El mundo mágico existía, desde el creador del viento que soplaba para mover las hojas a capricho propio hasta las estaciones del clima que eran creadas por poderosos espíritus naturales. Estos seres vivían exclusivamente para celebrar y alimentar el don que les había sido otorgado, cada aspecto de la naturaleza era protegido por un espíritu natural. Estos seres habían nacido exclusivamente para celebrar y alimentar el don que les había sido otorgado.
El mundo estaba en constante declive, los humanos se reproducían con rapidez mientras los recursos se agotaban. Estos seres mágicos estaban siendo afectados, los espíritus tenían que fingir que sus poderes no se debilitaban e inclusive lugares que debían su existencia solo a la magia corrían el peligro de desaparecer.
Patrick era el protector de los árboles, un espíritu natural que intentaba mantenerse alejado de la devastación que provocaban los humanos. Él nunca había intercedido en el ciclo de vida de los mortales, hasta que una serie de incendios forestales a gran escala logró afectar sus poderes.
A medida que pasó el tiempo comenzó a notar los cambios en él, creyó que no era algo para alarmar a nadie por lo que lo ocultó y en su lugar se esforzó por facilitar la reforestación. Patrick había errado, la magia que lo alimentaba no era suficiente, la falta de ella volvía al mundo cada vez más gris.
Al chico castaño le molestaba admitir que necesitaba de alguien más, usualmente podía valerse por sí mismo sin prescindir de nada ni de nadie. Sin embargo, era momento de tragarse el orgullo para pedir ayuda a los cuatro espíritus más poderosos: los creadores y protectores de las estaciones del año.
Mientras volaba las nubes parecían apartarse de él, Patrick presumido como siempre, sonreía con superioridad ante eso; surcaba el cielo empujado por el viento, al igual que una semilla buscando germinar. Evitaba acercarse a las ciudades, no quería ver los grises edificios que pavimentaban el firmamento, temía que el poder de su vuelo disminuyera debido a la falta de vegetación.
Después de mucho tiempo comenzó a divisar el palacio de Nikolai, aceleró el vuelo para que pudiera llegar al hogar del espíritu del otoño en cuestión de minutos. Solo había un pequeño detalle que sabía le dificultaría mucho las cosas: ¿cómo lograría sobrellevar el cambio estacional?
Había estado intentando entrar al palacio de Nikolai por cientos de años, claro, nunca pasó de las murallas de hojas. A Patrick siempre le pareció divertido hacer las estrategias para entrar al palacio de Nikolai, pero la reducción de luz y las bajas temperaturas lograban desequilibrarlo como espíritu de los árboles.
Mientras el joven espíritu pensaba en una nueva táctica de espionaje, Nikolai reducía sus defensas para permitir el ingreso de los creadores de las estaciones. Patrick se detuvo en seco al ver la manera en que las murallas de hojas descendían cayendo hasta desaparecer, era algo que llamaba su atención de manera casi hipnótica.
-Asombroso -dijo en un susurro, embelesado.
Voló un poco más cerca de aquellas murallas, quería tocarlas, estaba convencido de que podría tomarlas antes de desaparecer, pero un empujón lo tiró directo hacia un montículo de nieve. El golpe frío aturdió al castaño, el culpable interrumpió su vuelo por un segundo, sin embargo, no se acercó hacia el pobre tipo que había enterrado por un descuido.
Jason estaba tan ensimismado en romper su propia marca de vuelo que no pudo ver que alguien estaba flotando en medio de la nada, no era común que otros espíritus además de los grandes protectores de las estaciones visitaran a Nikolai.
-Lo siento, amigo -se escuchó la voz alegre de un chico-, pero llevo prisa.
Patrick colocó la mano en su cabeza justo en el lugar donde sentía la pequeña molestia del golpe y se frotó para suavizar el dolor, apenas pudo ver al chico que se había tropezado con él. Siguió con la mirada al espíritu de vestimenta extraña, entró al palacio de Nikolai dejando un camino de escarcha tras él y recordó la existencia de un espíritu capaz de hacer algo como eso.
En el palacio el resto de las estaciones esperaba a que el protector del invierno apareciera, finalmente, Jason llegó al gran salón con una entrada triunfal. Pascual rodó los ojos al verlo, pensó que no era necesario crear una ventisca helada al llegar.
-No llores más, Pascual. Tu querido amigo está aquí -dijo sarcásticamente.
El nombrado solo bufó en respuesta.
-Has llegado, Jason. Te estábamos esperando -saludó Nikolai.
El creador de la primavera parecía impaciente, Pascual evitó hacer una reprimenda por el retraso porque sabía que no tenía caso. Jason en su defensa siempre alegaba que la puntualidad no era algo que lo destacara, el invierno llegaba antes o después.
-Ahora que el cubo de hielo llegó, ¿puedes decirnos qué pasa? -dijo Pascual cruzándose de brazos.
El hombre se acercó al enorme globo terráqueo que mostraba el cambio en la tierra, sus ojos parecían brillar menos al posarse sobre el.
-Madre Naturaleza habló conmigo -les informó.
-¿Qué te dijo? ¿Es sobre el planeta? ¿Algo malo ha vuelto a pasar? ¿Nos acercamos a la extinción? -habló Summer a gran velocidad.
Jason parpadeó un par de veces aturdido por las palabras, preguntándose cómo era posible que estuviera acostumbrado a la velocidad en que hablaba la creadora del verano.
-Me dijo algo que nosotros hemos estado ignorando, o al menos, fingiendo que lo hacemos -dijo el misterioso hombre del otoño.
-¿De qué hablas, Nikolai? -preguntó Jason totalmente confundido.
-La magia se está acabando, nuestro poder no es capaz de interceder sobre lo que están haciendo los humanos -señaló el globo.
Se apreciaba un planeta menos verde, algunas áreas parecían en peligro y otras más desapareciendo. Todos se quedaron impresionados al notarlo, sus rostros se ensombrecían al ver frente a ellos lo que más temían y no querían aceptar.
Jason era el menos sorprendido, lo había asumido y en realidad se había vuelto a acostumbrar; las nevadas duraban menos, el granizo aparecía en ciudades en los que nunca había estado y las temperaturas cambiaban constantemente.
-¿Cómo es posible, Nikolai? Se acerca el invierno, deberíamos estabilizarnos en esa estación -se escuchó a Summer preocupada.
-Debería -dijo Nikolai desanimado.
-No lo entiendo, la primavera pasada los humanos comenzaron a crear huertos urbanos. No entiendo qué es lo que está mal -murmuró Pascual consternado.
-Ellos creen que ayudan, pero el daño que han hecho es irreparable -susurró Jason, con un agrio sentido de la realidad.
-¡Por supuesto que se puede hacer algo! -replicó Pascual.
-No creen en la magia, nuestro poder es tan débil ahora debido a eso. Solo hacen un negocio con nosotros -dijo sin poder evitar sonar cruel-, el invierno es la cúspide del consumismo.
-No, no, no puede ser -comenzó a balbucear-. No me harán lo mismo que a ti, la primavera es algo sagrado para mí.
-¿No crees que es importante para mí? Ahora se trata de comprar obsequios -alzó una ceja-, me sorprende que no mueran de hipotermia solo por espera en la intemperie por las rebajas de fin de año.
-Jason no la pasó muy bien cuando comenzaron a tratar su estación del año como algo falso y comercial -comentó Summer-, creo que lo que más le dolió fue ver que no retrataron su belleza al convertirlo en una festividad liderada por un anciano de traje rojo.
Jason sonrió al recordar el aspecto del hombre que tenía importancia en el invierno, era considerado el espíritu natural más bello, pero nadie podía evitar pensar en Santa Claus al pensar en navidad.
-Claro -dijo Jason aún con su sonrisa-, no me hace mérito.
-Jason y sus problemas de autoestima no me importan, lo que es importante son mis pequeñas obras de arte que los humanos no pueden cuidar -negó Pascual con la cabeza.
-¿Qué dices? Pero hasta han replicado tus flores, es un alivio que los humanos tengan flores de plástico que durarán en este planeta incluso más que ellos -se burló Jason.
-Cállate, cubo de hielo.
Pascual no sonaba molesto, parecía dolido y eso no pasó desapercibido para el creador del invierno. Para un espíritu proteger su don era su vida entera, solo tenían eso como razón de existir y ser protectores de las estaciones servía como incentivo para continuar luchando por lo que creían.
-Pascual, yo...
-Déjenlo -interrumpió Nikolai-, sabemos que es cierto.
Jason miró a Pascual con la suplica brillando en sus ojos, se encogió de hombros en disculpa, él solo volteó la mirada en otra dirección.
-Vamos, quiten esas caras largas -dijo Nikolai entre risas.
Todos observaron extrañados el repentino buen humor del creador del otoño, parecía que había enloquecido.
-Creo que el frío de Jason le ha congelado el cerebro -murmuró Pascual.
-No es así, amigos míos. Madre Naturaleza dijo que nos ayudarían a restaurar la magia y por lo que veo -dijo señalando la puerta-, nuestro invitado especial ha llegado -agregó canturreando.
Todos observaron la puerta, un ayudante de Nikolai había entrado al salón.
-¿Acaso Phil nos será de gran ayuda? -preguntó Pascual con incredulidad.
Nikolai solo sonreía y miraba a su centinela, el cual miraba a todos con la formalidad de un soldado. Jason alzó una ceja, comenzando a creer que solo estaba perdiendo el tiempo.
-Wow, wow, wow, de verdad has enloquecido. Abrígate un poco y háblame por la mañana -dijo mientras se disponía a emprender el vuelo.
Jason no culpaba a Pascual por ser incrédulo respecto a los ayudantes de Nikolai, es decir, son buenos en muchas cosas pero dudaba que ayudaran a restaurar la magia. Y Jason, bueno, digamos que debía llevar el invierno a todo el mundo. La vida era corta y no tenía tiempo para perderlo.
Já, chiste de espíritus naturales.
Summer sostuvo su brazo haciendo que se detuviera, le dedicó una sonrisa que desprendía confianza. Todos observaron al centinela, Phil tiró al piso el saco que llevaba en su espalda y que casi nadie había notado.
-¡Ouch! -se quejó el saco.
Lo que fuese que estuviese dentro del saco comenzó a moverse intentando escapar, Phil solo rodó los ojos y se fue. Todos miraban expectantes el gran saco, comencé a sentirme inquieto ante la falta de acción de los presentes.
Me pregunté a mí mismo si alguien se acercaría a ayudar, pero no parecía que ninguno se movería un centímetro, suspiré con resignación y finalmente me acerqué.
-Bien, no es necesario que se amontonen. Yo lo ayudo -me puse en cuclillas para quitar el nudo-, menudos guardianes tiene este planeta. Son unos cobar... -salté lejos del saco al ver que espinas comenzaron enterrarse en la tela.
-¿Decías, chico helado? -se burló Pascual.
Lo fulminé con la mirada mientras creaba carámbanos de hielo, sostuve las agujas de hielo colgantes hacia el saco sin poder evitar que mis manos temblaran, Pascual solo se reía de mí. Yo no era estúpido, sabía claramente que tener vida eterna no significa lo mismo que ser inmune a todo.
Las espinas terminaron de rasgar el saco y saltó algo o alguien que esparció hojas por todas partes. Como si hubiese explotado. Miré el techo y me encontré con un chico que nos miraba alzando una ceja, tenía las piernas entrelazadas como si estuviese sentado, pero estaba flotando.
Su aspecto ligeramente bronceado en las mejillas y la nariz me decía que no vivía en el palacio de Nikolai, además de que vestía ropa en una oscura gama de colores verdes. Deshice los carámbanos en un santiamén, deduje que no era una amenaza.
El chico aterrizó de manera grácil frente a mí, ambos nos quedamos en silencio, parecíamos estudiar la apariencia tan opuesta del contrario. Sus características físicas me parecieron tan diferentes de lo que estaba acostumbrado a ver, por algunos segundos me sentí impresionado e inclusive envidiando su aspecto.
-¿Estás bien? -pregunté tratando de que mi voz no temblara.
El chico castaño asintió, pero no dijo palabra alguna, el pensamiento de que me resultaba vagamente familiar comenzó a rondar mi cabeza en busca de un nombre. Pensé en que tal vez sería algún espíritu de la naturaleza, por su aspecto seguro tenía que ver con la flora y fauna.
-Bienvenido, chico -escuché reír a Nikolai-. ¿Cómo terminaste en el saco?
-Volaba hacia aquí, pero después de que alguien casi me dejara noqueado -explicó el castaño y me echó una mirada-, un centinela me descubrió.
Alcé ligeramente las cejas al ser consciente de que había chocado con él, todos nos mantuvimos en silencio a excepción de Pascual que fue el primero en reaccionar.
-Oh, no. No me digas que Madre Naturaleza quiere convertirlo en un protector de estaciones, porque ya tengo suficiente con Jason -negó con la cabeza-. Es más, si es así, renuncio.
-No seas así, Pascual -dijo Summer acercándose al chico-. Yo soy el espíritu del verano, mucho gusto. Yo sé quién eres, claro, adoro tu hermoso trabajo con los árboles.
-Vaya, hablas mucho -murmuró el chico mientras se frotaba la cabeza.
-Eh, yo, lo siento -dijo Summer ruborizada.
El chico le dedicó una sonrisa, los girasoles que adornaban el cabello de Summer giraron en dirección a la brillante sonrisa. Rodé los ojos ligeramente hastiado, me pregunté si siempre actuaban así con los chicos nuevos.
-¿Cómo has estado, Pascual? -dijo mientras le daba un apretón de manos.
Pascual aceptó el saludo con un deje de fastidio, logrando dejarme más consternado.
-¿Lo conoces? -lo miré confundido.
-Pascual se encarga de la primavera, prácticamente trabajamos juntos -dijo el chico nuevo como si dijera lo más obvio del mundo-, aunque no le guste admitirlo.
-Jamás te había visto -murmuré.
-No finjas, copo de nieve. No he olvidado la primavera que ambos casi me arruinaron, son cómplices -dijo Pascual comenzando otra vez con su delirio de conspiración.
-¿Qué dices? Yo no conozco al niño del bosque -dije señalando al castaño que reía.
-Han pasado muchos años -miró a Pascual-, vamos, eres el adorable espíritu de la primavera. No puedes ser tan rencoroso.
-El más adorable de todos -reí, secundando al chico que en ese momento comenzó a agradarme.
Pascual alzó sus hombros mientras su vestimenta comenzaba a cubrirse de plantas venenosas, no era un secreto que detestaba que lo encasillaran como un espíritu que solo debía regirse por emociones de felicidad.
-Jason, estás advertido. Y tú -dijo señalando al chico en una clara amenaza-, vuelve a repetir ese adjetivo y no podrá reconocerte Madre Naturaleza cuando termine contigo, niño bonito.
-Ya es suficiente -nos miró Nikolai un poco fastidiado.
-¿Quién es él? -dije acercándome a Nikolai.
Todos me miraron escépticos.
-¿Qué? -susurré sin entender sus miradas.
-No tengo tiempo para esto -dijo el castaño rodando los ojos-, soy el espíritu de los árboles. Mi deber es proteger el ciclo de los árboles y asegurarme de que puedan desarrollarse, sin interferir en las acciones de los humanos.
Entonces todo lo que habían estado diciendo cobró sentido; estaba entrelazado con los espíritus de las estaciones.
-Mantengan la compostura -ordenó Nikolai-, Patrick tiene algo importante que decirnos.
-Así es -dijo y metió la mano en su bolsillo-, aquí está.
Miré su mano extendida y en su palma había... una nuez.
-¿Todo esto por un asunto de nueces? -dije fastidiado-, bien. Denle unas monedas y yo lo acompaño a comprar más.
Todos parecían serios observando la palma de Patrick.
-¿No lo comprendes, Jason? -dijo Summer acercándose al castaño.
-Es peor de lo que imaginé -murmuró Nikolai.
-Oh, por todos los copos de nieve ¡Patrick solo tiene una nuez! -dije fingiendo preocupación.
Contrario a lo que esperaba, el espíritu de la primavera observó con seriedad al chico.
-Muéstranos qué tan grave es -preguntó Pascual.
El espíritu de los árboles asintió, se puso en cuclillas mientras las raíces emergían del suelo haciendo un agujero.
-Cuando las ardillas cumplen tres meses y pueden abandonar a sus madres, entonces les muestro cómo esconder sus nueces -dijo con una sonrisa melancólica-. Algunas ardillas olvidan sus escondites, por lo que desde hace más de doscientos millones de años, han plantado árboles de forma inconsciente.
Observé a Patrick y comprendí por qué no lo había reconocido, el adolescente con aura enigmática que tenía frente a mí no se parecía en nada al chico encantador y de mejillas rosas que fue en el pasado. Recordaba vagamente haber jugado con él hace un par de décadas, algo parecido a las escondidas junto a zorros árticos en Noruega, no parecía ser el mismo chico.
-Esta última década los incendios forestales han empeorado -continuó mientras sus manos comenzaban a germinar la nuez-, muchas especies se han reducido y tuve que plantar más nueces por mi cuenta.
Colocó la nuez en el agujero, cubriéndola con tierra antes de incorporarse. Sus manos comenzaron a iluminarse, el tiempo parecía correr a gran velocidad puesto que la nuez empezó a desarrollarse rápidamente.
El suelo tembló mientras el tronco crecía, un nogal que debía desarrollarse en cinco o siete años creció en cuestión de segundos. Sin embargo, el color en la piel del espíritu natural pareció reducirse, su gesto expresaba dolor mientras hacía florecer los frutos hasta lograr que el brillo en sus manos parpadeara y finalmente se detuvo.
-Lograr que un solo árbol crezca me está quitando más poder del que debería -susurró con la frustración colándose en su voz-, no puedo reponer tanta devastación por mi cuenta.
-¿Cuándo empezó? -preguntó Nikolai.
-Debiste buscar a Madre Naturaleza desde el principio -dijo Pascual cruzándose de brazos.
Summer tomó la mano de Patrick y lo miró con profunda tristeza, imaginé que su naturaleza mágica la hacia ser más cálida con él.
-Pareces demacrado -me acerqué a inspeccionar a Patrick-, te está afectando el sobresfuerzo.
-Un tercio de los bosques más antiguos han desaparecido -susurró con la mandíbula apretada-, ¿qué otra opción tenía?
Parecía que lloraría en cualquier momento por la impotencia y tristeza, aunque sospechaba que era muy orgulloso como para dejarnos verlo en ese estado. Después de todo él era el espíritu de los árboles, el protector del ciclo de vida de los seres que habían pasado más años en este mundo que algunos humanos.
-Se llama deforestación -dije sin poder evitar sonar burlón-, bienvenido al mundo real.
-No te burles, Jason. Con esto no debes actuar como un cretino -dijo Pascual, para mi sorpresa estaba defendiendo a Patrick.
-Bien, no quise ser cruel. Lo siento -rodé los ojos.
-Pobre, chiquitín. Nosotros te ayudaremos -dijo Summer acariciando la mejilla de Patrick.
Fulminé con la mirada a Summer y me crucé de brazos al ver como el chiquillo esbozaba una tenue sonrisa.
-¿Y cuál es el plan? -dije de mal humor.
-Esperaremos a que llegue navidad para restaurar la magia -anuncio Nikolai con una enorme sonrisa-, muchos pinos son sembrados debido a navidad.
-No te ofendas, Nikolai, pero creo que eso no será suficiente -dije pensativo.
-Aunque no quiera admitirlo el cubo de hielo tiene razón -aceptó Pascual a regañadientes -, necesitamos que los niños sean conscientes del futuro que les espera.
-Genio, si no creen en nosotros no tiene sentido intentar comunicarnos con ellos -dije sarcástico.
-Podemos hacer que crean una vez más, tú lo lograste -dijo Summer con entusiasmo.
-Claro -bajé la mirada-, no entendieron lo que quise decirles. Ahora el invierno es la época del consumismo, manejada por una robusta versión de mí que solo piensa en regalos.
Me sentí expuesto ante ellos, lo último que necesitaba era que sintieran pena por mí. Mi orgullo era lo suficientemente grande como para permitir aquello.
-¿Por qué no dijiste nada, Jason? -preguntó Nikolai en voz baja.
-Estoy acostumbrado a resolver los problemas por mí mismo, no tiene importancia -dije con desdén.
-Claro -me miró Patrick con una ceja alzada-, ¿y tampoco le diste importancia al hecho de que te volvías menos poderoso?
Me quedé en silencio, petrificado. Resultaba inquietante que un desconocido acertara con pensamientos que nunca había exteriorizado, no cualquiera sabía cómo afectaba a nuestros poderes el hecho de que éramos guardianes de las estaciones.
-Sigo teniendo el mismo poder de siempre -mentí-, es solo que no podemos interferir en el ciclo de los humanos.
Patrick me dirigió una mirada de superioridad, ambos sabíamos que mis palabras eran mentiras. El deber de un espíritu natural era proteger y alimentar su don, pero cada vez nos volvíamos más débiles.
-Si tú lo sabes todo, dime cómo arreglaremos este problema -me crucé de brazos.
El castaño parecía complacido por saberse ganador de la pequeña discusión, él sabía que tenía la razón y quería demostrárselo a todos.
-A decir verdad, es muy fácil y me sorprende que ustedes no lo hayan hecho antes -dijo y comenzó a merodear por el lugar, mejor dicho, a volar-, basta con buscar creyentes.
-El problema es que no los hay -dijo Pascual alzando una ceja.
-Sí que los hay -señaló el globo terráqueo y miró a Nikolai-, ¿acaso no están las pruebas de que el mundo mágico y el que ellos conocen se están desmoronando?
Nikolai asintió con la cabeza, dándole una respuesta positiva.
-Debemos ir con aquellos que dudan y hacer que crean por completo -dijo Patrick antes de detenerse frente a una mesa donde había muchos artilugios del creador del otoño-, esta nueva generación debe intentar tener un futuro.
-¿Tan solo eso? -murmuró Pascual incrédulo.
El chico estaba curioseando en los cachivaches que tenía Nikolai en el palacio; los observaba y los volvía a poner en su lugar.
-Es más complicado de lo que imaginas -dijo con aparente desinterés-, en algún momento fuimos Dioses y ahora solo somos mitos.
Los guardianes lo miraron escandalizados por tal comparación, negué con la cabeza al sentir que estaban menospreciando la opinión que Patrick ofrecía. Siempre tenía presente el recuerdo del primer niño que logró verme inclusive hasta llegar a su adultez, él siguió conservando su fe en la magia y por lo tanto la idea no me parecía disparatada.
-Podría tener lógica -murmuré pensativo-, las generaciones pasadas sí creían en nosotros. Con el pasar del tiempo creyeron que los recursos eran inagotables, pero en muchos lugares del mundo están sufriendo los cambios.
Pascual nos miró a ambos con recelo, podía ver la sospecha de confabulación en su rostro.
-Tú siempre has querido interferir con el ciclo de los humanos y el cerebro congelado jamás le da la razón a alguien -dijo cruzándose de brazos-. Para mí parecen enormes señales de advertencia.
Sentí la mirada de Patrick sobre mí, pero el sonido de Summer aclarando su garganta llamó la atención de todos.
-Patrick tiene razón -concedió con una sonrisa-, los niños con los que antes hemos reestablecido la fe ahora son adultos. Quizás el problema es que nos hemos centrado únicamente en los niños, ¿ellos cómo sabrán de nosotros si sus padres dejaron de creer en la magia que alimenta a la naturaleza?
Desafortunadamente el espíritu del verano había robado el protagonismo de mi apoyo por las propuestas del castaño, haciendo que Nikolai accediera a hacer los preparativos para nuestra nueva misión. El palacio tenía a guardia otoñales moviéndose de un lugar a otro; algunos calculaban las coordenadas, otros preparaban el equipo táctico y el resto seguía cambiando el color de las hojas de verde a amarillo.
Las protestas de Pascual no sé hicieron esperar, la mitad de los protectores de las estaciones discutía los detalles de la misión por lo que no vi necesario gastar energía en ello. Preferí poner atención al chico que había sido traído en un saco y que merodeaba por el palacio, después de todo eso significaba que era un sospechoso intruso que debía ser vigilado.
-¿Realmente crees que funcionará tu plan para reestablecer la magia? -pregunté, intentando llamar su atención.
Me miró extrañado, se mantuvo en silencio por algunos segundos antes de responder.
-Fuiste el primero en apoyarme y el resto te siguió, ¿por qué razón lo harías si no estás seguro de que funcionará?
Me sorprendió el hecho de que para él no hubiera pasado inadvertida mi acción, a su vez me irritó que insinuara que podría existir alguna razón específica.
-No hay una razón -dije de manera torpe-, solo no parecía una idea tan terrible, pero ahora que lo pienso dudo que sea sencillo.
Patrick voló hacia donde estaba una criatura otoñal con una bandeja de postres, tomó un muffin de calabaza antes de dirigirme otra mirada de superioridad.
-Será fácil una vez que logremos que los humanos vean lo que han hecho, tendremos la fe y pequeñas acciones que podrían facilitarnos el trabajo. Será pan comido.
Dicho esto, mordió el muffin y sonreí esperando su respuesta de asco. Si llevas un tiempo aquí, sabes que no debes tomar galletas de las bandejas porque los guardias otoñales no saben cocinar.
Esperé paciente con una sonrisa maliciosa, pero Patrick terminó de comer el muffin sin hacer ningún gesto, recordaba a la perfección el horrible sabor de los postres de esas criaturas malvadas y merecían al menos una mueca de desagrado.
-Deberías agregarle más canela, es de mis arboles preferidos -dijo acompañando sus palabras de un guiño.
Mi gesto se arrugó al ver la manera en la que el guardia otoñal asintió con vehemencia y corrió en dirección a la puerta, lo detuve para evitar que huyera con los postres.
-Dame eso.
Tomé un pequeño cupcake y le di un mordisco, para mi sorpresa sabía muy bien. Sospechosamente bien.
En mi descuido Patrick ya había volado lejos, él estaba muy entretenido contándole algo a Pascual. Me encontré pensando sobre la posibilidad de que hubiese usado magia para mejorar los postres, ¿o acaso es que todo le salía bien a ese chico?
-Phil les enseñó a cocinar -dijo Nikolai orgulloso a mis espaldas, sacándome de mis pensamientos.
-Ya veo -dije mirando el postre a medio comer.
El grandullón quizás me conocía demasiado, como para saber cuándo mi mente estaba maquinando ideas extrañas.
-¿Sucede algo, Jason? -dijo Nikolai en tono paternal.
Mi mirada se dirigió hacia Patrick, no podía evitar sentirme un poco contrariado por su presencia.
-¿Realmente confías en él?
-¿Patrick? -dijo extrañado-. Sé que es un buen chico, siempre ha sido muy devoto con su don.
-¿En serio? -murmuré escéptico.
-Lo sé, parece difícil de creer para algunos -dijo con una sonrisa-, pero Patrick podría ser incluso una buena influencia para ti. Prácticamente son los únicos espíritus que comparten un rango de edad, date el tiempo de conocerlo.
Me dio unas palmadas en el hombro, que casi me tiran al suelo y se alejó.
-Bien, hay algo más que se debe aclarar -dijo Nikolai alzando la voz-, Patrick por obvias razones no puede ser un guardián de las estaciones.
Pascual alzó las manos al cielo, quizás agradeciéndole al mundo.
-Al fin una buena noticia -festejó.
-Pascual, Patrick es indispensable para esta misión y siempre lo ha sido para cumplir con nuestras obligaciones como espíritus naturales-dijo Nikolai haciendo que el castaño alzara una ceja y sonriera con suficiencia.
Rodé los ojos al verlo, parecía un chico demasiado seguro de su valía como para ser presumido. Después de un largo sermón por parte de Nikolai sobre aprender a trabajar en equipo y olvidar las diferencias, finalmente hizo el anuncio que secretamente ansiaba.
-Es hora de irnos -anunció Nikolai con una sonrisa maliciosa.
-Oh, no -murmuró Pascual adivinando lo siguiente que diría.
-¡Todos a la carroza! -gritó Nikolai con euforia.
Antes de que pudiera escapar tomé a Pascual del brazo, dispuesto a molestarlo un poco.
-¿No me digas que tienes miedo, solecito? -dije burlón.
Me fulminó con la mirada, se soltó de mi agarre y caminó detrás de Nikolai.
-¿Quién le teme a esa chatarra? -dijo Pascual con desdén.
Nos encontrábamos en el túnel subterráneo, se abrieron las puertas dejando ver a poderosas criaturas arrastrando la carroza de Nikolai. El creador del otoño a veces resultaba espeluznante para Summer o Pascual, no era coincidencia que los humanos festejaran Halloween durante su estación.
-Wow -dijo Patrick embelesado-, siempre quise subir.
Nikolai alzó ambas cejas y miró a Pascual, con una sonrisa de petulancia.
-Todos aman mi carroza -dijo haciendo que Pascual rodara los ojos.
Patrick voló directo a la carroza y se sentó atrás emocionado, junto a él se sentó Summer. No discutí sobre el hecho de que habían ocupado mi lugar, me sentí ofendido de no ser la primera opción de Summer como en el pasado.
-¡Abrochen sus cinturones! -dijo Nikolai tomando las riendas de la carroza.
-Aquí no hay nada -murmuró Patrick extrañado.
-Es solo una expresión -sonreí.
-Te odio con todo mi ser, Nikolai -dijo Pascual agarrándose de donde podía.
La carroza despegó mientras las criaturas otoñales corrían en sus cuatro patas, estos híbridos de hojas y ramas enroscadas lograban moverse por los cielos. Se movían dando vueltas por el aire como si se tratase de una montaña rusa, el espíritu del verano y primavera no solían transportarse volando.
-¡Levanta las manos, Pascual! -dijo Patrick entre risas.
Volteé a mirarlo y no pude evitar sonreír ante la escena; Patrick reía con diversión alzando sus manos, realmente disfrutaba el viaje. Por otro lado, Pascual abrazaba mi pierna mientras gritaba. Mejor dicho; enterraba sus uñas en mi pierna.
Noté por la torre eiffel que estábamos en París, Francia. No recordaba haber visitado París últimamente, la falta de nieve podría evidenciarme.
-Bien, aquí vamos a comenzar -dijo Nikolai dándose la vuelta para mirarnos.
-Que hermoso es París de noche -suspiró Summer.
-¿No se supone que es invierno, Jason? -dijo Patrick alzando una ceja.
-¿Estás diciéndome cómo hacer mi trabajo? -respondí de mal humor.
No podía evitar estar a la defensiva, detestaba que señalaran mis habilidades como espíritu del invierno.
-Qué amargado -murmuró.
-Nikolai, dinos qué haremos -dije quitando a Pascual de mi pierna-, al parecer tengo mucho trabajo que hacer aquí.
-Nos dividiremos y...
-Yo pido ir con Patrick -interrumpió Summer a Nikolai.
Alcé ambas cejas sintiéndome una vez más traicionado por la supuesta preferencia que el espíritu del verano tenía por mí.
-Bien, Patrick irá con Summer -dijo Nikolai mientras peinaba su barba.
Por favor que no me toque con Pascual. Por favor, por favor, por favor.
-Pascual con Jason y yo iré solo.
-¡Oh, no con él! -gritamos ambos.
-Bien -resopló Nikolai-, Pascual con Summer. No quiero discusiones.
Mi primer pensamiento fue "olvídalo, prefiero mil veces a Pascual." Me disponía a discutir el compañero que me había tocado cuando Summer se acercó a mí.
-¿No quieres que cambiemos, Jason? -susurró Summer dedicándole una sonrisa a Patrick.
Alcé una ceja con escepticismo, decidí que era preferible ir con el niño maravilla en lugar de que otro lo hiciera.
-Mueve tu trasero, Patrick.
Me resultaba irritante la extraña atención que Summer tenía hacia Patrick, ¿qué tenía de especial el chiquillo?