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Esclavo por equivocación

Esclavo por equivocación

Autor: : Valkyria Wolf
Género: LGBT+
Jin, un vampiro de 263 años trabaja tranquilo bajo la fachada de un humano como diseñador. Hasta... ...que se despierta solo en un hotel sin recuerdos de la noche anterior. Para darse cuenta que ha puesto su marca en algún humano, con quien se ha tenido sexo, y lo ha convertido en su esclavo de sangre. Debido a esto su vida corre peligro al su cuerpo rechazar toda sangre que no sea la de él Pero nadie lo preparó para descubrir que su esclavo es, nada más ni nada menos, que Victor, el Presidente de la empresa donde trabaja. Un hombre frío que lo obligará a rogar por su sangre. Pero Jin prefiere morir antes de arrastrarse ante un humano. Una historia , plagada de humor, romance, escenas picantes e intensas, un vampiro con un carácter impredecible y mucho pero mucho drama.

Capítulo 1 Prólogo

Un gemido, una caricia, el sonido de las sábanas cayendo de la cama, de las pieles frotándose entre sí por el constante vaivén de las caderas. De labios devorándose hasta sangrar.

De colmillos asomándose, de la piel siendo rota y de la sangre siendo tragada.

-Eres delicioso-

-Lo sé-

Jinsu se revolvió en la mullida cama. Su cuerpo estaba pesado. Sus labios hinchados y dolían, sus muslos todos pegajosos por no mencionar lo que salía de entre su trasero. Trasero que de seguro estaba rojo porque el muy maldito latía como mil demonios, como si hubiera sido azotado sin ninguna consideración.

Gruñó contra la almohada. No quería levantarse. Deseaba seguir durmiendo pero los martilleos de la resaca en su cabeza hacían que una vez consiente no pudiera volverse a dormir.

-Maldición- murmuró muy ronco, su garganta era una total lija- No vuelvo a tomar en mi vida-

¿Tomar? ¿Alcohol? ¿La noche pasada? ¿Qué mierda pasó?

Se sentó de golpe en la cama, tan fuerte que todo a su alrededor y que de paso no reconocía se volviera borroso. Se apretó el tabique. Si, tenía una muy buena resaca. No quería ni imaginarse cuanto alcohol metido en su cuerpo para ni siquiera recordar cómo había llegado a...

Miró a su alrededor con los ojos entrecerrados. No había casi luz en la habitación pero la poca que entraba por la ventana aumentaba las pulsaciones en su pobre cabeza. Era un cuarto de hotel, y uno muy lujosos dicho sea. Las sábanas estaban todas revueltas y con el inconfundible olor a sexo impregnado en ellas.

-Qué lástima- dijo apretando los labios- No recuerdo quién demonios me folló anoche pero debió ser bueno- estiró su cuerpo- Me siento tan satisfecho-

Una enorme sonrisa cruzó sus labios. Pocas veces había estado así, tan campante que su buen humor vino. Hasta su barriga estaba llena.

Y ahora ¿barriga llena?

Sus ojo volvieron a abrieron y una expresión de pánico opacó su sonrisa.

Rebuscó entre las sábanas para encontrar algunas gotas de sangre. Se pasó la lengua por el paladar y todavía quedaba un poco del sabor metálico y a la vez dulce de la sangre. Ni siquiera sus colmillos se habían retraído completamente.

Quien fuera la persona que había estado revolándose con él había sido mordido por aquella boquita traviesa que tenía. No le gustaba la idea de haberlo hecho sin estar cociente. Siempre tenía un cuidado especial en mostrar lo que era. Después de todo, en pleno siglo 21, un vampiro tenía una muy mala reputación que lo precedía y no quería ser perseguido otra vez como 100 años atrás.

Respiró profundo. No podía alterarse. Intentó recordar algo de la noche pero nada, las sensaciones seguían presentes pero su cabeza había hecho borrón y cuenta nueva.

Pero analizándolo desde otro punto de vista, el hombre no estaba en el cuarto por lo que no estaba muerto y la policía o los científicos locos no habían llegado por lo que todavía no había sido descubierto. La idea más sensata...acabar de mover el culo y desaparecer de allí.

Encontró que su ropa estaba pulcramente doblada en una silla. ¿El desconocido había sido tan considerado con él? Porquería, nadie, después de una casual noche de sexo, actuaba así. Por lo que la recogió y se metió al baño.

Dejó que el agua caliente se llevara cualquier cosa de su cuerpo incluyendo los fluidos secos y se lavó rápido la cabeza. No sería nada bueno si llegara alguien. Se secó dejando su cabello húmedo y se vistió. Pasó por delante del espejo para darse los últimos retoques pero no fueron sus hermosos ojos ámbar, ni su cabello cenizo lo que hizo que su respiración se quedara atrapada en su garganta.

Sus dedos temblorosos abrieron un poco más el cuello de su camisa. Específicamente donde descansaba una marca, con un complicado patronaje, que se dibujaba alrededor de la parte baja de su cuello como si fuera un collar. Las finas líneas azuladas podían pasar por un simple tatuaje pero nada más lejos de la realidad.

-Maldición, maldición ¿qué hice?- gritó y retrocedió. Resbaló con el piso húmedo y cayó sobre sus lastimadas nalgas. La conmoción era tan grande que apenas lo sintió.

Aquella marca era lo último que deseaba en esta vida. Significaba que había mordido a alguien durante el sexo y después de comprobar su compatibilidad lo había marcado como su esclavo de sangre, el grillete en su cuello era prueba de ello. Su ahora esclavo, en alguna parte de este mundo debía tener uno similar, en rojo.

Se hizo presa del pánico.

¿Cómo demonios eso había ocurrido?

Un esclavo de sangre no era tan fácil como la gente pensaba. Sin él ahora podría estar condenado. Comenzaría a hacerle rechazo a toda la sangre que no fuera la de él y en poco tiempo el grillete en su cuello se extendería y lo consumiría. Una maldición a la que todos los vampiros le huían.

Por eso es que ya no tenían Esclavos de Sangre, a menos que fuera la persona que realmente desearan atar en esta vida o aquella que había nacido predestina en tu camino. El precio a pagar era muy alto.

Pero eso no era lo peor de todo.

Ni siquiera recordaba el rostro del hombre, al que supuestamente había hecho su esclavo.

Estaba jodido.

Capítulo 2 El jefecito exigente

Su pullover de rayas blancas y rojas, su jean azul desgastado y zapatillas deportivas, ese era el conjunto preferido de Jinsu para ir al trabajo. La razón, no llamar la atención en ningún sentido y como en su trabajo el área de diseño supuestamente era la más extravagante y él era supuestamente ¨joven¨ como que no le decían nada por su vestuario.

Se dio una última revisión en el espejo. Sus ojos todavía estaban exaltados por lo ocurrido esa mañana en el hotel, ahora en su casa todavía no había se había podido calmar absolutamente nada. Por lo que los cubrió con sus espejuelos fondo de botellas que ocultaba sus orbes. También lo hacía porque estos tenían la tendencia a cambiar de color cuando menos se lo imaginaba o veía sangre u olía, aunque ahora no sabía cómo reaccionaría dado que había creado un esclavo de sangre.

Por último se pasó la mano por el cabello de color cenizo, un color entre el gris y el negro que no estaba ni para allá ni para acá. Lo odiaba, y eso que no contaba que era prácticamente indomable por la cantidad que tenía ya demás solo hacía que se viera más pálido de normal.

Una vez delante de su asiento se dejó caer pesadamente.

-Otra vez con esas fachas, así no te casarás nunca- uno de los diseñadores que se sentaba al lado de él le preguntó.

Jin no podía decir que realmente le gustara su vestuario, era...práctico. Prefería la ropa ajustada de cuero oscuro mate y el maquillaje en su rostro, ojos delineados y bien marcados haciendo que el dorado de ellos se viera más sensual, ropa que usaba de noche cuando necesitaba algo de sexo y algunas veces sangre de más. Pero no podía ir a trabajar con esas fachas, sobre todo porque no quería que nadie reconociera su doble identidad o como él lo llamara.

-¿Oye, te sientes bien?-

Jin no recordaba su nombre, apenas llevaba trabajando dos meses en aquella empresa y no tenía buena memoria para detalles como esos, al final, era una pérdida de tiempo, los humanos siempre se morían. Aprender los nombres creaba un tipo de lazo, lazo que él no quería, prefería ser un alma libre.

-Si, por qué lo preguntas- hizo una sonrisa incómoda.

-Porque te vez como una mierda. Incluso tu forma de caminar, por no decir tu piel. Se te ven las venas-

En primera que sutileza tenía ese hombre. En segunda. ¿SE LE VEN LAS VENAS? ¿YA? Pero si apenas habían pasado unas pocas horas. Los síntomas de deterioro no podían aparecer tan rápido.

-Con permiso- agarró su bolso y corrió en dirección al baño sin importarle chocar con cualquiera que se le metiera en el medio.

Cerrando la puerta con pestillo del cubículo se sentó sobre a taza de uno de los retretes y rebuscó en su bolso. Específicamente en un bolsillo secreto que él mismo había diseñado cuando confeccionó su bolso. De allí sacó una pequeña bolsa del tamaño de su mano con un líquido rosado claro y casi transparente.

Hizo una mueca con el rostro. Sangre reforzada químicamente. Lo único que le permitía a los vampiros poder sobrevivir bajo la luz del sol y ocultar sus acostumbrados ojos rojos y colmillos. Y la muy maldita mercancía costaba un ojo de la cara y la mitad del otro. Sudaba todo el desgraciado mes para poder pagar cuatro bolsas que tenía que distribuirlas durante todo el mes.

Normalmente tomaba sangre día de por medio fuera de las bolsas normales que guardaba en la nevera o de alguien que pudiera sacarle un poco sin que se diera cuenta, y una vez por semana la reforzada. Lo que ocasionaba que a veces estuviera más débil de lo normal y pudiera ser presa fácil para algún otro vampiro regado por ahí, pero no podía darse el lujo de que lo descubrieran. Y comprar más sangre en el banco secreto donde mismo conseguía la reforzada, era un lujo que no podía darse. El dinero no le llegaba por tubería.

Resopló y abrió el pequeño tubito de donde comenzó a tomar el líquido que esta vez le resultó amargo e incluso asqueroso. Casi tuvo el reflejo de vomitar. Pero mantuvo el contenido en la boca y lo tragó. No podía darse el lujo de escupirlo y menos dado su estado.

Pero si la cosa seguía así estaría en problemas, esa era la dosis de la semana venidera. Y de paso tuvo que tomársela completa pues los síntomas no parecían desaparecer. Una vez que toda la sangre estuvo en su sistema se dejó caer hacia atrás. Su cuerpo picaba pero al menos la piel comenzaba ser más humana.

Sintió alivio ante esto y esperó no tener más problemas, por lo menos a lo largo de la semana. Ya tenía suficiente con tener que pensar como compraría la bolsa de final de mes.

Una vez que regreso a su asiento el hombre de al lado volvió a clavar sus ojos sobre él.

-¿Te pusiste maquillaje?- volvió a preguntar y Jin se molestó por su insistencia. No le gustaba la gente que se metía en asuntos ajenos.

-Sí, me maquillé- respondió con una sonrisa forzada.

-JIN- alguien gritó su nombre desde la puerta de la gran oficina. El nombrado se giró exaltado viendo que una mujer lo llamaba. Era la directora de toda esa planta- El Presidente desea verte-

El vampiro no fue el único que palideció. Victor Niles, un hombre de unos 32 años era conocido por su carácter tan frío que podía congelarte con la mirada o al menos eso era lo que había escuchado Jin. Sus caminos nunca se habían cruzado. El tipo podía controlar su multimillonaria empresa desde el asiento de su oficina y así producir más dinero. Era todo un misterio.

Pero que fuera llamado así no parecía nada bueno. Rezó para que no lo expulsaran. No recordaba haber hecho algo mal ¿O sí?

Caminó detrás de la mujer seguido de la mirada de lástima de los demás trabajadores hasta el elevador. Ella solo marcó el último piso y le hizo pasar mientras ella se quedó en la puerta.

-Su secretario está allá arriba. No hables más de lo necesario- le advirtió ella.

Jin cerró los ojos y asintió con la cabeza. Tratar con humanos no era tan difícil hace 200 años atrás. Recordaba que los vampiros habían estado en la cima de la cadena de alimentación.

¿Qué demonios había ocurrido en los últimos años?

¿Era él ahora la presa?

Parecía que sí.

Esperó que el elevador se detuviera y la puerta volviera a abrirse y efectivamente un humano alto, trajeado, de cabello negro y ojos marrones lo esperaba allí. A él si lo había visto, pocas pero contaban. Aunque de cerca era más alto y corpulento y hasta apuesto.

Jin, céntrate que te van a botar y nunca más lo vas a ver. Se dijo para sí mismo y siguió al hombre que lo guío hasta una enorme puerta de madera más pulida que el piso. El secretario la tocó con los nudillos y una voz grave se sintió desde adentro.

Jin pudo jurar que tembló ligeramente pero no pudo saber el por qué.

Pasó detrás del secretario hacia una oficina que era del tamaño de toda la planta prácticamente. Toda acristalada por donde entraba tanta claridad que los ojos de Jin molestaron aun con los anteojos y los cubrió con el borde de la mano.

Al sentir la mirada del secretario sobre él recobró la compostura pero tuvo que bajar la cabeza para que sus ojos no se frieran. Era una copia barata de humano después de todo.

-¿Es él?- la misma voz que oído antes retumbó en las paredes.

Jin no pudo evitar alzar un poco la vista para saber quién era su Presidente y se sorprendió. Esperaba que fuera alguien estirado o algún humano de belleza común, pero este hombre era una bestia.

-WOW- se le salió y hasta el hombre detrás del mueble de madera y cristal separó la mirada de los papeles que revisaba.

Jin se mordió la lengua mientras era testigo de todo su aspecto. Tenía un rostro masculino que no dejaba de ser hermoso y salvaje que llevaba completamente afeitado. Gruesas cejas encima de un par de orbes azules Prusia, ni oscuros ni claros. Una nariz delgada y unos labios que le hizo morderse los suyos. Bendita la persona que los hubiera podido besar.

Su cabello lo llevaba en un estilo completamente diferente a los hombres de su edad, era más corto atrás rozándole la nuca mientras adelante era más largo, aunque lo peinaba relajadamente hacia atrás, había algunos finos mechones que acariciaban sus altos pómulos. Y de un color oscuro con reflejos rojizos y marrones que completaba su perfecta imagen.

Y si hablaba del cuerpo, lo que podía al menos ver era unos hombros amplios y un fuerte pecho bajo un elegante traje negro y su corbata roja a juego con su cabello. Hacía años que Jin no veía a nadie así por lo que casi le levanta el dedo dándole el aprobado pero se contuvo.

La mirada del tipo era peligrosa. Lo había dicho. Parecía una bestia en un cuerpo humano.

-¿Tú fuiste quien hizo estos bocetos?- Victor alzó la barbilla y lanzó sobre la mesa un sobre con algunos dibujos detallados de una idea que se había propuesto a los diseñadores a desarrollar.

Jin asintió con la cabeza.

Victor alzó una ceja interesado en el sencillo chico pero que tenía talento. Mucho realmente.

-Voy a usar tu concepto para la próxima campaña de maquillaje. Tráeme una propuesta de producto final- le dijo volviendo a leer el resto de documentos pendientes.

-Para cuando lo necesita- Jinsu se atrevió a preguntar.

-Para mañana-

La vena de la sien de Jinsu palpitó en su sien y se aguantó una buena dosis de palabras obscenas para decirle al hombre. ¿Qué se pensaba que era el diseño? Necesita al menos una semana para tener todo como a él le gustaba. Maldito explotador. No le pagaban horas extras.

Pero antes de protestar la voz de Victor se volvió a escuchar.

-Para mañana tráeme aunque sea la muestra de color y la distribución de las recursos sobre los soportes que usaremos- Jinsu volvió a respirar- Y llega a las cinco de la mañana-

El vampiro frunció el ceño tras sus gafas.

-¿A las cinco?-

-Iremos al estudio donde se preparan las fotos. Quiero un trabajo que no tenga que estar pagando por gusto y no tengo tiempo para errores. Así que irás con nosotros- alzó su ojos y lo miró por debajo de sus espesas y largas pestañas- Compórtate cuando estés allí y...- lo repasó de arriba abajo- Lleva un traje, estarán personas importantes-

Jin pestañeó y se tensó. Al notar esto el secretario a su lado se inclinó hacia él.

-¿Qué ocurre?-

Jin no puedo mentir.

-No tengo uno-

-¿Un qué?- el hombre no pareció entender.

Los ricos y su poca cabeza. Jinsu quiso golpearlo.

-No tengo un traje-

Capítulo 3 Maldito esclavo

¿Quién demonios se levantaba a las 3: 00 de la mañana para ir al trabajo?

Pues, ese día, Jin

Sus ojos ardían y caminaba embobado por toda la casa sin querer soltar su mullida almohada. Las 3:00 de la mañana era su habitual hora de acostarse a dormir después de llegar de la calle, no de levantarse. Por dios, era un vampiro, bastante que había habituado su horario al de un humano para tener energía para trabajar al otro día.

Maldito el buenaso de su jefe.

Le había exigido esperar en los bajos de su edificio a las 4 de la mañana donde lo pasarían a recoger. No sabía para qué, cuando la reunión no era a esa hora. No creía que nadie trabajara a esa hora.

Suspiró acomodando su cabello medianamente con una bolsa de sangre en su boca chupando de sorbito en sorbito. Estaba tan sediento que era doloroso. Deseaba que llegara el otro día. Necesitaba ir de nuevo al mismo bar donde se había emborrachado ya que por culpa de cierta persona no había podido ser. Quizás el individuo que se había convertido en su esclavo fuera allí y por arte de magia lo encontraría.

Le pondría una gruesa correa para que no se escapara ahora que su vida dependía de él. Tendría que mandar a remodelar su apartamento para hacerle una habitación escondida donde lo mantendría.

Se sacudió la mente. Su mente sádica que hacía años no se manifestaba volvía a relucir.

Deseaba tanto beber de él. La sangre que tomaba en ese momento sabía asquerosa y sus ojos estaban húmedos de las arcadas que retenía para no escupirla. Suspiró una vez que dejó la mitad guardada y miró el reloj. Ya casi era hora.

-Adios Toby- se despidió de un enorme perro de peluche que descansaba en el sofá y que era lo único que se había mantenido a su lado a lo largo del tiempo. Estaba viejo y con algunos parches pero prefería eso a algo que pudiera dejarlo de lado.

Con su habitual vestuario bajó la escalera de su edificio de tres pisos. Él vivía en el último en un pequeño pero acogedor apartamento que para él era suficiente. Lo que más le gustaba era la terraza donde solía disfrutar de la brisa nocturna. Y por suerte no tenía vecinos chismosos al lado.

Se sentó en el muro de afuera y esperó. En dos minutos en lujosos auto negro con las ventanas nevadas se detuvo delante de él. La ventanilla del conductor se abrió.

-Entra, el jefe espera-

Pero cuando entró no encontró al supuesto jefe.

-Él no está aquí-

-Está en otro lado- le dijo el chofer antes de arrancar y comenzaron el recorrido.

Jin pensó que este hombre era demasiado recto. Luca, ese era su nombre. Era el secretario de Victor y su asistente personal, guardaespaldas, chofer y todo lo que podía hacer un hombre al lado de su jefe.

El vampiro se preguntó su serían amantes. Una ceja se le alzó pícaramente.

Sería interesante saber quién era el que recibía aunque Luca tenía más el prototipo de ser el pasivo. Claro si se comparaba con su jefe.

Al igual que Victor era muy alto, con espalda ancha y músculos que se notaban definidos por debajo de la tela. Su mirada siempre era fría y Jin temió que si soltaba algún comentario de esos que su mente formulaba y que no eran apropiados lo más seguro era que le arrancara la lengua.

Tomaría nota de esto. Aprovechando la comodidad del asiento se dejó caer hacia atrás y cerró los ojos. No había dormido, tenía trabajo, mucho trabajo por lo que estaba agotado y eso que no sumaba su situación actual.

-Maldito esclavo, te patearé el culo cuando te encuentre-

-Dijo algo- Luca lo miró por el retrovisor.

Jin negó dándose cuenta que había pensado en voz alta por lo que simplemente se dignó a dormir. Era lo más recomendable. Y estaba tan cansado que para cuando su hombro fue sacudido con algo de fuerza se había quedado dormido profundamente por solo 20 minutos.

Luca sacudió nuevamente el hombro del chico hasta que sus espejuelos se le cayeron por encima de sus muslos revelando su rostro joven. Al sentir el pequeño golpeteó en sus muslos. Jin abrió los pesados párpados y le tomó unos segundos enfocar que eran sus lentes. Los agarró rápidamente y se los puso ante de oír la voz grave del día anterior.

-¿Qué hacen? No tengo todo el día, acaben de entrar- Victor estaba en la entrada de lo que parecía una tienda. Su ceño estaba ligeramente fruncido en su rostro desprovisto de emociones.

Jin creyó que era una total lástima. Era un rostro hermoso que quizás una sonrisa se le vería genial.

-Sí, presidente- Luca hizo una ligera reverencia y al ver que el chico ya estaba despierto lo agarró del brazo y tiró de este sacándolo del auto.

-Eh, que no soy una maleta- protestó Jin pero el hombre que no lo había soltado lo atrajo hacia él.

Sus ojos oscuros se enfocaron en los claros del chico detrás de las gafas.

-Escucha atento, el Presidente está de muy mal humor y por la salud de tu cuello y del mío, cuida tu lengua delante de él. Mejor ni siquiera la uses, entendido- le murmuró.

Jin miró sobre su hombro la espalda de Victor que ya entraba en la tienda y volvió su atención hacia Luca.

-¿En serio puede matarnos?-

Luca quiso golpearlo. En serio eso era lo que había captado. Perdiendo su paciencia lo soltó y cerró la puerta del auto. Sintió su teléfono vibrar en el bolsillo de su traje.

-Dime- respondió.

-¿No vas a venir a dormir?- una voz masculina se escuchó del otro lado de la línea.

-Trabajo- Luca le hizo seña a Jinsu de que lo siguiera.

Un resoplido fue la respuesta a su palabra por parte de la otra persona.

-Nada nuevo. Entonces me voy para la calle. Me llamas cuando vayas a venir. Estoy hambriento, si sabes a qué me refiero-

Luca apretó los labios.

-No te desahogues con nadie en la calle- le advirtió. Del otro lado hubo un chasquido de lengua.

-Y desde cuando necesito tu consentimiento- su voz se oyó burlona- Bye-

Luca miró la pantalla por unos segundos antes de guardarlo sin preocuparse. Le hubiera gustado volver precisamente esa noche a su casa pero las condiciones no lo permitieron. Victor estaba primero que todo. Le pagaba por eso y muy bien. Además sabía que esa persona solo estaba haciendo una pantalla. Solo esperaba que no tuviera problemas mientras estuviera en la calle.

-Problemas de pareja- murmuró Jin detrás de él pero fue escuchado. Este levantó las manos en son de paz- Yo no dije nada-

Luca entrecerró los ojos en su dirección y abrió la puerta de la tienda.

-Presidente- se acercaron a donde estaba él junto a u hombre delgado de mediana edad.

-Dale un traje a su medida- Victor ordenó y se sentó en un enorme sofá blanco.

-Oh, Victory siempre tan frío, ni siquiera me presentas al muchacho- el hombre hizo una mueca exagerada y trágica.

-Tienes media hora- Victor lo miró fríamente y su amigo de años hizo un puchero.

-Tú, vamos- le indicó a Jin que se acercara y caminó por el pasillo donde había una larga percha con trajes que parecían ser caros, muy caros.

-Presidente, no creo que sea necesario esto- Jin le dijo rápido.

Victor dejó sobre sus muslos la revista que había tomado para leer. Sus ojos recorrieron el cuerpo del vampiro de arriba abajo.

-Y crees que me voy a presentar con alguien en esas fachas. Ve a cambiarte rápido. No me gusta llegar tarde-

Jin apretó los dedos de sus muñecas hasta que estas se volvieron blancos y tragó las palabras que amenazaban con salir de su boca. Era el Presidente de donde trabajaba, necesitaba el dinero sino definitivamente moriría. Solo por eso no le enteró los dientes en el cuello y lo desangró.

El sobre que tenía en la mano lo estrelló con fuerza en el pecho del secretario.

-Dale eso a su jefecito mientras hago el estriptis, es lo que me pidió ayer- y caminó en dirección a donde se había ido el dueño de la tienda. El carácter prepotente de su jefe como que le sacaba más de una vena en su frente.

Que un humano mandara a un vampiro ya era humillante. Pero de la forma que lo hacía ese hombre, lo dejaba sin palabras.

Hola. Sé que acabamos de empezar pero me gustaría saber que piensan. Siempre valoro las opiniones de mis lectores y que conste que los tomo en cuanta como ha ocurrido en otras de mis historias. Jajaja.

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