Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Cuentos > Engañada, repudiada y de repente rica
Engañada, repudiada y de repente rica

Engañada, repudiada y de repente rica

Autor: : rabbit
Género: Cuentos
Eleanor fue repudiada cuando apareció la verdadera heredera, y terminó en un angosto apartamento en un barrio marginal, perteneciente a sus padres biológicos, además de que repentinamente se le impusieron una deuda de millones. Sin inmutarse, reveló sus identidades ocultas y juró darle un giro a su destino. Primero, le regaló a su hermano mayor engañado un conglomerado multimillonario. Luego, limpió cada mancha en la reputación de su hermano actor caído en desgracia, llevándolo al estrellato. Después, defendió la integridad de diseñador de su hermano menor. A medida que la riqueza y la fama se acumulaban, la "verdadera" heredera irrumpió nuevamente en su vida con fuerza, causando el caos. Pero Eleanor escaló sin esfuerzo a la cima de las clasificaciones de riqueza global. ¿Pero cómo podría deshacerse de ese implacable y obsesionado jefe mafioso que la perseguía sin descanso?

Capítulo 1 Abandonada

La noche era hipnótica. El suave resplandor de la luna se filtraba por los amplios ventanales, bañando con una luz etérea las dos figuras entrelazadas sobre la cama. Sus besos eran ardientes, desesperados, cargados de un anhelo profundo, casi palpable, que parecía impregnar el aire de la habitación con una tensión carnal.

Por un instante, los movimientos del hombre vacilaron. Se apartó ligeramente, y la sorpresa se reflejó en su mirada al descubrir que la mujer bajo él aún era virgen.

Pero antes de que pudiera asimilar la revelación, unos brazos delgados le rodearon el cuello y lo atrajeron de nuevo hacia ella. Su mirada, nublada por el alcohol y el deseo, lo cautivó como un canto de sirena. La resistencia fue inútil ante el efecto del afrodisíaco y un deseo abrumador. Con un gruñido gutural, se rindió al embriagador hechizo de la noche.

La luz del alba se deslizó sobre las sábanas arrugadas y despertó a Eleanor Marsh. Se giró hacia la figura dormida a su lado, observando cómo la luz doraba sus facciones esculpidas, confiriéndoles una perfección casi sobrenatural.

Los recuerdos de su imprudente pasión regresaron con una claridad punzante. Había pasado años protegiendo su virginidad solo para perderla de una forma tan temeraria y, nada menos, que con un acompañante.

Sus labios esbozaron una sonrisa amarga. Cuando su mejor amiga le mencionó que le conseguiría un acompañante, Eleanor asumió que era una broma; jamás imaginó que se haría realidad.

Sin embargo, entre la neblina del alcohol y el dolor de haber sido expulsada de su hogar, había actuado por impulso, entregándose sin dudarlo.

"Considerando lo apuesto que eres, supongo que la noche valió la pena", susurró Eleanor, mientras la yema de sus dedos recorría con aprecio la mandíbula cincelada del hombre.

Tras contemplarlo un momento más, retiró la mano y se levantó de la cama. Su mirada se detuvo en las marcas carmesí que salpicaban la piel de ambos, mudos testimonios de su febril pasión.

Sin perturbar su sueño, Eleanor se vistió con metódica calma y dejó una elegante tarjeta de crédito negra sobre la mesita de noche. La puerta se cerró tras ella con un clic definitivo.

Solo entonces el hombre se movió. Abrió los ojos de golpe, y en ellos brilló un destello de agudeza. Lentamente, se incorporó mientras la luz del sol se deslizaba sobre su pecho y sus abdominales definidos.

"¿Así que te vas sin decir nada? Qué mujer tan astuta", murmuró con media sonrisa, y su mirada se posó en la tarjeta de crédito que ella había dejado. "Con que pensó que estaba con ella por dinero... Interesante".

El hombre tomó su teléfono y se levantó con la gracia felina de una pantera. La luz matutina bañaba su figura escultural, una obra de arte tallada por los mismos dioses.

Apoyado en el marco de la ventana, marcó un número con dedos firmes. "Soy yo", dijo en cuanto contestaron, con una voz resuelta y cargada de autoridad. "Necesito información sobre una mujer".

Mientras tanto, Eleanor ya estaba en su elegante convertible. Con unas gafas de sol y el largo cabello ondeando libremente al viento, proyectaba una imagen de calma y despreocupación. Era como si la imprudencia de la noche anterior la hubiese liberado de una carga invisible, otorgándole una rara sensación de libertad.

Mientras conducía, una pregunta rondaba su mente: ¿se arrepentía de lo que había hecho? La respuesta era clara: no. Nunca se había arrepentido de una sola de sus decisiones, aunque el peso de su pasado persistía.

Su único lamento era haber pasado años intentando cumplir las expectativas de sus padres, soportando sus estrictas exigencias sin cuestionarlas jamás.

Ellos no aceptaban nada menos que la perfección, y ella siempre había cumplido. Sus logros académicos eran impecables; siempre obtenía el primer lugar en cada examen. Cuando le exigieron que no se distrajera con romances, ella obedeció: rechazó a cada pretendiente y no conoció la intimidad hasta la noche anterior.

Trabajó incansablemente para ganarse su aprobación, esperando recibir aunque fuera el más mínimo elogio, pero todo lo que obtuvo a cambio fue una fría indiferencia y un trato aún más severo.

Durante años, se aferró a la creencia de que la severidad de sus padres nacía del cariño. Esa frágil ilusión se hizo añicos días atrás, con la aparición de la hija biológica de ellos, a quien daban por perdida.

El afecto que Eleanor siempre había anhelado se volcó con generosidad sobre aquella joven, a quien le bastaba un simple parpadeo para obtener lo que años de perfección no le habían conseguido a ella.

Sin embargo, lo más indignante fue lo que sucedió la noche anterior. La hija biológica de ellos la culpó de haber roto un jarrón, lo que provocó que la echaran de la casa sin la menor contemplación.

Sumergida en sus amargos pensamientos, Eleanor no se dio cuenta de que había conducido por instinto de vuelta a la mansión Marsh, hasta que el chirrido de los neumáticos sobre los adoquines la sacó de su ensimismamiento.

Al bajar del auto, sus ojos se posaron de inmediato en su equipaje, arrojado sin cuidado junto a la entrada.

Allí estaba ella, de pie, con los brazos cruzados y la barbilla en alto en un gesto de arrogante desafío. Era Camila Marsh, la verdadera heredera, quien miraba a Eleanor con una mezcla de desdén y satisfacción. "Has sido expulsada de la familia Marsh, Eleanor Harris", dijo Camila, saboreando la incomodidad de Eleanor con una voz que destilaba superioridad.

El rostro de Eleanor se mantuvo frío e imperturbable mientras señalaba el montón de sus pertenencias. "¿De verdad tienes tantas ganas de verme fuera de esta casa?".

"Por supuesto", escupió Camila, con la voz cargada de desprecio. "Solo verte me da asco. La idea de que tú, una impostora, vivieras la vida que me correspondía... es repugnante. ¿Con qué derecho disfrutas de todo lo que esta familia posee?". El rostro de Camila se contrajo por la furia, y sus palabras estaban impregnadas de veneno. "Ahora que yo he vuelto, es hora de que te largues. La impostora no tiene lugar aquí".

Capítulo 2 : Una deuda de un millón de dólares

Eleanor respiró hondo, esforzándose por contener la marea de tristeza y resentimiento que crecía en su interior.

En otro tiempo, habría estallado en furia, pero ahora comprendía la inutilidad de hacerlo. Aquel hogar, que se suponía debía ofrecerle calidez, no había sido más que un lugar frío e indiferente. Quedarse solo serviría para profundizar su humillación y sufrimiento.

La voz burlona de Camila la arrancó de sus pensamientos justo cuando una hoja de papel cayó a sus pies.

"Aquí tienes el detalle de todo lo que gastaste mientras viviste bajo el techo de los Marsh", dijo Camila con una autoridad gélida. "El total es un millón de dólares. Y tienes que devolverlo".

Eleanor parpadeó, atónita por un momento, y luego se inclinó con lentitud para recoger la hoja. Mientras repasaba las cifras, una fría incredulidad la invadió. Cada partida era un registro exacto del dinero gastado: clases de piano a quinientos dólares la hora, cursos de etiqueta a ochocientos por sesión...

No podía concebir qué clase de familia llevaba una contabilidad tan minuciosa, como si cada centavo invertido en su crianza hubiera sido contado, rastreado y, ahora, exigido.

Al ver el rostro estupefacto de Eleanor, Camila se le acercó con una sonrisa triunfante.

"Para que lo sepas", dijo con aire condescendiente, "esta lista la prepararon mamá y papá con sumo cuidado. Ah, y por cierto, escuché que tus padres biológicos andan con problemas de dinero. Cuando se enteren de que nos debes un millón, lo más probable es que también te echen. ¿No es gracioso?".

El veneno en las palabras de Camila encendió en Eleanor una furia que ya no pudo contener. En un instante, su puño impactó contra el rostro de Camila.

"¡Ay!", gritó Camila de dolor, y trastabilló hacia atrás hasta caer al suelo.

"¡Camila!". Chloe Marsh, su madre, corrió a su lado y la ayudó a levantarse con una ternura exagerada.

En cuanto Camila estuvo de pie, Chloe se volvió bruscamente hacia Eleanor, con el rostro contraído por la furia. "¿Cómo te atreves a golpear a mi hija, mocosa malagradecida?".

De inmediato, Camila adoptó una expresión dolida, ocultando su malicia tras una fachada de víctima.

"Mamá, no culpes a Eleanor. Me equivoqué al entrometerme, diciéndole que no se quedara fuera toda la noche. Entiendo por qué se comporta así: mi regreso debió de haber destrozado su vida perfecta, y ahora me odia por eso".

Eleanor ignoró la mentira descarada de Camila y se centró en las palabras "mocosa malagradecida". La punzada de esas palabras, viniendo de quien había sido su madre durante dieciocho años, la hirió profundamente.

Con una risa amarga, Eleanor desestimó aquel disparate. No tenía energías para discutir con semejante embustera. En su lugar, levantó la lista, apretando el papel entre sus dedos mientras miraba a Chloe.

"¿Entonces esta es la lista que usted y papá prepararon y ahora esperan que pague?", preguntó con voz incrédula.

"Eleanor", la interrumpió Camila, con una falsa preocupación en la voz, "mamá y papá hicieron esta lista solo como un recordatorio de la generosidad que la familia Marsh te ha demostrado. No debiste hablarles de esa manera".

"¿Qué fue lo que dijo?". La furia de Chloe se intensificó. Entornó los ojos, reflejando la indignación de su hija.

En ese momento llegó Louis Marsh, el patriarca de la familia. Con el rostro ensombrecido por el disgusto, se dirigió a Eleanor con una frialdad glacial.

"Tu madre y yo concebimos esta lista inicialmente como un amable recordatorio", dijo con un tono implacable. "Pero tu falta de respeto hacia tus padres y tu agresión a tu hermana lo cambian todo. Ahora le debes a la familia Marsh un millón de dólares. Si no pagas esta deuda, tomaremos medidas legales".

A Eleanor se le encogió el corazón. Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro mientras asimilaba aquellas palabras. Dieciocho años bajo ese techo para que, en un instante, la convirtieran en la villana, todo por las palabras manipuladoras de Camila.

Sin energías para discutir, respondió con calma, su voz firme pero cargada de una profunda tristeza: "Señor y señora Marsh, les agradezco los años que me acogieron y criaron. En cuanto al dinero, lo devolveré. Pero a partir de hoy, no tengo ningún vínculo con la familia Marsh".

El rostro de Louis se contrajo y su voz adquirió un tono severo y definitivo. "Muy bien. Pero recuerda que, una vez que salgas de esta casa, sin el respaldo de la familia Marsh, no eres nada".

Eleanor bufó con frialdad, recogió una mochila del suelo y se dio la vuelta. Se marchó sin mirar atrás.

En todos esos años, nunca había sentido el cálido afecto de los Marsh. Ahora, al marcharse, sus padres adoptivos no le dejaban más que una deuda abrumadora, la prueba definitiva de su crueldad.

Mientras la figura abatida de Eleanor desaparecía de la vista, una sonrisa de satisfacción se dibujó en los labios de Camila. Al fin, todo sería solo para ella.

"Papá", dijo con una dulzura cargada de falsa preocupación, "no te enojes. Cuando se calme un poco, entrará en razón y se dará cuenta de la generosidad de la familia Marsh. Volverá arrastrándose, rogando por nuestro perdón".

Sus palabras, cargadas de malicia, solo avivaron la ira creciente de Louis.

"Bah", murmuró él, con la voz llena de resentimiento. "Aunque se arrepienta, ya no hay lugar para ella en esta familia. Una hija malagradecida como esa no merece más que el repudio".

Cuanto más resentimiento vertía Louis, más se regodeaba Camila en su interior. Sabía que aquello aseguraría el exilio permanente de Eleanor; nunca más volvería a ese hogar.

"Camila", continuó Louis, con voz ahora autoritaria, "ella ya no es tu hermana. Alguien como ella no merece ese título. Ahora ve a cambiarte. Tenemos un invitado importante y no podemos darnos el lujo de perder esta oportunidad para impresionarlo...".

"¿Qué invitado?", preguntó Chloe, al percibir la seriedad en la voz de su esposo. Comprendió de inmediato que debía de ser alguien muy importante.

"Es Elijah Campbell", respondió Louis, con la voz baja, casi reverente. "El rey de los bajos fondos de Isonsea".

Al oír el nombre de Elijah, Chloe se quedó helada; el corazón le dio un vuelco.

Aquel hombre era infame, con influencias tanto en los bajos fondos como en la alta sociedad. Sus escasas apariciones públicas eran legendarias; conocerlo era un privilegio excepcional y codiciado. ¿Y ahora la familia Marsh había conseguido una visita así?

"En efecto. Esta vez, todo se lo debemos a Camila. ¡El señor Campbell pidió específicamente conocer a nuestra hija!". Louis habló con una sonrisa de orgullo y posó una mano con suavidad sobre la cabeza de Camila.

Camila se detuvo un instante, con los pensamientos arremolinándosele.

¿Cómo era posible que alguien como él la conociera? ¿Acaso sería que, durante el tiempo que luchó por sobrevivir en Dridsa, una zona empobrecida de Isonsea de condiciones precarias, el señor Campbell se había fijado en ella? No pudo evitar pensar que su belleza, combinada con el dramático contraste de sus circunstancias, podría haber llamado su atención.

Se le escapó una risa nerviosa mientras hablaba, con un tono teñido de sorpresa. "Creo que nos cruzamos una vez, cuando estuve en Dridsa. Nunca imaginé que el señor Campbell pudiera recordarme".

"¡Espléndido, sencillamente espléndido!". Louis rio con evidente satisfacción y le dio a Camila un apretón de aprobación en el hombro. "Camila, realmente eres una bendición para esta familia. Si conseguimos ese terreno en Dridsa, el Grupo Marsh alcanzará un éxito sin precedentes".

Capítulo 3 El peso de la verdad

Al salir de la mansión de los Marsh, Eleanor se detuvo al borde de la acera para pedir un taxi. Había dejado su convertible; después de todo, no era suyo.

Contempló la casa que había sido su hogar durante dieciocho años y una sonrisa amarga se dibujó en sus labios. Lo absurdo de la situación la abrumaba: todo lo que había sacrificado, su entrega total a esa familia, solo para terminar rechazada y desechada.

Con un suspiro discreto, Eleanor sacó su teléfono y leyó el mensaje con la dirección de sus padres biológicos.

La dirección la llevaba a Dridsa. Los habitantes de Dridsa vivían al día, y no era extraño que muchos se fueran a dormir con el estómago vacío.

Si Pholis era la utopía de los privilegiados de Isonsea, Dridsa era su crudo contraste: un refugio de miseria para los desamparados.

Al llegar, el contraste entre ella y el entorno fue tan evidente que resultaba imposible ignorarlo. Las miradas curiosas de los transeúntes la recorrían, cargadas de una mezcla de confusión e intriga.

¿Qué hacía una mujer tan deslumbrante y con tanto aplomo en un lugar como ese?

Su porte refinado y su apariencia impecable los llevaba a suponer que provenía de una familia adinerada de Pholis, un mundo ajeno a la dura realidad de Dridsa.

Indiferente a las miradas, Eleanor caminó por el barrio hasta que se detuvo frente a una casa ruinosa. No pudo evitar sentir una punzada de compasión por la familia que seguramente vivía allí, al imaginar las penurias que debían soportar día tras día.

"Señorita, ¿a quién busca?". Una voz vacilante la sacó de sus pensamientos y la devolvió al presente.

Eleanor se dio la vuelta y vio a una mujer de pie frente a ella. Las profundas arrugas que surcaban su piel curtida eran testimonio de años de trabajo arduo y resiliencia.

La mujer la observó con detenimiento, y sus ojos se entrecerraron con un matiz casi imperceptible de reconocimiento. Un atisbo de sorpresa asomó a su rostro.

"Usted es...", comenzó, pero la voz se le quebró, como si luchara por encontrar el recuerdo.

"Mi nombre es Eleanor", respondió con serenidad, aunque sentía el peso del momento oprimiéndole el pecho.

Las manos de la mujer, antes firmes, comenzaron a temblar. El manojo de verduras que sostenía se le resbaló y cayó al suelo con un golpe sordo.

"¿Tú... eres Eleanor?". Su voz temblaba, cargada de incredulidad, asombro y un matiz de algo más profundo... quizás culpa. "De verdad eres tú".

Extendió la mano por instinto, como si quisiera tocarla, pero vaciló y su mano quedó suspendida en el aire. "Lo siento", tartamudeó, retirando el brazo bruscamente. "Debo haberla confundido con otra persona".

La mujer desvió la mirada con nerviosismo, se agachó con rapidez para recoger las verduras y se apresuró a entrar en la casa.

Eleanor permaneció inmóvil un instante y luego, con voz suave pero firme, volvió a hablar. "Quiero la verdad".

La mujer bajó la mirada al instante, y sus ojos se enrojecieron mientras las lágrimas comenzaban a brotar.

"Pasa", murmuró con voz débil y temblorosa, dándose la vuelta y caminando hacia el interior con pasos lentos y pesados.

El rostro de Eleanor permanecía sereno, pero su mente era un torbellino de emociones encontradas. Había esperado sentir ira, resentimiento o incluso rabia al encontrarse con su madre biológica. Sin embargo, lo único que sentía era una calma profunda e inesperada.

Al entrar, su mirada recorrió los muebles humildes, mientras percibía el persistente olor a aire viciado y una atmósfera de carencia que lo impregnaba todo. Casi podía palpar el peso de las dificultades de aquella familia.

Justo en ese momento, un hombre salió de una de las habitaciones. "Lily, ya regresaste. Kane ha estado trabajando hasta tarde de nuevo; tal vez deberías prepararle un poco de sopa esta noche". Su voz se extinguió en cuanto vio a Eleanor de pie allí, y sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa. "¿Y ella quién es?".

La mujer, Lily Harris, respondió en un susurro casi inaudible: "Maverick, ella es... Eleanor".

El rostro de Maverick Harris se contrajo con incredulidad, y un fugaz destello de pánico brilló en su mirada antes de que lograra disimularlo.

"¿Eleanor?", repitió, con la voz temblorosa por la conmoción. "¿Qué hace aquí? No la conocemos. Tú...".

Los hombros de Lily se hundieron. Se secó una lágrima y se volvió hacia Maverick. "Ya no tiene caso seguir ocultándolo", dijo en voz baja, pero con un tono resuelto. "Eleanor vino por respuestas y seguramente ya sabe la verdad. Este secreto nos ha atormentado a los dos por demasiado tiempo. Me oprime tanto que a veces apenas puedo respirar. Es hora de contarlo todo".

Miró a Eleanor, con el rostro bañado en lágrimas y la voz reducida a un susurro mientras el peso de la revelación la abrumaba.

Ver a Lily tan destrozada conmovió a Eleanor profundamente. La calma que había logrado mantener hasta entonces se le escapaba como arena entre los dedos. Las emociones que se arremolinaban en su interior eran más complejas de lo que jamás había anticipado.

Maverick dio un paso adelante y posó una mano firme sobre el hombro de Lily. "Tienes razón", dijo con un suspiro profundo, su voz teñida de arrepentimiento. "Este secreto nos ha consumido durante años. Ya es hora de enfrentarlo".

Se volvió hacia Eleanor, con una expresión cargada de culpa y remordimiento. "Te debemos mucho más que una simple disculpa".

Eleanor exhaló lentamente, sintiendo el peso de todos esos años sobre sus hombros, mientras por fin formulaba la pregunta que la había atormentado por tanto tiempo. "¿Por qué me abandonaron?".

La crudeza de la pregunta de Eleanor los dejó visiblemente conmocionados. Ambos palidecieron al instante. Tras un largo y tenso silencio, compartieron de mala gana la dolorosa verdad.

Dieciocho años atrás, la hija de Chloe desapareció, lo que la sumió en una espiral de locura. Para aliviar su dolor, Louis tomó la decisión de llevarse a la hija de los Harris a su casa para criarla como propia.

Los Marsh acogieron a Eleanor porque había nacido débil y enfermiza. La familia Harris, que ya tenía dificultades para criar a sus tres hijos y sobrellevar la carga económica, no podía hacerse cargo de ella. En su desesperación, habían confiado a Eleanor al cuidado de Louis.

La verdad le cayó como un balde de agua fría. Eleanor se quedó inmóvil en el viejo sofá, con la mente en blanco, luchando por procesar lo que acababa de escuchar. La habitación pareció encogerse a su alrededor y las paredes comenzaron a desdibujarse.

Lily y Maverick intercambiaron miradas incómodas, sin saber cómo continuar y temerosos de romper el frágil silencio. Sus rostros reflejaban una profunda aprensión, pero ninguno de los dos se atrevió a hablar.

Finalmente, la voz de Maverick rompió la tensión, vacilante pero sincera. "Eleanor... ¿cómo ha sido tu vida con la familia Marsh?".

Su pregunta quedó suspendida en el aire, una interrogante silenciosa y pesada que revelaba tanto su preocupación como su inquietud.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022