueno en los deportes, por eso hacia parte del equipo de fútbol de su colegio. Vivía con sus dos padres y su hermana menor de 10 años, la cual era como una espinilla en el culo, pero la amaba. Tenía diversos chismes en el instituto sobre él, era un mujeriego de primera, eso no podía negarlo, pero no había dejado embarazada a ninguna chica, como se comentaba en los pasillos y en las aulas de clase.

- ¿Crees que algún hijo mío este por ahí sin mí?

- No seas idiota, tú no tienes hijos -el más bajo se rio por las ocurrencias de su amigo- No creas los chismes que se inventan sobre ti, no pierdas ni el tiempo, ni tu energía en eso ¿ok?

El recorrido hacia la casa de Rafael, no había sido tan largo, habían tomado el bus y en todo el camino el más pálido se durmió, por lo que aprovecho para sacarle fotos y luego chantajearlo con ellas, ya recibiría demasiados golpes, pero sabía que podía sacar provecho de aquellas fotos. Quito un audífono del odio de su amigo y se lo puso, Heart Of Mine de The driver era, se escuchaba.

Se dirigían a casa de Rafa y esperaba caerle bien al señor Kannard, lo había visto solo a la distancia, ya que nunca había tenido oportunidad de presentarse ante él, pero esperaba causar una buena impresión, con el sonido de la música también fue cerrando los ojos, durmiéndose con los movimientos bruscos que hacía el bus y la música.

Capítulo 2 1

- ¡Por tu culpa nos hemos pasado de parada!

Gritaba un furioso pelinegro a su mejor amigo, mientras el otro simplemente se reía y se defendía de los golpes. En efecto, se habían quedado dormidos los dos, Austin le echaba la culpa al sonido de la música, no es que fuera aburrida la canción, pero se había relajado demasiado, por lo que termino durmiéndose.

- Perdona Rafa -se cubría de los puños que le daba el pálido- Te compraré algo para compensarte ¿ok?

- Eso no hace que el enojo se me pase -saco su celular y lo miro con enojo- Mi papá debe de estar preocupado y se pone horrible en ese estado, mira -le mostró el celular a Austin- Me ha llamado como 10 veces.

- Le explicaré a tu papá que ha sido mi culpa -dijo apenado.

Caminaba casi detrás de Rafael, realmente se había quedado dormido en el bus y eso jamás había sucedido, las madrugadas quizá lo tenían con falta de sueño. Suspiro alcanzando a su amigo, paso de nuevo su brazo por el cuello de este y caminaron en silencio hasta llegar a una casa totalmente blanca.

- Llegamos -Rafael subió los cortos escalones y toco el timbre de la casa.

- ¿Acaso eres millonario? -pregunto casi en un susurro- ¡Esta casa es inmensa!

- Tu casa es igual de grande, Austin -miro al más alto sin poder creerlo- No te sorprendas, aunque yo no tengo sirvientes, como tú -menciono burlonamente.

- No tenemos sirvientes en mi casa -afirmo- La señora Rosa se encarga solo del aseo, pero eso es ¡Ocasionalmente! -subió los escalones dispuesto a golpear al pálido.

En ese momento la puerta de la casa se abrió, Rafael había sido salvado por la campana o mejor dicho salvado por la puerta. En aquella puerta se encontraba un rubio de ojos color miel, de preciosos labios rosados y de baja estatura ¿Dónde tan perfecto? Se preguntó Austin.

Se quedó congelado ante la presencia de aquel rubio bonito.

- ¿Rafael? -pregunto saliendo de la casa con expresión preocupada- Te estuve llamando miles de veces ¿Qué te he dicho de responder mis llamadas, jovencito? -sus manos se posaron en su cintura, en posición de tetera.

Su enojo era demasiado adorable, pensaba el pelinegro.

- Que debo responder tus llamadas por si es alguna emergencia -el pálido respondió sin ganas- Lo sé, papá ¿Puedes dejarme pasar? Me muero de hambre.

¿Austin escucho bien? Su mejor amigo le había dicho papá al rubio precioso. Confundido miro a Rafael, sin entender nada.

- Trajiste visita -el rubio enfoco al pelinegro- Perdona, pasen -les dio espacio- Deben estar hambrientos, he preparado todo así que pueden irse a cambiar y los espero en el comedor ¿Estamos de acuerdo Rafa?

- Si, vamos Austin -halo al más alto a la fuerza- Iremos a dejar las mochilas a la habitación -aviso sin esperar respuesta.

Sentirse sorprendido era poco, estaba siendo halado por su mejor amigo, pero su vista seguía en aquel rubio bonito, que ahora sabía que era el papá de Rafael, sintió su corazón acelerarse cuando el rubio le sonrió de manera tierna ¿Dónde estuvo ese hermoso ser toda su vida?

Estaba siendo prácticamente arrastrado por las escaleras, sus pies se sentían blanditos ¿Acaso había sido amor a primera vista? Nunca le había sucedido aquello, pero, esperen... Esto quería decir que era ¿Gay?

Había sido arrojado con fuerza a la cama, confundido miro a su mejor amigo quien se encontraba observándolo con seriedad.

- ¿A qué se debe esta agresividad? -pregunto abrazándose así mismo.

- Te quedaste mudo y pasmado, yo solamente te traje hasta aquí -levanto los hombros restándole importancia- Deja la mochila donde quieras, en el armario hay unas pantuflas que puedes utilizar y si te ríes eres hombre muerto.

- ¿Qué quieres decir con eso? -pregunto abriendo el armario.

Sus labios quisieron curvearse, pero no quería morir siendo tan joven y menos luego de descubrir que era gay y que recién conoció al amor de su vida. Se puso las pantuflas de gatito que había encontrado y miro al techo, esperando a que Rafael saliera primero de la habitación.

Detallo la habitación y era realmente grande, las paredes eran completamente negras, pero tenían un brillo particular.

Definitivamente era la habitación de su amigo, todo gritaba Rafael Kannard, tenía guitarras colgadas, posters, incluso había un computador con diversas pantallas y un teclado.

- Son regalos que me hace papá.

- ¿Qué? -miro la espalda de su amigo.

- Las pantuflas, son regalos que me hace -el pálido se detuvo a mitad de las escaleras- Dice que parezco un estúpido gato y todas las pantuflas que me regala son de diferentes tipos de gatos -suspiro resignado- No me atrevo a botarlas a la basura.

- Así que te gustan -sonrió al llegar al lado de su amigo y ver sus mejillas sonrojadas.

- Si dices una palabra sobre esto, eres hombre muerto -dijo para continuar bajando las escaleras.

- Todo un tsundere.

- ¿Qué dijiste? -se giró con expresión molesta.

- Que muero de hambre -la fuerte carcajada de Austin hizo que Rafael se sonrojara- Me parece que es un detalle muy lindo, tu papá te ama demasiado, eso es lindo Rafa -dio una suave palmada a la espalda del más bajo.

- Como digas.

No dejaba de sorprenderse con la casa, realmente era preciosa, la decoración, los tonos, el señor Kannard debió esforzarse demasiado. El comedor no se quedaba atrás, la mesa era inmensa también, ocupaba casi toda la habitación. ¿Tanta familia tenían para usar esa mesa tan grande?

- Siéntate donde quieras -el pálido le hizo saber- Iré a avisarla a papá que estamos aquí.

Asintió y busco con la mirada un buen sitio, suponía que solo serían los tres, entonces se sentó al lado izquierdo. No pasaron ni 5 minutos, cuando su amigo regreso, detrás de esta venia el bonito rubio, por lo que se acomodó en su silla, pero prefirió ponerse de pie.

- Austin ¿verdad? -el rubio pregunto con una sonrisa.

- Si.

- Perdona por no presentarme antes -dijo ofreciéndole su mano- Joshua Kannard, es un gusto conocerte al fin -sonrió de tal manera que sus ojitos formaron dos medias lunas.

- Lindo -susurro.

- ¿Perdona? -pregunto casi riéndose.

Las mejillas de Austin se incendiaron ¿Le había llamado lindo al papá de su mejor amigo? Tomo la mano del señor Kannard torpemente y evitando la mirada asesina de su mejor amigo, sonrió.

- Es un gusto señor Kannard, perdone no avisarle que venía.

- Rafa me ha hablado demasiado de ti, gracias por cuidarlo, tomen asiento -dijo sonriendo- Iré por la comida entonces.

¿Tenía miedo? No, para nada. Pero si las miradas mataran ya hace dos años estaba muerto. Limpio el sudor de su frente y evito mirar a su mejor amigo. Disimulaba mirando la casa, pero sintió una fuerte mano en su hombro.

- ¿Así que mi papá es lindo? -pregunto haciendo más fuerte su agarre.

¡Sálvenme!

[...]

- ¿Cómo es que nunca me has contado sobre tu familia? -Austin miro a su amigo, quien se encontraba en el escritorio.

- Nunca preguntaste.

- Porque creí que no te gustaba hablar sobre el tema.

- ¿Qué quieres saber? -pregunto girándose hacia su amigo.

Austin se acomodó ágilmente en la cama, mirando a su amigo emocionado. Realmente nunca había querido preguntar sobre la familia de Rafael, siempre mencionaba a su papá, pero rara vez hacia buenos comentarios hacia el rubio lindo que había conocido y admirado en todo el almuerzo.

- ¿Por qué haces comentarios tan crueles sobre tu papá? -fue lo primero que se le ocurrió- Parece ser un buen tipo y se nota que se preocupa por ti.

- Somos muy diferentes -respondido luego de pensarlo un poco.

- Tu y yo también somos demasiado diferentes, pero, aun así, nos llevamos bastante bien -dijo cruzándose de brazos.

- Solo siento que no podemos ser cercanos, como cuando era pequeño, cuando entre al instituto simplemente nos alejamos, el empezó a ocuparse en la academia y yo me ocupe tomando clases de piano y en el instituto, simplemente dejamos de compartir tiempo juntos y ahora por más que él intente acercarse a mí, simplemente no puedo. Es como si se hubiera levantado un muro entre él y yo -Rafael se quitó las gafas y se cruzó de brazos imitando a Austin- Pero no me malentiendas, lo amo, es mi padre después de todo y me permito demasiadas cosas gracias a él.

- Podrías darle una oportunidad, quizá tenga más en común de lo que te imaginas -Austin se levantó de la cama y fue hacia la salida de la habitación- Por cierto, tu papá es todo un bom bom -dijo sonriendo.

- ¿Eres gay? -pregunto confundido.

- Por tu papá soy gay -respondido guiñándole el ojo a su mejor amigo.

- ¡Mantente lejos de mi viejo! -Rafael lanzo un cojín en dirección al más alto, pero este alcanzo a esquivarlo y salir de la habitación.

¿Mantenerse alejado del rubio bonito? ¡Jamás! Caminaba contento hacia el baño, que no tenía idea en donde se encontraba, pero de alguna manera lograría llegar. La casa era realmente bonita, no había muchos retratos familiares, solo algunos donde salían Rafael y el señor Kannard otras donde había un chico de cabellos castaños sonriente, pero no nada más.

Se detuvo frente a un portarretrato donde estaba el pálido y su papá, realmente no entendía como aquella ternura andante, hubiese tenido un hijo tan serio y tosco como su mejor amigo y no quería decirlo frente a Rafael, pero no se parecían en lo absoluto.

- Creí que estaban haciendo un trabajo? -la voz suave del señor Kannard hizo sorprender al pelinegro.

- Si, estaba buscando el baño -dejo con cuidado el portarretrato donde lo había tomado.

- Puedes utilizar el que está en la planta de arriba para que no debas bajar hasta acá, pero pues debido a que ya estás aquí -el rubio sonrió levemente- Sigue por este pasillo y verás una puerta color amarillo -dijo apuntando detrás de Austin.

- Entendido, gracias señor Kannard.

- Dime Joshua, por favor.

- Bien, Joshua -sonrió de manera picara- Gracias por las indicaciones.

Sin embargo, no se tenía intenciones de irse aún, dio dos pasos lentos hacia el rubio, aun con una sonrisa en su rostro ¿Qué tenía pensado Austin? Quizá, conquistar un poco a Joshua. El pelinegro levanto su mano derecha, de manera lenta la puso en la mejilla del rubio, parecía que habían entrado en una burbuja, porque los dos se habían olvidado de respirar correctamente.

- Austin...

- Tenias algo aquí -dijo sacudiendo el cabello del mayor.

El rostro del rubio se volvió rojo ante la acción del más alto, al contrario, Austin se sentía en las nubes por la reacción del bonito rubio, sin duda tenía una oportunidad.

- ¡No juegues conmigo, mocoso! -dijo dándose la vuelta y perdiéndose en uno de tantos pasillos.

- Demasiado lindo -murmuro para sí mismo.

Realmente no lograba entender completamente a Rafael, al contrario del pálido, él era demasiado cercano a sus dos padres, siempre buscaban la manera de burlarse de él, pero siempre lo apoyaban y lo aconsejaban bastante bien, era la copia de su papá y se sentía orgulloso de eso, esperaba que Rafa lograra sentirse orgulloso de ser el hijo del señor Kannard.

La excusa de ir al baño era para poder espiar la casa un poco más, había demasiadas fotos de un Rafa bebé, no podía negar que, si parecía un gatito gruñón de pequeño, molestaría a su amigo por el resto de su vida, claro que sí.

[...]

El mocoso que había llegado con su hijo era realmente guapo, pero era un niño, suspiraba solamente de pensar en eso. Joshua Kannard, 35 años, soltero, con una bendición que parecía odiarlo y amante a la danza contemporánea. El sonrojo aun permanecía en todo su rostro, después de la abrupta cercanía de aquel guapo pelinegro, debía aterrizar de inmediato, aquel niño era el mejor amigo de su hijo después de todo.

Se sentía feliz porque era la primera vez que conocía a un amigo de su hijo, nunca conocía a los amigos del menor, Rafael había levantado cierto muro entre ellos desde hace años, a veces no parecía su hijo, aquel que cargo en brazos cuando recién nació, recordaba cuando se acurrucaba en su pecho, extrañaba abrazarlo realmente. Todo se había vuelto complicado en su pequeña familia y eso le dolía todos los días.

Había conocido a Joy en el instituto, a la misma edad que tiene su hijo actualmente, habían iniciado una "relación" y es que sus padres siempre fueron demasiado estrictos y le pedían cosas que él nunca logro ser, por ejemplo, ser heterosexual. Desde que miro a su profesor de física, supo que le gustaban los chicos y no se sintió avergonzado hasta que su padre descubrió su secreto. Lo habían obligado a emparejarse con Joy, quien era hija de un socio de su padre y con quien compartía negocios importantes. La chica era realmente hermosa, los dos sabían perfectamente que no se atraían sexualmente y Joy fue la segunda persona luego de su padre en enterarse que era gay.

Tuvieron una hermosa amistad, además de que ella mantenía una relación con un chico universitario, quien nunca conoció, pero que supo que la amaba y la trataba como una reina.

Todo se volvió un desastre, cuando entre lágrimas, Joy le comento que estaba embarazada ¿Cómo iban a enfrentar a sus familiares? No pudo pedirle que abortara, era un riesgo que debían tomar, iban a mantener la mentira, él bebé era suyo.

- ¿Cómo ves a nuestro hijo, Joy? -hablo a la foto que mantenía en la billetera.

La muerte de su amiga le había dolido en el alma, aún sentía el dolor en su pecho, cuando recordaba la noticia de la boca del doctor que la había asistido en el parto. Había criado a Rafael totalmente solo, luego de que sus "suegros" lo culparan por la muerte de su hija y cuando sus propios progenitores se enteraron de que no era nieto legítimo de ellos, le dieron la espalda. Años atrás los había necesitado demasiado, pero actualmente vivía por él mismo y para su hijo, porque, aunque no había sido concebido por él, Rafa era un Kannard y nadie podría decir lo contrario.

Solo esperaba que un día pudiera decirle la verdad a su bebé, que ya no era tan bebé, Keven siempre le aconseja decirle la verdad al menor, pero con solo pensar que se alejará aún más de él, llora de miedo. Porque Rafael, era su vida entera.

El celular empezó a vibrar, la pantalla con el nombre de Keven, lo hizo suspirar y responder la llamada al instante.

- Hola, Kev

- ¿Todo bien, Joshua? Suenas triste, dime a quien y lo mandamos a desaparecer.

- No seas bobo -Joshua rio ante las ocurrencias de su mejor amigo- Es solo que recordé algunas cosas, ya sabes.

- ¿Joy?

- Si, la extraño demasiado y siento que ella hubiese sido perfecta para criar a Rafa -casi sollozo- El niño está cada vez más lejos de mí y no sé qué hacer.

- El niño te ama, está en su etapa rebelde, déjamelo y le sacaré sus verdades, no te preocupes mucho ¿sí?

- Cambiemos de tema mejor ¿Para qué me llamaste?

- Me quedaré en tu casa hoy, así que llamaba para avisarte.

- ¿Pijamada?

- Llevaré el vino que tanto te gusta.

- Por algo eres mi mejor amigo.

- Te veo más tarde, te quiero.

- Te quiero.

Joy, Keven y Joshua, habían sido el trió inseparable en sus tiempos de estudiantes, con Keven se habían apoyado demasiado tras la pérdida de su amiga, a veces sentía que su amigo era incluso más cercano a su hijo y se sentía como un perdedor, pero quería creer las palabras de su mejor amigo, su hijo lo amaba de igual manera y esperaba que fuera así muchos años más.

¿Cierto?

Capítulo 3 2

- ¡Mierda! Me arden los ojos -Austin se tira a la cama.

- Pero si no has hecho nada, todo lo he hecho yo -hablo indignado- Debería decirle al profesor que te estoy llevando en carrito.

- Eres un malagradecido -miro a su amigo con tristeza- Hice la mitad del trabajo como prometimos.

La fuerte carcajada del pálido se escuchó hasta el primer piso.

Eran dos personas con personalidades diferentes y con gustos opuestos, pero sin duda era mejor amigos. El tiempo que compartían juntos, siempre estaba acompañado de risas y las bromas eran totalmente espontaneas. Austin se quedó en silencio después de que la risa disminuyo de sus cuerpos. Se quedó pensando en las preguntas sobre la familia de su amigo ¿Debería preguntarle?

- Te has quedado en silencio ¿Qué quieres preguntar ahora? -Rafael se recostó en la cama al lado del pelinegro.

- ¿Qué le sucedió a tu mamá?

- Murió al tenerme -respondido luego de unos minutos- No resistió a la cesaría, a veces pienso en ella y no puedo evitar sentirme malditamente culpable -finalizo con un largo suspiro.

- No hay muchas fotos de ella en la casa ¿Por qué?

- Que curioso te volviste -Rafael se rio- Tenemos solo una foto, mi papá solo pudo sacar esa de la casa de mis abuelos y la tenemos en el estudio de la casa. No tenemos buena relación con mis abuelos, nos sacaron de la familia en el momento en que nací, increíble ¿cierto? Que unos ancianos hayan querido decidir cómo debían vivir mis padres, no me gusta hablar de mi familia por esa razón, aunque solo somos mi papá y yo, no me importan esos ancianos.

- Que se vayan al diablo -Austin escuchaba las palabras de su amigo atentamente- ¿Cómo pueden hacer eso? Tu padre es increíble, ha podido sacarte adelante el solo, eso es de admirar, ahora entiendo porque no hablas de tu "familia"

- Esta Keven -el pelinegro mantenía los ojos cerrados- Él es increíble, es la segunda persona que más aprecio en este mundo. Lo conozco desde que tengo memoria, es el mejor amigo de mi padre.

- ¿Tu famoso enamorado? -pregunto con burla.

- Creo que está enamorado de papá o eso me hace creer a veces.

- No negaste que es tu enamorado -Austin se levantó de la cama emocionado- ¿Es el chico de cabello castaño que aparece contigo en algunas fotos?

- ¿Quieres callarte? -pregunto parándose de la cama con molestia- No te atrevas a decirle esto a nadie ¿me escuchaste? Menos a mi padre, él menos que nadie.

- Tus secretos están a salvo conmigo y lo sabes.

El Rafael tímido le resultaba algo ¿tierno? Sabía las preferencias de su mejor amigo y ocasionalmente lo molestaba con eso, pero saber que su enamorado era el mejor amigo de su padre, le hacía creer que estaba en una situación similar, después de todo pensaba que el señor Kannard, era malditamente hermoso y no dudaría en estrellar sus labios, en los carnosos y apetitosos labios del mayor.

Toc Toc

El sonido de la puerta hizo que los dos miraran en aquella dirección, Rafael se acercó la puerta y la abrió. Observando al señor Kannard en la puerta con una sonrisa en su rostro ¿Habrá escuchado la conversación? ¡Diablos! Esperaba que no.

- ¿Sucede algo? -Rafael pregunto.

- Quería avisarles que tendremos compañía, Keven me acaba de llamar para decirme que se viene a quedar esta noche, quizá podemos ver una película y comer comida chatarra ¿Te parece bien? -el rubio miro a su hijo nervioso.

- Me parece bien -el pálido respondido levantando los hombros, como dándole cero importancia.

- Espero no te moleste, Austin -Jimin miro en dirección al menor- Keven es mi mejor amigo.

Los bombillos encima de su cabeza se perdieron y no pudo evitar que una sonrisa se escapara de sus labios.

- No tengo problema, entre más personas mejor ¿Cierto, Rafael? -el pelinegro pregunto sentándose en la cama y mirando a padre e hijo.

- ¡Perfecto! Pediré la comida y buscaré algunas películas -hablo emocionado el mayor- Ya se cuales te gustan, los dejo para que continúen con sus deberes.

La puerta se cerró y Austin observo un Rafael totalmente rojo, hasta sus orejas se habían enrojecido ¿Cómo iban a desaprovechar una oportunidad como esta?

- Si dices una palabra eres hombre muerto -amenazo cuando se giró hacia su amigo- Lo acabamos de invocar ¿Por qué tuviste que mencionarlo? -hablo alterado.

- No entiendo que hay de malo, acabas de decirle a tu padre que te parecía bien.

- No puedo decirle que no quiero que Keven venga a la casa, es su mejor amigo -la cama se movió por la brusquedad del pálido al acostarse.

- Sigo sin entender que sucede con eso -hablo confundido mirando la postura de su amigo- Creí que te llevabas bien con él.

- Y lo hago, pero Keven se cambió el color de su cabello y se ve tan guapo que no puedo evitar ponerme nervioso en su presencia, me veré como un adolescente enamorado.

- Eres un adolescente enamorado -concluyo el pelinegro riéndose.

- No me estas ayudando para nada.

- ¿Piensas en él como un simple gusto o quieres ir más allá? -el más bajo pareció pensar en las palabras de Austin.

- Quisiera poder decirle mis sentimientos, pero la realidad es que no creo que el piense en salir con un "niño" como yo -suspiro rendido.

- Pero no eres un niño, ya somos mayores de edad.

- Para Keven sigo siendo un niño o un bebé, así suele llamarme.

- Dile que te deje de ver como un niño, si de verdad quieres dar un paso más allá, debes arriesgarte.

- ¿Qué pensara mi padre? -pregunto girándose y quedando boca arriba- Es como si tu salieras con mi papá, jamás permitiría eso.

¿Qué?

- ¿Por qué? -pregunto nervioso el más alto.

- ¿Enserió preguntas el motivo? -miro a su amigo con mala cara- Austin, tu eres mi mejor amigo, además eres heterosexual ¿no? Te gustan las mujeres y andas con ellas de arriba para abajo, eres el mujeriego del instituto y además sales con mujeres mayores, por diversión según tú. Punto uno: Eres mi mejor amigo, punto dos: Eres un mujeriego -enumeraba con sus dedos- Ni se te ocurra pensar en coquetear con mi papá, el no será tu experimento ¿me escuchaste?

Su mejor amigo tenia puntos válidos, siempre le contaba de sus aventuras con aquellas señoras amigas de su madre, pero eran cosa de una sola noche y nunca volvían a hablar y si se encontraban en eventos, hacían como si no se conocían, aunque debe recordar aquella vez donde tuvo la mejor mamada en los baños de la empresa de su familia. Además, era heterosexual, le gustaban las mujeres, nunca le habían interesado los hombres, pero el papá de su mejor amigo lo había hechizado.

También se preguntaba cómo era posible eso, quizá debía esperar a ordenar sus gustos, por el momento no haría ningún movimiento con el rubio bonito.

- Tampoco pensaba en enamorar a tu papá, pero sabemos que no dudaría en caer en mis encantos -dijo acomodando su cabello.

- Me das asco -Rafael fingía que vomitaba.

- Hablando enserió -Austin se acostó en la cama- Deberías decirle tus sentimientos, necesitas sacártelos de adentro y expresarlos, así no te sentirás más nervioso en su presencia, lo más realista es que te rechace, porque te vio nacer y porque eres hijo de su mejor amigo del que según tu está enamorado. A veces es mejor ser sinceros abiertamente, te sentirás mejor luego.

- Wow -Rafael miraba sorprendido a su amigo- Nunca me habías dado un consejo tan malditamente bueno como ese.

- Tengo mis momentos -Austin suspiro.

- Esta bien, buscaré el momento adecuado para decirle, me arriesgaré -hablo con determinación ¿Quieres que vayamos un rato al centro comercial? -Rafael pregunto.

- ¿Al centro comercial?

- Si, necesito conseguir unas cuerdas para mi guitarra, ya hemos terminado los deberes, tendremos tiempo y en la noche venimos a ver películas con mi viejo, ya le dijimos que lo haríamos, entonces no podremos evadirlo.

- Esta bien -acepto.

Los dos bajaron las escaleras fueron bajadas de dos en dos, rápidamente buscaron al señor Kannard para avisarle que iban al centro comercial, el rubio se ofreció a llevarlos, pero querían tiempo para ellos así que lo rechazaron amablemente. Al contrario, les presto su auto y como solo Austin sabía manejar, fue quien acepto emocionado, por lo que así lo hicieron, prometieron regresar a las 7 para la noche de películas y no podían pensar en faltar o llegar tarde, porque ni querrían imaginar que les haría Joshua.

[...]

El semáforo permanecía en rojo y su amigo yacía dormido en el puesto del copiloto, tenía cierto desánimo por la corta conversación de hace unas horas, en el retrovisor del carro había una foto de Rafael con Joshua, parecía una foto reciente y sonrió por la cara de amargado que tenía su amigo en la foto, decía que no era fotogénico. Escucho como el auto de atrás pitaba, miro el semáforo y este ya estaba en verde, por lo que arranco directo a casa de los Kannard.

Le agradecía a su padre por enseñarle a conducir, aunque según su padre, Austin era alguien que aprendía rápido, por lo que tardo 2 semanas en aprender y dos días en tener confianza en las calles como conductor, se le daba bien.

- ¿Ya estamos cerca? -Rafael pregunto aun con los ojos cerrados.

- ¿Te hacías el dormido? -pregunto mirando a su amigo y regresando la vista hacía el frente.

- Solo no quiero mirar como conduces de rápido, siento que voy a vomitar.

- No seas exagerado, soy un buen conductor -Austin conducía con una sola mano.

- ¡Eres idiota! -Rafael se alarmo- No sueltes la dirección ¿Quieres causar un accidente?

- No seas llorón, tengo todo bajo control, además no hay muchos autos por esta zona y estamos cerca de tu casa -explico bastante tranquilo.

Era cierto, el pelinegro era muy bueno a la hora de conducir, pero parecía que el idiota que venía detrás de ellos, iba de afán, porque intentaba pasarlos, pero se frenaba ¿Acaso lo estaba provocando? Miraba por el retrovisor por si el idiota del Mazda rojo hacía alguna estupidez.

Miro si su amigo tenía puesto el cinturón de seguridad y al confirmarlo acelero.

- Austin -Rafael miraba por los espejos- El idiota que viene detrás de nosotros está un poco raro.

- Lo sé -respondió aún pendiente.

- Ya estamos cerca de casa, así que no hagas ninguna estupidez -amenazo al pelinegro.

- Este auto no es mío, no haré ninguna estupidez.

Austin reconoció la casa de los Kannard y se dispuso a cruzar hacía su derecha, para subir a la pequeña colina e ingresar al garaje. El idiota que los venía siguiendo, empezó a pitar de manera desesperada, recién pudo escuchar el sonido de la fuerte música y no quiso pensar que quisieran problemas con ellos.

Se bajaron del auto y su sorpresa fue que aquel Mazda rojo se estaciono frente a la casa de Rafael. El pelinegro se bajó del auto un poco irritado, los habían estado siguiendo casi todo el camino a la casa.

- Creo que he visto ese auto antes -el pelinegro llego al lado de Austin- El padre de Daniel creo que manejaba un auto así.

- Puede ser, el imbécil estuvo presumiendo que su papi le daría un regalo por su cumpleaños, quizá fue el auto, aunque debo admitir que no está nada mal.

- ¿Qué les hiciste? -Rafael se cruzó de brazos- Ellos no se meten contigo a menos que les hayas hecho algo, suéltalo ¿Qué hiciste?

El rostro de Austin se quedó congelado, repasaba en su cabeza todo lo que había hecho para molestar al idiota de Daniel, pero no recordaba alguna reciente. Se cruzó de brazos como el pálido y un recuerdo fugaz vino a su cabeza.

- Digamos que su novia es muy ardiente -se encogió de hombros.

- ¿Te cogiste a la novia de Anderson? -el rostro de Rafael se puso rojo de la rabia- ¿Acaso eres idiota? Esa chica se acuesta con más de medio instituto, de seguro quieres contagiarte de alguna enfermedad.

- Solo fueron unos besos calientes y una buena mamada -respondió con indiferencia- No es tan buena como dicen por ahí.

- ¿Cómo somos amigos? -pregunto con rostro arrugado.

- Porque soy cool -dijo asintiendo- Por cierto ¿Cuánto se tardarán en bajar del auto?

- Supongo que son amantes del drama -Rafael bostezo- Tengo hambre, además se hace tarde.

- Hey Kinzler -la ventana del auto bajo y un Daniel sonriente se asomo- No sabía que eras un muerde almohadas.

- ¿Enserió viniste para decirme semejante estupidez? -el pelinegro quería reírse.

La puerta del auto se abrió y Daniel bajo junto a los del equipo de futbol, 4 de ellos, quienes cargaban palos que lucían algo peligrosos.

- Te arrepentirás de haberte metido en las piernas de mi novia, Kinzler -amenazo.

- No es el momento para tus estupideces.

¿En serio pensaba atacarlo en casa de Rafael? Eso era algo que no veía venir, no podía tirar a la basura la buena imagen que había mostrado ante Joshua, se sentiría demasiado avergonzado si se enterara de sus andanzas. Miro al pelinegro y este se encontraba un tanto nervioso, es decir eran cinco, contra ellos dos.

- Deberías entrar a la casa Rafa -Austin sugirió, poniéndose frente del pálido- No quiero que tu padre piense que soy una mala influencia.

- Ya lo piensa, después de todo ha estado en la puerta de la casa todo este tiempo -el pálido suspiro.

¿¿Qué??

Austin giro su rostro y ahí se encontraba el rubio, miraba la escena con una expresión tranquila, se veía demasiado tierno. Este hablaba con una persona que aún no lograba ver.

- ¡Por qué no me dijiste! -el más alto miro a su mejor amigo- ¿Qué pensara de mí?

- Que eres un mujeriego y un bravucón -confeso.

- No me digas...

- Le he contado a mi padre sobre ti -Rafael sonrió triunfante- Eres mi único amigo y él siempre quiere saber con quién estoy todo el tiempo.

- Me estas jodiendo ¿cierto? -pregunto incrédulo.

- No -respondió le dio la espalda y empezó a caminar hacia su casa.

Tras de ser un soplón ¿Lo abandonaba? Austin quería hacer un hueco y meterse toda su vida ahí, hace un momento cuando se había acercado al mayor, este se había sonrojado, se quedaría con ese recuerdo, tendría que limpiar su imagen de ahora en adelante. Suspiro rendido, adiós chicas guapas del club, adiós a las amigas de su madre, entraba en periodo de abstinencia.

- Vete a tu casa Daniel, no creo que quieras ser expulsado del equipo ¿Qué dirá tu querido papito? No querrás decepcionarlo ¿cierto? -Austin empezó a caminar hacia el grupo de chicos- Si no quieres ser el hazmerreír de todo el instituto te aconsejo que te largues, créeme que te hice un favor, hasta tus amigos se han acostado con tu novia -la cara de sorpresa del contrario hizo que Austin sonriera- Oh ¿No lo sabías? Tal vez deberías mirar quienes son tus verdaderos amigos. No vayan a dejar basura en la calle, nos vemos en la práctica de mañana.

Con esas últimas palabras el pelinegro dio la espalda y empezó su camino hacia la casa, alcanzo a escuchar un bufido detrás suyo y luego como las puertas del carro se cerraban y Daniel se había marchado del lugar. Joshua continuaba en la entrada de la casa, mirando todo con cierta curiosidad, se había cambiado de ropa y ahora utilizaba una pijama de gatitos, no había podido notar eso desde la distancia.

- ¿Todo bien? -pregunto mirando como el auto se perdía en la distancia- ¿Amigos tuyos?

- Compañeros del equipo de fútbol -respondió- Lamento toda la escena, solo querían molestar.

- Rafa ya nos dijo que te cogiste a la novia del chico -una tercera voz se unió a la conversación.

- ¡Keven! -Joshua miro mal a su amigo- No hables tan grosero, delante de los chicos.

- Pero eso dijo Rafa -puchereó.

- Este es Keven, es mi mejor amigo -el mayor le hizo saber- Les comenté que vendría a quedarse hoy.

- Así que tú eres quien me roba a mi gatito -dijo cruzándose de brazos- Mucho gusto, soy Keven Smith -su expresión se volvió sonriente.

- Un placer -Austin se sentía algo incómodo.

- Ya he pedido la comida, solo los estábamos esperando -Joshua cerró la puerta- Entonces, ve a cambiarte y baja a comer, Rafael ya esta arriba.

El pelinegro subió las escaleras como alma que lleva al diablo, su mejor amigo lo había traicionado de la peor manera. ¿Cómo es posible que le contara de su vida alegre a su padre? Corrió hacia la habitación del pálido y abrió la puerta con brusquedad.

- ¡Eres un traidor! -hablo yendo a tirarse a la cama- ¿Cómo voy a mirar a los ojos a tu papá?

- ¿Qué tiene de raro? Antes te sentías orgulloso cuando contabas tu vida alegre -Rafael se encontraba cambiándose la camisa, por una pijama, como la que tenía Jimin.

- Es diferente Rafa -suspiro rendido.

- Mantente lejos de mi padre -dijo tranquilo- Las personas suelen tener esa reacción cuando conocen a mi papá, es como un enamoramiento estúpido, me ha sucedido antes -las puertas del armario fueron cerradas- Se cómo lo miraste en el almuerzo, así que vuelve a tus sentidos y cámbiate.

- Voy a cambiar -dijo con la voz ahogada por la almohada.

- Un mujeriego nunca cambia -Rafael se fue a sentar a la cama- Cámbiate de una vez, papá vendrá a llamarnos si no te apuras.

Austin se puso de pie y empezó a quitarse la camisa. Le demostraría a su mejor amigo que él podía cambiar, tomo la camisa que le había prestado Rafael, un polo de color negro y cuando estaba apenas en su cabeza, la puerta de la habitación se abrió.

- Chicos -Joshua tenía intenciones de ingresar a la habitación, pero al observar al pelinegro medio desnudo se quedó en silencio.

- ¿Papá? -el pelinegro miro a su padre sin poder creerlo.

El pálido se puso de pie y tomo una toalla de su armario, se la paso a Austin y halo de la mano a su padre para salir de la habitación.

- ¡Iré en un momento! -grito emocionado por la reacción del mayor.

Quizá no ahora, pero Joshua Kannard, sería suyo.

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